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Full text of "Historia de la guerra europea de 1914 : ilustrada con millares de fotografías, dibujos y láminas"

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PEA  DE  1914 


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UNIVERSITY  LIBRARY 

UNIVERSITY  OF  ILLINOIS  AT  URBANA-CHAMPAIGN 

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HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


VICENTE  BLASCO   IBAÑEZ 


HISTORIA 


DE  LA 


GUERRA  EUROPEA 


DE  1914 


ILUSTRADA  CON  MILLARES  DE  DIBUJOS,  FOTOGRABADOS  Y  LÁMINAS 


TOMO  NOVENO 


PROMETEO 


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PROMETEO 

SOCIEDAD    EDITORIAL 

Germanías,  33.-VALENCIA 


A 


OONVOY   AITOMOYIL  DE  ARTILLERÍA   FRANCESA 


(  acuarela  de  Ge  irges  Scott, 
ile  L'Illustration,  de  París) 


ÍNDICE  DEL  TOMO  NOVENO 


Págs. 


OPERACIONES  MILITARES  EN  EL 
FRENTE  DE  FRANCIA 

I.— En  plena  ofensiva  alemana. — Ataques  entre 

Montdidier  y  Noyon 9 

II. — Combates  ante  Reims 24 

III. — Calma  relativa.— Operaciones  locales..     .  28 
IV. — Nueva  ofensiva  alemana— Batalla  de 

Champaña 29 

V. — La  victoriosa  defensa  de  Chálons.  ...  40 

VI.— Fracaso  de  la  estrategia  alemana.  ...  47 

EL  ESFUERZO  DE  LOS  ESTADOS 

UNIDOS 

I. — Colaboración  franco -americana.  —  Prime- 
ros hechos  de  armas 52 

II. — Francia  festeja  el  «Independence  Day». — 
Discursos  de  Dubost,  Deschanel,  Sharp 
y  Pichón 57 

III.— En  la  Gran  Bretaña.— Discurso  de  mister 

Churchill 64 

IV. — Importantes  declaraciones  de  Wilson.  .     .       66 


V. — El  esfuerzo  yanqui. — Aviación 68 

Vi.— La  acción  naval 74 

EN  EL  MAR 

I.— Incidentes  de  guerra   naval 81 

II. — El  heroico  «raid»  de  Zeebrugge      .     .  91 

III.— Hidroaviación 94 

IV.— El  destróyer 98 

V. — Continuación  de  la  guerra  naval  hasta 

el  1.°  de  Agosto  de  1918 100 

POLÍTICA  Y  DIPLOMACIA 

I. — La  responsabilidad  de  la  guerra.  —  Gra- 
ves revelaciones  del   príncipe  Lich- 
nowsky  y  del  doctor  Muehlon.    .     .     .     107 
II.— La  gran  ofensiva  alemana  en  el  frente 
occidental,   comentada   por   Lloyd 

George 118 

III. — La  cuestión  de  la  paz.— Ruidoso  inciden- 
te  Clemenceau-Czernin 126 

IV.— La  situación  de  Bélgica 150 


748435 


PáRS. 


Págs. 


V. — Acuerdos  franco-alemanes  para  el  inter- 
cambio de  prisioneros  y  para  el  trato 
de  las  repiones  ocupadas 135 

VI. — Manifestación  interdliada  en  París  con 
motivo  de  la  fiesta  nacional  británica. — 
Situación  militar  y  marítima  en  Mayo 
de  1918 157 

VIL— El  Consejo  interaliado.— Declaraciones 

de  Clemenceau 147 

VIH.     Independencia  de  los  checoeslovacos.  .     150 

IX. —Crisis  en  Bulgaria 155 

X.— En    Alemania. — Dimisión   de  Von   Kuhl- 

man.  -La  alianza  austro-germana..     .     154 

XI.     Ex  Rusia 158 

XII     -Acaba  el  cuarto  año  de  guerra.     .     .     .     163 

NSIVA  ALIADA  EN  EL  FRENTE 
OCCIDENTAL 

I. — Respuesta  franco-yanqui  á  la  quinta  ofen- 
siva alemana. — Combates  entre  el  Ais- 

ne  y  el  Marne 175 

II.— Foch,  mariscal 186 

III.— Gran  ofensiva  de  los  ejércitos  aliados- 
Ataque  franco -británico.— Victoria  de) 

Santerre 188 

IV.— Entre  el  Scarpe  y  el  Aisne 195 

V. — Retirada  de  los  ejércitos  alemanes  hacia 

la  línea  Hindenburg 207 

VI. — Victorias  norteamericanas 211 

VIL— Victorias  franco-británicas 218 

VIII.  -La  batalla  de  Occidente 225 

MMOÍS  COMBATES  DE  LA  GUERRA 

1.— La  guerra  en  los  Balkanes— Derrota  de 

Bulgaria 229 

II. — Frentes  de  Siria  y  de  Mesopotamia. — De- 
rrota del  Imperio  otomano 254 

III.— Frente  de  Italia.— Derrota  de  Austria-Hun- 
gría  241 

IV.— Frente  de  Francia— Victoria  definitiva  de 

los  aliados 250 

SITUACIÓN  POLÍTICA 
I.— Rusia.— Los  checo-eslovacos  en  acción.     292 


II. — Inquietud  en  Alemania. — Austria  propo- 
ne la  paz 300 

III.— Clemenceau  por  Francia,  y  Balfour  por 

Inglaterra,  formulan  su  respuesta.  .     .     309 

IV.—  La  paz  vista  desde  América.— Wilson  con- 
creta lo  que  debe  ser  la  Sociedad  de 
Naciones 314 

V. — Sumisión  de  Bulgaria 318 

VI. — Otra  crisis  política. — Max  de  Badén  sus- 
tituye á  Hertling 326 

VIL — Alemania  y  Austria  solicitan  un  armisti- 
cio por  vía  diplomática 330 

VIII.— La  agonía  del  imperialismo 342 

IX. — Austria  pide  la  paz  por  separado  y  acep- 
ta todas  las  condiciones  de  Wilson.     .     363 

X.  — Italia  concede  un  armisticio  á  su  enemiga. 

— Abdicación  del  emperador  Carlos.     369 

XI. — El  armisticio  con  Turquía 371 

XII. — Alemania  se  rinde 374 

XIII.— Abdicación  de  los  Hohenzollern.— Revo- 
lución en  Alemania  y  Austria.   .     .     .     598 
XIV.— El  cumplimiento  del  armisticio.     .     .     .     406 

LA  LIBERACIÓN  DE   TERRITORIOS 

I.— Entradas  triunfales  en  Alsacia-Lorena.     .     427 

II.— Reconquista  de  Bélgica 442 

III. — En   la  zona  alemana 449 

SITUACIÓN  EN  ALEMANIA  452 

LOS  PREPARATIVOS  DE  LA  PAZ 

I.— Los  aliados  ocupan  Consfantinopla.  .     .     486 

II.— Durante  el  armisticio 488 

III.— Las  fiestas  de  la  victoria.— Llegada  á  Pa- 
rís de  Jorge  V,  Alberto  I,  Wilson  y  Víc- 
tor Manuel 506 

IV.— Wilson  en  Europa 518 

V. — Preliminares  de  la  paz 527 

VI. — Sucesos  revolucionarios  en  Alemania. — 
Muerte  de  Liebknecht  y  Rosa  Luxem- 
burgo. — El  nuevo  gobierno  republica- 
no imperial 534 

VIL— Las  conferencias  interaliadas 557 

VIII. — La  participación   de   los  aliados  en   la 

guerra 595 


COL  l' AI  XA    DE   DEAOONES    FRANCESES   ESCOLTANDO   UNA    PIEZA    DE    130 


Operaciones  militares  en  el  frente  de  Francia 


i 


En  plena  ofensiva  alemana. — Ataques 
entre  Montdidier  y  Noyon 

Al  terminar  la  reseña  dedicada  anteriormente  á 
los  grandes  combates  del  frente  occidental,  de- 
cíamos que,  alamanirrr  del  ü  de  Junio  de  1918, 
el  ejército  Von  Hutier  reanudaba  la  ofensiva  entre 
Montdidier  y  Noyon. 

El  nuevo  frente  de  combate  abarcaba  unos  treinta 
y  cinco  kilómetros.  A  la  izquierda  de  las  fuerzas  de 
Foch,  dicho  frente  extendíase  á  través  de  un  terreno 
onduloso;  á  su  derecha,  atravesaba  una  región  selváti- 
ca y  accidentada,  enclavada  entre  los  ríos  Oise  y  Matz, 
éste  afluente  del  anterior.  El  valle  del  Matz  represen- 
taba el  eje  sobre  el  que  Von  Hutier  tendía  á  practicar 
su  maniobra  ofensiva  y  sobre  el  que,  por  lo  tanto,  iban 
á  articularse  las  fluctuaciones  laterales  de  la  lucha. 

El  ataque  de  infantería  comenzó  á  las  4'30  de  la 
madrugada  con  gran  violencia  y  las  tropas  de  la  Enten- 
te sostuvieron  el  choque  con  su  habitual  obstinación. 

Tomo  ix 


En  los  primeros  momentos,  la  luchase  desarrolló  á 
lo  largo  de  las  primeras  líneas,  que  pasaban  entonces 
por  el  Norte  del  Fretoy,  por  el  Sur  de  Rollot,  engloba- 
ban Orvillers-Sorel,  rozaban  Canny-sur-Matz,  el  Norte 
de  Plessis-de-Roye  y  del  Plemont,  el  Sur  de  Cuy  y  de 
Suzoy  y  se  reunían  con  el  Oise  al  Sur  de  Noyon  ante 
el  Mont  Renaud. 

Seguidamente,  la  batalla  tomó  un  carácter  bastan- 
te diverso,  según  sus  variadas  peripecias  se  conside- 
rasen desde  uno  ú  otro  de  los  tres  sectores  formados 
por  el  ala  izquierda,  la  derecha  ó  el  centro  de  la  línea 
de  los  aliados.  Los  alemanes  modificaron  varias  veces 
la  dirección  de  sus  grandes  acometidas,  en  tanto  que 
las  fuerzas  aliadas,  contraatacando  con  tanta  habilidad 
como  heroísmo,  tendían  constantemente  á  mantener 
un  equilibrio  que  llegó  á  vacilar  en  algunos  momentos. 

En  la  tarde  del  mismo  día,  la  embestida  general 
alemana  recogía  sus  principales  frutos  en  el  valle  del 
Matz  y  sus  inmediaciones,  alcanzando  las  aldeas  de 
Ressons  y  de  Mareuil. 

Al  Oeste,  había  podido  avanzar  muy  poco,  pues 
quedaba  contenida  en  los  linderos  de  Rubescourt,  del 
Fretoy  y  de  Mortemer. 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


Al  Este,  la  línea  quedó  trazada  en  el  valle  del  Di- 
vette  por  Belval,  Canneetaneourt  y  Ville. 

El  redactor  especial  de  Le  j  a  el  frente  fran- 

■ -liviana  las  siguientes  notas,  fechadas  el  día  9  á 
las  seis  de  la  tarde: 

\1  comienzo  de  su  primera  ofensiva,  en  Marzo  úl- 
timo, bien  fuese  contenido  en  su  marcha  hacia  París, 
bien  quisiera  cubrirse  contra  un  ataque  Sur-Norte 
antes  de  iniciar  su  marcha  sobre  Amiens,  el  enemigo 
no  había  dejado  de  constituir  de  Este  á  Oeste,  entre 
Noyon  y  Montdidiér,  por  Lassigny,  un  flanco  defensi- 
vo de  sólida  apariencia.  El  27  de  Mayo,  cuando  reanu- 
dando su  ofensiva  general  entre  Yauxaillon  y  Reims 
pudo  abrir  hasta  el  Mame  una  nueva  bolsa  al  Sur  del 
macizo  forestal, 
el  enemigo  en- 
sayó alcanzar  al 
Aisne  por  el  Oes- 
te de  Soissons  y 
rechazar  a  nues- 
tras tropas  del 
lado  del  Oise, 
con  ánimo  de  re- 
ducir el  saliente 
de  entre  ambas 
bolsas.  Pero  la 
maniobra  no  sa- 
lió á  medida  de 
su  deseo  y  el  sa- 
liente subsistía. 
A  partir  de  en- 
tonces, para  or- 
ganizar engran- 
de el  avance  ha- 
cia  París,  los  ale- 
manes pensaron 
utilizar  el  flanco 
defensivo  Mont- 


LA  IGLESIA   DE  NURLU   (SOMME) 


Considerándose  ;í  París  como  objetivo  principal, 
una  doble  ofensiva  por  el  Sur  (la  del  Ourcq)  y  por  el 
Norte  (la  de  Montdidiér  al  Oise)  debía  llevar  á  los 
ejércitos  del  kronprinz  imperial  ante  la  capital  de 
Francia.  El  ataque  sobre  la  orilla  Norte  del  Oise  dela- 
taba un  movimiento  envolvente  que,  combinado  con 
el  avance  sobre  el  Ourcq  y  el  Marne,  debía,  por  mutua 
atracción  de  los  extremos  de  las  alas,  bloquear  á  todas 
las  tropas  aliadas  que  habían  permanecido  en  el  sa- 
liente trazado  entre  el  Oise  y  el  Marne.  En  suma,  se 
trataba  de  formar  una  tenaza,  cuyo  brazo  derecho,  lle- 
vado todo  lo  más  lejos  posible  hacia  el  Sudoeste,  accio- 
naría en  seguida  precediendo  á  un  movimiento  aná- 
logo del  brazo  Sur.  Una  vez  realizado  ese  plan  de  gran 

alcance  se  libra- 
ría bajo  París  la 
batalla  final. 

Veamos  ahora 
los  hechos. 

Por  el  lado  ha- 
cia donde  cae  el 
brazo  Sur  de  la 
tenaza,  los  com- 
bates han  toma- 
do de  cuatro  ó 
cinco  días  á  esta 
parte  un  aspecto 
que  no  puede 
desagradarnos; 
nuestras  tropas 
y  sus  camaradas 
los  yanquis  han 
hecho  y  hacen 
todavía  muy 
buen  trabajo  en 
esta  región. 

Hacia  el  lado 
Norte,  nuestras 


didier-Noyon  para  efectuar  una  fuerte  presión  en  sen-^r  tropas  resisten  en  conjunto,  á  pesar  de  la  violencia  del 


tido  Norte- Sur.  Ese  plan  era  tanto  más  lógico  cuanto 
que  aún  les  quedaban  de  treinta  á  cuarenta  divisiones 
disponibles.  Hoy  se  convierten  en  realidades  todos 
aquellos  propósitos. 

Parece  ser  que,  el  2  de  Junio,  una  orden  confiden- 
cial del  alto  mando  alemán  modificaba  sensiblemente 
las  trayectorias  ú  objetivos  dados  en  un  principio  y 
concretaba  dos  puntos  esenciales  á  alcanzar:  primero, 
las  alturas  del  Ourcq  para  dominar  la  línea  París-Vil- 
lcrs  L'otterets  y  el  camino  que  la  duplica;  segundo,  el 
Marne,  con  dos  defensas  de  puente  en  la  orilla  Sur.  Lo 
que  podría  confirmar  esta  apreciación  es  que  hubo 
momento  en  que  se  dijo  á  los  soldados  que  se  habían 
alcanzado  todos  los  objetivos,  que  las  tropas  alemanas 
ocupaban  las  alturas  del  Ourcq,  que  se  habían  instala- 
do dos  sólidas  cabezas  ó  defensas  de  puente  al  otro  lado 
del  Marne  y,  además,  que  Reims  había  caído.  Nada  de 
esto  era  cierto,  pero  no  cabe  duda  que  todo  ello  servía 
para  presentir  las  intenciones  del  adversario. 


ataque,  y  es  preciso  que  resistan,  pues  saben  que  su 
resistencia  es  el  precio  de  la  victoria. 

El  ataque  ha  comenzado  esta  mañana,  tras  la  tra- 
dicional preparación  de  artillería,  con  efectivos  tan 
densos  como  los  que  se  emplearon  el  27  de  Mayo  en 
el  Chemin  des  Dames.  El  tiempo  era  soberbio.  Según 
es  de  suponer,  la  enorme  avalancha  ha  invadido  por 
espacios  la  línea  de  cobertura.  Pero  en  seguida  ha  que- 
dado contenida  ante  nuestras  posiciones  de  repliegue. 
A  éstas  se  las  mantenía  sólidamente,  y  nuestras  tro- 
pas en  sector  han  podido  resistir  el  suficiente  espacio 
de  tiempo  para  permitir  la  intervención  de  nuestras 
reservas  tácticas.  En  un  punto  del  frente,  el  enemigo 
ha  podido  progresar  y  llegar  hasta  Ressous-sur-Matz, 
á  lo  largo  de  la  vía  férrea  que  va  de  Compiegne  á  Roye 
y  al  Sur  de  Orvillers.  Desde  luego,  ha  sido  contenido 
en  todas  partes. 

El  combate  ha  sido  durísimo  y  en  varios  puntos 
ha  habido  flujo  y  reflujo.  Pero  la  fisonomía  de  esta 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


11 


primera  jornada  no  se  parece  en  nada  á  la  del  27  de 
Mayo.  Esperemos  los  acontecimientos.» 

La  prensa  británica  comentaba  extensamente  esta 
nueva  acometida  de  los  alemanes.  He  aquí  breves  ex- 
tractos de  algunos  juicios: 

«.El  ataque  alemán  lo  esperaban  entre  Montdidier 
y  Noyon  todos  los  buenos  vigías — decía  el  Daily  Ex- 
press— .  Realmente,  casi  lo  delataba  el  mapa.  El  terre- 
no ganado  en  Mayo  únicamente  puede  conservarse  sin 
peligro  si  los  alemanes  no  logran  rechazar  á  los  aliados 
más  allá  de  Compiégne.  Podemos  seguir  confiando  en 
nuestros  soldados.  En  cuanto  á  nosotros,  nuestra  con- 
signa es:  paciencia,  fe,  lealtad,  confianza.» 

El  Daily  Chronicle  opinaba  que  la  ofensiva  ale- 
mana carecería 
de  resultados  si 
no  tomaba  ma- 
yor amplitud  de 
frente: 

«El  objetivo 
del  nuevo  ata- 
que entre  Mont- 
didier y  Noyon 
es  Compiégne, 
es  decir,  una 
parte  del  plan 
alemán  contra 
París.  El  asalto 
ha  sido  prepara- 
do largamente. 
Hacia  el  7  ya  se 
notaba  una  re- 
crudescencia de 
artillería  en  el 
frente  extendido 
entre  Montdidier 
y  Noyon.  El 
avance  que  los 

alemanes  han  logrado  realizar  es  de  cuatro  á  cinco 
millas,  y  no  tendrá  consecuencias  serias  si  no  logra 
extenderse  más.» 

Refiriéndose  también  al  nuevo  ataque  alemán,  el 
Star  decía  que  esc  ataque  no  constituía  una  sor- 
presa, y  por  consiguiente,  no  podía  obtener  tanto 
éxito  como  los  dos  anteriores.  Y  continuaba  en  estos 
términos: 

«La  tercera  fase  de  los  combates  que  comenzaron 
el  21  de  Marzo  bien  podría  decidir  la  suerte  de  Ale- 
mania. Pero  estas  batallas  no  pueden  decidir  la  suerte 
de  los  aliados,  pues  sean  cuales  fueren  sus  resulta- 
dos, éstos  continuarán  la  lucha  hasta  que  los  ejércitos 
norteamericanos  inviertan  los  papeles  y  libren  defini- 
tivamente al  mundo  de  la  hegemonía  prusiana.  Los 
llamados  á  obtener  la  victoria  no  son  los  alemanes. 
Entre  ellos  y  París  están  los  grandes  ejércitos  de  Fran- 
cia y  del  Imperio.  Esperamos  que  esos  ejércitos,  con 
ayuda  de  las  tropas  norteamericanas,  que  aumentan 
rápidamente,  causen  una  derrota  completa  á  Alema- 


RUINAS    DEL   CASTILLO   DE   C'OUC'Y    (AISNE) 


nia.  No  queremos  para  el  enemigo  una  media  derrota. 
Tenemos  fe  en  la  victoria.  Desde  Mons  hemos  batido 
á  Alemania  en  más  de  cien  batallas  y  aún  la  batire- 
mos de  nuevo.» 

Del  Daily  Telegraph: 

«Nuestros  aliados  los  franceses,  sobre  quienes  ha 
caído  todo  el  peso  del  nuevo  ataque,  pueden  estar  bien 
satisfechos  de  los  resultados  de  las  primeras  horas  de 
la  batalla.  El  nombramiento  de  una  comisión  especial 
de  defensa  de  París  no  debe  causar  ansiedad.  Esto  no 
significa  que  el  gobierno  francés  espere  un  estrecho 
asedio  de  la  capital;  quiere  decir  únicamente  que  se 
prepara  á  toda  eventualidad,  demostrando  que  nada  le 
cogería  desprevenido.  Esperamos  que  se  tomarán  pre- 
cauciones simi- 
lares más  al  Nor- 
te, pues  nadie 
piensa  que  la 
amenaza  contra 
la  costa  haya  pa- 
sado, ahora  que 
los  alemanes 
consagran  espe- 
cialmente su 
atención  á  los  ca- 
minos que  con- 
ducen á  París. 
Clemenceau, 
ese  valiente  ve- 
terano de  Fran- 
cia, ha  dado  la 
consigna:  «Re- 
sistamos.» Fran- 
cia y  la  Gran  Bre- 
taña no  faltarán 
á  la  causa  sagra- 
da, mientras  otro 
campeón  de  la  li- 
bertad, al  otro  lado  del  Atlántico,  se  prepara  presuro- 
samente para  lanzarse  de  pleno  en  la  balanza.» 
Del  artículo  de  fondo  de  The  Times: 
«Tanto  á  los  ojos  de  los  aliados  como  á  los  del  ene- 
migo, M.  Clemenceau  encarna  el  espíritu  inmortal  de 
Francia.  El  bombardeo  precursor  de  la  nueva  ofen- 
siva alemana  comenzó  el  7,  y  al  día  siguiente,  el  an- 
ciano pero  infatigable  estadista  acudía  á  uno  de  los 
sectores  más  activos  del  frente.  La  energía  indoblega- 
ble de  ese  veterano  de  setenta  y  siete  años  es  un  ejem- 
plo para  todos.» 

The  Times  lamentaba  los  ataques  de  que  Clemen- 
ceau venía  siendo  víctima  por  parte  de  algunos  de  sus 
adversarios  políticos,  y  concluía  diciendo: 

«Fuerte  su  fe  en  Francia,  no  ve  mas  que  una  finali- 
dad, y  marcha  adelante,  fija  la  mirada  en  ese  objetivo. 
El  espíritu  de  Francia  lo  anima,  ese  espíritu  intré- 
pido que  la  hace  invencible  siempre  que  permanece 
fiel  á  su  renombre.  En  estos  días  de  gran  prueba,  el 
primer  ministro  de  Francia  comparte  la  gloria  de  los 


12 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


héroes  que  lian  muerto  por  ella.  Él  también  ha  con- 
tribuido á  la  gloria  de  la  historia  de  Francia. 

He  aquí  cómo  relataba  las  operaciones  del  día  9 
un  comunicado  oficial  alemán: 

«Dando  uu  vigoroso  ataque  hemos  irrumpido  en  la 
región  de  las  alturas  enclavadas  al  Sudoeste  de  Noyon. 

Al  Oeste  del  Matz  hemos  cogido  las  posiciones 
francesas  de  Mortemer  y  de  Orvillers,  avanzando  más 
allá  de  Cuvilly  y  de  Hicquebourg. 

Al  Este  del  Matz  hemos  ocupado  las  alturas  de 
(¡ury. 

Á  pesar  de  la  tenaz  resistencia  del  enemigo,  nues- 
tra infantería  se  ha  abierto  paso  a  través  de  los  bos- 
ques de  Ricqucbourg  y  de  Mareuil-le-Motte  y  ha  recha- 
zado al  enemigo 
más  allá  de  Bou- 
reuil  y  de  Ma- 
reuil.  Al  Sur  y 
al  Sudeste  de 
Lassigny  nos 
hemos  interna- 
do hondamente 
en  el  bosque  de 
Thiescourt  y  he- 
mos rechazado 
violentos  con- 
traataques eje- 
cutados por  los 
franceses.» 

Veamos  ahora 
la  interesante 
opinión  de  nues- 
tro conocido  crí- 
tico militar  Hen- 
ri  Bidou: 

«En  un  exce- 
lente artículo 


HOTO    ABIERTO    POR  LA    EXPLOSIÓN    DK   UN   OBÚS    FRANCÉS   DE    LOO 


publicado  el  día 

5  por  //  Corriere  della  Sera,  Luigi  Barzini  expresaba 
su  creencia  de  que  después  de  haber  hecho  el  saliente 
de  Marzo  hacia  Montdidier  y  el  de  Mayo  hacia  Cháteau- 
Thierry,  los  alemanes  procurarían  borrar  el  saliente 
francés  intermediario  con  objeto  de  constituir,  en  vez 
del  tortuoso  frente  actual,  un  frente  convexo  (Mont- 
didier-Conipir-gne-  Villers-Cotterets-Cháteau-Thierry ) , 
que  pudiera  servir  de  base  para  un  ataque  sobre  París. 
Cuatro  días  más  tarde,  el  9  de  Junio  á  las  4'.'3U  de  la 
madrugada,  los  alemanes  emprendían  esa  operación 
y  fracasaban. 

Es  perfectamente  exacto  considerar  las  diferen- 
tes ofensivas  de  1918  (batalla  del  21  de  Marzo  en  Pi- 
cardía, batalla  del  9  de  Abril  en  el  Lys,  batalla  del 
27  de  Mayo  en  el  Aisne  y  batalla  del  9  de  Junio  en  el 
Matz)  como  los  momentos  y  las  maniobras  de  una  ba- 
talla única.  Pero  sería  completamente  inexacto  tomar 
estas  diferentes  acciones  como  episodios  puestos  en 
orden  y  concernientes  á  un  plan  ultimado  de  ante- 
mano. Sin  duda  debe  admitirse  que  han  sido  previs- 


tas, estudiadas,  y  en  cierto  modo  acaso  preparadas; 

pero  que  haya  un  inmenso  mecanismo  donde  estas  ac- 
ciones tengan  señalada  su  hora  fija  es  una  ilusión  que 
el  Estado  Mayor  alemán  ensaya  propagar. 

En  realidad,  la  batalla  del  Lys  se  hizo  porque  la 
batalla  de  Picardía  fracasó  el  28  de  Marzo  y  se  arre- 
gló enteramente  en  diez  días.  Entre  una  y  otra  ya 
hay  una  diferencia  notabilísima.  La  batalla  de  Picar- 
día tuvo  una  preparación  de  dos  meses,  con  una  masa 
de  75  divisiones.  La  batalla  del  Lys  se  arregló  en  diez 
días,  con  una  masa  de  20  divisiones,  que  durante  la 
lucha  fué  elevándose  á  más  de  50.  Los  objetivos  tam- 
bién eran  menos  presuntuosos.  La  batalla  de  Picardía 
tenía  por  objeto  separar  á  los  franceses  de  los  ingle- 
ses, resultado  de 
primera  magni- 
tud. Y  la  batalla 
del  Lys  sólo  se 
proponía  proba- 
blemente en  un 
principio  atraer 
muchas  reservas 
aliadas,  es  decir, 
entretener  mu- 
chas fuerzas: 
cuando  el  éxito 
se  desenvolvió, 
esta  batalla  ten- 
dió á  la  toma  de 
los  montes  y  á  la 
caída  de  Ypres. 
Sabido  es  cuan 
distintos  fueron 
los  resultados. 
Hubo,  pues,  ne- 
cesidad de  reali- 
zar un  tercer  es- 
fuerzo sobre  un 
punto  inesperado,  pero  que  ocupase  un  lugar  cén- 
trico. Esta  tercera  batalla,  la  del  27  de  Mayo,  tan 
sólo  tenía  ciertamente  como  motivo  inicial  la  toma 
del  Chemin  des  Dames.  Todas  las  disposiciones  del 
enemigo  contribuyen  á  comprobar  esta  suposición, 
así  como  también  el  hecho  de  que  los  soldados  alema- 
nes sólo  llevasen  víveres  para  dos  días.  La  cuarta  lia- 
talla,  esto  es,  la  de  ahora,  si  realmente  tiene  por  obje- 
tivo reducir  el  saliente  Montdidier-Noyon-Chateau- 
Thierrv,  no  lia  podido  decidirse  en  modo  alguno  antes 
de  que  la  ofensiva  del  Aisne  tomase  su  giro  definitivo, 
es  decir,  antes  de  los  primeros  días  de  Junio.  Según 
parece,  son  10  las  divisiones  que  hay  en  línea;  el  frente 
de  ataque  mide  25  kilómetros,  es  decir,  la  mitad  del 
frente  atacado  el  27  de  Mayo.  Como  se  admite  gene- 
ralmente que  la  profundidad  del  avance  tiene  íntima 
relación  con  la  longitud  del  frente  atacado,  no  es  de 
suponer  que  el  enemigo  tenga  mayores  objetivos  que 
los  que  hemos  descrito.  Vemos,  pues,  cómo  el  gran- 
dioso plan  de  la  marcha  sobre  París,  con  jalonamiento 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


13 


avanzado  en  ambas  alas  y  después  impulsado  por  el 
centro,  se  reduce  en  último  término  ;í  una  serie  de 
operaciones  impuestas  por  los  incidentes  de  la  lucha 
emprendida,  y  que  induce  al  enemigo,  después  del 
fracaso  del  28  de  Marzo,  á  su  derecha,  y  del  inespe- 
rado éxito  del  '21  de  Mayo,  á  su  izquierda,  á  reunir  sus 
dos  alas  por  uua  línea  recta.  El  trazado  de  esta  línea 


torbo  para  el  macizo  de  Thiancourt,  ú  quien  oprime 
por  la  izquierda.» 

En  la  noche  del  9  al  10,  los  alemanes,  intentando 
dar  mayor  extensión  á  su  limitado  avance,  arreciaron 
la  presión  de  un  centro  sobre  el  Matz.  Ue  este  modo 
consiguieron  adelantar  sus  primeras  líneas  hasta  el 
Sur  de  Cuvilly.  Por  las  alas  también  quisieron  avan- 
zar, pero  allí  aún  mostraron  más  impotencia.  En  su 
derecha,  después  de  muchas  tentativas,  fracasaron 
ante  Courcelles:  en  su  ala  izquierda  únicamente  pu- 
dieron poner  el  pie  en  los  bosques  de  Thiescourt. 


DIRECCIONES   DE   LA   OFENSIVA   ALEMANA 


recta  entre  Montdidier  y  Chateau-Thierry,  pasando 
por  Compiegne,  es  toda  la  batalla  de  hoy. 

Tal  como  se  presenta  actualmente,  la  batalla  del 
9  de  Junio  es  un  ataque  sobre  el  flanco  izquierdo  del 
saliente  á  reducir.  Este  saliente  se  descompone  en  tres 
sectores  que  forman  un  centro  y  que  están  netamente 
definidos  sobre  el  terreno.  En  el  ala  izquierda  están 
las  lomas  Sudeste  de  Montdidier.  El  enemigo  única- 
mente ha  podido  llegar  hasta  el  barranco  tras  el  cual 
se  hallan  nuestras  verdaderas  defensas.  En  el  ala  dere- 
cha están  las  colinas  de  Lassigny.  El  enemigo  no  ha 
podido  tomar  el  día  9  mas  que  la  altura  aislada  del 
Plemont  y  constituir  la  línea  Belval-valle  del  Divette, 
que  tiene  ante  él  la  fuerte  posición  del  bosque  de 
Thiancourt.  Al  centro  vemos  la  depresión  por  donde 
pasa  el  camino  que  va  de  Roye  áEstrées-Saint-Denis. 
Allí  el  avance  alemán  es  más  fuerte;  ha  sobrepasado 
Ressons  y  Mareuil,  y  acaso  constituya  un  gran  es- 


El  día  10,  segunda  jornada  de  la  ofensiva,  las 
masas  de  Von  Hutier  prosiguieron  tenazmente  su 
presión  central  lanzando  grandes  ataques.  La  ma- 
niobra hacia  las  alas  se  acentuó  entonces  más  aún 
en  dirección  de  Estrées-Saint-Denis,  nudo  de  vías  fé- 
rreas entre  Compiegne  y  Clermont,  y  también  hacia 
el  Oise. 

Á  través  de  los  llanos  limpios  y  ondulosos  que  se 
despliegan  en  todo  el  recorrido  del  camino  nacional 
que  va  de  París  á  Lille,  los  combates  mostraron  gran 
intensidad.  Tras  de  enormes  esfuerzos  y  no  menores 
pérdidas,  los  alemanes  lograron  apoderarse  de  los  pue- 
blos de  Méry,  Belloy  y  Saint-Maur.  Entre  Courcelles 
y  Rubescourt,  nuestra  extrema  izquierda  permaneció 
inquebrantable. 

Al  centro,  la  punta  de  Von  Hutier  solamente  avanzó 
dos  kilómetros;  después  quedó  fija  en  Marqueglise  y 
en  las  inmediaciones  Sur  de  Eliucourt.  Pero  á  la  dere- 


14 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


cha  de  los  franceses,  los  alemanes  lograron  ocupar 
los  bosques  de  Thiescourt. 

En  este  sector,  comprendido  entre  el  Matz  y  el 
Oise,  es  donde  a  continuación  iban,  do  sólo  á  prose- 
sus  grandes  esfuerzos,  sino  á  realizar  importan- 
tes progresos. 

Favorecí  los  por  un  terreno  accidentado  y  selvá- 
tico en  donde  podía  emplearse  perfectamente  el  mé- 
todo de  las  infiltraciones,  las  de  asalto  alema- 
nas pronto  lograran  irrumpir  fuera  del  macizo  angu- 
lar encuadrado  por  el  Matz  y  el  Oise. 

•mos  cómo  comentaba  Bidou  la  segunda  jornada 
de  la  batalla: 

«El  coronel  Kepington  escribía  el  4  de  Junio  en  el 
Morning  Pos/: 
('reo  que  los 
alemanes  no 
avanzarán  sobre 
París  en  un  fren- 
te menos  am- 
plio que  la  línea 
Montdidier-(  ha- 
tean Ihierry,  y 
que  antes  de  que 
puedan  empren- 
der este  avance 
se  tomarán  me- 
didas para  neu- 
tralizar por  lo 
menos  á  los  ejér- 
citos británicos 
v  á  los  ejércitos 
franceses  entre 
Arras  y  Montdi- 
dier.» ¡Perfectí- 
simamente!  El 
crítico  inglés 
prosigue:  «Mien- 
tras tanto,  ¿intentarán  los  alemanes  entre  Noyon  y 
Lassigny  una  breve  operación  relacionada  con  el  es- 
fuerzo de  los  cuerpos  alemanes  que  combaten  actual- 
mente en  la  orilla  izquierda  del  Oise?»  La  batalla  del 
9  de  Junio  responde  á  esta  pregunta.  Ahora  bien;  el 
ataque  es  más  amplio  de  lo  que  presentía  el  coronel 
Repington,  pues  se  extiende  de  Montdidier  á  Noyon. 

Admitamos  que  el  objetivo  de  esta  operación  sea 
reducir  el  saliente  francés  Montdidier- Noyon-Cháteau- 
Thierry,  incrustado  entre  los  salientes  alemanes  de 
Marzo  y  de  Mayo  y  teniendo  como  bisectriz  la  línea 
del  Oise,  es  decir,  uno  de  los  grandes  caminos  que 
conducen  á  París. 

Como  el  saliente  Montdidier-Noyon-Chátcau-Thie- 
rry  es  realmente  la  defensa  misma  de  París,  empla- 
zada á  setenta  y  cinco  ú  ochenta  kilómetros  ante  la 
capital,  lo  primero  que  debemos  hacer  es  darnos  cuenta 
de  su  estructura. 

Ya  se  ha  dicho  que  al  Oeste  del  Oise  el  lado  Mont- 
didier-Noyon  se  subdivide  en  tres  sectores:  al  Oeste, 


LA   IGLESIA   Dli   TINS   (So.MMK) 


las  grandes  lomas  de  más  de  150  metros  enclavadas 
al  Sur  de  Montdidier;  al  Este,  las  colinas  de  Lassigny; 
al  centro,  una  depresión  por  donde  pasa  el  camino  que 
de  Roye  conduce  á  París.  Al  Este  del  Oise,  el  lado 
Noyon-C'háteau-Thierry  se  descompone  á  su  vez  en 
cinco  sectores,  á  saber: 

1."    El  frente  del  bosque  de  Carlepont,  que  cierra  el 
avance  á  lo  largo  de  la  orilla  izquierda  del  Oise. 

-'.      Las  mesetas  del  Norte  del  Aisne,  guardadas  por 
el  frente  Moulin-sous-Touvent-Nouvion. 

3.°    Las  mesetas  Sur  del  Aisne,  obstruidas  aproxi- 
madamente á  la  altura  de  una  línea  trazada  al  Oeste 
de  Parnant-Domiers. 
4.      El  bosque  de  Villers-Cotterets,  defendido  en 

todo  su  lindero 
Este,  entre  Ver- 
tefeuille  al  Nor- 
te y  el  Ourcq  al 
Sur. 

")."  Las  lomas 
extendidas  entre 
el  Ourcq  y  el 
Marne  ampara- 
das por  una  lí- 
nea tendida  des- 
de Troesnes  has- 
ta el  Oeste  de 
Cháteau-Thie- 
rry. 

De  este  frente 
descienden  ha- 
cia París  cinco 
grandes  cami- 
nos, que  son,  de 
derecha  á  iz- 
quierda de  los 
alemanes:  el  ca- 
mino que  viene 
de  Roye  porEstrées-Saint-Denis,  Pont-Sainte-Maxence 
y  Senlis:  el  camino  del  Oise,  que  viene  de  Noyon  por 
Compiegne  y  que  se  reúne  con  el  anterior  en  Senlis: 
el  camino  que  viene  de  Soissons  por  Villers-Cotterets 
y  Nanteuil-le-IIaudoin;  el  camino  del  Ourcq,  por  Fére- 
en-Tardenois  y  Ferté-Milon,  que  seguía  la  línea  directa 
París-Reims;  y  finalmente,  el  camino  del  Marne,  por 
Cháteau-Thierry  y  Ferté-sous-Jouarre.  Estos  ejes  prin- 
cipales reuníanse  entre  sí  por  innumerables  ramas. 

Sobre  esos  ejes  convergentes,  ¿á  qué  distancia  está 
trazado  el  frente  de  París"?  De  Montdidier  á  París  hay, 
á  vista  de  pájaro,  85  kilómetros;  de  Noyon,  89;  desde 
el  ángulo  Nordeste  del  bosque  de  Villers-Cotterets,  75; 
de  Cháteau-Thierry,  75. 

Los  dos  extremos  de  este  sector  de  ataque  están 
señalados  por  los  dos  puntos  donde  las  tropas  norte- 
americanas acaban  de  entrar  gloriosamente  en  la  gran 
batalla:  á  nuestra  izquierda,  en  Cantigny  (Noroeste 
de  Montdidier);  á  nuestra  derecha,  en  Bouresches 
(Noroeste  de  Cháteau-Thierry).  Entre  estos  dos  puntos 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


15 


hay,  siempre  á  vista  de  pájaro,  90  kilómetros.  Pero  la 
forma  curva  del  frente  le  da  un  desarrollo  mucho 
mayor. 

Si  forzando  un  poco  estos  datos  se  quisiera  redu- 
cirlos á  una  sencilla  forma  geométrica,  podía  conside- 
rarse como  equilátero  al  triángulo  París-Montdidier- 
Cháteau-Thierry;  ya  entonces  se  admitiría  que  el  ene- 
migo ataca  por  un  arco  correspondiente  á  un  lado  del 
exágono  inscrito,  y  que,  en  este  segmento,  ensaya 
pasar  del  arco  á  la  cuerda.  En  cuanto  á  hacer  más,  es 
decir,  en  cuanto  á  intentar  realmente  un  ataque  di- 
recto sobre  París,  es,  según  hace  observar  Repington, 
una  operación  bien  arriesgada  mientras  el  naneo  de- 
recho del  asaltante  no  esté  sólidamente  apoyado  del 
lado  de  Anas,  de 


ww^-w 


Amiens  y  del  ca- 
mino Amiens- 
París. 

Limitémonos 
ala  operación  en 
curso,  es  decir, 
á  la  reducción 
del  saliente  del 
Oise.  Como  ya 
hemos  dicho,  el 
enemigo  lo  ata- 
có el  día  9  por  el 
lado  izquierdo. 
Habría  que  pre- 
guntar por  qué 
el  ataque  no  se 
produjo  en  todo 
el  conjunto  del 
saliente,  sino 
sólo  en  un  nan- 
eo. Quizá  el  ene- 
migo, habiendo 
gastado  más  de 

cincuenta  divisiones  en  la  ofensiva  del  Aisne,  no  haya 
podido  ni  querido  comprometerse  en  un  frente  tan  ex- 
tenso. Encontrándose  ante  nuestro  flanco  derecho,  en 
un  terreno  nuevo  al  que  aún  no  había  podido  llegar 
toda  su  artillería,  ¿se  ha  propuesto  no  perder  tiempo 
en  la  espera?  Sea  como  fuere,  lo  cierto  es  que  los  ale- 
manes, empeñados  en  reducir  un  saliente,  únicamente 
atacan  por  un  solo  flanco.  Lo  propio  hicieron  en  Gor- 
lice  en  1915,  igual  hicieron  en  Verdún  en  1916,  donde 
atacaron  sobre  una  sola  orilla  del  Mosa,  como  aquí  lo 
hacen  sobre  una  sola  orilla  del  Oise.  De  todos  modos, 
bien  porque  hayan  considerado  á  sus  flancos  insufi- 
cientemente apoyados  y  al  sector  de  ataque  demasia- 
do estrecho,  bien  porque  les  hayan  parecido  incom- 
pletos sus  preparativos  para  tan  gran  esfuerzo,  ó  bien 
por  otra  causa  cualquiera,  es  evidente  que  los  alema- 
nes no  han  creído  llegado  el  momento  del  gran  avance- 
sobre  París  por  los  ejes  convergentes  que  hemos  descri- 
to. Se  han  limitado  á  dar  un  ataque  parcial,  enérgico 
en  verdad,  pero  sin  más  objeto  que  rectificar  el  frente. 


RUINAS   DEL   CASTILLO    DE   OURSCAMP   (OISE) 


Los  resultados  que  han  obtenido  en  estas  dos  jor- 
nadas no  son  nulos.  El  primer  día,  en  el  eje  Roye-Pa- 
ris,  han  adelantado  su  centro  hasta  Ressonsy  después 
hasta  Marqueglise.  Pero  ese  avance  por  una  depresimí 
habría  quedado  en  un  estado  muy  precario  si  no  hu- 
biera sido  llanqueado  á  derecha  é  izquierda  por  la  po- 
sesión de  las  alturas.  Los  alemanes  se  proporcionaron 
ayer  esta  seguridad.  A  su  derecha  han  conquistado  la 
meseta  de  Mery.  Á  su  izquierda  tenían  ante  ellos  el 
macizo  de  Lassigny  surcado  por  numerosos  arroyos. 
El  enemigo  ha  conseguido  apoderarse  del  bosque  de 
Thiescourt  y  llegar  hasta  el  centro  del  macizo.  Estos 
resultados  son  excelentes  bajo  el  punto  de  vista  tác- 
tico. Habría  que  conocer  el  precio  exacto  que  han  cos- 
tado para  apre- 
ciar si  la  opera- 
ción es  buena  ó 
mala  para  el  ene- 
migo. De  todos 
modos,  no  modi- 
fica sensible- 
mente la  situa- 
ción general.  El 
objetivo  inme- 
diato, ósea  Com- 
piegne,  no  está 
alcanzado.  El 
avance  por  la 
orilla  derecha 
del  Oise  no  basta 
para  amenazar 
al  conjunto  de 
nuestras  posicio- 
nes de  la  orilla 
opuesta,  entre  el 
Oise  y  el  Aisne. 
Y  al  otro  extre- 
mo no  se  ha  mo- 
dificado la  situación  en  la  meseta  de  Montdidier.» 

Con  fecha  del  10  á  las  ocho  de  la  tarde,  un  testigo 
presencial  de  la  reofensiva  alemana,  el  teniente  En- 
traygues,  escribía  las  siguientes  impresiones  á  un  im- 
portante diario  de  París: 

«La  embestida  teutona  no  amaina;  los  alemanes 
han  atacado  durante  toda  la  noche  del  9  al  10,  y  esta 
misma  mañana,  bajo  un  cielo  tormentoso,  sus  unida- 
des de  apoyo,  sobrepasando  su  zona  de  cobertura  re- 
pleta de  féldgrem,  lanzábanse  al  asalto  de  nuestras 
líneas  de  resistencia.  Los  nuestros  resistían  perfecta- 
mente, poseídos  de  valor  y  de  entusiasmo.  Y  esto  se 
explica:  «mataban  loches». 

La  batalla  tiene  en  ambas  partes  un  feroz  carácter 
de  encarnizamiento. 

Ante  este  ataque,  ¿qué  hacer?  Antes  que  nada, 
guardar  la  continuidad  del  frente,  evitar  la  ruptura. 
En  segundo  término,  matar,  matar  todo  lo  más  posible. 
Y  por  fin,  cuando  se  considere  que  el  esfuerzo,  que 
el  impulso  del  asaltante  ha  alcanzado  su  grado  máxi- 


16 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


ablecerse  junto  con  las  reservas 
e  una  línea  de  resistencia  reconocida  como  pn 
cia  y  no  retroceder  ni  una  pulgada.  Dado  i 

al  de  um  ">sis- 

k,  tanto  más  cuanto  que,  o  de  falta  grave 

o  de  desfallecimiento  del  ene  es  posible 

la  maniobra  espontánea,  rápida,  susceptible  de  provo- 

is.  Nuestro  centro  ha  dó- 
nente hasta  más  allá  de  Bessons-sur-Matz. 
mi  repliegue  de  unos  ocho  kilómetros.  ¡Va  no  son 
veinte  k  -  del  27  de  Majo!  Algo  ha  cam- 

biado, i1 

¿Entre  el  enemigo? 

No,  entre  el  enemigo  todo  sigue  igual;  es  el  misino 


H   BOSQUE   HEL   MABNE.    FABRICANDO  CARBÓN   PARA   LAS  TROPAS 


sistema,  el  mismo  método:  avalanchas  de  stosstritp- 
pcn  lanzándose  á  través  de  nuestras  defensas  sin  cui- 
darse de  las  pérdidas,  sin  preocuparse  de  las  resisten- 
cias laterales;  avances  sin  tregua  al  amparo  de  las 
ametralladoras;  penetraciones  locales  por  medio  de 
destacamentos,  etc.  Siempre  hay  grandes  masas  ale- 
manas de  ataque. 

Es  perfectamente  exacto  el  hecho  de  que  esta  vez 
no  ha  podido  haber  sorpresa,  tanto  menos  cuanto  que 
la  Tínica  forma  del  frente  indicaba  guardarse  sobre  la 
línea  MonMidier-Noyon.  Todos  lo  entendían  así;  y  ni 
los  artículos  de  los  críticos  alemanes  haciendo  prever 
un  ataque  de  diversión  excéntrico,  ni  la  ostensible 
agrupación  de  una  serie  de  divisiones  sobre  una  línea 
alejada,  bastaban  para  engañar  á  nuestro  comando. 
Así,  pues,  estábamos  preparados. 

Pero  preparados  en  la  medida  en  que  antes  de  la 
llegada  del  grueso  de  las  fuerzas  norteamericanas  lo 
permitían  nuestras  disponibilidades.  Es  preciso  que 
los  franceses  comprendan  la  situación,  de  una  vez 


para  siempre.  El  presidente  del  Consejo  cifró  un  día 
la  superioridad  numérica  conferida  al  enemigo  por  la 
defección  rusa.  Esa  superioridad  es  aprovechada  por 
los  alemanes,  y  lo  será  constantemente  hasta  que  el 
apoyo  de  ultramar  haya  restablecido  el  equilibrio. 
Hasta  entonces  no  podremos  hacer  sino  resistir,  siem- 
pre sin  dejar  de  acechar  la  ocasión  de  una  maniobra 
ofrecida  por  las  circunstancias,  improvisada  por  nues- 
tra iniciativa  y  realizada  con  buen  éxito  por  los  pe- 
ludos. 

Todo  ello  me  conduce  á  repetir  la  pregunta  antes 
planteada:  Frente  á  la  nueva  embestida,  ¿qué  hacer? 
Ante  todo,  resistir,  conservando  la  continuidad  del 
frente.  Y  así  se  hace. 

Sin  embargo,  durante  la  noche 
del  10,  los  franceses  tuvieron  que 
practicar  un  repliegue  hasta  el  Sur 
de  Yaudelincourt,  de  Antoval,  de 
Hibecourt,  y  más  tarde  trabar  com- 
bate en  las  calles  de  Machemont  y 
de  Bethancourt. 

Casi  al  mismo  tiempo,  Yon  Hu- 
tier,  obstinándose  continuamente 
en  dirección  de  Estrées-Saint-De- 
nis,  había  lanzado  gruesos  efectivos 
entre  Belloy  y  Marqueglise.  Nada 
intentaba  por  su  ala  derecha,  donde 
la  víspera  habían  reconquistado  los 
franceses  al  asalto  el  pueblo  de  Me- 
ry.  Primeramente,  bajo  la  violencia 
del  ataque,  las  tropas  aliadas  se  ha- 
bían replegado  hasta  las  inmedia- 
ciones del  Aronde,  afluente  del  Oise; 
pero  luego,  ejecutando  una  magní- 
fica reofensiva,  rechazaron  al  ene- 
migo en  todo  el  frente,  restable- 
ciendo sus  líneas  al  Sur  de  Belloy, 
de  Saint-Maur  y  de  Marqueglise. 
El  día  11  por  la  tarde,  las  divisiones  francesas,  apo- 
yadas por  los  carros  de  asalto,  realizaron  un  gran  con- 
traataque, que  desarrollaron  en  una  extensión  de  doce 
kilómetros  entre  Rubescourt  y  Saint-Maur:  acción 
ofensiva  que  tendía  á  coger  de  flanco,  y  por  el  terreno 
conservado  hasta  entonces,  al  avance  alemán  sobre  el 
Matz  y  sobre  el  Oise.  Al  atardecer,  las  tropas  france- 
sas, venciendo  la  gran  resistencia  de  los  teutones,  lle- 
gaban hasta  las  cercanías  Sur  del  Fretoy,  ocupaban  la 
meseta  que  se  alza  entre  Courcelles  y  Mortemer,  se 
excedían  dos  kilómetros  más  allá  de  Mery,  y  habiendo 
reconquistado  Belloy,  después  del  bosque  de  Genlis, 
alcanzaban  los  linderos  del  pueblo  de  Saint-Maur. 
Un  millar  de  prisioneros  y  muchos  cañones  consti- 
tuían los  trofeos  de  esta  brillante  respuesta  pronuncia- 
da contra  formaciones  que  se  hallaban  en  dispositivo 
de  ataque. 

Mientras  tanto,  las  fuerzas  aliadas  detenían  en  An- 
theuil,  entre  el  Matz  y  el  Aronde,  una  nueva  embes- 
tida del  centro  alemán. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


Veamos  los  partes  oficiales  alia- 
dos del  día  11: 

«Común ¡cnilo  francés,  once  no- 
che.— La  batalla  ha  continuado  hoy 
desde  Montdidier  hasta  el  Oise. 

A  la  izquierda,  nuestras  tropas, 
apoyadas  por  carros  de  asalto,  han 
contraatacado  esta  tarde  sobre  un 
frente  de  doce  kilómetros,  entre 
Rubescourt  y  Saint-Maur.  A  posar 
de  la  encarnizada  resistencia  del 
enemigo,  hemos  conseguido  llegar 
hasta  las  inmediaciones  Sur  del 
Fretoy,  tomando  la  altura  situada 
entre  Courcelles  y  Mortemer  y  lle- 
vando nuestras  líneas  á  más  de  dos 
kilómetros  al  Este  de  Mcry.  Asi- 
mismo hemos  cogido  Belloy  y  el 
bosque  de  Genlis,  alcanzando  las 
inmediaciones  Sur  de  Saint-Maur. 
El  enemigo,  que  ha  sufrido  gran- 
des pérdidas,  ha  dejado  en  nuestro 
poder  más  de  mil  prisioneros  y 
varios  cañones  y  abundante  material  de  guerra. 

Al  centro,  los  alemanes,  que  habían  logrado  avan- 
zar hasta  el  Sur  de  la  granja  de  Loges  y  de  Anthouil, 
han  sido  rechazados  más  allá  de  ambos  puntos  por 
nuestras  tropas,  que  obraban  de  consuno  con  las  uni- 
dades vecinas. 

A  la  derecha,  el  enemigo,  acentuando  su  presión, 
ha  intentado  ganar  el  valle  del  Matz.  Muchos  ataques 
violentos  lanzados  sobre  Chevicaut  han  sido  rechaza- 
dos. El  enemigo  ha  logrado  penetrar  en  Machemont  y 
Bethancourt,  que  son  ásperamente  disputados. 

Al  Sur  del  Ourcq,  las  tropas  norteamericanas  han 


.-V- 


LLEGADA  DE  PRISIONEROS  ALEMANES  A  LAS  LINEAS  DE  LA  RETAGUARDIA  FRANCESA 
Tomo  ix 


CENTINELA    FRANCÉS   PROVISTO  DE   MASCARA   CONTRA  LOS  GASES  ASFIXIANTES 


tomado  brillantemente  esta  mañana  el  bosque  de  Bel- 
leau,  cogiendo  trescientos  prisioneros. 

Comunicado  yanqui  de  las  nueve  de  la  noche. — Al 
Noroeste  de  Clniteau-Tierry,  logramos  avanzar  de 
nuevo  nuestras  posiciones  en  el  bosque  de  Belleau. 
Hacemos  doscientos  cincuenta  prisioneros,  tres  de 
ellos  oficiales,  y  además  cogemos  gran  cantidad  de 
material,  ametralladoras  y  morteros  de  trinchera.  En 
Woevre,  nuestras  baterías  han  practicado  un  tiro  de 
neutralización  rápida  y  eficaz. 

Comunicado  británico. — EL  número  de  prisioneros 

cogidos  anoche  con  motivo  de  la  operación  realizada 

al  Sur  de  Morlancourt  se  eleva  á 

doscientos  noventa  y  ocho,  entre 

ellos  cinco  oficiales. 

Guerra  aerea. — (Nota  adjunta 
al  parte  francés.)  A  pesar  del  mal 
tiempo,  nuestros  agentes  de  bom- 
bardeo han  continuado  sus  opera- 
ciones en  la  jornada  del  10.  En  los 
puntos  más  peligrosos  del  campo 
de  batalla,  varios  grupos  de  avio- 
nes, volando  á  escasa  altura,  han 
lanzado  sus  proyectiles  sobre  los 
grupos  enemigos,  dispersando  á  las 
tropas  de  refuerzo  y  causándoles 
considerables  pérdidas. 

De  esta  suerte  se  han  gastado, 
con  resultados  excelentes,  ocho  to- 
neladas de  explosivos. 

Durante  la  noche  del  10  al  11  ha 
proseguido  activamente  el  bombar- 
deo de  la  zona  posterior  del  enemi- 
go. Nuestras  escuadrillas  han  lanza- 
do veinte  toneladas  de  proyectiles 

2 


18 


VICENTE  BLASCO  1BANEZ 


sobre  convoyes,  acantonamientos  y  estaciones  de  fe- 
rrocarril. Han  explotado  dos  depósitos  de  municiones, 
uno  en  la  región  de  Chaulnes  y  otro  en  la  de  Soissons. 
También  Be  íia  incendiado  la  estación  de  Fismes. 

Durante  la  misma  jornada  del  10,  nuestra  escua- 
drilla de  caza  ha  derribado  cuatro  aviones  alemanes  y 
un  globo  cautivo  de  igual  nacionalidad. 

A  continuación  se  inserta  la  nota  adjunta  al  parte 
oficial  británico.) 

El  día  10  del  corriente  mes  de  Junio,  á  pesar  del 
tiempo  poco  propicio,  nuestros  aviadores  han  tomado 
parte  en  la  batalla  del  frente  francés,  lanzando  ocho 
toneladas  de  bombas  sobre  las  tropas  enemigas  y  hos- 
tilizando constantemente  á  los  transportes,  á  los  depó- 
sitos de  muni- 
ciones, á  las  ba- 
terías y  á  las 
trincheras. 

Se  han  com- 
probado golpes 
directos  en  la 
vía  férrea  Roye- 
sur-Matz  y  en 
las  concentra- 
ciones de  tropas 
puestas  en  el 
triángulo  Mont- 
didier-Ricque- 
bourg-Roye. 

Volando  á  es- 
casa altura, 
nuestros  apara- 
tos han  atacado 
á  la  ametralla- 
dora á  todos  los 
objetivos  que  se 
hallaban  alo  lar- 
go de  los  cami- 
nos emplazados  detrás  de  la  línea  de  combate,  y  se  han 
disparado  eficazmente  gran  número  de  cartuchos. 

Seis  aeroplanos  enemigos  han  sido  derribados,  y 
siete  otros  obligados  á  aterrizar.  Cinco  de  nuestros 
aparatos  no  han  regresado. 

En  el  frente  británico  ha  habido  poca  actividad 
aérea.  Un  avión  alemán  ha  sido  destruido  y  otro  se  ha 
visto  en  el  caso  de  realizar  un  aterrizaje  forzoso. 

Durante  la  noche  del  10  hemos  lanzado  siete  tone- 
ladas de  bombas  sobre  Cambrai  y  Bapaume. 

Todos  nuestros  aparatos  de  bombardeo  nocturno 
han  regresado  indemnes.» 

Hasta  este  momento,  la  batalla  entablada  entre 
Montdidier  y  Noyon  había  pasado  por  tres  fases,  que 
Bidou  distinguía  y  explicaba  del  siguiente  modo: 

Priiru  ■■  fase—  Ludendorff  prepara  entre  Mont- 
didier y  Noyon  una  ofensiva  del  tipo  de  las  acciones 
precedentes.  Esta  ofensiva  se  confía  al  XVIII  ejército 
(Von  Hutier).  El  objetivo  es  indudablemente  llegar  á 
Compiégne.  El  terreno  se  compone  de  una  depresión 


RUINAS  DEL  CASTILLO   DE   COUCY   (AISNE) 


al  centro,  entre  la  meseta  de  Mery,  al  Oeste,  y  las  co- 
linas de  Lassiguy,  al  Este.  En  esta  depresión  central 
un  gran  camino  señala  el  eje  de  marcha  del  enemigo. 
Kse  gran  camino,  que  viene  de  Hoye,  una  vez  llega  al 
Este  de  la  meseta  de  Mery  se  bifurca  y  envía  un  brazo 
hacia  el  Sudoeste  sobre  Senlis  y  otro  al  Sudeste  sobre 
Compiégne.  Se  ve,  pues,  que  Compiégne  puede  ser 
atacado  por  el  ala  izquierda  enemiga,  que  viene  por  el 
Oise,  y  también  por  el  centro,  que  procede  del  camino 
de  Senlis. 

Desde  luego,  el  enemigo  espera  que  una  vez  logre 
instalarse  en  Compiégne,  es  decir,  en  la  confluencia 
del  Aisne,  pondrá  á  nuestras  posiciones  de  la  orilla 
oriental,  entre  el  Oise  y  el  Aisne,  en  situación  tan 

apurada,  que  ha- 
brá necesidad  de 
evacuarlas.  En 
efecto,  los  ale- 
manes pueden 
enfilar  el  valle 
del  Aisne  al  Oes- 
te por  Compiég- 
ne y  al  Este  por 
Soissons.  Para 
abastecer  nues- 
tras posiciones 
del  Norte  del  río, 
bosque  de  Carle- 
pont,  bosque  de 
Laigue,  meseta 
de  Nouvion,  et- 
cétera, habría 
que  atravesar 
ese  pasillo  barri- 
do por  el  fuego. 
La  situación  se- 
ría irresistible 
en  estas  posicio- 
nes y  habría  que  trasladar  el  frente  á  la  línea  bosque 
de  Compiégne-bosque  de  Villers-Cotterets,  la  cual, 
atacada  por  dos  frentes,  era  casi  seguro  que  cayese. 
Así,  pues,  como  una  operación  daba  lugar  á  la  otra,  el 
enemigo  podía  prometerse  de  la  ocupación  de  Com- 
piégne toda  una  serie  de  resultados. 

El  asalto  se  dio  el  día  9  á  las  4'30  de  la  madruga- 
da, y  esta  fase  inicial,  la  más  intensa,  le  falló  neta- 
mente á  Von  Hutier.  En  vez  de  la  sumersión  total  de 
las  posiciones  adversarias,  lo  único  que  logró  fué  des- 
cribir un  golfo  al  centro,  en  la  depresión  del  camino 
de  Roye. 

Segunda  fase.  —  Habiendo  fallado  el  efecto  del 
asalto  inicial,  el  enemigo  podía  detenerse  ú  obstinarse 
en  seguir.  Optó  por  esto  último,  y  entonces  comenzó 
una  batalla  de  tipo  clásico,  como  las  que  se  libraban 
en  1914  para  forzar  el  camino  hacia  Compiégne.  Al 
parecer,  su  propósito  ha  sido  ampliar  su  éxito  del 
centro,  con  ánimo  de  envolver  y  desbordar  el  macizo 
de  Lassigny,  al  que  bloqueaba  su  ala  izquierda.  Ese 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


19 


macizo,  potente  y  muy  importante,  no  dejaría  de  caer 
si  se  veía  desbordado  por  el  Oeste  y  atacado  de  frente 
al  mismo  tiempo.  Una  vez  dueños  de  dichas  alturas, 
los  alemanes  podrían  marchar  sobre  Compi(-,gne  por 
el  centro  y  por  la  izquierda,  ofensiva  convergente  á 
la  que  sería  muy  difícil  resistir.  Entretanto,  bastaría 
que  la  derecha  alemana  se  apoderase  de  la  meseta  de 
Mery,  y  que  por  esta  altura  cubriese  las  operaciones 
del  centro  y  de  la  izquierda. 

Von  Hutier,  á  costa  de  grandes  sacrificios,  pero 
con  mucha  habilidad  y  vigor,  realizó  este  programa. 
Su  centro,  que  envolvía  el  pie  Oeste  del  macizo  de 
Lassigny,  adelantaba  en  un  momento  dado  sus  van- 
guardias hasta  las  orillas  del  Aronde.  Evidentemente, 
este  progreso  del  ___^_^^___^^^^^_______ 

centro  ha  entra- 
ñado en  gran 
parte  la  caída 
del  macizo  de 
Lassigny,  la 
cual  se  ha  hecho 
en  tres  etapas: 
primeramente, 
ha  sido  cogido 
el  islote  avanza- 
do de  Plemont: 
después,  ha  sido 
tomada  la  parte 
Norte  del  maci- 
zo, es  decir,  el 
bosque  de  Thies- 
court;  por  últi- 
mo, en  la  noche 
del  10  al  11,  el 
enemigo,  des- 
embocando del 
bosque  de  Thies- 
court,  ha  ocupa- 
do la  parte  Sur  de  la  meseta  y  ha  ido  en  la  jornada 
del  11  á  bordear  el  río  que  limita  con  el  macizo  por  el 
Sur  y  que  se  llama  el  Matz. 

Tercera  fase. — Así,  pues,  el  enemigo  ha  obtenido, 
al  centro  y  á  la  izquierda,  es  decir,  en  sus  dos  prin- 
cipales direcciones  de  ataque,  un  éxito  importante. 
En  este  momento  es  cuando  se  inicia  la  respuesta 
francesa.  Va  hemos  visto  que  el  ala  derecha  alemana 
en  la  meseta  de  Mery,  de  la  que  se  había  apoderado  el 
día  10,  tenía  por  principal  objeto  cubrir  las  operacio- 
nes del  centro  y  de  la  izquierda.  La  línea  de  operacio- 
nes del  centro,  es  decir,  el  camino  de  Roye,  no  es  per- 
pendicular al  frente  de  combate.  Este,  de  Montdidier 
al  curso  inferior  del  Matz,  se  desarrolla  del  Noroeste 
al  Sudeste.  El  camino  de  Roye,  por  el  contrario,  está 
orientado  en  sentido  Norte-Sur.  Así,  pues,  la  línea  de 
operaciones  del  centro,  oblicua  al  frente,  pasa  por  de- 
trás del  ala  derecha  alemana  y  podría  verse  amenaza- 
da si  esa  ala  derecha  fuese  rechazada,  amenaza  que 
sería  tanto  más  seria  cuanto  que  el  terreno  en  que  los 


RUINAS   DE   ASSEVILLERS   (SOMMEJ 


franceses  rechazarían  al  ala  derecha  enemiga  les  ofre- 
cería magníficas  posiciones  de  artillería.  Son  largas 
lomas  donde  pueden  emplazarse  baterías  en  número 
ilimitado. 

Hacia  el  10  por  la  tarde  los  franceses  dibujaban, 
pues,  una  maniobra  por  su  izquierda  contra  la  derecha 
alemana  y  reconquistaban  Mery.  Después,  en  las  jor- 
nadas del  11,  se  acentuaba  el  movimiento.  Mientras 
el  centro  enemigo  se  trasladaba  del  Aronde  hasta  el 
nivel  del  pueblo  de  Antheuil,  mientras  la  izquierda 
quedaba  contenida  en  el  Matz,  el  ala  derecha  alemana 
era  completamente  rechazada  de  la  meseta  de  Mery. 
En  el  extremo  Norto  de  esta  meseta,  los  franceses, 
franqueando  el  barranco  que  la  bordea,  escalaban  la 

altura  opuesta, 
una  colina  de- 
signada militar- 
mente con  el 
nombre  de  cota 
número  100,  y 
cuyo  centro  ape- 
nas distaba  unos 
tres  kilómetros 
de  ese  camino 
de  Roye  que  es 
la  arteria  nutri- 
tiva del  centro 
alemán  que  es- 
taba combatien- 
do unos  diez  ki- 
lómetros más 
hacia  el  Sur.  Di- 
cho de  otro  mo- 
do, el  centro  ale- 
mán, á  diez  kiló- 
metros detrás  de 
su  frente,  tiene 
su  línea  de  ope- 
raciones bajo  el  intenso  fuego  de  las  piezas  de  campa- 
ña francesas. 

¿Cuál  será  el  desarrollo  de  esa  bella  maniobra  de 
nuestra  ala  izquierda?  Poco  tardaremos  ya  en  saberlo. 
Por  de  pronto,  ambos  adversarios  se  hallan  en  la  po- 
sición clásica  de  tener  cada  cual  la  ventaja  de  un  ala. 
Sin  que  esto  signifique  aventurar  juicios,  parece  ser 
que  la  ventaja  de  los  franceses,  brillantemente  con- 
quistada el  día  11,  tenga  un  valor  más  eficaz  que  la 
lejana  amenaza  de  los  alemanes  sobre  Compiégne.» 

Durante  la  noche  del  11  al  12  y  en  la  mañana  de 
este  último  día  prosiguió  la  batalla,  sin  que  sobrevi- 
niese ningún  cambio  apreciable  en  la  situación  gene- 
ral. A  la  izquierda  de  los  franceses,  fueron  rotas  todas 
las  tentativas  de  acción  efectuadas  contra  nuestro  re- 
ciente éxito.  Las  tropas  francesas  aún  avanzaron  lige- 
ramente al  Este  de  Mery.  Al  centro,  mantuvieron  sus 
posiciones  ante  violentos  ataques  destinados  á  recha- 
zarles sobre  el  Aronde.  A  la  derecha,  esas  mismas  fuer- 
zas defendieron  obstinadamente  los  pasos  del  Matz 


20 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


inferior.  Poro  el  enemigo  renovó  sus  ataques  y  acabó 
por  penetrar  en  el  pueblo  de  Melicocq. 

En  plena  mañana  del  12  se  producía  un  hecho 
nuevo  en  el  vasto  teatro  á  través  «leí  que  mam. 
ban  los  ejércitos  del  kronprinz  imperial.  Entre  el  Aisne 
v  el  bosq  de  las  fuerzas  de  Yon  Boehm 

reanudaba  la  ofensiva  y  se  empeñaban  violentos  com- 
a  en  el  frente  jalonado  por  los  pueblos  de  Dom- 
miers,  de  Cutry  y  de  Amble; 

El  último  comunicado  francés  del  día  12  decía  así: 
Durante  la  jornada,  el  enemigo  ha  renovado  su 
presión  entre  Montdidier  y  el  Oise. 

A    nuestra  izquierda,  todas  sus  tentativas  para 
arrebatarnos  nuestras  ganancias  de  ayer  lian  fraca- 


1  \    i  \    II  BSTO    DE    MANDO   EN    EL   MABNE 

sado.  liemos  progresado  en  la  región  del  bosque  de 
Belloy  y  de  Saint-Maur,  haciendo  cuatrocientos  pri- 
sioneros y  capturando  varios  cañones  y  numerosas 
ametralladoras. 

En  el  frente  Saint-Maur-Autheuil  nada  de  nuevo. 

\  nuestra  derecha,  los  alemanes  han  reincidido  en 
sus  ataques  sobre  Matz.  Después  de  varias  tentativas 
que  les  costaron  grandes  pérdidas,  lograron  penetrar 
por  la  orilla  Sur  en  el  pueblo  de  Melicocq  y  en  las  al- 
turas de  la  Croix-Ricard. 

Al  Este  del  Oise,  nuestras  tropas  efectuaron  ante- 
ayer por  la  noche  su  repliegue  sobre  la  línea  Bailly- 
Tracy-le- Val-Oeste  de  Nampcel,  bajo  la  protección  de 
destacamentos  de  cobertura  que  ocultaron  nuestro 
nuevo  movimiento  al  enemigo.  En  la  región  de  Haute- 
Braye  hemos  rechazado  un  ataque  enemigo,  haciendo 
varios  prisioneros. 

Al  Sur  del  Aisne,  entre  el  río  y  el  bosque  de  Vil- 
lers-Cotterets,  se  han  desarrollado  encarnizados  com- 
bates cuerpo  á  cuerpo.  Nuestras  tropas  han  opuesto 


viva  resistencia  á  los  ataques  del  enemigo,  que  ha  pro- 
lo  ligeramente  en  la  meseta  enclavada  entre  los 
pueblos  de  Dommiers  y  de  Cutry.  Todos  sus  esfuerzos 
sobre  Ambleny  y  Saint-Pierre-Aigle  han  fracasado. 

Al  Norte  del  Marne,  nuestras  tropas  han  tomado 
Montecourt  y  la  parte  Sur  de  Bussiares.» 

En  su  nota  sobre  la  guerra  aérea,  el  mismo  comu- 
nicado seguía  diciendo: 

<  Nuestros  agentes  de  bombardeo  diurno  han  pro- 
seguido sus  operaciones  en  la  jornada  del  11  de  Ju- 
nio. Participando  con  su  audacia  habitual  en  el  con- 
traataque iniciado  por  nosotros  en  el  frente  Montdi- 
dier- Saint-Maur,  han  bombardeado  á  las  divisiones 
enemigas  que  llegaban  para  apoyar  el  choque  de  nues- 
tras tropas  contra  su  ala  derecha. 
Ante  este  ataque,  las  unidades  han 
tenido  que  dispersarse,  dejando  nu- 
merosos cadáveres  en  el  campo  de 
batalla.  Varios  convoyes  han  sido 
embotellados.  Baterías  de  artillería 
pesada  alemana,  en  pleno  trabajo, 
han  sido  abandonadas  por  los  sir- 
vientes y  han  dejado  de  disparar. 
Además,  se  ha  prendido  fuego  un 
convoy  y  ha  estallado  otro  incen- 
dio muy  importante  en  Ressons-sur- 
Matz,  donde  había  una  gran  con- 
centración de  tropas  enemigas. 

En  total,  se  han  lanzado  veinti- 
séis toneladas  de  proyectiles  con 
excelentes  resultados. 

Durante  la  noche,  nuestras  tripu- 
laciones de  bombardeo  han  lanzado 
trece  toneladas  de  explosivos  sobre 
las  estaciones  de  la  zona  enemiga, 
especialmente  en  las  regiones  de 
Nesle,  Boye  y  Ressons-sur-Matz. 
En  los  lugares  bombardeados  se 
han  observado  nuevos  incendios. 

El  día  11,  nuestros  aparatos  de  caza  han  derribado 
ó  puesto  fuera  de  combate  trece  aparatos  alemanes.» 
El  comunicado  británico,  breve  y  sin  ninguna  no- 
ticia digna  de  mención,  también  llevaba  un  apéndice 
sobre  aviación,  que  no  dejaremos  ciertamente  de  trans- 
cribir, líele  aquí: 

«La  aviación  británica  ha  tomado  parte  en  el  con- 
traataque francés  en  la  parte  occidental  del  frente  de 
batalla  de  Noyon.  Nuestras  patrullas  especiales  han 
librado  combate  contra  los  aparatos  enemigos  y  han 
bombardeado  sin  descanso  y  con  vigor  las  trincheras 
alemanas,  los  emplazamientos  de  baterías  y  las  líneas 
de  comunicaciones.  Un  intenso  fuego  de  ametrallado- 
ras se  ha  dirigido  desde  escasa  altura  sobre  las  tropas 
enemigas  y  sobre  sus  transportes  que  se  hallaban  en 
esta  región. 

Durante  estas  operaciones  se  han  destruido  diez  apa- 
ratos alemanes  y  cuatro  se  han  visto  obligados  á  aterri- 
zar. Por  nuestra  parte,  hemos  perdido  tres  aparatos. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


21 


Desde  el  comienzo  del  ataque  ale- 
mán en  el  sector  de  Noyon  el  9  de 
Junio,  nuestras  escuadrillas,  unién- 
dose á  las  escuadrillas  francesas, 
han  lanzado  veintiuna  toneladas  de 
bombas  y  han  derribado  veintinue- 
ve aparatos  enemigos. 

En  el  frente  británico  nuestros 
aviones  y  globos  cautivos  han  fija- 
do, como  de  costumbre,  la  puntería 
de  nuestro  tiro  de  artillería,  y  han 
efectuado  asimismo  un  trabajo  útil 
de  reconocimiento  y  de  fotografía. 

En  este  frente  han  sido  derriba- 
dos dos  aparatos  enemigos  y  otros 
dos  se  han  visto  obligados  á  aterri- 
zar. Uno  de  nuestros  aparatos  falta 
á  la  lista.  Tanto  en  el  frente  fran- 
cés como  en  el  frente  británico,  he- 
mos lanzado  en  la  jornada  del  11  ca- 
torce toneladas  de  bombas. 

En  la  noche  del  11  al  12  nuestros 
aparatos  de  bombardeo  han  atacado 
vigorosamente  á  las  vías  férreas  de 
Cambrai  y  á  los  acantonamientos  de  Fremicourt.  Se 
han  lanzado  cuatro  toneladas  de  bombas.  Todos  nues- 
tros aparatos  han  regresado.» 

Varios  corresponsales  de  diarios  ingleses  en  el 
frente  británico  decían  que  los  aviadores  alemanes 
nunca  habían  acudido  sobre  las  líneas  aliadas  en  tan 
crecido  número  como  en  el  transcurso  del  9  al  12  de 
Junio  de  1918.  Por  esta  razón,  los  combates  aéreos  se 
sucedían  unos  á  otros  ininterrumpidamente.  Un  «as» 
británico,  que  ante  la  ofensiva  alemana  venía  demos- 
trando una  actividad  particular,  derribó  en  el  trans- 


CAMINO   DE   MAI'RErfiE.   TROPAS   FRANCESAS   MARCHANDO    A    LAS   PRIMERAS   LÍNEAS 


ANTIGUA   TRINCHERA    ALEMANA    TOMADA    POR   LOS    FRANCESES 
EN   EL   FRENTE   ÜE   ALSACIA 


curso  de  una  misma  jornada  tres  aviones  alemanes. 
El  día  10,  en  el  sector  ocupado  por  las  tropas  aus- 
tralianas, un  aviador  descubrió  á  un  aeroplano  alemán 
en  servicio  de  reconocimiento.  Éste  intentó  escapar, 
pero  su  adversario  logró  hacerle  aterrizar  con  el  apa- 
rato intacto  en  el  aeródromo  de  la  escuadrilla  austra- 
liana. Para  ello  se  mantuvo  cien  metros  á  retaguardia, 
en  plano  superior  al  aparato  alemán  y  sin  dejar  de 
dirigir  sobre  él  su  ametralladora.  Habiendo  instado  el 
observador  australiano  al  piloto  para  que^aprovechan- 
do  la  posición,  disparase,  éste  respondió: 

— Mientras  obedezca,  no  vale  la 
pena. 

El  alemán  aterrizó  sobre  el  aeró- 
dromo australiano;  no  había  dispa- 
rado ni  un  solo  tiro. 

Hacia  el  12  de  Junio,  un  enviado 
especial  de  la  Agencia  Reuter  decía 
que  el  trabajo  de  los  norteamerica- 
nos al  Oeste  de  Cháteau-Thierry  se 
había  completado  con  la  captura 
por  asalto  de  la  potente  posición  de 
ametralladoras  que  hasta  entonces 
había  resistido  en  el  ángulo  Sudeste 
del  bosque  de  Belleau. 

Según  el  corresponsal  del  Daily 
Chronicle  en  Amsterdam,  la  llega- 
da regular  de  tropas  norteamerica- 
nas á  Europa  comenzaba  á  suscitar 
gran  inquietud  en  los  centros  ale- 
manes. A  fin  de  preparar  á  la  opi- 
nión, se  autorizaba  á  numerosos  co- 
rresponsales de  guerra  para  publi- 
car que  ya  habían  franqueado  el 


22 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


ático  500.000  norteamericanos.  Sin  e  .  con 

ánimo  de  remediar  el  mal  efecto  de  esa  información, 

lían  que  la  mitad  de  estos  efectivos  estaban  em- 

dos  en  el  servicio  de  ferrocarriles  y  que  la  otra 
mitad  no  tenía  ningún  valer  combativo.  Todas  estas 
notas  oficiosas  indicaban  que  los  centros  alemanes 
bien  informados  se  disponían  á  renunciar  á  la  táctica 
de  pretender  inculcar  la  creencia  de  que  Norte  Amé- 
rica jamás  podría  cooperar  útilmente  en  el  frente  de 
Francia.  El  nuevo  método  consistía  en  hacer  creer  al 
público  alemán  que  esta  cooperación  no  tendría  con- 
secuencias, toda  vez  que  el  ejército  yanqui  carecía  de 
dotes  militares. 

El  mismo  corresponsal. añadía  que  la  opinión  pú- 
blica del  Impe- 
rio acogía  fría- 
mente los  des- 
pachos relativos 
á  la  ofensiva. 

He  aquí  cómo 
explicaba  el  crí- 
tico militar  del 
Journal  des  Dé- 
bats  la  jornada 
del  12  de  Junio: 

Tara  com- 
prender el  senti- 
do de  la  batalla 
que  se  está  li- 
brando, hay  que 
considerar  aisla- 
damente el  fren- 
te de  ataque  del 
9  de  Junio,  es  de- 
cir, la  región 
Montdidier-Xo- 
yon.  En  cambio, 
hay  que  abarcar 

de  una  vez  toda  la  exteusión  situada  entre  Montdidier 
y  Cháteau-Thierry,  es  decir,  la  totalidad  del  saliente 
francés  entre  el  Norte  y  el  Este  de  París.  Y  no  hay 
que  olvidar  que  el  propósito  del  enemigo  está  en  redu- 
cir este  saliente  pasando  del  arco  á  la  cuerda  y  susti- 
tuyendo el  frente  Moutdidier-Noyon-Soissons-Cháteau- 
Thierry,  que  es  cóncavo,  con  un  frente  rectilíneo  que 
pase  por  Montdidier,  Compiégne,  Villers-Cotterets  y 
Cháteau-Thierry. 

Una  vez  alcanzado  este  nuevo  frente,  los  grandes 
bosques  que  están  ahora  ante  el  enemigo  se  hallarían 
detrás  de  él.  Fácilmente  se  alcanza  la  importancia  de 
este  cambio.  No  cabe  imaginar  una  tentativa  de  mar- 
cha sobre  París,  en  que  las  columnas  del  centro,  mar- 
chando entre  el  Oise  y  el  Ourcq,  tendrían  que  comba- 
tir irremisiblemente  ante  esos  vastos  parapetos  fuer- 
temente defendidos  por  los  aliados  y  de  donde  acaso 
ya  no  podrían  salir  jamás.  En  realidad,  la  operación 
sobre  París  no  puede  hacerse  mas  que  partiendo  de  una 
base  situada  al  Sur  de  estos  bosques,  y  he  ahí  por  qué 


UN  PCEHI.0  UOMUARDEADO  EN  EL  XORTE  DE  FRANCIA 


supone  la  ocupación  previa  de  Compiégne  y  de  Villers- 
Cotterets.  Pero  esta  ocupación  es  bastante  difícil  de 
por  sí  para  que  baste  como  objetivo  de  una  operación 
de  grandes  vuelos  como  la  que  empezó  el  9  de  Junio. 
El  campo  de  batalla  presenta  una  particularidad 
que  la  prensa  alemana  hace  resaltar:  y  es,  la  presen- 
cia en  el  centro  derecho  (visto  del  lado  alemán)  y  á 
la  izquierda  de  dos  ángulos  agudos  orientados  hacia 
los  franceses,  y  formados  uno  entre  el  Oise  y  el  Aisne 
y  otro  entre  el  Ourcq  y  el  Marne.  El  vértice  del  pri- 
mero está  en  Compiégne  y  el  del  segundo  en  Meaux. 
El  primero  estaba  defendido  el  día  9  por  una  obstruc- 
ción formada  en  Sempigny-Vic  y  el  otro  por  una  de- 
fensa análoga  constituida  entre  Troesnes  y  el  Oeste 

de  Cháteau-Thie- 
rry. Según  sus 
propios  críticos, 
los  alemanes 
conceden  mu- 
cha importancia 
á  la  posesión  de 
los  promonto- 
rios comprendi- 
dos entre  los  ríos 
confluentes.  Por 
esas  vías  hundi- 
das en  las  líneas 
es  por  donde  pro- 
gresan los  ale- 
manes. Lo  difícil 
es  el  ataque  de 
frente,  forzando 
la  defensa  trans- 
versal  que  se 
apoya  en  ambos 
costados.  Real- 
mente, entre  el 
Ourcq  y  el  Marne 
por  lo  menos,  lejos  de  ganar  terreno,  el  enemigo  lo  ha 
perdido  constantemente  durante  estos  últimos  días. 
Así,  pues,  ha  tenido  que  realizar  su  principal  es- 
fuerzo, de  suerte  que  la  batalla  se  ha  librado  sobre  los 
dos  flancos  del  promontorio  enclavado  entre  el  Oise  y 
el  Aisne.  Ya  sabemos  que  la  batalla  comenzó  el  día  9 
con  un  violento  esfuerzo  ejercido  al  Oeste  del  Oise.  Y 
el  día  12  ha  continuado  con  otro  esfuerzo  al  Sur  del 
Aisne.  La  segunda  de  estas  embestidas  ha  ocupado  un 
frente  de  unos  doce  kilómetros  entre  el  río  y  el  bosque 
de  Villers-Cotterets.  Esta  tentativa  es  solidaria  de  la 
primera.  Al  igual  que  en  la  primera,  los  alemanes 
avanzaban  sobre  Compiégne  por  el  lado  exterior  del 
Oise,  en  la  segunda  avanzaban  sobre  la  misma  ciudad 
por  el  lado  exterior  del  Aisne.  El  sector  extendido 
entre  el  Oise  y  el  Aisne  se  hallaba  amenazado  por  los 
dos  flancos  y  las  tropas  que  lo  defienden  se  veían  obli- 
gadas á  reforzarse  en  Compiégne,  por  donde  pasaba  su 
única  línea  de  retirada. 

Esta  tentativa  ha  fracasado.  Mientras  por  un  lado, 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


23 


al  Oeste  del  üise,  las  tropas  de  Von  Hutier,  que  ensa- 
yaban descender  del  macizo  de  Lassigny  sobre  Coin- 
piégne,  eran  contenidas  junto  al  Matz  y  lograban 
ocupar  algunos  centenares  de  metros  al  Sur  de  este 
río,  por  otro  lado,  al  Sur  del  Aisne,  las  tropas  de  Von 
Biehm  rechazaban  las  defensas  avanzadas  de  los  fran- 
ceses, pero  fracasaban  contra  la  posición  principal, 
instalada  junto  al  gran  barranco  Norte-Sur  que  se  ve 
entre  Antheny  y  Saint-Pierre-Aigle. 

La  jornada  es,  pues,  netamente  un  fracaso  para  el 
enemigo.  Sin  embargo,  ante  esa  amenaza  sobre  los 
dos  flancos  del  sector  comprendido  entre  el  Oise  y  el 
Aisne,  los  franceses  han  decidido  reducir  la  extensión 
del  arco  con  que  defienden  este  sector. 

Según  una  co- 
rrespondencia 
del  4  de  Junio, 
enviada  á  la  Ga- 
ceta de  la  Ale- 
mania del  Nor- 
te, el  frente  pa- 
saba hacia  esta 
fecha  por  Pon- 
toise,Lambrayy 
Nampcel.  Hoy 
pasa  por  Bailly 
y  Tracy-le-Val. 
Esta  operación 
prudencial  efec- 
tuada metódi- 
camente y  que 
reinstala  la  de- 
fensa sobre  las 
posiciones  de- 
fendidas de  1914 
á  1917,  no  pare- 
ce destinada  á 
influir  de  una 
manera  definitiva  en  la  marcha  de  la  acción.» 

A  partir  del  12  de  Junio,  la  batalla  que  venía  des- 
arrollándose entre  Montdidier  y  el  Oise  entró  en  su 
fase  final.  En  la  tarde  de  este  día,  los  contraataques 
de  los  franceses  ya  les  habían  permitido  rechazar  á 
los  alemanes  más  allá  del  Matz  y  reconquistar  los 
pueblos  de  Melicocq  y  Croix-Ricard.  A  partir  de  en- 
tonces, hubo  calma  relativa  en  las  inmediaciones 
del  Oise. 

El  13  de  Junio  los  alemanes  realizaron  á  su  dere- 
cha, desde  Courcelles  hasta  el  Norte  de  Mery,  un 
nuevo  esfuerzo;  pero  cogidos  bajo  el  fuego  de  los 
franceses,  ni  siquiera  pudieron  iniciar  su  maniobra. 
Entonces,  Von  Hutier  dejó  de  insistir. 

Definitivamente,  la  ofensiva  del  día  9  se  revelaba 
para  los  alemanes  como  un  gran  fracaso,  no  obstante 
su  avance  parcial.  Veamos  de  resumir  lo  ocurrido. 

Desde  un  principio,  los  teutones  se  proponían  al- 
canzar la  línea  Compiégne-Villers-Cotterets,  con  ob- 
jeto de  sobrepasar  los  bosques,  al  menos  en  su  ala 


RUINAS   DE  LA    IGLESIA   DE   BCEl'FS   (SOMME) 


izquierda,  y  á  fin  de  proporcionarse  una  base  de  ope- 
raciones hacia  París  para  el  momento  en  que  esas 
operaciones  fuesen  oportunas. 

El  saliente  que  las  fuerzas  alemanas  se  proponían 
reducir  afectaba  la  forma  de  un  ángulo  bastante  abier- 
to, cuyo  lado  occidental  era  tenido  por  el  ejército  Von 
Hutier  y  el  lado  oriental  por  el  ejército  Yon  B<ehm;  el 
contacto  entre  ambos  ejércitos  prendía  entre  el  Oise  y 
el  Aisne. 

El  ataque  se  practicó  por  el  lado  occidental  del  sa- 
liente y  con  la  exclusiva  intervención  del  ejército 
Von  Hutier.  Este  fracasaba.  El  defensor  no  había  que- 
dado sumergido  como  en  los  golpes  anteriores.  Lo 
único  que  consiguieron  los  alemanes  fué  dibujar  un 

golfo  en  las  lí- 
neas francesas. 
En  estas  condi- 
ciones, faltaba 
saber  si  renun- 
ciarían al  ataque 
ó  si  continuarían 
sus  esfuerzos. 
Resolvieron  con- 
tinuar, y  esta 
vez  obtuvieron 
un  éxito  bastan- 
te sensible  á  su 
izquierda,  to- 
mando el  macizo 
de  Lassigny, 
mientras  que  á 
su  derecha  ocu- 
paban la  meseta 
de  Mery.  La  con- 
secuencia inme- 
diata de  la  pér- 
dida de  este  ma- 
cizo era  una  rec- 
tificación del  frente  sobre  la  otra  orilla  del  Oise.  Pero 
todos  estos  éxitos  eran  puramente  incidentales  y  sin 
consecuencias.  Por  una  parte,  los  alemanes  se  mante- 
nían en  la  desembocadura  del  macizo  de  Lassigny,  á 
orillas  del  Matz,  y  por  otra  perdían  nuevamente  á  su 
derecha  la  meseta  de  Mery,  lo  cual  comprimía  peli- 
grosamente todo  el  flanco  de  su  ataque. 

Como  en  este  momento  el  ejército  Yon  Hutier  se 
hallaba  en  pleno  fracaso,  el  ejército  Von  Boehm  ensayó 
intervenir  á  su  vez,  cosa  que  hizo  el  día  12,  lanzando 
un  ataque  entre  el  Aisne  y  el  bosque  de  Villers-Cotte- 
rets.  En  las  dos  jornadas  del  12  y  del  13,  Von  Boehm 
pudo  avanzar  hasta  un  gran  barranco  orientado  en 
sentido  Norte-Sur,  que  constituía  la  principal  línea 
defensiva  francesa,  pero  al  que  no  pudo  franquear.  En 
el  fondo  de  esta  hondonada  ocupó  algunos  pueblos. 

Los  resultados  obtenidos  por  Von  Boehm  dejaban, 
pues,  bastante  que  desear.  Hacia  el  atardecer  del  13, 
la  línea  alemana  pasaba  por  el  barranco  de  Ambleny, 
por  el  lindero  del  bosque  de  Villers-Cotterets  y  por 


24 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


situada  entre  Toesmes  y  Chúteau-     ses  de  Mayo  y  Junio  de  1918,  la  IHusiratioü  decía  así 

en  un  interesante  artículo: 
El  día  15,  tras  una  operación  de  carácter  local  que  I  mrante  la  ofensiva  iniciada  el  27  de  Mayo  en  el 

,     „  fraD  ,  lueblo  de  Ccnuvres,  fueron     Chemin  des  Dames,  una  de  las  grandes  decepciones 

los  combate.  ion,  al  igual     alemanas  fué  el  no  poder  apoderarse  de  Remis 

que  ya  Be  habían  extinguido  en  la  re  <  i  Uise. 


Entonces  hubo  en  el  conjunto  del  frente  de  Francia 
ana  ull,  ■-  i  apenas  turbada  por  los  acostumbra- 

dos ,  ramuzas,  entre  las  cuales  merece 

citarse  una  vigorosa  respuesta  de  las  tropas  yanquis, 
dada  en  Woe^  re  contra  un  golpe  de  mano  lanzado  por 
los  alemanes  en  las  inmediaciones  de  Xivray. 


sampaSa.  silueta  de  un  soldado  francés  OBSERVANDO 

LAS  LÍNEAS  ENEMIGAS  AL  PONERSE  EL  SOL 


II 

Combates   ante   Reims 

El  18  de  Junio  por  la  tarde,  el  ejercito  Von  Below 
intentó  tomar  la  ciudad  de  Reims  por  medio  de  un 
ataque  brusco  é  intenso.  Tras  un  bombardeo  prelimi- 
nar, acabado  ya  casi  al  anochecer,  tres  divisiones  ale- 
manas se  lanzaron  contra  una  línea  semicircular  de 
unos  diez  kilómetros  de  diámetro  que  rodeaba  á  la 
ciudad  mártir  desde  Vrigny,  al  Oeste,  hasta  el  fuerte 
de  la  Pompclle,  al  Sudeste,  pasando  por  Orines,  Cour- 
celles,  NeuTÜlette,  Bi-thcny,  Saint-Leonard  y  Sillery. 

Los  alemanes  fueron  rechazados  en  todas  partes 
con  graves  pérdidas.  Al  día  siguiente  ya  no  insistieron 
en  su  propósito.  La  jornada  del  19  transcurrió  en  todo 
el  frente  en  medio  de  la  calma  más  absoluta. 

Comentando  los  combates  librados  en  torno  á 
Reims  y  las  energías  que  las  tropas  coloniales  habían 
dedicado  á  la  defensa  de  esta  ciudad  durante  los  me- 


Esta  ciudad,  á  la  que  durante  cerca  de  cuatro  años 
han  estado  atacando  con  obuses  incendiarios,  es  á  sus 
ojos  uno  de  los  símbolos  de  la  Francia  inmortal:  la 
Francia  cristiana  con  San  Remigio,  la  Francia  gue- 
rrera con  Juana  de  Arco,  la  Francia  laboriosa  con 
Colbert.  Es  también  para  ellos  la  ciudad  de  las  múlti- 
ples riquezas,  la  ciudad  que  produce  ese  vino  de  Cham- 
paña, claro,  alegre  y  espumoso 
como  el  espíritu  francés,  y  la  codi- 
cian con  toda  la  fuerza  de  sus  gro- 
seros apetitos. 

Hacia  el  29  de  Mayo,  los  alema- 
nes esperan  ver  caer  á  Reims  en  sus 
manos  como  un  fruto  maduro  bajo 
la  presión  de  sus  tropas,  que  ma- 
niobran por  el  Oeste,  por  el  Norte 
y  por  el  Este  de  la  ciudad.  Ante  la 
resistencia  con  que  tropiezan  no  di- 
simulan su  desilusión:  una  nota  ofi- 
ciosa publicada  en  la  prensa  alema- 
na cita  esa  «resistencia  quijotesca» 
que  se  atreven  á  oponerles  «los  ne- 
gros del  Senegal  y  de  Madagascar». 
Realmente,  en  estas  críticas  jor- 
nadas, la  ciudad  y  sus  alrededores 
no  fué  defendida  únicamente  por 
tropas  de  color.  Unidades  de  todas 
armas  cooperaron  á  esa  obra  mag- 
nífica, y  hay  que  unirlas  sin  distin- 
ción en  el  mismo  tributo  de  pleite- 
sía. No  obstante,  puesto  que,  según 
propia  confesión  de  nuestros  enemi- 
gos, las  tropas  coloniales  tienen  una  parte  preponde- 
rante en  la  defensa  de  Reims,  justo  es  que  se  relaten 
las  nuevas  hazañas  de  estas  unidades  singulares. 

Antes  de  la  ofensiva  del  27  de  Mayo,  el  frente 
francés  cubre  á  Reims  con  arreglo  á  una  línea  orien- 
tada del  Sudeste  (Prunay)  al  Noroeste  (Berry-au-Bac). 
A  partir  de  este  punto  se  dobla  francamente  de  Este  á 
Oeste,  deslizándose  á  lo  largo  del  Chemin  des  Dames, 
y  esa  larga  arista  de  abruptos  flancos  parece  consti- 
tuir para  la  ciudad  y  para  la  región  de  Reims  una 
posición  inexpugnable  contra  un  ataque  procedente 
del  Norte. 

Pero  el  formidable  golpe  lanzado  por  los  alemanes 
ti  27  de  Mayo  obliga  á  replegarse  hacia  el  Sur  á  las 
tropas  franco-británicas  que  defienden  el  Chemin  des 
Dames  y  ambas  orillas  del  Aisne,  en  las  inmediacio- 
nes de  Berry-au-Bac.  Aquella  misma  tarde,  la  ciudad 
de  Reims  ya  no  está  cubierta  frente  al  Noroeste  mas 
que  por  el  macizo  de  Saint-Thierry. 

Esta  parte  del  frente  la  defiende  una  de  nuestras 
valerosas  divisiones  de  Argelia.  Atacada  simultánea- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


25 


mente  por  el  Este,  por  el  Norte  y 
por  el  Oeste,  la  citada  división 
afronta  vigorosamente  al  enemigo, 
mientras  que  á  su  izquierda  las  tro- 
pas británicas  se  retiran  sobre  el 
Vesle. 

¡Si  cede  el  monte  de  Saint-Thic- 
rry,  los  alemanes  estarán  dentro  de 
algunas  horas  á  las  puertas  de 
Reims! 

La  enérgica  resistencia  de  nues- 
tros zuavos  y  de  nuestros  tiradores 
argelinos  durante  las  jornadas  del 
•21  y  del  28  de  Mayo  va  á  dar  al  co- 
mando francés  el  tiempo  necesario 
para  cerrar  al  adversario  el  valle  del 
Vesle  y  para  organizar  la  defensa 
de  la  ciudad  y  del  monte  de  Reims, 
frente  al  Noroeste  y  al  Oeste. 

Ante  todo,  hay  que  cerrar  á  toda 
costa  la  brecha  que  se  abre  hacia  el 
Oeste  de  la  defensa.  No  dejando 
frente  al  Este  entre  Reims  y  Pru- 
nay,  donde  aún  no  parece  inminente  un  ataque  en 
masa,  mas  que  un  mínimum  de  fuerzas  absolutamente 
indispensable,  el  general  encargado  de  la  defensa  di- 
rige á  marchas  forzadas  hacia  el  Oeste  a  todos  los  ba- 
tallones de  zuavos  y  de  senegaleses  que  han  quedado 
disponibles. 

Organizados  presurosamente  como  unidades  de 
marcha,  es  decir,  reunidos  bajo  un  comando  impro- 
visado, privados  de  sus  medios  habituales  de  contacto 
y  de  abastecimiento,  esos  batallones  se  lanzan  al  com- 
bate en  lo  más  fuerte  de  él  y  en  condiciones  cier- 
tamente defectuosas.  Pero  ¡qué  importa!  El  ardor  de 


HERIDOS    ALEMANES   EN   UN    PUESTO   DE   SOCORRO    DEL    MOSA 


Tomo  ix 


MOSA.    CONCENTRACIÓN    DE   PRISIONEROS   ALEMANES 


los  jefes  y  el  entusiasmo  de  los  hombres  son  tan  in- 
tensos como  en  los  primeros  días  de  1914,  y  todos  es- 
tán animados  por  el  más  bello  espíritu  de  sacrificio. 
Los  vecinos  se  repliegan:  sin  embargo,  es  absoluta- 
mente necesario  que  los  alemanes  no  pasen  y  que  la 
brecha  no  aumente.  Cada  batallón  extiende  entonces 
su  propio  frente  al  máximum,  y  decir  «cada  batallón» 
implica  decir  también  «cada  compañía»,  «cada  pelo- 
tón»; y  esto  implica  decir  también  que  cada  hombre 
en  la  fila  se  multiplica,  hace  frente  á  la  derecha,  á  la 
izquierda,  á  veces  hacia  atrás,  y  frecuentemente  su- 
cede que  se  ve  rodeado  en  absoluto  por  tenaces  adver- 
sarios, con  los  que  traba  formida- 
bles luchas  cuerpo  á  cuerpo. 

En  estos  combates  encarnizados, 
las  unidades  se  entremezclan  muy 
pronto;  se  improvisan  grupos  bajo 
las  órdenes  del  jefe,  ó  á  veces  del 
soldado  más  enérgico.  Y  no  es  cier- 
tamente una  de  las  cosas  menos 
curiosas  de  la  guerra  ver  que  en 
el  campo  de  batalla  combaten  todos 
juntos  y  mezclados,  senegaleses, 
territoriales,  zapadores  que  cam- 
bian la  pala  por  el  fusil,  zuavos,  in- 
fantería de  nuestros  regimientos  de 
línea  ó  batallones  de  infantería  li- 
gera de  África,  tiradores  argelinos, 
etcétera.  ¡Todas  las  razas,  todas 
las  edades,  todas  las  armas,  toda 
Francia! 

Pero  la  mayor  parte  de  nuestros 
contraataques  son  vanos;  el  enemi- 
go'trae  incesantemente  nuevas  re- 
servas,^ las  que  lanza  rectamente 

3 


26 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


ante  él  sin  cuidarse  de  las  pérdidas.  Ya  comienza  á  in- 
filtrarse por  el  valle  del  Ardre  y  amenaza  d 
nuestras  posiciones  de  la  montaña  de  Reims.  Retirán- 
dose paso  á  paso,  nuestras  tropas  se  ven  obligadas  á 
abandonar  terreno  para  evitar  el  envolvimiento.  En  la 
tarde  del  29  aún  ocupamos  Rosuay,  Gueux,  Thillois, 
Champigny,  Neuvillette,  esas  rieutes  aldeas  de  la  pro- 
vincia de  Reims.  El  día  30,  después  de  rudos  y  violen- 
tos contraataques  por  nuestra  parte,  todas  esas  loca- 
lidades quedan  en  poder  del  enemigo.  La  situación  es 
cada  vez  más  critica.  No  llega  ningún  refuerzo.  Ni  es 
de  esperar.  Todos  lo  saben  y  lo  comprenden;  por  dolo- 
roso que  sea  el  pensarlo,  lo  que  importa  salvar  ante 
todo  no  es  Reims, 
sino  París. 

He  aquí  que 
los  alemanes  lle- 
gan hasta  los 
arrabales  Oeste 
de  la  ciudad.  Pe- 
ro entre  la  tris- 
teza ambiente, 
la  gran  voz  del 
general  en  jefe 
se  eleva.  El  31 
de  Mayo  excla- 
ma: vi  Alto  ahí! 
Reims  será  de- 
fendido hasta  el 
último  hombre. 
Hay  que  resis- 
tir. •  Nuestros 
soldados,  diez- 
mados, agotados 
por  una  lucha 
ininterrumpida 
de  cuatro  días, 

responden  á  este  llamamiento.  Y  el  enemigo  ya  no  da 
ni  un  paso  más. 

Sin  embargo,  hacia  el  29  por  la  noche  ya  conside- 
raban los  alemanes  como  inminente  la  caída  de  la 
ciudad.  En  diversos  puntos  del  frente  multiplican  sus 
reconocimientos;  uno  de  ellos,  á  orillas  del  fuerte  de 
la  Pompelle,  deja  en  nuestro  poder  treinta  y  cinco  pri- 
sioneros. Al  atardecer  del  31,  una  patrulla  de  carros 
de  asalto  ensaya  penetrar  en  nuestras  trincheras,  al 
Oeste  de  Betheny;  recibidos  á  cañonazos  y  con  intenso 
fuego  de  fusilería,  uno  de  los  carros  queda  desampa- 
rado en  el  lugar  de  la  acción  y  los  otros  regresan  apre- 
suradamente á  su  base  de  salida. 

Entonces,  1.°  de  Junio,  el  enemigo  decide  dar  un 
asalto  general  por  el  Este,  por  el  Oeste  y  por  el  Sud- 
oeste de  la  ciudad,  á  fin  de  cortar  las  comunicaciones 
de  los  defensores  de  la  plaza  y  coger  de  ese  modo  una 
guarnición  importante  y  un  gran  botín. 

La  jornada  comienza  á  la  1'30  de  la  madrugada  con 
un  bombardeo  violentísimo  sobre  todo  el  frente  com- 
prendido entre  el  lindero  Sudeste  de  la  ciudad  (parque 


APARATO   DE    UNA    ESCUELA    DE   AVIACIÓN    FRANCESA 


de  l'ommery)  y  las  inmediaciones  Nordeste  del  pueblo 
de  Sillery,  y  englobando,  por  consiguiente,  al  fuerte 
de  la  Pompelle. 

A  las  cinco  desemboca  sobre  esc  frente  un  ataque 
de  infantería  ejecutado  por  ocho  ó  nueve  batallones. 
La  finalidad  de  este  ataque  era  rechazarnos  sobre  la 
orilla  Sur  del  Vesle,  para  cuyo  fin  debía  ser  apoyado 
por  quince  carros  de  asalto  bávaros.  Bajo  tal  avalan- 
cha, nuestras  primeras  líneas  decaen  en  algunos  pun- 
tos; el  enemigo  ya  rodea  el  fuerte  de  la  Pompelle. 
Pero  la  guarnición,  renovando  una  hazaña  ya  reali- 
zada el  1.°  de  Marzo  último  por  una  unidad  del  mismo 
regimiento  colonial,  se  encierra  en  el  reducto  del 

fuerte  decidida  á 
perecer  antes 
que  rendirse. 
Mientras  tanto, 
se  organizan  los 
contraataques. 
Acosando  á  los 
asaltantes  y  su- 
perándoles en 
entusiasmo  y  en 
tenacidad,  los 
coloniales  recon- 
quistan palmo  á 
palmo  las  trin- 
cheras de  donde 
han  sido  desalo- 
jados; la  guarni- 
ción del  fuerte 
está  fuera  de  pe- 
ligro. Los  ale- 
manes, disloca- 
dos, ensayan  re- 
gresar á  sus  an- 
tiguas líneas, 
cosa  que  logran  tras  no  pocos  esfuerzos,  pues  nuestra 
artillería  les  toma  como  blanco  durante  su  movimiento 
de  repliegue  y  les  causa  enormes  pérdidas.  Muchos 
alemanes  prefieren  rendirse. 

En  cuanto  á  los  carros  de  asalto,  algunos  de  los 
cuales  son  antiguos  tanques  ingleses  ó  fieles  copias, 
de  los  quince  que  iban  á  intervenir  en  la  acción  sólo 
pueden  desembocar  ocho  de  las  trincheras  alemanas. 
Su  fracaso  es  completo.  Nuestros  valientes  no  se  dejan 
intimidar  por  su  aparición.  Nuestras  ametralladoras, 
nuestros  cañones  de  37  y  nuestros  fusiles  hacen  mu- 
cho daño  á  esos  monstruos,  los  cuales  pronto  se  detie- 
nen, demolidos  por  nuestro  fuego,  ó  ensayan  retroce- 
der. Ninguno  lo  consigue;  todos  quedan  en  el  terreno 
y  tres  de  ellos  en  nuestras  mismas  líneas.  Además,  el 
enemigo  deja  en  poder  nuestro  230  prisioneros,  unas 
30  ametralladoras  y  variado  material  de  guerra. 

Practicado  con  grandes  efectivos  y  con  potentes 
medios  materiales,  el  ataque  alemán  fracasa  gracias 
á  la  excelencia  de  nuestras  contrapreparaciones  de 
artillería  y  al  valor  de  los  regimientos  coloniales.  Se 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


27 


podrían  citar  múltiples  ejemplos  de  bravura  indivi- 
dual. El  del  cuistot  León  Boisiau,  del  23."  colonial, 
reúne  todas  las  cualidades  de  buen  humor  y  de  valor 
que  saben  demostrar  nuestros  hombres  en  las  circuns- 
tancias más  críticas. 

He  aquí  el  texto  de  su  citación:  «De  un  valor  y  una 
sangre  fría  que  causa  la  admiración  de  todos.  Se  ha 
distinguido  particularmente  durante  la  jornada  del 
1."  de  Junio  de  1918,  jornada  en  la  que  estaba  emplea- 
do de  cocinero.  Al  enterarse  de  que  la  posición  donde 
se  encontraba  su  cocina  iba  á  ser  asaltada  por  el  ene- 
migo, ha  corrido  hacia  ella  y  ha  muerto  á  macheta- 
zos á  los  sirvientes  de  tres  ametralladoras  ligeras  ale- 
manas.» 

Rechazados  y 
completamente 
batidos  en  el 
frento  Este  de 
Reims,  los  ale- 
manes también 
fracasan  estrepi- 
tosamente en  los 
frentes  Oeste  y 
Sudoeste. 

Después  de 
una  fuerte  con- 
centración de  ar- 
tillería, extendi- 
da entre  el  Hau- 
bette  (arrabal 
Oeste  de  Reims) 
y  el  pueblo  de 
Ormes,  lanzan 
un  violento  ata- 
que sobre  este 
punto  de  apoyo 
hacia  las  nueve 

de  la  mañana.  Las  tropas  de  la  defensa  están  constitui- 
das en  gran  parte  por  senegaleses.  Éstos  no  esperan 
la  llegada  de  los  alemanes.  Aunque  torturados  por  la 
fatiga  y  por  el  sueño,  se  precipitan  al  encuentro  de 
los  asaltantes,  la  emprenden  con  ellos  á  bayonetazos 
y  les  obligan  á  retroceder. 

A  mediodía,  el  pueblo  de  Vrigny,  que  en  el  trans- 
curso de  dos  días  ha  pasado  varias  veces  de  uno  á  otro 
adversario,  es  atacado  violentamente  por  los  alemanes 
y  tropas  argelinas  los  reciben  como  conviene,  logran- 
do conservar  el  pueblo  en  poder  suyo. 

Por  fin,  al  anochecer,  análogo  fracaso  del  enemigo 
en  la  cota  240  (1.500  metros  al  Sudoeste  de  Vrigny). 
Esta  posición  domina  todo  el  país:  es  la  llave  de  la 
montaña  de  Reims  y  ha  sido  desde  el  30  de  Mayo  tea- 
tro de  encarnizadas  luchas.  Los  alemanes,  queriendo 
conquistar  á  toda  costa  esta  posición  esencial,  lanzan 
al  asalto  cuatro  de  sus  regimientos.  Momentáneamen- 
te arrolladas  por  la  ola  enemiga,  nuestras  tropas,  que 
en  este  punto  ya  no  están  compuestas  mas  que  de 
grupos  heterogéneos  pertenecientes  á  distintas  uni- 


Musa.  IMPOSICIÓN    HE   CONDECORACIONES   DESP1  ES    DE    UNA    REVISTA 


dades,  reaccionan  con  unánime  impulso  y  contraata- 
can, avanzando  300  metros.  El  suelo  queda  cubierto 
de  cadáveres  alemanes. 

La  jornada  del  1.°  de  Junio  es  decisiva.  El  enemi- 
go ha  encontrado  quien  le  domine.  Cansado  por  una 
lucha  de  una  semana,  también  él  renuncia  por  algu- 
nos días  á  los  ataques  de  gran  estilo,  se  aprovisiona  y 
se  reorganiza. 

Sin  embargo,  la  calma  no  se  prolonga  mucho  más. 
El  9  de  Junio  el  enemigo  insiste  vanamente  hacia 
Vrigny.  El  18  descuenta  el  éxito  de  un  ataque  gene- 
ral, á  viva  fuerza  y  por  sorpresa. 

Después  de  una  jornada  bastante  tranquila,  los  ale- 
manes empren- 
den, á  partir  de 
las  seis  déla  tar- 
de, una  acción 
de  artillería  de 
todos  calibres  y 
con  obuses  tóxi- 
cos sobre  los 
frentes  Oeste, 
Norte  y  Este  de 
Reims,  desde 
Vrigny  hasta  el 
Este  de  la  Pom- 
pelle.  Nuestras 
primeras  líneas, 
nuestras  bate- 
rías, nuestros 
puestos  de  man- 
do, nuestros  ob- 
servatorios, tie- 
nen que  sufrir  un 
bombardeo  cuya 
violencia  recuer- 
da, á  los  que  han 
combatido  ante  Verdón  en  la  primavera  de  1916,  las 
horas  más  amargas  de  este  período  de  la  campaña. 
Los  pueblos  de  la  montaña  de  Reims,  tan  prósperos  y 
tan  alegres,  tampoco  se  han  salvado,  mientras  que  de 
todos  los  barrios  de  la  ciudad,  asediada  por  numerosos 
obuses  incendiarios,  se  elevan  múltiples  hogueras. 

Entre  siete  y  nueve  de  la  tarde  la  infantería  alema- 
na se  lanza  al  asalto.  Pero  nuestros  artilleros,  aunque 
obligados  á  conservar  sus  máscaras  antiasfixiantes 
durante  largas  horas,  pegan  con  tanta  seguridad  como 
violencia.  En  muchos  puntos  el  enemigo  ni  siquiera 
se  atreve  á  abordar  nuestras  líneas.  Tras  de  ser  diez- 
mados por  nuestra  artillería,  los  asaltantes  quedan 
bajo  el  dominio  de  los  fuegos  de  infantería  y  refluyen 
desordenadamente  hacia  sus  trincheras  de  partida.  De 
todos  los  puntos  donde  han  logrado  penetrar,  contra- 
ataques rápidos  les  rechazan  inmediatamente  hacia 
sus  líneas.  En  todos  estos  combates  cuerpo  á  cuerpo, 
la  infantería  de  muchos  regimientos  del  centro  no  se 
muestra  inferior  en  bravura  individual  y  en  entusias- 
mo á  sus  camaradas  coloniales. 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


ni  Iracas  rué  anotar  en  el  activo  de  los 

alemanes.  Y  ouestras  tropas  lo  saben  perfectamente. 
Tanto,  4110  su  ánimo  jamás  estuvo  tan  exaltado  como 
al  día  siguiente  de  este  violento  ataque.» 

Tal  fué  el  papel  que  desempeñaron  las  tropas  colo- 
niales en  la  defensa  do  Reims.  El  habí  ontribuído  á 
que  Francia  conservase  esa  ciudad,  doblemente  apre- 
:  el  esplendor  de  su  historia  y  por  la  grandeza 
de  su  martirio,  constituía  un  nuevo  timbre  de  gloria 
que  añadir  á  los  muchos  que  ya  habían  conquistado 
durante  la  gran  guerra  europea  los  franceses  de  ultra- 
mar, franceses  por  amor  y  por  temperamento. 


BL    PRESIDENTE    DE   LA    REPÚBLICA    FRANCESA    EN    UNA    r>E   SIS    VISITAS   Ai.    FRENTE 


II! 


Calma  relativa. — Operaciones  locales 

Generalmente,  y  en  espera  de  una  nueva  ofensiva 
alemana,  hubo  calma  en  el  frente  de  Francia,  donde 
entre  algunas  escaramuzas  y  golpes  de  mano  se  se- 
ñaló hacia  el  23  de  Junio  una  acción  local  de  cierta 
importancia. 

Ksta  acción,  iniciada  por  los  alemanes  entre  el 
Mame  y  Reims  contra  los  contingentes  italianos 
transportados  á  Francia,  fué  un  verdadero  éxito  para 
esos  contingentes. 

El  período  comprendido  entre  el  25  de  Junio  y  el 
10  de  Julio  se  caracterizó  por  la  inmovilidad  absoluta 
de  los  ejércitos  alemanes  y  por  una  serie  de  acciones 
locales  y  breves  repartidas  en  el  conjunto  del  frente 
de  batalla  desde  los  montes  de  Flandes  hasta  el  Mame, 
operaciones  por  medio  de  las  cuales  las  tropas  aliadas 
mejoraron  notablemente  sus  posiciones  defensivas. 


\  amos  á  examinar  esos  hechos  de  armas  dividién- 
dolos convenientemente: 

Operaciones  de  las  tropas  Iritánicas. — El  día  28, 

las  líneas  avanzadas  alemanas,  al  Este  del  bosque  de 
Nieppe,  fueron  atacadas  en  un  frente  de  unos  seis  ki- 
lómetros. Los  alemanes,  sorprendidos,  tuvieron  que 
abandonar,  junto  con  más  de  cuatrocientos  prisione- 
ros, las  aldeas  de  Epinette,  Verte-Rue  y  Becque. 

El  30,  las  tropas  inglesas  de  los  condados  del  Este 
ejecutaron  un  profundo  golpe  de  mano  al  Noroeste  de 
Albert.  Á  la  noche  siguiente  pasaron  al  contraataque, 
y  repitiendo  éste  en  la  noche  del  2  al  3  de  Julio,  logra- 
ron reocupar  la  mayor  parte  de  la 
posición  perdida. 

El  día  3,  al  Sur  del  Somme,  los 
australianos,  ayudados  por  algunos 
elementos  de  infantería  yanqui  y  de 
carros  de  asalto,  entablaban  una  ac- 
ción más  interesante  todavía  y  co- 
ronada en  seguida  por  el  éxito,  pues 
se  apoderaban  vivamente  del  pue- 
blo de  Hamel,  del  bosque  del  mismo 
nombre  y  del  de  Vaire,  progresando 
al  mismo  tiempo  al  Este  de  Ville- 
sur-Ancre,  capturando  mil  trescien- 
tos prisioneros,  un  cañón  de  cam- 
paña y  unas  cien  ametralladoras. 
De  esta  suerte,  las  posiciones  de 
la  meseta  de  Villers-Bretonneux 
quedaban  entre  dos  puntos  de  apo- 
yo conquistados  en  el  reverso  sep- 
tentrional de  la  meseta. 

Operaciones  de  las  tropas  norte- 
americanas.— Distribuidas  en  nu- 
merosos sectores  del  frente,  las  tro- 
pas yanquis  defendían  de  una  ma- 
nera particular  la  mayor  parte  de  la  región  Oeste  de 
Cháteau-Thierry,  comprendida  entre  el  Clignon  y  la 
cota  204,  ésta  enclavada  en  las  inmediaciones  mismas 
de  la  ciudad.  En  esta  región  accidentada  y  selvática 
prolongaban  con  tenacidad  interesantes  operaciones. 
El  día  25  los  yanquis  conquistaban  el  bosque  de 
Belleau.  Consumado  este  brillante  hecho  de  armas, 
avanzaban  en  dirección  de  Torcy,  fijando  sus  puestos 
sobre  la  cresta  que  domina  al  valle  de  estos  pueblos. 
Seguidamente,  el  1.°  de  Julio,  apoyados  á  su  derecha 
por  los  franceses,  que  á  su  vez  se  hallaban  combatien- 
do en  las  pendientes  de  la  cota  204,  se  lanzaban  al  ata- 
que de  la  aldea  de  Vaux,  que  cierra  al  fondo  de  un  ba- 
rranco el  camino  que  va  de  Cháteau-Thierry  á  París. 
Operaciones  de  1"*  tropas  francesas. — De  todas  las 
acciones  ejecutadas  por  los  franceses  entre  las  regio- 
nes de  Montdidier  y  Cháteau-Thierry,  la  más  impór- 
tente fué  la  que  se  desarrolló  entre  el  Aisne  y  el  bos- 
que de  Retz.  Eq  este  sector,  los  alemanes  habían 
penetrado  en  el  barranco  de  Saint-Pierre-Aigle,  Coeu- 
vres  y  Laversine,  ocupando  un  grupo  de  pueblos  desde 
donde  en  todo  momento  podían  lanzarse  sobre  la  me- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


29 


seta  de  Mortefontaine.  Era,  pues,  de  sumo  interés  re- 
conquistar la  verdadera  trinchera  natural  que  corta 
el  amplio  horizonte  de  las  llauuras  extendidas  al  Oeste 
de  Soissons. 

El  28  de  Junio,  por  la  mañana,  el  ataque  se  des- 
plegó desde  el  Sur  de  Ambleny  hasta  el  Este  de  Mont- 
gobert.  Las  diversas  plazas  de  armas  organizadas  por 
los  alemanes  en  el  fondo  del  valle,  Fosse-en-Haut, 
Laversiue,  Cutry,  fueron  conquistadas  inmediatamen- 
te y  después  mantenidas  á  pesar  de  las  reofensivas 
intentadas  repetidas  veces  por  los  alemanes.  El  1.°  de 
Julio,  por  la  tarde,  la  toma  de  Saint-Pierre-Aigle  ter- 
minaba por  proporcionar  á  los  franceses  la  posesión 
integral  del  foso  que  cierra  el  espacio  comprendido 
entre  el  bosque  de  Retz  y  el  Aisne. 

Casi  al  mismo  tiempo,  y  al  Sur  del  bosque,  las  tro- 
pas republicanas  tomaban  la  cresta  que  domina  á  Fer- 
té-Milon,  desde  Mosloy  hasta  Passy-en-Valois.  El  con- 
junto de  estos  combates  les  había  valido  unos  mil 
quinientos  prisioneros. 

Los  días  2  y  3  de  Julio  fué  entre  el  Oise  y  el  Aisne 
donde  prosiguieron  las  operaciones  de  detalle.  Los 
franceses  abordaron  las  líneas  de  sus  adversarios  al 
Norte  de  Moulin-sous-Touvent  y  entre  este  pueblo  y 
Autreches.  El  avance  total,  en  un  frente  de  cinco  kiló- 
metros, alcanzó  1.200  metros  en  profundidad,  y  aún 
produjo  un  millar  de  prisioneros. 

Días  después,  hacia  el  8  de  Julio,  hubo  un  progreso 
semejante  en  los  linderos  del  bosque  de  Retz.  Los  fran- 
ceses tomaron  la  granja  de  Chavigny  tras  de  una  bri- 
llante acción. 

El  9  de  Julio  las  tropas  de  Foch  penetraron  en  las 
líneas  alemanas  al  Oeste  de  Antheuil,  región  encla- 
vada entre  Montdidier  y  el  Oise.  Apoyadas  por  carros 
de  asalto  ó  tanques,  dichas  tropas  se  instalaron  en 


IWflililiPf 


AISNE.  SOLDAD J5  PROVISTOS  DE   I. A   MAS(  ara   CONTRA 
LOS   GASES  ASFIXIANTES 

unas  granjas  situadas  á  orillas  del  camino  que  va  de 

Compiegne  á  Amiens. 

Esta  situación  de  pequeñas  operaciones  todavía  se 

prolongó  en  el  frente  de  Francia  por  espacio  de  varios 

días.  Á  mediados  de  Julio  de  1918,  los  alemanes  em- 
prendían en  la  región  de  Champaña 
una  gran  ofensiva  de  altos  vuelos. 


»/ 


A¿ 


DESTACAMENTO    I'IUNOIiS   EN   LA   LINEA   DE    LOS    VOSGOS 


IV 

Nueva  ofensiva  alemana. — Baíalla 
de  Champaña 

Un  comunicado  francés  del  15  de 
Julio  decía: 

«Después  de  violenta  preparación 
de  artillería,  los  alemanes  han  ata- 
cado esta  mañana  desde  Cháteau- 
Thierry  hasta  Main  de  Massiges. 

Nuestras  tropas  sostienen  enérgi- 
camente el  choque  del  enemigo  en 
un  frente  de  unos  ochenta  kilóme- 
tros. 

La  batalla  continúa.» 

La  nueva  ofensiva  emprendida 
por  los  alemanes  entre  Chateau- 
Thierry  y  la  Argona  era  el  comien- 


30 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


zo  de  la  quinta  gran  batalla  entablada  en  1918  en  el 
frente  occidental. 

La  primera  batalla,  que  bien  pudiera  llamarse  ba- 
talla de  Picardía,  comenzó,  como  sabemos,  al  Oeste  de 
San  Quintín,  entre  el  Scarpa  y  el  Oise,  el  21  de  Marzo, 
y  se  prolongó  sin  intervalo  alguno  hasta  el  día  31,  fe- 
cha en  que  los  alemanes  quedaron  detenidos  en  la  línea 
que  pasaba  por  el  Sur  de  Noyon  y  de  Lassigny,  por  el 
Oeste  de  Montdidier,  por  el  Este  de  Amiens  y  por  el 
Oeste  de  Albert.  El  4  de  Abril  los  alemanes  intentaron 
ir  hasta  Amiens.  atacando  por  ambos  lados  del 
Avre;  pero  no  consiguieron  su  propósito.  Lo  único  que 
hicieron  fué  realizar  un  ligero  avance  al  Oeste  de  dicho 
río.  Del  (')  al  i»  de  Abril,  los  teutones,  iniciando  una 
maniobra  análo- 
ga á  las  anterio- 
res, progresaron 
al  Sur  del  Oise. 
ocupando  el bos- 
que  de  Coucy. 

El  9  de  Abril 
comenzó  la  se- 
gunda batalla, 
llamada  de  Ar- 
mentiéres  ó  del 
Lys,  la  cual  con- 
dujo  á  los  ale- 
manes á  una  lí- 
nea que  pasaba 
al  Este  de  Be- 
thunepor  los  lin- 
deros del  bosque 
de  Nieppe,  al 
I  leste  de  Bail- 
lcul,  al  Oeste  del 
monte  Kemmel 
y  al  Este  de 
Ypres.  La  segun- 
da batalla  terminó  hacia  fines  del  mes  de  Abril. 

A  continuación  hubo  calma  por  espacio  de  un  mes. 
I  turante  este  período  únicamente  se  señalaron  accio- 
nes locales  favorables  á  las  armas  aliadas. 

La  tercera  batalla  se  inauguró  el  27  de  Mayo.  Ese 
mismo  día  los  alemanes  atacan  y  toman  el  Chemin  des 
Dames.  Seguidamente  avanzan  del  Ailette  hacia  el 
Aisne,  el  Vesle  y  el  Mame,  adonde  llegaron  el  día  30. 
Torciendo  después  al  Oeste,  atraviesan  la  linea  Sois- 
sons-Cháteau-Thierry,  y  alcanzan,  el  1."  de  Junio,  los 
linderos  occidentales  del  bosque  de  Retz.  Al  Este  se 
establecen  sobre  una  línea  que  va  de  Dormans  al  Oeste 
de  Reims. 

El  9  de  Junio  prorrumpe  la  cuarta  batalla  en  el 
frente  Montdidier-Xoyon.  Los  alemanes,  que  habían 
avanzado  hasta  el  Aronde,  se  ven  rechazados  el  día  10 
por  el  ejército  Mangin,  que  reconquista  los  pueblos  de 
Belloy,  Antheuil,  Saint-Maur,  Méru  y  Courcelles.  El 
día  11  el  frente  se  fija  á  ambas  partes  del  Oise  en  una 
línea  paralela  al  Matz,  que  pasa  al  Sur  de  Ribecourt  y 


AISN'E.  EL   CALVARIO   DE   C'UAPEAU.M  ESNIL 


que  linda  con  el  lado  Norte  del  bosque  de  Laigue.  El 
día  12  las  tropas  imperiales  embisten  de  nuevo  al 
Oeste  de  Soissons,  y  logran  llegar  hasta  el  barranco 
de  CiBuvres,  punto  reconquistado  días  después  por  las 
fuerzas  francesas. 

En  lo  concerniente  á  la  nueva  batalla,  la  quinta, 
ésta  se  emprendía  el  15  de  Julio  en  un  frente  de  80  ki- 
lómetros, desde  Cháteau-Thierry  hasta  el  Oeste  de  la 
Argona.  La  línea  de  donde  habían  partido  las  tropas 
alemanas  seguía  al  Mame,  al  Mame  famoso,  hasta 
Dormans,  pasaba  en  torno  á  Reims  y  seguidamente  se 
orientaba  hacia  Massiges.  Esta  ofensiva  era  cosa  es- 
perada. Numerosos  indicios  revelaban  su  inminencia 
y  presentaban  como  campo  probable  de  su  acción  la 

región  contigua 
á  Reims.  Cierto 
que  ésta  era  de- 
signada implíci- 
tamente por  el 
examen  de  la  si- 
tuación general 
y  por  el  conoci- 
miento de  los 
métodos  alema- 
nes. Hindenburg 
y  Ludendortf, 
practicando  la 
estrategia  de  la 
mancha  de  aceí- 
tele laque  tan- 
to habían  abusa- 
do en  el  frente 
oriental,  debían 
inclinarse  á  bus- 
car hacia  el  Este 
la  extensión  del 
frente  de  las  ba- 
tallas anterio- 
res. La  única  objeción  que  podía  oponerse  á  semejante 
hipótesis  residía  precisamente  en  el  hecho  de  que  ha- 
llándose trazada  de  antemano  en  el  mapa  la  opera- 
ción, el  Estado  Mayor  imperial,  que  no  podía  aprove- 
char ningún  elemento  de  sorpresa,  acaso  nutría  otros 
deseos. 

Pero  fatalmente  se  encadenan  unas  á  otras  gran- 
des operaciones  en  una  sucesión  impuesta  por  las  cir- 
cunstancias; y  en  un  plan  de  guerra  necesariamente 
orientado  hacia  el  mismo  objetivo,  las  incógnitas  ini- 
ciales desaparecen  poco  á  poco  bajo  el  influjo  de  nece- 
sidades ineludibles. 

Así,  pues,  Ludendorff  sólo  disponía  de  la  siguiente 
alternativa:  ó  reanudar  una  de  las  batallas  anteriores, 
bien  contra  el  frente  británico,  bien  en  dirección  de 
París,  ó  desarrollar  una  maniobra  iuédita,  con  todas 
las  probabilidades  de  ventajas  nuevas  adquiridas  en 
nuevos  terrenos. 

Entre  Dormans  y  la  Argona  se  hallaban  estaciona- 
dos los  dos  ejércitos  de  izquierda  del  grupo  del  kron- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


31 


prinz  imperial:  al  Oeste,  el  de  Yon  Below,  que  después 
de  la  ofensiva  del  '27  de  Mayo  había  ido  á  establecerse 
entre  Heims  y  el  Mame,  frente  á  Epernay;  al  Este, 
teniendo  los  antiguos  campos  de  batalla  de  Champa- 
ña, el  ejército  Non  Einem  había  permanecido  inmó- 
vil durante  los  últimos  sucesos.  Ambos  podían  ma- 
niobrar en  torno  á  Reims,  que  constituía  el  principal 
punto  de  apoyo  de  las  posiciones  francesas.  El  obje- 
tivo estratégico  formado  por  los  alemanes  y  que  habría 
de  obtenerse  por  medio  de  una  serie  de  movimientos 
tácticos  era,  pues,  el  siguiente:  alcanzar  arriba  de 
Dormans  el  curso  del  Mame,  alinear  el  frente  general 
de  los  dos  ejércitos  de  ataque  por  Epernay,  Chálons  y 
acaso  Revigny  en  dirección  de  Saint-Mihiel,  y  así,  sin 
dejar  de  tender 
al  bloqueo  de 
Verdún,  prepa- 
rar una  conver- 
sión nueva  fren- 
te al  Oeste  entre 
el  Marne  y  el 
Sena. 

Una  primera 
victoria  propor- 
cionaría como 
resultados  la 
conquista  de  im- 
portantes terri- 
torios, el  domi- 
nio de  las  vías 
férreas  que  unen 
á  París  con  las 
provincias  del 
Este,  y  coloca- 
ría al  campo 
atrincherado  de 
Verdún  y  del 
ejército  que  lo 
ocupa  en  una  si- 
tuación de  inminente  envolvimiento.  A  continuación, 
el  desarrollo  de  la  maniobra  estratégica  completaría  la 
obra  de  las  ofensivas  precedentes  con  el  trazado  de  un 
amplio  frente  semicircular  que  constituyese  una  ame- 
naza directa  contra  París. 

Todo  esto  no  pasaban  de  ser  planes  ambiciosos, 
pues  una  vez  eliminada  toda  sorpresa  ya  no  había 
probabilidad  de  que  se  realizasen. 

Perfectamente  al  tanto  de  la  situación,  Foch  y  sus 
colaboradores  habían  adoptado,  en  efecto,  todas  las 
medidas  necesarias  para  reducir  á  la  nada  las  espe- 
ranzas alemanas.  El  comando  aliado  no  ignoraba  el 
dispositivo  de  los  ejércitos  encargados  del  ataque  ni 
sus  intenciones,  ni  siquiera  el  día  en  que  iba  á  produ- 
cirse el  asalto  general.  Sabía  que  el  14  de  Julio  por  la 
mañana  las  tropas  de  Non  Below  y  de  Von  Einem  ha- 
bían recibido  sus  reservas  de  víveres,  y  que  por  lo 
tanto,  el  choque  era  inminente. 

De  ahí  que  en  la  tarde  del  14  de  Julio,  adelantán- 


EN    EL   NORTE   DE   FRANCIA.    RECONSTRUCCIÓN   DE    VIVIENDAS 
POR  EL  COMITÉ   NORTEAMERICANO 


dose  á  los  acontecimientos,  emprendiese  la  artillería 
aliada  un  violento  tiro  de  contrapreparación  preventi- 
va. Es  indudable  que  los  alemanes  reconocieron  en 
aquel  momento  su  propia  sorpresa.  Sin  embargo,  el 
comando  alemán  no  modificó  su  plan  largamente  ma- 
durado, y  á  media  noche  comenzó  el  formidable  bom- 
bardeo de  nuestras  líneas. 

Este  bombardeo  fué  intensísimo.  Escuchóse  á  dis- 
tancias enormes.  En  París,  por  ejemplo,  fué  la  pre- 
ocupación de  los  habitantes.  «El  terrible  cataclismo 
militar — decía  un  cronista  parisién — produce  resplan- 
dores de  incendio  sobre  toda  la  cúpula  del  cielo,  al 
Este  de  la  capital.» 

Después  de  esta  acción  de  artillería,  á  las  4'30  las 

divisiones  de 
asalto  se  lanza- 
ron á  la  pelea,  y 
se  entabló  la  ba- 
talla desde  Main 
deMassiges  has- 
ta el  Marne,  en 
dos  sectores  di- 
ferentes, entre 
los  que  Reims, 
verdadero  eje  de 
la  ofensiva  y  de 
la  defensiva, 
quedó  completa- 
mente tranquilo 
cual  un  oasis 
ruinoso. 

Seguramente, 
el  ataque  de  los 
dos  ejércitos  ale- 
manes no  sólo 
concernía  á  la 
región  propia- 
mente dicha  de 
Champaña,  sino 
también  á  la  del  Marne.  El  ejército  Von  Einem  preten- 
día alcanzar  el  mismo  día  el  Marne  hacia  Chálons,  así 
como  el  ejército  Von  Below  pensaba  instalarse  aquella 
misma  tarde  en  la  montaña  de  Reims  y  en  las  puertas 
de  Epernay. 

Pero  los  soldados  franceses,  encuadrando  en  algu- 
nos puntos  tropas  yanquis  é  italianas,  opusieron  á  los 
ejércitos  alemanes  una  resistencia  tan  fuerte  que  en 
varias  direcciones  las  columnas  de  asalto  tuvieron 
que  ganar  precipitadamente  sus  posiciones  de  partida, 
en  espera  de  otra  preparación  más  eficaz.  Al  Este  de 
Reims  la  defensa  fué  irreductible. 

No  obstante,  al  Oeste,  Von  Below  demostró  una 
tenacidad  extraordinaria.  Entre  Reims  y  el  Marne, 
logró  tomar  á  los  italianos  las  escarpaduras  de  Bligny 
y  de  Champlat,  rechazando  á  sus  elementos  y  á  los  de 
los  franceses  sobre  la  línea  Chatillon-sur-Marne-Cu- 
chery-Marfaux-Bouilly,  es  decir,  hacia  las  inmedia- 
ciones de  los  linderos  del  bosque  de  Reims.  Y  al  mis- 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


mo  tiem  i  -  divisiones  perteneciente  rcito 

Vbn  BoBnm  piar:  el  paso  del  Mam  I  !há- 

teau-Thierry  y  Donnans. 

El  día  15  por  la  mañana  el  ala  izquierda  de  Von 
Boehm,  tendiendo  puentes  entre  Dormans  y  Cháteau- 
Thierry  bajo  la  protección  de  una  potente  artillería, 
trepaba  á  lo  alto  de  las  alturas  enclavadas  al  Sur  del 
río.  En  torno  á  Los  pueblos  le  Reuillj  y  de  Courthiézy 
icedían  encarnizados  combates;  y  á  fin  de  cuen- 
g  se  veían  obligados  á  ceder  terreno, 
mientras  que  al  Oeste  de  Fossoy  las  tropas  norteame- 
ricanas rechazaban  á  los  alemanes  más  allá  del  Marne. 

Al  anochecer,  las  tropas  francesas  tenían  la  línea 
del  Rüdes  \  ieux-Prés,  pequeño  valle  de  un  anuente 


El.  ARZOBISPADO  Y  LA  CATEDRAL  DE  YERDl  X  VISTOS  DESDE  UNA  BRECHA 
DEL  CUARTEL  DE  ANTHOUARD 


del  Surmelin,  y  al  fondo  del  cual  los  alemanes  habían 
podido  penetrar  en  los  pueblos  de  Saint-Agnan  y  de 
Chapelle-Monthodon.  En  este  momento,  la  profundi- 
dad conquistada  por  los  teutones  al  Sur  del  Marne  al- 
canzaba unos  cinco  kilómetros. 

Tal  era  la  situación  el  15  de  Julio  por  la  noche. 

El  enviado  especial  de  Lr  Temps  la  comentaba  del 
siguiente  modo: 

«Si  se  sigue  á  la  vista  del  comunicado  el  nuevo 
frente  establecido  tras  la  primera  embestida  de  la  jor- 
nada, claramente  se  ve  cuan  débiles  son  los  resulta- 
dos, comparados  con  los  de  las  últimas  ofensivas. 

La  presión  parece  haberse  ejercido  especialmente 
por  una  parte  entre  Cháteau-Thierry  y  Ormes  y  por 
otra  entre  Sillery  y  Main  de  Massiges.  Reims,  al 
centro,  no  ha  sido  objeto  de  ningún  ataque.  Veamos 
un  momento  el  mapa:  á  la  izquierda,  los  macizos  sel- 
váticos del  Rodemont  y  del  bosque  del  Rey;  al  centro, 
el  macizo  de  la  montaña  de  Reims,  y  á  la  derecha, 


la  llanura  de  Champaña  con  la  región  de  los  montes. 
Para  hacer  caer  la  montana  de  Reims  sin  necesi- 
dad de  abordarla  de  frente,  los  alemanes  han  intentado 
franquear  el  Marne  y  ganar  el  camino  de  Chálons  si- 
guiendo todo  el  valle.  La  maniobra  era  tentadora,  pero 
no  ha  tenido  éxito,  pues  si  bien  el  enemigo  ha  logrado 
á  costa  de  muchos  efectivos  pasar  á  la  orilla  Sur  del 
Marne,  no  ha  podido  realizar  su  objetivo.  Sus  esfuerzos 
han  ido  á  estrellarse  contra  la  admirable  resistencia  de 
las  tropas  aliadas,  al  pie  mismo  de  la  montaña  de 
Reims,  y  en  el  punto  extremo  de  su  avance  su  infil- 
tración apenas  alcanzó  tres  ó  cuatro  kilómetros  en 
sentido  de  profundidad.  En  Champaña,  el  fracaso  aún 
fué  más  completo,  y  exceptuando  la  aldea  de  Prunay, 
donde  el  enemigo  ha  logrado  man- 
tenerse momentáneamente,  en  nin- 
guna parte  se  ha  sobrepasado  nues- 
tra línea  de  combate. 

La  decepción  entre  el  Estado  Ma- 
yor alemán  debe  ser  enorme.  Se 
creyó  que  la  batalla  tendría  un  as- 
pecto totalmente  distinto:  los  obje- 
tivos asignados  á  las  tropas  de  ata- 
que se  escalonaban  á  veinte  kiló- 
metros de  la  línea  de  partida.  Las 
pérdidas  alemanas  deben  ser  eleva- 
das, pues  las  múltiples  tentativas 
realizadas  por  esas  tropas  para  ten- 
der puentes  sobre  el  Marne  con  ob- 
jeto de  atravesarlo  han  permitido  á 
nuestra  aviación  de  bombardeo  dar 
muchos  golpes  en  el  blanco.  La 
prueba  se  ha  obtenido  al  coger  un 
parte  alemán  que  llevaba  una  palo- 
ma mensajera:  «El  paso  del  Mar- 
ne es  un  infierno.  Tengamos  con- 
fianza.» 

Ya  hemos  dicho  antes  que  el  paso 
del  Marne  era  uno  de  los  objeti- 
vos esenciales  de  Ludendorff,  que  se  proponía,  fran- 
queando el  río,  alcanzar  en  primer  término  la  vía 
férrea  Coulommiers-Vitry  y  cortar  de  ese  modo  el 
principal  ferrocarril  que  aseguraba  por  entonces  las 
comunicaciones  entre  París  y  el  Este  de  Francia. 

Las  ambiciones  de  Ludendorff  distaban  mucho  de 
haber  sido  colmadas.  El  comunicado  oficial  francés 
del  15  de  Julio  á  las  once  de  la  noche  decía  que  la 
tentativa  realizada  por  los  alemanes  entre  Fossoy  y 
Dormans  solamente  había  triunfado  en  algunos  pun- 
tos. Asimismo,  el  avance  al  Sur  del  Marne  sólo  fué  sen- 
sible en  un  punto,  donde  realizó  un  progreso  de  seis 
kilómetros  hacia  Chézy  y  Courthiézy,  entre  Reuilly  y 
Vassy.  El  día  15  por  la  tarde  el  frente  de  la  línea  meri- 
dional del  Marne  pasaba  por  el  Sur  de  Reuilly  y  por 
Chézy,  Comblizy,  Nesle-le-Repons  y  Mareuil-le-Port. 
La  defensa  del  paso  del  río  estaba  á  cargo  de  las 
divisiones  yanquis,  las  cuales  demostraron  un  valor 
extraordinario. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


33 


El  corresponsal  de  la  Agencia 
Reuter  en  los  ejércitos  norteameri- 
canos telegrafiaba  así  el  día  15: 

«Nuestras  tropas,  colocadas  en 
un  recodo  del  río,  dominan  ahora 
las  orillas  que  se  extienden  ante 
ellas.  Resulta  que  el  plan  alemán 
ha  sido  completamente  trastornado 
en  este  punto.  k  nuestra  izquierda, 
en  el  famoso  recodo,  doude  una  di- 
visión alemana  ha  hecho  durante 
toda  la  jornada  repetidas  tentativas 
para  practicar  el  pasaje,  todos  los 
asaltos  han  sido  rotos  y  hasta  ahora 
ni  un  sólo  alemán  ha  logrado  atrave- 
sar el  Mame  por  este  punto.  Los  ale- 
manes capturados  por  nosotros  en 
el  contraataque  ascienden  á  1.500, 
incluyendo  todo  el  Estado  Mayor  de 
una  brigada.  La  lucha  continúa  con 
violenta  intensidad  en  este  sector.» 
Horas  después,  el  mismo  corres- 
ponsal decía: 

«Esta  mañaua,  cuando  los  alemanes  han  lanzado 
el  ataque  al  Sur  de  Jaulgonne,  tenían  un  objetivo 
de  quince  kilómetros  de  distancia.  Pero  cuando  los 
norteamericanos  efectuaron  su  contraataque,  tras  de 
una  corta  lucha  en  campo  descubierto,  los  alemanes 


LA  CAJA  DE  LA  COOPBRATIVA  DB  VBRDl'N 
Tomo  ix 


EL  HOTEL  DE  VILLK  DE  VBRDUN 

comenzaron  á  vacilar;  después  muchos  de  ellos  huye- 
ron, y  en  menos  de  tres  horas  fueron  rechazados  los 
alemanes  hacia  el  río.  Las  ametralladoras  norteameri- 
canas contribuyeron  eficazmente  á  derrotar  al  ene- 
migo.» 

Por  su  parte,  el  corresponsal  del  Daily  Mail  en  el 
ejército  yanqui  telegrafiaba  en  estos  términos: 

«Los  alemanes  lanzaron  potentes  contraataques 
contra  las  posiciones  uorteamericanas  al  Este  de  Chá- 
teau-Thierry,  especialmente  contra  el  pueblo  de  Vaux, 
recientemente  conquistado,  y  también  contra  el  frente 
extendido  á  lo  largo  del  Marne,  hasta  el  Este  de  Dor- 
mans.  Tras  algunas  horas  de  combate  en  la  región  de 
Vaux,  los  norteamericanos  realizaron  un  contraataque 
y  derrotaron  al  enemigo.  Incluso  han  avanzado  sus 
líneas  en  muchos  centenares  de  metros.  La  batalla 
prosigue  á  lo  largo  de  esto  frente,  especialmente  al 
Este  de  Dormans,  donde  combaten  las  fuerzas  yan- 
quis.» 

El  Daily  Chroniclc,  comentando  el  nuevo  ataque 
alemán,  felicitaba  una  vez  más  á  los  ejércitos  france- 
ses por  el  valor  y  la  tenacidad  con  que  habían  sopor- 
tado la  nueva  embestida.  Ese  periódico  decía  que  el 
rasgo  característico  de  la  quinta  batalla  era  la  esplén- 
dida resistencia  de  las  tropas  francesas.  «Las  peripe- 
cias de  esta  nueva  fase — continuaba  diciendo — se  se- 
guirán con  una  ansiedad  que  no  implica  ningún  pesi- 
mismo.» 

En  otro  lugar  del  mismo  diario,  el  general  Mau- 
rice,  notable  crítico  militar  inglés,  decía: 

«Esta  batalla,  como  la  del  pasado  mes,  la  libra  ex- 
clusivamente el  kronprinz,  el  cual  precipita  en  la  ac- 
ción al  ejército  de  Von  Einem,  que  este  año  aún  no  ha 
entablado  ninguna  gran  batalla.  ¿En  qué  medida  ayu- 
da Rupprecht  al  kronprinz?  Aún  no  se  ha  dilucidado 


..I 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


este  punto,  y  hay  que  saber  que  de  lo  que  depende  el 
desarrollo  futuro  de  las  operaciones  es  de  esa  ayuda. 
Hindenburg  aún  no  lia  descartado  su  juego.  Es  posible 
que  éste  envíe  á  Rupprecht  á  apoyar  al  kronprinz  para 
mantener  la  intensidad  del  combate  hasta  el  último 
esfuerzo.  Pero  parece  sor  que  debemos  esperar  otros 

trrollos  en  otras  partes  del  frente.» 

Del  Daily  News: 

<  Hemos  de  prepararnos  para  recibir  el  golpe  más 
rudo  que  el  enemigo  puede  lanzar,  pues  él  sabe  que 
ahora  se  juega  su  última  carta  de  victoria.» 

Por  otro  lado,  no  dejaba  de  ser  bastante  significa- 
tivo el  hecho  de  que  el  comunicado  alemán  publicado 
el  15  por  la  noche  (el  de  la  tarde  no  decía  nada  de  la 
ofensiva)  preten- 
diese reducir  á 
una  empresa  se- 
cundaria el  ata- 
queentabladoen 
un  frente  de 
ochenta  kilóme- 
tros. Ludendorff 
no  decía  ni  una 
palabra  de  sus 
tentativas  para 
franquearelMar- 
ne,  y  se  limitaba 
á  anunciar  mo- 
destamente: 

«Al  Sudoeste  y 
al  Este  de  Reirns 
hemos  penetra- 
do en  algunos 
elementos  délas 
posiciones  fran- 
cesas.» 

Comentando 
el  carácter  de  la 

nueva  ofensiva  alemana,  el  Journal  des  Debáis  se  ex- 
presaba en  estos  términos: 

«El  enemigo  ha  atacado  esta  mañana,  á  las  3'45, 
después  de  una  violenta  y  breve  preparación,  sobre  un 
frente  de  ochenta  kilómetros  entre  Cháteau-Thierry  y 
la  Mano  de  Massigcs. 

El  frente  está  mantenido,  si  el  orden  de  batalla 
alemán  no  ha  cambiado,  por  el  ala  izquierda  del  ejér- 
cito Von  Boehm,  por  el  ejército  Von  Below,  que  ocupa 
el  sector  de  Reims,  y  por  el  ejército  Von  Einem,  que 
ocupa  el  antiguo  campo  de  batalla  de  Champaña.  ¿En 
qué  consiste  ese  frente?  Á  la  izquierda  alemana,  el 
enemigo,  apoyado  en  Cháteau-Thierry,  bordea  al  Mar- 
ne  hasta  Dormans.  Allí  se  separa  del  río,  y  su  centro 
describe  cu  torno  á  Reims  una  vasta  curva,  apoyada 
al  Oeste  de  la  ciudad  en  el  camino  Dormans-Reims  y 
al  Este  en  el  camino  La  Pompelle-Auberive.  En  Aube- 
rive  comienza  el  antiguo  campo  de  batalla  de  1Ü15  y 
lo  que  puede  llamarse  el  ala  derecha  del  ataque  ale- 
mán. Todo  el  mundo  sabe  que  la  línea  corre  allí  sobre 


CARRITO   PARA   ENTRENAR  A  LOS  PERROS   DE  GUERRA 


una  llanura  ondulosa  y  extendida  al  Sur  del  ferroca- 
rril de  Challerange. 

Al  principio  de  una  ofensiva  de  esta  naturaleza, 
aún  es  evidentemente  demasiado  pronto  para  pensar 
en  hacer  un  análisis.  Las  primeras  noticias  son  bue- 
nas y  el  conjunto  de  la  línea  resiste  bien.  He  ahí  todo 
lo  que  puede  decirse  en  este  momento.  En  lo  tocante 
al  objetivo  del  enemigo,  es  indudable  que  éste  desea 
maniobrar  por  su  izquierda  sobre  Chálons.  Segura- 
mente que,  teniendo  á  la  vez  Cháteau-Thierry  y  Chá- 
lons, haría  muy  difícil  la  defensa  de  la  regióu  de  Reims 
y  constituiría  sobre  el  Mame  una  base  para  las  opera- 
ciones ulteriores.  En  total,  la  maniobra,  considera- 
da con  relación  á  París,  es  una  de  esas  maniobras  de 

alas  que  según 
hemos  indicado 
frecuentemente 
son  necesarias 
como  prefacio 
para  la  opera- 
ción definitiva 
sobre  la  capital. 
Desde  luego  que 
esto  no  pasa  de 
ser  una  simple 
indicación,  y 
que  hay que  con- 
fiar plenamente 
en  los  jefes  y  en 
los  soldados.» 

En  otra  cróni- 
ca posterior,  el 
mismo  periódico 
seguía  diciendo 
bajo  la  firma  de 
Bidou: 

«La  ofensiva 
reanudada  en  la 
mañana  del  15  por  el  kronprinz  se  extiende  en  tres 
sectores:  en  la  derecha  alemana,  los  desfiladeros  sel- 
váticos donde  el  Marne  atraviesa  en  meandros  las  lo- 
mas de  la  Isla  de  Francia;  al  centro,  la  región  de 
Reims;  á  la  derecha,  el  antiguo  campo  de  batalla 
champanes  de  1915. 

Aún  es  prematuro  para  concretar  cuál  era  la  ma- 
niobra proyectada  por  los  alemanes.  Se  puede  elimi- 
nar la  idea  de  una  operación  por  el  centro,  es  decir, 
de  un  ataque  frontal  sobre  Reims.  Un  ataque  de  este 
género  costaría  muy  caro  y  además  es  inútil;  pues  si 
las  alas  alemanas  progresasen,  Reims  se  encontraría 
desbordado  de  tal  modo  al  Oeste  y  al  Este,  que  la  ciu- 
dad, y  lo  que  es  más  importante  aún,  las  fuertes  posi- 
ciones situadas  al  Sur,  y  conocidas  bajo  el  nombre  de 
montaña  de  Reims,  se  verían  en  una  situación  insos- 
tenible. 

Eliminando,  pues,  la  operación  por  el  centro,  se 
puede  admitir  que  el  kronprinz  piense  maniobrar  por 
las  alas.  Pero  una  embestida  de  su  ala  derecha,  aisla- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


35 


da  en  punta  sobre  Montmirail,  constituye  una  manio- 
bra tan  arriesgada  que  apenas  puede  concebírsela.  Y 
hasta  se  puede  admitir  que  el  kronprinz  pensase  ma- 
niobrar principalmente  por  su  ala  izquierda,  es  decir, 
por  el  ejército  Von  Einem,  pasar  sobre  el  vientre  del 
ejército  Gouraud  y  llegar  á  Chálons.  Se  ve  ya  fácil- 
mente que  una  vez  dueño  del  Mame  en  el  frente  Chá- 
teau-Thierry-Dormans  y  en  la  región  de  Chálons,  en- 
volvería de  una  manera  tan  completa  á  la  posición  de 
Reims  que  la  haría  caer.  Entonces,  y  á  base  de  la  línea 
Cháteau-Thicrry-Epernay-Chálons,  podía  proporcio- 
narse al  Sur  del  Mame  esa  sólida  defensa  que  es  in- 
dispensable para  la  operación  final  sobre  París. 

Cualesquiera  que  hayan  podido  ser  los  detalles  del 
proyecto,  resul- 
ta que  Chálons 
era  sin  duda  la 
llave  de  toda  la 
maniobra.  Ade- 
más, es  un  im- 
portante nudo  de 
caminos,  cuya 
pérdida  podría 
tener  graves 
consecuencias 
para  los  france- 
ses. Admitamos, 
pues,  provisio- 
nalmente, para 
comprender  me- 
jor la  batalla, 
que  el  centro  de 
gravedad  se  ha- 
llaba en  el  ala 
izquierda  enemi- 
ga, entre  el  Ais- 
ne  y  el  Suippe. 
Por  este  lado, 
los  alemanes  han  sufrido  un  caracterizado  fracaso. 
Esta  vasta  extensión  del  campo  de  batalla  de  1915  está 
dividida  en  dos  partes  por  una  cresta  orientada  en  sen- 
tido Norte  Sur,  algo  al  Oeste  de  Perthes;  hace  tres 
años  esta  cresta  constituía  la  línea  divisoria  entre 
el  2."  y  el  4.°  ejércitos  franceses.  Es  una  separación 
natural,  una  cresta  donde  las  aguas  descienden,  al 
Este  hacia  el  Aisne  y  al  Oeste  hacia  el  Suippe. 

Al  Este  la  región  es  muy  accidentada;  en  cambio, 
al  Oeste  se  desarrollan  en  grandes  glacis  las  formas 
más  llanas  y  más  bajas.  Según  se  deduce  por  el  co- 
municado, el  enemigo  ha  hecho  un  violento  esfuerzo 
sobre  el  camino  que  va  de  Sedán  á  Chálons,  que  acom- 
paña á  esta  cresta  un  poco  al  Oeste  en  contrabajo  y 
que  pasa  por  Souain.  Allí  se  lucha  sobre  la  posición 
de  combate,  hecho  que  implica  el  abandono  de  las 
posiciones  avanzadas.  Pero  en  suma,  aun  cuando 
haya  podido  señalar  un  golfo  en  esta  zona  de  las  pri- 
meras líneas,  que  con  los  procedimientos  actuales  de 
defensa  elástica  es  por  definición  una  zona  de  fiuctua- 


SOLDADOS  FRANCESES  EN  UN  CAMINO  DE  LOS  VOSGOS 


ción,  el  enemigo  está  firmemente  contenido  en  el  con- 
junto. Sus  soldados  se  aterran  á  la  línea  de  alambra- 
das; pero  un  ejército  francés,  admirablemente  entre- 
nado y  conducido  por  uno  de  nuestros  mejores  jefes, 
les  ha  cerrado  rudamente  el  camino  de  Chálons  por  el 
Norte. 

Otro  camino  lleva  á  Chálons  por  el  Noroeste,  ó 
mejor  dicho,  un  haz  de  caminos,  de  los  cuales  el  prin- 
cipal es  el  que  viene  de  Cambrai  por  Reims.  Bordeando 
el  pie  de  las  defensas  francesas  de  la  montaña  de 
Reims  quizá  no  fuese  practicable;  pero  está  duplicada 
en  la  otra  orilla  del  Vcsle  por  caminos  paralelos  que 
el  enemigo  ha  pensado  ciertamente  seguir.  El  acceso 
de  estos  caminos  está  interceptado  por  el  gran  arco 

que  forman  las 
posiciones  fran- 
cesas entre  La 
Pompelle,  al  Oes- 
te, y  Auberive,  á 
la  derecha, y  cu- 
yo centro  dista 
muy  poco  de 
Prosnes.  No  nos 
sorprendamos, 
pues,  de  que  el 
enemigo  haya 
hecho  también 
un  vigoroso  es- 
fuerzo en  este 
sector,  bien  al 
frente  mismo  de 
los  caminos,  en 
la  región  Pru- 
nay-las  Marque- 
sas, bien  contra 
las  posiciones 
que  los  rl a n- 
quean,  es  decir, 
sobre  las  alturas  y  en  los  bosques  enclavados  al  Norte 
de  Prosnes.  Allí  ha  sido  contenido  igualmente. 

En  suma,  esta  batalla  librada  en  nuestra  ala  dere- 
cha puede  aparecer  como  un  enérgico  esfuerzo  del  ene- 
migo para  forzar  el  paso  sobre  Chálons  por  el  camino 
que  viene  del  Norte  y  por  los  caminos  que  vienen  del 
Noroeste  entre  Sillery  y  Prosnes.  En  una  y  otra  direc- 
ción se  le  ha  contenido,  y  este  fracaso  es  tanto  más 
importante  cuanto  que  su  principal  esfuerzo  parece 
que  se  ha  efectuado  en  esta  dirección. 

En  torno  á  la  ciudad  misma  de  Reims.  ya  hemos 
visto  que  no  tenía  razones  para  esperar  una  acción  muy 
importante.  Si  el  enemigo  ha  intentado  algo,  ha  fraca- 
sado totalmente.  Cuatro  horas  después  de  haber  comen- 
zado la  acción,  al  Este  de  la  ciudad  aún  estaba  en  sus 
paralelas  de  partida.  Por  el  contrario,  entre  Reims  y 
Cháteau-Thierry,  es  decir,  en  su  ala  derecha,  ha  hecho 
progresos  que,  aun  cuando  no  presentan  caracteres 
inquietantes,  al  menos  deben  señalarse  en  el  mapa. 
Se  recordará  que  el  frente  seguía  aproximadamente 


36 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


al  Marne  desde  Chátcau-Thierry  á  Dormans,  y  que  des- 
3,   replegándose  el  Nordeste,  marchaba  paralela- 
mente al  camino  Dormans-Reims.  De  ahí  que  resulten 
dos  sectores  de  CO 

El  camino  de  Dormans.  después  de  haber  seguido 
á  la  salida  de  Reims  la  larga  cuesta  que  conduce  á 
¡.y,  se  aparta  de  la  llanura  y  penetra  en  los  va- 
lles ^  3  del  Tardenois.  \  su  izquierda  (Sur)  está 
acompañada  por  una  cresta  bastante  alta.  Coloquémo- 
nos sobre  esa  cresta  y  tendremos  á  nuestra  derecha  el 
camino;  á  nuestra  izquierda  veremos  cómo  desciende 
el  terreno  hasta  un  largo  valle  paralelo  al  camino  y 
que  va  de  Cuehery  á  Chátillon.  Dicho  de  otro  modo, 
la  cresta  tiene  la  forma  de  un  dorso  de  terreno  ele- 


TROPAS  FRANCESAS  LLEGANDO  EN    OAMluNES  A   MONTEBELLO 


vado  entre  dos  depresiones  paralelas,  una  al  Norte,  se- 
guida por  el  camino  de  Dormans.  y  otra  al  Sur,  segui- 
da por  el  barranco  Cuchery-Chátillon.  De  dicha  cresta, 
que  formaba  verdaderamente  la  primera  posición  de 
los  franceses,  se  ha  apoderado  el  enemigo. 

Pasemos  por  último  á  la  extrema  derecha  alema- 
na, que  estaba  en  el  Marne,  entre  Dormans  y  Chátcau- 
Thierry.  Los  recodos  que  forma  el  río  en  la  parte  orien- 
tal del  sector  entre  Dormans  y  Foussoy  le  ofrecían 
una  zona  de  pasaje,  por  donde  ha  logrado  alcanzar  la 
orilla  Sur.  El  valle  del  Marne  es  un  amplio  lecho  de 
inundación,  donde  el  río  actual  serpea  entre  árboles, 
siguiendo  un  segundo  lecho  mucho  más  modesto,  y 
que  describe  una  especie  de  ranura  sinuosa  dentro  del 
primero.  Éste,  el  lecho  mayor,  el  gran  valle  cubierto 
por  guijarros  cuaternarios,  está  bordeado  á  lo  lejos  por 
alturas.  Sobre  esas  alturas  de  la  orilla  Sur  es  donde 
los  alemanes,  que  han  franqueado  el  río,  intentan  es- 
tablecerse. Los  pueblos  que  nombra  el  comunicado 
están  sobre  sus  pendientes.  Si  desde  entonces  no  ha 


logrado  mejorar  el  enemigo  su  situación  táctica,  ésta 
será  ahora  bastante  precaria.  No  tiene  al  Sur  del  Marne 
mas  que  una  estrecha  banda  de  terreno  bajo;  ante  él 
están  los  franceses  sobre  las  alturas,  y  tras  él,  el  río, 
batido  despiadadamente  por  los  obuses  franceses,  con 
puentes  arrasados  por  las  bombas  y  ametrallados  por 
los  aviones.  Sin  embargo,  se  han  dado  casos  de  que 
situaciones  análogas  á  esa  se  han  mantenido  en  un 
transcurso  de  tres  años. 

Total,  que  el  enemigo  ha  atacado  por  ambas  alas, 
siendo  probablemente  su  principal  operación  la  del 
ala  izquierda.  Esta  ha  sufrido  un  fracase  completo.  En 
el  ala  derecha,  por  el  contrario,  los  alemanes  lian  ob- 
tenido dos  ventajas:  su  extrema  derecha  ha  pasado  el 
Marne  y  su  derecha  ha  tomado  las 
primeras  crestas,  que  bordean,  al 
Sur,  el  camino  que  va  de  Reims  á 
Dormans.  La  ventaja  es  incontesta- 
ble. Los  tres  kilómetros  ganados  al 
Sur  del  camino  de  Dormaus  permi- 
ten al  enemigo  amenazar  el  flanco 
izquierdo  del  bosque  de  Reims,  y  el 
hecho  de  ampliar  la  posición  sobre 
el  Marne  es  una  ventaja  seria.  Pero 
esto  son  ganancias  tácticas  locales 
sobre  una  tercera  parte  del  campo 
de  batalla.  Su  profundidad  no  so- 
brepasa en  ningún  lado  la  espesura 
de  una  posición  francesa.  Su  lado 
derecho  es  muy  difícil  de  mante- 
ner. Aún  estamos  lejos  de  esa  gran 
ruptura  de  diez  kilómetros  de  pro- 
fundidad que  el  propio  Ludcn- 
dorff  ha  definido  como  condición  de 
éxito.» 

Hacia  el  16,  el  conjunto  de  la  si- 
tuación continuó  siendo  relativa- 
mente satisfactorio  para  los  aliados, 
pues  los  alemanes  no  podían  alcanzar  ninguno  de  los 
objetivos  que  tan  presuntuosamente  se  habían  pro- 
puesto. 

El  parte  oficial  francés  del  16  á  las  once  de  la  no- 
che decía  así: 

«Hoy,  los  alemanes,  que  no  han  podido  reanudar  su 
ataque  general  roto  ayer  por  nosotros,  han  realizado 
violentos  esfuerzos  para  aumentar  sus  éxitos  locales. 
La  batalla  ha  tenido  una  intensidad  particular  al 
Sur  del  Marne.  Algunas  fuerzas  enemigas  han  inten- 
tado remontar  el  curso  del  río.  Nuestras  tropas  han 
contenido  la  acometida  del  enemigo  realizando  una 
defensa  paso  á  paso,  y  la  han  detenido  en  la  línea 
•  Euilly-Leuvrigny. 

Por  nuestra  parte,  hemos  contraatacado  al  enemigo 
en  el  frente  Saint-Agnau-Chapelle-Monthodon.  Nues- 
tras tropas  han  tomado  estas  dos  localidades  y  han 
trasladado  su  línea  á  las  alturas  que  dominan  el  valle 
del  Marne  en  la  región  de  la  Bourdonnerie  y  de  Clos- 
Milon.  Entre  el  Marne  y  Reims,  las  tropas  franco  i ta- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


37 


LOS   FRANCESES   EN    ITALIA.    UNA   1  HINCHERA    DE   PRIMERA    LINEA 


lianas  han  rechazado  muchas  ten- 
tativas del  enemigo  y  han  conser- 
vado sus  posiciones. 

Al  Este  de  Reiins,  los  alemanes 
han  reanudado  esta  mañana  violen- 
tas preparaciones  de  artillería,  á  las 
que  han  sucedido  grandes  ataques 
en  muchos  puntos  del  frente. 

l'na  intensa  tentativa  practica- 
da en  direccióu  de  Beaumont-sur- 
Vesle  no  ha  logrado  desembocar  de 
Prunay. 

En  el  sector  del  Suippc,  dos  ata- 
ques realizados  al  Oeste  del  río  han 
fracasado  bajo  nuestros  fuegos. 

La  lucha  ha  tenido  una  viveza 
análoga  al  Norte  de  Prosnes  y  al 
Este  de  Tahure,  donde  los  ataques 
también  han  partido  del  lado  ene- 
migo. Los  esfuerzos  alemanes  han 
sido  vanos  en  todas  partes,  y  sus 
tropas  de  asalto  han  tenido  que  aca- 
tar su  fracaso  después  de  haber  su- 
frido enormes  pérdidas.  Por  las  órdenes  encontradas;!  rando  cierto  número  de  prisioneros  y  de  ametrálla- 
los prisioneros,  se  confirma  que  el  ataque  sobre  el     doras. 

frente  de  Champaña,  practicado  por  quince  divisiones  Ayer  mañana,  en  los  Vosgos,  el  enemigo  ensayó, 

de  primera  línea  y  por  diez  divisiones  de  apoyo,  bus-  después  de  una  preparación  de  artillería,  atacar  á 
caba  realizar  un  progreso  de  veinte  kilómetros  el  pri-  nuestras  líneas  sobre  un  frente  de  mil  yardas.  El  ata- 
mcr  día  y  alcanzar  al  Mame  por  la  derecha.»  que  ha  sido  frustrado  por  nuestros  fuegos  de  arti- 

El  comunicado  yanqui  del  mismo  día  a  las  nueve     Hería.» 
de  la  noche  decía  así:  Sobre  la  actuación  de  las  tropas  yanquis  en  los 

«Durante  la  batalla  de  ayer  las  tropas  norteameri-     campos  de  batalla  del  Mame,  un  corresponsal  degue- 
canas  han  cooperado  con  las  tropas  francesas  al  Este     rra,  adjunto  al  gran  cuartel  general  norteamericano, 
de  Reims  para  rechazar  los  ataques  enemigos,  y  han     telegrafiaba  lo  siguiente  con  fecha  del  1(5  tarde: 
mantenido  sus  posiciones  en  todos  los  puntos,  captu-  «Esta  mañana,  las  fuerzas  combinadas  franco-ame- 

ricanas han  lanzado  un  violento 
contraataque  entre  Saint-Agnan  y 
la  capilla  de  Monthodon,  de  don- 
de han  arrojado  al  enemigo;  segui- 
damente se  han  apoderado  de  la 
cota  223.  Las  fuerzas  yanquis  em- 
peñadas en  la  acción  eran  relativa- 
mente importantes.  Hemos  aumen- 
tado el  número  de  nuestros  prisio- 
neros. Las  operaciones  prosiguen 
de  una  manera  muy  satisfactoria. 
Los  alemanes  han  luchado  con 
tenacidad,  pero  no  han  podido  re- 
sistir el  impulso  de  los  aliados.  Los 
prisioneros  dicen  que  la  artillería 
yanqui  resulta  demasiado  activa 
y  sus  tropas  excesivamente  entu- 
siastas. 

Durante  el  ataque,  cada  vez  mas 

violento,  hemos   causado  grandes 

pérdidas  al  enemigo.  Se  sabe  que 

desde  ayer  mañana  los  alemanes  ya 

cazadores  alpinos  franceses  en  una  calle  dk  solferino  han  echado  mano  de  sus  reservas. 


38 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


Un  pequeño  ataque  local  enemigo  lanzado  contra 
los  yanquis  al  Oeste  de  Chálons-Thierry  ha  sido  re- 
chazado rápidamente.» 

La  jornada  del  16  podía  resumirse  diciendo  que  los 
alemanes,  contenidos  a  su  izquierda,  habían  realizado 
un  progreso  local  á  su  derecha  ampliando  un  poco  su 
defensa  de  puente  del  Sur  del  Marne. 

«Pero  la  batalla  prosigue— decía  Bidou— ,  y  esto  ya 
constituye  por  sí  solo  un  inmenso  resultado.  Una  ofen- 
siva á  la  manera  de  Ludendorff  es  esencialmente  una 
combinación  de  marchas,  una  maniobra  de  avance,  en 
que  varias  columnas,  precedidas  de  elementos  muy 
vigorosos  y  operando  sobre  un  frente  muy  estrecho, 
después  de  haber  agrietado  las  líneas  enemigas,  con- 
ciertan su  avan- 
ce de  un  modo 
en  que  puedan 
prestarse  mutuo 
apoyo,  aprove- 
char todos  los 
puntos  débiles  y 
envolver  ó  for- 
zar por  medio  de 
esa  colaboración 
inteligente  to- 
dos los  puntos 
de  resisteucia 
del  enemigo. 

El  ejército  ale- 
mán trabaja  no 
sólo  como  un 
mecanismo  fuer- 
te y  exacto,  sino 
también  con  sin- 
gular agilidad 
para  satisfacer 
todas  las  deman- 
das. Al  atarde- 
cer del  27  de  Mayo,  una  división  de  la  Guardia  avanza- 
ba con  dos  regimientos,  uno  detrás  del  otro.  A  poco  en- 
cuentra un  bosque,  donde  los  franceses  resisten.  Auto- 
máticamente, uno  de  los  regimientos  se  destaca,  va  á 
coger  al  adversario  de  flanco,  y  una  vez  reducido  el 
bosque,  reocupa  su  puesto  en  el  orden  de  marcha  so- 
bre el  mismo  camino  que  su  compañero.  Estos  ejem- 
plos son  frecuentes  y  esas  operaciones  parecen  reali- 
zarse con  mucha  regularidad.  A  tiempo  de  que  com- 
bate, el  ejército  avanza  por  todos  los  caminos,  y  esos 
movimientos  convergentes,  divergentes,  puestos  en 
buen  orden  y  ejecutados  con  vigor,  hacen  que  el  tra- 
bajo de  la  defensa  sea  muy  delicado. 

Y  este  mecanismo  del  ejército  alemán,  tan  potente 
y  que  con  tanta  eficacia  había  funcionado  en  las  ofen- 
sivas anteriores,  se  ha  estrellado  sobre  el  frente  del 
ejército  Gouraud.  Este  general,  dando  un  magnífico 
ejemplo  de  la  defensa  elástica,  ha  obligado  á  los  ale- 
manes, que  ya  habían  dado  su  primer  golpe  en  el 
vacío,  á  recorrer  seguidamente  un  vasto  espacio  sobre 


MISIÓN   BELGA    VISITANDO   UN   CENTEO  SANITAEIO  DEL  FRENTE  DEL  AI0SA 


un  terreno  preparado  por  la  defensa,  donde  los  caño- 
nes y  las  ametralladoras  se  han  despachado  á  su 
gusto,  haciendo  una  memorable  matanza  de  teutones. 
Evidentemente,  hay  sacrificio  inicial  de  terreno,  y 
aun  de  terreno  tan  bueno  como  lo  es  una  región  mon- 
tañosa. 

Pero  puede  decirse  que  en  este  caso  el  terreno  no 
significa  nada  y  que  la  destrucción  de  la  fuerza  viva 
del  enemigo  lo  es  todo.  Quince  divisiones  alemanas 
de  primera  línea,  apoyadas  por  diez  divisiones  de  re- 
serva, han  sido  diezmadas  en  esa  zona  mortífera  pre- 
parada por  el  comando  francés.  Estas  divisiones  han 
llegado  muy  bien  á  la  línea  Prunay-Norte  de  Prosnes- 
Norte  de  Souain;  pero  rotas,  perdidos  sus  elementos 

avanzados  é  in- 
capaces de  ir 
más  lejos,  sin 
reorganizarse, 
sin  haber  que- 
brantado la  po- 
sición francesa  y 
casi  sin  haber 
causado  pérdi- 
das al  defensor. 
La  maniobra  del 
general  Gouraud 
quedará  como 
un  modelo  clási- 
co de  defensa  en 
profundidad. 

Eléxito  es  tan- 
to más  bueno 
cuanto  que,  se- 
gún decíamos 
ayer  y  como  lo 
confirma  el  co- 
municado, la 
maniobra  alema- 
na debía  hacerse  precisamente  por  esta  ala  izquierda 
en  dirección  general  de  Chíilons.  Esta  ala  ha  sido  con- 
tenida netamente,  y  es,  por  el  contrario,  el  ala  derecha 
enemiga  la  que  ha  obtenido  sobre  el  Marne  hacia  Dor- 
mans  un  éxito  que,  aun  cuando  carece  de  consecuen- 
cias estratégicas,  no  deja  de  tener  algún  valor.  El 
enemigo  ha  logrado  establecer  en  ambas  partes  de  Dor- 
mans,  al  Oeste  hasta  Fossoy  y  al  Este  hasta  G-luilly, 
una  defensa  de  puente  al  Sur  del  río.  El  reborde  meri- 
dional del  valle  está  formado  por  una  loma  bastante 
amplia.  El  día  16  los  alemanes  han  logrado  apoderarse 
de  ella  por  completo;  después,  en  el  transcurso  de  la 
jornada,  han  perdido  la  mitad,  y  según  las  últimas  no- 
ticias publicadas,  su  posesión  ya  se  limita  á  los  dos  ki- 
lómetros de  pendientes  que  descienden  hacia  el  Marne. 
Es  una  situación  táctica  inestable  y  mediocre. 

En  resumen,  ¿qué  ocurre?  A  principios  de  Julio, 
los  alemanes  disponían  detrás  de  sus  líneas  de  unas 
cuarenta  y  cinco  divisiones  de  refresco,  es  decir,  que 
se  hallaban  en  reposo  desde  hacía  lo  menos  tres  sema- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


39 


ñas.  Esas  divisiones  se  hallaban  acantonadas  á  reta- 
guardia y  casi  equidistantes  de  los  frentes  del  príncipe 
Hupprecht  y  del  kronprinz  imperial.  Eu  la  primera 
quincena  de  Julio,  el  príncipe  Rupprecht  ha  dado  al 
krouprinz  las  divisiones  de  reserva  que  le  pertene- 
cían, y  así  es  como  ha  podido  dar  el  golpe  del  día  15. 
En  efecto,  el  comuuicado  nos  dice  que  tenía  veinticin- 
co divisiones  en  su  ala  izquierda  en  Champaña,  y  po- 
demos atribuir  unas  veinte  á  su  ala  derecha.  Todo  lo 
cual  da  aproximadamente  esa  cifra  de  cuarentay  cinco 
divisiones  que  representan  la  masa  disponible  del  ene- 
migo. V  si  es  verdad  que  este  cálculo  representa  sobre 
poco  más  ó  meóos  la  situación,  ya  se  ve  cuan  grave  es 
para  Ludendorff  el  fracaso  del  15  de  Julio,  puesto  que 
ha  desgastado 
en  esta  batalla, 
si  no  la  totali- 
dad, por  lo  me- 
nos gran  parte 
de  sus  fuerzas 
de  refresco.» 

La  ofensiva 
alemana  deteni- 
da en  el  Mame  y 
en  Champaña; 
un  contraata- 
que francés  eje- 
cutado con  éxito 
contra  el  naneo 
derecho  de  los 
alemanes,  entre 
el  Aisne  y  el 
Mamo:  tal  era  la 
situación  en  la 
mañana  del  18 
de  Julio,  al  co- 
menzar la  cuar- 
ta jomada  de  la 

gran  batalla  en  que  Ludendorff  había  soñado  destruir 
en  tierras  de  Francia  á  los  ejércitos  de  la  Entente. 
Pero  el  mariscal  alemán  no  había  contado  con  los  sol- 
dados de  Mangin,  de  Gouraud  y  de  Degoutte. 

El  día  17  la  batalla  había  proseguido  violenta- 
mente en  ambas  orillas  del  Marne,  del  Este  de  Chá- 
teau-Thierry  al  Sudoeste  de  Reims;  el  esfuerzo  de  los 
alemanes  se  ejercía  principalmente  al  Norte  del  Marne; 
al  Este  de  Reims  eran  rechazados  algunos  ataques  lo- 
cales alemanes. 

Al  Sur  del  Marne,  entre  Fossoy  y  Comblizy,  los 
aliados  conservaron  el  17  las  posiciones  que  ya  tenían 
el  16  por  la  noche. 

En  el  valle  del  Marne,  al  Este  de  Mareuil  y  sobre 
las  alturas  que  lo  bordean  al  Sur  y  al  Norte,  fué  donde 
los  alemanes  habían  demostrado  mayor  encarniza- 
miento; sin  duda  se  proponían  romper  el  frente  fran- 
cés. Al  Sur,  lograban  ocupar  la  aldea  de  Montvoisin,  y 
en  la  otra  orilla  penetraban  en  los  bosques  del  Rey  y 
de  Courton,  que  los  franceses  defendían  con  gran  tena- 


" 


pttMlllif// 

13»;  M  vwriy 


• 


cidad.  Al  Norte  del  bosque  de  Courton,  la  situación  no 
había  cambiado  mucho.  Al  Norte  de  Marfaux,  la  linea 
formaba  en  Bouilly  un  saliente  difícil  de  mantener; 
las  tropas  franco-italianas  que  defeudían  este  sector 
se  habían  replegado  sobre  Pourcy. 

Al  Este  de  Reims,  los  alemanes  se  limitaban  á  eje- 
cutar algún  que  otro  ataque  infructuoso  al  Norte  de 
Prosnes. 

Desde  el  primer  día,  las  divisiones  del  ejército  Von 
Einem  habían  quedado  netamente  contenidas  en  eso 
sector  ante  las  posiciones,  ligeramente  retraídas,  que 
había  elegido  el  general  Gouraud  para  cortar  el  im- 
pulso de  sus  adversarios.  Táctica  excelente,  dada  la 
naturaleza  del  terreno,  y  que  produjo  los  resultados 

que  se  espera- 
ban, pero  que  no 
puede  constituir 
un  dogma  de  de- 
fensiva nueva. 
El  comunica- 
do oficial  fran- 
cés del  17  se  ex- 
presaba en  estos 
términos: 

«La  batalla  ha 
continuado  hoy 
con  un  encarni- 
zamiento soste- 
nido en  el  con- 
junto del  fren- 
te al  Oeste  de 
Reims.  Á  pesar 
de  sus  esfuerzos, 
el  enemigo  no  ha 
logrado  acen- 


'  íñSr 

•  .1 


LA   GRANJA   DE   VAUX   (MOSA) 


tuar  su  avance. 
Nuestras  tropas, 
por  su  resisten- 
cia heroica  y  por  sus  contraataques  incesantes,  han 
contenido,  con  alternativas  de  avance  y  de  retroceso, 
la  acometida  del  enemigo. 

Al  Sur  del  Marne,  los  combates  se  desarrollan 
sobre  las  pendientes  Norte  de  Saint-Agnan  y  de  la 
Chapelle-Monthodon.  Acciones  muy  vivas  al  Norte  de 
Comblizy  y  de  Festigny  nos  han  permitido  mantener 
al  enemigo  en  los  linderos  Sur  de  los  bosques  de  Bou- 
quigny  y  de  los  Castaños.  Al  Este  de  CEuilly,  los  ale- 
manes han  logrado  penetrar  en  Montvoisin. 

Entre  el  Marne  y  Reims,  la  lucha  prosigue  al  Norte 
de  Reuil,  en  el  bosque  del  Rey,  donde  los  alemanes 
han  penetrado,  y  que  nuestras  tropas  defienden  paso 
á  paso. 

VA  bosque  de  Courton  es  igualmente  teatro  de  vio- 
lentos combates:  el  enemigo  sigue  manteniéndose  al 
Oeste  de  Nanteuil-la-Fossc. 

Pourcy,  objetivo  de  grandes  y  repetidos  ataques,  no 
ha  podido  ser  alcanzado  por  los  alemanes.  Un  brillante 
contraataque  de  las  tropas  italianas  al  Oeste  de  ese 


40 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


pueblo  ha  rechazado  al  enemigo  hacia  el  valle  del 
Ardre.  Numerosos  cadáveres  enemigos  tendidos  de- 
lante de  las  líneas  dan  fe  de  las  grandes  pérdidas  ex- 
perimentadas por  nuestros  adversarios. 

Eu  el  sector  de  Vrigny  y  al  Sudeste  de  Reims  no 
ha  cambiado  la  situación. 

Al  Este  de  Reims  hemos  frustrado  un  ataque  entre 
Beaumont-sur-Vesle  y  Sillery.  Nuestras  posiciones 
continúan  intactas  en  el  conjunto  del  frente  de  Cham- 
paña.» 

El  general  Gouraud,  jefe  del  4."  ejército  en  este 


BL   GENERAL  GOURAUD 

frente,  había  dirigido  á  sus  tropas  antes  de  la  ofensiva, 
el  7  de  Julio,  la  siguiente  orden  del  día: 

I  los  soldados  franceses  y  norteamericanos  del 
I.  ejército. — Podemos  ser  atacados  de  un  momento  á 
otro.  Todos  sabéis  que  jamás  se  entablaría  una  bata- 
lla defensiva  en  condiciones  tan  favorables  como  esta. 

Estemos  prevenidos  y  alerta.  Disponemos  de  pode- 
rosos refuerzos  de  infantería  y  de  artillería. 

Combatiréis  en  el  terreno  que  vosotros  mismos 
habéis  transformado  con  vuestro  trabajo  y  vuestra 
tenacidad  en  una  temible  fortaleza,  que  será  invenci- 
ble si  guardáis  bien  todos  sus  pasos. 

El  bombardeo  será  terrible.  Lo  soportaréis  firme- 
mente. El  asalto  será  rudo,  entre  nubes  de  humo,  de 
polvo  y  de  gases,  pero  vuestra  posición  y  vuestro  ar- 
mamento es  formidable. 


En  vuestros  pechos  laten  bravos  y  fuertes  corazo- 
nes de  hombres  libres. 

Nadie  mirará  hacia  atrás.  Nadie  retrocederá  ui  un 
solo  paso.  Todos  tendrán  un  mismo  pensamiento:  ma- 
tar mucho  hasta  que  haya  bastante. 

Por  eso  vuestro  general  os  dice:  ese  asalto  lo  rom- 
peréis, y  el  día  en  que  esto  ocurra  será  de  gloria.» 

Y  así  sucedió.  Después  de  haber  roto  la  ofensiva 
alemana  en  los  frentes  de  Champaña  y  de  la  montaña 
de  Reims,  en  los  días  1~>,  1<>  y  17  de  Julio,  las  tropas 
franco-americanas  se  lanzaron  el  día  1¡S  al  ataque  de 
las  posiciones  alemanas  entre  el  Aisne  y  el  Mame  en 
una  extensión  de  cuarenta  y  cinco  kilómetros.  Pero 
no  precipitemos  los  acontecimientos. 

Hacia  fines  de  Julio,  el  corresponsal  de  guerra  de 
L'IUustratioii  en  el  campo  de  batalla  de  Champaña, 
M.  Babin,  hizo  un  minucioso  estudio  sobre  la  acción 
ejercida  por  las  tropas  de  Gouraud  en  la  defensa  de 
Chálons,  estudio  que  ocupa  el  capítulo  siguiente. 


La  victoriosa  defensa  de  Chálons 

El  15  de  Julio,  los  alemanes  lanzaban  la  ofensiva 
que  ya  esperábamos  desde  hacía  varias  semanas. 

Dicha  ofensiva  se  desarrolló  con  el  acostumbrado 
furor,  meticulosamente  preparada  y  siempre  contra 
dos  de  nuestros  ejércitos  sobre  un  frente  de  más  de 
ochenta  kilómetros,  entre  Cháteau-Thierry  al  Oeste 
y  la  famosa  Mano  de  Massiges  al  Este.  Esta  vez  ata- 
caba el  grupo  del  kronprinz  imperial,  compuesto  por 
los  ejércitos  de  Von  Boehm,  de  Von  Mudra  y  de  Von 
Einem.  Es,  pues,  en  la  cuenta  del  heredero  de  los 
Hohenzollern  donde  habrá  que  apuntar  el  rudo  fracaso 
que  ha  sufrido  ese  quinto  ataque  del  año. 

El  enemigo  fracasaba  desde  el  primer  momento. 
Iónicamente  en  su  ala  derecha  obtenía  alguna  ventaja 
apreciable,  franqueando  el  Marne  por  varios  puntos, 
entre  Fossoy  y  (Euilly,  á  ambas  partes  de  Dormans. 

Al  centro,  ante  Reims,  la  ofensiva  se  había  limi- 
tado á  una  demostración,  aunque  en  realidad  se  tra- 
taba de  reducir  con  un  ataque  de  ala  la  montaña  de 
Reims,  con  objeto  de  bloquear  y  de  coger  á  la  desgra- 
ciada ciudad. 

Pero  al  Este,  en  su  ala  izquierda,  donde  los  ale- 
manes peleaban  contra  el  ejército  del  general  Gou- 
raud, la  lucha  tomó  para  nosotros  el  carácter  de  una 
magnífica  victoria  defensiva,  de  uno  de  los  éxitos 
más  caracterizados  y  también  más  eficaces,  según  se 
verá  á  continuación,  de  esta  formidable  guerra. 

No  obstante,  era  allí  donde  los  alemanes  pensaban 
ejercer  un  poderosísimo  esfuerzo. 

El  4.°  ejército  á  la  defensiva.— E\  7  de  Julio,  el 
general  Gouraud  había  dirigido  á  sus  tropas  la  famosa 
orden  del  día  que  ya  conocemos. 

Hoy,  dicha  orden  resulta  una  profecía  donde  todo 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


41 


está  previsto:  la  violencia  del  asalto 
enemigo  y  la  magnífica  constancia  de 
nuestros  defensores. 

¿En  qué  se  basaba  esta  tranquila  se- 
renidad del  jefe  en  vísperas  de  un  ata- 
que presentido  como  formidable,  pre- 
parado con  esa  escrupulosidad  que  ya 
conocemos,  y  en  que  los  ejecutantes 
debían  actuar  con  medios  poderosísi- 
mos? Pues  se  basaba  sencillamente  en 
una  plena  confianza  en  el  valor  de  sus 
soldados  y  en  la  excelencia  del  plan 
defensivo. 

Este  plan  consistía  en  no  dejar  so- 
bre la  línea  avanzada,  expuesta  á  los 
bombardeos  preparatorios,  al  ardiente 
diluvio  de  los  minenioerfer,  mas  que 
muy  escasas  fuerzas,  pequeños  gru- 
pos de  muchachos  bajo  el  mando  de 
oficiales  resueltos,  indefectibles,  en- 
cargados ante  todo  y  sobre  todo  de 
avisar  á  la  retaguardia  el  momento 
exacto  en  que  comenzase  el  ataque, 
en  que  las  olas  de  asalto  se  lanzasen  hacia  adelan- 
te. Los  hombres  á  quienes  se  les  confiaba  ese  puesto 
de  honor  eran  sacrificados  de  antemano,  y  ellos  lo 
sabían. 

Lo  único  que  les  faltaba  era  acabar  bellamente. 
Después  se  verá  como  no  han  decaído  en  ningún 


EL  GENERAL  GOURAUD  CONDECORANDO  A  SU  HKHMA.NO 
Tomo  ix 


EL  GENERAL  GOURAUD  Y  SUS  OFICIALES 

punto.  Algunos  de  ellos  han  hecho  verdaderos  pro- 
digios, han  demostrado  una  conmovedara  grandeza  de 
espíritu. 

Los  reductos  de  esta  línea  avanzada,  protegidos  por 
alambradas,  semejaban  esos  escollos  donde  se  peina 
espumosamente  el  oleaje.  Aun  cuando  fuese  arrollada, 
y  lo  fué  en  dos  ó  tres  puntos,  habría  desempeñado  su 
papel  con  sólo  retrasar  el  avance  del  enemigo.  Lo  de- 
tuvo en  tres  horas,  tres  horas  de  sangrientas  heca- 
tombes para  él.  Fué  la  verdadera  causa  de  su  desas- 
tre. La  victoria  se  decidió  allí,  sobre  esa  línea  de 
reductos  de  los  elementos  avanzados,  delante  mismo 
de  la  verdadera  línea  de  defensa. 

Este  dispositivo,  únicamente  útil  á  condición  de 
que  todo  estuviese  preparado  para  el  momento  en  que 
se  produjese  la  ofensiva,  implicaba  el  vigilar  rigu- 
rosa y  constantemente  al  enemigo.  Y  ya  es  sabido 
todo  lo  que  le  gusta  al  alemán  ocultar  y  disfrazar  sus 
preparativos.  Lo  hemos  experimentado  muchas  veces 
á  raíz  de  sus  precedentes  ofensivas.  Esto  es  lo  que 
explica  la  actividad  agresiva  que  manifestaba  en  todo 
tiempo  el  ejército  Gouraud,  y  que  aún  había  aumen- 
tado durante  las  últimas  semanas,  pues  se  esperaba 
con  mayor  impaciencia  cada  día  el  ineludible  aconte- 
cimiento. En  todo  instante,  sobre  uno  ú  otro  punto, 
se  lanzaban  golpes  de  mano.  Fué  el  triunfo  de  la  vigi- 
lancia sobre  la  astucia. 

A  partir  de  los  primeros  días  de  Junio,  se  espera 
una  ofensiva  de  grandes  vuelos  en  el  frente  del  ejér- 
cito. Á  medida  que  transcurre  el  tiempo,  varios  indi- 
cios anuncian  la  inminencia  del  ataque,  indicios  com- 
probados desde  luego.  Se  sabe  que  el  frente  constituido 
ante  el  1.  ejército— y  todo  el  frente,  sin  duda— está 
equipado  desde  hace  un  mes  con  vistas  á  un  ata- 
que brusco.  Poco  á  poco  se  ve  aumentar  la  circula- 


42 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


ción  sobre  las  vías  férreas;  los  depósitos  de  municio- 
nes se  abarrotan;  los  campos  de  aviación  se  preparan. 
No  obstante,  el  frente  permanece  tranquilo  y  la  arti- 
llería poco  activa.  Sin  embargo,  se  presencia,  como 
antes  de  la  ofensiva  del  "J7  de  Mayo  y  la  del  9  de 
Junio,  por  ejemplo,  elevados  disparos  de  cohetes,  que 
es  un  procedimiento  discreto  para  arreglar  la  puntería 
de  los  cañones. 

Después,  súbitamente,  en  la  jornada  del  13,  tras  la 
aparente  inmovilidad  del  frente,  se  percibo  una  cir- 
culación más  intensa  sobre  las  vías  estrechas  entre  el 
Suippe  y  Epoye.  Se  observan  movimientos  de  tropas. 
Al  Norte  de  Suippes,  los  caminos  también  se  animan 
un  poco  más.  Carruajes  y  grupos  aislados  marchan  de 
Norte  á  Sur.  En 
la  mañana  del 
14,  vehículos  ya 
en  mayor  núme- 
ro, pero  que  cir- 
culan aislada- 
mente y  no  en 
convoyes,  re- 
montan de  la  zo- 
na de  las  bate- 
rías. Es  de  creer 
que  durante  la 
noche  se  ha  pro- 
cedido á  trans- 
portar municio- 
nes á  primera 
línea. 

Pero  los  infor- 
mes más  segu- 
ros se  han  obte- 
nino  á  costa  de 
esos  golpes  de 
mano  casi  coti- 
dianos, y  á  los 

cuales  ya  aludía  antes.  Los  soldados  han  comprendido 
su  necesidad  y  se  prestan  á  ellos  con  entusiasmo.  Sus 
operaciones  son  fructuosas  durante  toda  la  primera 
quincena.  Los  comunicados  han  registrado  algunas. 

Hacia  el  28  de  Junio  se  recibe  la  primera  adver- 
tencia exacta,  una  simple  advertencia  de  que  el  ata- 
que es  inminente  en  el  frente  de  Champaña.  En 
cuanto  á  la  extensión  del  frente  y  á  la  fecha,  todo 
está  aún  en  el  misterio. 

El  G  de  Julio,  ciertos  indicios  nos  revelan  proyec- 
tos agresivos,  pero  sin  que  se  puedan  concretar  aún. 
Al  día  siguiente  el  general  puede  lanzar  su  orden:  ya 
no  hay  ni  la  menor  sombra  de  duda. 

El  10  de  Julio,  nuestro  servicio  de  informes  ya 
casi  conoce  la  fecha  del  ataque:  será  hacia  el  14  ó  15 
de  Julio.  El  frente  debe  interesar  toda  la  zona  del 
4."  ejército  hasta  el  monte  Tetón,  al  Este.  Por  fin,  se 
adquieren  detalles  sobre  los  preparativos  mismos. 

En  los  días  11,  12  y  13  de  Julio  se  recibe  la  confir- 
mación de  todo  esto. 


BL  GBNBRAL  GOUUAUD  SALUDANDO  LA  BANDERA  DB  UN  REGIMIENTO  FRANCÉS 


Por  último,  el  día  14,  un  destacamento  dirigido 
por  un  teniente  ejecuta  el  mejor  de  estos  golpes  de 
mano,  y  cuyos  resultados  coronan  los  esfuerzos  mul- 
tiplicados durante  tantos  y  tantos  días.  Y  se  sabe  que 
el  ataque  sólo  es  ya  cuestión  de  horas:  la  prepara- 
ción de  artillería  comenzará  á  las  12' 10.  Á  las  4'15, 
la  infantería  saldrá  de  las  trincheras  amparada  por  un 
fuego  inferual  de  artillería. 

Parece  ser  que  tantas  precauciones  sorprendieron 
y  aun  dieron  cierto  escepticismo  al  Estado  Mayor  de 
la  valerosa  división  norteamericana  que  combatió  ese 
día  con  nosotros.  Un  poco  más  tarde  confesaba  su 
duda,  su  equivocación. 

La  victoria  en  algunas  horas. — Todo  estaba  pre- 
parado para  re- 
cibir cuanto  vi- 
niese. Constan- 
temente al  co- 
rriente de  la  si- 
tuación, los  ge- 
nerales Foch  y 
Petain  habían 
aprobado  las  dis- 
posiciones toma- 
das, proporcio- 
nando al  coman- 
dante del  4.° 
ejército  las  tro- 
pas necesarias 
para  asegurar  la 
ejecución.  Por 
fin,  aun  cuando 
en  la  guerra  ha- 
ya que  contar 
siempre  con  lo 
inesperado,  co- 
mo se  había  he- 
cho todo  lo  posi- 
ble para  parar  el  golpe,  se  podía  descontar  un  éxito 
infalible.  La  orden  del  día  7  refleja  esta  certidumbre, 
la  cual  le  da  un  acento  muy  firme. 

El  14  de  Julio,  á  las  once  de  la  noche,  el  general 
Gouraud  daba  orden  de  comenzar  el  tiro  de  contra- 
preparación ofensiva  y  se  iniciaba  media  hora  más 
tarde,  adelantándose  al  cañoneo  alemán.  Éste  inicióse 
á  su  vez  á  la  hora  prefijada  con  un  formidable  trueno. 
No  sorprendió  á  nadie.  En  este  período  de  espera,  en 
que  cada  día  se  le  veía  más  inminente,  el  jefe  del 
ejército  había  visitado  todos  los  puestos  de  los  coro- 
neles, haciéndoles  compartir  su  confianza  íntima. 

Todo  el  mundo  estaba  en  su  puesto.  El  «dispositivo 
de  alerta»,  tan  minuciosamente  estudiado,  se  reali- 
zaba por  fin. 

Nuestro  tiro  de  contraofensiva  es  de  una  violencia 
que  sorprende  al  enemigo.  Baterías  que  hasta  enton- 
ces han  guardado  silencio  y  que  no  han  sido  descu- 
biertas se  revelan  súbitamente,  produciendo  el  infa- 
lible efecto  de  sorpresa. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


43 


A  las  4'15,  los  cohetes  de  los  vigilantes  de  la  línea 
de  observación  ascienden  á  lo  alto,  clareado  ya  por 
la  pálida  luz  del  amanecer:  las  olas  alemanas  se  lan- 
zan al  asalto.  Entonces,  nuestro  propio  fuego  de  obs- 
trucción cae  violentamente  sobre  nuestras  primeras 
posiciones,  adonde  llega  el  enemigo,  y  que  ya  han 
sufrido  la  furia  de  las  piezas  alemanas  de  todos  cali- 
bres. La  batalla  va  á  desarrollarse  exactamente  con 
arreglo  al  plan  previsto.  Las  probabilidades  de  éxito 
están  con  nosotros.  Nada  nos  falla.  Así  como  los  des- 
tacamentos de  observación  habían  cumplido  con  todo 
su  deber,  así  iban  los  elementos  avanzados  de  los  ba- 
tallones de  primera  línea  á  contener  y  disociar  al  ene- 
migo, ea  cumplimiento  de  la  misión  que  se  les  había 
confiado.  Cada 
cual  ha  estado 
donde  le  ordena- 
ba su  deber. 

Muchos  de 
ellos  han  tenido 
que  caer  en  ma- 
nos de  los  ale- 
manes. Sin  em- 
bargo, se  han  re- 
cibido noticias 
de  algunos.  Por 
ejemplo,  el  cuer- 
po de  ejército 
que  combatía  á 
la  izquierda  del 
frente  ha  regis- 
trado dignamen- 
te la  heroica  ac- 
titud de  una  se- 
misección  que, 
cercada  y  arro- 
llada al  llegarla 
ola  alemana,  en- 
viaba á  las  6\30  una  paloma  mensajera  para  anunciar 
que  aún  resistía.  ¡Otro  grupo  resistió  hasta  las  diez 
de  la  mañana! 

En  la  línea  de  los  reductos,  los  alemanes  fueron 
contenidos  por  espacio  de  tres  largas  horas  por  lo 
menos.  Aun  cuando  varios  de  sus  elementos  se  des- 
lizaron entre  ellos,  algunas  de  las  pequeñas  fortalezas 
asediadas  continuaron  la  resistencia  con  encarniza- 
miento. 

La  guarnición  del  monte  Sin  Nombre,  por  ejemplo, 
perteneciente  á  igual  regimiento  que  esa  semisección 
de  que  acabo  de  hablar,  estuvo  asediada  hasta  las  seis 
ile  la  tarde,  pero  siempre  en  contacto  con  la  retaguar- 
dia, y  tuvo  constantemente  al  comando  al  corrieute  de 
las  peripecias  de  la  lucha.  El  propio  jefe  de  batallón 
estaba  cercado  no  lejos  de  allí  con  una  parte  de  sus 
hombres  en  su  puesto  de  mando.  Todos  oponen  á  los 
asaltos  enemigos  la  misma  resistencia  tenaz,  y  única- 
mente después  de  recibir  la  autorización  de  agotar 
todas  sus  municiones  y  de  efectuar  las  destrucciones 


EL  UBNERAL  ÜOUKAUD,   II.   POINCAHE 


prescritas  es  cuando  el  comandante  y  el  capitán,  con 
sus  dos  pequeñas  guarniciones,  se  repliegan  abrién- 
dose paso  á  la  bayoneta,  incluso  cogiendo  prisioneros: 
catorce.  Un  teniente  de  cazadores  á  pie  realiza  una 
hazaña  análoga.  ¡Y  cuántas  podrían  citarse!  Se  habla 
de  un  regimiento,  al  centro,  que  ha  rechazado  once 
ataques  sucesivos. 

Pero  desde  los  primeros  momentos  del  combate  se 
comprendió  que  el  enemigo  había  errado  el  golpe.  La 
resistencia  inicial,  que  no  esperaba  en  modo  alguno, 
le  había  desconcertado.  El  minucioso  mecanismo  del 
reloj-ataque  germano,  demasiado  exacto,  se  había  des- 
baratado de  súbito. 

Mientras  las  tropas  de  ataque  llegaban  ante  la  línea 

de] los  reductos, 
todos  los  engra- 
najes que  habían 
tras  ellas  conti- 
nuaban funcio- 
nando con  arre- 
glo al  horario  ba- 
sado sobre  la  hi- 
pótesis de  una 
marcha  victo- 
riosa. El  fuego 
de  obstrucción 
avanzaba  rítmi- 
camente adelan- 
tándose conside- 
rablemente á  las 
olas  alemanas 
que  luchaban 
contra  el  resis- 
tente dique  fran- 
co-yanqui. Y  las 
divisiones  de  se- 
y  el  jefe  dk  una  Misión  nALiA.NA  gunda  línea, 

convencidísi- 
mas  de  que  las  primeras  proseguían  su  avance  regu- 
lar como  la  saeta  en  el  cuadrante,  se  habían  lanzado 
tras  ellas  en  el  momento  prefijado,  y  detrás  avanzaron 
camiones  automóviles,  vehículos  de  abastecimientos, 
artillería  montada,  columnas  de  refuerzo...  Nuestros 
artilleros  disparaban  «á  simple  vista»  sobre  todo  esto, 
causando  un  sangriento  revoltijo  de  hombres,  camio- 
nes y  caballos.  Jamás  se  vieron  tan  grandes  heca- 
tombes. 

La  facilidad  con  que  habían  franqueado  la  línea  de 
alerta  había  hecho  creer  á  los  alemanes  que  efectua- 
rían un  avance  afortunado.  En  el  cerro  de  Tahure  se 
capturó  á  un  capitán  que  mandaba  una  sección  de 
tanques,  en  el  momento  en  que  venía  de  escribir  y  se 
preparaba  á  enviar  el  mensaje  siguiente: 

«Los  cinco  tanques  han  franqueado  la  primera  línea 
enemiga  y  continúan  avanzando  hacia  el  Wardberg, 
donde  el  enemigo  posee  numerosos  nidos  de  ametra- 
lladoras. Marcho  á  Somme-Suippes  para  continuar  la 
persecución  del  enemigo  y  vuelvo  en  seguida.» 


44 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


Se  le  condujo,  en  efecto,  á  Sommc-Suippes,  al 
puesto  de  mando  del  general,  y  allí  se  le  hizo  objeto 
de  algunas  bromas  sutilísimas.  Veamos  cuál  era  la 
situación  á  las  siete  de  la  mañana:  á  la  derecha,  nues- 
tros elementos  avanzados  resistían  admirablemente 
en  toda  la  línea  de  los  reductos;  al  centro,  el  ene- 
migo se  hallaba  en  contacto  con  nuestra  posición  in- 
termedia; á  la  izquierda,  la  presión  era  muy  intensa 
entre  la  grauja  de  las  Marquesas  y  la  casa  del  Guar- 
dia ;  el  enemigo  alcanzaba  la  vía  romana  y  los  bosques 
enclavados  al  Sudeste  de  Prunay. 

A  mediodía,  segúu  la  expresión  de  uno  de  los  jefes 
de  cuerpo  de  ejército,  «ya  tenían  las  patas  rotas».  Su 
ofensiva  estaba  frustrada.  La  victoria  era  nuestra. 

«Una  elevada  personalidad — decía  uno  de  los  pri- 
sioneros—presencia todo  esto  desde  allá  arriba.»  Así 


Casas  de  Champaña.  Ni  siquiera  consiguió  quebran- 
tar la  paralela  principal  de  nuestra  posición  inter- 
media. 

En  la  noche  del  16  al  17,  nuevo  ataque  en  la  región 
de  Auborivc,  sin  más  éxito.  En  cambio,  nosotros  recu- 
peramos terreno  en  el  sector  del  Balcón  y  en  Beause- 
jour  y  reconquistamos  un  reducto  que  nos  habíamos 
visto  obligados  á  abandonar. 

Durante  toda  la  jornada  del  17,  reina  por  nuestra 
parte  gran  actividad  de  artillería.  Son  tiroteos  de  des- 
trucción sobre  las  baterías  enemigas,  tiros  de  acoso 
y  de  interrupción,  é  incluso  tiros  sobre  objetivos  pa- 
sajeros. 

Nuestra  infantería  tampoco  se  duerme  sobre  sus 
laureles.  Al  Este,  en  las  jornadas  del  17  y  18,  había 
reocupado,  no  obstante  uua  encarnizada  resistencia, 


DIRECCIONES    DE   LA   OFENSIVA  ALEMANA 


era  en  verdad.  El  emperador  alemán,  que  antes  ya 
había  acechado  desde  lo  alto  del  Gran  Coronado  el 
momento  de  caer  sobre  Nancy,  esperaba  esta  vez  en 
ol  monte  Blanco,  donde  estaba  el  campamento  de  Lu- 
dendorff,  la  hora  de  entrar  en  Chalóos.  Guillermo  II 
veía  desvanecerse  otro  de  sus  ensueños. 

Últimos  sobresaltos. — El  ataque  sólo  había  que- 
brantado á  nuestra  línea  intermedia  en  dos  puntos:  al 
Norte  de  Prosnes  y  en  Perthes-les-Hurlus,  tomado  un 
momento  y  reconquistado  después  por  nosotros.  Estas 
modestas  ventajas  fueron  bien  momentáneas  para  el 
enemigo. 

Sin  embargo,  el  16,  vuelve  á  la  carga.  Aún  no  ha 
renunciado  á  la  esperanza  do  penetrar  en  nuestras 
posiciones  de  resistencia. 

Entre  el  Vesle  y  el  Suippe,  ataca  por  vez  primera 
á  las  diez  de  la  mañana  y  repite  el  ataque  á  la  1'15  de 
la  tarde.  Ambas  veces  resulta  rechazado  y  deja  sobre 
el  terreno  uumerosos  cadáveres. 

Al  Este  del  Suippe  ataca  por  tres  veces,  y  siempre 
es  rechazado  desordenadamente. 

Después  de  una  fuerte  preparación  de  artillería  se 
lanza  al  avance  con  importantes  fuerzas  al  Sur  de 


toda  la  líuea  de  reductos  de  la  primera  posición  y  en 
el  conjunto  del  frente  había  reconquistado  algunos 
puntos  necesarios  para  la  seguridad  de  nuestra  posi- 
ción de  resistencia. 

Y  aquí  acabó  la  batalla.  Realmente,  en  su  fase  de- 
cisiva, apenas  había  durado  cuatro  horas  sobre  poco 
más  ó  menos. 

Nuestro  plan  y  el  .sin/o. — La  idea  adoptada  por  el 
general  Gouraud,  de  acuerdo  con  los  genérales  Focli 
y  Petain,  de  formar,  delante  de  su  posición  interme- 
dia, un  glacis  donde  el  enemigo  lanzase  su  primer 
golpe,  el  más  violento,  en  el  vacío,  por  así  decirse,  y 
á  fin  de  recibirlo  vigorosamente  en  una  línea  bien  pre- 
parada, esa  idea,  pues,  implicaba  el  tener  que  aban- 
donar una  franja  de  territorio  que  en  su  parte  más 
amplia  no  excede,  según  puede  apreciarse  en  el  mapa, 
de  cuatro  kilómetros.  Y  en  este  pedazo  de  territorio 
figuraban  los  Montes,  esa  serie  de  alturas  ilustradas 
ya  por  tan  gloriosos  combates:  el  Cornillet,  el  Blond, 
el  Alto,  el  Casque,  el  Tetón.  Sacrificios  rudísimos 
para  nosotros  si  no  supiéramos  que  son  momentáneos, 
y  que  además,  en  buena  táctica,  el  terreno  queda  como 
cosa  secuudaria,  y  que  lo  esencial  es,  según  recor- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


45 


daba  el  general  Gouraud  en  su  orden  del  «lia,  «matar 
mucho»,  resultado  éste  obtenido  por  completo. 

El  ejército  Gouraud  tenía  ante  él  en  vísperas  de  la 
batalla  y  puestas  en  línea  trece  divisiones,  algunas 
de  ellas  elegidas,  y  bastar;!  con  designarlas  para  que 
se  las  reconozca.  Eran,  de  Oeste  á  Este,  de  la  región 
de  Prunay  á  la  de  Massiges,  la  15."  bávara,  la  3.'  de 
la  Guardia,  la  2(>."  1).,  la  división  de  ersati  de  la  Guar- 
dia, la  199."  D.,  la  239.',  la  1.',  la  división  de  caballe- 
ría á  pie  de  la  Guardia,  la  2."  división  bávara,  la  1."  bá- 
vara, la  88  I).  L,  la  7.a  Ü.  I.  y  la  33.'  de  reserva,  mas 
nueve  ó  diez  divisiones  de  reserva;  total,  unas  vein- 
ticinco divisiones.  ¡Había  que  ver  el  estado  en  que 
llegaron  á  la  línea  que  ocupaban  por  la  tarde!...  Ago- 
tadas, diezmadas,  incapaces  de  ir  más  lejos  sin  reor- 
ganizarse, que  es  lo  que  indudablemente  estáu  ha- 
ciendo ahora.  Y  téngase  en  cuenta  que  lo  único  que 
habían  encontrado  ante  ellas  era  uu  adversario  poco 
numeroso,  aunque  bien  organizado  para  la  defensiva. 
Nuestro  éxito  nos  ha  costado  muy  pocas  pérdidas. 

V  ellos,  si  bien  dicen  que  han  sufrido  relativamente 
poco  por  nuestros  tiros  de  contrapreparación,  confie- 
san, sin  embargo,  que  á  partir  del  momento  en  que  lle- 
garon á  nuestra  primera  posición,  casi  desierta,  batida 
furiosamente  por  nuestro  tiroteo,  caían  segados  como 
haces  de  trigo.  Y  aún  fué  peor  cuando  entraron  en  la 
zona  batida  por  las  ametralladoras  de  los  reductos. 

Se  ha  sabido,  por  ejemplo,  que  varios  obuses  muy 
bien  apuntados  aniquilaron  á  la  una  de  la  tarde  á  dos 
pelotones  en  una  trinchera  y  delante  de  un  nido  de 
ametralladoras.  Suponiendo  un  efectivo  medio  de  cien 
hombres  por  compañía,  he  aquí,  pues,  una  que  ha  per- 
dido de  un  golpe  el  (>0  por  100  de  su  gente.  Otra,  del 
30.°  regimiento  bávaro,  cuyo  efectivo  constaba  el  13  de 
Julio  de  2  oficiales,  3  ayudantes,  10  suboficiales  y 


M.  U'  meucí  ni 


General  Oouraud 


LA    PATRULLA  QÜB   KJBCUTÓ   KL   GOLPR   DR   MANO   POR   Kl.   \'i  i     i  ON'itíMi'i 
BL  GB.NBBAL  GOURAUD  LA   HORA   KXACTA   DEL  ATAQUB   ALBMAN 


OCHO  DÍAS  ANTES  DK  LA   OFENSIVA 

í-¡3  hombres,  había  tenido,  hacia  el  18,  4  muertos, 

18  heridos,  7  enfermos  y  S3  desaparecidos,  lo  cual  se 

eleva  á  otra  suma  de  uu  b'O  por  100. 

Ya  he  expresado  varias  veces  mi  desconfianza  con 

respecto  á  las  generalizaciones  estadísticas,  y  me  guar- 
daré muy  bien  de  sacar  conclusio- 
nes de  estos  porcentajes. 

Las  pérdidas  enemigas  fueron 
particularmente  rudas  en  la  región 
de  Perthcs  y  al  Este  de  Auberive, 
donde  quedaron  destruidas  compa- 
ñías enteras.  ¡Oh,  sí!  Se  ha  matado 
mucho,  hasta  el  punto  de  que,  el 
día  1(>,  la  2."  división  de  caballería 
á  pie  de  la  Guardia,  reducida  á  me- 
nos de  la  mitad,  se  negaba  á  sacri- 
ficarse hasta  el  fin  y  salir  de  sus 
trincheras.  Para  arrastrarles  hubo 
necesidad  de  que  sus  oficiales  se 
colocasen  al  frente  de  ellos:  todos 
los  del  2.  de  cazadores  á  caballo 
resultaron  muertos  ó  heridos  en 
esta  acción. 

La  táctica  de  ataque  de  los  ale- 
manes había  sido  la  misma  á  que 
ya  se  nos  tiene  acostumbrados:  una 
preparación  de  artillería  corta,  pero 
brutal,  y  después  el  asalto.  Las  di- 


46 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


visiones  ocupaban  frentes  de  2.500  á  3.000  metros,  y 
cada  una  de  ellas  marchaba  escalonada  en  un  sentido 
de  profundidad  con  dos  regimientos  en  primera  línea 
y  uno  en  apoyo. 

Las  divisiones  en  sector  habían  sido  reemplazadas 
la  noche  anterior  ó  la  noche  misma  del  ataque  por 
divisiones  de  choque  completamen te.  descansadas.  Las 
así  relevadas  se  colocaban  en  posición  de  apoyo,  pres- 
tas á  proseguir  el  ataque  en  segunda  línea. 

Un  hecho  bastará  para  dar  una  idea  del  valor  y  de 
la  tenacidad  de  nuestros  soldados,  así  como  también 
de  la  obstinación  del  enemigo  y  de  la  violencia  de  su 
asalto:  en  uno  de  los  cuerpos  de  ejército  franceses 
que  combatían  en  nuestra  ala  izquierda,  tres  divisio- 
nes tuvieron  que 
resistir  la  aco- 
metida deseis  di- 
visiones adver- 
sarias, las  seis 
primeras  de  la 
enumeración  hc- 
C  ha  an  terior- 
mente.  Y  esas 
admirables  tro- 
pas se  batieron 
hasta  el  día  L8. 
Hubo  allí  un  ba- 
tallón que,  com- 
pletamente arro- 
llado, resistió 
tres  largas  ho- 
ras, y  por  fin  lo- 
gró salvarse.  Al 
cuarto  día  de 
combate,  el  regi- 
miento  á  que 
pertenecía  reci- 
bía encargo  de 

entretener  y  contener  al  enemigo,  impidiendo  que  pu- 
diese enviar  á  otro  punto  sus  reservas.  Y  no  solamen- 
te «distrajo»,  sino  que  progresó  en  algunos  puntos, 
cogiendo  como  trofeos  treinta  y  tres  ametralladoras. 

Así  se  comprende  que  en  boca  de  sus  jefes  siempre 
haya  la  misma  recomendación: 

«Sobre  todo,  insistid,  decid  hasta  qué  punto  son 
magníficos  y  cuáuto  hay  que  admirarles.» 

Entre  ellos  actuaba,  dentro  de  la  más  perfecta 
fraternidad  de  armas,  una  división  norteamericana, 
la  cual  tuvo  á  honor  el  rivalizar  con  ellos  en  valor  y 
en  grandeza.  Sus  hombres  se  lanzaron  al  fuego  como 
si  marchasen  á  un  partido  de  foot-ball,  con  las  man- 
gas de  la  camisa  remangadas  sobre  los  nerviosos  bí- 
ceps. En  una  trinchera  donde  operaron  de  acuerdo  con 
nuestros  cazadores,  se  contaron  en  un  campo  de  dos- 
cientos cincuenta  metros  más  de  sesenta  cadáveres. 
¡Ay!  Ya  no  dudarán  los  alemanes  de  la  presencia  de 
los  yanquis. 

Sus  fines;  los  resultados. — Ya  conocemos  la  os- 


en  UN   OBSERVATORIO   DE   CHAMPAÑA   DÍAS  ANTES   DE  LA  OFENSIVA   ALEMANA 


casa  ganancia  territorial  obtenida  por  el  enemigo.  No 
es  evidentemente  para  obtener  un  resultado  tan  escaso 
por  lo  que  había  .preparado  tan  formidable  esfuerzo, 
tanto  más  cuanto  que  hasta  el  propio  kaiser  se  había 
movilizado,  llegando  á  las  inmediaciones  de  la  línea 
de  fuego. 

Á  sus  soldados  se  les  había  dicho  que  aquél  era  un 
esfuerzo  supremo,  la  Friedensturm,  la  ofensiva  por  la 
paz.  Para  los  Estados  Mayores  era  una  Durchbruch- 
lacht,  una  batalla  de  ruptura.  Para  nosotros  ha  sido 
la  primera  fase  de  una  gran  batalla  que  prosigue,  y 
de  este  éxito  ya  acabamos  de  sacar  muy  buenas  con- 
secuencias. 

Bajo  el  punto  de  vista  del  ataque,  el  campo  de 

batalla  puede  di- 
vidirse clásica- 
mente en  tres 
sectores. 

En  el  ala  dere- 
cha enemiga,  los 
grupos  Linde- 
(juisty  Gontard, 
compuestoscada 
uno  de  tres  divi- 
siones en  prime- 
ra línea — divi- 
siones que  des- 
empeñaban gran 
papel  en  las  ofen- 
sivas de  ruptu- 
ra— ,  debían  ma- 
niobrar con  áni- 
mo de  torcer  al 
Sudoeste,  fran- 
quear el  Vesle, 
alcanzar  el  Mar- 
ne  y  envolver 
á  Epernay.  En 
combinación  con  la  maniobra  que  proseguía  al  Este  de 
Dormans,  esa  otra  debía  alcanzar  la  serie  de  montes 
que  defienden  á  Reims. 

Al  centro,  el  grupo  Lauger  (ó  Use  acaso),  com- 
prendiendo el  XII  cuerpo  (1.°  D.  I.  y  D.  C.  P.  G.)  y  el 
l.01'  cuerpo  bávaro  (1.°  y  2.°  división),  debía  atacar  rec- 
tamente de  Norte  á  Sur  sobre  Chálons. 

Finalmente,  las  divisiones  del  ala  izquierda,  88/ 
D.  I.,  7."  D.  I.  y  33."  D.  R.,  deben,  con  un  movimiento 
simétrico  al  del  ala  derecha,  oblicuar  hacia  el  Sudeste, 
en  dirección  de  Sainte-Menehould,  para  poder  cortar 
quizá  más  tarde  la  vía  férrea. 

El  objetivo  del  primer  día,  en  tanto  como  ha  sido 
posible  determinarlo,  según  los  documentos  recogi- 
dos, pasaba  al  Sur  de  Verzy,  de  Villers-Marmery,  de 
Livry-sur- Vesle,  de  Bouy,  de  Vadenay,  de  Cuperly,  la 
Cheppe,  Bussy-le-Cháteau,laCroix-en-Champagne,  de 
Somme-Bione,  de  Hans,  de  Dommartin. 

El  segundo  día  debían  haber  tomado  Reims,  Eper- 
nay y  Chálons.  Aquél  era  su  objetivo  principal.  En 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


47 


suma,  la  maniobra  de  su  izquierda  no  constituía  mas 
(jue  una  maniobra  de  apoyo. 

Y  todo  estaba  previsto,  admirablemente  previsto 
para  la  explotación  de  este  éxito;  pero  los  soldados 
del  4."  ejército  estropearon  todos  los  planes  alemanes. 
Hacia  el  16  de  Julio,  el  general  (íouraud  dirigía  á  los 
soldados  del  4.u  ejército  la  siguiente  orden  del  día: 

«En  la  jornada  del  15  de  Julio  habéis  roto  el  es- 
fuerzo de  quince  divisiones  alemanas  apoyadas  por 
diez  más. 

Según  las  órdenes  que  habían  recibido,  tenían  que 
haber  alcauzado  el  Marue 
al  anochecer;  vosotros  los 
habéis  detenido  netamen- 
te allí  donde  habéis  queri- 
do librar  y  ganar  la  ba- 
talla. 

Es  un  golpe  rudo  para 
el  enemigo.  Es  una  buena 
jornada  para  Francia. 

Espero  que  os  portaréis 
del  mismo  modo  cada  vez 
que  el  enemigo  se  atreva 
á  atacaros,  y  con  todo  mi 
corazón  de  soldado  os  doy 
las  gracias.» 

Esta  orden  es,  en  forma 
lapidaria,  todo  el  cuadro, 
toda  la  enseñanza  y  tam- 
bién toda  la  consagración 
de  la  victoria  obtenida  por 
las  heroicas  tropas  fran- 
cesas delante  de  Chalóos. 


VI 

Fracaso  de  la  estrategia 
alemana 


«El  15  de  Julio  de  1918 
constituirá  una  fecha  do- 

lorosa  para  los  alemanes  en  la  historia  de  su  estra- 
tegia— decía  el  notable  escritor  R.  de  Thomasson  co- 
mentando resumidamente  en  una  importante  revista 
parisién  los  últimos  esfuerzos  ofensivos  de  los  teu- 
tones— .  Fué,  en  efecto,  el  15  de  Julio  cuando  el  alto 
mando  alemán,  hinchado  de  orgullo  á  raíz  de  su  cam- 
paña de  primavera,  abandonó  métodos  que  le  ha- 
bían proporcionado  grandes  éxitos,  á  falta  de  la  ver- 
dadera victoria,  para  lanzarse  á  realizar  operaciones 
azarosas  que  le  han  valido  la  más  merecida  de  las 
derrotas. 

Ahora  que  el  retroceso  ya  es  casi  suficiente,  lan- 
cemos un  vistazo  de  conjunto  sobre  la  campaña  co- 
menzada el  21  de  Marzo.  La  batalla  de  Picardía  no 
procura  á  Ludendorff  el  resultado  que  él  ambicionaba, 
es  decir,  la  separación  de  los  ejércitos  franceses  y 
británicos  y  el  acoso  de  estos  últimos  hacia  el  mar. 


EL   GENERAL   GOURAUD   CONDECORANDO   A    UN   OFICIAL 


Pero  en  cambio  le  vale  la  desorganización  de  un  ejér- 
cito británico,  millares  de  prisioneros,  centenares  do 
cañones,  y  abre  en  el  frente  una  enorme  bolsa  de 
NO  kilómetros  de  anchura  por  50  do  profundidad.  In- 
mediatamente evoluciona  la  concepción  estratégica 
de  Ludendorff.  Puesto  que  una  vez  más  se  ha  probado 
en  esta  guerra  que  los  frentes  se  doblan  sin  romperse, 
se  dispone  por  tres  veces  diferentes  á  practicar  el  sis- 
tema de  las  bolsas.  Ha  creado  una  en  Flandes,  de  me- 
aos talla  que  la  anterior,  pero  amenazadora  para  los 
puertos  del  Paso  de  Calais  y  para  la  cuenca  hullera  de 

Bethune;  otra,  tan  vasta 
como  la  de  Picardía,  entre 
el  Aisnc  y  el  Mame,  ame- 
naza directa  para  la  re- 
gión parisién;  por  fin  Lu- 
dendorff ensaya  practicar 
una  cuarta  bolsa  entre 
Montdidier  y  Noyon,  para 
poner  en  un  saliente  peli- 
groso á  los  bosques  que 
protegen  á  París.  Esta  úl- 
tima operación  aborta, 
porque  es  la  única  en  que 
Ludendorff  no  ha  podido 
obtener  el  beneficio  de  la 
sorpresa.  Conviene  desde 
luego  distinguir  entre  los 
dos  géneros  de  sorpresa, 
muy  diferentes,  que  han 
surgido  en  las  tres  prime- 
ras ofensivas.  El  21  de 
Marzo,  los  británicos  no 
han  sido  sorprendidos  es- 
tratégicamente, toda  vez 
que  ellos  mismos  espera- 
ban perfectamente  un  ata- 
que en  la  región  de  San 
Quintín;  para  convencer- 
se de  ello  basta  con  releer 
la  colección  de  los  diarios 
ingleses  de  la  primera  quiucena  de  Marzo.  Pero  sin 
embargo  se  han  visto  sorprendidos  por  el  empleo  de 
una  táctica  elaborada  minuciosamente  durante  el  in- 
vierno y  en  la  que  las  tropas  alemanas  se  habían  ins- 
truido con  una  perfección  completamente  tudesca.  En 
cambio,  en  las  batallas  de  Flandes  y  del  Aisne  ha  ha- 
bido la  sorpresa  estratégica:  en  esos  dos  sectores  ni 
nosotros  ni  nuestros  aliados  estábamos  preparados 
para  recibir  el  choque. 

Si  bien  la  ofensiva  de  Picardía  no  ha  colmado  los 
deseos  de  Ludendorff,  la  del  Aisne  ha  sobrepasado  sus 
esperanzas.  Este  éxito,  mayor  de  lo  que  esperaba,  le 
hace  incurrir  en  imprudencias  y  errores.  Las  tres  pri- 
meras operaciones  se  limitaban  estrictamente  á  fren- 
tes de  80  kilómetros  como  máximum,  frentes  que  co- 
rrespondían á  la  fuerza  de  las  reservas  estratégicas 
alemanas  que  marchaban  al  ataque  codo  con  codo. 


VICENTE  BLASCO  I15AÑEZ 


Ludendorff  va  a  organizar  ahora  una  operación  de 
otro  carácter,  en  la  (¡ue  se  propondrá  simultáneamente 
abrir  otra  bolsa  entre  Reims  y  la  Argona,  bolsa  que 
llegue  hasta  el  Mame,  y  envolver  por  medio  de  un  ata- 
que lanzado  desde  el  A  ni  re  hasta  Cháteau-Thierry 
la  montaña  de  Reims  y  muy  probablemente  también 
un  macizo  selvático  enclavado  al  Sur  de  Epernay.  Aun 
cuando  se  haya  dicho  con  bastante  insistencia  que  el 
objetivo  de  Von  Bcehm  no  era  otro  que  Epernay,  per- 
sisto on  creer  que  quería  en  realidad,  después  de  haber 


AVIÓN    ALEMÁN    DBSPL0M AND0S1S    INCENDIADO    FRENTE 
Á    LA    BATERÍA    FRANCESA    QUE    ESTABA    OBSERVANDO 

[Dibujo  de  Georfes  Leroux,  de  L'Illustration  de  París] 

ocupado  sólidamente  la  meseta  situada  entre  Cháteau- 
Thierry  y  Montmirail,  rodear  por  el  Sur  los  bosques 
de  Epernay,  Enghuien,  Vassy  y  Charmoye,  para  ir  á 
juntarse  con  los  compañeros  llegados  hasta  Chálons, 
y  coger  en  un  inmenso  lazo  á  más  de  dos  ejércitos 
franceses.  No  ha  podido  lograrlo  por  la  insuficiencia 
del  terreno  ganado  al  Sur  del  Mame,  y  entonces  ha 
tenido  que  dejarse  caer  sobre  Epernay  y  adentrarse 
en  el  valle  del  Mame,  entre  dos  bosques  que,  tanto  el 
uno  como  el  otro,  escapaban  á  su  dominio:  maniobra 
demasiado  mal  concebida  para  no  ser  fruto  de  una  im- 
provisación. 

De  Cháteau-Thierry  á  Massiges  hay  á  vuelo  de  pá- 
jaro unos  cien  kilómetros.  Teniendo  en  cuenta  el  sa- 
liente de  Reims,  el  desarrollo  del  frente  entre  esos  dos 
puntos  alcanzaba  120  kilómetros.  La  masa  de  ataque 


de  que  disponía  Ludendorff  hocia  el  15  de  Julio  era 
aproximadamente  la  misma  que  el  '21  de  Marzo;  sobro 
esos  120  kilómetros  no  podía  pensar  en  atacar  efecti- 
vamente mas  que  á  sectores  que  midiesen  de  uno  á 
otro  extremo  sobre  70  ú  NO  kilómetros.  La  ofensiva  del 
15  de  Julio  va,  pues,  á  ser  discontinua,  y  por  lo  tanto, 
menos  potente  que  las  ofensivas  de  primavera.  Las  di- 
visiones que  combaten  codo  con  codo  se  prestan  un 
apoyo  mutuo.  Las  que  avanzan  facilitan  la  acción  de 
las  que  se  quedan  rezagadas  y  crean  salientes  suscep- 
tibles de  envolvimiento.  En  las  últimas  operaciones, 
por  el  contrario,  como  el  saliente  de  Reims  quedaba 
fuera  del  ataque,  los  progresos  realizados  al  Sudoeste 
de  Reims  por  el  ejército  Von  Btehin  debieron  quedar  y 
quedaron  realmente  sin  efecto  en  el  teatro  de  la  Cham- 
paña, donde  los  ejércitos  Von  Einem  y  Von  Mudra 
permanecieron  inmóviles.  Pero  en  el  mes  de  Julio,  Lu- 
dendorff, infatuado,  no  concedía  importancia  á  estos 
detalles.  Se  daba  como  seguro  que  allí  donde  los  ejér- 
citos alemanes  atacasen,  triunfarían.  El  proverbio 
«Quien  mucho  abarca  poco  aprieta»  no  se  aplicaba  á 
ellos.  ¿Acaso  los  críticos  militares,  inspirados  por  el 
Estado  Mayor,  no  repetían  á  todos  vientos  que  las 
tropas  eran  invencibles  y  sus  jefes  incomparables? 
Además,  todos  aseguraban  que  los  aliados  resultarían 
de  nuevo  víctimas  de  una  sorpresa. 

El  error  no  podía  ser  más  fatal  de  lo  que  era.  Lu- 
dendorff había  menospreciado  completamente  la  signi- 
ficación de  los  importantes  golpes  de  mano  que  había- 
mos ejecutado  entre  el  Aisne  y  el  Marnc,  así  como 
también  los  reconocimientos  discretos,  pero  suficien- 
tes para  informarnos,  que  veníamos  realizando  en 
Champaña.  Eran,  por  el  contrario,  los  alemanes  quie- 
nes iban  á  experimentar  una  sorpresa  táctica  en  el 
sentido  de  que  no  preveían  las  hábiles  disposiciones 
del  general  Gouraud,  no  dejando  sobre  los  famosos 
montes  de  Champaña  mas  que  una  simple  cortina  y 
sometiendo  á  un  diluvio  de  fuego  á  las  masas  alema- 
nas en  cuanto  quisieron  salir  de  esas  crestas.  Final- 
mente, hay  que  citar  la  última  prueba  de  la  suficien- 
cia alemana.  Mientras  Von  Bcehni  se  hunde  en  la 
bolsa  Soissons-Cháteau-Thierry-Reimsy  entabla  com- 
bate al  otro  lado  del  Marne,  su  flauco  derecho,  á  pesar 
de  hallarse  en  una  situación  sumamente  expuesta, 
está  mal  protegido  por  divisiones  demasiado  desparra- 
madas y  que  ni  siquiera  esperan  ser  atacadas,  toda 
vez  que  no  toman  las  precauciones  elementales. 

No  haré  aquí  la  historia  de  una  batalla,  que  será 
uno  de  los  mejores  timbres  de  gloria  de  los  generales 
Foch  y  Petain,  y  cuyas  consecuencias  pronto  se  de- 
jarán sentir  en  otras  regiones  del  frente.  Pero  quisiera 
hacer  resaltar  el  parentesco  que  las  dos  batallas  del 
Véneto  y  de  Champaña  revelan  entre  las  estrategias 
austríaca  y  alemana.  Cuando  Boroevic  tuvo  que  hacer 
atravesar  de  nuevo  el  Piave  á  sus  unidades  diezma- 
das, se  dijo  que  los  austríacos  habían  mostrado  tanta 
presunción  como  mala  suerte,  y  que  Ludendorff  hu- 
biera realizado  de  otro  modo  esa  empresa.  En  reali- 


HISTORIA  DE  LA  GLU:RR\  EUROPEA  DE  1914 


40 


dad,  Ludendorff  lia  conducido  su 
batalla  de  Champaña  de  una  mane- 
ra muy  parecida  á  como  condujo 
su  colega  austriaco  la  batalla  del 
Véneto.  De  las  inmediaciones  de 
Asiago  al  Adriático,  siguiendo  el 
frente,  habían  120  kilómetros,  igual 
que  de  Chátcau-Thierry  á  Massiges. 
Boroevic  quería  emplear  unas  45  di- 
visiones. El  18  de  Julio,  Ludendorff 
empleaba  de  4o  á  50.  Boroevic  tenía 
tres  ejércitos  de  ataque,  que  opera- 
ban eu  tres  sectores:  el  sector  mon- 
tañoso del  Breuta,  el  del  Montello 
y  el  que  se  extiende  de  Papadopoli 
á  San  Dona  di  l'iave.  Ludendorff 
también  tenía  tres  ejércitos  de  ata- 
que: Einein,  Mudra  y  Boebm,  los 
dos  primeros  mejor  soldados,  es 
verdad,  que  los  ejércitos  austría- 
cos, pero  el  tercero  aislado.  Los  dos 
grandes  jefes,  uno  y  otro,  estaban 
igualmente  persuadidos  de  su  in- 
falibilidad. Boroevic  prometía  á  sus  soldados  el  saqueo 
de  todo  el  Véneto,  y  Ludendorff  decía  que  esta  vez  era 
el  Friedensúurm,  el  asalto  por  la  paz,  y  por  consi- 
guiente, decisivo.  En  verdad,  si  hubiera  que  atribuir 
un  premio  á  uno  de  los  dos,  no  se  sabiía  á  cuál  elegir. 
Sin  embargo,  hay  uu  punto  del  que  Boroevic  ha  abu- 
sado más  que  el  otro.  Y  es  cuando  se  ha  imaginado 
que  bastaba  copiar  los  reglamentos  de  táctica  alema- 
nes y  enseñarlos  á  las  tropas  austro  húngaras  para 
que  fuesen  capaces  de  aplicar  esa  táctica,  que  exigía 
por  parte  de  los  jefes  una  habilidad,  y  por  parte  de 
los  soldados  un  esfuerzo  y  una  disciplina  á  que  los 


DE3BCAMIBNT0   DB   LAS    UALEUÍAS    INUNDADAS    EN    EL    FUENTE    DEL    MAK.NB 
Tomo  ix 


UNA   CASA    DE   EEIMS    UOMUARDBADA 

cuadros  y  los  contingentes  de  la  monarquía  dualista 
no  eran  capaces  de  llegar. 

Y  he  aquí,  según  parece,  lo  que  muestra  de  una 
manera  bastante  clara  el  fuerte  y  el  flaco  del  ejército 
alemán.  En  el  dominio  de  la  técnica  y  de  la  táctica, 
es  decir,  en  el  dominio  de  la  ciencia  militar,  los  ale- 
manes son  verdaderos  maestros.  Han  dotado  á  sus 
tropas  de  un  material  incomparable,  han  creado  para 
utilizar  las  propiedades  de  este  material  una  táctica, 
que  desde  luego  han  sabido  hacer  evolucionar  con  la 
mayor  habilidad,  aprovechando  enseñanzas  adquiri- 
das en  el  transcurso  de  esta  guerra  misma.  Hay  jefes 
subalternos — y  por  subalternos  en- 
tiendo todos  los  que  no  están  en  la 
dirección  suprema  del  ejército — que 
tienen  un  indiscutible  valor  y  que 
saben  aliar  la  iniciativa  á  la  disci- 
plina. Además,  tienen  soldados  só- 
lidos. Pero  en  el  dominio  de  la  con- 
cepción estratégica,  es  decir,  del 
arte  militar,  ya  no  tienen  tanta 
maestría.  La  gran  reputación  de  la 
pareja  Hindenburg-Ludendorff  se 
ha  hecho  en  Rusia.  No  negaré  pue- 
rilmente que  se  hayan  desarrollado 
en  ese  teatro  oriental  muy  buenas 
maniobras,  pero  hoy  ya  puede  de- 
cirse que  el  alto  mando  ruso  era 
muy  inferior  al  alemán.  Creo  que 
fué  Napoleón  quien  dijo:  «En  la 
guerra  no  se  trata  de  no  cometer 
falta  alguna,  pues  eso  sería  imposi- 
ble; lo  que  importa  es  cometer  me- 
nos faltas  que  el  adversario.»  De 
donde  se  deduce  que  en  cuestiones 

s 


50 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


de  guerra  las  combinaciones  son  tanto  más  geniales 
cuanto  que  el  adversario  es  más  incapaz  para  conce- 
birlas. En  el  frente  occidental,  donde  tienen  que  lu- 
char con  algo  más  sólido,  la  estrella  de  Ilindenburg  y 
Ludendorff  palidece.  En  lo  concerniente  á  la  estrate- 
gia de  batalla,  no  obtienen  resultados  superiores  á  los 
que  han  obtenido  Moltke  y  Falkenhayn.  La  batalla 
del  Tardenois  destruje  sus  planes,  al  igual  que  la  del 
Marne  había  paralizado  á  sus  predecesores.  Y  como 
los  efectivos  ya  escasean,  es  muy  dudoso  que  puedan 
acometer  empresas  análogas  á  las  que  se  emprendie- 
ron en  el  Yser  y  en  Ypres  á  fines  de  191  1. 

Si  de  la  estrategia  de  la  batalla  pasamos  á  la  di- 
rección general  de  la  guerra,  observaremos  que  des- 
de 1914  lo  que 
ha  debilitado  á 
los  alemanes  y 
lo  que  á  veces 
nos  ha  salvado 
de  los  mayores 
peligros  es  el  he- 
cho de  que  ellos 
nunca  han  sabi- 
do mantener  el 
fuego.  En  tiem- 
po de  paz  repe- 
tían que  todo  de- 
bía sacrificarse  á 
la  necesidad  de 
aplastar  cuanto 
antes  al  enemi- 
go principal,  es 
decir,  á  Francia. 
Esta  idea  heroica 
no  ha  resistido  á 
las  pruebas  do  la 
guerra. 

Aterrorizados 
al  principio  por  la  invasión  de  la  Prusia  oriental,  hi- 
cieron refluir  hacia  el  Este  unidades  cuya  presencia 
en  Occidente  acaso  hubiera  cambiado  el  curso  de  la 
batalla  de!  Marne.  Más  tarne,  á  raíz  de  los  grandes 
éxitos  obtenidos  en  el  frente  oriental,  quisieron  en  su 
locura  de  graudezas  tragarse  toda  la  enorme  Rusia. 
No  se  han  contentado  con  obtener  ese  draconiano  tra- 
tado de  Brest-Litovski.  En  el  año  1917.  Hindenburg  y 
Ludendorff  se  han  trazado  un  programa  insensato: 
continuar  pisoteando  á  Rumania,  á  I'krania,  á  las  pro- 
vincias bálticas,  é  incluso  á  Finlandia,  y  á  partir  de 
1918,  destruir  á  los  ejércitos  franco-británicos.  Des- 
orientados por  las  engañosas  afirmaciones  del  Almi- 
rantazgo alemán  sobre  la  eficacia  de  la  guerra  subma- 
rina, desconociendo  por  otra  parte  que  el  extraordina- 
rio temperamento  norteamericano  permitiría  á  los  Es- 
tados Unidos  crear  un  ejército  temible  con  singular 
rapidez,  han  creído  poder  vencer  á  la  coalición  occi- 
dental. «¡Se  imaginan— decía  Hindenburg  en  1917— 
que  no  los  venceremos  antes  de  que  lleguen  los  norte- 


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PUESTO  DE  SOCORRO  EN  EL  FRENTE  DEL  MOSA 


americanos!»  Pues  bien,  sí;  nos  lo  hemos  imaginado. 
Ahora  ya  todo  parece  demostrar  que  quien  ha  cal- 
culado mal  el  tiempo  y  el  espacio  ha  sido  Hinden- 
burg.» 

El  17  de  Julio  fué  una  jornada  en  que  los  franceses 
se  dedicaron  á  lanzar  contraataques  en  todos  los  pun- 
tos donde  los  alemanes  aún  no  se  daban  por  vencidos. 
Éstos  traían  incesantemente  tropas  de  refresco  y  pre- 
tendían avanzar  al  Norte  y  al  Sur  del  Marne,  al  Norte 
para  ganar  terreno  hacia  la  Montaña  de  Heims  y  al 
Sur  para  ampliar  su  defensa  de  Epernay. 

Las  tropas  franco-americanas,  maniobrando  en  un 
sentido  de  defensa  cada  vez  más  agresiva,  se  lanza- 
ban sobre  ellos  incansablemente,  realizando  grandes 

matanzas  y  rom- 
piendo todas  sus 
acometidas.  Tal 
era  la  caracterís- 
tica fiual  de  la 
quinta  batalla, 
la  última  quizá 
que  habían  de 
emprenderyalos 
teutones  por  pro- 
pia iniciativa... 
Ya  dijimos 
oportunamente 
que  el  frente  de 
combate  podía 
dividirse  en  tres 
zonas,  á  saber:  la 
defensa  de  puen- 
te del  Sur  del 
Marne;  la  línea 
defensiva  del 
Norte  del  mismo 
río  y  del  Oeste 
de  la  Montaña  de 
Reims  hasta  Ormes,  y  la  región  situada  al  Este  de 
Reims. 

Veamos  primero  lo  que  ocurría  en  la  defensa  de 
puente. 

Entre  Jaulgonne,  al  Oeste,  y  Mareuil-le-Port,  al 
Este,  el  curso  del  Marne  traza  á  manera  de  una  S  es- 
tirada. Remontando  el  río,  y  sin  dejar  de  seguir  la  ori- 
lla meridional,  se  encuentra  hacia  Méry  y  Chartéves 
la  salida  del  valle  de  Surmelin,  que  desciende  del 
Brie  y  que  sigue  desde  Conde  al  camino  de  hierro  de 
Montmirail;  seguidamente  vienen  una  serie  de  lomas 
que  dominan  al  Marne  desde  una  altura  más  ó  menos 
grande.  A  lo  largo  del  valle  se  desliza  el  gran  camino 
de  Metz;  un  poco  más  al  Norte  está  el  ferrocarril  de 
París  y  el  Marne.  Marchando  hacia  el  Este  se  pasa  por 
Courtemont,  Reuilly,  Courthióry,  Soilly,  Dormans, 
Troissy,  Marcuil-le-Port,  Port á-Bnsson,  Qiilly,  Mont- 
voisin,  Villesain,  Boursault  y  Epernay. 

En  la  mañana  del  17  batíase  el  cobre  en  la  región 
de  Qíilly-Montvoisin. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


51 


Si  pasamos  el  Marne  y  marchamos  nuevamente  á 
lo  largo  del  río,  siguiendo  la  orilla  Norte  vemos  á  lo 
lejos,  hacia  el  Nordeste,  dominando  todo  el  valle  con 
su  cresta,  la  Montaña  de  Reims,  en  cuyos  flancos 
occidentales,  hacia  Cuchery,  Marfoux  y  el  bosque  de 
Rodemat,  atacaban  los  alemanes. 

Durante  toda  la  jornada  del  17,  última  de  la  ofen- 
siva tudesca,  los  franceses  contraatacaron  enérgica- 
mente en  Montvoisiu,  Festigny,  Comblizy  y  Saint- 
Agnan. 

Pasemos  á  la  segunda  zona,  es  decir,  á  la  región 
extendida  al  Norte  del  Marne  y  al  Oeste  de  la  Monta- 
ña de  Reims.  Á  través  de  esa  región  caprichosa  y  sel- 
vática, la  línea  del  freute,  torciendo  desde  el  río  hacia 


Reuil,  se  eleva  por  Venteuil  hacia  el  vallo  del  Ardre. 
En  esta  zona  las  tropas  alemanas  habían  logrado  hacer 
algunos  progresos,  tales  como  atravesar  el  bosque  del 
Rey  y  penetrar  en  el  de  Courton. 

En  la  tercera  zona,  al  Este  de  Reims,  la  ofensiva 
había  resultado  un  enorme  fracaso,  fracaso  que  en  la 
noche  del  17  se  extendió  definitivamente  á  toda  la 
línea  de  combate. 

Así  se  frustró  la  ofensiva  alemana.  Hacia  el  l<s  de 
Julio,  las  tropas  franco-_yanquis  dieron  entre  el  Aisne 
y  el  Marne  una  gloriosa  respuesta,  que  ya  reseña- 
remos en  otro  lugar.  A  continuación,  justo  será  ocu- 
parnos del  gran  esfuerzo  que  venía  desarrollando  Nor- 
te América. 


KL  MINISTRO    DE    LA   01  ERRA    DK  LOS   ESTADOS   UNIDOS  MR.   BAKER,   EL   GENERAL  PERSHLVi   Y   OTROS  GENERALES   EXAMI- 
NANDO LOS   PROYECTOS  DE  LOS   INGENIEROS   NORTEAMERICANOS   PARA  EL  TRANSPORTE   DE   TROPAS 


El  esfuerzo  de  los  Estados  Unidos 


i 


Colaboración  franco-americana. — Primeros 
hechos  de  armas 

A  raíz  de  la  guerra,  y  según  ya  tuvimos  ocasión 
de  glosar  en  páginas  anteriores,  los  Estados 
Unidos,  impulsados  por  un  afecto  incompara- 
ble, ofrecieron  á  los  aliados  socorros  de  todas  clases; 
dieron  personal,  ropas,  dinero,  elementos  de  sanidad, 
etcétera.  Fundaron  hospitales  dirigidos  por  cirujanos 
eminentes,  y  en  Bélgica  y  en  el  Norte  de  Francia 
fueron  la  Providencia  de  los  pobladores;  sin  el  auxi- 
lio yanqui,  millares  de  estos  seres  habrían  muerto  de 
hambre. 

Después,  la  ayuda  de  Norte  América  tomó  un  ca- 
rácter más  eficaz,  decisivo  si  cabe,  con  su  entrada  en 
la  guerra  á  favor  de  la  coalición  occidental  y  con  el 
activísimo  envío  de  tropas  á  ese  frente  de  batalla. 
En  páginas  anteriores,  al  detallar  el  curso  de  la 


ofeusiva  lanzada  por  los  alemaues  en  el  frente  de 
Francia,  ya  se  ha  citado  frecuentemente  el  apoyo  siem- 
pre triunfal  de  los  soldados  de  la  gran  República.  La 
colaboración  de  las  tropas  franco-americanas  era  per- 
fecta, y  esa  colaboración,  además  de  señalar  una 
fecha  importante  en  la  historia  de  la  guerra,  consti- 
tuía el  fruto  de  una  intensa  acción  preparatoria  entre 
ambos  países. 

Ingleses  y  franceses,  todos  tenían  su  parte  en  esta 
obra  do  colaboración  interaliada  aplicada  á  los  dife- 
rentes aspectos  de  la  actividad  militar:  Estado  Mayor, 
iustrucción.  transportes,  etc. 

Los  yanquis  estaban  llamados  efectivamente  á  ba- 
tirse en  Francia,  en  medio  del  ejército  francés,  utili- 
zando como  bases  y  como  líneas  de  comunicación  el 
propio  territorio  y  los  ferrocarriles  franceses. 

Además,  Francia  podía  proporcionarles  la  mayor 
parte  de  su  material  de  guerra  durante  el  tiempo  in- 
dispensable para  montar  sus  manufacturas  y  para 
poner  en  acción  sus  inmensos  recursos. 

El  Estado  Mayor  francés,  por  su  pasado  de  estu- 


HlSTORiA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


53 


dios  y  de  trabajo  antes  y  durante  la  guerra,  podía 
indicarles  los  métodos  de  instrucción  y  de  combate 
más  adecuados  para  la  guerra  moderna  y  evitarles  los 
tanteos,  los  errores  y  esas  pérdidas  de  hombres  y  de 
dinero  que  constituyen  el  precio  de  la  experiencia. 

Así  se  hizo.  Preconizada  por  el  mariscal  Joffre  du- 
rante su  viaje  a  los  Estados  Unidos  en  1917.  viaje  del 
que  ya  nos  ocupamos  extensamente,  é  instituida  por 
el  miuistro  de  la  Guerra  yanqui  Mr.  Baker,  esa  cola- 
boración tuvo  su  origen  en  el  War  Colloge,  en  las 
conferencias  donde  se  es- 
tudió la  organización  que 
convenía  dar  al  primer 
cuerpo  expedicionario  y  al 
ejército  en  general.  Es  de 
elogiar  la  rapidez  con  que 
se  adoptó  una  organiza- 
ción que,  para  adaptarse 
á  la  guerra  moderna,  re- 
volvía todas  las  ideas  ad- 
mitidas en  los  centros  mi- 
litares norteamericanos. 

I  tid  War  College,  donde 
varios  oficiales  franceses 
trabajaban  junto  con  sus 
compañeros  norteameri- 
canos esforzándose  por 
transmitirles  los  resulta 
dos  de  una  experiencia  de 
tres  años,  la  colaboración 
extendióse  al  War  Depart- 
ment y  á  la  Ordnance,  y 
después,  poco  á  poco,  á 
todas  las  ramas  de  la  acti- 
vidad militar. 

Si  se  trataba,  por  ejem- 
plo, de  elegir  y  coustruir 
un  material  de  artillería, 
se  enviaban  seguidamen- 
te á  Washington  especia- 
listas franceses  de  dicha 


LOS  GENERALES  PERSHINU  Y  LIüOET 


do  de  ello  en  uno  de  los  capítulos  del  tomo  VII,  insta- 
lóse en  Washington,  pues  la  mayor  parte  de  los  asun- 
tos tenía  que  tratarlos  directamente  con  el  gobierno 
yanqui. 

Su  misión  era  doble,  pues  primeramente  había  que 
intensificaren  todo  lo  posible  la  ayuda  que  Francia 
necesitaba  recibir  para  su  Hacienda,  su  armamento,  su 
abasto  y  sus  transportes,  y  después  tenía  que  propor- 
cionar á  los  yanquis  las  experiencias  que  Francia  ha- 
bía ido  acumulando  durante  tres  años  de  combates. 

I  Ha  vez  acordadas  las 
bases  de  la  nueva  organi- 
zación militar,  era  en  la 
institución  del  ejército 
donde  la  colaboración  de 
ambos  países  debía  ejer- 
cerse con  mayor  utilidad. 
Numerosos  oficiales  y  sub- 
oliciales  franceses  mar- 
charon á  Norte  América 
en  calidad  de  instructores 
y  se  repartieron  general- 
mente en  grupos  de  á  cin- 
co en  los  campamentos  y 
en  las  escuelas  juntamen- 
te con  algunos  oficiales 
británicos. 

Entonces  comenzó  un 
trabajo  intenso  que  dio 
muy  buenos  frutos. 

Meses  después  de  la  lle- 
gada de  Tardieu  hacía  éste 
algunas  declaraciones  re- 
ferentes á  la  cooperación 
militar. 

«A  este  respecto  —  de- 
cía—no ignoráis  cuan  rá- 
pidas han  sido  las  decisio- 
nes y  la  ejecución. 

El  voto  y  la  aplicación 
del  servicio  militar  obliga- 


arma.  Algo  análogo  ocurría  con  respecto  á  los  cuerpos  torio  han  elevado  al  ejército  de  un  efectivo  de  '.¿00.000 

de  aviación,  de  ingeniería,  de  sanidad,  etc.  hombres  á  un  efectivo  realizado  de  más  de  un  millón, 

Su  acción  era  coordinada  y  dirigida  continuamen-  y  á  partir  de  ahora  se  están  tomando  medidas  para 

te  por  el  alto  comisario  francés  en  los  Estados  Unidos  que  esta  cifra  alcance,  á  ser  preciso,  tres  millones. 


M.  Tardieu,  de  suerte  que  cada  uno  de  esos  oficiales 
expresaba  siempre  la  opinión  ó  el  deseo  del  gobierno 
y  del  Estado  Mayor  francés,  con  exclusión  de  todo 
criterio  personal. 

Al  nombrar  un  alto  comisario  en  Washington,  Fran- 
cia se  proponía  utilizar  con  su  máximum  de  rendi- 
miento la  ayuda  económica  y  militar  de  Norte  Amé- 
rica. Era  un  trabajo  de  organización  y  de  cohesión 
que  debía  realizarse  con  métodos  nuevos,  rápidos  y 
exentos  de  toda  rutina  burocrática. 

Llegado  á  los  Estados  Unidos  á  mediados  de  Mayo 
de  1917,  André  Tardieu,  diputado,  periodista  y  ex  ca- 


Al  mismo  tiempo  se  hau  resuelto,  en  estrecho  con- 
tacto con  nosotros,  cuatro  problemas  de  capital  impor- 
tancia: la  organización,  la  instrucción,  el  material  y 
los  transportes. 

Mi  constante  preocupación  ha  sido,  en  este  período 
de  creación,  la  de  coordinar  rigurosamente  todos  los 
medios  informativos  que  podíamos  proporcionar  á  los 
norteamericanos. 

La  organización  y  la  instrucción  de  su  ejército  no 
podían,  á  mi  entender,  realizarse  en  los  Estados  Uni- 
dos mas  que  á  base  de  ellos  mismos.  Pero  nuestro 
deber  era  decirles  constantemente:  lie  aquí  los  erro- 


pitán  de  cazadores,  como  ya  sabemos  por  haber  habla-     res  en  que  hemos  caído  nosotros  mismos;  nos  han  eos- 


&4 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


tado  tiempo,  dinero  y  hombros.  Os  los  damos  á  cono- 
cer para  que  deduzcáis  consecuencias. 

Y  en  este  sentido  es  en  el  que  trabajan  los  cuatro- 
cientos oficiales  puestos  bajo  mis  órdenes,  y  que  se 
hallan  distribuidos,  con  arreglo  al  deseo  de  las  autori- 
dades yanquis,  en  los  diversos  campamentos  ó  ser- 
vicios. 

Con  igual  propósito  lian  marchado  á  Francia  grau 
número  de  oficiales  sin  tropas,  que  regresarán  luego 
;i  \orte  América  dispuestos  á  ser,  para  sus  camaradas 
y  para  sus  hombres,  instructores  formados  bajo  la  au- 
toridad clarividente  del  general  Pershing  en  la  escuela 
de  la  realidad. 

Respecto  al  material,  ya  sabéis  con  cuánta  deci- 
sión práctica  é 
inmediata  han 
trabajado  con 
nosotros  los  nor- 
teamericanos. 
Primeramente 
han  querido  rea- 
lizar entre  su 
ejército  y  el 
nuestro  la  uni- 
dad de  material 
y  demuniciones, 
y  luego  aprove- 
char el  beneficio 
ínmediatodeuna 
experiencia  de 
tres  años.  Han 
logrado  plena- 
mente su  propó- 
sito. 

De  ahí  ha  sali- 
do, después  de 
una  negociación  tropas  norteamericanas 

de  seis  semanas, 

la  adopción  de  uuestro  75,  de  nuestro  155  corto,  de 
nuestro  155  largo  á  gran  potencia,  de  nuestro  37,  de 
nuestro  (>5  y  de  nuestros  morteros  de  trinchera.  De 
ahí  también  la  adaptación  al  calibre  de  75  de  los  ma- 
teriales norteamericanos  de  campaña. 

Para  ganar  tiempo,  ya  se  nos  han  hecho  pedidos 
cuyo  importe  asciende  á  más  de  100  millones.  Nues- 
tras fábricas  estaban  preparadas  para  cumplir  el  com- 
promiso, y  ya  han  comenzado  las  entregas.  Simultá- 
neamente se  han  activado  las  fabricaciones  en  los 
Estados  Unidos,  y  gracias  á  este  doble  esfuerzo,  las 
previsiones  de  producción  responden  á  todas  las  nece- 
sidades. Demasiado  comprenderéis  el  motivo  que  me 
impide  dar  aquí  cifras. 

El  mismo  método  se  ha  adoptado  en  lo  tocante  á  la 
aviación,  y  aunque  sin  facilitar  precisiones  y  siempre 
por  la  misma  causa,  puedo  decir  con  toda  confianza 
que  se  han  tomado  las  medidas  necesarias  para  pro- 
porcionar el  año  próximo  al  ejército  norteamericano 
una  flota  aérea  de  primer  orden. 


El  plan  de  transporte,  concebido  primeramente  en 
Mayo  con  bases  muy  restringidas,  fué  objeto  más 
tarde  de  un  concienzudo  estudio  por  parte  del  War 
Department  y  del  Shipping  Board.  Hoy  se  halla  ulti- 
mado por  completo,  de  suerte  que  la  llegada  á  Fran- 
cia de  las  grandes  unidades  y  su  abastecimiento  no 
sufrirá  demora  alguna. 

Además,  se  han  tenido  en  cuenta  también  las  nece- 
sidades de  abastecimiento  y  de  armamento  de  los  alia- 
dos, y  especialmente  de  Francia.  Es  interesante  anotar 
que  el  concurso  de  100.000  toneladas  que  acaba  de 
dársenos  hace  tres  semanas  no  disminuirá  ni  en  una 
sola  tonelada  el  tonelaje  de  los  transportes  militares.» 
Por  otra  parte,  en  los  campamentos  de  Francia 

proseguía  y  se 
completaba  la 
instrucción  bajo 
las  órdenes  del 
general  Persh- 
ing, y  con  la  co- 
laboración, no 
ya  únicamente 
de  los  oficiales, 
sino  también  de 
lastropasfrance- 
sas;  es  decir,  que 
era  una  coopera- 
ción extendida  á 
todo  el  ejército. 
Las  primeras 
divisiones  des- 
embarcadas se 
unían  con  divi- 
siones francesas 
en  los  mismos 
campos  de  ins- 
trucción. 

Luego,  á  me- 
dida que  aumentaba  el  número  de  los  instructores  nor- 
teamericanos, iba  reduciéndose  el  cupo  de  las  unida- 
des francesas  que  se  daba  á  las  divisiones  siguientes. 
Finalmente,  las  unidades  instruidas  iban  al  frente 
con  un  grupo  de  oficiales  franceses  seleccionados. 

La  misma  colaboración  se  ejercía  en  las  numero- 
sas escuelas  de  artillería,  de  Estado  Mayor  y  de  espe- 
cialidades de  todas  clases  creadas  en  Francia. 

Por  otro  lado,  el  general  Pershing  pronto  dupli- 
caba la  actividad  de  la  instrucción,  haciendo  que  sus 
tropas  cooperasen  rápidamente  en  las  operaciones. 
Antes  de  formar  las  divisiones  yanquis,  y  cuando  aún 
se  hallaban  en  el  período  de  instrucción,  decidía  dar  á 
sus  tropas  la  experiencia  del  frente. 

De  regimiento  en  regimiento,  la  infantería  y  la 
artillería  norteamericana  fueron  á  combatir  entre  las 
divisiones  francesas.  En  contacto  con  los  veteranos 
franceses,  los  bisónos  de  Norte  América  se  instruyeron 
prontamente;  igual  ocurrió  á  sus  Estados  Mayores  en 
contacto  análogo  y  relacionado. 


ENTRANDO   EN   COMBATE 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


55 


Antes  de  entrar  en  el  detalle  de  los  primeros  he- 
chos de  armas  verificados  por  las  tropas  yanquis, 
veamos  un  interesante  artículo  donde  se  habla  de  los 
seguros  de  guerra  instituidos  para  las  fuerzas  navales 
y  terrestres  de  los  Estados  Unidos. 

«En  Norte  América  tienen  muchas  leyes  modelos, 
algunas  de  ellas  creadas  por  las  necesidades  de  la 
guerra,  y  sobre  todo  una  confeccionada  por  los  ofi- 
ciales de  marina  y  de  infantería  de  marina,  que  son 
ahora  los  que  cuidan  del  seguro  para  oficiales  y  tropas. 

Esta  ley,  conocida  por  la  de  seguro  de  marineros 
y  soldados,  comprende  muchas  novedades  que  contri- 
buyen en  mayor  ó  menor  grado  al  fin  que  se  propone 
el  gobierno,  de  cómo  aprecia  los  sacrificios  de  los  que 
luchan  con  los 
peligros  del 
mar  y  délos  que 
van  á  las  trin- 
cheras. 

El  gobierno  de 
los  Estados  Uni- 
dos ha  procura- 
do, al  dictar  las 
previsiones  de 
esta  ley,  que  sus 
soldados  y  mari- 
neros vayan  al 
combate  sin  te- 
mor á  las  conse- 
cuencias de  las 
heridas  ó  del 
cautiverio,  es  de- 
cir, sin  el  senti- 
miento que  an- 
gustia á  todo 
marido,  padre  ó 
hijo  con  respec- 
to á  aquellos  se- 
res queridos  que  deja  en  el  hogar,  que  viven  á  sus  ex- 
pensas, y  á  los  que  su  muerte  impondría  serias  pri- 
vaciones ó  quizá  quedasen  á  merced  de  la  caridad  pú- 
blica. Todo  hombre  perteneciente  á  las  tropas  yanquis 
de  mar  ó  de  tierra  puede  hacer  su  servicio  en  la  se- 
guridad de  que.  cualquiera  que  sea  el  peligro  á  que 
su  deber  le  expouga,  su  gobierno  ha  provisto  lo  nece- 
sario para  su  familia  y  ha  evitado  la  posibilidad  de 
que  pidan  limosna  ó  dependan  de  la  caridad  de  sus 
amigos  y  conciudadanos. 

La  ley  ordena  que  todo  individuo  en  servicio  tiene 
la  obligación  de  constituir  una  asignación  mensual 
de  parte  de  su  paga  á  favor  de  su  esposa  ó  hijos, 
cuyo  importe  no  deberá  exceder  de  la  mitad  de  la 
paga  y  no  ser  menor  de  15  dólares;  puede  asignar  á 
otra  persona  el  resto  hasta  la  mitad  de  su  paga. 

Si  el  hombre  no  tiene  ni  esposa  ni  hijos,  no  está 
obligado  á  dejar  asignación,  pero  el  ministro  de  Ma- 
rina puede  obligar  (al  personal  de  la  Armada)  que  tal 
hombre  deposite  en  manos  del  gobierno  parte  de  la 


LAS   PRIMERAS  TRINCHERAS  TOMADAS   POR   LOS  NORTEAMERICANOS 


media  paga  que  no  está  asignada,  cuyo  depósito  pro- 
ducirá un  interés  de  un  1  por  100. 

En  consideración  á  la  obligación  del  tributo  citado, 
el  gobierno,  por  su  parte,  se  obliga  á  dar  á  la  esposa  é 
hijo  ó  hijos  del  soldado  ó  marinero  que  hace  la  asig- 
nación un  donativo  que  se  llama  pensión  de  familia. 
Esta  pensión  no  excederá  en  ningún  caso  de  50  dóla- 
res por  mes,  incluyendo  las  sumas  recibidas  por  todos 
los  beneficiados,  y  será  un  mínimum  de  l~>  dólares 
al  mes  en  el  caso  de  un  hombre  que  tenga  esposa 
é  hijos. 

Se  garantiza  también  una  pensión  de  familia  á  los 
padres,  si  el  hijo  los  sostiene,  nietos,  hermano  ó  her- 
mana, en  el  caso  de  que  el  interesado  haga  una  asig- 
nación volunta- 
ria á  favor  de  uno 
ó  más  de  ellos. 
En  otros  térmi- 
nos, en  el  caso 
que  un  hombre 
haga  asignación 
á  favor  de  los 
miembros  de  su 
familia  que  de- 
pendan de  él,  el 
gobierno  contri- 
buye, al  menos, 
con  otro  tanto  de 
lo  que  aquel  asig- 
na, y  en  muchos 
casos  más,  se- 
gún el  número 
de  los  que  for- 
men la  familia 
que  del  mismo 
dependa. 

También  está 
prevista  cuando 
es  á  consecuencia  de  actos  de  servicio. 

En  caso  de  muerte,  la  viuda,  hijos  y  madre  viuda 
sostenida  por  el  difunto  reciben  pensión  mensual,  que 
en  la  viuda  ó  madre  viuda  siguen  hasta  su  muerte  ó 
nuevo  matrimonio,  y  en  los  hijos  hasta  que  llegan  á 
la  edad  de  diez  y  ocho  años  ó  se  casan;  ó  si  un  hijo  es 
imbécil  ó  permanentemente  impedido,  en  cuyo  caso  la 
pensión  continúa  mientras  dura  la  incapacidad. 

En  caso  de  inutilidad  como  consecuencia  de  heri- 
das en  campaña,  la  compensación  para  el  hombre  dura 
toda  su  vida.  La  compensación  es  igualmente  aplica- 
ble á  los  oficiales,  soldados  y  marineros,  mientras  que 
las  asignaciones  y  pensiones  de  familia  sólo  se  apli- 
can á  los  marineros  y  soldados. 

Hay  también  una  previsión  para  la  reeducación  y 
enseñanza  de  un  nuevo  oficio,  á  expensas  del  gobier- 
no, para  las  personas  que  queden  mutiladas,  defectuo- 
sas de  la  vista  ú  oído,  ú  otras  heridas  que  causen  in- 
utilidad permanente. 

Este  acuerdo  puede  caracterizarse  como  la  mani- 


56 


VICENTE  13LA5CO  IBANEZ 


festación  del  pensamiento  más  moderno  de  la  más  sa- 
bia previsión  para  los  que  adquieren  una  incapacidad 
importante  en  el  servicio  de  las  armas  por  su  patria. 
El  último  artículo  de  la  ley,  y  uno  de  sus  mejores 
rasgos  característicos,  es  una  previsión  para  el  seguro 
por  el  gobierno  de  todos  los  oficiales  y  tropas  en  su 
servicio  militar  en  cantidades  no  menores  de  1.000  dó- 
lares ni  mayores  de  10.000.  que  varían  de  500  en 
500  dólares. 


FHANCESBS  Y   NORTEAMERICANOS  EN   EL   CAMPO   DE   BATALLA 
A.  Ciclista  francés  dando  el  parte  á  dos  oficiales  de  Estado  Mayor,  uno  francés  y  otro 
norteamericano— B.  Patrulla  norteamericana  presenciando  el  desfile  de  dragones  france- 
ses. -C.  Un  soldado  norteamericano  auxilíenlo  á  un  herido  francés.-  0.  Un  alto  en  la 
marcha.— E.  Oficiales  y  soldados  de  ambos  ejercites. 

Dibujo  de  Lucien  Joñas,  de  L'Illustrattoii  de  París 


es  convertible  dentro  de  los  cinco  años  posteriores  á 
ella  en  otra  cualquiera  de  las  formas  de  pólizas  en  uso 
por  las  modernas  Compañías  de  Seguros,  dando  á  los  in- 
teresados cantidades  netas.  Es.  por  lo  tanto,  este  segu- 
ro mucho  más  beneficioso  que  el  efectuado  en  Compa- 
ñías particulares,  en  donde  las  condiciones  y  gastos  de 
administración  representa  una  buena  suma  que  pagan 
los  asegurados.» 


En  un  principio  Alemania  estaba  con- 
vencida de  que  Norte  América  nunca  en- 
traría en  la  lucha  á  favor  de  los  aliados,  y 
de  que  aceptaría  resignadamente  todos  los 
insultos  que  presenciaba  ó  que  se  le  in- 
ferían. 

Más  adelante,  cuando  los  Estados  Uni- 
dos entraron  en  guerra,  Alemania  alardeó 
de  que  sus  submarinos  impedirían  que  las 
tropas  yanquis  atravesasen  el  Atlántico. 
Ya  sabemos  que  esto  fué  un  alarde  vano. 
Pero  aun  así,  todavía  dijeron  los  alemanes 
que  el  peligro  no  existía  y  que  la  inter- 
vención yanqui  no  tendría  ninguna  im- 
portancia práctica.  Sin  embargo,  los  sol- 
dados alemanes  ya  conocían  el  esfuerzo 
de  sus  enemigos,  su  entusiasmo,  su  mag- 
nífico entrenaje.  Mas.  á  pesar  de  todo,  el 
alto  mando  tudesco  aún  procuraba  simu- 
lar tranquilidad.  En  el  momento  en  que 
una  división  norteamericana  reconquista- 
ba el  bosque  de  Belleau.  la  división  ale- 
mana lanzada  al  contraataque  recibía  esta 
consigna:  «En  el  momento  actual  impor- 
ta que  las  tropas  yanquis  que  se  estrenan 
en  la  batalla  no  puedan  obtener  un  éxito 
importante  sobre  los  alemanes.»  Nada. 
Los  yanquis  triunfaron. 

Para  comprender  perfectamente  el  valor 
militar  de  los  norteamericanos  precisa  es- 
cuchar la  opinión  de  uno  ú  otro  de  los 
generales  que  los  hau  tenido  á  sus  órde- 
nes, como  por  ejemplo,  el  general  Debency, 
que  fué  el  primero  que  los  empleó  en  la 
guerra  de   campaña,  ó  bien  el  general 


Con  el  objeto  de  que  toda  persona  en  servicio  pueda 
tener  ocasión  para  efectuar  tal  seguro,  quedar  asegu- 
rado y  poder  aprovechar  tal  oportunidad,  se  dispuso  que 
hasta  Febrero  de  1ÍMH  á  toda  persona  en  servicio  activo 
desde  el  comienzo  de  la  guerra  deberá  considerársele 
como  si  hubiera  sido  garantizado  un  seguro  pagadero 
á  tal  persona  durante  su  vida  en  mensualidades  de 
25  dólares.  Si  ha  fallecido  ó  fallece,  la  pensión  pasa  á 
su  viuda  durante  su  viudedad,  á  sus  hijos,  madre,  etc. 

Este  seguro,  que  debe  llamarse  seguro  de  guerra, 


Gouraud,  al  que,  según  ya  hemos  tenido 
ocasión  de  ver,  apoyaron  en  la  defensa  de 
Chálons. 

Sobre  la  acción  del  ejército  norteameri- 
cano en  la  batalla,  el  conocido  corresponsal  de  guerra 
Gustavo  Babin  hizo  un  resumen,  del  que  extractamos 
estas  notas: 

«Un  primer  contingente  yanqui  perteneciente  á 
la  42/  división,  llamada  la Rainboio División,  porque 
comprende  soldados  originarios  de  casi  todos  los  Es- 
tados de  la  Unión,  ya  ocupó  el  invierno  pasado  (1917) 
ciertas  trincheras  de  la  Lorena,  demostrando  allí  cua- 
lidades que  hacían  concebir  las  mejores  esperanzas. 
Pero  fué  bajo  las  órdenes  del  general  Debeney  cuando 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


57 


entraron  por  primera  vez  en  combate  los  norteameri- 
canos, los  cuales  se  distinguieron  especialmente  en 
Cantiguy,  frente  á  Montdidier.  Recuerdo  que  pocos 
días  después  de  romperse  la  ofensiva  alemana  fui  á 
visitar  á  esa  división.  Algunos  de  los  oficiales  nues- 
tros que  habían  visto  entrar  en  fuego  á  los  soldados 
de  la  bandera  estrellada  ya  decían:  «Son  demasiado 
bravos.  Precisa  contenerles.»  Y  asimismo  ya  estima- 
ban también  la  lucidez  intelectual  de  los  Estados  Ma- 
yores, su  espíritu  de  orden,  su  método,  su  sentido 
práctico  y  su  talento,  para  decirlo  todo  de  una  vez. 
Era  evidente  que  esos  hombres  se  adaptasen  con  pro- 
digiosa rapidez  á  las  condiciones  nuevas  de  la  lucha. 

El  15  de  Julio  encontramos  á  la  Ifainliow  Di  cisión 
(la  4*2.")  entre  el  ejército  Gouraud. 

Desde  principios  de  este  mes  sus  batallones  venían 
realizando  golpes  de  mano  que  habían  fortalecido  su 
excelente  estado  de  ánimo  y  cuyo  éxito  les  había  dado 
plena  confianza  en  su  valor.» 

Los  éxitos  yanquis  prosiguieron  con  intensidad 
creciente  á  raíz  de  la  contraofensiva  realizada  á  partir 
del  IX  de  Julio  por  los  franceses,  fecha  que  señala 
nuestro  alto  en  el  detalle  de  las  operaciones  militares 
del  frente  occidental.  Más  adelante,  y  paralelamente 
al  desarrollo  de  los  combates  de  este  frente,  ya  ten- 
dremos oportunidad  para  glosar  el  brillante  esfuerzo 
de  los  soldados  norteamericanos. 


II 


Francia  festeja  el  «Independence  Day».  —  Discursos 
de  Dubost,  Deschanel,  Sharp  y  Pichón 

El  4  de  Julio,  aniversario  de  la  Independencia  yan- 
qui, todos  los  aliados,  unidos  en  un  mismo  sentimiento 
de  solidaridad,  lo  festejaron  con  un  entusiasmo  digno 
de  la  causa  común. 

Con  motivo  de  esta  fiesta,  M.  Poincaré  dirigió  á 
.Mr.  Wilson  un  telegrama  declarando:  «París  ha  acla- 
mado el  desfile  de  los  valientes  soldados  norteamerica- 
nos, dando  vuestro  nombre  glorioso  á  una  de  las  más 
bellas  avenidas.»  Todos  los  departamentos  se  hicieron 
eco  de  la  manifestación  de  fraternidad  entre  los  dos 
pueblos,  uniéndose  en  el  recuerdo  de  la  antigua  lucha 
por  la  libertad  norteamericana  y  la  esperanza  de  que 
la  próxima  victoria  recompensaría  el  esfuerzo  de  los 
ejércitos  aliados,  asegurando  al  mundo  una  paz  justa 
y  fecunda,  apoyada  sobre  el  derecho  de  las  naciones  y 
fortalecida  por  la  aprobación  de  la  conciencia  humana. 

En  París  tuvo  la  fiesta  una  brillantez  especial. 

En  la  mañana  del  día  4  se  celebró  la  inauguración 
de  una  gran  avenida  dedicada  al  presidente  Wilson.  In- 
mensa multitud  presenciaba  el  espectáculo,  y  asistían 
al  acto  el  presidente  de  la  República  M.  Poincaré  y  va- 
rios miembros  del  gobierno  y  del  cuerpo  diplomático. 

Pronunciaron  discursos  el  presidente  del  Consejo 
municipal,  los  presidentes  del  Senado  y  del  Congreso, 

Tomo  jx 


el  ministro  de  Negocios  Extranjeros  M.  Pichón  y  ol 
embajador  de  los  Estados  Unidos  Mr.  Sharp.  Todos  los 
oradores  celebraron  la  intervención  de  Norte  América 
y  la  unión  de  los  aliados. 

Acto  seguido  tuvo  lugar  un  magnífico  desfile  do 
tropas  norteamericanas.  La  multitud  dedicó  á  los  sol- 
dados de  Norte  América  formidables  ovaciones  y  ví- 
tores. 

Las  tropas  yanquis  llegaron  á  las  once  á  la  plaza 
de  la  Concordia,  mientras  las  escuadrillas  aéreas  de 
los  aliados  efectuaban  maravillosos  vuelos  sobre  la 


Petain.  Sir  Douglas  Haig.  Foch.  Pershing'. 

LOS  COMANDANTKS  EN   JBFK   DE  LOS  EJÉRCITOS   FRANCESES, 
ltRlTÁNlC'03   Y   NORTEAMERICANOS 

plaza.  El  público,  al  darse  cuenta  de  la  presencia  de 
los  aeroplanos,  aclamó  á  los  aviadores. 

Veamos  ahora  los  importantes  discursos  que  se 
pronunciaron  con  ocasión  de  inaugurarse  la  avenida 
del  Presidente  Wilson. 

Discurso  de  M.  Dcbost,  presidente  del  Senado 

De  una  manera  unánime  y  llevada  de  la  más  pura 
espontaneidad  popular,  Francia  decidió  celebrar,  al 
igual  de  sus  propios  aniversarios,  la  fiesta  de  la  Inde- 
pendencia nacional  norteamericana.  Mejor  que  cual- 
quier ley  oficial,  los  corazones  han  decretado  esta 
manifestación  provisional.  Provisional,  porque  se  pre- 
paran otras  fechas  grandiosas,  otros  aniversarios  en 
que  serán  celebradas  la  más  vasta  independencia,  la 

7 


58 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


del  mundo;  la  más  formidable  y  la  más  justa  insu- 
rrección, la  insurrección  de  los  pueblos  liberados  de 
la  tiranía  de  otros  pueblos  de  presa. 

Por  no  sé  qué  suerte  de  fatalidad  ó  de  predestina- 
ción, ha  tocado  al  suelo  francés  el  honor  de  que  en  él 
desarrolle  esta  insurrección  su  cruenta  tragedia,  y  que 
esta  independencia  sea  conquistada  en  suelo  francés. 
Que  esta  poderosa  y  tal  vez  definitiva  coalición  de 
pueblos  libres  haya  puesto  su  corazón  en  el  corazón 
mismo  de  Francia,  es  otra  grandeza  histórica  de  que  la 
nación  que  hizo  á  la  vez  las  Cruzadas  y  la  Revolución, 
y  cuyos  más  ilustres  pensadores  han  instituido  la  re- 
ligión de  la  humanidad,  sabrá  hacerse  digna. 

Pero  que  el  gran  pueblo  norteamericano,  protegido 
por  el  Océano,  y 
libre,  al  parecer, 
de  construir  él 
mismo  su  socie- 
dad, haya  resuel- 
to lanzarse  en  lo 
más  recio  de  la 
sangrienta  y  se- 
cular pelea  de 
los  odios  euro- 
peos, es  una 
grandeza  nueva 
que  nos  pasma  y 
que  en  medio  del 
resplandor  ful- 
gurante de  su  re- 
velación nos  des- 
cubra la  elevada 
gloria  que  nues- 
tros destinosvan 
á  alcanzar,  una 
orden  que  tiene 
algo  de  superior 
y  de  nuoY o:  Jl/aff - 
ñus  nascitur 

ordo.  Los  grandes  acontecimientos  en  elaboración  no 
podrían,  en  efecto,  realizarse  sin  vosotros,  norteameri- 
canos. Y  aún  me  atrevería  á  deciros,  desde  hoy  nues- 
tros hermanos,  que  á  vosotros  mismos  os  habría  fallado 
esta  prueba,  pues  ni  el  feliz  equilibrio  de  vuestras  ins- 
tituciones, ni  el  fasto  mismo  de  vuestra  propia  inde- 
pendencia, ni  vuestra  inmensa  prosperidad,  habrían 
bastado  á  daros  el  último  lazo  con  que  se  han  unido 
siempre  y  consumado  las  patrias:  el  del  dolor. 

Eso  es  lo  que  ciento  veinte  años  después  del  inmor- 
tal Washington  ha  venido  á  comprender  el  inmortal 
Wilson.  En  el  surco  incompleto  de  tantas  razas  de 
que  se  forma  vuestra  nación,  él  ha  arrojado  el  germen 
supremo  del  sacrificio.  Sí,  mediante  la  muerte  heroica 
de  su  juventud  en  esta  Champaña  y  en  estos  Vosgos, 
es  donde  desde  hace  siglos,  con  tantos  otros  muertos  y 
con  tantos  más  heroísmos,  Francia  hace  y  rehace  su 
alma  dolorosa;  sí,  allí  es  donde  los  Estados  Fluidos 
van  á  surgir  á  su  vez  á  la  vida. 


■ 

\&^<™r&" *&*~^m 

I.VA    ESCUADRILLA    DE   AVIACIÓN   NORTEAMERICANA    VOLANDO   EN   PRESENCIA 
DEL  MINISTRO   DE   LA   GUERRA   DE  LOS   ESTADOS   UNIDOS 


Discurso  de  M.  Deschanel,  presidente 
del  Congreso 

Hoy,  1  de  Julio,  tan  próximo  á  nuestro  1  1  de  Julio 
y  á  nuestro  4  de  Agosto,  los  Estados  Fnidos  y  Francia 
forman  un  solo  espíritu  y  un  solo  corazón,  ofreciendo 
á  la  noble  familia  de  los  aliados,  unida  por  el  mismo 
ideal,  su  amistad  fraternal  y  su  inflexible  resolución 
por  la  causa  suprema. 

Roma  creó  el  Derecho;  Inglaterra,  la  libertad  civil 
y  la  libertad  política;  los  Estados  Unidos  han  creado 
la  democracia  moderna;  nosotros  hicimos  la  Revolu- 
ción de  1789;  y  todos  estos  hechos  inmensos  han  ve- 
nido á  redundar  en  el  acontecimiento  más  grande  de 

todos  los  tiem- 
pos, de  modo  que 
juntos  hacemos 
hoy  lo  que  muy 
bien  pudiéramos 
calificar  de  Re- 
volución hu- 
mana. 

La  gloria  in- 
mortal del  presi- 
dente Wilson,  la 
gloria  de  ese 
hombre  que  en 
un  principio  es- 
taba resuelto  á 
permanecer  en 
paz,  que  había 
soñado  para  su 
país  un  papel 
de  mediador  en- 
tre los  belige- 
rantes, y  que  no 
aceptó  la  guerra 
sino  en  último 
extremo,  cuan- 
do se  demostró  á  todo  norteamericano  que  el  gobierno 
alemán  agraviaba,  por  el  hecho  de  la  guerra  submari- 
na y  por  las  intrigas,  los  principios  esenciales  de  la 
República,  la  doble  gloria  del  presidente  Wilson  con- 
siste en  haber  proclamado  para  todas  las  naciones  el 
máximum  de  libertad,  de  lealtad  y  de  justicia  que  los 
fundadores  de  la  República  proclamaron  para  la  Unión 
Americana,  y  al  mismo  tiempo  consiste  también  en 
haber  puesto  al  servicio  de  estas  ideas  la  fuerza  del 
Nuevo  Mundo. 

Pensamiento  y  acción,  ¿no  son  esos  los  componen- 
tes de  la  vida?  En  la  Acrópolis,  el  templo,  divina  ma- 
ravilla, sirve  de  corona  á  la  roca  abrupta,  rudo  medio 
de  defensa  y  de  lucha;  ambos  se  protegen  mutuamen- 
te: única  belleza  de  la  montaña  santa,  armonioso  sím- 
bolo de  la  razón  armada. 

¿Y  no  se  revela  allí  todo  lo  que  el  hombre  tiene  de 
tal?  La  Naturaleza,  á  través  de  su  esplendor,  es  un 
abismo  de  iniquidad.  El  día  sonríe  á  los  crímenes  más 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


59 


grandes.  La  ley  de  la  Naturaleza  es  la  exterminación 
recíproca.  V  esa  era  también  la  ley  de  la  humanidad 
primitiva.  Lentamente,  en  el  hombre,  se  ha  ido  for- 
mando la  conciencia,  y  de  la  conciencia  nació  poco  á 
poco  la  Justicia.  Ayer,  reglas  de  Derecho  entre  los 
hombres;  mañana,  reglas  de  Derecho  éntrelos  pueblos. 

He  ahí  lo  que  quiere,  lie  ahí  lo  que  proclama,  en 
nombre  de  su  uación,  el  presidente  Wilsou;  eso  es  lo 
que  desean  los  estadistas  de  la  libre  Inglaterra;  eso 
es  lo  que  nosotros  deseamos  con  ellos:  hacer  que  pre- 
valezcan los  principios  de  moral  y  de  derecho  público 
que  forman  la  conciencia  de  las  sociedades  adultas. 
¡Ah,  señores!  Si  la  idea  adversa  triunfase,  aun  cuando 
sólo  fuese  durante  una  hora,  la  idea  de  supremacía, 
de  hegemonía, 
tal  como  Prusia 
la  ha  impuesto 
sucesivamente 
eu  Silesia,  en 
Polonia,  en  Di- 
namarca, en  Al- 
sacia-Lorena,  en 
Bélgica,  y  ac- 
tualmente en 
Rusia, enFiulan- 
dia,  Ukrauia  y 
Rumania,  si  ta- 
les actos  consti- 
tuyesen el  pro- 
ceder habitual 
del  mundo  y  de- 
bieran proponer- 
se como  ejemplo 
á  la  admiración 
de  los  pueblos, 
juguetes  eternos 
de  la  violencia  y 
de  la  intriga,  se- 
ría tal  el  derrumbamiento  de  la  Justicia,  tal  el  desas- 
tre de  la  Razón,  que  el  hombre  habría  de  dejar  de 
mirar  al  cielo  y  bajar  la  cara  para  besar  la  tierra,  como 
animal  perdido  en  la  obscuridad  del  instinto. 

¡No!  Ninguna  palabra  ultrajante  saldrá  de  mis  la- 
bios consagrada  á  los  jóvenes  que  en  el  campo  opuesto 
mueren  por  su  patria,  por  su  deber,  por  su  ideal. 

Pero  ¿qué  ideal"? 

El  emperador  acaba  de  decírnoslo  una  vez  más.  Lo 
había  dicho  desde  hacía  mucho  tiempo:  por  ejemplo, 
en  Aix-la-Chapelle  en  Íd0'2;  en  Múnster  en  1907.  Es  la 
doctrina  nacional,  enseñada  en  todas  las  escuelas,  en 
todas  las  universidades,  en  todos  los  cuarteles:  la  su- 
perioridad de  la  raza  germánica  y  su  dominación  sobre 
las  demás  razas.  Alemania  vive  de  preceptos  que  han 
hecho  su  grandeza  y  su  poderío:  el  bien  es  la  fuerza; 
el  mal  es  la  flaqueza.  Auu  los  alemanes  considerados 
como  más  francótilos,  jamás  pensaron  de  otro  modo. 

Nuestros  aliados  y  nosotros  ludíamos  por  un  ideal. 
Queremos  que  todas  las  naciones,  tanto  las  pequeñas 


.MU.    BAKKR   EXAMINANDO   EL   .MECANISMO    DK    UN    Al'AllATO 


como  las  grandes,  puedan  vivir  con  seguridad,  en  paz 
y  con  honor.  El  presidente  Wil.son  las  llama  á  todas, 
incluso  á  Alemania  al  banquete  de  la  vida.  Pero 
mientras  Alemania,  quiera  usufructuar  el  puesto  de 
los  demás,  éstos  están  obligados  á  defenderse  contra 
ella.  De  Alemania  depende  entrar  en  la  Sociedad  de 
Naciones  y  respetar  sus  derechos,  ó  verlas  alinearse 
contra  ella  en  legítima  defensa. 

Y  nosotros  los  franceses,  que  hemos  sufrido  en 
ciento  veinte  años  cinco  invasiones,  y  que  entre  una 
y  otra  guerra  hemos  experimentado  constantes  in- 
quietudes— 1875,  L887,  1905,  1908,  1914—,  ¿seremos 
demasiado  ambiciosos  si  pedimos,  no  para  tranquilidad 
nuestra  solamente,  sino  para  tranquilidad  de  Europa  y 

del  resto  del 
mundo,  que  esta 
constante  ame- 
naza sea  apar- 
tada de  nuestra 
capital,  y  que  la 
sombra  de  las 
águilas  teutonas 
cese  de  obscu- 
recer nuestro 
cielo? 

Cuando  los 
alemanes,  para 
tratar  de  justiii- 
car  sus  agresio- 
nes repetidas, 
evocan  el  re- 
cuerdo de  Jena, 
pareceu  olvidar 
que  antes  y  des- 
pués de  esa  fe- 
cha ellos  han  re- 
cabado muchas 
veces  el  apoyo 
de  Francia.  ¿Seremos  demasiado  ambiciosos  si  de- 
seamos para  Rusia  un  gobierno  reparador,  vengador 
de  tratados  vergonzantes,  que  Alemania,  por  lo  de- 
más, no  tardó  en  violar? 

Nuestro  gran  París — tan  tranquilo,  donde  la  me- 
tralla rompe  las  piedras,  que  no  las  almas,  y  al  que 
no  puede  reprochársele  mas  que  un  exceso  de  temeri- 
dad sonriente — ,  París  aclama  esta  espléndida  juven- 
tud norteamericana,  á  la  cual  la  Oran  Bretaña  y  Fran- 
cia, frustrando  la  campaña  submarina,  han  abierto  el 
Océano;  á  esa  juventud  cuya  fe  arde  por  combatir,  y 
que  el  enemigo  comienza  ya  á  apreciar.  «Oh  Washing- 
ton, tu  gran  espíritu  conduce  á  nuestros  ejércitos,  re- 
unidos de  nuevo,  hacia  el  honor;  y  tu  pura  espada, 
siempre  inclinada  ante  la  Ley,  les  muestra  la  victoria! 

DlSCUKSO    DE    Mu.    ShABP,    EMBAJADOR    1  B    LOS 
Estados  UNIDOS 

Como  al  conjuro  de  alguna  varita  mágica  que  co- 
Iocara  el  sello  de  la  aprobacióu  divina  sobre  el  tesoro 


60 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


más  querido  de  los  humanos— la  Libertad—,  los  cora- 
zones del  mundo  civilizado  parecen  haberse  estrechado 
hoy  en  extraño  lazo.  Ni  la  fuerza  de  las  tradiciones  ni 
las  distancias  del  espacio  pueden  romper  el  encanto. 
En  pie  para  celebrar  aquí  esta  ceremonia  destina- 
da á  consagrar  el  sentido  homenaje  que  el  gran  pue- 
blo de  una  gran  República  desea  testimoniar  al  presi- 
dente de  una  República  hermana,  mis  pensamientos 
se  dirigen  involuntariamente  hacia  las  riberas  lejanas 
de  mi  país.  Veo  allá  en  su  capital,  lo  mismo  que  estoy 


nuevo  el  espíritu  nacional  de  Norte  América  por  la 
causa  de  la  Libertad? 

Allá,  lo  mismo  que  aquí,  en  presencia  del  distin- 
guido presidente  de  la  República  francesa,  del  presi- 
dente del  Consejo  y  de  sus  colegas  del  gobierno — ho- 
nor que  les  agradezco  en  nombre  del  mío — .  afluirán 
los  ciudadanos  á  reunirse  para  conmemorar  con  reve- 
rencia este  día,  que  sin  la  espada  de  Washington  no 
habría  sido  posible. 

Las  palabras  inspiradas  y  patrióticas  que  serán 


viendo  aquí,  enlazados  los  pabellones  de  Francia  y  de  pronunciadas  allá  por  nuestro  distinguido  jefe  de  Es- 
Ios  Estados  Unidos,  todos  los  símbolos  de  ese  afecto  tado  expresando  sus  sentimientos  y  las  convicciones 
que,  desde  tiempo  casi  inmemorial,  une  á  sus  pueblos  de  cien  millones  de  compatriotas  suyos,  vibrarán  al 
con  lazos  indisolubles.  mismo  diapasón  que  las  que  acabamos  de  oir  brotar 

de  los  labios  de  hombres  distingui- 
dos de  Francia.  De  común  acuerdo 
se  elevarán  en  exhortación,  á  fin  de 
dar  una  adhesión  inquebrantable  á 
los  principios  inmortales  de  la  cau- 
sa por  la  cual  los  hijos  de  dos  na- 
ciones han  derramado  su  sangre. 
En  una  ciudad  que,  al  cambiar 
nombre  á  sus  calles,  avenidas  y 
parques,  ha  sabido  incluir  á  los  de 
los  hombres  más  eminentes  de 
Francia  en  las  artes,  en  las  letras  y 
en  la  política,  antes  que  recurrir  á 
la  prosaica  designación  de  las  ci- 
fras, el  nombre  dado  á  esta  arteria, 
tan  conocida  por  su  proximidad  á 
monumentos  célebres,  constituye 
un  insigne  honor  para  el  presiden- 
te W'ilson.  Ese  rasgo  simpático  de 
parte  de  la  ciudad  de  París  será  vi- 
vamente apreciado  de  un  extremo 
á  otro  de  los  Estados  Unidos. 

Los  sentimientos  conmovedores 
que  han  sugerido  esta  demostración 
única  de  una  perfecta  alianza  in- 
ternacional son,  en  este  momento, 
de  la  más  alta  significación.  Hacen  prever  esta  unión 
de  fuerzas  materiales  que  han  de  asegurar  la  victoria 
de  la  causa  de  la  Libertad  y  de  sus  gobiernos  libres. 
Más  todavía,  anuncian  la  fe  en  un  acuerdo  completo  y 
mutuo,  en  una  armonía  de  aspiraciones  recíprocas 
esenciales  para  la  perpetuación  de  estos  bienestares. 
En  efecto,  la  presencia  tan  sólo,  en  número  cada 
vez  más  creciente,  sobre  suelo  francés,  de  soldados 
norteamericanos,  tres  veces  ya  superiores  á  todas  las 
fuerzas  yanquis  que  tomaron  parte  en  nuestra  guerra 
de  Independencia,  simboliza  su  unión. 

Hace  hoy  un  año  que  muchos  de  mis  compatrio- 
tas, con  el  corazón  lleno  de  orgullo,  asistieron  al  des- 
file del  primer  contingente  de  tropas  norteamericanas 
por  las  calles  de  París,  á  las  órdenes  de  nuestro  gene- 
ral Pershing.  El  espectáculo  estaba  animado  por  el  es- 
píritu de  las  Cruzadas.  En  verdad,  la  necesidad  de  este 
espíritu  se  hacía  sentir.  Durante  tres  años  intensos, 


PARlS.    FIESTA    DE   LA    1NDEPKNDBNCIA   DE    LOS    ESTADOS    UNIDOS.    LAS   TROPAS 

NORTEAMERICANAS  DESFILANDO   POR  LA   PLAZA   DE  LA   CONCORDIA  ANTE  LAS 

ESTATUAS    DE    ESTRASBURGO    Y    LILLE 


Así  como  aquí,  en  las  avenidas  y  las  plazas  públi- 
cas, hay  monumentos  de  actitudes  heroicas  que  repre- 
sentan á  aquellos  revolucionarios  de  Norte  América 
que  fueron  los  primeros  en  dar  al  llamamiento  de  la 
Libertad  toda  su  fuerza,  allá  vemos  los  monumentos 
de  hombres  cuya  memoria  es  sagrada  para  Francia  y 
para  casi  todo  el  resto  del  mundo. 

Si  por  una  parte  vosotros  habéis  dotado  esta  bella 
avenida  del  bronce  y  del  mármol  de  nuestro  Wash- 
ington y  de  nuestro  Franklin,  nosotros  tenemos  allá  á 
vuestro  La  Fayette  y  á  vuestro  Rochambeau.  En  ver- 
dad, la  elección  misma  de  esta  plaza  que  rodea  la  be- 
lla estatua  ecuestre  de  Washington  basta  á  evocar  las 
ceremonias  similares  que  se  desarrollan  hoy  en  nues- 
tra tierra,  según  nos  lo  anuncian  los  cablegramas  de 
Norte  América.  ¿Qué  lugar  podría  mejor  que  el  altar  de 
la  tumba  de  Washington,  dominando  las  riberas  exu- 
berantes del  Potomac,  inspirarnos,  consagrando  de 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


61 


había  habido — y  existe  todavía — el  peligro  de  domi- 
nación de  uu  militarismo  ambicioso  y  sin  escrúpulos, 
que,  más  que  nunca  cu  la  Historia,  amenaza  hoy  des- 
truir la  paz  y  el  desenvolvimiento  progresivo  del  mun- 
do. No  había  entonces  mas  que  algunos  millares  de 
soldados  norteamericanos  en  territorio  francés;  en 
cambio,  actualmente  pasan  de  un  millón;  y  todavía 
llegarán  más  millones. 

Para  terminar,  ¿qué  más  grande  elogio  pudiera  yo 
hacer  de  estos  valientes  soldados,  hijos  de  mis  com- 
patriotas de  allende  los  mares,  que  van  á  desfilar 
frente  á  nosotros,  que  recordar  que  asocian  su  suerte 
á  la  causa  de  la  Libertad,  al  lado  de  sus  nobles  her- 
manos de  Francia?  Y  por  otra  parte,  ¿qué  más  alto 
elogio  pudiera  yo  hacer  de  vuestros 
soldados  de  Francia  que  decir  que, 
por  su  heroísmo  y  su  abnegación 
ante  el  deber,  han  salvado  á  un 
tiempo  á  su  patria  querida  y  á  la 
causa  misma  de  la  humanidad, 
tinlo  ello  á  costa  de  los  mayores  sa- 
crificios que  conoce  la  Historia? 

Discurso  de  M.  Pichón,  ministro 
de  Estado 

La  moción  votada  por  el  Parla- 
mento el  28  de  Junio  ha  hecho  algo 
más  que  invitar  al  público  francés 
á  celebrar  la  fiesta  nacional  de  los 
Estados  Unidos:  ha  querido  que  esta 
fiesta  atestigüe  ante  el  mundo  la 
unión  indisoluble  de  los  pueblos 
aliados  que  se  han  levantado  en  ar- 
mas para  defender  la  libertad,  el 
honor  y  el  derecho,  agredidos  por  el 
militarismo  prusiano. 

Así,  que  esta  fiesta  no  es  única- 
mente una  fiesta  nacional  norte- 
americana convertida  en  fiesta  nacional  francesa,  que 
nos  reúne  en  esta  ceremonia,  sino  una  fiesta  aliada,  de 
la  cual  podemos  decir  que  es  una  fiesta  de  la  humani- 
dad. Porque  la  causa  que  los  aliados  defienden  es  (el 
mismo  emperador  alemán  lo  ha  confesado)  la  de  todos 
los  pueblos  que  esperan  escapar  del  reino  de  la  con- 
cepción germánica  del  mundo,  para  seguir  siendo  pue- 
blos independientes  y  libres,  que  viven  y  se  desarro- 
llan conforme  á  su  voluntad,  en  un  ambiente  de  ius- 
ticia  y  de  paz. 

Nadie  ha  caracterizado  mejor  que  el  presidente 
Wilson,  en  su  elevado  Mensaje  del  mes  de  Abril  pró- 
ximo pasado,  este  conflicto  entre  dos  principios,  uno 
de  los  cuales  es  un  principio  de  vida  y  el  otro  un  prin- 
cipio de  muerte;  ni  nadie  que  haya  demostrado  con 
mayor  autoridad  que  entre  el  uno  y  el  otro  no  existe 
conciliación  posible,  pues  la  fuerza  se  ha  convertido, 
á  causa  del  orgullo  y  de  la  obcecación  de  Alemania, 
en  el  único  medio  de  salvación  para  el  Derecho  y  la 
Libertad. 


En  esta  formidable  lucha,  provocada  por  los  Hohcn- 
zollern  y  los  Hapsburgo  hace  cerca  de  cuatro  años,  é 
iniciada  por  dos  de  los  crímenes  más  abominables  de 
la  Historia — el  atentado  contra  Servia  y  la  violación 
de  la  neutralidad  belga — ,  la  Gran  Bretaña  tomó  desde 
el  primer  día  la  decisión  de  pelear  á  nuestro  lado.  Al 
año  siguiente  vino  Italia;  dos  años  más  tarde,  los  Es- 
tados Unidos  de  Norte  América.  No  queda  ya  en  las 
cinco  partes  del  mundo  mas  que  un  reducido  número 
de  Fstados  que  hayan  creído  poder  inhibirse  de  la  Liga 
de  Naciones  formada  para  cerrar  el  paso  á  los  apetitos 
de  bárbara  dominación,  cuyas  consecuencias  bastan  á 
demostrarlos  tratados  de  Brest-Litovski  y  deBucarest. 

El  concurso  de  los  Estados  l" nidos,  bajo  el  impulso 


LA   .MULTITUD  EN    LA  PLAZA   DB   I.A  CONCORDIA   DSSPUliS  DEL   DESFILE 


y  dirección  del  hombre  ilustre  que  los  gobierna,  tiene 
esta  significación  particular:  que  poniéndose  del  lado 
de  los  aliados  en  la  hora  en  que  éstos  perdían  el  apoyo 
de  Rusia,  les  aportaron  la  certeza  de  la  victoria,  sobre 
la  cual  el  enemigo  no  puede  ya  hacerse  ilusiones. 

Ese  es  el  concurso  de  un  pueblo  de  más  de  cien 
millones  de  almas,  que  dispone  de  recursos  infinitos, 
que  representa  desde  el  punto  de  vista  moral  y  ma- 
terial una  potencia  incomparable,  dotada  de  una  fir- 
meza que  nada  podría  derribar,  que  lleva  el  arrojo 
hasta  los  límites  extremos  de  la  temeridad,  que  sabe 
que  uniéndose  á  nosotros  sirve  á  su  propia  causa,  y 
que  está  resuelto  á  todos  los  sacrificios  para  hacerla 
triunfar. 

Los  alemanes,  que  en  un  principio  hablaban  de  las 
tropas  norteamericanas  como  lo  hicieron,  en  1914,  del 
«pequeño  y  despreciable  ejército  del  mariscal  French», 
han  aprendido  de  entonces  acá  á  conocerlas.  No  pue- 
den ya  disimular  por  más  tiempo  la  inquietud  que  les 
causau.  Las  ven  lleyar  constantemente  en  números 


62 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


crecientes,  en  proporciones  que  ellos  jamás  se  habrían 
imaginado;  experimentan  ya  los  efectos  de  la  intrepi- 
dez con  i)ue  combaten,  de  la  experiencia  que  adquie- 
ren todos  los  días,  de  las  cualidades  militares  de  que 
dan  testimonio  tras  una  instrucción,  por  decirlo  así, 
improvisada,  de  virtudes  que,  en  una  guerra  de  libe- 
ración, son  el  patrimonio  de  los  que  dan  entusiasta- 
mente su  vida. 

\  los  ejércitos  de  subditos  que  el  emperador  ale- 
mán lanza  contra  el  Antiguo  y  el  Nuevo  Mundo  para 
crear  y  someter  nuevos  subditos,  los  aliados  oponen 
ejércitos  de  ciudadanos  para  liberar  al  resto  de  las  na- 
ciones sometidas  y  garantizar  al  mundo  un  régimen 
de  paz,  donde,  conforme  al  parecer  del  presidente  Wil- 
son,  el  fuerte  y 
el  débil  tengan 
el  mismo  dere- 
cho. Ayer  fué  el 
llamamiento  de 
Polonia  y  del 
pueblo  checo  á 
lo  que  respondi- 
mos, haciendo 
ilutar  en  nuestro 
frente  la  bande- 
ra que  simboliza 
su  independen- 
cia. Mañana  se- 
rán otras  nacio- 
nes, latinas  ó  es- 
lavas, cuyos  em- 
blemas iráná  co- 
locarse al  lado 
de  los  nuestros. 
Desafío  á  la  coa- 
lición erermáni- 


laS  tropas  francesas  al  desfilas  ante  las  tribunas  oficiales 


ca  a  que  nos 

muestre  un  solo 

país  que  pida  figurar  bajo  uua  forma  análoga  en  sus 

filas  de  combatientes. 

No  era  sino  justo,  señores,  que  la  ciudad  de  París, 
fiel  á  sus  tradiciones,  tomase  la  iniciativa  de  honrar 
sus  principales  calles  con  los  nombres  de  los  sobera- 
nos y  los  jefes  de  Estado  que  representan  á  los  pueblos 
y  los  ejércitos  para  quienes  estos  principios  constitu- 
yen un  honor.  Las  generaciones  actuales  y  futuras 
sabrán  así,  por  un  testimonio  permanente  de  nuestra 
gratitud,  lo  que  dehen  á  los  que  encarnaron  la  obra 
de  liberación  que  estamos  realizando.  Bélgica,  Ingla- 
terra, Italia,  los  Estados  Unidos,  tendrán,  como  nues- 
tros demás  aliados,  su  parte  legítima  en  esta  demos- 
tración de  los  recuerdos  imperecederos  grabados  sobre 
los  muros  de  nuestra  capital. 

No  hacemos,  por  lo  que  toca  á  los  Estados  Unidos, 
mas  que  conformarnos  á  un  ejemplo  que  ellos  mismos 
mis  han  dado.  No  hay  ninguno  de  los  trece  primeros 
Estados  de  la  L'nión  á  que  nosotros  prestamos  ayuda 
á  fines  del  siglo  X  Vr  1 1 1  donde  no  haya  placas  conme- 


morativas, monumentos,  estatuas  ó  cuadros  que  re- 
cuerden á  los  oficiales  y  los  soldados  franceses  muer- 
tos por  la  conquista  de  la  independencia  norteamerica- 
na en  Savannah,  en  Charleston,  en  Baltimore,  en  An- 
napolis,  en  Filadelíia,  en  Nueva  York,  en  New-Port,  cu 
Boston.  En  la  ciudad  donde  reside  el  Congreso  fede- 
ral, como  lo  hice  notar  en  otra  ocasión,  el  Presidente 
tiene  su  asiento  entre  los  retratos  de  Washington  y  de 
La  Fayette.  En  París  es  la  vía  que  de  la  avenida  Mar- 
ceau,  dedicada  á  la  memoria  de  una  de  nuestras  más 
puras  glorias  republicanas,  conduce  al  sitio  donde 
está  la  estatua  de  Washington,  la  que  llevará  el  nom- 
bre del  presidente  Wilson.  Así,  el  recuerdo  del  gran 
ciudadano  americano  que  ha  fundado  la  más  pode- 
rosa de  las  Repú- 
blicas modernas 
se  hallará  vin- 
culado por  un 
signo  visible  al 
del  hombre  de 
Estado  para 
quien  el  Derecho 
ha  sido  más  pre- 
cioso que  la  paz, 
y  que,  fiel  á  la 
idea  de  su  in- 
mortal predece- 
sor, ha  renovado 
entre  su  patria  y 
la  nuestra  una 
comunidad  de 
acción  que  per- 
sistirá y  se  afir- 
m  a  r  á  con  el 
transcurso  de  los 
siglos.  Porque 
nada  romperá, 
señores,  el  nú- 
cleo de  amistades  y  de  alianzas  que  se  han  establecido 
ya  entre  nuestros  aliados  y  nosotros  durante  esta  terri- 
ble guerra.  Ninguno  de  los  pueblos  que  lo  hayan  sos- 
tenido y  conducido  á  un  fin  victorioso  olvidará  lo  que 
debe  á  los  que  fueron  sus  compañeros  de  armas.  Son 
los  Estados  Unidos  mismos  los  que  nos  llaman  á  re- 
conocer lo  que  se  deben  entre  sí  los  unos  á  los  otros. 
Permitidme  que  cite  á  este  respecto  las  palabras  que 
el  ministro  de  la  Guerra  de  los  Estados  Unidos,  mis- 
ter  Baker,  pronunció  recientemente  al  conferir  creden- 
ciales á  unos  jóvenes  oficiales  del  ejército  yanki. 

Suponía  que  todos  y  cada  uno  de  los  países  que  per- 
manecen fieles  á  la  causa  de  la  justicia  estaban  llama- 
dos á  explicar  la  participación  que  toman  en  la  obra 
común: 

«La  Gran  Bretaña  dirá:  «Heme  aquí  con  mis  es- 
cuadras y  mis  ejércitos;  mis  pérdidas  son  crueles;  mi 
espíritu  se  conserva  tan  firme  como  siempre.» 

»Italia  dirá:  «Á  lo  largo  de  los  Alpes,  hasta  el 
Asiago,  mis  hijos  luchan  y  mueren,  pero  defendiendo 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


63 


siempre  los  pasos  de  los  montes  contra  aquellos  que 
quisieran  aplastarnos.» 

»Y  Francia — ¡oh,  cuáles  no  serán  la  belleza  y  la 
sublimidad  de  su  respuesta! — ,  Francia  dirá:  «líeme 
aquí  derramando  mi  sangre  por  todos  los  poros,  mi 
territorio  en  parte  invadido,  la  tierra  maternal  ha  re- 
cibido en  su  seno,  por  cientos  de  miles,  á  mis  hijos 
muertos.  Pero  llevamos  aún  altiva  la  frente;  nuestra 
resolución  es  la  misma;  ¡no  pasarán!» 

»Y  cuando  el  tumo  de  los  Estados  Unidos  llegue 
— ¿no  os  conmoverá  su  respuesta? — ,  dirá:  «Nosotros 
hemos  franqueado  el  Océano,  infestado  de  enemigos, 
como  lo  habían  hecho  mucho  tiempo  atrás  La  Fayette 
y  Rochambeau.  Nosotros  hemos  puesto  en  movimiento 
nuestras  fábri- 
cas para  proveer 
el  material  de 
guerra.  Nosotros 
marchamos  por 
cientos  de  mi- 
les, y  permane- 
cimos allá  hasta 
el  final.» 

En  tales  con- 
diciones, seño- 
res, en  compa- 
ñía de  aliados 
así,  á  los  cuales 
hay  (jue  agregar 
todos  los  demás, 
— los  de  Oriente 
y  los  de  Occiden- 
te— ,  podemos 
afroutar  el  por- 
venir llenos  de 
confianza.  Segu- 
ramente todavía 
tenemos  que 

atravesar  horas  de  duelo  y  de  tristezas,  pero  jamás  du- 
daremos sobre  el  resultado  de  uua  crisis  en  que  con- 
tamos á  favor  nuestro  con  el  número,  con  la  fuerza  y 
con  la  conciencia  de  la  humanidad. 

Al  terminar  M.  Pichón  su  brillante  discurso,  las 
tropas  aliadas  comenzaron  á  desfilar  entre  las  acla- 
maciones de  la  muchedumbre. 


Momentos  después  tuvo  lugar  en  el  palacio  de  Or- 
say  un  banquete  organizado  por  la  Cámara  de  Comer- 
cio norteamericana,  y  al  que  asistieron,  entre  otras 
personalidades,  Clemenceau,  Sharp  y  Tardieu.  Este 
último  pronunció  un  discurso,  fiel  que  extractamos  los 
párrafos  siguientes: 

«La  hora  es  grave  y  las  próximas  semanas  serán 
difíciles,  pero  haremos  frente  al  peligro.  Nosotros,  que 
nunca  hemos  mentido,  tenemos  el  derecho  de  procla- 
mar las  razones  de  nuestra  confianza.  Nosotros  tene- 


SECCIÓN   DE   ENFERMERAS   NORTEAMERICANAS 


mos  el  derecho  de  decir  que  el  enemigo  ha  sufrido 
tres  grandes  equivocaciones,  en  primer  lugar  la  gue- 
rra submarina.  Los  submarinos  destruidos  por  nos- 
otros representan  hoy  casi  las  dos  terceras  partes  de 
aquellos  que  los  alemanes  han  construido  desde  hace 
cuatro  años.  Cada  mes  hundimos  mayor  número  de 
los  que  construyen,  y  nosotros,  en  cambio,  construí- 
mos cada  mes  más  buques  de  los  que  nos  hunden.  De 
un  millón  de  norteamericanos  llegados  á  Francia 
desde  hace  un  año,  menos  de  trescientos  fueron  victi- 
mas de  los  torpedeamientos.  Luego,  á  pesar  de  los  éxi- 
tos locales,  el  fracaso  de  todas  sus  ofensivas:  fracaso 
en  Marzo,  cuando  tenían  como  objetivo  Amiens;  fra- 
caso en  Mayo,  cuando  su  objetivo  era  Meaux,  y  fra- 
caso en  Junio, 
cuando  se  di- 
rigían contra 
Compiégne.  Ni 
el  canal  de  la 
Mancha  ni  Pa- 
rís, objetivos  de 
esta  inmensa 
idea,  cayeron  en 
manos  del  ene- 
migo. Por  últi- 
mo, el  fracaso  de 
la  opinión,  cui- 
dadosamenteen- 
tretenida  por  los 
agentes  alema- 
nes, sosteniendo 
que  el  esfuerzo 
norteamericano 
no  sería  mas  que 
un  tluff.  Ale- 
mania sabe  que 
los  norteameri- 
canos lucharán 
en  Europa,  no  por  miles,  sino  por  millones. 

He  aquí  los  principios  de  nuestra  fe  común.  En 
nombre  del  gobierno  francés  los  afirmo  solemnemente 
en  este  día,  en  que  los  recuerdos  del  pasado  garantizan 
las  certidumbres  del  porvenir.  Y  me  dirijo  ahora  á  los 
ciudadanos  de  la  Unión  que  nos  invitaron  á  celebrar 
con  ellos  su  fiesta  nacional:  les  pido  en  esta  hora  en 
que  fraternizan  en  el  mismo  ideal  todos  los  pueblos 
unidos,  evocar  conmigo  las  máximas  inolvidables  con 
las  cuales  el  presidente  Wilson  expuso  nuestro  obje- 
tivo, nuestro  deber  y  nuestro  derecho.  Nuestro  obje- 
tivo, hacer  del  mundo  uu  lugar  en  donde  se  pueda 
vivir;  nuestro  deber,  emplear  la  fuerza  hasta  el  final 
para  obtener  la  victoria  de  la  libertad;  nuestro  dere- 
cho, exigir  para  la  paz  una  Conferencia  cuya  palabra 
pueda  ser  creída.  Hasta  que  se  haya  alcanzado  este 
objetivo,  hasta  que  este  deber  sea  cumplido,  hasta  que 
nuestro  derecho  sea  salvaguardado,  nosotros  tendre- 
mos una  sola  regla,  una  sola  palabra  de  orden.  Esta- 
mos en  guerra  y  debemos  ganar.» 


64 


VICENTE  BLASCO  1BAÑEZ 


III 

En  la  Gran  Bretaña. — Discurso 
de  Mr.  Churchill 

El  mismo  día  hubo  en  el  Wéstminster  Hall  de 
Londres  una  imponente  ceremonia,  á  la  que  asis- 
tieron distinguidas  personalidades  británicas.  Tras 
una  fogosa  alocución  de  lord  Bryce,  presidente  del 
acto  y  ex  embajador  en  Norte  América.  Mr.  Winston 


las  tropas  norteamericanas  desfilan  por  la  antigua 

avenida  del  trocadero,  hoy  del  presidente  wilson. 

atravesando  la  plaza  de  jbna  entre  las  tribunas 

oficiales  y  la  estatua  de  washington 

Cliurchill,  miembro  del  gobierno  inglés,  propuso  que 
se  cablegrafiase  al  presidente  de  la  República  norte- 
americana el  siguiente  mensaje: 

«En  la  reunión  de  la  Anglo-Saxon  Fellowship  ce- 
lebrada en  Londres  hoy  4  de  Julio  de  1918,  envíase  al 
Presidente  y  pueblo  de  los  Estados  Unidos  un  cordial 
saludo  en  el  142."  aniversario  de  la  declaración  de  la 
independencia  norteamericana.  Estamos  satisfechos 
de  que  el  amor  por  la  Libertad  y  la  Justicia,  bases  que 
sirvieron  para  fundar  dicha  nación,  sirven  hoy  en  el 
presente  período  de  prueba  para  unir  toda  la  familia 
de  habla  inglesa  en  una  vasta  hermandad  militante. 
Felicitamos  al  gobierno  de  los  Estados  Unidos  y  á 
su  Armada  por  la  maravillosa  labor  de  haber  transpor- 


tado á  los  campos  de  batalla  europeos  el  primer  mi- 
llón de  soldados  del  ejército  yanqui.  Afirmamos  nues- 
tra devoción  hacia  la  noble  y  santa  causa  por  la  cual 
combatimos,  y  nuestra  fe  en  que,  con  la  ayuda  de 
Dios,  se  alcanzará  una  completa  y  duradera  victoria, 
para  bien  de  la  libertad  humana.» 

Seguidamente  Mr.  Churchill  pronunció  un  notable 
discurso,  concebido  en  estos  términos: 

«Nos  hemos  reunido  hoy  aquí  para  celebrar  la  fiesta 
nacional  del  pueblo  norteamericano  y  el  142.°  aniver- 
sario de  la  declaración  de  su  independencia.  También 
nos  reunimos  aquí  como  hermanos  de  armas  que  están 
afrontando  por  una  causa  justa  graves  golpes  y  peli- 
gros y  que  pasan  días  de  excepcional  ansiedad  y  su- 
frimiento. Buscamos,  por  lo  tauto,  sacar  del  pasado  de 
nuestra  raza  la  inspiración  y  el  consuelo  que  alegren 
nuestros  corazones,  que  fortifiquen  y  purifiquen  nues- 
tra resolución  de  camaradas. 

Entre  el  espíritu  de  la  declaración  de  la  indepen- 
dencia y  la  causa  que  actualmente  defendemos  existe 
una  gran  armonía.  Una  armonía  análoga  existe  en  los 
principios  en  que  se  basa  dicha  declaración  y  todo 
lo  que  el  pueblo  británico  ambiciona,  lo  que  en  reali- 
dad lleva  realizado  al  fin,  tanto  dentro  del  país  como 
en  las  colonias  autónomas  de  la  Corona.  La  declara- 
ción de  la  independencia  norteamericana  no  es  un  do- 
cumento vulgar,  pues  está  considerada,  después  de  la 
Carta  Magna  y  de  la  Ley  de  Fueros,  como  el  tercer 
gran  acto  en  que  se  fundan  las  libertades  de  los  pue- 
blos de  habla  inglesa.  Por  ello  pedimos  nosotros  un 
imperio,  pero  á  la  vez,  merced  á  ello,  conservamos  un 
imperio.  Aplicando  sus  principios  y  aprovechando  su 
lección,  hemos  mantenido  nuestra  comunión  con  las 
poderosas  comunidades  que  nuestros  hermanos  llevan 
establecidas  allende  los  mares.  Las  concepciones  polí- 
ticas contenidas  en  la  declaración  de  la  independencia 
son  idénticas  á  las  expresadas  en  esa  época  por  lord 
Chátham  y  Burk,  después  de  que  las  expresaran  John 
Hampden  y  Algernon  Sidney.  Todas  proceden  de  la 
misma  fuente;  todas  tienen  un  mismo  centro  de  verdad 
práctica,  y  ese  centro  está  aquí,  á  orillas  delTamesis, 
en  esta  isla  que  es  el  lugar  natal  y  origen  de  la  raza 
británica  y  norteamericana.  Dondequiera  que  los  hom- 
bres han  tratado  de  forjar  políticas  ó  constituciones 
para  salvaguardia  del  ciudadano,  sea  rico  ó  pobre,  bien 
sea  partiendo  de  la  vergüenza  del  despotismo  ó  bien 
lo  hagan  de  las  desgracias  de  la  anarquía,  buscando 
combinar  la  libertad  personal  con  el  respeto  por  la  ley 
y  el  amor  á  la  patria,  tienen  forzosamente  que  recurrir 
á  la  inspiración  que  originariamente  brotó  del  suelo 
inglés  y  del  espíritu  aDglo-sajón. 

Así,  pues,  nos  unimos  con  perfecta  sinceridad  y  es- 
pontaneidad á  nuestros  hermanos  de  Norte  América 
para  celebrar  el  noble  y  glorioso  aniversario  de  su  na- 
cionalidad. También  deseamos  expresarles  nuestro  re- 
gocijo y  gratitud  por  la  grandiosa  ayuda  que  están 
prestando  á  la  causa  aliada.  Al  ver  durante  estas  últi- 
mas semanas  pasadas  el  esplendor  con  que  los  contin- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


65 


gentes  norteamericanos  avanzaban  por  todos  los  cami- 
nos de  Francia  y  de  Flandcs,  experimenté  siempre  una 
emoción  inefable.  Hemos  sufrido  tanto  nosotros  mis- 
mos, y  mas  ha  sufrido  todavía  Francia,  nuestra  admi- 
rable aliada,  que  podemos  ya  sentir  lo  que  otros  su- 
fren. Pocos  hogares  hay  en  la  Gran  Bretaña  donde  no 
se  encuentre  un  asiento  vacante  y  un  corazón  dolori- 
do; de  suerte  que  sentimos  en  medio  de  nuestros  pro- 
pios sufrimientos  una  profunda  simpatía  por  los  que 
desde  el  otro  lado  del  Océano  han  enviado  a  sus  seres 
queridos  á  afrontar  tantos  peligros.  No  sólo  los  cora- 
zones británicos,  sino  los  canadienses,  los  australia- 
nos, los  neozelandeses  y  los  sudafricanos  laten  en  esa 
simpatía  común. 

Las  acciones  más  grandes  de  los  hombres  ó  de  las 
naciones  son  espontáneas  é  instintivas.  No  son  el  re- 
sultado de  cálculos  bien  hechos  ó  de  procesos  de  medi- 
tación dilatada.  Su  manifestación  exterior  es  inevita- 
ble. El  corazón,  dicen  los  franceses,  tiene  razones  que 
la  razón  desconoce.  Estoy  persuadido  de  que  el  mo- 
mento más  digno  y  más  sublime  en  toda  nuestra  larga 
historia  fué  aquella  noche  de  Agosto,  hace  cerca  de 
cuatro  años,  en  que  declaramos  la  guerra  á  Alemania. 
No  sabíamos  entonces  adonde  iríamos  á  parar  ó  lo  que 
la  guerra  nos  traería.  Como  el  pueblo  de  los  Estados 
Unidos,  entramos  en  esta  guerra  sin  medir  el  costo  de 
ella  y  sin  pensar  en  recompensas.  El  costo  ha  sido 
mucho  más  terrible  de  lo  que  pudiera  haberse  espe- 
rado. Pero  el  porvenir  nos  reserva  una  recompensa 
que  colma  nuestras  mejores  esperanzas.  ¿Cuál  es  la 
recompensa  de  la  Gran  Bretaña?  ¿Cuál  es  la  recompen- 
sa valiosa  ó  sin  valor  que  le  espera,  segura  é  irresisti- 
blemente— y  quizás  ha  sido  prodigada  ya  al  pueblo 
británico — ,  como  consecuencia  de  su  indiscutible  res- 
puesta á  los  llamamientos  de  Francia  y  de  Bélgica? 
Territorios,  indemnizaciones,  ventajas  comerciales, 
¿qué  significa  todo  ello  en  comparación  con  las  conse- 
cuencias morales  de  esta  guerra? 

En  el  fondo  de  todos  los  corazones  británicos,  en 
el  alma  de  los  que,  como  dice  la  declaración  de  la  in- 
dependencia, son  «nuestros  hermanos  británicos», 
existe  el  deseo  de  llegar  á  una  reconciliación,  ante 
todos  los  hombres  y  todas  las  historias,  con  sus  afines 
de  allende  el  Atlántico;  borrar  todos  los  reproches  y 
redimir  todos  los  yerros  de  épocas  pasadas;  permane- 
cer una  vez  más  en  la  lucha  á  su  lado;  volver  á  convi- 
vir en  espíritu  con  ellos;  crear  una  vez  más  una  unión 
entre  los  corazones;  escribir  otra  vez  una  historia  co- 
mún. Ese  era  nuestro  deseo  de  corazón.  Parecía  mate- 
rialmente irrealizable,  pero  se  ha  realizado.  Por  larga 
y  cruel  que  sea  la  contienda,  por  completa  que  sea  la 
victoria  y  como  quiera  que  resulte  nuestra  participa- 
ción, esa  suprema  reconciliación  lo  reparará  todo.  Esa 
es  la  recompensa  de  la  Gran  Bretaña. 

Un  millón  de  soldados  norteamericanos  ha  llegado 
ya  al  continente  europeo  á  salvo  y  con  oportunidad. 
Firmes,  esperan  al  lado  de  sus  camaradas  franceses  é 
ingleses  el  furor  máximo  del  enemigo  común.  Es  ese 

Tumo  ii 


un  acontecimiento  que,  á  la  luz  de  cuanto  ha  dado 
lugar  á  él  y  á  la  luz  de  todo  lo  que  le  seguirá,  parece 
transponer  los  límites  de  las  cosas  humanas.  Es  un 
prodigio.  Es  casi  un  milagro.  Nos  llena  de  sumo  or- 
gullo. En  medio  de  la  matanza,  de  la  confusión,  de 
la  inconmensurable  pena  y  desolación  que  la  gue- 
rra lleva  causadas,  la  mayoría  entre  nosotros  tiene 
la  firme  convicción  de  que  el  mundo  se  dirige  á  tra- 
vés de  todo  este  caos  hacia  algo  mucho  mejor,  mucho 
más  hermoso  que  lo  hasta  ahora  conocido.  Se  siente 
uno  como  en  presencia  de  un  gran  designio,  del  cual 


SEÑORITAS    FRANCESAS   OFRECIENDO    FLORES   A    LOS   SOLDADOS 
NORTEAMERICANOS 
[Dibujo  de  J.  Simont,  de  L'Illusti  Pi 

no  se  distingue  mas  que  una  pequeña  porción,  pero 
que  se  desarrolla  y  que  evoluciona  serenamente,  y  del 
cual  somos  los  instrumentos  necesarios.  Ningún  otro 
acontecimiento,  desdo  el  comienzo  de  la  era  cristia- 
na, está  llamado  á  fortalecer  y  restaurar  la  fe  del  hom- 
bre en  el  gobierno  moral  del  universo.  Los  propósitos 
esenciales  de  esta  guerra  no  admiten  medias  tintas. 
Si  estuviéramos  peleando  por  conquistar  terrenos,  ó 
nos  hallásemos  dirimiendo  alguna  querella  diuástica 
ó  comercial,  la  guerra  podría  ser  para  nosotros  motivo 
de  regateo.  Pero  esta  guerra  es  un  conflicto  entiv  [a 
civilización  cristiana  y  el  barbarismo  científico;  entre 
naciones  doude  los  pueblos  tienen  gobiernos  propios  y 
naciones  donde  los  pueblos  son  propiedad  de  los  go- 
biernos; entre  sistemas  que  fielmente  se  esfuerzan  por 
refrenar  y  dominar  los  instintos  brutales,  intrigantes 

8 


66 


VICENTE  BLASCO  1BANEZ 


y  degencradores  do  la  naturaleza  humana,  y  un  siste- 
ma que  deliberadamente  los  fomenta,  los  organiza,  los 
arma  y  los  explota  en  pro  de  su  vil  engrandecimiento. 
Todos  en  el  mundo  sumos  mortales  y  falibles.  No  hay- 
raza,  país  ni  individuo  que  tenga  el  monopolio  del  bien 
ó  del  mal;  pero  esta  guerra  es  realmente  un  conflicto 
entre  las  fuerzas  del  bien  y  del  mal.  La  pugna  es  en- 
tre la  verdad  y  el  error,  y  como  tal,  la  solución  que  dé 
ha  de  ser  absoluta. 

Alemania  debe  ser  derrotada.  Alemania  debe  saber 
que  se  halla  derrotada.  Su  derrota  debe  ir  expresada 
en  términos  y  hechos  que  jamás  puedan  volver  á  in- 
ducir á  nadie  á  imitar  sus  crímenes,  y  que  á  la  vez 
haga  imposible  para  ella  volver  á  cometerlos.  Pero  el 
pueblo  alemán 
puede  estar  se- 
guro de  una  cu- 
sa: que  no  recla- 
mamos para  uos- 
otros  ningún  de- 
recho natural  ó 
fundamental 
que  no  estemos 
obligados  en  to- 
das circunstan- 
cias á  asegurar 
para  él.  No  po- 
demos tratarlo 
como  ellos  han 
tratado  á  Alsa- 
cia-Lorena,  á 
Bélgica,  á  Ru- 
sia, ó  como  nos 
tratarían  á  nos- 
otros si  pudie- 
ran. Estamos 
obligados  por  los 
principios  que 

defendemos  en  esta  lucha.  Cualquiera  que  sea  la  im- 
portancia de  nuestra  victoria,  el  pueblo  alemán  que- 
dará protegido  por  esos  principios.  La  declaración  de 
la  independencia  y  todo  lo  que  ella  implica  tiene  que 
escudarlo.  Cuando  todas  esas  armas  en  que  el  pueblo 
alemáu  había  cifrado  su  confianza  se  hayan  quebrado 
en  sus  manos,  cuando  todos  esos  preparativos  cientí- 
ficos en  que  desperdiciaron  sus  energías  durante  cin- 
cuenta años  hayan  fracasado,  el  pueblo  alemán  que- 
dará protegido  por  estos  principios  fundamentales  del 
Derecho  y  de  la  Libertad,  contra  los  cuales  habrán 
guerreado  tanto  en  vano.  Celebremos,  pues,  en  este 
día,  no  solamente  la  declaración  de  la  independencia; 
proclamemos  el  verdadero  compañerismo  de  la  Gran 
Bretaña  y  de  Norte  América,  por  que  permanezcan  uni- 
dos hasta  que  quede  consumada  la  obra,  á  través  de 
todos  los  peligros,  de  todas  las  vicisitudes,  de  todos 
los  costos.  Sin  admitir  la  más  leve  desviación  del  pro- 
pósito primordial,  ni  más  paz  hasta  lograr  la  victoria; 
ningún  pacto  con  pueblos  que  no  se  hayan  antes  arre- 


CAZADOHES  ALPINOS  FRANCESES  EN  UNA  CALLE  DE  SOLFERINO  (ITALIA) 


pentido.  Esa  es  la  Declaración  del  1  de  Julio  de  1918; 
y  para  citar  las  acertadas  palabras  que  hoy  pronun- 
cian por  doquiera  los  norteamericanos:  <<En  apoyo  de 
tal  Declaración,  con  firme  confianza  en  la  protección 
de  la  Divina  Providencia,  mutuamente  nos  promete- 
mos unos  á  otros  nuestras  vidas,  nuestras  fortunas  y 
nuestro  más  sagrado  honor.» 


Importantes  declaraciones  del  presidente 
Wilson 

En  los  Estados  Uuidos,  lo  más  notable  que  produjo 

el  aniversario 
de  que  venimos 
ocupándonosfué 
un  discurso  que 
Woodrov/  Wil- 
son pronunció 
en  Mouut  Ver- 
non  ante  la  tum- 
ba de  Washing- 
ton. En  él  hizo 
el  Presidente 
yanqui  impor- 
tantísimas de- 
claraciones. He- 
las aquí: 

«Me  complace 
encontraros  en 
la  calma  de  este 
retiro,  para  ha- 
blaros, siquiera 
sea  brevemente, 
del  significado 
de  nuestra  inde- 
pendencia. El  lu- 
gar parece  quieto  y  apartado.  Su  serenidad  sigue  sien- 
do tan  imperturbable  como  en  los  grandes  días  en  que 
el  general  Washington  estuvo  aquí  y  libremente  con- 
ferenció con  los  hombres  que  más  tarde,  asociados  á 
él,  habían  de  crear  una  nación.  Desde  estas  tranquilas 
colinas  contemplaron  el  mundo  y  le  abarcaron  en 
conjunto,  viéndolo  á  la  luz  del  porvenir,  con  ojos  mo- 
dernos que  se  apartaban  de  un  pasado  que  los  hom- 
bres de  espíritu  libre  no  podían  ya  aceptar.  Y  de  ahí 
que  no  podamos  sentirnos,  aun  aquí,  en  la  inmediata 
presencia  de  esta  tumba  sagrada,  como  si  estuviéra- 
mos en  un  sitio  destinado  á  la  muerte.  Es  más  bien 
un  lugar  de  triunfos;  fué  aquí  donde  se  dio  forma 
y  realidad  á  una  gran  promesa  destinada  á  la  huma- 
nidad entera.  Los  recuerdos  que  aquí  nos  rodean  son 
los  recuerdos  inspiradores  de  aquella  noble  muerte 
que  no  constituye  sino  una  gloriosa  resurrección. 

Desde  esta  verde  colina  debiéramos  nosotros  tam- 
bién poder  contemplar  y  comprender  ese  mundo  que 
nos  rodea  y  concebir  de  nuevo  los  fines  que  han  de 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


67 


libertar  á  los  hombros.  Es  significativo,  dado  su  pro- 
pio carácter  y  sus  designios,  lo  mismo  que  las  in- 
iluencias  que  ponían  en  juego,  que  Washington  y  sus 
asociados,  como  los  barones  de  Runnymede,  hablaran 
y  obraran,  no  en  nombre  de  una  clase,  sino  de  todo 
un  pueblo.  Nuestra  lia  sido  la  tarea  de  ver  que  se 
comprenda  que  ellos  hablaron  y  procedieron,  no  en 
representación  de  un  solo  pueblo,  sino  en  representa- 
ción de  la  humanidad  entera.  No  pensaban  en  ellos, 
ni  en  los  intereses  materiales  que  giraban  en  torno  á 
los  pequeños  grupos  de  terratenientes,  comerciantes 
y  hombres  de  negocios,  entre  quienes  acostumbraban 
moverse  allá  en  Virginia  y  en  las  colonias  al  Norte  y 
al  Sur  de  ella,  no;  pensaban  en  un  pueblo  que  deseaba 
abolir  las  clases 
y  los  intereses 
creados,  y  aca- 
bar asimismo 
con  un  gobierno 
de  hombres  cu- 
ya autoridad 
nunca  habían 
aceptado  ellos 
en  calidad  de  go- 
bierno. 

No  perseguían 
ningún  fin  parti- 
cular, ni  ambi- 
cionaban privi- 
legio exclusivo 
alguno.  Lo  que 
se  proponían  era 
que  todaslas  cla- 
ses fueran  libres, 
y  Norte  América 
un  sitio  al  cual 
pudierandirigir- 
se,  de  todas  las 

naciones,  los  hombres  que  desearan  compartir  con 
ellos  los  derechos  y  privilegios  de  los  hombres  libres. 
Y  nosotros  no  hacemos  sino  continuar  la  tarea  por 
ellos  iniciada.  Nuestra  inteución  es  la  de  ellos.  Los 
norteamericanos  creemos  que  nuestra  participación 
en  esta  guerra  no  es  sino  fruto  de  lo  que  nuestros 
antepasados  sembraron.  Lo  vínico  en  que  se  diferencia 
nuestro  caso  del  de  ellos,  es  que  nosotros  poseemos  el 
inestimable  privilegio  de  concertar  con  hombres  de 
todas  las  naciones  un  principio  que  asegure,  no  sólo 
las  libertades  de  los  Estados  Unidos,  sino  las  liberta- 
des de  todos  los  demás  pueblos.  Nos  regocija  saber 
que  á  nosotros  nos  está  permitido  hacer  lo  que  ellos 
habrían  hecho  si  hubieran  estado  en  nuestro  lugar. 
Es  menester  que  una  vez  por  todas  quede  solucionado 
el  ideal  que  á  Norte  América  le  fué  trazado  en  la  gran 
época  que  hoy  nos  sirve  de  inspiración. 

De  fijo  es  éste  un  lugar  á  propósito,  desde  donde 
podemos  con  toda  calma  considerar  nuestra  tarca  y 
fortificar  nuestros  espíritus  para  realizarla.  Es  éste  un 


en  el  campo  de  batalla  de  flandbs.  tren  francés  de  municiones 


lugar  apropiado  para  confesar,  lo  mismo  á  los  amigos 
neutrales  que  á  los  que  se  hallan  asociados  con  nos- 
otros en  la  lucha,  la  fe  y  el  propósito  con  que  lu- 
chamos. 

Esta  es,  pues,  nuestra  concepción  de  la  gran  lucha 
en  que  tomamos  parte.  El  plan  está  escrito  con  clari- 
dad en  cada  escena  y  en  cada  acto  de  la  suprema  trage- 
dia. De  un  lado  están  los  pueblos— no  sólo  los  pueblos 
que  actualmente  luchan,  sino  asimismo  muchos  otros 
que  sufren  bajo  la  tiranía,  sin  poder  actuar,  pueblos  de 
muchas  razas  y  de  todas  partes  del  mundo — ,  el  pue- 
blo de  Rusia  entre  ellos  comprcudido,  aunque  por  el 
momento  se  halla  desorganizado  y  sin  ayuda. 

Contra  ese  bando,  dueño  de  muchos  ejércitos,  se 

yergue  un  grupo 
de  gobiernos  ais. 
lado  y  sin  ami- 
gos, que  no  per- 
sigue ningún  fin 
común,  sino  am- 
biciones egoís- 
tas propias,  que 
á  nadie  pueden 
beneficiar  mas 
que  á  ellos;  sus 
pueblos  son  á 
manera  de  com- 
bustible en  sus 
manos;  gobier- 
nos que  temen 
á  sus  pueblos,  y 
que  por  el  mo- 
mento son,  sin 
embargo, sus  se- 
ñores y  sobera- 
nos absolutos, 
decidiendo  en  su 
nombre  y  dispo- 
niendo do  sus  vidas  y  fortunas  como  mejor  se  les  an- 
toja, además  de  disponer  de  las  vidas  y  fortunas  de 
todos  los  pueblos  que  caen  bajo  su  férula:  gobiernos 
parapetados  detrás  de  las  extrañas  intrigas  y  la  auto- 
ridad primitiva  de  una  edad  completamente  ajena  y 
hostil  á  la  nuestra. 

El  pasado  y  el  presente  se  debaten  en  tremendo 
conflicto,  y  los  pueblos  del  mundo  están  siendo  lle- 
vados á  la  muerte.  Sólo  existe  una  solución.  Es  pre- 
ciso que  quede  arreglado  de  un  modo  final.  Sin  tér- 
minos medios.  Ninguna  decisión  á  medias  sería  tole- 
rable ni  es  concebible  siquiera. 

Estos  son  los  fines  que  los  pueblos  coligados  del 
mundo  persiguen  en  la  presente  lucha,  los  fines  que 
es  menester  lograr  para  que  pueda  haber  paz: 

1.°  La  destrucción  de  toda  potencia  arbitraria  que, 
separada,  secretamente  y  por  su  propia  voluntad,  per- 
turbe la  paz  del  mundo;  ó  si  no  fuere  por  el  momento 
posible  destruirla,  al  menos  reducirla  á  una  impoten- 
cia virtual. 


68 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


2°  La  soIucíóq  de  todas  las  cuestiones,  sean  te- 
rritoriales ó  de  soberanías,  de  arreglos  económicos  ó 
relaciones  políticas,  sobre  la  base  de  una  libre  acep- 
tación de  ese  arreglo  por  el  pueblo  inmediatamente 
interesado,  y  no  sobre  la  base  del  interés  material  ó 
la  ventaja  de  cualquier  nación  ó  pueblo  en  particular 
(jue  deseare  un  arreglo  diferente  en  favor  de  su  propia 
influencia  exterior  ó  dominio. 

::.  1:1  consentimiento  de  todas  las  naciones  en 
ser  gobernadas  entre  sí  por  los  mismos  principios  de 
honor  y  de  respeto  hacia  la  ley  común  de  la  sociedad 
civilizada  que  gobierna  los  ciudadanos  individual- 
mente en  todos  los  Estados  modernos;  y  lo  mismo  en 
sus  mutuas  relaciones  encaminadas  á  hacer  que  todas 


se  propusieron  con  sus  proyectos  para  equilibrar  el 
Poder  y  el  progreso.  Sólo  pueden  practicarse  mediante 
la  realización  de  lo  que  los  pueblos  pensantes  del 
mundo  desean,  con  su  ardiente  aspiración  por  la  jus- 
ticia y  por  la  libertad  social. 

El  ambiente  del  lugar  en  que  nos  encontramos 
contiene  en  sí  los  elementos  de  tales  principios.  Aquí 
se  levantaron  fuerzas  que  la  gran  nación  contra  quien 
en  un  principio  se  dirigieron  consideró  como  una  re- 
beldía contra  su  legal  autoridad,  pero  que  al  fin  fue- 
ron reconocidas,  desde  hace  mucho,  como  un  paso 
hacia  la  liberación  de  su  propio  pueblo,  no  menos  que 
del  pueblo  de  los  Estados  Unidos.  He  venido  aquí 
ahora  para  hablar,  para  hablar  con  orgullo  y  lleno  de 
confianza,  de  la  difusión  de  esta 
rebelión,  de  esta  liberación  por  la 
vasta  extensión  del  mundo. 

Los  ciegos  amos  de  Prusia  han 
venido  á  su  vez  ¡í  hacer  surgir  fuer- 
zas acerca^  de  las  cuales  conocen 
poco,  fuerzas  que,  una  vez  levan- 
tadas, jamás  podrá  nadie  volver  á 
derribar,  pues  llevan  en  su  seno 
una  inspiración  y  un  designio  que 
son  inmortales  y  la  esencia  misma 
del  triunfo.» 


UNO   DK   LOS   SKCTOÍiKS   DKL   G'AiiPO   DK   BATALLA.   DE    VEEDLN 


las  promesas  y  convenios  puedan  ser  religiosamente 
cumplidos,  que  no  se  urdan  planes  ó  conspiraciones, 
que  no  se  lancen  injurias  impunemente,  y  que  se  es- 
tablezca una  confianza  mutua  sobre  el  hermoso  fun- 
damento de  un  respeto  mutuo  por  el  Derecho. 

1.  El  establecimiento  de  una  organización  de  paz 
que  garantice  que  la  fuerza  combinada  de  los  pueblus 
libres  rechazará  toda  violación  del  Derecho,  y  sirva 
para  fundar  una  paz  y  una  justicia  tanto  más  segura 
cuanto  que  ofrezca  un  tribunal  definitivo  de  opinióa 
al  que  todo  el  mundo  debe  someterse,  y  mediante  el 
cual  todas  las  cuestiones  internacionales  que  no  pu- 
dieran arreglarse  amistosamente  por  los  pueblos  di- 
rectamente interesados  sean  dirimidas. 

Estos  grandes  objetivos  pueden  expresarse  en  una 
sola  frase.  Lo  que  buscamos  es  el  reino  de  la  Ley  ba- 
sada en  el  consentimiento  del  gobernado  y  apoyada 
por  la  opinión  organizada  de  la  humanidad.  Estos 
grandes  fines  pueden  ser  logrados  deliberando  y  tra- 
tando de  reconciliar  y  acomodar  lo  que  los  estadistas 


El  esfuerzo  yanqui. — Aviación 

Un  corresponsal  de  The  Time* 
que  tuvo  probabilidades  para  seguir 
de  cerca  toda  la  actuación  del  es- 
fuerzo ejercido  por  los  norteameri- 
canos, tanto  en  el  frente  como  fuera 
de  él,  exponía  en  el  siguiente  artí- 
culo sus  interesantes  impresiones: 
«Con  extraordinaria  rapidez  están  los  norteameri- 
canos estableciendo  en  Francia  el  sistema  de  comuni- 
caciones más  extenso,  y  bajo  muchos  aspectos  insupe- 
rable, que  se  haya  visto  jamás  relacionado  con  el  arte 
de  la  guerra.  Nada  hay  más  instructivo  hoy  día  que 
un  viaje  por  su  zona  de  acción.  El  progreso  logrado  en 
menos  de  tres  meses  tan  sólo,  ó  sea  después  de  cuando 
Mr.  Newton  1).  Baker,  ministro  de  la  Guerra  de  los  Es- 
tados Unidos,  la  visitó,  es  estupendo.  Y  hoy  día  es  tal 
el  grado  de  organización  y  de  adelanto,  que  de  la 
noche  á  la  mañana  cambia  á  veces  por  completo  de 
aspecto. 

Después  de  recorrer  el  lugar  concienzudamente  por 
espacio  de  dos  semanas,  visitando  é  inspeccionando  sus 
principales  fases  y  muchos  de  los  detalles  del  vasto 
proyecto,  regreso  convencido  de  que  lo  que  los  ameri- 
canos llevan  realizado  desde  que  su  primer  destacamen- 
to de  tropas  desembarcó  en  Francia,  hace  once  meses, 
quedará  registrado  en  la  Historia  como  uno  de  los 
triunfos  más  grandes  de  la  guerra.  La  trascendencia 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


69 


de  obra  tan  enorme  sobre  el  progra- 
ma total  de  la  guerra  es  sumamente 
importante.  No  me  cabe  ya  ni  la 
menor  duda  que  su  extensión,  su 
significación  y  las  posibilidades  que 
para  lo  futuro  ofrece  una  obra  de 
éstas  deben  hacerse  patentes. 

( litemos,  para  comenzar,  algunos 
hechos  fundamentales.  Los  france- 
ses, por  ejemplo,  tenían  á  mano  to- 
dos sus  recursos;  así  que,  para 
ellos,  establecer  líneas  de  comuni- 
cación fué  cosa  relativamente  fácil. 
Las  tropas  británicas,  cuyas  fuentes 
de  abastecimiento  se  hallaban  mu- 
cho más  alejadas  de  la  zona  de  com- 
bate, con  más  el  transporte  por  mar 
como  factor  importantísimo  de  su 
programa,  tuvieron  que  afrontar 
desde  luego  una  tarea  mucho  más 
difícil  de  idear  y  perfeccionar. 

Pero  por  graude  que  haya  sido  el 
problema  del  ejército  británico,  el 
que  se  presentó  á  los  americanos  al  entrar  en  guerra 
fué  inmensamente  mayor.  Sus  tropas  y  su  material 
tenían  que  ser  transportados  á  miles  de  millas  de  sus 
centros  de  producción;  la  campaña  submarina  se  ha- 
llaba en  todo  su  furor.  Hubo  además  necesidad  de 
adoptar  el  sistema  de  convoyes,  que  vino  á  reducir 
considerablemente  la  capacidad  de  transporte  de  las 
compañías  navieras,  las  cuales,  aun  en  circunstancias 
más  favorables,  no  habrían  podido  dar  abasto.  Luego 
había  el  inconveniente  de  no  tener  en  ciertas  costas 
de  Francia  puertos  suficientemente  modernos,  ni  si- 
quiera se  contaba  con  facilidades  ferroviarias  adecua- 


DAMA   ENFERMERA    VISITANDO   KL   CAMPO   DK   BATALLA    DR  SOUVILLK 
EN    EL   FUENTE   DE    VEUULN 


FUENTE    DE    VERDLN.    PIEZA    FRANCESA    DE    GRAN    CALIBRE 


das  á  un  movimiento  tan  gigantesco  como  era  el  de 
transportar  un  torrente  de  hombres  y  municiones  aflu- 
yendo sin  cesar,  y  cada  vez  con  mayor  ímpetu,  desde 
el  día  en  que  el  primer  destacamento  de  soldados  nor- 
teamericanos pisó  el  suelo  de  Francia. 

Al  propio  tiempo,  hay  que  darse  cuenta  de  que, 
desde  el  momento  en  que  estalló  la  guerra,  Norte 
América  misma  comenzó  rápidamente  á  tomar  la  for- 
ma de  una  inmensa  máquina  de  combate. 

Con  las  primeras  materias,  las  industrias,  las  mi- 
nas, los  ferrocarriles,  etc.,  puesto  todo  ello  inmediata- 
mente á  las  órdenes  del  gobierno,  y  las  principales 
fuerzas  del  país  cada  día  más  cen- 
tralizadas en  el  solo  propósito  de 
multiplicar  la  producción  de  equi- 
pos de  guerra,  la  presión  que  hacia 
Francia  se  ejerció  más  tarde  fué  sor- 
prendentemente rápida,  tanto,  que 
casi  no  quedó  barco  disponible  á 
partir  de  esos  momentos.  Y  la  mis- 
ma situación  se  ha  sostenido  desde 
entonces  hasta  hoy,  y  seguirá  sos- 
teniéndose por  largo  tiempo  en  lo 
futuro.  Obsérvese  entretanto  que  la 
producción  de  barcos  nuevos  au- 
menta, y  que  ninguno  se  queda  in- 
activo. 

La  tarea  del  primer  destacamento 
de  ingenieros  norteamericanos  des- 
embarcado en  Francia  ha  consisti- 
do, pues,  en  acomodar  y  ofrecer 
toda  clase  de  facilidades  de  vida  á 
la  constante  y  creciente  masa  de 
hombres,  caballos,  cañones  y  provi- 
siones;   transformar  los  modestos 


70 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


medios  de  comunicación  que  existían,  en  una  línea  per- 
manente de  cientos  de  millas  de  longitud  adecuada  á 
las  exigencias  de  un  ejército  que  ha  de  contar  millo- 
nes de  hombres  y  al  mismo  tiempo  que  no  perjudique 
en  nada  el  transporte  necesario  para  la  población  civil 
que  se  halla  esparcida  á  través  de  la  extensa  región 
en  que  esas  líneas  se  encuentran. 

Pero,  con  todas  esas  dificultades,  los  yanquis  tenían 
una  ventaja  substancial  sobre  los  británicos,  y  aun 
sobre  los  franceses:  la  de  que  durante  tres  años  pudie- 
ron asimilarse  la  experiencia  que  en  la  guerra  lleva- 
ban adquirida  estas  dos  naciones,  y  forjar  en  detalle 
una  parte  muy  considerable  de  su  programa  principal 
conforme  al  desarrollo  pleno  de  la  organización  de 
guerra  en  Fran- 
cia y  en  la  Gran 
Bretaña.  No  an- 
duvieron lentos 
en  aprovechar 
esta  ventaja,  y  el 
progreso  asom- 
broso que  llevan 
realizado  se  debe 
en  no  poca  medi- 
da ala  prontitud 
con  que  supie- 
ron adoptar  é  in- 
corporar en  su 
propio  programa 
ciertas  formas 
de  organización 
que  ingleses  y 
franceses  habían 
hecho  ya  evolu- 
cionar en  un  pe- 
ríodo intenso  de 
plena  guerra.  La 
manera  cordial 

con  que  los  funcionarios  de  transportes  de  la  Gran 
Bretaña  y  de  Francia  recibieron  á  los  norteamerica- 
nos, facilitándoles  toda  clase  de  ayuda  y  consejo,  es 
uno  de  los  muchos  capítulos  brillantes  de  esa  obra. 

Esta  fué  la  úuica  ventaja  substancial  que  los  yan- 
quis tuvieron.  En  cambio,  encontraron  infinidad  de 
obstáculos;  su  tarea  es,  en  verdad,  colosal.  Hoy,  reco- 
rriendo  estos  campos,  puede  verse  claro  el  admirable 
impulso  con  que  han  acometido  sus  problemas  y  con 
que  han  vencido,  uno  tras  otro,  todos  los  obstáculos 
que  van  encontrando  en  su  camino.  Sesenta  días  más, 
y  la  mayor  parte  del  vastísimo  proyecto  habrá  entrado 
en  pleno  funcionamiento.  Aun  en  estos  momentos 
puede  decirse  que  el  sistema  respoude  ya  con  amplitud 
á  las  exigencias  actuales;  y  en  las  mismas  proporcio- 
nes los  trabajos  de  construcción  no  podrán  menos  que 
cobrar  mayor  rapidez. 

Lo  que  las  fuerzas  norteamericanas  llevan  así  lo- 
grado es  casi  increíble.  Por  ejemplo,  en  la  vasta  ex- 
tensión adyacente  á  cierto  viejo  puerto  francés  han 


DISPENSARIO   DEL   COMITÉ   NORTEAMERICANO    EN   BLERANCOURT 


construido  una  espléndida  línea  de  muelles  modernos, 
donde  diariamente  los  transportes  yanquis  descargan 
ríos  de  hombres  y  toda  clase  de  material  de  guerra. 
Ese  sistema  de  muelles  está  terminado,  y  suple  al  an- 
tiguo sistema  de  muelles  franceses  del  puerto,  donde 
tampoco  faltan  nunca  barcos  norteamericanos  que 
estén  descargando.  En  el  mismo  lugar  está  á  punto 
de  ser  terminado  un  gran  sistema  de  almacenes,  que 
para  esta  fecha  misma  ya  puede  guardar  la  gran  co- 
rriente de  provisiones  que  constantemente  afluye. 

En  la  parte  más  antigua  de  este  mismo  pueblo  de 
la  costa,  los  americanos  han  instalado  talleres  de  mo- 
tores y  grandes  establecimientos  frigoríficos;  un  par- 
que para  la  recepción  de  automóviles,  además  de  los 

edificios  necesa- 
rios para  alma- 
cenar los  pertre- 
chos de  las  fuer- 
zas de  aviar.ión, 
etcétera.  Estos 
son  más  ó  menos 
temporales,  y 
pasarán  dentro 
de  poco  á  formar 
parte  de  la  orga- 
nización general 
que  está  para  ter- 
minarse en  los 
alrededores  de 
la  localidad. 

Además  de  los 
nuevos  muelles, 
almacenes  y  ex- 
teusas  líneas  de 
ferrocarriles  (ca- 
si 200  millas  de 
red),  se  hallan 
muy  adelanta- 
dos ya  los  talleres  para  armar  coches  y  otros  aparatos. 
Cuando  yo  los  visité  estaban  aún  incompletos,  y  ya 
rendían  y  ponían  al  servicio  diariamente  veinte  coches 
del  tipo  antiguo.  Se  han  coustruído  otros  talleres— en 
un  sitio  distinto — para  armar  coches  de  puro  acero  que 
llegan  «desarmados»  de  Norte  América,  es  decir,  en 
secciones,  á  fin  de  aprovechar  mejor  el  espacio  en  los 
barcos.  En  estos  talleres  se  arman  coches  de  acero  á 
razón  de  un  tren  diario,  y  ahora  se  están  trazando  los 
planos  para  ampliar  los  trabajos.  Allí  se  ha  construido 
también  un  campamento  inmenso  para  los  estibadores 
negros;  además,  un  campo  para  el  servicio  de  anexos 
y  dos  campamentos  con  capacidad  cada  uno  de  ellos 
para  muchos  millares  de  soldados;  hacia  ellos  se  diri- 
gen los  soldados  en  cuanto  llegan,  y  de  allí  marchan 
destinados  después  á  los  diferentes  campos  de  instruc- 
ción situados  más  hacia  al  interior  del  país.  No  lejos 
de  allí  se  está  construyendo  un  nuevo  hospital  de 
20.000  camas.  Este  es  el  centro  de  hospitales  más 
grande  que  hasta  ahora  se  ha  construido.  Lo  compo- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


71 


nen  grupos  de  edificios  de  un  solo  piso,  pequeños,  ad- 
mirablemente ventilados  y  llenos  de  luz,  alzados  sobre 
una  extensa  llanura  de  arena  y  rodeados  de  pinos.  Ea 
conjunto,  promete  ser  una  institución  ideal. 

En  esa  misma  dirección  se  encuentra  luego  un 
campo  de  artillería,  con  todo  dispuesto  ya  para  reci- 
bir á  varias  brigadas  que  esperaban  cuando  yo  estuve 
allí.  Kste,  lo  mismo  que  la  organización  de  hospita- 
les, se  halla  en  manos  de  gente  muy  entendida.  El 
campo  comprende  además  cuadras,  en  las  que  había 
acomodados  varios  millares  de  caballos  en  la  fecha  de 
mi  visita.  En  esta  sección  todos  los  trabajos  se  efec- 
túan y  se  hallan  dirigidos  con  gran  vigor  é  inteligen- 
cia. No  sólo  la  actividad  de  los  cuerpos  directivos,  sino 
hasta  la  de  los 


^ltón3£S 


■ 


íM^ 


operarios  en  par- 
ticular, es  exce- 
lente. Por  todas 
partes  los  ameri- 
canos han  co- 
menzado á  darse 
cuenta  de  que 
han  llegado  á  so- 
breponerse á  las 
d  i  ficu  1  tades. 
Ahora  que  pue- 
den ya  entrever 
con  más  amplia 
visual  el  térmi- 
no de  lo  que 
hace  unos  cuan- 
tos meses  pare- 
cía obra  poco 
menos  que  impo- 
sible, redoblan 
satisfechos  su 
impulso,  ale- 
gres, inspirados 

por  sus  triunfos.  En  verdad  que  han  vencido  obstácu- 
los y  dominado  situaciones  que  sólo  con  gran  habili- 
dad y  espíritu  indomable  se  logran  en  la  vida. 

Viendo  y  estudiando  el  carácter  y  la  extensión  del 
esfuerzo  realizado  por  los  americanos  en  los  diversos 
puertos  donde  se  han  instalado,  se  da  uno  cuenta  que 
allí  radica  la  fuerza  de  sus  futuros  planes  de  operacio- 
nes. Por  grandes  que  hoy  parezcan  estas  organizacio- 
nes, están  de  tal  manera  instaladas,  que  son  capaces 
de  una  extensión  casi  sin  límites.  Esto  es  sumamente 
importante,  pues  el  giro  que  durante  estos  últimos 
dos  meses  ha  venido  tomando  la  guerra  indica  con 
claridad  el  sendero  hacia  una  unidad  mayor  en  el  es- 
fuerzo de  todos  los  aliados  y  mayor  movilidad  de  ac- 
ción por  parte  de  las  fuerzas  fnanco-anglo-yanquis.  Se 
tiende  á  juntar  todas  las  energías,  que  es  el  resultado 
natural  á  que  se  llega  centralizando  todo  y  poniéndolo 
bajo  un  solo  mando.  Esto  puede  fácilmente  convertir 
las  bases  norteamericanas  de  Francia  en  centros  prin- 
cipales de  reservas,  de  donde  irradiarán  sus  corrientes 


de  distribución  hacia  las  distintas  partes  del  frente, 
en  vez  de  hacerse  á  través  de  esas  áreas  intermedias 
avanzadas  que  se  están  construyendo  actualmente,  lis- 
tos, en  ese  caso,  serán  utilizados  en  relación  con  los 
centros  grandes  y  cada  vez  más  extensos  por  los  cua- 
les deberá  pasar  durante  algún  tiempo  en  lo  futuro  el 
ejército  norteamericano  de  dos  ó  más  millones  que  se 
está  hoy  formando. 

Las  mismas  condiciones  vigentes  en  estas  bases 
que  acabo  de  citar  encontraré  á  lo  largo  de  los  cien- 
tos de  millas  que  abarcan  las  líneas  de  comunicación 
norteamericanas.  Por  todas  partes  la  misma  clase  de 
hombres  competentes  dirigiendo;  el  mismo  espíritu 
espléndido  y  la  misma  energía;  el  mismo  progreso 

firme  hacia  la 
meta  que  se  tie- 
nen trazada;  el 
mismo  optimis- 
mo en  el  rápido 
y  glorioso  resul- 
tado que  se  va 
logrando  en  los 
planes  genera- 
les. 


A  - 


DEPÓSITOS  DE  CARBÓN   EN  LOS  MUELLES   DEL  SENA 


En  lo  concer- 
niente al  progra- 
ma aéreo,  hay 
actualmente 
grandes  planes 
en  vías  de  reali- 
zación. Cuando 
éstos  hayan  lle- 
gado á  su  pleno 
desarrollo,  va  á 
haber  de  fijo  más 
de  una  sorpresa 
en  el  frente  de 
batalla.  No  es  ningún  secreto  decir  que  hasta  hace 
poco  la  sección  aérea  del  gran  programa  yanqui  había 
sido  en  cierto  modo  un  desengaño.  Por  un  lado,  la  pro- 
ducción en  un  principio  no  fué  tan  normal  como  habría 
sido  deseable,  y  por  otro,  los  arreglos  preliminares 
hechos  de  este  lado  del  Océano  fueron  naturalmente 
deficientes  en  los  comienzos  de  la  instalación.  De 
modo  que  fué  muy  recientemente  cuando  se  empren- 
dieron los  trabajos  adecuados  para  aprovechar  los  cen- 
tenares de  jóvenes  norteamericanos  que  desde  un  prin- 
cipio vinieron  con  la  esperanza  de  terminar  su  ins- 
trucción rápidamente  é  incorporarse  en  seguida  á  las 
escuadrillas  de  combate. 

Hoy  día  es  cosa  ya  bien  distinta.  El  orden  ha  em- 
pezado á  superar  al  caos  en  esta  sección  importante 
del  programa  norteamericano.  Los  jóvenes  ingresan 
en  número  cada  vez  más  creciente  en  las  escuelas  de 
aviación  francesas,  en  las  británicas  y  en  las  yanquis. 
La  escasez  de  máquinas  de  instrucción  y  demás  faci- 
lidades está  desapareciendo,  y  va  quedando  el  terreno 


72 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


preparado  á  lia  de  que  el  servicio  aéreo  de  los  ameri- 
canos entre  en  plena  función  y  en  gran  escala  dentro 
de  muy  poco  tiempo.  Funcionan  ya  grandes  departa- 
mentos llamados  de  «producción»,  donde  en  realidad 
se  van  armando  y  se  prueban  los  aparatos.  Además 
existen  varias  escuelas  de  aviación  de  gigantescas 
proporciones,  y  talleres  de  reparación,  centros  de  abas- 
tecimiento, etc.,  todo  en  la  misma  escala.  En  lo  tocan- 
te á  aviadores  y  operarios,  los  hay  ya  en  número  sufi- 
ciente. Tan  pronto  como  los  motores,  las  piezas  y  de- 


PAQUEBOTK   FRA.NCÉS   ARMADO  CON   UN  CAÑÓN  DK  ~5 

más  material  necesario  comience  á  llegar  en  cantida- 
des abundantes — que  será  muy  pronto — ,  no  tardará 
en  realizarse  el  programa  aéreo  original  de  los  norte- 
americanos. 

Visité  varias  de  estas  nuevas  escuelas  de  aviación; 
vi  en  ellas  grao  cantidad  de  aviadores  expertos  que 
nada  tendrían  que  envidiar  á  los  mejores  franceses  ó 
británicos;  y  volé  yo  mismo  con  varios  de  los  más  jó- 
venes, sintiéndome  perfectamente  seguro  en  sus  ma- 
nos, lo  mismo  en  las. «volteretas»  ó  «espirales»  más 
difíciles,  que  en  los  vuelos  á  poca  altura,  que  consis- 
ten en  «barrerse»  sobre  los  campos  á  una  velocidad 
de  noventa  millas  por  hora,  brincar  cercas,  vallas, 
árboles  y  casas,  mostrando  en  todo  ello  un  supremo 
dominio  del  aparato.  Estoy  convencido  de  que  estos 
jóvenes  figurarán  entre  los  mejores  aviadores  cuando 
se  lancen  á  los  combates  del  frente.  Recuerdo  un  do- 


mingo por  la  mañana,  no  hace  mucho,  en  uno  de  los 
centros  de  aviación  que  visité.  Habría  en  todo  como 
sesenta  máquinas  en  el  aire  á  un  tiempo;  unas  practi- 
cando en  formación  ó  dando  volteretas  como  de  ordi- 
nario, otras  haciendo  ejercicios  en  extremo  acrobáti- 
cos ó  «de  combate»,  maniobra  que  consiste  en  lanzarse 
hacia  arriba  á  toda  velocidad,  desplomarse,  caer  de 
lado.  En  suma,  desafiando,  aparentemente,  todas  las 
leyes  de  gravedad  en  un  esfuerzo  supremo  y  constante 
por  «mantenerse  siempre  á  la  zaga  del  contrario». 

Este  centro  de  aviación  está  situado  en  una  esplén- 
dida extensión  de  terreno  á  nivel,  campo  raso  y  arbole- 
das, y  se  divide  en  ocho  aeródromos  distintos.  Los 
aeródromos  números  1,  2,  :i  y  4  están  agrupados,  con 
residencias  adyacentes  para  todos  los  que  reciben  la 
instrucción  de  las  primeras  cuatro  etapas  de  la  avia- 
ción. Estas  cuatro  etapas  comprenden  desde  los  cono- 
cimientos más  rudimentarios  sobre  el  motor  estacio- 
nario hasta  el  grado  en  que  el  discípulo  domina  el 
arte  de  volar  con  firmeza,  y  para  emplear  el  vocablo 
técnico,  «sin  sobresaltos».  Luego  vienen  los  cam- 
pos 5  y  6,  agrupados  también  (y  con  residencias  espe- 
ciales á  lo  largo),  que  es  donde  se  enseña  á  los  avia- 
dores la  parte  acrobática,  aprendizaje  intrincado  y  pe- 
ligroso que  se  subdivide  en  dos  cursos.  Cuando  el 
discípulo  ha  llegado  á  ejecutar  con  destreza  las  di- 
versas «suertes»  espirales,  curvas,  escabullidas,  etcé- 
tera, pasa  al  campo  número  7,  donde  por  diez  días 
consecutivos  se  le  instruye  de  una  manera  práctica  en 
las  maniobras  de  bombardeo  y  el  ejercicio  de  vuelos 
nocturnos.  De  allí  se  traslada  al  campo  número  H,  lla- 
mado el  «campo  de  combate»,  donde  se  ejercitan  ya  en 
combates  serios,  es  decir,  que  aprenden  todas  las  ma- 
niobras que  emplean  los  aviadores  más  expertos  del 
frente. 

En  otro  sitio,  á  cierta  distancia,  tuve  ocasión  de 
admirar  el  progreso  que  se  va  logrando  en  todos  los 
trabajos,  y  al  mismo  tiempo  cómo  están  organizados 
los  llamados  «departamentos  de  producción  del  servi- 
cio aéreo».  Este  importante  centro  de  actividad — y 
como  él  hay  varios  actualmente  en  construcción — 
tiene  más  de  seis  millas  de  largo  por  media  milla  di; 
ancho.  Dentro  de  esa  extensión  se  construirán,  proba- 
rán y  repararán  aeroplanos  norteamericanos  en  una 
escala  hasta  ahora  nunca  vista.  Los  trabajos  se  divi- 
den en  cuatro  secciones,  á  saber:  Transporte,  Produc- 
ción, Construcción  y  Aprovisionamiento.  Se  están  lim- 
piando bosques;  se  han  tendido  ya  muchas  é  impor- 
tantes líneas  férreas;  se  han  construido  talleres,  alma- 
cenes y  campamentos,  empleando  en  ello  un  número 
fabuloso  de  operarios;  se  han  cavado  norias  y  estable- 
cido sistemas  de  desagüe.  Hay  una  granja  donde  se 
llevan  sembrados  treinta  acres  de  patatas,  contando 
además  con  una  cría  muy  considerable  de  aves  de 
corral. 

El  oficial  que  está  encargado  de  esta  importante 
sección  del  servicio  aéreo  trata  á  los  muchos  miles  de 
gentes  que  tiene  á  sus  órdenes  como  si  todos  fueran 


HISTORIA  DE  LA   GUERRA   EUROPEA   DE  1914 


73 


miembros  de  su  propia  familia.  Es 
sumamente  humanitario,  calidad 
que  se  refleja  en  muchas  de  las  dis- 
tintas fases  de  su  gran  organiza- 
ción. Sus  dos  mil  trabajadores  chi- 
nos tienen  un  hermoso  jardín  típico 
en  su  barrio,  con  puentes  rústicos, 
casitas  veraniegas  rodeadas  de 
tiestos  y  macizos  de  flores  de  for- 
mas bellas  y  exóticas.  Las  residen- 
cias destinadas  á  su  plana  mayor, 
si  sencillas,  no  son  menos  hermo- 
sas y  adecuadas;  su  deseo  es  que 
los  millares  de  gentes  que  con  él 
colaboran  reciban  el  trato  afable  que 
se  merecen  y  tengan  todas  las  co- 
modidades que  sea  dable  propor- 
cionar. Lo  i'inico  que  él  les  pide  en 
cambio  es  una  buena  y  amplia  cola- 
boración, á  lo  cual,  naturalmente, 
todo  el  mundo  accede  más  que  gus- 
toso. El  fin  principal  de  tal  empresa 
consiste  en  abastecer  de  máquinas, 
sean  recién  armadas  ó  reparadas,  alas  grandes  escue- 
las de  aviación  que  acabo  de  describir. 

Actualmente,  el  departamento  conocido  con  el 
nombre  de  «Sección  Intermedia»  es  el  que  más  inte- 
rés presenta  para  los  planes  norteamericanos.  Su  im- 
portancia puede  ó  no  ser  mayor  á  medida  que  la  gue- 
rra se  prolonga,  como  llevo  ya  indicado,  pues  el  des- 
envolvimiento ulterior  de  las  grandes  bases  de  la  costa 
pudieran  cambiarle  la  función  que  originariamente  se 
le  asignara;  pero,  en  todo  caso,  es  hoy  en  día  uno  de 
los  pilares  principales  de  toda  la  estructura.  Com- 
prende una  gran  variedad  de  empresas,  todas  en  gran- 


OFICIALES    FRANCESES    B.N    LA    MBZQUITA    DE    BARKOUK. 


LOS   FRANCBSES   EN   ORIENTE.    ESTABLECIMIENTO   DE   LA   MISIÓN    LAICA 


de  escala,  desparramadas  en  varios  puntos,  sobre  una 
porción  de  territorio  que,  á  pesar  de  su  enorme  exten- 
sión, cuenta  con  una  admirable  red  de  ferrocarriles,  de 
tal  modo  combinadas  unas  líneas  con  las  otras,  que 
permiten  alimentar  con  rapidez  á  un  poderoso  ejército. 
El  «mapa  de  organización»,  que  muestra  las  dife- 
rentes dependencias  directas  de  esta  gran  «Sección 
Intermedia»,  si  no  tan  formidable,  recuerda  al  menos 
el  mapa  del  distrito  de  Whitehall,  asiento  de  los  Po- 
deres ejecutivos  del  Imperio  británico  en  Londres.  El 
funcionario  que  está  á  la  cabeza  de  dicha  sección  es 
directamente  responsable  de  los  principales  almace- 
nes de  reservas  destinadas  á  las 
fuerzas  expedicionarias  de  los  Esta- 
dos Unidos  y  de  la  reexpedición 
constante  de  las  provisiones  que 
diariamente  se  necesitan;  pero  ade- 
más es  en  gran  parte  responsable 
de  la  buena  organización  y  gobier- 
no de  los  grandes  campos  de  avia- 
ción, de  las  escuelas,  hospitales  de 
base,  lugares  de  recreo,  talleres  de 
ingeniería  y  reparaciones,  de  arma- 
dura de  tanques,  maestranzas,  al- 
macenes frigoríficos;  de  la  direc- 
ción de  un  gran  ejército  de  labrie- 
gos, en  el  que  están  incluidos  mu- 
chos miles  de  negros,  chinos  y  pri- 
sioneros de  guerra  alemanes. 

La  visita  á  este  gigantesco  cam- 
po de  operaciones  es  no  sólo  ins- 
tructiva, sino  que  al  propio  tiempo 
infunde  confianza.  En  un  lugar  re- 
corrí enormes  talleres  y  fundiciones 
destinados  á  la  reparación  y  inon- 


T/OMO  IX 


71 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


taje  de  locomotoras  (instalados  en  editicios  grandes  y 
modernos  casi  terminados),  construidos  para  los  yan- 
quis, bajo  la  dirección  de  franceses,  por  una  Compañía 
española;  vi  allí  mismo  un  gigantesco  depósito  de 
aceites  y  petróleo,  un  hospital  con  10.000  camas  y 
gran  número  de  otras  ramificaciones  de  gran  impor- 
tancia pertenecientes  á  una  organización  central,  que 
á  su  vez  constituye  una  de  las  verdaderas  secciones 
potenciales  del  servicio  de  abastecimientos.  En  otro 
sitio  visité  inmensos  centros  de  ferrocarriles  poblados 
por  un  sin  fin  de  hileras  de  almacenes  con  estructura 
de  acero,  que  se  están  construyendo  para  almacenar 
provisiones  suficientes  para  un  ejército  de  un  millón 
de  hombres  durante  treinta  días;  una  inmensa  instala- 
ción de  maquinaria  para  refrigerar;  una  instalación 
de  gas,  una  de  depósitos  de  acei- 
te y  muchos  otros  ramos,  todos  en 
la  misma  escala  colosal. 

Todo  se  ve  allí  inspeccionado 
con  calma  por  hombres  serenos, 
viéndolo  crecer  ante  sus  ojos. 
Cuando  los  teléfonos  llaman — y 
nunca  estáu  quietos — no  se  oyen 
gritos  de  niDguna  especie,  sino 
respuestas  serenas,  firmes,  á  las 
preguntas  que  se  hacen.  Se  nota 
por  todas  partes  cierta  sumisión. 
Todo  progresa  en  medio  de  un  or- 
den absoluto,  bajo  la  dirección  fir- 
me de  hombres  inteligentes  y  ca- 
paces. Los  Estados  Unidos  han 
puesto  sus  mejores  directores  en 
estos  trabajos,  y  están  obteniendo 
magníficos  resultados,  como  de 
fijo  lo  probarán  muy  en  breve  los 
acontecimientos. 

Un  poco  más  lejos,  en  la  misma 
dirección,  tuve  luego  oportunidad  de  notar  por  doquie- 
ra idénticas  señales  de  orden,  combinado  con  energía, 
al  visitar  las  panaderías  del  ejército,  que  están  en  el 
edificio  central  de  los  diversos  centros  avanzados,  de 
donde  las  provisiones  son  de  nuevo  arregladas  y  reex- 
pedidas á  las  varias  estaciones  terminales  y  de  allí  á 
los  soldados  del  frente.  En  todo  se  revela  un  dominio 
completo  por  parte  de  cada  uno  de  los  directores,  de 
lo  que  los  Estados  Unidos  se  propusieron  lograr  cuan- 
do entraron  en  guerra,  y  una  absoluta  determinación 
de  llevarlo  á  cabo  bien.  Así  será  igualmente  la  obra 
de  los  ejércitos  norteamericanos  cuando  operen  en  un 
campo  de  operaciones  mucho  más  vasto. 

Si,  como  muchos  creen,  va  á  ser  necesario  que  los 
americanos  pongan  un  ejército  de  tres  millones  en  el 
campo  de  batalla,  á  fin  de  que  los  aliados  puedan  obte- 
ner una  victoria  militar  definitiva  y  concluyente,  en- 
tonces el  rápido  desarrollo  de  todo  el  programa  norte- 
americano es  cosa  de  suprema  importancia  para  la 
causa  aliada  en  general.  Desde  todos  los  puntos  de 
vista,  los  resultados  del  primer  año  de  esfuerzo  puede 


considerarse  como  un  triunfo  admirable,  del  que  los 
yanquis  tendrían  razón  de  sentirse  orgullosos.  Lo  que 
llevan  logrado  en  este  año  es  un  monumento  levanta- 
do á  su  celo  patriótico  y  á  sus  maravillosas  aptitudes. 
Es  un  triunfo  que  promete  cosas  aún  más  grandes  en 
un  futuro  inmediato.  En  él  está  ya  revelado  el  prin- 
cipio del  fin,  é  indica  claramente  la  victoria  triunfal 
para  los  aliados. 

\  mí  me  parece  que  cuanto  más  se  conozcan  estos 
esfuerzos  es  mejor.  Si  el  euemigo,  frustrado  su  esfuerzo 
de  vencer  lanzando  contra  las  líneas  aliadas  toda  la 
fuerza  de  sus  ejércitos  de  Oriente,  á  causa  del  colapso 
ruso,  vuelve  á  concentrar  sus  energías  en  una  nueva 
ofensiva  de  paz,  como  indudablemente  ha  de  hacerlo, 
entonces  no  cabe  duda  que  el  conocimiento  claro  de  la 
índole  y  extensión  de  lo  que  los 
norteamericanos  llevan  logrado 
para  hoy,  agregado  á  la  revelación 
de  los  planes  generales  america- 
nos, y  sobre  todo  una  buena  inteli- 
gencia de  la  profunda  determina- 
ción del  pueblo  de  los  Estados  Uni- 
dos en  llevar  su  esfuerzo  al  último 
extremo  y  no  detenerse  hasta  que 
se  haya  asegurado  la  paz  que  se 
necesita,  eso,  repito,  alentará  aun 
á  los  más  vacilantes  y  hastiados 
de  la  guerra  é  impondrá  silencio  á 
los  traidores  y  pacifistas.» 

VI 
La  acción  naval 


KL  ALMIRANTE   NORTEAMERICANO  81MS 


El  proceso  histórico  de  la  Arma- 
da yanqui  es  tan  breve  como  dig- 
no de  atención. 

Durante  la  guerra  de  la  Revolución,  cuyas  esta- 
dísticas son  imperfectas,  se  estima  que  en  los  84  bu- 
ques que  tanto  favorecieron  á  la  causa  de  la  libertad  de 
las  colonias,  en  la  lucha  que  aseguró  su  independen- 
cia, servían  alrededor  de  10.000  hombres. 

En  la  guerra  de  Inglaterra,  desde  1801  á  1807,  se 
emplearon  19  buques. 

Al  principio  de  la  guerra  de  1812,  Norte  América 
tenía  21  buques,  incluyendo  ciuco  fragatas,  tres  bar- 
cas y  siete  bergantines  de  tonelaje  variable  entre  LOO 
y  1.644,  con  un  total  de  14.000  toneladas.  En  esta 
guerra  se  emplearon  también  16Ó  pequeños  cañoneros 
y  numerosos  corsarios,  que  causaron  graves  daños  al 
comercio  británico.  En  este  mismo  año  la  Armada  con- 
taba con  500  oficiales  y  4.010  hombres;  durante  la  lu- 
cha se  emplearon  14.960  oficiales  y  tropa  y  2.745  sol- 
dados de  infantería  de  marina. 

En  la  guerra  de  Méjico,  la  Armada  comprendía 
72  buques,  entre  100  y  1.000  toneladas,  con  un  total 
de  68.000.  La  fuerza  autorizada  era  de  7.Ó00  hom- 
bres, sin  contar  los  oficiales  é  infantería  de  marina,  con 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


75 


los  cuales  se  llegaría  á  un  total  probable  de  10.000. 

Cuando  se  inició  la  guerra  civil,  en  1S61,  había 
armados  ó  utilizables  69  buques,  con  85.054  toneladas; 
todo  buque  que  pudo  ser  empleado  se  armó,  desarro- 
llándose nuevos  tipos,  tales  como  el  monitor  y  el  aco- 
razado, desplegándose  gran  actividad  en  la  construc- 
ción de  buques  de  guerra.  Se  utilizaron  800  buques 
de  todas  clases,  entre  ellos  600  de  combate;  el  más 
grande  fué  el  Niágara,  buque  de  madera  de  6.000  to- 
neladas, y  el  mayor  de  los  acorazados  fué  el  Neto  Iron- 
Stdes,  El  contingente  mayor  de  hombres  fué  de  51.000 
en  18(>3.  En  los  cuatro  años,  el  número  total  de  alista- 
dos alcanzó  la  cifra  de  118.044,  ó  sea  un  promedio 
anual  de  29.500. 

Al  iuiciarse  la  guerra  con  España,  la  Armada  nor- 
teamericana contaba  con  13.945 
hombres,  número  que  aumentó 
á  26.828  durante  la  guerra,  inclu- 
yendo 4.000  de  infantería  de  mari- 
na en  servicio.  El  30  de  Junio 
de  1898  había  20.802  hombres  y 
2.0"J6'  aprendices  en  los  roles.  To- 
tal, 22.828.  Había  1.484  oficiales, 
L80  retirados  y  850  nombrados 
temporalmente  Había  111  buques, 
con  un  tonelaje  total  de  -J40.000  al 
principio  de  la  guerra;  pero  mu- 
chos eran  pequeños  é  ineficaces, 
siendo  el  más  pequeño  de  31  tone- 
ladas solamente;  el  más  grande 
era  el  acorazado  Oregón,  de  11.340 
toneladas;  se  adquirieron  cerca 
de  200  buques  auxiliares. 

En  la  guerra  actual  ya  todo  el 
mundo  sabe  el  prodigio  obrado  por 
la  gran  República  norteamerica- 
na; pero  todavía  se  piden  nuevas 
cooperaciones,  más  sacrificio  y  más  dinero  para  con- 
vertir á  la  Armada  de  los  Estados  Unidos  en  «la  Marina 
más  fuerte  del  mundo,  con  gran  superioridad  sobre 
todas  las  conocidas  y  proyectadas». 

Así  opinaba  en  ciertas  declaraciones  el  ministro 
Mr.  Daniels,  y  añadía: 

«La  esperanza  de  un  convenio  mundial  entre  las 
naciones  que  tienen  escuadras,  con  el  fin  de  reducir 
los  armamentos,  no  lleva  trazas  de  realizarse  hoy,  que 
casi  el  mundo  entero  está  en  guerra.  Entre  los  puntos 
que  deben  aprobarse  en  la  Conferencia  de  la  paz  debo 
figurar  uno  por  el  que  se  cree  una  Armada  internacio- 
nal que  sirva  para  garantizar  la  ejecución  de  toda 
resolución  internacional,  contribuyendo  cada  país  en 
proporción  á  su  riqueza  y  población.  Los  Estados  Uni- 
dos estarán  después  de  la  guerra  en  disposición  do 
producir  tantos  y  tan  poderosos  buques  como  otro 
país  cualquiera,  pero  es  de  desear  no  siga  á  la  guerra 
una  época  de  armamentos  en  competencia.» 

En  Junio  de  1918,  el  colaborador  naval  de  VUlus- 
tration  de  París,  M.  Lestonuat,  hizo  una  visita  á  la 


EL  contraalmirante  norteamericano 

H.    B.   WILSON 


base  almirante  norteamericana,  y  á  esa  visita  perte- 
necen las  impresiones  que  vamos  á  transcribir: 

«Á  nuestra  vista  aparecen  fábricas,  fundiciones, 
almacenes,  polvorines,  campamentos,  etc.,  todo  suce- 
sivamente, y  que  ha  surgido  del  suelo  en  algunas  se- 
manas. Una  voluntad  ha  metamorfoseado  la  campiña 
árida:  la  voluntad  del  pueblo  de  los  Estados  Unidos, 
que  quiere  batir  á  los  bárbaros  lo  antes  posible  y  que 
nada  regatea  con  tal  de  obtener  la  victoria. 

Esa  voluntad  indomable  de  nuestros  aliados  está 
representada  aquí  por  el  almirante  Wilson,  coman- 
dante en  jefe  de  las  fuerzas  navales  de  los  Estados 
Unidos  en  Francia.  El  almirante  tiene  una  fisonomía 
de  las  que  no  se  olvidan;  su  manera  rápida  de  estre- 
char la  mano  mirando  fijamente  á  su  interlocutor,  la 
sonrisa  con  que  firma  las  órdenes 
que  da,  su  verbo  breve  y  conciso, 
denotan  un  carácter  extremada- 
mente firme. 

En  todas  las  marinas  de  guerra, 
cualquier  oficial  general  es  almi- 
rante para  sus  subordinados;  los 
tres  grados  más  elevados  de  la  je- 
rarquía— almirante ,  vicealmiran- 
te y  contraalmirante — se  confun- 
den de  esta  suerte  bajo  una  mis- 
ma denominación;  por  eso  damos 
el  titulo  de  almirante  al  coman- 
dante en  jefe  de  la  Armada  norte- 
americana en  Francia,  aun  cuan- 
do sea  contraalmirante. 

El  contraalmirante  Henry  Braid 
Wilson  nació  en  Camden  (Nueva 
Jersey)  el  23  de  Febrero  de  1861. 
Cursó  sus  estudios  en  la  Escuela 
Naval  de  Nueva  Jersey  hacia  1881, 
y  después  de  un  período  de  prácti- 
cas fué  nombrado  teniente  de  navio.  Trece  años  estuvo 
ostentando  esta  graduación,  pues  entonces  se  hacía 
muy  lentamente  la  carrera  en  la  Marina  norteameri- 
cana. Después  sirvió  en  la  base  de  China  á  bordo  del 
acorazado  Kentucky,  mandó  más  tarde  el  crucero  ex- 
plorador Chester  y  á  continuación  asumió  el  mando 
del  acorazado  Nor/h  Dakota.  Después  de  haber  desem- 
peñado las  funciones  de  inspector  de  los  navios  de  la 
flota,  tomó  el  mando,  en  Abril  de  1916,  del  nuevo  gran 
acorazado  Pennsylvania,  uno  do  los  primeros  navios 
de  combate  movido  á  petróleo  y  el  primero  que  intro- 
dujo en  su  armamento  torres  de  tres  cañones.  Segui- 
damente sirvió  como  capitán  en  el  Estado  Mayor  de  la 
flota.  El  28  de  Marzo  de  1017,  el  gobierno  de  los  Esta- 
dos Unidos,  viendo  que  la  guerra  con  Alemania  era 
inevitable,  lo  designó  para  el  comando  de  las  fuerzas 
encargadas  de  patrullar  á  lo  largo  de  la  costa  del  At- 
lántico, desde  Eastport  (Maine)  hasta  Panamá.  El  l/'de 
Julio  de  1017  fué  ascendido  á  contraalmirante,  y  algún 
tiempo  después  se  le  designó  para  las  elevadas  fun- 
ciones que  ocupa  actualmente  en  Francia. 


76 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


EL   «PHOMETHEUd.»,    BAEUU-TALLKK 

El  almirante  Wilson  tiene  corno  jefe  de  Estado 
Mayor  al  capitán  John  H.  Halligan  y  como  oficial  de 
órdenes  al  teniente  John  Armstrong  Sellaras.  Ambos 
son  trabajadores  infatigables  y  grandes  admiradores 
de  la  raza  francesa,  y  están  resueltos,  como  su  jefe  y 
todos  sus  compañeros,  á  ganar  la  guerra.  He  de  añadir 
que  Mr.  Sellards  posee  el  don  de  exponer  con  gran 
claridad  las  cuestiones  más  complejas  y  que  casi  siem- 
pre las  resuelve  prácticamente.  A  él  le  debemos  no 
haber  perdido  ni  un  minuto,  pues  el  almirante  nos  lo 
proporcionó  en  calidad  de  guía. 

Cuando  los  Estados  Unidos  intervinieron  en  la 
lucha,  nuestros  nuevos  aliados  se  apre- 
suraron á  enviarnos  destroyers,  avisos, 
cañoneros,  etc.,  todo  para  reforzar  nues- 
tras flotillas  de  patrulla  y  para  dar  caza 
á  los  submarinos  enemigos;  para  aumen- 
tar el  tonelaje  que  tanto  necesitábamos, 
pusieron  á  nuestra  disposición  un  creci- 
do número  de  navios.  Pero  para  que  esta 
ayuda  diese  de  sí  todo  lo  más  posible, 
no  constituyese  una  causa  de  embarazo 
á  uuestros  astilleros,  cargados  ya  exce- 
sivamente de  trabajo,  era  indispensable 
provenir  á  la  manutención  de  esta  nueva 
flota  y  asegurar  todo  lo  posible  sus  repa- 
raciones en  este  lado  del  Océano.  El  de- 
partamento de  la  Marina  norteamericana 
tuvo  que  recurrir  á  los  barcos-talleres, 
que  ya  le  habían  rendido  tan  buenos  ser- 
vicios en  Filipinas  y  en  Cuba  y  durante 
el  famoso  viaje  de  las  escuadras  yanquis 
alrededor  del  mundo.  Como  hacían  falta 
muchos,  numerosos  buques  de  todas  cla- 
ses fueron  transformados  rápidamente  en 


barcos-talleres,  é  inmediatamente 
se  les  envió  muy  bien  equipados  á 
las  bases  norteamericanas  creadas 
en  Francia  y  en  la  Gran  Bretaña.  La 
base  almirante  en  Francia  posee 
dos:  el  Promethcu»  y  el  Panther; 
éste,  que  es  el  más  pequeño  de  am- 
bos, sirvió  como  crucero  auxiliar 
durante  la  guerra  hispano- ameri- 
cana. 

El  Prome¿heus  es  un  antiguo  car- 
bonero del  servicio  naval  para  abas- 
to de  los  establecimientos  yanquis 
del  Pacífico;  tiene  114  metros  de 
longitud  y  desplaza  en  bruto  12.950 
toneladas;  la  potencia  total  de  sus 
máquinas  es  de  6.400  caballos  y  su 
marcha  alcanza  11  nudos.  Lo  man- 
da un  capitán  de  navio.  El  Estado 
Mayor  comprende  12  oficiales  (con 
dos  ingenieros  especialistas),  la  tri- 
pulación 250  hombres  y  el  personal 
de  taller  1U9  obreros  de  todas  espe- 
cialidades. A  bordo  se  ejecutan  toda  clase  de  reparacio- 
nes en  cascos,  máquinas  y  calderas;  toda  clase  de  car- 
pintería naval,  de  montaje  de  torpedos  y  de  ajuste  de 
piezas.  Especialistas  venidos  de  las  principales  casas 
de  óptica,  de  relojería,  de  electricidad  y  de  mecánica 
de  precisión  construyen  ó  reparan  sextantes,  compa- 
ses, telémetros,  giróscopos,  prismáticos,  cronóme- 
tros, galvanómetros,  barómetros,  pilas,  dinamos,  má- 
quinas de  escribir,  máquinas  de  coser,  teléfonos,  etc. 
Una  central  eléctrica  distribuye  energía  á  todos  los 
talleres  y  una  cámara  frigorífica  fabrica  hielo  para  los 
hospitales  y  los  navios. 


EL   «PROMETHEUtí»    CARGANDO   UNA   CALDERA 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


77 


Un  taller  de  dibujo  y  do  modelos, 
ud  laboratorio  para  el  estudio  de  los 
metales  y  una  oficina  de  pedidos 
completan  esta  fábrica  flotante,  mo- 
delo en  su  genero.  En  los  talleres  y 
en  las  oficinas  los  jefes  trabajan  en 
medio  de  su  personal,  sin  subdivi- 
siones jerárquicas,  sin  aisladores; 
no  hay  que  molestarse  para  dar  una 
orden:  el  hombre  necesario  está  allí 
y  escucha.  Cada  departamento  es 
autónomo;  no  conoce  mas  que  á  sus 
clientes;  cuando  éstos  necesitan  al- 
guna cosa,  van  á  pedírselo  directa- 
mente al  jefe,  al  que  manda.  Cada 
cual  expone  su  idea,  y  se  adopta 
aquella  que  parece  más  ventajosa 
para  aprovechar  los  medios  y  para 
la  rapidez  de  la  ejecución.  Cinco 
vaporcillos  de  servicio  actúan  de 
mandaderosy  acuden  al  llamamien- 
to de  los  clientes.  Nada  de  papelo- 
tes. Todo  lo  que  no  es  rigurosamen- 
te indispensable  para  la  gestión  se  quema  todas  las  no- 
ches, y  al  mismo  tiempo  se  funden  todos  los  desperdi- 
cios de  metal. 

En  la  rada,  los  clientes,  muy  numerosos,  están 
agrupados  por  familias  y  amarrados  á  cuerpos  muer- 
tos en  racimos  de  seis  ú  ocho.  Esto  era  una  cosa  com- 
pletamente desconocida.  Jamás  se  había  intentado. 
Pero  la  necesidad  ha  obligado  á  la  Marina  á  realizar 
el  ensayo,  y  éste  ha  obtenido  un  éxito  completo. 

Cuando  los  yanquis  optaron  por  la  guerra,  acaba- 
ron con  el  método  sentimental  que  da  pábulo  á  toda 


DKSTRÜYKU3  AL  COSTADO    DEL   «PKOMETUKIS  I    l'AUA    KEl'AK  \<  IOM  S 


INTERIOR  DBL   «PROMKTHBUS» 

clase  de  discusiones  estériles,  sin  permitir  jamás  ce- 
rrar ninguna.  Afirmaron  que  todo  pueblo  tiene  el  deber 
sagrado  de  no  atropellar  á  sus  vecinos,  pero  proclama- 
ron bien  alto  que  en  caso  de  ataque  no  había  razón 
para  dejar  de  practicar  la  guerra  implacablemente. 
Ninguno  de  ellos  comprende  nuestra  vacilación  en 
bombardear  las  ciudades  alemanas  ni  nuestras  defe- 
rencias para  con  los  prisioneros.  Hasta  los  más  ínfi- 
mos detalles  de  su  organización  acusan  una  voluntad: 
combatir;  un  objetivo  único  y  definitivo:  vencer. 

Amigos  del  orden,  su  primer  cuidado  al  llegar 
aquí  fué  crear  una  fuerza  —  nav  y  pólice— encargada  de 
ayudar  á  la  policía  local  á  mante- 
ner la  buena  armonía  que  debe  rei- 
nar, y  que  efectivamente  reina  en- 
I  \  tre  los  habitantes  y  las  tropas. 

Hombres  elegidos  entre  las  mejores 
tripulaciones  de  la  flota  cumplen 
con  general  satisfacción  este  deli- 
cado encargo,  para  el  que  han  sido 
entrenados  y  educados  cuidadosa- 
mente. Se  les  ve  en  las  bocacalles 
estrechas  y  tortuosas,  muy  seve- 
ros, canalizando  con  un  ademán  la 
circulación.  Con  el  fusil  colgado  al 
hombro  patrullan  á  través  de  la 
ciudad,  impasibles,  pero  siempre  al 
acecho.  Un  teniente  de  navio,  se- 
cundado por  tres  alféreces,  asumí' 
la  responsabilidad  de  la  paz  públi- 
ca. Parece  ser  que  esto  no  es  difícil, 
tantomáscuantoquese  ha  adoptado 
una  medida  que  contribuye  á  ello, 
como  lo  es  la  medida  que  prohibe  el 
consumo  de  bebidas  alcohólicas. 


78 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


Sobre  el  peñascal  que  domina  la  entrada  del  puer- 
to militar,  en  los  cuarteles  que  lia  puesto  á  su  disposi- 
ción la  autoridad  militar  francesa,  los  norteamerica- 
nos han  establecido  el  depósito  de  sus  tripulaciones  y 
el  centro  de  la  navy  pólice.  Ahora,  todos  los  marinos 
de  la  flota  de  la  Unión  son  de  nacionalidad  yanqui; 
reciben  la  instrucción  profesional  en  las  escuelas  de 
New-Port  (Rhode  Island),  Norfolk  (Virginia),  Great 
Lakes  Station  (cerca  de  Chicago),  San  Francisco  y  eu 
otras  escuelas  creadas  para  mientras  dure  la  guerra. 
El  reclutamiento  ha  mejorado  mucho  en  calidad;  nu- 
merosos jóvenes  de  muy  buenas  familias  se  alistan 
hoy  en  la  marina  de  guerra.  El  sueldo  es  elevado  y  el 
comfort  excelente. 

Desde  la  entrada 
en  guerra  de  los 
Estados  Unidos,  el 
Congreso  ha  vota- 
do 3.500  millones 
de  créditos  para  la 
Marina,  suma  supe- 
rior á  laque  lia  gas- 
tado la  Armada  de 
la  Unión  desde  la 
fecha  de  su  crea- 
ción, en  1704,  has- 
ta 101(>  inclusive. 

¿Cómo  se  han  em- 
pleado esos  crédi- 
tos? Gran  parte  de 
ellos  se  han  dedica- 
do al  personal.  Los 
gastos  de  sueldo, 
que  eran  de  unos 
cinco  millones  de 
dólares  por  mes  an- 
tesdeAbril  de  11)17, 

han  alcanzado  (Junio  de  1918)  17.200.000.  Desde  aque- 
lla fecha,  el  personal  ha  sido  más  que  triplicado:  de 
82.738  liombres  ha  pasado  á  349.997,  oficiales  inclusi- 
ve. Durante  el  primer  año  de  guerra,  el  cuerpo  sani- 
tario se  ha  elevado  de  1.600  á  8. 000  hombres;  el  efec- 
tivo de  los  mecáuicos  de  los  arsenales  ha  pasado  de 
35.000  á  86.000,  y  en  los  astilleros  del  Estado  se  cuen- 
tan sobre  7.000  empleados  civiles.  En  la  Academia 
Naval  de  Annapolis  hay  1.307  aspirantes  á  oficiales. 
La  requisa  de  800  buques  de  todas  clases  ha  per- 
mitido, después  de  transformarlos  y  arreglarlos,  obte- 
ner seguidamente  el  material  indispensable  para  los 
transportes,  la  escolta  de  los  transportes,  el  patru- 
llaje,  el  remolcaje  y  el  dragado  de  minas.  La  repara- 
ción de  109  buques  alemanes  internados,  cuyas  máqui- 
nas estropeadas  por  las  tripulaciones  ha  sido  preciso 
cambiar,  ha  dado  700.000  toneladas  más  á  la  marina 
mercante.  Se  han  construido  centenares  de  buques  de 
todas  clases  y  tipos.  Seguramente,  hay  ahora  cuatro 
veces  más  barcos  en  servicio  dentro  de  la  Marina  nor- 
teamericana que  hace  un  año.  En  los  astilleros  yan- 


EL   YATE   UIARBARD»    ARMADO    PARA   LA   PBRSECUC10N    DE  LOS   SUBMARINOS 


quis  se  trabaja  frenéticamente.  Nuestros  aliados  están 
perfectamente  seguros  de  poder  reemplazar  en  seguida 
todos  los  buques  que  destruyan  los  submarinos  ene- 
migos y  aun  de  aumentar  el  tonelaje  general  de  ma- 
nera que  se  satisfagan  todas  las  necesidades  de  la 
Entente. 

De  esta  enorme  crecida  de  los  efectivos  y  del  ma- 
terial ha  nacido  un  tráfico  inmenso,  increíble,  que  ha 
entrañado  necesariamente  el  desarrollo  de  los  medios 
de  abastecimiento  general  de  las  bases  navales.  En  lo 
que  concierne  á  la  base  almirante  en  Francia,  lia  sido 
menester  instalar  en  seguida  agua  potable  en  canti- 
dad suficiente  para  los  pobladores,  para  la  guarnición, 

para  los  buques  y 
para  las  tropas  que 
pasan  por  aquí  en 
u limero  considera- 
ble. Cierto  que  la 
cuestión  del  agua 
no  era  nueva;  du- 
rantediez  años  con- 
secutivos venían 
ocupándose  de  ella 
numerosas  comi- 
siones, y  ha  sido 
resuelta  después  de 
algunas  conferen- 
cias entre  los  inte- 
resados, el  prefecto 
marítimo  y  el  almi- 
rante \Yilson.  Con 
un  gran  sentido  de 
previsión,  el  almi- 
rante Wilson  había 
hecho  traer  de  Nor- 
te América  los  con- 
ductos y  todo  el 
material  suficiente  para  la  ejecución  de  los  trabajos, 
de  suerte  que,  dos  meses  después,  la  canalización  ya 
era  un  hecho.  Los  habitantes,  los  soldados,  los  mari- 
nos y  toda  esa  muchedumbre  indeterminable  á  la  que 
se  da  el  nombre  colectivo  de  población  flotante,  tienen 
ahora  agua  clara;  los  navios  pueden  llenar  sus  tanques 
antes  de  hacerse  á  la  mar,  hacia  el  otro  lado  del  Océa- 
no, para  ir  en  busca  de  nuevas  divisiones,  de  nuevos 
cañones,  de  nuevas  municiones. 

Por  su  parte,  la  marina  francesa  todo  lo  ponía  en 
marcha  para  ayudar  á  los  aliados  en  la  organización 
de  su  base  naval.  El  almirante-prefecto  activaba  los 
trabajos  que  venían  realizándose  para  la  construcción 
de  nuevas  calas  secas,  y  pronto  logró  su  propósito. 
Hoy  ya  están  en  pleno  funcionamiento.  Nada  existía 
ó  casi  nada  para  el  almacenaje  del  combustible  líqui- 
do, cuyo  consumo  ha  ido  adquiriendo  enormes  pro- 
porciones, en  razón  del  mayor  empleo  de  petróleo 
para  alzar  presión  en  las  calderas  marítimas  y  tam- 
bién del  uso  cada  vez  más  expandido  de  motores  de 
combustión  interna  y  de  los  motores  de  explosión. 


HLSTOmA  DE  LA  GUEUIM  EUROPEA  DE  1914 


79 


Por  de  pronto,  se  han  construido  grandes  tanques 
que  cubren  todas  las  necesidades,  y  aún  quedan  en 
reserva  varios  depósitos  por  si  fuera  preciso  afrontar 
cualquier  circunstancia  eventual. 

Una  parte  muy  importante  del  tonelaje  se  utiliza 
para  el  transporte  del  material  rodante,  es  decir,  para 
el  transporte  de  locomotoras  y  vagones  de  todas  cla- 
ses. Hasta  ahora,  las  máquinas  se  transportaban  com- 
pletamente desmontadas,  con  las  piezas  sueltas,  y  á 
la  llegada  se  las  montaba.  Esta  tarea  delicada  y  todas 
las  maniobras  de  desem- 
barque y  de  colocar  des- 
pués á  las  máquinas  sobre 
vagones  exigía  tiempo  y 
personal,  dos  cosas  que 
deben  regatearse  en  este 
momento.  Además,  el 
montaje  sobre  el  mismo 
muelle  tenía  otros  incon- 
venientes, entre  ellos  el 
de  que  á  veces  faltaba  es- 
pacio donde  poder  descar- 
gar los  diversos  efectos 
que  traían  los  buques. 

Urgía  remediar  siu  tar- 
danza aquella  situación 
que  tenía  desagradables 
consecuencias,  toda  vez 
que  el  retraso  se  multipli- 
caba hasta  el  infinito  en 
todas  las  cosas.  Pronto  se 
encontró  el  remedio.  Cier- 
ta mañana  un  gran  trans- 
porte yanqui  de  16.500  to- 
neladas penetró  en  la  dár- 
sena del  arsenal,  y  fué  á 
atracaren  el  muelle,  don- 
de hay  una  grúa  de  150  to- 
neladas. Abiertas  las  bo- 
degas, los  que  se  hallaban 
en  la  plataforma  de  la  grúa 
divisaron  allá  abajo  algo 

parecido  á  una  caja  de  juguetes  que  contenía  entre 
haces  de  paja  ciertos  objetos,  que  lo  mismo  podían 
haber  sido  un  menaje,  una  cocina  ó  bien  una  minús- 
cula fábrica.  Eran  treinta  y  tres  locomotoras,  comple- 
tamente montadas  y  alineadas  entre  brazadas  de  heno. 
Extraídas  una  tras  otra  por  el  cable  de  la  grúa,  pasa- 
ron del  barco  á  la  vía  férrea,  y  andaron  dócilmente 
una  tras  otra  también  hacia  el  depósito  de  máquina?, 
donde  en  un  abrir  y  cerrar  de  ojos  hábiles  obreros  pre- 
parados al  efecto  les  colocaron  la  caperuza  de  una  chi- 
menea y  las  proveyeron  de  una  fina  red  arterial  de 
cobre  que,  comunicando  su  corazón  con  las  extremi- 
dades, las  animó  inmediatamente.  El  muelle  uo  estuvo 
ocupado  más  allá  de  medio  día.  El  jefe  no  ocultó  su 
satisfacción;  y  habiendo  triunfado  este  ensayo,  se 
adoptó  el  nuevo  modo  de  transportar  las  máquinas. 


Hacia  el  extremo  de  la  rada,  á  la  entrada  del  mue- 
lle, los  norteamericanos  están  creando  un  centro  de 
aviación  naval  de  los  más  importantes.  Hace  algunas 
semanas  apenas  había  allí  otra  cosa  que  un  terreno 
desigual,  pedregoso  y  casi  sin  rutas  de  acceso.  Hoy 
se  ven  magníficos  liangars  junto  á  una  ciudad  de  ma- 
dera y  telas  que  alberga  numeroso  personal.  Los  tra- 
bajos de  instalación  aún  no  han  terminado,  pero  todos 
los  pilotos  están  en  su  puesto  y  continuamente  llegan 
cajas  de  aviones  y  demás  material.  La  mayoría  de 

los  aparatos  salen  de  los 
talleres  de  construcción 
de  Búffalo,  y  parece  ser 
que  los  constructores  cui- 
den especialmente  de  do- 
tarles de  sólidas  cualida- 
des náuticas. 

Los  yanquis  consideran 
á  la  aviación  naval  como 
una  rama  especial  de  la 
navegación  aérea,  porque 
el  piloto  debe  ser,  además 
de  buen  aviador,  marino 
experto  y  peritísimo.  No 
creen  que  un  hombre  que 
no  haya  navegado  pueda 
rendir  servicios  realmente 
útiles  en  las  operaciones 
aeromarítimas.  La  ciencia 
del  mar,  bajo  todos  los  as- 
pectos que  éste  reviste, 
según  sean  la  dirección  y 
la  fuerza  del  viento,  las 
corrientes,  el  momento  de 
la  marea,  etc.,  únicamen- 
te puede  aprenderse  por 
medio  de  una  larga  prác- 
tica. Además,  la  acción 
que  desempeñan  los  avio- 
nes en  la  escolta  y  explo- 
raje  de  los  convoyes  úni- 
camente pueden  realizarla 
pilotos  que  conozcan  las  maniobras  de  buque,  á  fin  de 
que  puedan  prever  el  movimiento  que  necesiten  las 
circunstancias  y  que  puedan  designar  aquel  que  mejor 
se  adapte  á  las  exigencias  del  momento.  Un  buen 
marino  es  capaz  de  calcular  instantáneamente  hacia 
dónde  se  orienta  la  ruta  de  un  barco,  y  apreciar, 
examinando  el  tonelaje  que  aparenta  y  los  parajes  en 
donde  se  halla,  el  género  de  tráfico  á  que  se  entrega. 
Esta  educación  marítima  es  naturalmente  indispensa- 
ble también  para  la  busca  y  captura  de  los  submari- 
nos enemigos.  Su  intención  solamente  puede  adivi- 
narla un  verdadero  navegante.  En  el  centro  de  avia- 
ción de  la  base  almirante  norteamericana  no  hay  mas 
que  marinos. 

De  regreso  a  la  ciudad,  nuestro  automóvil  mar- 
chaba entre  largas  hileras  de  camiones  repletos  de 


LLEGADA    Y    DESEMBARCO   DE    LOCOMOTORAS    AMERICANAS 
EN   UN  GRAN   PUERTO   FRANCÉS 
(Dibujo  del  natural  por  II.  Rudaux,  de  L'Ii:  le  París] 


80 


VICENTE  liLASCO  lliANEZ 


tropas,  en  ruta  hacia  los  campamentos,  última  escala 
antes  de  la  batalla.  Lejos,  á  lo  largo  de  la  costa  y  en- 
vuelto en  la  oriflama  del  sol  poniente,  aparecía  un 
nutrido  convoy  portador  de  nuevos  regimientos.  «A 
lines  de  este  mes  de  Junio — decía  el  almirante  Wil- 
son — habrá  en  tierras  de  Francia  un  millón  de  solda- 
dos norteamericanos,  aparte  de  los  muchos  que  segui- 
rán llegando.  Somos  los  dueños  del  mar.»  Yo  pensé 
en  el  esfuerzo  inaudito,  incansable,  que  deben  ejercer 
las  Ilotas  aliadas  para  conservar  esa  soberanía,  y  tuve 
la  visión  de  que  esa  millonada  de  hombres  venidos 
de  la  otra  orilla  del  Océano  anunciaba  que  habíamos 
obtenido  una  gran  victoria  y  que  podíamos  inscri- 
birla en  letras  do  oro  sobre  nuestros  pabellones:  la 
victoria  del  Atlántico.» 

A  medida  que  transcurría  el  tiempo,  la  accióu  naval 
de  los  norteamericanos,  puesta  en  íntimo  contacto  con 


la  de  las  demás  Ilutas  aliadas,  iba  adquiriendo  mayo- 
res proporciones. 

Continuamente  se  creaban  nuevos  servicios,  desti- 
nados, tanto  á  estrechar  la  vigilancia  de  los  mares 
infestados  de  piratas  teutones  como  á  convoyar  los  im- 
portantes envíos  de  tropas  que  alluían  sin  cesar  de 
Norte  América. 

El  triunfo  era  seguro,  y  á  él  consagraba  todos  sus 
esfuerzos  este  aspecto  de  la  defensa. 

La  flota  yanqui  había  contribuido  á  aumentar  el 
pánico  que  venía  apoderándose  de  la  marina  alemana, 
oculta  cuidadosamente  en  su  base  de  Kiel. 

En  espera  de  una  ocasión  oportuna  para  volver  á 
ocuparnos  del  gran  esfuerzo  norteamericano,  veamos 
ahora  otro  interesante  aspecto  de  la  guerra  que  armo- 
niza muy  bien  con  este  capítulo,  es  decir,  el  aspecto 
concerniente  á  la  lucha  en  el  mar. 


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BL  CONSEJO   NAVAL    INTERALIADO   REUNIDO   POR   PRIMERA    VEZ   EN    LONDRES  BAJO   LA    PRESIDENCIA   DE   SIR   E.  GEDDES, 

PRIMER   LORD   DEL   ALMIRANTAZGO   BRITÁNICO 

De  izquierda  6  derecha:  almirante  Sime    Estados  I  nidos).— Vicealmirante  F.  de  non  (Francia  .—Contraalmirante  S.  R.  Fremantle  (Inglaterra).— Sir 
E.  Gei Mes  [Inglaterra  .    Capitán  M.  C.  Twining  [Estados  I" nidos).— Vicealmirante  Thaon  diRevel  Italia  .—Contraalmirante  Mercierde  Lostend. 
t  lontraalmirante  Funakoshi  Japón).— Capitán  T.  E.  Crease  (Inglaterra).— Almirante  sir  Rosslyn  Wemyss  [Inglatei 


EN  EL  MAR 


incidentes  de  guerra  naval 

Después  del  famoso  encuentro  de  Jutlandia,  ocu- 
rrido á  fines  de  Mayo  1916,  la  lucha  marítima 
apenas  ofrecía  otro  interés  que  pequeñas  accio- 
nes de  patrulla,  raids  de  aviones  navales  y  demás  in- 
cidentes característicos  de  un  período  en  que  las  flotas 
propiamente  dichas  se  mantenían  fuera  de  contacto. 
El  28  de  Enero  de  1918,  por  ejemplo,  en  el  mar  del 
Norte  y  hacia  las  ocho  de  la  noche,  dos  grupos  de  avio- 
nes alemanes  franquearon  la  costa  británica  hacia 
Essex,  mientras  que  un  tercer  grupo  franqueaba  casi 
simultáneamente  la  costa  de  Kent.  Los  dos  primeros, 
volando  sobre  el  condado  de  Essex,  se  dirigieron  hacia 
Londres,  que  algunos  de  ellos  lograron  alcanzar  en- 
tre nueve  y  diez  de  la  noche;  varios  barrios  fueron 
bombardeados;  poco  después  tuvo  lugar  un  segundo 
ataque,  pero  esta  vez  uno  solo  de  los  aviones  proceden- 

Tomo  IX 


tes  de  Essex  pudo  alcanzar  la  capital  hacia  la  media 
noche.  El  grupo  que  venía  por  el  lado  de  Kent  bom- 
bardeó las  villas  de  Thanet  y  de  Sheppey.  Un  avión 
alemán  fué  derribado  y  cayó  envuelto  en  llamas  desde 
una  altura  de  2.000  metros  sobre  el  territorio  de  Essex. 
Las  escuadrillas  británicas  atacaron  vivamente  á  los 
aviones  adversarios,  y  los  persiguieron  hasta  internar- 
se en  alta  mar.  La  duración  de  este  raid,  cinco  horas 
aproximadamente,  era  mayor  que  todos  los  que  habían 
tenido  lugar  hasta  entonces.  El  número  de  víctimas 
fué  bastante  crecido:  47  muertos  (14  hombres,  17  mu- 
jeres y  16  niños)  y  169  heridos  (93  hombres,  59  mujeres 
y  17  niños);  á  excepción  de  un  muerto  y  de  siete  heri- 
dos, todas  las  víctimas  lo  fueron  en  el  propio  Londres. 
Lo  que  produjo  un  número  de  muertos  tan  elevado  fué 
el  hundimiento  de  un  abrigo  alcanzado  por  una  bomba 
y  en  el  que  se  habían  refugiado  numerosas  personas. 
Los  daños  materiales  eran  poco  importantes.  Á  pesar 
de  la  duración  de  los  ataques  y  del  considerable  nú- 
mero de  aviones  que  tomaron  parte  en  ellos,  la  pobla- 
ción londinense  conservó  la  mayor  sangre  fría. 

10 


82 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


Al  día  siguiente,  á  la  misma  hora  sobre  poco  más 
ó  menos,  varios  aviones  alemanes  franquearon  las  cus- 
tas  británicas  por  iguales  puntos.  Dos  de  esos  aviones 
volaron  sobre  las  inmediaciones  de  Londres,  logrando 
bombardearlas. 

El  20  de  Enero  de  1918,  cinco  destroyers  alemanes, 
salidos  de  Heligoland  en  la  madrugada  de  ese  día, 
cayeron  en  un  campo  minado  y  tendido  á  60  millas  al 
Norte  de  la  isla;  el  A-77  se  hundió  al  tropezar  con 
una  mina;  el  A-73,  que  quiso  acudir  en  su  auxilio, 
tocó  otra  y  se  hundió  también.  Los  otros  tres  destro- 
yers, desistiendo  de  exponerse  á  iguales  riesgos,  hi- 
cieron rumbo  al  Sur  sin  ocuparse  siquiera  de  los  náu- 
fragos. Algunos  hombres  del  A-77  fueron  recogidos 
por  un  dragaminas;  la  tripulación  del  A-73  pereció 
por  completo. 

El  día  23,  á  la  vista  de  Marsella,  naufragó  después 
de  haber  chocado  con  una  mina  un  viejo  transporte 
francés,  el  Brame,  de  2.173  toneladas.  Momentos  des- 
pués, y  casi  en  el  mismo  sitio,  se  fué  á  pique  por  igual 
causa  el  Kerlihan,  vaporcillo  que  prestaba  servicio  de 
patrulla.  El  transporte  Drómc  no  llevaba  pasajeros  á 
bordo,  sino  únicamente  material  de  guerra.  El  núme- 
ro de  desaparecidos  ascendía  á  cuarenta  entre  am- 
bos navios.  A  raíz  de  estos  siniestros,  varios  aviones 
franceses  evolucionaron  sobre  el  lugar  de  la  catás- 
trofe y  descubrieron  otras  minas,  que,  como  es  de  ri- 
gor, fueron  dragadas  inmediatamente. 

En  los  días  22  y  23,  y  bajo  la  presidencia  del  pri- 
mer Lord  del  Almirantazgo  británico,  á  la  sazón  Sir 
Eric  Geddes,  se  reunió  por  primera  vez  en  Londres  el 
Consejo  naval  interaliado.  Asistían  además,  en  repre- 
sentación de  la  Gran  Bretaña,  el  almirante  Sir  Rosslyn 
Wemyss,  el  contraalmirante  S.  R.  Fremantle  y  el  ca- 
pitán de  navio  T.  E.  Crease.  Por  Francia  estaban  el 
vicealmirante  F.  de  Bon,  jefe  del  Estado  Mayor  gene- 
ral de  la  Armada,  y  el  contraalmirante  Mercier  de  Los- 
tende;  por  Italia,  el  vicealmirante  Thaon  di  Revel; 
por  los  Estados  Unidos,  el  almirante  Sims  y  el  ca- 
pitán de  navio  M.  C.  Twining,  y  por  el  Japón,  el 
contraalmirante  Funakoshi.  Todos  esos  delegados,  ele- 
gidos entre  lo  más  notable  de  las  respectivas  marinas, 
procuraban  llegar  á  una  coordinación  perfecta  de  las 
acciones  navales  en  todos  los  frentes  del  mar. 

Hacia  principios  de  Febrero  de  1918,  y  con  ocasión 
del  aniversario  de  la  guerra  submarina  á  todo  trance, 
inaugurada  el  1."  de  Febrero  de  1917,  los  alemanes 
glorificaban  al  submarino  y  proclamaban  estrepito- 
samente los  resultados  estratégicos  y  morales  obteni- 
dos gracias  á  él.  Sin  embargo,  algunos  especialistas 
hacían  sus  reservas  y  no  compartían  el  entusiasmo 
de  las  esferas  oficiales. 

«Las  cifras  sacadas  de  los  cuarenta  y  nueve  comu- 
nicados hebdomadarios  publicados  por  los  gobiernos 
británico,  francés  é  italiano — decía  con  este  motivo 
un  crítico  naval  de  reconocida  competencia — permi- 
ten comprender  con  toda  seguridad  los  efectos  de  la 
guerra  submarina.  Agrupándolas  en  siete  grupos  de 


á  siete  semanas  cada  uno,  se  ve  claramente  que  los 
alemanes  no  tienen  ninguna  razón  para  mostrarse 
satisfechos.  He  aquí  el  resultado  de  esta  operación: 
4--Í 1  ataques,  .'*17  navios  hundidos;  593  y  411;  189  y 
31 1:  329  y  216;  326  y  226;  228  y  mi;  232  y  1 19.  Estas 
cifras  indican  que  el  número  de  los  ataques  ha  decre- 
cido considerablemente  desde  el  principio  de  la  gue- 
rra submarina  y  que  la  proporción  de  los  navios  hun- 
didos ha  bajado  mucho.» 

Además,  la  construcción  naval  de  los  aliados  ade- 
lantaba de  una  manera  considerable.  He  aquí  varias 
notas  interesantes  tomadas  de  la  prensa  inglesa: 

«Por  espacio  de  cierto  tiempo  fué  necesario  guar- 
dar la  mayor  reserva  de  las  nuevas  construcciones 
navales,  pero  hoy  las  conoce  perfectamente  el  enemi- 
go. Los  que  están  más  en  evidencia  son  los  destroyers. 
Parecen  poseer  el  don  de  la  velocidad.  Hasta  ahora  se 
les  ha  considerado  como  pequeñas  embarcaciones, 
pero  hoy  son  más  grandes  que  muchos  tipos  de  anti- 
guos cruceros,  mucho  más  rápidos,  más  bien  armados 
y  de  mayor  eficacia. 

Los  de  la  clase  reducida  son  innumerables.  Uno  de 
este  tipo,  el  M-30,  fué  destruido  por  la  artillería  ene- 
miga en  Gallípoli. 

Dichos  monitores  han  demostrado  su  eficacia  en 
varias  ocasiones,  y  Sir  Reginald  Bacon,  en  su  despa- 
cho del  3  de  Diciembre  de  1915,  se  refería  á  la  gran 
exactitud  de  su  puntería  á  larga  distancia,  motivo  por 
el  cual  al  montar  las  piezas  de  artillería  gruesa,  se  les 
ha  dado  mayor  elevación  en  estos  barcos  que  tan  bue- 
nos servicios  han  prestado  en  Ostende,  Zeebrugge,  en 
los  Dardanelos.  en  el  desembarco  en  la  bahía  de  Suiza, 
y  en  la  costa  oriental  de  África. 

Los  nuevos  tipos  de  monitores,  que  se  construyeron 
y  equiparon  en  seis  meses,  se  han  establecido  definiti- 
vamente en  las  costas  de  Bélgica  y  en  el  Mediterrá- 
neo. Dos  de  sus  prototipos  son  el  Severn  y  el  Mcrsey. 

Nosotros,  sin  embargo,  no  tenemos  el  monopolio 
de  los  monitores  de  guerra.  Aparentemente  los  ale- 
manes no  habían  construido  ninguno,  pero  cuando 
estalló  la  guerra  los  austriacos  tenían  un  grupo  de 
estos  buques,  de  servicio  en  el  Danubio.  Aunque  de 
menos  fuerza,  eran  muy  útiles,  desplazaban  450  tone- 
ladas, llevaban  en  la  proa  dos  cañones  de  4'7  pulgadas 
y  en  la  popa  un  obús  del  mismo  calibre. 

Los  tipos  más  comúnmente  representados  en  la 
patrulla  del  Dóver  son  los  trawlers  y  los  drifters  y  los 
auxiliares  de  la  industria  de  pesca.  El  trawler,  como 
su  mismo  nombre  lo  indica,  es  una  embarcación  que 
arrastra  unas  artes  de  pesca  á  lo  largo  del  casco,  mien- 
tras que  el  drifter  pesca  en  el  agua  cerca  de  la  super- 
ficie. El  trawler,  que  se  ha  convertido  ahora  en  un 
buque  patrulla;  el  drifter,  que  se  emplea  como  un  mi- 
nersmeeper,  no  tiene  ya  el  mismo  aspecto  que  antes, 
aunque  así  lo  parezca,  visto  al  través  del  periscopio 
de  un  submarino. 

Exteriormente  y  para  la  vista  del  que  vive  en  tie- 
rra, el  bote  pescador  es  una  embarcación  con  una  chi- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPBA  DB  1914 


83 


menea  y  dos  mástiles,  por  la  proa  es  más  alto  en  el 
agua  que  por  la  popa,  casi  eu  medio  del  tronco  hay 
una  especie  de  caja  que  contiene  el  camarote  del  pa- 
trón y  los  instrumentos  para  la  máquina.  Luego  hay 
un  puente  relativamente  alto  en  otra  estructura  á 
popa  y  donde  está  la  rueda  del  timón.  Debajo  del  cas- 
tillo de  proa  están  los  camarotes  de  la  tripulación,  y 
las  bodegas,  que  antes  se  llenaban  de  pescado,  pueden 
ahora  contener  muchos  artículos  extraños  á  dichos 
departamentos.  Gomo  no  calan  mucho  no  pueden  ser 
hundidos  por  un  torpedo,  que  no  corre  bien  á  una  pro- 
fundidad de  diez  pies. 

Bajo  su  vigilancia  han  pasado  por  ahí  más  de 
21.000  buques  mercantes,  améu  de  los  de  guerra  y  los 
auxiliares,  en  es- 
tos seis  últimos 
meses.  De  en- 
tre ellos  se  han 
perdido  veinti- 
uno ó  han  sido 
seriamente  ave- 
riados por  el  ene- 
migo. No  obs- 
tante, las  pér- 
didas de  buques 
mercantes  no 
han  llegado  al 
1  por  1.000. 

Hay  otros  ti- 
pos curiosos  y 
extraños  en  la 
patrulla  del  Do- 
ver. Casi  todos 
ellos  son  más  pe- 
queños que  los 
antes  descritos. 
En  dichos  bu- 
ques, la  cuali- 
dad más  esencial  es  la  rapidez.  La  de  algunos  es  real- 
mente extraordinaria.  Todos  llevan,  cuando  menos, 
un  cañón. 

Vienen  después  los  motor-boats  de  la  flotilla  cons- 
truida en  la  Gran  Bretaña  especialmente  para  el  ser- 
vicio activo  de  los  lagos  africanos  de  Nyasay  Tanga- 
ñica,  que  han  prestado  también  muy  buenos  servicios 
en  esta  campaña. 

No  debemos  olvidar  tampoco  los  vapores  de  ruedas, 
que  antes  llevaban  pasajeros  y  que  ahora  navegan  por 
el  Tigris  con  un  lanchón  á  cada  costado,  conteniendo 
el  uno  uua  estación  portátil  de  telégrafo  sin  hilos  y  el 
otro  proyectiles  para  la  artillería  gruesa. 

Hay  otros  muchos  r^ue  prestan  sus  servicios  en  los 
ríos  de  Mesopotamia,  á  más  de  una  serie  de  buques 
de  guerra  improvisados  que  ayudan  á  las  operaciones 
militares.» 

El  5  de  Febrero  fué  torpedeado  á  lo  largo  de  la 
costa  de  Irlanda  el  paquebote  inglés  Tuscania,  de 
14.348  toneladas,  que  llevaba  un  cargamento  de  tro- 


KL   CONTKATOhPriDEUO   FRANCÉS   «RKQUlN» 


pas  yanquis  y  que  navegaba  formando  convoy  con 
otros  buques.  El  Tuscania  aún  se  mantuvo  á  Ilute  lo 
bastante  para  que  los  barcos  que  acudieron  en  su 
auxilio  pudieran  salvar  la  mayor  parte  de  los  náufra- 
gos. Desde  que  había  comenzado  el  transporte  de  las 
tropas  norteamericanas,  era  éste  el  primer  buque  que 
desaparecía. 

El  11  de  Febrero  por  la  noche,  varios  torpederos 
italianos,  avanzando  en  la  parte  Norte  del  archipié- 
lago de  Dalmacia,  penetraron  en  la  bahía  de  Buccari, 
cerca  de  Fiume,  y  torpedearon  un  vapor  de  gran  tone- 
laje que  estaba  anclado  allí.  En  la  tarde  del  12,  un 
submarino  italiano  torpedeó,  cerca  de  la  isla  de  Lus- 
sin,  á  un  vapor  austríaco  armado  en  corso,  y  regresó 

indemne  á  su 
base  después  de 
haber  sido  ata- 
cado por  varios 
aviones  y  torpe- 
deros austro- 
húngaros. 

En  la  madru- 
gada del  15,  una 
flotilla  de  destro- 
yers  alemanes 
procedente  de  la 
costa  de  Flan- 
des  efectuó  un 
rápido  raid  has- 
ta el  paso  de  Ca- 
lais,  logrando 
hundir  á  ocho 
patrulleros  bri- 
tánicos de  pe- 
queñas dimen- 
sionesy  queape- 
nas  llevaban  ar- 
mamento á  bor- 
do. Una  vez  hubo  destruido  estos  barcos,  la  flotilla 
alemana  dio  media  vuelta  y  marchó  velozmente  hacia 
su  base,  sin  tropezarse  con  ninguna  fuerza  naval  bri- 
tánica. 

Á  la  noche  siguiente,  el  1(3,  entre  doce  y  una,  un 
submarino  alemán  cañoneó  á  Douvres,  lanzando  unos 
treinta  obuses  sobre  la  ciudad  y  el  puerto  en  menos 
de  cinco  minutos;  seguidamente  se  sumergió  para 
sustraerse  al  fuego  de  las  baterías  costeras.  Resultó 
muerto  un  niño  y  fueron  heridas  unas  diez  personas; 
los  daños  materiales  apenas  tenían  importancia. 

La  posesión  de  Zeebrugge  y  de  Ostende,  á  corta 
distancia  del  paso  de  Calais,  facilitaba  estas  peque- 
ñas operaciones  que  los  ingleses  no  podían  impedir. 
Por  esta  época  llegaba  la  noticia  de  que  el  1.°  de 
Febrero  había  sido  torpedeado  á  la  altura  de  Marsella 
el  vapor  La-Dives,  de  2.128  toneladas,  y  que  llevaba  á 
bordo  339  pasajeros  (de  ellos  300  militares)  y  55  hom- 
bres de  la  tripulación.  El  número  de  desaparecidos  se 
elevaba  á  110. 


84 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


Los  torpedeos  dan  lugar  á  un  nuevo  genero  de 
actividad  mercantil,  es  decir,  á  la  rebusca  de  tesoros 
submarinos.  Veamos  lo  que  decía  de  esto  un  impor- 
tante periódico: 

«Desde  que  se  rompieron  las  hostilidades  eutre 
los  Imperins  centrales  y  las  naciones  aliadas,  lo  mis- 
mo en  Alemania  que  en  Inglaterra,  en  Austria  que  en 
Francia,  fueron  muchos  los  armadores  y  marinos  que, 
contando  con  los  grandes  siniestros  que  habían  de  ori- 
ginarse en  el  mar,  pensaron  en  la  necesidad  y  conve- 
niencia de  abrir  una  información  detallada  y  minu- 
ciosa de  cuanto  hiciera  relación  con  el  hundimiento 
de  buques  de  guerra  y  mercantes.  A  este  respecto,  se 
pidió  el  valioso  é  indispensable  concurso  de  la  acción 


EL  HIKLU  KN'  LA  CUIUEETA  DE  UN  NAVIO  ItElTÁNlCO  DE  VIGILANCIA  EN  LAS  COSTAS  ÁRTICAS  DE  HUSIA 


oficial,  y  los  departamentos  de  Marina  de  las  naciones 
beligerentes  comunicaron  órdenes  é  instrucciones  á 
fin  de  que  en  toda  ocasión  se  recogiesen  los  datos  más 
concretos  acerca  de  las  condiciones  de  los  barcos  de 
todas  clases  que  se  perdiesen,  fijando  bien  la  latitud 
en  que  tuvieron  lugar  los  siniestros,  mercancías  ó 
pertrechos  de  guerra  que  conducían,  valores,  docu- 
mentación, etc.,  etc. 

Con  los  elementos  de  que  hoy  se  dispone  para  estos 
trabajos,  es  seguro  que  las  Compañías  oficiales  ó  par- 
ticulares que  se  dedicarán,  terminada  la  guerra,  á  las 
faenas  de  salvamento  han  de  tener  facilidades  bastan- 
tes para  llevar  sus  esfuerzos  por  caminos  de  acierto. 

Esto  resultó  en  tiempos  pasados  una  empresa  sem- 
brada de  dificultades,  porque  para  buscar  los  tesoros 
que  conducían  los  galeones  procedentes  de  América 
que  en  días  de  borrascas  naufragaron  no  se  tenían 
más  elementos  de  información  que  los  cálculos  de 
probabilidades,  partiendo  de  la  salida  del  buque  del 
puerto  de  origen,  marcha  normal  de  la  nave,  días  de 


navegación  y  estado  del  mar,  ruta  posible,  etc.,  etc. 
El  estudio  más  perseverante  que  en  la  actualidad 
se  hace  con  objeto  de  que  los  trabajos  de  salvamento 
sean  de  más  rápido  éxito  consiste  en  dará  los  subma- 
rinos modificaciones  que  les  permitan  descender  á 
más  de  veinte  brazas,  que  es  ahora  la  mayor  profun- 
didad á  que  pueden  llegar. 

Desprovistos  los  submarinos  destinados  al  salva- 
mento de  la  impedimenta  que  llevan  los  que  prestan 
servicio  ile  guerra,  es  posible  encontrar  facilidades 
que  ahora  se  confían  á  los  barcos  auxiliares. 

La  energía  eléctrica,  el  aire  comprimido  y  otros 
elementos  de  gran  valor  en  los  trabajos  de  salvamen- 
to se  proporcionarán  por  procedimientos  tan  ingenio- 
sos como  inopinados. 

Para  iluminar  la  parte 
del  mar  donde  se  han  de 
hacer  los  trabajos  se 
construyen  reflectores 
eléctricos  de  mayor  po- 
tencia qne  los  hasta  aho- 
ra conocidos. 

Puede  afirmarse  que 
todos  los  elementos  de 
trabajo  que  se  aplicaron 
hasta  ahora  á  las  faenas 
de  salvamento  sufrirán 
modificaciones  esencia- 
les, y  los  nuevos  inven- 
tos serán  de  tanto  valor 
y  alcance  como  corres- 
ponde al  período  de  pro- 
greso en  que  nos  encon- 
tramos y  á  la  obra  de  tan 
extraordinario  valor  que 
hay  que  realizar. 

En  los  astilleros  de 
Werf-Conrad  se  ha  cons- 
truido un  buque  tipo  canguro.  Se  estudian  modifica- 
ciones que  permitirán  extraer  mayores  pesos,  pues 
cuando  se  hicieron  los  primeros  proyectos  sólo  se 
pensó  en  el  salvamento  de  pequeños  submarinos. 

Cuando  se  conozcan  á  ciencia  cierta  las  estadísti- 
cas de  todos  los  países  referentes  á  los  barcos  perdi- 
dos durante  la  guerra  y  á  la  índole  é  importancia  de 
los  cargamentos  que  conducían,  asombrará  ver  los 
millones  de  pesetas  que  en  estos  años  han  ido  al  fondo 
del  mar,  y  ello  será  la  justificación  de  que  se  organi- 
cen importantes  Sociedades  para  acometer  la  difícil  y 
costosa  empresa  de  poner  á  salvo  tantas  riquezas.» 

Á  mediados  de  Febrero,  un  crucero  auxiliar  britá- 
nico capturó  en  la  costa  noruega  á  los  vapores  alema- 
nes Dusseldorf  y  Biarrifo. 

El  día  26,  hacia  la  media  noche,  fué  hundido  en  el 
canal  de  Brístol  el  transporte-hospital  británico  Gle- 
nart-Castle.  Un  destróyer  yanqui  logró  recoger  parte 
de  la  tripulación  y  del  personal  sanitario;  ocho  lan- 
chas de  salvamento  marcharon  á  la  deriva. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


85 


El  7  de  Marzo,  hacia  las  once  de  la  noche,  varios 
aviones  alemanes  franquearon  la  costa  Sudeste  de 
Inglaterra,  y  dos  de  ellos  lograron  llegar  encima  de 
Londres  y  lanzar  bombas,  causando  11  muertos  y 
4G  heridos,  amén  de  la  destruccióu  total  de  cuatro  ó 
cinco  edificios.  En  el  orden  de  los  raids  aéreos  ale- 
manes sobre  Inglaterra,  éste  ocupaba  el  número  Í0'2. 

En  las  tardes  de  los  días  12  y  13  del  mismo  mes, 
varios  zeppelines  franquearon  la  costa  Nordeste  de 
Inglaterra  y  lanzaron  bombas  en  esa  misma  costa  y 
en  plena  campiña.  Los  resultados  fueron  casi  nulos. 

A  mediados  de  Marzo,  el  Almirantazgo  francés  pu- 
blicó una  nota  consideraudo  como  perdido  al  subma- 
rino Diane,  de  (530  toneladas,  del  que  por  espacio  de 
algún  tiempo  no  se  había  recibido  la  menor  noticia. 
Este  buque,  puesto  en  servicio  hacia  el  año  1915,  lle- 
vaba una  tripulación  de  tres  oficiales  y  32  marineros. 

Otro  de  los  problemas  que  los  aliados  estaban  en 
vías  de  solucionar  era  la  cuestión  concerniente  al  sal- 
vamento del  material  naval. 

Antes  de  1914  no  había  más  empresas  de  salva- 
mento de  buques  que  las  Sociedades  privadas,  entre 
las  cuales  figuraban  como  principales  las  establecidas 
en  Inglaterra,  en  Dinamarca  y  en  Noruega,  tales  como 
la  Salvage  Association  inglesa  y  la  Compañía  danesa 
Switzen.  En  Francia,  las  Compañías  creadas  al  efecto 
disponían  de  recursos  bastante  escasos,  hasta  el  punto 
de  que  se  acudía  á  Sociedades  extranjeras  siempre 


LA  PUPA   DEL   NaVIü   BB1TÁNICO 


EL   PUENTE    VISTO   DESDE  LA   PROA 

que  el  salvamento  era  de  una  importancia  algo  consi- 
derable. 

Oficialmente  no  existía  ninguna  organización  de 
esta  índole  ni  en  Francia  ni  fuera  de  ella.  Las  ma- 
rinas militares  de  todos  los  países,  con  abundantes 
medios  de  acción  materiales  y  dotadas  de  personal  nu- 
meroso y  escogido,  procedían  á  la  recogida  de  todos  los 
restos  de  los  barcos  de  su  pertenencia,  en  virtud  del 
deber  moral  de  asistencia  mutua,  prestando  así  su  con- 
curso á  ciertas  operaciones  de  iniciativa  privada. 

Pero  la  guerra  aumentaba,  en  proporciones  que 
nadie  había  podido  sospechar,  el  número  de  siniestros, 
y  por  lo  tanto,  fué  menester  pensar  en  una  organiza- 
ción especial.  En  el  estado  de  guerra,  semejante  orga- 
nización no  podía  menos  de  tener  un  carácter  esen- 
cialmente oficial;  así  que  la  creación  del  mencionado 
organismo  fué  encomendada  á  la  acción  conjunta  de 
la  marina  de  guerra  y  de  la  marina  mercante,  las 
cuales,  con  este  fin,  llegaron  á  examinar  detenida- 
mente y  á  encontrar  los  medios  más  adecuados  para 
llegar  á  salvar  el  máximum  de  navios. 

Para  ello,  en  Inglaterra,  el  Almirantazgo  no  había 
tenido  que  hacer  otra  cosa  sino  unir  en  liga  ó  sindi- 
cato las  Sociedades  privadas  ya  existentes  en  el  país, 
poner  á  su  frente  un  oficial  de  marina  competente  y 
prestarles  el  apoyo  material  y  moral  de  sus  inmensos 
recursos. 

Por  diversas  razones,  el  problema  tuvo  que  ser 


86 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


abordado  en  Francia  de  modo  muy  distinto,  y  el  de- 
creto de  28  de  Febrero  de  1918,  firmado  por  tres  mi- 
nistros, el  de  Marina,  el  de  Comercio  y  el  do  Ha- 
cienda, señaló  el  punto  de  partida  de  la  acción  guber- 
namental francesa,  haciendo  un  llamamiento  á  todas 
las  energías  nacionales  y  admitiendo  á  la  vez  la  cola- 
boración de  los  particulares,  de  la  marina  mercante  y 
de  la  Armada. 

El  método  adoptado  dejaba  paso  á  toda  iniciativa, 
permitía  obrar  con  rapidez,  comenzar  las  operaciones 
de  salvamento  desde  el  punto  y  hora  en  que  se  cono- 
cía el  siniestro,  y  amparaba  al  mismo  tiempo,  en  todo 
lo  posible,  los  derechos  de  los  armadores,  de  los  car- 
gadores, de  los  consignatarios  y  de  los  aseguradores. 

En  el  Estado  Mayor  general  se  había  organizado 
un  servicio  de  salvamento  que  funcionaba  á  las  órde- 
nes de  un  oficial  superior;  diez  centros  fueron  crea- 
dos, todos  ellos  provistos  de  material  necesario  y  muy 
particularmente  de  navios  que  respondían  perfecta- 
mente á  esta  finalidad:  seis  en  la  Mancha  y  el  Océano, 
del  Havre  á  Dakar,  y  cuatro  en  el  Mediterráneo. 

Treinta  remolcadores  de  una  potencia  variable 
entre  500  y  2.500  caballos  fueron  distribuidos  entre 
esos  centros. 

En  cada  uno  de  dichos  centros  de  salvamento  había 
abundantes  aparatos  y  máquinas  de  todas  clases  para 
el  remolque,  apuntalamientos,  etc.,  así  como  cemen- 
to, cables  y  alambres,  campanas  y  recipientes  de  aire 
comprimido,  y  en  fin,  los  utensilios  más  perfecciona- 
dos para  trabajar  bajo  el  agua. 

En  Lorient  funcionaba  con  excelentes  resultados 
una  escuela  especial  de  buzos. 

Dondequiera  que  se  produjesen  los  accidentes  de 
mar,  los  medios  de  salvamento  estaban  siempre  al 
alcance.  Si  en  un  momento  dado  no  podían  utilizarse 
los  puertos  más  cercanos,  los  barcos  averiados  se  tras- 
ladaban á  playas  elegidas  de  antemano  en  la  proxi- 
midad de  los  depósitos  de  material  necesario  para  su 
reparación  provisional,  y  lo  antes  posible  entraban  en 
un  dique  de  reparaciones. 

Los  resultados  obtenidos  eran  tan  satisfactorios, 
que  sólo  en  seis  meses  (de  Febrero  á  Julio  de  191M)  y 
sin  contar  aún  con  los  medios  de  acción  necesarios, 
el  servicio  de  salvamento  de  la  marina  nacional  fran- 
cesa había  logrado  ya  recuperar  más  de  40  navios. 

El  20  de  Marzo,  la  Cámara  de  los  Comunes  celebró 
una  sesión  en  la  que  el  primer  Lord  del  Almirantaz- 
go, Sir  Eric  Geddes,  hizo  importantes  declaraciones 
sobre  las  pérdidas  experimentadas  hasta  entonces  por 
el  tonelaje  de  la  Gran  Bretaña.  Mr.  Geddes  se  expresó 
en  estos  términos: 

«Deseo  ante  todo  decir  lo  mucho  que  sentí  no  haber 
podido  estar  presente  en  los  debates  que  hace  poco  ce- 
lebró la  Cámara  sobre  construcciones  navales.  No  dudo 
que  la  Asamblea,  sabiendo  lo  ocupado  que  me  hallaba 
en  las  deliberaciones  de  la  Conferencia  del  importaute 
Consejo  naval  interaliado,  que  tuve  el  honor  de  pre- 
sidir, y  al  cual  asistieron  hasta  nuestros  aliados  más 


distantes,  la  Cámara  excusará  mi  ausencia.  De  otro 
modo,  hubiera  estado,  como  de  costumbre,  en  mi 
puesto. 

Es  motivo  de  gran  satisfacción  para  mí  tener  opor- 
tunidad de  dirigir  la  palabra  á  la  Cámara,  pues  hoy 
puedo  ya,  por  primera  vez,  citar  con  toda  libertad  el 
número  exacto  de  barcos  mercantes  que  el  mundo  y 
el  Reino  Unido  han  perdido,  y  al  mismo  tiempo  el 
número  de  barcos  que  han  sido  construidos.  Puedo 
decir,  á  mi  vez,  que  en  lo  futuro  nos  proponemos  pu- 
blicar con  regularidad  lo  que  se  vaya  construyendo, 
y  por  lo  que  hace  á  la  producción  del  Reino  Unido, 
lo  más  al  día  que  fuere  posible.  Respecto  á  los  tor- 
pedeamientos, si  bien  es  cierto  que  nos  proponemos 
publicar  la  relación  de  tonelaje  que  sea  hundido,  no 
creemos  que  fuera  de  interés  para  la  nación  hacerlo 
absolutamente  al  día,  y  aunque  yo  preferiría  que  se 
me  permitiera  no  comprometerme  de  una  manera  fija 
sobre  el  particular,  con  todo,  opino  que  por  el  mo- 
mento es  necesario  dar  á  conocer  dichos  datos  trimes- 
tralmente con  un  ligero  atraso. 

He  experimentado  gran  impresión  al  leer  los  de- 
bates y  notar  la  ansiedad  y  el  interés  nacional  con 
que  la  Cámara  ha  tratado  este  problema  de  vital  im- 
portancia, lo  mismo  que  las  indicaciones  que  muchos 
de  los  honorables  miembros  sugirieron.  Tengo  la  cer- 
teza de  que  hasta  cierto  punto  la  excesiva  intranqui- 
lidad que  en  nuestros  días  reina  acerca  de  las  cons- 
trucciones navales — pues  no  puede  negarse  que  la 
situación  actual  causa  ansiedad — se  debe  principal- 
mente á  que  se  conocen  perfectamente  los  hechos, 
que  hasta  aquí  sólo  el  gobierno  conocía,  pero  que  hoy 
puedo  citar  con  amplitud,  y  veo  con  satisfacción,  res- 
pecto de  los  cálculos  aritméticos  de  mi  declaración 
anterior,  que  no  será  necesario  volver  á  insistir. 

El  tonelaje  del  mundo,  desde  el  comienzo  de  la 
guerra  hasta  el  31  de  Diciembre  de  1917,  con  exclu- 
sión del  tonelaje  que  poseía  el  enemigo,  es  hoy  menor 
aproximadamente  en  dos  y  medio  millones  de  tonela- 
das. Esto  es  tomando  en  cuenta  que  hay  treinta  y  tres 
millones  de  tonelaje  aliado  y  neutral  que  surcan  los 
mares,  que  es  lo  que  la  estadística  arroja,  deducido  ya 
el  de  las  embarcaciones  menores  de  vías  fluviales  y 
estuarios,  más  una  cantidad  considerable  de  tonelaje, 
remolcadores,  etc.,  que  navega  por  los  lagos.  Así  que, 
con  una  pérdida  neta  de  dos  millones  y  medio  de  to- 
neladas, hemos  sufrido  cerca  de  un  8  por  100  de 
reducción  en  el  tonelaje  trasatlántico  del  mundo,  sin 
contar  el  tonelaje  de  los  países  enemigos.  El  total  del 
tonelaje  universal,  menos  el  del  enemigo,  es  de  42  mi- 
llones; el  cálculo  de  la  reducción  ha  sido  hecho  con 
todo  cuidado  y  lo  más  moderadamente  posible.  Pro- 
curaré no  acumularen  esta  relación  demasiadas  cifras, 
no  sin  dar  por  eso  todos  los  detalles  relativos.  El  tanto 
por  ciento  de  las  pérdidas  netas  habidas  en  el  tone- 
laje británico  en  particular  es  el  mayor,  llega  al 
"JO  por  100;  entre  todos,  aliados  y  neutrales,  el  más 
favorable  es,  por  supuesto,  el  de  los  Estados  Unidos, 


HISTORIA  OE  LA  QUERRÁ  EUROPEA  DE  1914 


87 


debido  á  los  barcos  nuevos  que  han  construido  y  á  los 
que  se  han  incautado  de  procedencia  alemana. 

La  razón  para  que  la  reducción  fuera  mayor  en 
el  tonelaje  británico  es  obvia,  y  los  señores  diputa- 
dos están  al  tanto  de  ella;  pero  voy  á  explicarla,  á 
fin  de  que  el  público  la  conozca.  En  primer  lugar,  hay 
que  tener  en  cuenta  que  nuestra  marina  es  la  que  más 
atacan  los  submarinos  alemanes.  Si  el  enemigo  adoptó 
esta  forma  de  hacer  la  guerra,  fué  con  el  propósito 
de  matar  de  hambre  á  las  Islas  Británicas.  En  14)15  la 
producción  de  barcos  nuevos  fué  sumamente  baja. 
En  1916  fué  todavía  más  reducida.  En  realidad,  cuan- 
do comenzara  la  intensificación  de  la  campaña  sub- 
marina ya  habríamos  perdido  más  de  1.300.000  tone- 
ladas desde  el 
principio  de  la 
guerra.  Las  ci- 
fras que  he  cita- 
do incluyen  la 
reducción  total 
detonelaje,  cual- 
quiera que  sea  la 
causa.  Además, 
nuestra  marina 
es  la  que  más 
transita  por  la 
zona  de  guerra, 
y  en  mucho  ma- 
yor número  de 
barcos  que  la  de 
cualquiera  de 
nuestros  alia- 
dos, sin  contar 
que  los  riesgos 
de  navegación 
aumentan  á  me- 
nudo, debido  á 
la  carencia  de 
faros  en  nues- 
tras aguas  jurisdiccionales  y  eu  otras  partes.  A.sí  se 
explica,  pues,  que  el  tanto  por  ciento  de  las  pérdidas 
en  el  tonelaje  británico  en  particular  sea  mayor  que 
el  tanto  por  ciento  del  correspondiente  al  mundo  alia- 
do y  neutral  en  conjunto. 

Quiero  ahora  referirme  á  un  punto  mencionado  con 
anterioridad,  pero  sobre  el  cual  no  había  podido  nunca 
dar  á  la  Cámara  relación  exacta,  y  que  constituye  el 
factor  más  interesante  de  las  exageraciones  del  ene- 
migo. 

En  cuanto  á  lo  que  representa  el  20  por  100,  todo 
eso  se  explicará  en  la  relación  especial  que  se  publi- 
que. Por  los  doce  meses  de  campaña  sin  restricciones 
desde  el  i."  de  Febrero  de  1917  al  31  de  Enero  de  1918, 
el  enemigo  ha  proclamado  haber  hundido  más  de 
9.100.000  toneladas  de  barcos,  entre  británicos  y  neu- 
trales. El  número  exacto  de  buques  hundidos  á  causa 
de  ataques  submarinos,  incluso  los  averiados  que  han 
tenido  al  fin  que  ser  abandonados,  asciende,  según 


BN   EL   MARNB.   SOLDADOS   FRANCBSES   DESTRUYENDO   LOS  OBUSES 
NO    ESTALLADOS    É   INUTILIZABLES 


cálculo  aproximado,  á  seis  millones  de  toneladas;  de 
modo  que  hay  una  exageración  de  tres  millones  y 
medio  de  toneladas  en  doce  meses,  ó  sea  algo  más  de 
un  38  por  100.  En  Euero  la  exageración  llegó  á  113 
por  100. 

Es  curioso  observar  que  desde  que  mostré  en  pú- 
blico esta  falaz  y  burda  declaración,  en  Berlín  no  han 
vuelto  á  publicar  el  número  de  barcos  hundidos;  el 
informo  relativo  al  mes  de  Febrero,  verbigracia,  toda- 
vía no  sale.  Ninguna  prueba  mejor  que  estas  exage- 
raciones y  la  reticencia  de  Berlíu,  de  que  la  campaña 
en  general  ha  sido  un  fracaso. 

Después  de  informar  á  la  Cámara  respecto  al  efecto 
de  la  campaña  submarina  por  lo  que  atañe  al  tonelaje 

del  Reino  Unido 
y  del  mundo, 
desearía,  antes 
de  tratar  de  la 
cuestión  de  las 
construcciones 
navales  en  los 
astilleros  del 
Reino  Unido,  pe- 
dir á  la  Cámara 
que  considere  y 
se  penetre  de  la 
tarea  del  depar- 
tamento respec- 
tivo y  los  resul- 
tados que  se 
han  logrado  ya. 
Cuando  el  inter- 
ventor tomó  el 
cargo  había  más 
de  cincuenta 
barcos  mercan- 
tes de  gran  tone- 
laje en  vías  de 
construcción  y 
que  fué  necesario  suspender  por  falta  de  material.  En 
estos  navios  se  llevaban  empleadas  más  de  50.000  to- 
neladas de  acero,  y  muchos  de  ellos  habían  estado  ocu- 
pando demasiado  sitio  durante  largos  períodos,  algu- 
nos desde  el  comienzo  de  la  guerra.  No  sólo  se  hacía 
preciso  desocupar  los  embarcaderos,  sino  que  al  mismo 
tiempo  era  menester  disponer  del  material  que  en  mu- 
chos casos  obstruía  astilleros  enteros.  Se  ha  dado  el 
caso  de  que  un  barco  de  pasajeros  de  gran  calado  que 
no  podía  ser  terminado,  ni  siquiera  como  barco  de  car- 
ga, antes  do  un  período  de  dos  años,  se  decidió  quitar 
el  material,  á  fin  de  dejar  sitio  para  barcos  comunes  y 
corrientes  y  que  pudieran  usarse  dentro  de  un  término 
razonable.  Puedo  agregar  que,  para  esta  fecha,  el 
barco  en  cuestión  ha  sido  ya  botado,  y  hay  otro  del 
mismo  tipo  que  está  para  serlo. 

Durante  los  primeros  dos  años  de  guerra  ó  quizás 
más,  los  arsenales  del  país  se  vieron  sin  obreros  y 
desorganizados  en  su  mayor  parte;  hubo  cascos  que 


88 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


permanecieron  largos  períodos  en  los  astilleros,  y  no 
había  material  con  que  acabarlos.  Algunos  de  los  ar- 
senales se  hallaban  llenos  de  trabajos  perfectamente 
inadecuados;  otros  navios,  sumergidos  ya  en  el  agua, 
esperaban  tan  sólo  las  calderas,  pero  éstas  no  habían 
podido  ser  construidas  porque  en  los  primeros  días  de 
la  guerra,  y  aun  durante  el  año  de  1917  mismo,  el 
Almirantazgo  se  había  venido  sirviendo  de  todo  el 
personal  de  los  talleres  nacionales  para  trabajos  nava- 
les de  otra  naturaleza.  Los  individuos  que  hubieran 
por  entonces  podido  ayudar  se  habían  alistado  en  el 
ejército  ó  la  Armada,  cuando  no  se  hallaban  ya  en 
las  fábricas  de  municiones.  No  hay  duda  que  en  esos 
días  reinaba  eran  confusión  en  la  industria  naval,  no 


BARCO  EXPLORADOR  DE  LAS  FLOTILLAS  CONTRA  SUBMARINOS 


debido  á  los  industriales,  sino  más  bien  á  las  circuns- 
tancias. La  producción  se  redujo  á  causa  de  obras  de 
mayor  premura  todavía,  á  que  los  armadores  no  esta- 
ban acostumbrados,  y  que  eran  confiadas  en  ocasiones 
á  las  mismas  Compañías  por  ministerios  diferentes. 
Es  cierto  que  la  urgencia  de  navios  para  la  marina 
en  los  comienzos  de  la  guerra,  y  aun  en  el  año  1917, 
había  precisado  pedir  varios  tipos  de  ellos  á  casi  todos 
los  astilleros  del  país. 

Al  instituirse  el  departamento  del  interventor  de 
construcciones  navales,  se  vio  en  seguida  que  el  sis- 
tema era  perjudicial  á  la  producción  en  general.  Acor- 
dóse, en  consecuencia,  designar  astilleros,  ó  separar 
secciones  de  astilleros,  para  cada  clase  de  navios.  De 
donde  ha  venido  á  resultar  que  en  la  actualidad  hay 
47  astilleros  grandes,  con  209  amarraderos,  dedicados 
exclusivamente  á  la  construcción  de  trasatlánticos 
del  tipo  mercante.  Además  de  los  establecimientos 
privados  que  construyen  barcos  de  guerra,  que,  como 
es  natural,  son  los  más  apropiados  para  trabajos  na- 


vales, existen  otros  11  astilleros  con  capacidad  sufi- 
ciente para  construir  navios  de  gran  calado  y  que 
cuentan  actualmente  con  varias  embarcaciones  ya 
listas.  Todos  los  sitios  adecuados  para  la  construcción 
naval  se  lian  ido  aprovechando  poco  á  poco.  Cuando 
se  piensa  que  cu  los  astilleros  peor  surtidos  esos  bar- 
cos tardan  quince  meses  ó  más  para  ser  botados,  se 
ve  el  progreso  que  se  lleva  logrado  en  materia  de 
simplificación  del  trabajo  en  los  astilleros  particula- 
res, y  que  eso  sólo  puede  irse  mejorando  de  un  modo 
gradual. 

Una  vez  hecha  la  descripción  del  estado  que  ac- 
tualmente guardan  los  astilleros,  pasaré  á  citar  algu- 
nos datos  estadísticos  sobre  lo  que  ellos  rinden.  Las 
cifras  tienen  gran  interés.  En  el 
cuarto  trimestre  de  1914,  el  tonela- 
je mercante  producido  en  el  Reino 
Unido  fué  de  420.000  toneladas.  En 
un  principio  decayó,  pero  cabe  no- 
tar que  estó  coincidió  con  los  co- 
mienzos de  nuestro  enorme  esfuer- 
zo encaminado  á  la  fabricación  de 
municiones,  hasta  el  cuarto  trimes- 
tre de  1915,  época  en  que  apenas  al- 
canzó 92.000  toneladas.  Luego  em- 
pezó á  aumentar,  y  la  escala  es 
como  sigue:  En  1916.  primer  tri- 
mestre, 95.000  toneladas;  segundo, 
108.000;  tercero,  125.000;  cuarto, 
213.000;  y  en  1917,  primer  trimes- 
tre, 246.000  toneladas;  segundo, 
219.000;  tercero,  248.000,  y  420.000 
toneladas  durante  el  último  trimes- 
tre del  año  pasado. 

Estas  cifras  se  refieren  á  la  pro- 
ducción de  las  Islas  Británicas  tan 
sólo.  Durante  el  cuarto  trimestre 
de  1917,  los  barcos  construidos  en 
el  extranjero  representan  512.000  toneladas,  haciendo 
un  total  de  rendimiento  mundial  (excluyendo,  claro 
está,  lo  construido  por  el  enemigo  en  el  último  trimes- 
tre del  año  pasado)  de  932.000  toneladas.  Ahora  bien; 
contra  esto  tenemos  las  pérdidas  debidas  á  los  ataques 
del  enemigo  y  á  los  riesgos  marítimos  ordinarios, 
hasta  el  último  trimestre  del  año  pasado  (1.200.000  to- 
neladas), que  ha  sido,  con  mucho,  el  más  bajo  desde 
que  comenzó  la  guerra  sin  restricciones  acá.  Podemos, 
pues,  decir  que  con  el  aumento  habido  en  la  produc- 
ción y  la  disminución  que  hubo  en  los  hundimien- 
tos, llegamos,  en  el  último  trimestre  del  año  pasado, 
según  la  proporción  mensual,  á  la  conclusión  de  que 
con  100.000  toneladas  más  al  mes  los  aliados  habrían 
repuesto  las  pérdidas  mundiales  debidas  á  los  ataques 
enemigos  y  á  los  peligros  de  la  navegación.  Conside- 
rando las  pérdidas  y  el  rendimiento  británicos  tan 
sólo,  la  diferencia  que  resulta  en  proporción  es  algo 
mayor.  Perdimos  aproximadamente  261.000  toneladas 
por  mes  durante  el  último  trimestre  de  1917  y  cons- 


^¿> 


LA    ACCIÓN    DE    LOS 


Acuarela  de  Francois  Flameng,  de  la  tlilustratlon»  de  París 


LIADOS    EN    BÉLGICA 


zando  hacia  Bixschoote 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


89 


truíinos  140.000  toneladas  por  raes:  el  déficit  es  de 
121.000  toneladas. 

Es  de  sentir  que  la  Gran  Bretaña  haya  sufrido  tan- 
to, más  que  cualquiera  otro  de  los  aliados;  pero  no 
hay  que  olvidar  que  como  los  que  han  realizado  ma- 
yor esfuerzo  naval  hemos  sido  nosotros,  de  ahí  que  los 
ataques  en  contra  nuestra  hayan  sido  mayores  tam- 
bién; circunstancias  estas  dos  últimas  que  significan 
una  demanda  enorme  para  nuestros  astilleros.  No  creo 
que  como  nación  hayamos  de  lamentar  las  desgracias 
ni  el  esfuerzo  naval  que  en  esta  gran  guerra  nos  han 
caído  en  suerte.  Todos  estamos  dispuestos  á  ayudar 
hasta  donde  nuestros  recursos  nos  alcancen,  y  lleva- 
remos la  guerra  hasta  el  final,  el  único  fin  honroso. 
Para  que  os  forméis  una  idea  de  lo 
grande  que  ha  sido  ese  esfuerzo  na- 
val, volveré  á  citar  aquí  los  datos 
de  mi  declaración.  Sus  Excelen- 
cias, los  señores  diputados,  encon- 
trarán los  demás  detalles  relativos 
en  la  relación  que  va  á  publicarse 
dentro  de  poco.  El  resultado  neto 
de  los  riesgos  marítimos  y  ataques 
enemigos,  ya  sea  en  la  superficie 
del  mar,  en  el  aire  ó  en  acción  sub- 
marina, desde  el  comienzo  de  la 
guerra  hasta  fines  del  pasado  año, 
muestra  una  disminución  neta  de 
dos  millones  y  medio  de  toneladas; 
y  el  correspondiente  al  último  tri- 
mestre del  año  pasado,  los  aliados 
y  neutrales  han  venido  reempla- 
zando el  ~."j  por  100  de  las  pérdidas. 
La  capacidad  productora  de  los 
arsenales  aliados — dentro  de  muy 
poco  tiempo — ,  contando  como 
cuenta  hoy  con  materiales  y  gente 
en  abundancia,  logrará  reponer  en 
su  totalidad  las  pérdidas  de  barcos 
del  mundo  entero,  y  eso  tomando  como  base  las  cifras 
presentes.  A  mí  me  parece  que  en  globo  estas  cifras 
son  menos  graves  que  lo  que  el  país  se  esperaba,  y  en 
verdad,  mucho  más  tranquilizadoras  de  lo  que  se  le 
había  hecho  esperar  al  público  en  los  países  enemigos. 

La  Cámara  recordará  que  ya  con  anterioridad  ha- 
bía yo  insistido  en  que  el  esfuerzo  relativo  á  cons- 
trucción y  reparación  de  barcos,  tanto  de  guerra  como 
mercantes,  debía  tomarse  en  conjunto,  dado  el  empleo 
que  entre  los  distintos  ramos  puede  hacerse  de  brazos, 
materiales  y  maquinarias.  No  se  trata  únicamente  de 


Almirantazgo.  En  todo  caso,  la  comparación  seria 
ociosa,  ya  que  los  daños  de  hoy  son,  á  causa  de  minas 
y  torpedos,  incomparablemente  mayores  que  en  tiem- 
pos de  paz.  Sabido  es  que  á  fines  del  primer  ejercicio 
del  año  pasado  los  astilleros  destinados  á  obras  de  re- 
paración estaban  llenos,  siendo  además  numerosos  los 
barcos  averiados  que  había  en  espera  de  reparación. 
El  verano  de  1917  se  creó  una  organización  central,  y 
el  aumento  en  la  proporción  semanal  de  la  producción 
de  tonelaje  reparado  en  Febrero  de  lülrt,  comparado 
con  Agosto  de  1917,  es  de  80  por  100,  ó  sea  69  barcos 
mercantes,  representando  no  menos  de  237.000  tone- 
ladas por  semana  en  los  meses  ulteriores.  Es  muy 
importante  tener  presente  estos  datos.  En  Febrero  se 


BARCO-PATRULLA    PROTEGIENDO   UN   CONVOY    POR   MBDIO   DE    APARATOS 
FUMÍGENOS    FLOTANTES 


hicieren  reparaciones  á  naves  mercantes  á  razón  de 
166  barcos  por  semana,  lo  que  representa  más  de 
medio  millón  de  toneladas. 

Hay  un  factor,  sobre  el  cual  ya  he  llamado  la  aten- 
ción de  la  Cámara,  que  contribuyó  considerablemente 
en  el  aumento  de  reparaciones  á  tonelaje  mercante:  el 
desarrollo  alcanzado  en  el  sistema  de  convoyes.  De- 
bido al  funcionamiento  de  este  sistema,  una  gran 
parte  de  los  barcos  averiados  por  torpedo  logró  llegar 
á  puerto.  Aumento  en  la  demanda  de  nuestros  recur- 
sos, que  estimamos.  Buen  número  de  estos  barcos,  de 
la  producción  de  tonelaje;  el  departamento  de  repara-  haber  sido  torpedeados  más  mar  adentro,  indudable- 
ciones  ha  atraído  durante  la  última  mitad  del  año  mente  se  habrían  perdido  por  completo.  Incidental- 
extraordinaria  atención,  resultando  que  la  producción  mente,  y  para  probar  no  más  lo  complejo  que  es  este 
en  materia  de  tonelaje  reparado  ha  aumentado  enorme-  problema,  tuvimos  que  decidir  si  convenía  sacrificar 
mente.  No  puedo  establecer  comparación  entre  esto  y  otras  construcciones,  á  lin  de  responder  á  la  demanda 
lo  que  se  hacía  en  tiempos  anteriores  á  la  guerra,  por-  que  existía  de  remolcadores  y  embarcaciones  de  sal- 
que  nunca  existieron  datos  amplios  en  ese  sentido  varaento,  y  decidimos  hacerlo.  Teniendo  en  cuenta 
sino  hasta  que  se  creó  un  departamento  especial  en  el     el  valor  de  las  naves  y  las  vidas  en  peligro,  nadie, 

Tomo  ix  II 


90 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


supongo,  negará  que  tuvimos  razón  en  proceder  asi. 
Pero  ello  afecta,  eso  sí,  á  nuestra  producción  uler- 
eante: cuanto  más  reparemos,  más  disminuirán  nues- 
tros recursos  en  materia  de  construcciones.  Sin  em- 
bargo, el  80  por  100  de  aumento  en  las  reparaciones 
de  barcos  no  agota  en  modo  alguno  el  esfuerzo  que  se 
ha  hecho  en  los  trabajos. 

Llevamos  hasta  ahora  tres  años  y  medio  de  guerra, 
y  sólo  las  personas  que  están  enteradas  de  la  energía 
desarrollada  por  la  flota  pueden  tener  idea  de  la  can- 
tidad de  medios  de  reparación  que  ésta  requiere  para 
conservarse  en  continua  actividad  eficiente.  Hay  mi- 
les de  embarcaciones,  desde  barcos  de  guerra  hasta 
remolcadores,  empleados  en  el  servicio  naval,  y  ba- 
sándonos en  cifras  tomadas  del  trimestre  Octubre,  No- 
viembre y  Diciembre  de  1917,  entraron  en  nuestros 
puertos  durante  el  año  pasado  un  número  de  embar- 
caciones por  reparar  diez  veces  mayor  que  lo  que 
entraba  en  tiempos  de  paz.  Más  de  3.000  de  estos  bar- 
cos fueron  atracados,  reparados  y  puestos  de  nuevo  al 
servicio  durante  el  último  trimestre  del  año  próximo 
pasado:  á  razón  de  12.000  naves  al  año  en  el  servicio 
de  guerra.  Estas  mejoras  se  hicieron  en  mayor  número 
que  durante  la  paz,  puesto  que  es  preciso  estar  cam- 
biando continuamente  los  cañones  y  demás  aparatos 
de  guerra  según  lo  van  requiriendo  las  necesidades  y 
los  adelantos  de  la  ciencia.  Por  lo  que  hace  á  indicar 
la  extensión  en  que  se  desarrolla  el  esfuerzo  que  se 
dedica  á  reparaciones,  acabo  de  ser  informado  por  pe- 
ritos que  con  el  número  de  brazos  que  hemos  desti- 
nado adicionalmente  á  reparaciones  de  barcos  mer- 
cantes y  de  guerra  podríamos  haber  producido  medio 
millón  más  de  tonelaje  mercante  nuevo  por  año. 

Mas  al  ocuparnos  de  la  situación  relativa  á  tone- 
laje, debemos  considerar,  no  sólo  la  producción  y  las 
reparaciones — no  olvidemos  que  en  esto  último  está 
incluido  el  ramo  de  salvamento — ,  sino  que  hay  tam- 
bién otro  factor;  hay  tres  factores.  Siquiera  sea  bre- 
vemente, voy  á  dilucidar  este  punto.  La  Cámara  debe 
comprender  que  no  podemos  sacar  el  balance  y  decir 
á  cuántas  toneladas  equivale  la  energía  que  en  lugar 
de  ese  medio  millón  de  toneladas  se  ha  empleado  en 
otras  cosas.  Pero  es  indiscutible  que  la  disminución 
en  las  pérdidas  de  tonelaje  mercante  se  debe  en  su 
mayor  parte  á  la  eficacia  de  nuestro  servicio  de  em- 
barcaciones contra  submarinos  y  al  servicio  inestima- 
ble de  convoyes  que  con  tanto  celo  desempeñan  nues- 
tros destroyers,  chalupas,  botes  de  patrulla  y  otros. 
Para  estudiar  correcta  y  adecuadamente  el  problema 
del  tonelaje,  precisa  tener  en  cuenta,  en  todo,  tres 
factores  capitales:  1.°,  botes  de  patrulla  y  otras  em- 
barcaciones para  destruir  submarinos  y  protección  de 
las  naves  mercantes  que  se  hacen  á  la  mar;  2.°,  sal- 
vamento y  reparación  de  buques  averiados;  3.°,  cons- 
trucción de  nuevos  barcos  mercantes.  Esos  factores 
constituyen  un  problema  único  é  indivisible.  Si  dedi- 
cáramos todas  nuestras  energías  á  la  tercera  de  estas 
categorías,  á  saber:  la  construcción  de  barcos  mer- 


cantes, entonces  los  números  1  y  2,  es  decir,  los  co- 
rrespondientes á  patrullas  submarinas  y  escoltas,  sal- 
vamento, reparación,  etc.,  sufrirían  las  consecuen- 
cias. Si  fuéramos  á  destinar  todas  nuestras  energías 
á  los  trabajos  de  la  primera  categoría,  ó  sea  á  la  cons- 
trucción de  botes  de  patrullas  y  embarcaciones  contra 
submariuos,  y  excluyéramos  la  segunda  y  tercera 
categoría,  salvamento,  reparaciones  y  construcción  de 
barcos  nuevos,  nuestras  tropas  en  Francia  y  por  do- 
quiera carecerían  de  hombres  y  municiones  antes  de 
que  hubiéramos  triunfado  por  mar.  Podéis  estar  segu- 
ros de  que  no  exagero  cuando  digo  que  es  tarea  ardua 
en  extremo  y  nada  fácil  hacer  con  exactitud  la  dis- 
tribución de  las  energías  disponibles,  dando  á  cada 
uno  de  los  factores  antes  citados  su  lugar.  El  cargo 
acarrea  en  sí  no  poca  responsabilidad.  La  Cámara  no 
debe  olvidar  que  este  gran  esfuerzo  destinado  á  cons- 
trucciones y  reparaciones  navales  y  el  enorme  aumen- 
to de  municiones  de  todas  clases  han  sido  simultáneos, 
y  desarrollados  en  una  época'  en  que  las  reservas  de 
hombres  del  país  disponibles  para  trabajos  civiles  han 
quedado  reducidas  como  nunca  lo  habían  sido  en  los 
anales  de  la  guerra.  No  creo  estar  divulgando  informes 
que  no  debiera  cuando  digo  que  la  producción  de  to- 
nelaje y  municiones  de  todos  calibres  en  1917  es,  sobre 
poco  más  ó  menos,  el  doble  de  lo  que  fué  la  de  191(5. 
No  necesito  recordar  á  la  Cámara  el  esfuerzo  espe- 
cial que  se  ha  hecho  en  materia  de  aeroplanos.  Éstos, 
según  entiendo,  se  están  produciendo  hoy  en  canti- 
dades dos  veces  y  media  mayores  que  en  1916;  y 
durante  los  meses  últimos  de  1917  se  estaban  llevau- 
do  á  cabo  arreglos  respecto  á  brazos  y  materiales,  que 
aseguran  una  producción  todavía  mayor  en  este  año. 
La  producción  de  otras  municiones  que  no  puedo  de- 
tallar aquí  es  de  tal  modo  superior  en  1917  á  la  de  1916, 
que  toda  comparación  sería  enteramente  fútil.  Todas 
estas  municiones  requieren  grandes  cantidades  de  las 
mismas  clases  de  material  y  de  operarios  que  los  asti- 
lleros. Pero  á  pesar  del  gran  desarrollo  que  se  ha  dado 
á  todo  esto,  hemos  podido  lograr  un  resultado,  á  mi 
ver,  no  menos  estupendo  en  los  dominios  de  la  indus- 
tria naviera.  Como  la  Cámara  sabe,  durante  el  año 
de  1917  llegamos  á  construir,  entre  buques  de  guerra 
y  mercantes,  un  total  casi  igual  al  del  año  que  más 
se  ha  construido  en  este  país.  Hemos  multiplicado 
diez  veces  el  número  de  embarcaciones  de  guerra  re- 
paradas y  rehabilitadas,  y  en  seis  meses  llevamos 
aumentado  el  tonelaje  en  materia  de  reparación  de 
barcos  mercantes  en  un  80  por  100,  lo  cual  equivale 
á  237.000  toneladas  por  semana.  Debo  además  supli- 
car á  la  Cámara  que  tome  nota  de  que,  no  obstante 
todas  las  grandes  mejoras  realizadas  en  muchas  direc- 
ciones, y  á  pesar  de  la  creciente  demanda  que  existe 
de  reservas  de  hombres  en  el  país,  por  lo  que  respecta 
á  la  producción  de  tonelaje  nuevo,  comenzamos  el  año 
de  1918  con  un  rendimiento  de  420.000  toneladas  en 
el  último  trimestre  de  1917,  contra  213.000  toneladas 
durante  el  último  trimestre  de  1916.  Sin  contar  con 


UlM'OHlA   UK  LA  ülJKkkA   tJUUOPBA  DB   1914 


9] 


que  por  entonces  la  industria  se  hallaba  sumamente 
desorganizada:  que  los  astilleros  no  podían  ir  termi- 
nando los  trabajos  comenzados  sino  con  gran  lentitud, 
pues  la  mayoría  contaba  entre  su  inmenso  personal 
respectivo  muchos  operarios  inexpertos.  No  vacilo  en 
someter  nuestros  resultados  al  criterio  de  la  Cámara.  ■> 

El  discurso  del  primer  Lord  del  Almirantazgo  fué 
acogido  con  generales  simpatías. 

Reanudemos  el  relato  de  los  incidentes  de  guerra 
marítima. 

El  21  de  Marzo,  poco  antes  del  amanecer,  los  des- 
troyers  británicos  Botha  y  Morris  y  los  destroyers 
iVauceses  Gapitaine  Mehl¡  Magon  y  Boucíier,  hallán- 
dose en  servicio  de  patrulla  hacia  el  Este  del  paso  de 
Calais,  oyeron  súbitas  detonacio- 
nes en  dirección  de  la  costa  fran- 
cesa. Los  destroyers  se  lanzaron  á 
toda  marcha,  y  guiados  por  el  res- 
plandor de  los  cañonazos  cayeron 
sobre  unos  veinte  torpederos  ale- 
manes que  se  disponían  á  bombar- 
dear á  Dunkerque.  Los  buques 
franco-ingleses  maniobraron  con 
ánimo  de  cortar  la  retirada  á  sus 
enemigos,  los  cuales,  aprovechan- 
do la  obscuridad  reinante,  aún  lo- 
graron huir  en  dirección  de  la 
costa  flamenca. 

Durante  la  caza,  los  barcos  ale- 
manes fueron  acribillados  de  pro- 
yectiles; el  Morris  torpedeó  á 
uno  de  regulares  dimensiones,  el 
Botha  partió  en  dos  mitades  á  otro 
torpedero  alemán,  y  los  destroyers 
franceses  destruyeron  á  cañona- 
zos un  tercer  adversario. 

En  la  tarde  del  mismo  día  21, 
dos  monitores  británicos  empren- 
dieron un  bombardeo  contra  Os- 
tende.  Durante  la  operación  fueron  derribados  cinco 
aviones  alemanes. 

A  lo  largo  de  Heligoland  varios  hidroaviones  britá- 
nicos atacaron  á  una  patrulla  de  dragaminas  alema- 
nes, causándoles  algunas  bajas. 

El  5  de  Abril,  el  almirante  Kato,  jefe  de  las  fuerzas 
navales  japonesas  ancladas  ante  Vladivostok,  des- 
embarcó tropas;  al  día  siguiente,  el  jefe  de  la  escua- 
dra británica  puso  en  tierra  las  compañías  de  desem- 
barco que  llevaban  sus  navios. 

Estas  operaciones,  efectuadas  sin  incidente  algu- 
no, tenían  por  objeto  la  protección  de  los  BÚbditos  y 
de  los  bienes  de  las  naciones  de  la  Entente,  amenaza- 
dos por  el  movimiento  anárquico  que  veuía  desarro- 
llándose en  la  región. 

Este  hecho  originó  una  protesta,  puramente  for- 
mularia, del  gobierno  maximalista  ruso  y  del  Soviet 
local  de  Vladivostok. 

En  la  noche  del  4,  un  grupo  de  (¡0  marinos  aus- 


tríacos desembarcó  al  Norte  de  Ancona  costa  del 
Adriático),  y  permaneció  oculto  en  una  granja  duran- 
te toda  la  jornada  del  5.  Á  la  noche  siguiente  la  pc- 
queña  tropa  fué  capturada  por  una  patrulla  de  ca- 
rabineros en  el  momento  en  que  ensáyala  alcanzar 
sus  objetivos. 

La  canoa  automóvil  que  la  había  transportado  fué 
conducida  á  Ancona. 

(  orno  este  puerto  es  el  mejor  de  toda  la  costa  sep- 
tentrional de  Italia,  los  austríacos  hubiesen  podido 
causar  grandes  daños  en  el  caso  de  que  su  expedición 
no  se  hubiera  frustrado  tan  por  completo.  En  el  puerto 
de  Ancona  hay  importantes  talleres  de  construcción, 
grandes  almacenes  de  carbones  y  tres  ferrocarriles 
que  lo  ponen  en  comunicación  di- 
recta con  Roma,  con  Bolonia  y 
con  Brindisi. 


KL    VICEALMIRANTE    ROGKR    KüVKS. 

QUE  DIRIGIÓ  EL   ATAQUE   CONTRA    7.EEBRI  (i(.;K 

Y    OSTBNDB 


El  heroico  «raid»  de  Zeebrugge 

El  23  de  Abril,  muy  de  madru- 
grada,  los  aliados  ejecutaron  un 
raid  naval  contra  Ostende  y  Zee- 
brugge,  bases  de  destroyers  y  de 
submarinos  alemanes.  Esta  audaz 
operación,  bien  concebida  y  mi- 
nuciosamente organizada,  condú- 
jose  bajo  la  dirección  del  viceal- 
mirante Roger  Keyes,  jefe  de  la 
división  naval  británica  de  Dou- 
vres.  Tomaron  parte  en  ella  varios 
destroyers  franceses.  Se  trataba  de 
bloquear  ambos  puertos  hundien- 
do en  su  misma  boca  varios  bar- 
cos cargados  de  cemento.  La  ope- 
ración obtuvo  un  éxito  completo. 
Veamos  cómo  comentaba  un  notable  crítico  naval 
la  operación  de  Zeebrugge,  que  fué  la  más  impor- 
tante: 

«En  estos  momentos  el  frente  priucipal  de  la  gue- 
rra es  el  occidental.  Las  operaciones  que  en  él  se  des- 
arrollan dependeu  en  gran  parte  de  los  elementos  de 
guerra,  hombres,  víveres  y  pertrechos  que  lleguen  á 
Francia  ó  Inglaterra  de  Asia,  de  Australia,  de  Sud 
América,  de  los  Estados  Unidos,  del  Canadá,  sin  con- 
tar con  la  comunicación  necesaria  y  constante  entre 
la  (Irán  Bretaña  y  Francia.  Para  llegará  puertos  fran- 
ceses ó  ingleses,  los  barcos  que  vienen  de  aquellos 
lejanos  puntos  tienen  que  pasar  necesariamente  por 
un  área  determinada,  que  se  reduce  y  limita  á  medida 
que  se  aproximan  á  su  destino.  En  esa  área  operan  los 
submarinos.  Para  destruir  su  acción  hay  dos  elemen- 
tos principalísimos:  la  eficiencia  con  que  los  convoy  s 
de  barcos  sean  protegidos  en  sus  viajes,  bien  por  ele- 
mentos propios  ó  por  barcos  de  guerra  aliados,  y  la 


92 


VICKNTE  BLASCO  IliANH/' 


¡stencia  con  que  los  submarinos  ó  destroycrs  ale- 
manes son  á  su  vez  atacados  y  perseguidos  hasta  sus 
.  A liura  bien;  en  Ostende  y  Zeebrugge  los  ale- 
manes mantenían  un  número  considerable  de  destro- 
yers  y  de  submarinos.  Los  primeros  trabajaban  de 
noche  y  aprovechando  el  mal  tiempo.  Aun  cuando 
sus  raids  en  la  costa  de  Kent  no  han  sido  de  trascen- 
dencia, ni  sus  ataques  sobre  barcos  pesqueros,  draga- 


PORT         DE 
2EEBRUGGE 


ZBEBRUGGK:    SU    -MUELLE   Y   SU   CANAL 

(De  L'IUvstrati 

minas  ó  barcos  mercantes  han  tenido  consecuencias 
de  valor  estratégico,  no  obstante  constituyen  un  peli- 
gro, cuya  importancia  radica  en  el  hecho  de  que  ha 
sido  preciso  mantener  siempre  una  fuerza  considerable 
de  barcos  para  el  ataque  ó  la  defensa,  barcos  que  de 
otro  modo  se  dedicarían  exclusivamente  á  la  caza  de 
submarinos.  De  Zeebrugge  á  Emden,  el  puerto  alemán 
más  cercano,  hay  sobré  unas  trescientas  millas  mari- 
nas de  distancia.  Claro  es  que  inutilizados  Ostende  y 
Zeebrugge  el  problema  se  resuelve.  Aparte  de  muchí- 
simas ventajas,  la  inmediata  es  que  numerosas  fuer- 
zas navales  de  la  base  inglesa  de  Dóver  quedau  libres 
para  dicha  caza.  El  objetivo  estratégico  del  almirante 
Keyes  de  alejar  más  de  trescientas  millas  las  bases 


alemauas  y  de  poder  disponer  de  mayor  número  de 
barcos  en  la  guerra  antisubmarina  se  ha  logrado. 

Los  propósitos  de  la  expedición  eran  bloquear  el 
canal  de  Zeebrugge  y  cerrar  la  entrada  de  la  pequeña 
y  estrecha  bahía  de  Ostende  con  viejos  cruceros  car- 
gados de  cemento,  cuya  extracción  fuese  larga  y  difí- 
cil, [ncidentalmente  se  trataba  asimismo  de  destruir 
el  mayor  número  posible  de  depósitos  y  almacenes  de 
material  y  equipos  de  guerra,  de  hundir  cuan- 
tos más  barcos  enemigos  se  pudiese  y  de  causar 
á  los  defensores  del  puerto  el  mayor  número 
posible  de  bajas.  El  problema  consistía  en  con- 
ducir los  barcos  sin  que  fuese  notada  su  pre- 
sencia hasta  el  punto  más  cercano  posible  del 
puerto,  y  después  forzar  la  entrada  á  toda  mar- 
cha. Para  ocultar  los  barcos  se  emplearon  lo 
que  se  ha  dado  en  llamar  «cortinas  de  humo». 
En  Ostende  se  logró  conducir  los  barcos  hasta 
la  entrada,  antes  de  que  la  artillería  enemiga 
se  diese  cuenta  de  ello,  y  los  hundiese  en  sitio 
inconveniente.  Desgraciadamente,  el  viento  di- 
sipó las  nubes  de  humo,  y  la  operación  de 
hundir  los  barcos  en  el  sitio  más  apropiado  se 
hizo  imposible.  Sin  embargo,  mucho  de  lo  que 
se  proponían  los  asaltantes  se  ha  logrado. 

La  operación  en  Zeebrugge  era  más  difícil, 
pues  Zeebrugge  no  es  un  puerto,  sino  la  salida 
del  canal  de  Brujís  hacia  el  mar.  La  entrada  del 
canal  está  formada  por  dos  largos  diques  de 
más  de  media  milla  hasta  las  primeras  esclu- 
sas. Otros  diques  ó  muelles  protegen  esta  en- 
trada que  está  unida  á  la  costa  por  un  viaducto 
de  cerca  de  500  metros  construido  en  sentido 
curvo.  La  construcción  del  muelle -viaducto 
es  de  piedra,  y  hay  en  él,  pues  es  bastante 
ancho,  varias  vías  férreas  y  estaciones,  y  desde 
los  comienzos  de  la  guerra  los  alemanes  han 
levantado  establecimientos  militares  de  todas 
clases. 

El  plan  general  era  que  los  monitores  bom- 
bardeasen la  plaza  durante  una  hora  y  que, 
protegido  por  este  bombardeo,  avanzara  el  es- 
p  cuadrón.  El  bombardeo  cesaría  en  un  momento 

dado,  y  el  Vindictive  se  lanzaría  hacia  el  mue- 
lle-viaducto, desembarcando  sus  tropas  de  infantería 
de  marina  y  marinos,  de  igual  modo  como  harían  los 
pequeños  transportes  Tris  y  Daffodil.  Estas  fuerzas 
de  desembarco  atacarían  á  los  defensores  de  las  ba- 
terías y  almacenes,  mientras  que  viejos  submarinos 
serían  lanzados  sobre  el  muelle  para  cortarlo  y  ais- 
larlo de  tierra.  Otras  fuerzas  debían  al  propio  tiempo 
atacar  á  los  destroyers  y  submarinos  que  hubiese 
atracados.  Finalmente,  los  barcos  destinados  á  blo- 
quear el  puerto  serían  remolcados  hasta  la  entrada 
del  canal  y  allí  hundidos.  Todo  fué  preparado  cuida- 
dosamente á  bordo  del  Vindictive,  crucero  de  5.600 
toneladas,  así  como  en  los  demás  barcos,  que  iban  á 
protegerse  con  cortinas  de  humo  producido  por  apara- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


93 


tos  especialmente  inventados  y  preparados  por  el  ca-     puesto  de  importancia  militar;  todos  fueron  destruidos, 
pitan  Broek,  quien  murió  valientemente  á  la  cabeza  Tuvimos  que  dejar  atrás  gran  número  de  nuestros 

de  sus  hombres  en  el  desembarco.  Eu  el  momento  crí-     combatientes  de  desembarco;  muchos  de  ellos  fueron 
tico,  al  llegar  al  faro  que  se  halla  al  extremo  del  canal,     después  recogidos  por  botes  exploradores. 
los  defensores  se  percataron  del  ataque  y  abrieron  un  Perdimos  un  destróyer,  víctima  de  una  serie  de 

fuego  terrible,  al  cual  contestó  el  Vindictive  con  sus  disparos  certeros  hechos  sobre  las  máquinas.  Los  su- 
cañones,  acercándose  al  muelle.  El  desembarco  efec-  pervivientes  fueron  salvados  inmediatamente  por  otro 
tuóse,  á  pesar  de  los  ataques  cuerpo  á  cuerpo,  y  todos  destróyer, 
los  almacenes  y  depósitos  fueron  destruidos. 
Los  viejos  submarinos  ingleses,  lleuos  de  ex- 
plosivos y  convertidos  en  gigantescos  torpedos, 
fueron  lanzados  sobre  el  muelle,  partiéndolo  y 
aislándolo.  Numerosos  marinos  al  propio  tiem- 
po buscaban  los  destroyers  y  submarinos  que 
hubiese  en  el  puerto.  A  su  frente  cayeron  el  co- 
ronel Elliott  y  el  comandante  Halaban.  Uno 
solo  de  los  destroyers  alemanes  tenía  presión 
suficiente  en  sus  calderas.  Trató  de  escapar, 
pero  fué  hundido.  Muchos  otros,  destruida  su 
tripulación,  han  sido  asimismo  hundidos.  Dos 
de  los  tres  barcos  ingleses  destinados  á  bloquear 
el  canal  fueron  hundidos  en  el  lugar  previa- 
mente calculado.  Concluido  el  programa,  era 
inútil  continuar  en  el  puerto,  y  toda  la  fuerza 
asaltante  lo  abandonó,  á  excepción  de  un  des- 
tróyer y  de  dos  lanchas  de  vapor  que  fuerou 
hundidos  por  los  alemanes.» 

Un  testigo  presencial  de  esta  expedición, 
digna  de  las  más  heroicas  leyendas,  relató  sus 
impresiones  en  los  siguientes  términos: 

«Nos  hallábamos  á  bordo  de  un  destróyer, 
que  llegó  hasta  frente  á  Zeebrugge  escoltando 
á  un  submarino  que  dejamos  á  la  entrada  del 
puerto. 

Luego  seguimos  rondando  por  las  afueras 
del  malecón.  El  submarino  se  dirigió  en  línea 
recta  hacia  el  puerto.  Se  mandó  colocar  y  en- 
cender una  mecha  con  espoleta  graduada,  y 
abandonó  toda  la  tripulación  el  barco.  A  los  po- 
cos momentos  chocó  contra  el  muelle  del  puerto 
é  hizo  explosión.  Había  que  ver  cómo  saltó  el 
muelle.  Todos  los  tripulantes  del  submarino 
fueron  salvados. 

Pocos  momentos  después  de  habernos  ale- 
jado del  submarino,  se  conoce  que  los  alema- 
nes babían  acertado  á  divisarnos,  pues  comen- 
zaron á  lanzar  proyectiles  luminosos  y  á  dis- 
parar contra  nosotros  sus  cañones  de  gran  calibre. 

Á  causa  de  la  cortina  de  humo  que  nos  protegía, 
no  podían,  sin  embargo,  vernos  siempre,  pues  el  vien- 
to, favoreciéndonos,  se  llevaba  el  humo  hacia  la  playa. 

Luego  logramos  entrar,  y  el  Vindictive,  que  iba 
junto  á  nosotros,  permaneció  á  lo  largo  del  embarca- 
dero por  espacio  de  hora  y  media. 

Bajó  á  tierra  un  pelotón  y  nos  posesionamos  de  los 
cañones  que  había  en  el  rompeolas;  los  viramos  y  dis- 
paramos contra  las  fortificaciones  alemanas.  Por  lo 
que  pudimos  observar,  no  quedó  en  pie  ni  un  solo 


ESQUKMA    DEL  ATAljUK   A   ZBKBIUN3GE 

1.  El  crucero  «Vindictive»  lunto  al  muelle  en  que  desembarcaron  los  fusileros  marinos.— 

2.  bl  «Daftodll..  3  Bl  «Irle»  4  Submarino  explotando  para  abrir  una  brecha  en  el  mue- 
lle -5  y  6  til  «lntrepld>  y  el  .Iplilgenlai  entrando  en  el  canal  para  ser  hundidos  -7.  Bl 
«Theits».  echado  á  p'que  antes  de  haber  logrado  su  propósito.  — 8.  Destroyers  Ingle- 
ses cañoneando  lo*  barcos  enemigos  en  la  rada  9.  Incendios  en  las  construcciones 
del  muelle.  — 10.  Destróyer  alemán  andado  en  el  Interior  del  muelle  y  que  fué  hundido. 

Dibajo  de  Henri  Radaux,  de  í'JlluttratioH  de  Paria 


A  su  vez,  avanzaron  los  barcos  cargados  de  ce- 
mento, colocándose  debidamente  en  las  posiciones  que 
se  les  habían  señalado.  Luego  se  echaron  á  pique,  y 
quedó  así  bloqueado  el  puerto  por  completo. 

Mientras  se  llevaban  á  cabo  todas  estas  maniobras, 
el  fuego  nutridísimo  no  cesaba  de  llover  sobre  nos- 
otros; al  mismo  tiempo  nuestros  barcos  de  exploración 
destruían  cuanto  encontraban. 

Uno  de  nuestros  barcos  de  abordaje  fué  alcanza- 
do por  un  proyectil;  al  ver  esto,  el  capitán  del  que 
nosotros  tripulábamos  le  dio  remolque.  Alcanzamos  á 


94 


VICENTE  BLASCO  IBANE7. 


ver  muchos  de  los  barcos  alemanes  dentro  del  puer- 
to, materialmente  imposibilitados  para  salir,  pues  les 
habíamos  bloqueado  el  paso  del  canal. 

Asaltado  Zeebrugge,  tomados  unes  y  blo- 

queado el  puerto,  emprendimos  la  retirada.  El  triunfo 
ha  sido  completo,  y  nuestras  pérdidas  relativamente 
escasas,  si  se  toma  en  cuenta  lo  que  con  ello  se  logró. 

Los  que  se  quedaron  atrás,  ya  en  los  últimos  mo- 
mentos, con  el  objeto  de  acabar  de  destruir  los  caño- 
nes, sabían  que  ó  perdían  la  vida  ó  caían  prisioneros. 
Todos  y.  cada  udo  de  ellos  fueron  voluntariamente 
unos  verdaderos  héroes. 

Nuestro  piloto  se  portó  admirablemente.  Su  habili- 
dad de  marino  nos  salvó.  Sobre  todo,  donde  demostró 
una  pericia  asombrosa  fué  en  la  forma  de  escaparse  de 
las  balas.  Su  serenidad  y  su  valor  nos  llenó  de  orgu- 


ha  sido  la  única  nación  que  ha  podido  precisar  un  pro- 
grama técnico  en  una  de  las  más  modernas  aplicacio- 
nes de  la  ciencia  á  la  guerra:  un  determinado  número 
de  aeroplanos  que  por  ellos  resulte  indudable  una  gran 
superioridad  en  los  medios  aéreos  de  los  aliados  sobre 
sus  adversarios  representará  la  contribución  aviato- 
ria de  los  Estados  Unidos. 

Italia  y  sus  aliadas,  desprevenidas  para  la  agre- 
sión, sorprendidas  por  la  urgencia  afanosa  de  proveer, 
no  habían  tenido  modo  ni  tiempo  de  formular  otro 
programa  técnico  que  éste,  necesariamente  indefinido: 
«Lo  más  que  se  pueda  en  el  menor  tiempo  que  se  pue- 
da.» Y  entretanto,  como  la  guerra  en  el  mar  tomaba 
un  marcado  carácter  estratégico,  el  carácter  de  una 
guerra  esencialmente  de  posiciones,  por  la  cual  los 
aliados  de  Occidente,  dueños  de  las  desembocaduras 


EL   «VIND1CTIVE»    DB    VUELTA   DE   ZEKBRUGGE 


lio,  hasta  el  punto  de  hallarnos  dispuestos  á  morir  á 
sus  órdenes  en  cualquier  momento. 

El  capitán  de  uno  de  los  barcos  de  exploración 
hundió  dos  destroyers  alemanes  en  el  puerto,  amén 
de  otros  muchos  barcos  y  submarinos. 

El  Vindictive  salió  sumamente  averiado,  pero  pudo 
regresar  con  nosotros  á  Dóver. 

Mientras  el  combate  continuaba,  nuestros  monito- 
res bombardeaban  desde  el  mar,  causando  no  pocos 
daños  en  las  defensas  alemanas.» 

La  operación  había  triunfado  por  completo. 


III 
Hidroaviación 

Un  colaborador  del  gran  diario  romano  II  Corriere 
della  Sera  decía  así  en  un  notable  artículo  consa- 
grado al  estado  de  la  aviación  naval  en  Italia  y  en  los 
Estados  Unidos: 

«La  América  del  Norte,  al  entrar  en  el  conflicto, 


en  el  mar  libre  y  superiores  potencialmente  al  ene- 
migo, no  tenían  sino  que  tenerle  bloqueadas  las  escua- 
dras en  los  puertos,  he  ahí  cómo  el  «lo  más  que  se 
pueda»  fué  casi  todo  puesto  en  provecho  de  los  ejérci- 
tos de  tierra,  ya  que  la  guerra  que  había  previsto  é 
impuesto  Alemania  parecía  tener  un  carácter  neta- 
mente continental. 

En  rigor,  cuando  entró  en  lucha  la  Gran  Bretaña, 
la  vasta  conflagración  ya  se  diseñaba  en  su  finali- 
dad (al  menos  para  quienes  no  ignoraban  la  influencia 
del  poder  marítimo  en  el  desarrollo  de  los  grandes 
acontecimientos  mundiales)  como  lucha  por  la  hege- 
monía de  los  mares;  pero  este  carácter  de  la  guerra  no 
resultó  tangible  para  la  masa  de  las  gentes  hasta  que, 
definida  la  amenaza  germánica  en  el  continente,  vino 
la  novísima  arma  submarina  (el  sumergible)  á  amena- 
zar cada  vez  más  seriamente  el  tráfico  marítimo  de  los 
aliados,  al  que  van  unidos  los  aprovisionamientos  in- 
dispensables para  resistir  y  proseguir  en  la  asperísima 
lucha. 

Valioso  medio  protector  del  tráfico  en  contra  de  la 
insidia  submarina,  es  la  aviación.  Puede  ponerse  en 


HISTOHIA   DE  LA   OUríPHA   EUWOPKA   Uti    1S»14 


95 


duda  su  eficacia  como  instrumento  de  destrucción  di- 
recta de  los  sumergibles,  por  cuanto  éstos  pueden  hoy 
navegar  á  profundidades  tan  grandes  (40  metros)  que 
les  hagan  completamente  invisibles;  pero  cuando  el 
sumergible  quiera  atacar  necesitará  profundidades 
mucho  menores,  y  entonces,  en  la  mayor  parte  de  los 
casos,  lo  descubre  el  avión,  que  desde  los  aires  explora 
las  aguas;  y  la  exploración  desde  lo  alto,  merced  al 
vasto  horizonte  que  abarca,  es  muy  eficaz  para  des- 
cubrir desde  grandes  lontananzas  al  sumergible  que 
navega  en  inmersión.  Por 
eso  un  convoy,  ó  un  solo 
buque,  próximos  a  una 
zona  peligrosa,  si  tienen 
hidroaviones,  de  seguro 
que  tendrán  grandes  pro- 
babilidades de  sustraerse 
á  los  ataques  del  sumergi- 
ble, y  la  casi  seguridad  de 
evitar  el  choque  con  las 
minas,  las  que,  colocadas 
casi  á  flor  de  agua,  se  dis- 
tinguen claramente  desde 


lo  alto. 

Ahora  bien;  el  hidro- 
avión ha  de  ser  necesaria- 
mente llevado  en  una  na- 
ve; luego,  en  el  instante 
preciso,  ha  de  tomar  vue- 
lo, bien  por  sí  mismo  ó 
bien  lanzado  desde  un  bu- 
que; y  desde  lo  alto  debe 
escudriñar  aquel  espejo  de 
agua  en  relación  con  el 
convoy  ó  con  la  nave  á 
que  esté  adscrito,  y  tam- 
bién desde  lo  alto  debe  su- 
gerir indicaciones  á  los 
buques,  según  lo  que  vea 
ó  escuche; por  todo  lo  cual 
el  hidroavión  precisa  que 
esté  regido  por  hombres  de  mar,  familiarizados  con  la 
guerra  marítima. 

Así,  cuando  se  provea  seriamente  á  proteger  el 
tráfico,  proporcionando  á  los  directores  más  medios  y 
menos  ideas,  se  podrá  disponer  de  un  personal  marino 
bien  diestro  y  experimentado. 

Aunque  sean  pocos  nuestros  aviadores  marítimos 
y  sean  escasos  los  medios  que  hay  desparramados  á 
lo  largo  de  la  costa,  los  resultados  han  sido  brillantes. 
Venecia,  durante  un  buen  lapso  de  tiempo  desde  que 
empezó  la  guerra,  fué  un  objetivo  constante  de  la  ac- 
tividad aérea  del  enemigo;  h:ego  tuvo  un  período  largo 
de  tregua,  interrumpido, apenas  por  algún  ataque;  las 
otras  poblaciones  del  Adriático  (indefensas  en  su 
mayor  parte),  y  sobre  las  que  tantas  veces  han  volado 
los  aviones  adversarios,  han  visto  disminuir  las  in- 
cursiones. 


LAS    CHIMENEAS    DEL    «V1NDICTIVK» 


Cierto  que  á  ello  han  contribuido  la  excelente  or- 
ganización de  las  defensas  antiaéreas  y  la  ingeniosa 
idea  de  los  trenes  armados  con  artillería,  los  cuales, 
(•uniendo  por  el  litoral  rápidamente,  se  trasladan  allí 
donde  hace  falta  su  acción;  pero  actualmente,  con  las 
grandes  alturas  á  que  vuelan  los  aviones,  el  medio 
más  eficaz  para  inutilizar  los  ataques  es  el  de  contra- 
atacar con  rapidez. 

Un  empleo  intenso  y  una  inteligente  organización 
han  compensado  hasta  hoy  la  escasez  de  medios.  Du- 
rante toda  la  primera  mi- 
tad de  l'J17,  los  aviones  de 
marina  realizaron  más  de 
setenta  incursiones  en  las 
costas  enemigas,  las  más 
de  las  veces  reunidos  en 
grupos,  y  otras  desarro- 
llando combinadas  y  atre- 
vidas incursiones  sucesi- 
vas (que  han  durado  horas 
y  horas),  haciéndoles  lle- 
gar de  diferentes  direccio- 
nes para  causar  y  des- 
orientar al  enemigo;  de 
donde  resulta  que  nues- 
tros aviadores,  en  los  últi- 
mos ataques  de  una  mis- 
ma incursión,  casi  siem- 
pre pueden  volar  á  alturas 
sumamente  pequeñas. 

Y  no  sólo  vuelan  los  hi- 
droaviones para  hacer  re- 
conocimientos é  incursio- 
nes, sino  que  actúan  tam- 
bién de  exploradores  de 
alta  mar  y  son  los  prime- 
ros que  dan  la  señal  de 
ataque  contra  los  torpede- 
ros enemigos  cuaudo  és- 
tos salen  de  sus  bien  pro- 
vistos puertos. 
También  realizan  otras  operaciones,  algunas  de 
ellas  de  una  audacia  que  parece  desafiar  al  tiempo. 

¿Y  cuáles  son  los  resultados  tangibles  de  la  hidro- 
aviación?,  se  preguntará.  Pues  son  el  haber  conse- 
guido lo  que  se  podía  con  los  medios  disponibles;  así, 
Venecia  queda  siendo  casi  invulnerable  y  las  otras 
pacíficas  ciudades  del  Adriático  apenas  son  molesta- 
das desde  el  espacio. 

También  se  le  han  causado  daños  al  enemigo,  pero 
en  este  punto  no  cabe  tener  ilusiones,  por  cuanto  la 
importancia  militar  de  aquéllos  depende  casi  exclusi- 
vamente del  número  de  aparatos  que  simultáneamente 
actúan  contra  un  objetivo,  es  decir,  de  la  cantidad  de 
explosivos  que  se  consigue  hacer  caer  sobre  un  mismo 
blanco.  Sin  embargo,  á  nuestro  entender,  el  resultado 
no  menos  apreciable  y  menos  conocido  es  la  valia 
que  adquiere  el  personal  y  el  nacer  así  una  tradición 


96 


VICENTE  BLASCO  IBANR7 


gloriosa  que  lo  acucia  y  lo  entusiasma,  igual  si  su- 
cumbe como  si  vence.» 

□ 

Otro  importante  órgano  de  la  prensa  italiana  publi- 
caba un  pintoresco  relato,  en  donde  se  veía  un  aspecto 
de  la  encarnizada  lucha  trabada  en  esta  guerra  por 
los  hidroaviones  contra  los  submarinos,  y  viceversa. 

«Nuestro  submarino  Z—  decía  el  aludido  perió  li- 
co — arrostró  en  pleno  mar  Adriático  una  aventura 
muy  curiosa. 

Cinco  hidroaviones  austríacos  habían  realizado  sus 
acostumbrados  giros,  dejando  caer  alguna  que  otra 


LOS  CRUCEROS  «1PHIGENIA»  K  «INTREMD»  OBSTRUYENDO 
LA  ENTRADA  DEL  CANAL  DE  ZEEBRUGGE 

bomba  sobre  Ancona,  cuando  las  baterías  costeras  y 
el  tren  armado  de  la  marina,  que  acudió  al  punto,  en- 
volvieron á  los  volátiles  enemigos  cu  una  guirnalda 
de  shrapnells  tan  estrecha,  que  los  cinco  negros  cru- 
zados hubieron  de  abaudonar  su  ataque  y  dirigirse 
eu  tropel  hacia  Spalato.  Mientras  maniobraban  para 
emprender  el  camino  de  regreso,  uuo  de  los  aparatos 
austríacos,  á  quien  cogió  de  pleno  uno  de  nuestros 
proyectiles,  se  incendió,  cayendo  en  el  mar  y  dejando 
tras  de  sí  una  larguísima  banda  de  chispas  y  de  hu- 
mareda. Otro  sufrió  la  rotura  del  motor  á  consecuen- 
cia de  las  numerosas  balas  expulsadas  furiosamente 
por  un  afortunado  shrapnel l,  que  explotó  á  la  altura 
exactísimameute  calculada.  Era  el  Lohncr  71,  quien, 
después  de  planear  hábilmente  á  poca  altura,  posó 
suavemente  cu  el  agua  á  mucha  distancia  do  la  costa. 
El  submarino  Z  marchó  á  toda  velocidad  para  cap- 


turarle mas  apenas  los  otros  hidroaviones  enemigos 
se  dieron  cuenta  de  sus  intenciones  volvieron  sobre 
sus  pasos,  y  fuera  del  alcance  de  nuestros  fuegos  sa- 
lieron á  su  encuentro. 

Sabido  es  que  el  hidroavión  es  un  terrible  enemigo 
para  los  buques  submarinos.  Para  librarse  de  las  aero- 
naves que  pasan  por  encima  de  él,  no  le  basta  escon- 
derse en  la  obscura  profundidad  de  las  aguas,  pues  le 
sigue  desde  lo  alto  la  vista  escrutadora  de  su  contra- 
rio. Del  mismo  modo  que  al  mirar  desde  la  barandilla 
de  un  puente  se  descubren  límpidas  las  piedrecillas 
del  cauce,  aun  en  los  puntos  donde  es  más  rápida  la 
corriente  del  río,  así  los  aviadores,  conservando 
una  altura  conveniente,  distinguen  siempre  la 
mancha  alargada  del  submarino,  aunque  éste 
navegue  por  debajo  del  agua. 

Una  milla  faltaría  al  Z  para  aproximarse  al 
Lohncr  71  flotante  en  el  mar,  cuando  los  demás 
aparatos  austríacos  comenzaron  á  descender, 
revoloteando  en  torno' á  nuestro  submarino  y 
lanzándole  una  tras  otra  todas  las  bombas  que 
llevaban  á  bordo.  El  sumergible  se  encontró  en- 
cerrado en  un  pequeño  círculo  de  agua  abri- 
llantado por  las  explosiones. 

Primeramente  confió  en  que  la  situación  de 
la  superficie  le  ocultase  á  las  miradas  de  sus 
atacantes.  Poco  después  salió  gallardamente  á 
flote,  para  á  su  vez  contraatacar  con  sus  caño- 
nes. En  cuanto  su  lomo  húmedo  y  brillante 
asomó  entre  las  olas,  en  el  acto  se  abrieron  los 
portillos;  los  artilleros,  sin  cuidarse  de  las  bom- 
bas que  llovían  y  las  astillas  que  saltaban  por 
el  aire,  desembocaron  en  la  cubierta,  corrieron 
hacia  el  cañón  clavado  en  el  puente,  le  despo- 
jaron do  su  funda  impermeable,  apuntaron  ha- 
cia arriba  y  abrieron  el  fuego  con  la  mayor  ra- 
pidez en  el  tiro.  El  timonel,  que  salió  también 
fuera  con  el  comandante,  se  hizo  cargo  de  la 
rueda  exterior,  para  con  visión  más  rápida  lo- 
grar, á  fuerza  de  golpes  de  timón,  que  aquel  pez 
de  acero  fuese  esquivando  una  por  una  las  bom- 
bas que  en  furiosa  granizada  venían  sobre  él. 

Los  hidroplanos  austríacos,  atacados  tan  repenti- 
namente desde  abajo,  se  remontaron  á  mayor  altura. 
Sorprendidos  por  la  audacia  de  la  tripulación  italiana, 
que  toda  se  encontraba  sobre  el  puente,  al  descubier- 
to, para  poderles  atacar,  ensancharon  las  espirales  de 
sus  vuelos,  suspendieron  el  bombardeo  y  ampliaron  el 
campo  de  mira  para  impedir  la  eficacia  de  tiro  del 
submarino.  Éste  aprovechó  en  el  acto  el  momentáneo 
desorden  del  adversario  y  enfiló  á  toda  máquina  hacia 
el  Lohncr,  que  continuaba  balanceándose  sobre  las 
olas.  Manteniendo  siempre  á  distancia  los  aparatos 
enemigos  con  los  disparos  de  sus  cañones,  se  acercó 
al  caído,  le  apresó,  y  enlazándole  con  un  cable  de  á 
bordo  le  tomó  á  remolque  para  conducirle  á  la  esta- 
ción naval  más  próxima. 

Los  otros  Lohncr  vieron  desde  arriba  á  su  compa- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


97 


ñero  apresado  por  el  sumergible.  Comprendieron  que 
si  el  submarino  quería  conservar  su  presa  había  de 
renunciar  á  toda  rapidez  en  las  maniobras,  y  sobre 
todo,  le  era  imposible  la  inmersión.  Envalentonados 
por  esta  disminución  del  poder  de  su  adversario,  des 
cendieron  de  nuevo  para  lanzarle  las  últimas  bombas 
que  les  quedaban.  Pero  aunque  la  velocidad  del  buque 
se  había  reducido  notablemente,  ninguna  de  ellas  hizo 
blanco.  El  pequeño  cañón  de  á  bordo  contestaba  con 
secos  disparos  al  ataque  agobiador,  que  cada  vez  se 
hallaba  más  cerca.  Un  shrapnell  bien  dirigido  explotó 
sobre  la  proa  de  un  tercer  hidroplano,  y  el  motor  se 
paró  inmediatamente.  El 
pájaro  herido,  levantan- 
do rígidas  sus  alas,  in- 
tenta descender  planean- 
do lo  más  lejos  posible  de 
la  ruta  de  nuestro  sub- 
marino, que  no  ha  aban- 
donado un  instante  el  bo- 
tín de  su  combate. 

Los  ci  neo  aparatos  ene- 
migos quedaron  reduci- 
dos á  dos.  l'node  ellos'se 
aleja  apresuradamente 
hacia  el  punto  donde  ha 
caído  su  tercer  compañe- 
ro, se  coloca  á  su  lado 
sobre  el  agua,  recoge  á 
bordo  los  dos  aviadores 
que  lo  tripulaban  y  torna 
á  elevarse,  abandonando 
el  aparato  vacío  al  capri- 
cho del  viento  y  de  las 
olas,  y  vuelve  á  prestar 
ayuda  al  otro  Lhoncr, 
empeñado  aún  en  atacar 
al  sumergible. 

El  submarino  italiano  no  ha  cesado  en  sus  disparos. 
Aunque  sus  provisiones  de  proyectiles  disminuyen 
rápidamente,  todavía  impone  respeto  á  sus  adversa- 
rios y  consigue  tenerles  á  raya.  Mas  de  pronto  se  ve 
paralizado  por  un  enojoso  accidente:  el  pequeño  cañón 
de  cubierta,  que  ha  sostenido  por  sí  solo  tan  brillante 
defensa,  por  lo  que  á  veces  sucede  con  las  máquinas 
sometidas  á  intenso  servicio,  se  recalienta.  El  jefe  de 
la  pieza  y  demás  sirvientes  lo  desmontan  en  el  acto, 
trabajando  al  descubierto  y  sufriendo  siempre  los  ata- 
ques inminentes  de  los  Lohner.  Procuran  reparar  las 
averías  con  toda  la  prontitud  posible;  pero  el  trabajo 
requiere  aúu  casi  diez  minutos. 

Los  aviadores  se  aperciben  de  que  el  cañón  no  dis- 
para. El  aire  disipa  en  la  atmósfera  las  últimas  nube- 
cillas  blancas  de  las  explosiones  y  no  se  forman  otras 
nuevas.  Los  hidroplanos-  se  sienten  audaces.  Al  ins- 
tante descienden  á  alturas  inverosímiles  por  lo  bajas, 
y  como  han  agotado  su  provisión  de  bombas,  desgra- 
nan sobre  el  barco  flotante,  y  á  corta  distancia,  el 

Touo  ii 


rosario  de  sus  ametralladoras.  Eo  la  coraza  y  la  torre- 
cilla del  submarino  rebotan  las  halas.  Alguno  de  los 
(jue  trabajan  en  reparar  la  pieza  averiada  queda  heri- 
do, pero  continúa  su  labor. 
— ¡Todos  los  fusiles  á  cubierta! 
Las  descargas  parten  desde  abajo,  las  ráfagas  de 
las  ametralladoras  contestan  siniestras  desde  arriba. 
Cada  vez  que  se  acercan  los  Lohner  al  buque  circun- 
dado reciben  una  imprevista  rociada  de  fuego.  Las  alas 
de  los  aparatos  se  ven  agujereadas  en  muchos  sitios, 
pero  su  vertiginosa  movilidad  les  hace  ser  un  blanco 
difícil  para  la  puntería  de  pocos  fusiles  diseminados. 


LA.    TRIPULACIÓN    DEL    «V1NDIOT1VK»    AL    REGRESAR    A    DOl'ÍKKS 


Cuando  menos  se  esperaba,  parte  silbando  un  pro- 
yectil de  artillería  y  consigue  atravesar  con  su  espo- 
leta la  cola  de  un  Lohner  que  volaba  demasiado  bajo. 
El  pequeño  cañón  ha  recobrado  la  vida  y  la  palabra. 
El  Lohner  tocado  por  el  disparo  vacila,  se  inclina 
un  momento  hacia  el  mar,  después  se  levanta  con  el 
eje  de  la  hélice  en  alto,  y  se  eleva,  imitándole  su 
otro  compañero  incólume,  que  renuncia  también  á 
continuar  el  ataque.  Los  dos  voladores  se  alejan.  Dis- 
minuyen poco  apoco  sus  dimensiones,  salen  del  campo 
de  tiro  y  desaparecen  con  rumbo  á  la  costa  enemiga. 

El  submarino  Z,  lleno  de  pequeñas  abolladuras  en 
la  coraza  exterior,  pero  contento  de  su  jornada,  re- 
gresa á  la  base  naval  arrastrando  tras  de  sí  dos  mag- 
níficos hidroaviones  austríacos  casi  iutactos. 

El  Lohner  que  cayó  al  mar  envuelto  en  llamas 
fué  á  pique  con  todos  sus  tripulantes.  Algunos  días 
después  apareció  en  el  litoral  de  las  Marcas  comple- 
tamente carbonizado.  En  el  centro  todavía  estaba  arro- 
llada la  cinta  de  una  gorra  de  marinero  con  esta  ins- 


08 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


cripción  casi  ilegible:  Flugstation  .V...  Una  estación 

de  hidroaviones  de  donde  salieron  contra  las  indefen- 
sas ciudades  de  la  costa  italiana  varios  aparatos  mar- 
cados con  cruces  negras  y  que  no  volvieron  más.» 


IV 
El  destróyer 

Veamos  ahora  un  estudio  completo  sobre  ese  tipo 
de  buque,  que  por  su  ligereza  y  eficacia  ocupa  uno 
de  los  primeros  puestos  en  la  guerra  naval  moderna. 

Las  autoridades  navales  han  hecho  observar,  du- 
rante el  curso  de 
la  guerra,  que, 
en  lo  que  respec- 
ta a  la  marina, 
la  lucha  moder- 
na ha  resultado 
muy  diferente 
de  lo  que  siem- 
pre se  esperó. 

Este  hecho  se 
debe  casi  por 
entero  á  la  ame- 
naza submarina, 
que  ha  cambiado 
los  planes  y  pro- 
blemas  de  las 
marinas  del 
mundo  del  modo 
más  inesperado. 
Una  de  sus  con- 
secuencias más 
sorprendentes 
ha  sido  la  súbita 
preeminencia 
del  destróyer  en 

los  encuentros  navales  y  su  general  utilidad  para  el 
servicio.  La  importancia  adquirida  por  el  destróyer  es 
uno  de  los  cambios  que  se  deben  de  modo  más  directo 
á  la  actividad  del  submarino  alemán  contra  el  comer- 
cio neutral  y  enemigo. 

Pocos  meses  antes  de  la  guerra,  numerosas  auto- 
ridades navales  aliadas  se  inclinaban  á  considerar  al 
destróyer  como  un  tipo  condenado  á  próxima  desapa- 
rición. Se  creyó  que  el  destróyer  seria  sustituido  por 
el  submarino  rápido,  lo  mismo  que  tiempo  antes  había 
reemplazado  él  al  cañonero-torpedero. 

«Una  de  las  primeras  determinaciones  del  Depar- 
tamento de  Marina  de  los  Estados  Unidos  cuando  se 
declaró  la  guerra — decía  un  especialista  en  asuntos 
de  guerra  naval — fué  la  petición  de  un  enorme  cré- 
dito extraordinario  para  construir  destroyers  con  que 
hacer  frente  al  peligroso  submarino.  Este  crédito  ha 
sido  ya  utilizado:  muchos  destroyers  han  venido  á 
figurar  en  las  listas  de  la  flota,  y  cada  día  hay  noti- 


CAÑÓN   DK   "SjK.MI'LAZADO   EN   EL   BARCO   PESQUERO    •  AII.LY      QUE   ECHÓ 
Á  PIQUE  AL   SUBMARINO   ALEMÁN    U.   C.-35 


cias  extraoficiales  de  la  botadura  de  más  buques  de 
este  tipo.  Las  potencias  aliadas  y  centrales  han  dedi- 
cado considerables  esfuerzos  á  la  construcción  de  des- 
troyers. Se  cree  que  Alemania  lia  añadido  á  su  Ilota 
de  80  á  100,  porque  se  han  visto  destroyers  suyos  que 
llevaban  los  números  que  les  hubieran  correspondido 
en  el  programa  de  construcciones  de  1919-20  en  las 
condiciones  de  tiempo  de  paz.  Inglaterra  ha  consa- 
grado mayor  atención  á  estos  buques,  y  en  la  fecha  de 
la  batalla  de  Jutlandia  se  estaban  construyendo  mu- 
chos que  no  figuraban  en  los  proyectos  anteriores  de 
guerra. 

En  Francia,  los  tipos  de  esta  clase  variaban  entre 
030  y  900  toneladas  de  desplazamiento,  dotándose  de 

cuatro  cañones 
de  cuatro  pulga- 
das y  cuatro  de 
nueve  libras.  El 
Bonchier  andu- 
vo 35'4  millas, 
velocidad  que 
parecería  extre- 
madamentealta. 
Los  construc- 
tores italianos 
desarrollaron 
ideas  propias.  El 
Indómito  fué 
uno  de  los  prime- 
ros destroyers, 
en  1911,  de  700 
toneladas  y  35 
millas.  El  Mira- 
lirllo  llegó  á 
1.500  toneladas, 
pero  redujo  su 
marcha  á  32  mi- 
llas. Los  últimos 
destroyers  ita- 
lianos llevaban  cañones  de  12  centímetros,  pero  sólo 
tres  tubos  lanzatorpedos. 

Rusia  desarrolló  uno  de  los  más  poderosos  tipos  de 
destroyers  conocidos,  siguiendo  las  líneas  de  su  bu- 
que modelo,  el  Novih.  El  JVovick  medía  338  pies  de  es- 
lora, desplazaba  1.260  toneladas,  y  con  40.200  caballos 
de  fuerza  de  máquina  alcanzaba  37'3  millas  de  velo- 
cidad y  poseía  un  gran  radio  de  acción  por  el  empleo 
del  combustible  líquido.  Iba  armado  de  cuatro  piezas 
de  4'1  pulgadas,  de  tiro  rápido,  varios  cañones  más 
pequeños  y  seis  tubos  lanzatorpedos  montados  por  pa- 
rejas. Treinta  y  seis  buques  de  este  tipo  tenía  Rusia 
en  construcción  cuando  se  declaró  la  guerra. 

Chile,  siempre  atenta  á  los  pabellones  navales,  des- 
arrolló considerablemente  el  destróyer.  La  mayor  par- 
te de  los  suyos  fueron  construidos  en  Inglaterra  y 
se  aproximaban  al  tipo  del  crucero  pequeño.  Los  en- 
cargados en  1910  desplazaban  1.430  toneladas,  anda- 
ban 32  millas  y  estaban  armados  con  seis  cañones  de 


HISTORIA  DB  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


99 


< 


cuatro  ¡migadas  y  tres  tubos  lanzatorpedos.  Sus  altas 
amaras  y  espaciosos  alojamientos  hacían  estos  buques 
muy  marineros  y  habitables,  cualidades  que  es  fre- 
cuente sacrificar  en  los  destroyers  á  la  velocidad  y 
movilidad. 

Se  ve,  pues,  que  mieutras  en  algunos  tipos  se  ha 
aumentado  el  desplazamiento,  hasta  llegar  al  del  cru- 
cero de  tercera  clase,  la  tendencia  general  ha  sido 
mantenerlo  en  las  1.000  toneladas.  Los  aumentos  han 
obedecido  al  deseo  de  mejorar  el  armamento  y  las  con- 
diciones marineras  de  los  buques. 

El  destróyer  de  los  Estados  Unidos  ha  sido  en  sus 
últimos  modelos  algo  mayor  que  el  europeo,  porque 
Norte  América,  al  formar  su  marina,  ha  tenido  siem- 
pre en  cuen¡ta 
que  todo  presun- 
to enemigo  esta- 
ría á  consiilera- 
ble  distaucia  de 
sus  costas.  El 
destróyer  yan- 
qui debe  ser,  por 
consiguiente, 
un  buque  que 
puede  ir  aun  tea- 
tro de  operacio- 
nes lejano,  apro- 
visionándose 
previamente  en 
sus  propias  ba- 
ses y  regresar  á 
ellas  para  efec- 
tuar un  nuevo 
aprovisiona- 
miento.  Los  últi- 
mos destroyers 
anteriores  á  la 
guerra  fueron 

los  Conyngham,  Wilkes,  Jacob  Jones  y  Wainwright. 
Estos  oscilaban  entre  las  1.125  y  las  1.124  toneladas; 
su  velocidad  media  era  de  29  millas  ó  poco  más,  y  su 
armamento  consistía  en  cuatro  tubos  triples  para  tor- 
pedos de  21  pulgadas  y  cuatro  cañones  de  tiro  rápido  de 
cuatro  pulgadas  que  arrojaban  granadas  de  33  libra?. 

Como  los  aliados  son  los  que  tienen  que  combatir 
el  peligro  submarino,  es  natural  que  den  más  impor- 
tancia que  el  enemigo  ala  construcción  de  este  tipo 
de  buque,  que  ha  resultado  ser  el  más  formidable  ad- 
versario del  submarino.  El  destróyer  llena  el  gran 
hueco  que  media  entre  el  crucero  pequeño  y  el  subma- 
rino de  alta  mar,  y  realiza  objetivos  para  los  que  ni 
uno  ni  otro  son  completamente  adecuados. 

El  destróyer  tiene  las  ventajas  de  una  gran  movi- 
lidad y  de  un  considerable  poder  ofensivo.  Que  éste 
supera  al  del  submarino  está  prácticamente  eviden- 
ciado por  el  hecho  de  que  sou  muchos  más  los  subma- 
rinos hundidos  por  destroyers  que  los  destroyers  hun- 
didos por  submarinos.  Estos  constituyen  una  amenaza 


EL    ALMIRANTli    LACAZE    CONÜKCORANDO    Á    LA    TRIPULACIÓN    DEL    <AILLY  • 


más  grave  para  los  buques  grandes  que  para  los  des- 
troyers, que  por  su  escaso  calado  resultan  más  difíci- 
les de  atacar  por  el  torpedo,  y  como  consecuencia  de 
ello,  son  hoy  los  buques  grandes  los  que  dependen  de 
los  destroyers  para  que  les  defiendan  de  aquella  arma. 
El  destróyer  es  también  más  temible  que  el  subma- 
rino para  los  grandes  acorazados  en  el  curso  de  una 
ordenada  batalla  naval.  Kn  la  de  Jutlandia  quedó  ple- 
namente demostrado:  ningún  buque  grande  cayó  víc- 
tima de  los  submarinos;  pero  fueron  varios  los  echa 
dos  á  pique  por  los  activos  destroyers. 

liste  tiene  incalculable  valor  para  auxiliar  á  la  es- 
cuadra de  combate.  Puede  cegar  y  confundir  á  los 
apuntadores  enemigos  por  el  uso  de  la  pantalla  de 

humo,  que  es 
también  un  arma 
eficaz  del  destró- 
yer cuando  pro- 
tege un  convoy. 
Puede  rechazar 
los  ataques  de 
torpedos,  ya  pro- 
vengan de  sub- 
marinos ó  de  bu- 
ques de  superfi- 
cie, y  dirigirles 
á  su  vez  contra 
la  Ilota  enemi- 
ga, escapando 
antes  de  ser  to- 
cado. El  subma- 
rino no  está  fa- 
cultadoparanin- 
guna  de  estas 
operaciones,  por 
sus  aptitudes 
m  ani  obreras 
más  limitadas, 
su  inferior  velocidad  y  su  mayor  vulnerabilidad. 

El  tipo  del  destróyer  tiende  á  uniformarse  en  todas 
las  marinas  del  muudo.  Sus  líneas  generales  han 
sufrido  menos  variaciones  que  las  de  ninguna  otra 
clase  de  buques.  Hasta  el  momento  de  la  guerra,  su 
desplazamiento  llegaba  á  las  1.000  toneladas,  su  velo- 
cidad era  de  "J9  y  media  á  .'30  millas,  y  su  armamento 
constaba  de  varios  cañones  de  10  centímetros  y  de 
tubos  lanzatorpedos.  En  los  detalles  había,  natural- 
mente, algunas  divergencias.  Los  ingleses  tendían  á 
hacer  del  destróyer  un  cañonero,  y  sólo  le  armaban 
con  seis  tubos.  Los  alemanes  confiaban  en  el  torpedo, 
y  le  ponían  dos  cañones  de  baja  velocidad.  En  los  Es- 
tados Unidos  se  atendía  debidamente  á  ambos  elemen- 
tos, y  el  tipo  del  año  1914  llevaba  12  tubos  lanzator- 
pedos y  cuatro  cañones  de  cuatro  pulgadas. 

Los  últimos  destroyers  autorizados  antes  de  la  de- 
claración de  guerra  eran  de  1.125  toneladas  y  30  mi- 
llas, con  el  mismo  armamento  que  los  tipos  anterio- 
res. Recientemente  se  han  mejorado  las  condiciones 


IO0 


VICENTE  BLASCO  IBAÑR7 


i 


k-  «chatbaukenault»,  torpedeado  puk  el  submarino  alemán  U.  ( .  38 


marineras  de  estos  buques  adoptando  la  cubierta  co- 
rrida. 

Antes  se  distinguían  los  destroyers  de  casi  todos 
los  países  por  sus  altos  castillos;  el  nuevo  tipo  tiene 
la  ventaja  de  permitir  que  el  mar  barra  libremente  la 
cubierta,  causando  menos  choques  y  balances. 

La  estrategia  naval  exige  hoy  cuatro  destroyers 
para  la  seguridad  y  correcta  acción  de  cada  acora- 
zado. 

Los^Estados  Unidos  no  habían  desarrollado  hasta 
ahora  su  escuadrilla  de  destroyers  en  esta  proporción, 
á  pesar  de  las  recomendaciones  hechas  en  tal  sentido 
por  el  general  Boord. 

El  destróyer,  que  empezó  con  el  tipo  de  torpedero, 
llevando  como  arma  exclusiva  un  torpedo  de  botalón, 
llega  hoy  á  emplear  casi 
todas  las  armas  conoci- 
das, con  el  fin  principal 
de  batir  á  los  submarinos. 
El  tubo  triple,  que  permi- 
te elevar  á  doce  el  número 
de  los  que  llevan  los  bu- 
ques norteamericanos,  los 
cañones  de  tiro  rápido, 
que  dominan  á  los  de  los 
submarinos,  las  bombas 
de  profundidad  y  las  gra- 
nadas sin  rebote,  hacen 
de  él  un  barco  formida- 
ble. De  hecho  sólo  parece 
preciso  mejorar  los  mi- 
crófonos, que  delatan  á 
los  submarinos,  para  con- 
siderar fácil  el  limpiar 
de  ellos  los  mares.» 


iíl  Comandante  -i  los  tripulantes  prisioneros 
del  submarino  alemán  u.  c.-38 


V 

Continuación  de  la  guerra  naval  hasta 
el  1.°  de  Agosto  de  1918 

El  9  de  Abril,  un  submarino  alemán  hundió  á  lo 
largo  de  la  costa  de  Liberia  al  pequeño  navio  armado 
liberiano  President-GrarU  é  hizo  prisionera  á  su  tripu- 
lación. Al  día  siguiente  el  capitán  alemán  envió  un  ul- 
timátum al  gobierno  liberiano  amenazando  con  bom- 
bardear á  Monrovia,  capital  de  la  República  de  Liberia, 
si  no  se  destruía  la  estación  radiotelegráfica  y  si  no 
se  cortaba  el  cable  francés.  Habiéndose  negado  el  go- 
bierno á  acceder  á  las  pre- 
tensiones del  comandante 
del  submarino  aloman, 
éste  ordenó  el  bombardeo 
de  la  ciudad,  que  se  ejer- 
ció durante  una  hora,  des- 
truyendo la  estación  de 
telegrafía  sin  hilo  y  ha- 
ciendo algunas  víctimas. 
Un  vapor  que  pasaba  ca- 
sualmente por  allí  trabó 
combate  con  el  submarino 
y  puso  fiu  al  bombardeo. 
El  día  10,  otro  submari- 
no y  un  avión,  alemanes 
ambos,  cañonearon  y  bom- 
bardearon el  islote  de  Cas- 
telorizo,  ocupado  por  un 
destacamento  de  marinos 
pertenecientes  á  la  divi- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


101 


EL   SUBMARINO    U.  C.-38,    HUNDIDO   POE  LOS  DBSTROYEttS   FRANCESES 


sión  naval  francesa  de  Siria.  Las  baterías  francesas 
respondieron  cumplidamente,  y  los  alemanes  huyeron 
en  seguida. 

El  11  por  la  noche,  un  grupo  naval  inglés,  com- 
puesto de  monitores,  destroyers  y  aviones,  atacó  la 
costa  flamenca;  Ostende  fué  bombardeado  por  la  ar- 
tillería gruesa  de  los  navios  y  Zeebrugge  por  los 
aviones. 

El  día  22,  varios  destroyers  británicos  atacaron  á 
cinco  destroyers  austríacos,  que  emprendieron  la  fuga 
en  dirección  de  Durazzo.  La  caza  continuó  hasta  muy 
entrada  la  noche,  es  decir,  hasta  el  momento  en  que 
los  ingleses  perdieron  el  contacto  con  los  fugitivos. 

Del  26  al  28  de  Abril  se  reunió  en  París  un  Consejo 
naval  interaliado,  bajo  la  presidencia  del  ministro  de 
Marina  de  Francia  M.  Ley- 
gues,  donde  se  adoptaron 
nuevas  disposiciones  para 
dar  aún  mayor  estrechez  y 
energía  á  la  colaboración 
naval  de  la  Entente. 

Acabadas  las  sesiones 
del  Consejo,  sus  miembros 
enviaron  á  Sir  Eric  Ged- 
des,  primer  Lord  del  Al- 
mirantazgo británico,  el 
siguiente  telegrama: 

«El  Consejo  naval  in- 
teraliado desea  transmitir 
á  la  flota  británica  el  tes- 
timonio de  su  admiración 
por  la  sangre  fría  y  el  va- 
lor desplegado  cuando  el 
ataque  contra  Ostende  y 
Zeebrugge  y  por  la  rapi- 


SUB0FICIALE3   PRISIONEROS   DEL   SUBMARINO    U.  C.-38 


dez  con  que  se  alcanzaron  los  objetivos  propuestos,  á 
pesar  de  las  enormes  dificultades  que  acompañaron  á 
las  operaciones  y  de  la  desesperada  resistencia  del 
enemigo.» 

Hacia  el  1.°  de  Mayo,  en  el  mar  Negro,  los  ale- 
manes ocuparon  Sebastopol  sin  necesidad  de  librar 
combate. 

En  la  noche  del  9  al  10  de  Mayo,  la  operación  orga- 
nizada el  '2.1  de  Abril  contra  Ostende-Zeebrugge,  y  que 
tan  buenos  resultados  dio  en  este  último  puerto,  fué 
completada  hundiendo  al  viejo  crucero  Vindictive, 
cargado  de  cemento,  entre  las  escolleras  de  Ostende. 
Esta  difícil  maniobra  no  había  dado  buenos  resultados 
el  23  de  Abril,  porque  una  ráfaga  de  viento  descubrió 
prematuramente   á  los  cruceros  bloqueadores  Bril- 

liant  y  Sirias,  que  se 
aproximaban  á  su  objeti- 
vo, y  les  había  obligado  á 
hundirse  cuando  aún  dis- 
taban más  de  trescientos 
metros  del  lugar  adonde 
iban.  Precisaba,  pues,  re- 
comenzar el  embotella- 
miento de  Ostende.  Los 
británicos,  en  silencio  y 
sin  pérdida  de  tiempo,  pre- 
pararon una  nueva  expe- 
dición, que  esta  vez  obtu- 
vo pleno  éxito. 

i  ña  de  evitar  errores, 
el  vicealmirante  Keyes 
confió  la  organización  de 
la  maniobra  al  comodoro 
Lyiios,  que,  habiendo  diri- 
gido la  tentativa  anterior, 


102 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


había  adquirido  la  práctica  del  aterrizaje  sobre  este 
punto  tan  difícil  de  explorar.  El  almirante  asistía  á  la 
operación  á  bordo  del  Warroich,  sobre  el  que  el  como- 
doro había  izado  su  pabellón.  Esta  vez  no  hubo  bom- 
bardeo preliminar;  los  destroyers  y  los  monitores  no 
abrieron  el  fuego  mas  que  cuatro  minutos  antes  de 
que  el  Vindictive  llegase  á  la  entrada  del  canal  de 
Ostende. 

Después  de  una  lucha  horrible,  los  marinos  britá- 
nicos cumplieron  su  propósito.  El  viejo  Vindictive 
murió  allí,  atravesado  eu  el  canal. 

El  10  de  Junio,  antes  del  alba,  dos  torpederos  ita- 
lianos atacaron  en  pleno  mar  Adriático  á  una  divi- 
sión naval  austro-húngara,  compuesta  de  dos  grandes 
acorazados  y  de  diez  destroyers.  Los  torpederos  italia- 
nos, mandados  por  el  capitáu  de  corbeta  Luigi  Rizzo, 
lograron  hundir  á  los  dos  acorazados  austríacos. 

Este  audaz  hecho  de  guerra  valió  gran  populari- 
dad y  muy  buenas  recompensas  á  los  heroicos  mari- 
nos italianos  que  lo  habían  ejecutado. 

Á  mediados  del  mismo  mes,  otro  capitán  de  cor- 
beta italiano,  Mario  Pellegrini,  intentó,  secundado  por 
sus  hombres,  uu  valeroso  ataque  contra  los  barcos 
de  guerra  austro-húngaros  anclados  en  la  rada  de 
Pola. 

Veamos  cómo  relató  esta  interesante  operación  uno 
de  los  subordinados  de  Pellegrini: 

«Salimos  en  la  tarde  del  13  de  nuestra  base,  un 
puerto  del  alto  Adriático.  El  mar  está  muy  movido  y 
el  viento  es  bastante  fuerte.  Todos  conocemos  el  ob- 
jeto de  nuestra  expedición,  que  es  forzar  el  puerto  de 
Pola  y  torpedear  uno  de  los  grandes  barcos  de  guerra 
que  allí  hay  anclados.  Uno  de  nuestros  pequeños  tor- 
pederos, acondicionado  de  modo  especial,  tendrá  que 
llevar  á  cabo  la  empresa.  No  es  la  primera  vez  que  yo 
tomo  parte  en  un  raid  nocturno  contra  un  puerto  ene- 
migo. Mas  esta  nueva  expedición  no  se  parece  á  nin- 
guna de  las  precedentes. 

En  las  otras,  los  que  salían  podían  siempre  esperar 
el  regreso,  que,  en  caso  de  éxito,  los  volvería  á  juntar 
á  todos  en  la  común  alegría  del  éxito  obtenido.  Esta 
vez,  no.  Los  que  volverán  ya  saben  que  algunos  com- 
pañeros faltarán  á  la  lista,  y  esto  aun  cuando  les  asis- 
tiera la  mejor  fortuna.  Por  esto  repetimos  sus  nom- 
bres con  afectuosa  admiración:  capitán  de  corbeta 
Mario  Pellegrini;  segundo  jefe  de  torpederos  Milani; 
fogonero  Corrias;  marinero  Angelino.  A  medida  que 
nos  alejamos  de  la  costa  italiana  aumentamos  la  ve- 
locidad. El  viento  gira  hacia  Levante;  hay  momento 
en  que  tememos  que  el  tiempo  comprometa  seria- 
mente la  acción. 

Son  las  dos  de  la  madrugada,  la  hora  convenida 
para  el  golpe  de  sorpresa,  y  la  costa  istriana  se  acer- 
ca. El  comandante  llama  al  radiotelegrafista  por  me- 
dio del  portavoz: 
— ¿Oyes  algo  por  el  aire? 
— Nada. 

Hay,  pues,  en  Pola  una  tranquilidad  absoluta. 


Allá  lejos,  en  la  obscuridad,  se  ha  internado  ya  el 
torpedero  destinado  á  la  lucha,  al  sacrificio,  á  la  glo- 
ria, junto  con  dos  canoas  automóviles  armadas  que  lle- 
van á  bordo  á  Constanzo  Ciano,  al  comandante  Scapin 
y  al  teniente  de  navio  Luis  Berardiuelli,  héroes  ya  to- 
dos ellos.  Las  dos  y  media.  La  obscuridad  se  hace  más 
densa,  el  viento  más  violento.  Desde  Pola  un  proyec- 
tor arroja  un  gran  haz  luminoso;  escudriña  el  cielo, 
explora  el  mar,  se  apaga... 

Avanzamos  á  toda  máquina.  Los  cañones  están  di- 
rigidos hacia  un  punto  enemigo  que  no  vemos,  pero 
que  presentimos  en  la  obscuridad.  Son  las  tres.  De 
repente,  el  vigía  de  cofa  grita:  «¡Llamas  del  lado  de- 
recho de  proal»  Un  doble  y  enorme  chispazo  rojizo 
desgarra  las  tinieblas  delante  de  uosotros.  El  impro- 
visado resplandor  nos  revela  los  dorsos  de  las  islas 
Brioni,  Punta  Pencda  y  Cabo  Compare,  así  como  tam- 
bién todas  las  casas  del  monte  que  la  plaza  fuerte  de 
Pola  extiende  en  el  mar  para  su  defensa  y  para  ame- 
naza nuestra.  Son  llamaradas"  de  explosiones. 

¿La  embarcación  de  Mario  Pellegrini  ha  penetrado, 
pues,  en  el  corazón  de  la  plaza  fuerte  austro-húngara? 
Las  explosiones  que  hemos  visto,  y  cuyo  estampido  no 
ha  podido  llegar  á  nosotros  á  causa  del  ruido  de  las 
turbinas  de  á  bordo  echadas  á  toda  presión,  eran  los 
estallidos  de  los  torpedos  italianos  contra  los  flancos 
de  la  nave  enemiga,  alcanzada  dentro  de  su  más  es- 
condido refugio. 

Nuestra  ansiedad  va  en  aumento. 

Esperamos  la  señal  convenida.  Sabemos  que,  rea- 
lizada la  operación,  nuestros  cuatro  compañeros  dis- 
pararán un  cohete  de  color,  á  fin  de  darnos  el  aviso, 
hundirán  su  embarcación  y  se  tirarán  al  agua,  los  que 
queden  con  vida,  confiándose  al  destino.  Finalmente, 
más  allá  de  los  promontorios  que  rodean  la  bahía  ene- 
miga sube  al  cielo  un  hilo  luminoso.  El  golpe  está 
dado.  La  empresa  se  ha  realizado.  Una  gran  unidad 
de  combate  ha  sido  repetidamente  herida,  á  pesar  del 
maravilloso  escondite,  á  pesar  de  las  redes,  barreras, 
minas,  cadenas,  obstrucciones  de  todo  género,  boyas, 
cables  y  las  formidables  protecciones  naturales. 

Mientras  tanto,  Pola  se  alarma.  Los  cañones  la  ha- 
cen trepidar  y  los  proyectores  la  iluminan  intensa- 
mente. Son  diez,  veinte,  cuarenta  los  proyectores.  Al- 
gunos, poderosísimos,  nos  embisten  brutalmente  con 
su  descarado  resplandor.  Exploran  el  cielo,  escudri- 
ñan las  aguas,  cruzándose  unos  con  otros  y  formando 
multitud  de  líneas  convergentes  y  divergentes.  Se 
asoman  desde  las  islas  Brioni,  desde  Fasaua,  desde 
San  Jerónimo,  desde  Cabo  Compare,  desde  las  alturas 
de  la  ciudad.  Luego  vuelven  á  retumbar  las  baterías 
de  costa.  Las  canoas  de  motor  de  Ciano  y  Berardinelli, 
que  se  han  metido  bajo  la  costa  enemiga,  se  encuen- 
tran en  la  zona  batida  por  las  baterías.  Eu  seguida 
viran  en  redondo.  Son  las  tres  y  media. 

Diríase  que  nuestro  golpe  nocturno  ha  desconcer- 
tado y  desorientado  al  enemigo,  puesto  que  solamente 
más  tarde  vemos  elevarse  desde  Pola  seis  aeroplanos 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  191 -J 


103 


austríacos  y  lanzarse  en  persecución  nuestra.  Otros 
se  elevan  más  lejos.  El  sol  se  levanta  detrás  de  Rovi- 
ño.  Los  aparatos  adversarios  maniobran  entre  cimbas 
eos,  á  fin  de  venir  en  formación  para  perseguirnos; 
pero  de  repente,  desde  el  horizonte  opuesto,  desde 
Italia,  viene  velocísima  una  escuadrilla  de  aviones  de 
caza,  se  abre  camino  entre  nubes  y  corre  resueltamen- 
te contra  las  escuadrillas  adversarias.  Debido  al  mal 
tiempo,  no  esperábamos  su  audaz  intervención  á  tan 
gran  distancia  del  litoral  véneto.  A  los  pocos  minu- 
tos el  combate  entre  los  dos  grupos  de  aeroplanos 
está  fuertemente  empeñado  con  ráfagas  de  ametralla- 
doras á  tres  ó  cuatro  millas  de  la  costa.  La  superiori- 
dad de  los  nuestros,  aun  siendo  numéricamente  infe- 
riores, se  ve  en 
seguida  clara- 
mente. Cuando 
el  primer  apara- 
to austro-hún- 
garo, herido  de 
muerte,  se  preci- 
pita en  el  agua, 
las  escuadrillas 
adversarias  em- 
piezan á  reple- 
garse. Entonces 
otros  dos  apara- 
tos adversarios 
son  también  al- 
canzados. Uuo, 
con  el  m otor 
apagado,  ha  te- 
nido que  caer  so- 
bre las  aguas 
descompuestas 
y  á  demasiada 
distancia  de  las 
islas  Brioni  para 
poder  ser  útil- 
mente socorrido.  El  tercero  tampoco  ha  tenido  suerte, 
y  ha  caído  deshecho  como  el  otro. 

Cuando  la  sección  de  los  jefes  Ciano,  Scapin  y  Be- 
rardinelli  se  encuentra  á  bordo,  entonces  conocemos 
los  pormenores  de  las  horas  supremas  de  la  empresa. 

La  sección  remolcó  la  embarcación  de  Pellegrini 
hasta  la  vista  del  dique  rectilíneo,  el  cual,  destacán- 
dose desde  el  Cabo  Compare,  se  extiende  cerrando  el 
puerto  de  Pola  hasta  corta  distancia  de  Punta  Cristo. 
A  las  2'18,  luego  de  haberse  orientado  en  la  obscu- 
ridad y  de  haber  determinado  el  ingreso  obstruido 
entre  la  extremidad  del  dique  y  Punta  Cristo,  la  em- 
barcación de  Pellegrini  dejó  el  grupo.  En  voz  baja 
— porque  los  centinelas  de  la  isla  Brioni  y  los  del  di- 
que podían  oírles — ,  los  que  se  quedaban  y  los  que  se 
iban  cambiaron  mutuamente  los  postreros  saludos  con 
la  mayor  serenidad. 

Acto  seguido  marcharon  en  dirección  del  puerto 
enemigo,  considerado  infranqueable,  y  la  embarcación 


SUBMARINO    ALEMÁN    DETKNIKN 
«INFANTA    ISABEL 


se  alejó.  Cuando  un  haz  de  los  proyectores  la  embes- 
tía, se  paraba;  cuando  el  haz  había  pasado,  volvía  á 
emprender  la  marcha.  No  ha  sido  descubierta. 

\  las  3'16,  una  doble  explosión  prolongada:  el  es- 
tampido característico  de  la  explosión  de  los  torpedos. 
Luego,  á  los  pocos  minutos,  un  disparo  de  artillería: 
el  cañonazo  de  alarma.  Después,  á  brevísima  distan- 
cia, se  iluminaron  todos  los  proyectores  de  la  plaza 
y  se  concentraron  sus  haces  al  interior  del  puerto. 
Luego,  de  repente,  empezó  un  nutrido  fuego  de  fusi- 
lería y  de  ametralladoras,  éste  también  dirigido  evi- 
dentemente contra  el  interior  del  puerto.  Más  tarde 
tronó  rabiosamente  el  cañón.  Después  se  vio  aparecer 
sobre  el  dique,  hacia  el  cielo,  la  estela  luminosa  de  la 

señal  de  Pelle- 
grini, que  indi- 
caba á  los  com- 
pañeros de  afue- 
ra que  ya  se  ha- 
bía torpedeado 
una  nave.  Efec- 
tivamente, al 
poco  tiempo  se 
pudo  ver  la  luz 
de  un  segundo 
cohete  de  Pelle- 
grini, que  seña- 
laba, según  lo 
convenido:«Des- 
truyo  mi  embar- 
cación. Toda 
tentativa  de  so- 
corro es  inútil.» 
Lcquehayaocu- 
nido  luego  más 
allá  del  dique  y 
del  Cabo  Com- 
pare, nadie  pue- 
de saberlo.» 
En  la  noche  del  1  al  2  de  Julio,  una  escuadrilla  ita- 
liana que  se  hallaba  explorando  el  golfo  de  Venecia 
percibió  á  una  división  austríaca  compuesta  de  un 
crucero  y  de  cuatro  destroyers.  Los  italianos  abrieron 
el  fuego  inmediatamente  y  aceleraron  la  marcha  para 
disminuir  la  distancia.  Después  de  media  hora  de 
combate,  los  austríacos  cambiaron  de  rumbo  y  des- 
aparecieron en  dirección  de  Pola.  A  las  cuatro  de  la 
madrugada,  la  escuadrilla  italiana,  ayudada  por  hidro- 
aviones, bombardeaba  las  baterías  austro-húngaras  de 
Punta  Tagliamento. 

A  mediados  del  mismo  mes,  una  de  esas  aeronaves 
aliadas  llamadas  Blinp  dejó  caer  varias  bombas  sobre 
un  submarino  alemán  que  maniobraba  en  aguas  ingle- 
sas. La  nave  teutona  se  evadió  con  graves  averías. 

Se  da  el  uombre  de  Blinp  á  una  pequeña  aeronave 
dirigible,  que  es  á  modo  de  un  descubresubmarinos. 
El  recipiente  de  gas  del  Blinp  tiene  aproximada- 
mente cuarenta  y  cinco  metros  de  largo  y  nueve  de 


DO   AL    TRASATLÁNTICO    ESPAÑOL 
CERCA    DE    CÁDIZ 


104 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


ancho.  La  parte  inferior  se  parece  cu  su  estructura  á 
un  aeroplano  explorador,  de  forma  que  el  conjunto 
produce  el  efecto  de  una  cruz,  formada  por  el  globo  y 
el  aeroplano. 

La  tripulación  se  compone  generalmente  de  un  pi- 
loto y  uu  observador,  y  la  velocidad  del  aparato  al- 
canza cerca  de  cuarenta  millas  por  hora.  Lleva  bom- 
bas que  funcionan  como  las  de  carga  profunda  de  un 
destróyer,  estallando,  por  efecto  de  la  presión  del 
agua,  á  una  profundidad  de  seis  á  nueve  metros. 


TREN   BLINDADO,   CON   CAÑONES   DE   190,   SERVIDO  POR 
ARTILLEROS   DE    MAR   FRANCESES 

La  barquilla  contiene  el  aparato  director,  el  de  ra- 
diotelegrafía, la  máquina  fotográfica  y  los  instrumen- 
tos de  observación. 

En  las  costas  inglesas  y  francesas  están  en  cons- 
tante servicio  centenares  de  Blinp.  Han  empezado  á 
ocuparse  en  este  trabajo  pilotos  y  observadores  yan- 
quis, y  según  dicen,  estos  aparatos  son  los  mejores 
destructores  de  submarinos.  Un  entusiasta  piloto  que 
estuvo  lanzando  bombas  en  el  mar  de  Irlanda  durante 
todo  un  mes,  manifestó  al  corresponsal  de  la  Prensa 
Asociada  lo  siguiente: 

«El  Blinp  no  es  una  manera  de  destruir  submari- 
nos, sino  que  es  la  manera  por  excelencia  para  acabar 
con  ellos.» 

La  ventaja  que  tiene  el  Blinp  sobre  los  hidroplanos 
es  que  puede  sostenerse  inmóvil  en  el  aire,  y  por  lo 
tanto,  si  un  submarino  se  sumerge  y  pretende  perma- 


necer oculto  en  el  fondo,  el  Blinp  se  sitúa  sobre  él, 
hasta  que  se  mueve  ó  sale  á  la  superficie.  Si  el  sub- 
marino permanece  en  reposo,  el  Blinp  continúa  en  ob- 
servación, en  tanto  que  la  radiotelegrafía  funciona  y 
los  buques  patrullas  acuden  al  cabo  de  una  ó  dos  ho- 
ras con  los  equipos  necesarios  para  obligar  al  subma- 
rino á  salir  de  su  guarida. 

En  el  caso  de  que  el  submarino  salga  á  fióte  autes 
de  que  lleguen  las  fuerzas  navales,  el  Blinp  lo  ataca 
con  bombas,  y  si  trata  de  huir  por  el  fondo,  el  Blinp 
sigue  su  sombra,  hasta  llegar  á  un  sitio  eu  donde  pueda 
atacarle  eficazmente.  Es  una  aplicación  útilísima  y 
práctica. 

El  19  de  Julio,  hacia  las  cuatro  de  la  madrugada, 
apareció  súbitamente  en  las  inmediaciones  de  la  isla 
de  Sylt  una  división  naval  británica,  que  comprendía 
cruceros  porta-aviones  de  gran  velocidad;  al  mismo 
tiempo,-  una  escuadrilla  bastante  numerosa  de  aviones 
\kj\ó  hacia  Tondern  (Schleswig).  La  ciudad  de  Ton- 
dern  es  un  centro  importante  de  vías  férreas.  Los  avio- 
nes británicos  destruyeron  cuatro  grandes  hangars. 

El  mismo  día,  el  crucero  yanqui  San  Diego,  de 
13.400  toneladas,  chocó  con  una  mina  en  el  océano 
Atlántico  y  se  fué  á  pique  leutamente.  La  tripulación 
comprendía  1.255  hombres,  de  los  cuales  1.207  des- 
embarcaron sanos  y  salvos  en  Long-Island. 

En  las  primeras  horas  de  la  madrugada  del  día  30 
los  italianos  efectuaron  un  poderoso  ataque  aeronaval 
contra  la  plaza  fuerte  de  Pola.  Durante  un  par  de 
horas  sus  aviones  bombardearon  los  edificios  milita- 
res y  los  buques  surtos  en  el  puerto. 

A  primeros  de  Agosto  de  1918  cumplía  el  cuarto 
año  de  guerra.  En  lo  concerniente  á  las  operaciones 
uavales,  un  notable  escritor  resumía  la  situación  ge- 
neral de  la  manera  como  vamos  á  ver: 

«El  cuarto  año  de  guerra  naval  termina  con  uu 
franco  triunfo  por  parte  de  los  aliados;  la  partida,  en 
lo  que  concierne  á  la  marina,  debe  considerarse  como 
ganada,  y  los  acontecimientos  que  puedan  ocurrir  no 
podrán  modificar  gran  cosa  la  actual  situación.  Las 
principales  ventajas  conseguidas  sobre  los  Imperios 
centrales  débense  principalmente  al  año  último,  que 
ha  visto  desarrollarse  el  drama  más  angustioso  desde 
el  principio  de  las  hostilidades. 

Para  darse  cuenta  de  la  obra  de  la  marina  aliada 
durante  este  año  y  de  los  resultados  obtenidos,  es 
indispensable  tener  presentes  los  términos  en  que  es- 
taba planteado  el  problema,  el  cual  presentaba  difi- 
cultades que  parecían  invencibles.  Para  apreciar  jus- 
tamente la  situación,  hay  que  recordar  que  en  Enero 
de  1917,  Alemania,  presintiendo  que  los  Estados  Uni- 
dos iban  á  entrar  en  la  guerra,  había  tomado  las  me- 
didas más  bárbaras  para  impedir  la  navegación  en  el 
Océano. 

Había  declarado  zonas  prohibidas  todos  los  puntos 
que  dan  acceso  á  los  puertos  europeos;  además  de  las 
aguas  que  bañan  las  costas  aliadas,  había  prohibido 
el  paso  por  las  Azores  y  por  la  costa  Noroeste  de 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


105 


África.  Adoptando  nue- 
vos métodos  para  la  gue- 
rra submarina  y  habien- 
do construido  gran  nú- 
mero de  sumergibles,  de- 
claró la  guerra  sin  cuar- 
tel, torpedeando  á  todo 
navio,  cualquiera  que 
fuese  su  bandera,  y  ho- 
llando las  leyes  de  la  hu- 
manidad. Los  submari- 
nos alemanes,  colocán- 
dose abiertamente  fuera 
de  las  reglas  del  derecho 
internacional,  destruían 
por  destruir,  sin  más  ñu 
que  el  de  arruinar  la  ma- 
rina mercante  mundial. 
En  el  mes  que  siguió  á 
la  entrada  en  guerra  de 

los  Kstados  Unidos,  es  decir,  en  Abril  de  1917,  los 
submarinos  alemanes  hundieron  más  de  8Ü0.OÜÜ  tone- 
ladas de  navios,  lo  que  representaba  en  un  solo  mes 
el  3  por  100  por  lo  menos  del  tonelaje  de  que  disponían 
los  aliados.  El  problema,  al  entrar  en  el  cuarto  ano  de 
guerra,  estaba  planteado  en  estos  términos:  ¿.Habrá 
bastantes  navios  para  transportar  á  Europa  las  tropas 
norteamericanas,  con  sus  armas,  municiones,  impedi- 
menta de  toda  clase,  y  poder  al  propio  tiempo  conti- 
nuar el  abastecimiento  de  los  países  europeos  en  gue- 
rra, é  incapacitados  por  lo  tanto  para  proveer  á  sus 
necesidades?  ¿Podrá  garantizarse  la  seguridad  de  la 
navegación  de  los  transportes,  aminorar  la  intensidad 
de  la  guerra  submarina,  y  finalmente,  construir  bas- 
tantes barcos  para  compensar  las  pérdidas? 

La  situación  era  muy  alarmante.  El  almirante 
Jellicoe,  desde  el  principio  mismo  del  cuarto  año  de 
guerra,  en  Agosto  de  1917,  decía  en  una  entrevista: 
«La  amenaza  submarina  es  seria,  pues  de  ella  depende 


Tomo  IX 


SUBMARINO  FRANCÉS   DE  800  TONELADAS,    EN   EL   MOMENTO   DE  SER  EQUIPADO 


la  existencia  de  nuestros  ejércitos  y  de  nuestras  pobla- 
ciones civiles.»  Y  era  exacto.  En  aquel  momento,  el 
mar  era  el  factor  dominante  de  la  guerra;  cerrado  el 
mar,  no  había  mas  que  inclinarse.  El  esfuerzo  que  se 
pedía  á  las  marinas  aliadas  era  grandioso. 

No  es  menester  dar  pormenores  acerca  de  la  orga- 
nización contra  la  guerra  submarina.  Bastará  con  ex- 
poner los  resultados  obtenidos  por  la  defensa  aliada. 
Los  submarinos  seguían  haciendo  estragos.  Pero  éstos 
disminuían  progresivamente. 

Convenientemente  convoyados,  los  transportes 
yanquis  han  pasado  y  sus  pérdidas  en  hombres  han 
sido  extremadamente  exiguas,  ya  que  llegan  apenas  á 
una  milésima  por  un  millón  de  hombres  transporta- 
dos. El  material  perdido  se  recupera:  los  Estados  Uni- 
dos c  Inglaterra  han  construido  arsenales  de  Estado, 
han  desarrollado  los  ya  existentes,  y  en  todas  partes 
se  fabrican  navios  con  una  actividad  pasmosa.  En 
Abril,  la  línea  ascendente  de  las  construcciones  na- 
vales ha  cortado  la  des- 
cendente de  las  destruc- 
ciones causadas  por  los 
submarinos,  y  la  ven- 
taja á  favor  de  aquéllas 
sigue  acentuándose.  Sir 
Eric  Geddes  ha  podido 
decir  en  la  Cámara  de  los 
Comunes  que  el  .'iO  de  Ju- 
nio las  naciones  aliadas 
y  neutrales  se  hallaban 
en  tan  buenas  condicio- 
nes para  la  navegación 
como  en  1."  de  Ene- 
ro de  1918,  y  que  la  ga- 
nancia de  las  construc- 
ciones con  relación  á  las 
destrucciones  pasaba  do 
100.000  toneladas  men- 

13 


"■ --■ WJ--»-— 


. 


SUBMARINO    FRANCÉS    8UM  EKUIENDOSB    EN    MARCHA 


106 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


suales.  Esta  última  cifra  indica  un  cambio  radical  en 
la  situación,  pues  en  el  tercer  trimestre  de  1917  el 
tonelaje  construido  era  inferior  en  más  de  8UU.UU0  to- 
neladas al  tonelaje  de  los  navios  destruidos;  esa  di- 
ferencia era  ya  sólo  de  y  10.000  toneladas  en  el  cuarto 
trimestre  de  1917,  y  hoy  los  términos  de  la  proporción 
se  han  invertido,  ya  que  la  producción  actual  es  su- 
perior en  más  de  .'300.000  toneladas  trimestrales  al  to- 
nelaje hundido. 

El  problema  que  era  considerado  por  muchos  téc- 
nicos como  insoluble  hace  un  año,  se  ha  resuelto  com- 
pletamente á  favor  de  los  aliados,  tanto  en  lo  con- 
cerniente al  transporte  de  los  norteamericanos  como 
al  fracaso  de  la  guerra  submarina  y  á  la  reposición 
del  tonelaje  hundido.  Tal  era  la  obra  que  había  que 
realizar,  y  que  se  ha  llevado  á  término  felizmente; 
pero  no  se  crea  que  todas  las  demás  cuestiones  han 
sido  subordinadas  á  esa  obra  y  que  nada  se  ha  hecho 
fuera  de  ella. 

Muy  al  contrario,  por  todas  partes  la  acción  de  las 
marinas  aliadas  se  ha  hecho  sentir.  En  el  Adriático, 
la  marina  italiana  ha  hundido  tres  acorazados  austría- 


cos en  condiciones  de  audacia  y  de  valor  inauditos; 
Inglaterra  ha  embotellado  las  embocaduras  de  Ostende 
y  Zecbrugge,  ha  librado  victoriosamente  combates  na- 
vales con  fuerzas  alemanas  en  Cattegat,  en  la  bahía  de 
Heligoland,  y  ha  llegado  hasta  las  regiones  del  océa- 
no Glacial  para  desembarcar  allí  tropas  con  que  opo- 
nerse á  la  acción  alemana  en  Rusia. 

La  marina  francesa,  aparto  de  brillantes  acciones 
navales  en  que  ha  tomado  parte,  viene  asegurando 
el  abastecimiento  de  las  tropas  de  Salónica,  vigila, 
patrullando  todo  el  Mediterráneo,  y  asegura  á  las  tro- 
pas norteamericanas  las  vías  de  acceso  á  los  puertos 
del  Adriático. 

En  todo  el  transcurso  del  aüo  sólo  se  observa  un 
punto  negro:  la  entrega  á'los  alemanes  de  las  fuerzas 
navales  rusas  del  mar  Báltico  y  del  mar  Negro;  así  y 
todo,  las  consecuencias  que  pueda  tener  semejante 
entrega  no  podrán  jamás  contrarrestar  las  positivas 
ventajas  obtenidas  por  las  marinas  aliadas.» 

Ya  en  el  término  de  este  ciclo,  que  suspendemos 
á  primeros  de  Agosto  de  1918,  pasemos  á  examinar 
ahora  otro  aspecto  de  la  lucha. 


DELANTE    DE    LAS   LÍNEAS   ALEMANAS    DEL    FRENTE    DE   ALSACIA 


Política  y  diplomacia 


i 


La  responsabilidad  de  la  guerra. — Graves  re- 
velaciones del  príncipe  Lichnowsky  y  del 
docter  Muehlon. 

Afines  de  Marzo  de  1918,  la  prensa  aliada  repro- 
ducía y  comentaba  extensamente  una  famosa 
Memoria  publicada  por  el  ex  embajador  alemán 
cu  la  Gran  Bretaña  príncipe  Lichnowsky,  y  en  la  que 
este  diplomático  hacía  importantes  revelaciones  que 
aclaraban  definitivamente  los  orígenes  de  la  guerra 
europea. 

Aun  cuando  todo  el  documento  es  importante,  nos- 
otros, teniendo  en  cuenta  su  extensión,  no  lo  trans- 
cribimos íntegro,  sino  que  extractamos  sus  pasajes 
más  notables. 

El  autor  lo  titula  Mi  misión  en  Londres  (1912- 
l'.il  1),  y  tras  de  un  relato  de  las  circunstancias  que 
dieron  lugar  á  que  fuera  nombrado  embajador  en  Lon- 
dres, después  de  varios  años  que  llevaba  retirado  de  la 


diplomacia,  dice,  refiriéndose  á  la  situación  europea 
de  entonces: 

«Sin  duda,  el  momento  era  propicio  para  nuevas 
relaciones  con  Inglaterra  y  sobre  mejores  bases.  Nues- 
tra enigmática  política  en  el  asunto  de  Marruecos 
había  debilitado  varias  veces  la  confianza  en  nuestra 
pacífica  inclinación,  y  suscitó  la  sospecha  de  que  ni 
nosotros  mismos  sabíamos  á  punto  fijo  lo  que  deseába- 
mos ó  de  que  nuestra  intención  era  tener  á  Europa  en 
suspenso  y  humillar  todo  lo  posible  á  los  franceses. 
Cierto  colega  austríaco  que  residió  mucho  tiempo  en 
París  me  dijo  un  día:  «Apenas  comienzan  los  france- 
ses á  olvidar  la  revancha,  cuando  ya  vosotros  os  en- 
cargáis con  vuestros  métodos  de  recordársela.» 

Tras  de  rechazar  el  intento  que  M.  üelcassé  hizo 
para  llegar  á  un  acuerdo  con  nosotros  en  lo  tocante  á 
Marruecos,  y  de  declarar  que  no  teníamos  allí  ningún 
interés  político,  actitud  que  encajaba  admirablemente 
con  las  tradiciones  de  la  política  bismarekiana,  pro- 
cedimos de  repente  á  reconocer  en  Abdul  Aziz  un 
segundo  Krüger.  También  á  él,  como  habíamos  hecho 
antes  con  los  boers,  le  prometimos  el  apoyo  eficaz  del 


108 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


Imperio  alemán,  al  mismo  precio  y  con  idénticos  re- 
sultados. Ambos  asuntos  terminaron  como  tenían  que 
terminar:  en  retirada  por  parte  nuestra,  ya  que  enton- 
ces aún  no  estábamos  dispuestos  á  emprender  una 
guerra  mundial. 

Nuestra  actitud  determinó  la  aproximación  ruso-ja- 
ponesa, así  como  también  la  entente  ruso-británica. 
Frente  al  peligro  alemán  todos  los  demás  conflictos 
quedaron  relegados  en  seguida  á  segundo  término. 
La  posibilidad  de  una  nueva  guerra  franco-alemana 
se  hacía  evidente. 

Cuando  yo  llegué  á  Londres,  en  Noviembre  de  1912j 
la  opinión  pública  se  había  calmado  ya  acerca  de  la 
cuestión  de  Marruecos.  La  misión   de  Mr.  Haldane 


MuNTE  ATHOS.   INTEltlOB  Y   TESORO   DK  LA  IGLESIA 

había  sin  duda  fracasado,  toda  vez  que  nosotros,  en 
lugar  de  conformarnos  con  un  convenio  que  nos  pu- 
siese á  salvo  de  todo  ataque  británico,  habíamos  pedido 
una  promesa  de  neutralidad.  Así  y  todo,  Sir  Edward 
Grey  aún  no  había  perdido  la  esperanza  de  llegar  á 
un  arreglo  con  nosotros,  y  como  preliminares  hizo  un 
ensayo,  encaminándose  hacia  tal  fin  por  las  esferas 
económica  y  colonial.  Con  Yon  Kuhlmann  como  hábil 
intermediario,  inicióse  un  intercambio  de  opiniones 
acerca  de  la  reanudación  del  Convenio  colonial  por- 
tugués y  el  ferrocarril  de  Bagdad,  tendiendo  á  dividir 
las  colonias  antes  citadas,  lo  mismo  que  las  de  Asia 
Menor,  en  sus  esferas  de  intereses.  El  estadista  britá- 
nico, considerando  que  las  viejas  disputas  con  Francia 
y  Rusia  se  habían  arreglado,  deseaba  asimismo,  en  ar- 
monía con  esto,  llegar  á  un  convenio  con  nosotros.  Su 
propósito  no  era  aislarnos,  sino  más  bien  lograr  que 
tomásemos  parte  en  el  concierto  que  él  ya  llevaba 
combinado.  Es  decir,  que  habiendo  establecido  con 
buen  éxito  un  lazo  de  unión  éntrelas  opiniones  franco- 


británica  y  ruso-británica,  quería  de  igual  modo  borrar 
todo  motivo  de  enemistad  entre  Inglaterra  y  Alema- 
nia, y  mediante  una  red  bien  entendida  de  tratados 
— á  lo  que  pudo  muy  bien,  andando  el  tiempo,  agregar 
un  convenio  sobre  la  infortunada  cuestión  naval — , 
afirmar  la  paz  del  mundo. 

Este  era  el  programa  que  Sir  Edward  ( ¡rey  se  había 
trazado,  como  textualmente  lo  dijo  él:  Realizar,  sin 
detrimento  alguno  de  las  buenas  relaciones  que  ya 
entonces  tenían  con  Francia  y  Rusia,  y  que  no  perse- 
guían ningún  fin  agresivo,  una  buena  inteligencia 
con  Alemania.»  En  suma,  de  lo  que  trataba  era  de  es- 
trechar más  á  los  dos  grupos. 

Tanto  en  Iuglaterra  como  en  Alemania,  había  sobre 
este  particular  dos  escuelas:  los  op- 
timistas, que  creían  en  la  posibili- 
dad de  un  acuerdo,  y  los  pesimis- 
tas, quienes  consideraban  que  la 
guerra  era,  tarde  ó  temprano,  inevi- 
table. A  los  primeros  pertenecían 
Mr.   Asquith,   Sir  Edward  Grey, 
Mr.  Haldane  y  la  mayor  parte  de  los 
miembros  del  gabinete  liberal,  lo 
mismo  que  los  principales  órganos 
liberales  de  la  prensa,  como  por 
ejemplo,  el  Westminster  Cfazette,  el 
Chroniclc  y  el  Manchcster  Guar- 
dian. A  la  de  los  pesimistas  pertene- 
cían principalmente  políticos  con- 
servadores, como  Mr.  Balfour,  quien 
en  repetidas  ocasiones  me  permitió 
conocer  su  opinión,  y  distinguidos 
militares  de  la  categoría  de  Lord 
Roberts,  quien  predicó  la  necesidad 
de  instituir  el  servicio  militar  obli- 
gatorio; también  opinaban  de  este 
modo  la  prensa  de  Lord  Northcliffe 
y  el  renombrado  periodista  inglés 
Mr.  Garvin.  Durante  el  tiempo  que  yo  fui  embajador, 
este  partido  se  abstuvo  de  toda  clase  de  ataques,  y 
cultivó,  tanto  personal  como  políticamente,  una  acti- 
tud francamente  amistosa.  Pero  nuestra  política  naval 
y  la  conducta  que  observamos  en  1ÜÜ5,  190H  y  lüll 
habían  creado  en  ellos  la  convicción  de  que  un  día  ú 
otro  llegaría  la  guerra.  Los  de  la  primera  escuela, 
exactamente  como  pasa  con  nosotros  allá  en  Alema- 
nia, son  acusados  ahora  de  necios  y  cortos  de  vista, 
en  tanto  que  á  los  otros  se  les  califica  de  profetas.» 

Luego,  el  príncipe  Lichnowsky  describe  la  situa- 
ción durante  la  guerra  de  los  Bailones.  «Dos  recursos 
— dice — le  quedaban  á  Alemania:  actuar  como  media- 
dor imparcial  y  aspirar  á  un  arreglo  estable  de  acuer- 
do con  los  deseos  de  los  pueblos  balkánicos,  ó  adoptar 
una  actitud  estrictamente  de  acuerdo  con  la  política 
de  la  Triple  Alianza.»  El  propio  príncipe  recomendó  la 
primera;  pero  la  Wilhelmstrasse  optó  por  la  última. 
Austria  deseaba  tener  á  Servia  alejada  del  Adriático; 
Italia  quería  evitar  que  los  griegos  llegaran  á  Alvona; 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


109 


Rusia  apoyaba  á  los  servios,  Francia  á  los  griegos. 
Alemania  no  tenía  absolutamente  ningún  motivo  para 
apoyar  á  sus  aliadas,  acarreando  así  un  mal  arreglo, 
como  no  fuera  el  deseo  de  consolidar  una  alianza 
que  el  príncipe  Lichoowsky  califica  de  perfectamente 
inútil,  inútil  porque  era  obvio  que  Italia  tenía  que 
separarse  de  ella  en  caso  de  guerra,  mientras  que 
Austria,  con  ó  sin  alianzas,  nunca  dejaría  de  depen- 
der de  Alemania.  La  mejor  manera  de  aumentar  la 
dependencia  de  Austria  era  cultivando  relaciones  cor- 
diales entro  Alemania  y  Rusia.  El  kaiser,  por  razones 
dinásticas,  opinaba  en  favor  de  la  división  de  Albania 
entre  (¡recia  y  Servia,  pero  «cuando  yo,  en  una  carta 
que  le  escribiera,  insistí  en  que  adoptase  esta  solu- 
ción, recibí  una  severa  reprimenda  del  canciller,  ale- 
gando que  estaba  yo  apoyando  á  los  enemigos  de  Aus- 
tria, y  debía  abstenerme  de  seguir  escribiendo  direc- 
tamente al  emperador*. 

Así.  que  Alemania  decidió  declararse  del  lado  de  los 
opresores  turcos  y  magiares  para  salvar  su  símbolo 
de  la  Triple  Alianza,  fatal  desatino  que  el  príncipe 
Lichnowsky  explica  como  «tanto  más  sorprendente 
cuanto  que  lo  que  menos  podía  entrar  en  nuestros 
cálculos  era  un  asalto  franco-ruso  inesperado».  «No 
sólo  era  innecesario — declara — ,  sino  además  peligro- 
so, prestar  atención  á  los  deseos  de  Austria,  puesto 
que  mirar  el  problema  de  Oriente  á  través  de  las  gafas 
de  Austria  necesariamente  habría  de  redundar  en  co- 


MONTB   ATUOS.   PEUISTILO   DE    VATOI'EDl 


MONTE  ATUOS.   PERISTILO  DE   ZOGBAFO 

lisión  con  Rusia  y  guerra  mundial.  Además,  seme- 
jante política  estaba  llamada  á  atraernos  la  antipatía 
de  las  comunidades  jóvenes,  fuertes  y  llenas  de  aspi- 
raciones que  pueblan  la  península  balkánica,  las  cua- 
les se  hallaban  en  buenas  relaciones  con  nosotros  y 
prestas  á  abrirnos  sus  mercados.  La  oposición  entre 
cortes  y  pueblos,  entre  la  idea  dinástica  y  la  idea  de- 
mocrática del  Estado,  saltaba  con  claridad  á  la  vista, 
y  con  todo,  nosotros,  procediendo  como  tenemos  por 
costumbre,  nos  pusimos  del  lado  del  error...  En  Servia 
apoyamos,  contra  nuestros  propios  intereses  económi- 
cos, la  política  de  estrangulación  profesada  por  Aus- 
tria. Siempre  hemos  corrido  caballos  sin  probabilidad 
de  ganar — Krüger,  Abdul  Aziz,  Abdul  Hamid  y  Gui- 
llermo de  Wied — ;  y  por  último,  para  colmo  de  males, 
vinimos  á  parar  en  el  establo  del  canciller  austríaco 
conde  Berchtold.» 

Luego,  el  príncipe  Lichnowsky  describe  la  Confe- 
rencia de  embajadores  celebrada  en  Londres  el  año 
1913,  y  la  influencia  y  papel  conciliador  que  en  ella 
representó  el  ministro  inglés  Sir  Edward  Grey,  <'quien 
siempre  sabía  encontrar  solución  á  cuantas  diculta- 
des  surgían». 

«Ed  cambio,  nosotros — añade  el  príncipe — ,  en  vez 
de  adoptar  una  actitud  análoga  á  la  de  Inglaterra, 
acatábamos  invariablemente  el  parecer  de  Viena.  El 
conde  Meusdorff  era  el  director  de  la  Triple  Alianza 
en  Londres;  yo  era  su  segundo.  Mi  labor  consistía  en 


110 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


apoyar  lo  que  él  propusiese.  En  Berlín,  el  prudente  y 
experimentado  conde  Szugyény  era  el  que  regía.  He 
aquí  suscitado  el  casus  fwderis»,  era  su  refrán  cons- 
tante; recuerdo  que,  en  cierta  ocasión  que  me  aventuré 
á  poner  en  duda  la  exactitud  de  tal  conclusión,  se  me 
acusó  seriamente  de  austrofobia.  Por  doquiera  aceptá- 
bamos y  nos  adheríamos  á  los  pareceres  de  Austria  y 
de  Italia.  En  cambio,  Sir  Edward  Grey  casi  nunca 
procedía  ligado  con  Rusia  ó  Francia.  Es  más:  muy  á 
menudo  se  inclinó  hacia  nuestro  grupo,  en  su  afán  de 
no  dar  lugar  á  pretexto  de  conflicto  alguno.  Ese  pre- 
texto lo  vino  á  facilitar  más  tarde  la  muerte  de  un 
archiduque.» 

Hablando  después  de  la  crisis  servia,  el  príncipe 
Lichnowsky  se  expresa  en  los  siguientes  términos: 

\  fines  de  Junio  de  1914  marché  á  Kiel  por  orden 
del  kaiser.  Pocas  semanas  antes  se  me  había  conce- 
dido el  grado  de  doctor  honoris  causa  en  la  Universi- 
dad de  Oxford,  distinción  que  no  había  sido  jamás  con- 
ferida á  embajador  alemán  alguno  desde  Von  Bunsen 
acá.  A  bordo  del  Meteoro  (yate  del  kaiser)  nos  entera- 
mos de  la  muerte  del  archiduque,  el  heredero  del  trono 
de  Austria.  Su  Majestad  nos  expresó  la  pena  que  le 
causaba  ver  que  todos  sus  esfuerzos  por  convertir  al 
archiduque  quedaban  así  inutilizados.  Yo  no  sabía  si 
el  plan  de  seguir  una  política  activa  contra  Servia 
había  sido  ya  aprobado  en  Konopischt  (1). 

Como  me  hallaba  sin  informes  acerca  de  las  opi- 
niones y  de  los  acontecimientos  de  Viena,  no  di  á  este 
suceso  una  importancia  trascendental.  No  fué  sino 
hasta  más  tarde  cuando  vine  á  descubrir  que  entre 
los  aristócratas  austríacos  predominaba  cierto  senti- 
miento de  satisfacción.  Otro  de  los  invitados  que  iban 
aquella  vez  en  el  yate  de  Su  Majestad  era  austríaco, 
el  conde  Félix  Thun.  Noté  que,  á  pesar  de  que  hacía 
un  tiempo  espléndido,  este  señor  permanecía  encerra- 
do en  su  camarote,  mareado,  según  se  decía.  Cuando 
la  noticia  de  la  muerte  del  archiduque  se  recibió  se 
alivió  en  seguida;  el  júbilo  ó  la  sorpresa,  ó  ambos  á  la 
vez,  lo  habían  curado. 

Al  llegar  á  Berlín  fui  á  visitar  al  canciller  imperial, 
y  le  manifesté  que  ajuicio  mío  nuestra  situación  ex- 
tranjera se  presentaba  muy  satisfactoria,  puesto  que 
nuestras  relaciones  con  Inglaterra  eran  mejores  aún 
de  lo  que  habían  venido  siendo  desde  mucho  tiempo 
atrás.  Hice  asimismo  observar  que  en  Francia  el  mi- 
nisterio que  á  la  sazón  estaba  en  el  Poder  era  pacifista. 

Bethmann-Hollweg  parecía  no  participar  de  mi  op- 
timismo, y  se  quejó  de  los  preparativos  rusos.  Traté 
de  calmarle  é  insistí  especialmente  en  que  Rusia  no 
tenía  ningún  interés  en  atacarnos;  y  más  aún,  seme- 
jante ataque  jamás  obtendría  el  apoyo  de  Inglaterra  y 
de  Francia,  pues  ambos  países  deseaban  la  paz. 

Luego  fui  á  ver  al  doctor  Zimmermann,  que  estaba 
en  esos  días  representando  á  Von  Jagow  (secretario  de 
Estado).  Por  él  supe  que  Rusia  estaba  formando  un 

(1)     Población  donde  celebraron  su  última  entrevista  el  kaiser  y  el  ar 
chiduque  Francisco  Fernando. 


nuevo  ejército  de  900.000  hombres.  En  sus  palabras 
había  una  inequívoca  auimosidad  contra  Husia,  la 
cual,  cu  su  opinión,  nos  obstruía  por  doquiera  el  paso. 
La  cuestión  envolvía  también  ciertas  dificultades  re- 
ferentes á  política  comercial.  Claro  que  no  se  me  dijo 
que  el  general  Von  Moltke  (jefe  del  Estado  Mayor  ge- 
neral) estaba  ejerciendo  presión  en  favor  de  la  gue- 
rra. Llegó  á  conocimiento  mío,  sin  embargo,  que  Von 
Tschirschky,  embajador  alemán  en  Viena,  había  reci- 
bido una  reprimenda  por  haber  dicho  que  Viena  debía 
tratar  á  Servia  de  una  manera  moderada. 

Fui  á  Silesia,  y  en  mi  viaje  de  regreso  á  Londres 
estuve  tan  sólo  unas  cuantas  horas  en  Berlín,  donde 
oí  decir  que  Austria  quería  proceder  contra  Servia,  á 
fin  de  poner  término  á  «tan  intolerable  estado  de 
cosas». 

Confieso  que  por  el  momento  no  alcancé  á  darme 
cuenta  de  toda  la  importancia  de  la  noticia.  Creí  que 
no  tendría  después  de  todo  ninguna  consecuencia, 
y  que  si  Rusia  nos  amenazaba,  la  dificultad  podría  ser 
fácilmente  remediada.  Ahora  siento  no  haberme  que- 
dado en  Berlín  y  haber  dicho  en  seguida  que  no  es- 
taba dispuesto  á  colaborar  en  semejante  política. 

Después  llegó  á  mis  oídos  que  en  la  conversación 
decisiva  que  hubo  en  Potsdam  el  5  de  Julio,  la  pre- 
gunta que  Viena  nos  hizo  encontró  una  aquiescencia 
absoluta  entre  todos  los  personajes  autorizados:  lle- 
gando al  grado  de  agregar  que  nada  se  perdería  con 
que  aquello  resultase  en  guerra  contra  Rusia.  Al  me- 
nos así  está  consignado  en  el  protocolo  austríaco  que 
el  conde  Mensdorff  (embajador  austríaco)  recibió  en 
Londres.  Poco  después,  Von  Jagow  estuvo  en  Viena 
con  objeto  de  discutir  la  cuestión  con  el  conde  Berch- 
told,  ministro  de  Negocios  Extranjeros  de  Austria. 

Fué  entonces  cuando  se  me  dieron  instrucciones 
de  que  indujese  á  la  prensa  inglesa  á  adoptar  una 
actitud  amistosa  si  Austria  daba  el  agolpe  de  muerte» 
al  movimiento  de  la  Gran  Servia;  y  en  todo  cuanto 
fuere  posible,  sirviéndome  de  mi  influencia  personal, 
debía  yo  evitar  que  la  opinión  pública  se  opusiese  a 
los  fines  de  Austria.  Los  recuerdos  que  yo  tenía  de  la 
actitud  de  Inglaterra  durante  la  crisis  de  la  anexión, 
cuando  la  opinión  pública  mostró  simpatías  por  los 
derechos  servios  en  Bosnia;  los  recuerdos,  también, 
que  tenía  de  la  benévola  manifestación  de  movimien- 
tos nacionalistas  en  la  época  de  Lord  Byron  y  Gari- 
baldi;  estas  y  otras  cosas  estaban  tan  en  contra  de 
toda  posibilidad  de  apoyo  en  favor  de  la  proyectada 
expedición  punitiva  para  castigar  á  los  culpables, 
que  me  pareció  sumamente  urgente  hacer  adverten- 
cias á  mi  gobierno.  Advertile  también  contra  el  pro- 
yecto en  general,  calificándolo  de  aventurado  y  peli- 
groso. Por  último,  aconsejaba  que  se  recomendase  á 
los  austríacos  el  que  procediesen  con  moderación , 
pues  no  creía  en  la  localización  del  conflicto. 

Von  Jagow  me  contestó  que  Rusia  no  se  hallaba 
aún  preparada  y  que  no  obstante  la  cuestión  suscitaría 
vivas  inquietudes;  pero  que  cuanto  más  firme  fuera 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


111 


nuestra  actitud  del  lado  de  Austria,  más  cedería  Ru- 
sia. Decía  que  Austria  comenzaba  ya  á  acusarnos  de 
cortos  de  espíritu,  que  no  debíamos  contrariarla.  En 
Rusia,  mientras  tanto,  el  sentimiento  público  tomaba 
cada  vez  más  carácter  antialemán.  Así,  que  había  que 
arriesgarnos. 

Esta  actitud,  según  supe  más  tarde,  fué  basada  en 
informes  que  se  habían  recibido  del  conde  Pourtalés 
(embajador  alemán  en  Petrogrado),  diciendo  que  Rusia 
en  ninguna  circunstancia  se  movería.  Estos  informes 
no  sirvieron  sino  para  estimular  al  conde  Berchtold. 
Por  mi  parte,  confiaba  en  que  la  mediación  de  Ingla- 
terra salvaría  la  situación,  pues  sabía  que  la  influen- 
cia de  sir  Edward  Grey  en  Petrogrado  podía  ser  utili- 
zada en  favor  de 
la  paz.  Así  que, 
haciendo  uso  de 
mi  buena  volun- 
tad con  Sir  Ed- 
ward Grey,  lero- 
gué  que  aconse- 
jara á  Rusia  pro- 
cediese con  mo- 
deración en  el 
caso  de  que  Aus- 
tria, como  pare- 
cía, pidiera  sa- 
tisfacciones á  los 
servios. 

En  un  princi- 
pio la  actitud  de 
la  prensa  ingle- 
sa fué  serena  y 
cordial  hacia  los 
austríacos,  pues 
censuró  el  asesi- 
nato. Mas  poco 
á  poco  fueron 

aumentando  las  voces  que  insistían  en  que,  por  más 
que  el  castigo  de  aquel  crimen  se  impusiese,  esto  no 
podía  justificar  el  que  se  aprovechase  para  fines  pura- 
mente políticos.  Se  insistió  de  una  manera  urgente  en 
que  Austria  procediese  con  moderación. 

Cuando  apareció  el  ultimátum,  todos  los  periódi- 
cos, con  excepción  del  ¡Standard,  que  á  lo  que  parecía 
estaba  pagado  por  los  austríacos,  pues  siempre  se  apar- 
taba de  estas  cuestiones,  estuvieron  unánimes  en  re- 
probar el  asesinato.  El  mundo  entero,  fuera  de  Berlín 
y  Viena,  comprendió  que  aquello  tenía  que  acabar  en 
guerra,  y  lo  que  es  peor,  en  guerra  mundial.  La  flota 
británica,  reunida  en  esos  días  con  motivo  de  una 
revista,  recibió  órdenes  de  permanecer  á  la  expecta- 
tiva. 

Al  principio  me  esforcé  todo  lo  posible  en  favor 
de  una  respuesta  conciliadora  por  parte  de  Servia,  en 
vista  de  que  la  actitud  del  gobierno  ruso  no  dejaba  ya 
lugar  á  duda  respecto  á  la  gravedad  de  la  situación. 

La  respuesta  de  Servia  estuvo  de  acuerdo  con  los 


FI.BRS    (SOM.MB).  VISTA    GENERAL   DEL   CAMPO   DE    BATALLA 


esfuerzos  británicos;  M.  Pachitch  había  aceptado  to- 
das las  condiciones,  con  excepción  de  dos  puntos  que 
se  hallaba  dispuesto  á  someter  á  arbitraje.  Si  Rusia  é 
Inglaterra  hubieran  deseado  de  veras  la  guerra,  á  fin 
de  echarse  sobre  nosotros,  la  menor  indicación  que 
hubiesen  hecho  á  Belgrado  habría  bastado  para  que 
la  inaudita  nota  (austríaca)  no  hubiera  sido  contes- 
tada. 

Sir  Edward  Grey  examinó  conmigo  la  respuesta 
de  Servia,  haciéndome  ver  la  actitud  conciliadora  del 
gobierno  de  Belgrado.  Luego  discutírnosla  mediación 
por  él  propuesta,  y  que  consistía  en  llegar  á  una  in- 
terpretación de  dichos  dos  puntos  de  modo  que  re- 
sultasen aceptables  para  ambas  partes.  M.  Cambon, 

embajador  fran- 
cés, el  marqués 
Imperiali,  emba- 
jador italiano,  y 
yo  habríamos  po- 
dido reunimos 
bajo  la  presiden- 
cia de  Sir  Ed- 
ward Grey,  y  ha- 
bría sido  fácil 
encontrar  una 
forma  aceptable 
para  los  puntos 
en  cuestión,  que 
en  esencia  se  re- 
ferían á  la  parti- 
cipación de  fun- 
cionarios aus- 
tríacos en  las 
pesquisas  que  se 
iban  á  abrir  en 
Belgrado  en  re- 
lación con  el  cri- 
men de  Seraje- 
vo.  Con  una  poca  de  buena  voluntad  todo  se  habría 
arreglado  en  una  ó  dos  sesiones;  y  el  mero  hecho 
de  haber  aceptado  la  proposición  británica  hubiera 
disminuido  la  tensión  y  mejorado  en  mucho  nuestras 
relaciones  con  Inglaterra.  Con  toda  la  urgencia  posi- 
ble recomendé  la  proposición,  diciendo  que  de  otro 
modo  se  hacía  inminente  una  guerra  mundial,  en  la 
que  llevábamos  todas  las  probabilidades  de  perder 
mucho  y  no  ganar  nada.  ¡Todo  fué  inútil!  Se  me  dijo 
que  yo  estaba  contra  la  dignidad  de  Austria,  y  que  lo 
que  nosotros  deseábamos  no  era  intervenir  en  los 
asuntos  de  Servia,  sino  dejar  la  cuestión  á  nuestra 
aliada.  Se  me  ordenó  que  trabajase  en  pro  de  la  «loca- 
lización  del  conflicto». 

Claro  que  cualquier  indicación  que  Berlín  hubiera 
hecho  habría  bastado  para  lograr  que  el  conde  Berch- 
told quedara  satisfecho  de  un  buen  éxito  diplomático 
y  aceptara  la  respuesta  servia.  Pero  esa  indicación 
nunca  se  hizo.  Al  contrario,  nosotros  insistíamos  en 
pro  de  la  guerra. 


112 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


Al  ver  que  nos  negábamos  á  aceptar  su  mediación, 
Sir  Edward  Grey  nos  pidió  que  formulásemos  nosotros 
mismos  alguna  proposición.  De  nuevo  insistimos  en 
favor  do  la  guerra.  La  única  respuesta  que  logré  ob- 
tener de  Berlín  fué  una  en  que  se  me  decía  «que  la 
mayor  tendencia  conciliadora  que  podía  mostrar  Aus- 
tria era  la  de  no  proponerse  con  sus  medidas  la  ane- 
xión de  ningún  territorio». 

\  esto  Sir  Edward  Grey  hizo,  con  toda  razón,  la 
observación  que  aun  sin  pretender  anexiones  de  terri- 
torio podía  liumillarse  y  sojuzgarse  á  un  país,  y  que 
Rusia  consideraría  esto  como  una  humillación  que 
jamás  podía  consentir. 

La  convicción  era  cada  vez  más  firme  de  que  Ale- 
mania deseaba 
la  guerra  á  todo 
trance.  De  otro 
modo,  ¿cómo  ex- 
plicarse esa  acti- 
tud nuestra  fren- 
te auna  cuestión 
que,  después  de 
todo,  no  uos  in- 
teresaba directa- 
mente? Los  lla- 
mamientos ur- 
gentes y  las  de- 
claraciones defi- 
nitivas de  M.  Sa- 
zonoff,  ministro 
de  Negocios  Ex- 
tranjeros ruso; 
los  telegramas 
positivamente 
humildes  del 
zar;  las  reitera- 
das proposicio- 
nes de  Sir  Ed- 
ward Grey;  las 

advertencias  del  marqués  de  San  Giuliano,  ministro 
italiano  de  Negocios  Extranjeros,  y  de  Bollati,  em- 
bajador italiano  en  Berlín— lo  mismo  que  mis  urgen- 
tes recomendaciones — ,  no  sirvieron  de  nada,  pues 
Berlín  seguía  insistiendo  en  que  Servia  entera  debía 
ser  aplastada. 

Cuanto  más  insistía  yo,  menos  dispuestos  estaban 
ellos  á  modificar  su  conducta,  como  si  se  hubieran 
propuesto  que  no  había  yo  de  ver  realizados  mis  de- 
seos de  paz  en  compañía  de  Sir  Edward  Grey. 

Así  las  cosas,  Sir  Edward  Grey  resolvió  el  2i)  de 
Julio  lanzar  su  conocida  declaración,  ad virtiendo  el 
peligro  y  las  consecuencias.  Le  contesté  que  en  todos 
mis  informes  había  yo  hecho  notar  que  en  el  caso  de 
una  guerra  con  Francia  teníamos  que  contar  con  la 
hostilidad  de  Inglaterra.  El  presidente  del  Consejo  me 
dijo  varias  veces:  «Si  la  guerra  estalla,  será  la  catás- 
trofe más  grande  que  el  mundo  haya  visto.» 

Después  de  esto,  los  acontecimientos  se  sucedieron 


PASARELA  CONSTRUIDA  POR  LOS  FRANCESES  EN  LOS  TERRENOS  RECONQUISTADOS 

KN  EL  FRENTE  DE  FLANDES 


con  rapidez.  Cuando  el  conde  Berchtold,  que  hasta 
entonces  había  figurado  como  el  hombre  poderosísi- 
mo, siguiendo  instrucciones  de  Berlín,  decidió  al  cabo 
cambiar  de  proceder,  contestamos  á  la  movilización 
rusa— después  de  que  Rusia  había  durante  toda  una 
semana  negociado  y  esperado  en  vano — con  nuestro 
ultimátum  y  nuestra  declaración  de  guerra.» 

Tratando  de  la  declaración  de  guerra  de  la  Gran 
Bretaña,  el  príncipe  Lichnowsky  prosigue: 

«A  pesar  de  todo,  Sir  Edward  Grey  seguía  bus- 
cando la  manera  de  evitar  el  conflicto.  El  día  1.  de 
Agosto,  por  la  mañana,  Sir  \V.  Tyrrel  vino  á  verme  y 
me  dijo  que  su  jefe  esperaba  aún  hallar  solución:  que 
éste  deseaba  saber  si  nosotros  permaneceríamos  neu- 
trales caso  de 
que  Francia  hi- 
ciera otro  tanto. 
Creí  que  había 
querido  decir 
que  si  estábamos 
dispuestos  á  no 
atacar  á  Fran- 
cia; pero  lo  que 
él  quiso  decir 
fué  que  si  per- 
maneceríamos 
absolutamente 
neutrales,  neu- 
trales, por  tanto, 
aun  respecto  de 
Rusia.  Esa  fué 
la  conocidísima 
mala  interpreta- 
ción. Sir  Edward 
me  había  citado 
para  esa  tarde, 
pero  como  se  ha- 
llabaenunajun- 
ta  del  gabinete, 
me  habló  por  teléfono,  en  cuanto  Sir  W.  Tyrrel  le 
comunicara  mi  entrevista.  Por  la  tarde,  sin  embargo, 
no  habló  ya  mas  que  de  la  neutralidad  belga  y  de  la 
posibilidad  que  había  de  que  Francia  y  nosotros  fué- 
semos á  permanecer  armados,  uno  frente  al  otro,  sin 
atacarnos.  Así,  que  no  hubo  propuesta  alguna,  pues 
nuestra  conversación,  como  acabo  de  explicar,  iba  á 
verificarse  poco  después.  En  Berlín,  sin  embargo  — sin 
esperar  la  conversación — ,  se  tomó  la  noticia  como 
base  de  una  decisión  trascendental.  Luego  vino  la 
carta  de  Poincaré,  la  de  Bonar  Law  y  el  telegrama  del 
rey  de  los  belgas.  Los  miembros  del  gabinete,  vaci- 
lantes, fueron  convertidos,  con  excepción  de  tres,  que 
dimitieron. 

Hasta  el  último  momento,  nunca  había  perdido  la 
esperanza  de  que  Inglaterra  permanecería  expectante. 
Prueba  de  ello  es  que  mi  colega  el  embajador  francés, 
según  supe  yo  por  informes  privados,  nunca  estuvo 
del  todo  seguro  respecto  de  la  actitud  que  Inglaterra 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


113 


adoptaría.  El  1.°  de  Agosto  todavía,  el  rey  contestó  al  todo,  dentro  de  un  sistema  que  por  años  había  vivido 

Presidente  francés  en  una  forma  evasiva.  En  cambio,  tan  sólo  de  tradición  y  de  rutina,  que  no  tolera  sino  á 

el  telegrama  de  Berlín  anunciando  el  peligro  de  una  los  representantes  que  informan  lo  que  su  soberano 

amenaza  de  guerra  mencionaba  ya  á  Inglaterra  como  desea  leer,  y  nada  más.  Toda  ausencia  de  prejuicio, 

oponente.  Es  decir,  que  en  Berlín  ya  se  daba  por  acep-  todo  raciocinio  independiente,  se  ve  al  punto  atacado, 

tada  la  guerra  con  la  Gran  Bretaña.  y  en  cambio  se  estima  toda  falta  de  habilidad  y  de  ca- 

Antes  de  mi  partida.  Sir  Edward  Grey  me  recibió  rácter.  Los  triunfos  causan  hostilidad  y  zozobra, 
el  5  de  Agosto  en  su  casa.  Fui  á  verle,  cumpliendo  con  Yo  había  dejado  de  hacer  oposición  á  nuestra  torpe 


sus  propios  deseos.  Profundamente  conmovido,  me 
dijo:  «Siempre  estaré  dispuesto  á  mediar;  nosotros  no 
deseamos  destruir  á  Alemania.»  Fué  lamentable  que 
esta  conversación  confidencial  se  hiciera  pública.  Con 
eso  Bethmann  Holhveg  destruyó  ¡a  última  posibili- 
dad de  lograr  la  paz  ría  Inglaterra. 

Nuestra  parti- 
da se  verificó 
digna  y  tranqui- 
lamente. Antes 
de  que  saliéra- 
mos de  Londres, 
el  rey  mandó  á  su 
caballerizo  ma- 
yor, Sir  E.  Pon- 
sonby,  á  decirme 
que  sentía  mu- 
chísimo no  po- 
der verme  perso- 
nalmente antes 
de  que  yo  partie- 
se, que  mi  parti- 
da le  causaba 
gran  pena.  La 
princesa  Luisa 
me  escribió  di- 
ciendo que  toda 
la  familia  lamen- 
taba nuestra  ida. 
La  señora  de  As- 
quith   y  otras 

amistades  vinieron  á  la  Embajada  á  despedirse  de 
nosotros. 

Un  tren  especial  nos  condujo  á  Haiwich,  donde,  al 
descender,  se  me  formó  una  guardia  de  honor.  Se  me 
trató  como  á  un  soberano  que  parte.  Así  terminó  mi 
misión  en  Londres.  Fracasó,  no  debido  á  perfidia  al- 


soldados  franceses  cortando  arboles  para  defensa 
de  trincheras  kn  el  marne 


política  de  la  Triple  Alianza,  porque  vi  que  era  inútil 
y  que  mis  advertencias  eran  tomadas  como  mera  aus- 
trofobia  ó  como  una  idea  lija.  Kn  una  política  que 
sale  del  dominio  de  la  simple  gimnástica,  ó  del  simple 
juego  de  documentos,  que  es  más  bien  una  conducta 
seria  de  los  asuntos,  no  existen  las  simpatías  y  las 

antipatías;  exis- 
te tan  sólo  el  in- 
terés de  la  co 
munidad.  Pero 
una  política  que 
está  basada  sim- 
plementcenaus 
triacos,  magia- 
res y  turcos  tie- 
ne por  fuerza  que 
redundaren  hos- 
tilidad contra 
Rusia,  y  al  fin  de 
cuentas  acabar 
en  catástrofe. 

A  pesar  de  tan- 
tos extravíos  co- 
mo se  cometie- 
ran en  un  prin- 
cipio, todo  era, 
sin  embargo, 
susceptible  de 
arreglo  en  Julio 
de  1914.  Se  ha- 
bía llegado  á  un 
acuerdo  con  Inglaterra.  Con  haber  enviado  á  San  Pe- 
tersburgo  un  representante  que  al  menos  poseyese  la 
habilidad  política  normal,  y  dado  á  Busia  segurida- 
des de  que  en  modo  alguno  era  nuestra  intención  do- 
minar los  Estrechos  ó  subyugar  á  los  servios,  se  habría 
cambiado  de  orientación.  M.  Sazonoff  nos  estaba  di- 


guna  de  la  Gran  Bretaña,  sino  por  la  perfidia  de  núes-     ciendo  constantemente:  vSoltad  á  Austria  y  nosotros 


tra  política. 

En  la  estación,  en  Londres,  apareció  el  conde 
Mensdorff,  embajador  austríaco,  con  sus  secretarios. 
Estaba  de  buen  humor,  y  me  dio  á  entender  que  qui- 
zás permaneciera  en  Londres.  Sin  embargo,  á  los  in- 


sultaremos á  los  franceses  ;  y  M.  ('ambón,  embajador 
francés  en  Berlín,  dijo  á  Von  Jagow:  «No  tenéis  nece- 
sidad de  seguir  á  Austria  á  todas  partes.» 

Nosotros  no  necesitábamos  alianzas  ni  guerras, 
sino  únicamente  tratados  que  protegieran  nuestros  in- 


gleses les  decía  que  no  era  Austria,  sino  nosotros,  los  tereses  y  los  de  los  demás,  que  nos  garantizasen  nn 

que  habíamos  querido  la  guerra.»  desenvolvimiento  económico  que  jamás  había  tenido 

Eu  el  pasaje  siguiente  el  ex  embajador  alemán  paralelo  en  la  Historia.  Y  si  Rusia  hubiera  allanado 

hace  un  examen  retrospectivo,  donde  explica:  sus  dificultades  con  el  Oeste,  habría  podido  volver  la 

«Ahora  que,  después  de  dos  años,  me  doy  cuenta  cara  hacia  el  Este,  y  entonces  el  antagonismo  anglo- 

de  todo  retrospectivamente,  me  digo  que  me  percaté  ruso  habría  surgido  automáticamente  sin  nuestra  in- 

demasiado  tarde  de  que  yo  cuadraba  mal,  después  de  tervención;  otro  tanto  hubiera  ocurrido  con  el  antago- 


TOMO  IX 


II I 


VICENTE  BLASCO  1BAÑEZ 


nismo  ruso-japonés.  Pudimos  también  acometer  el  pro- 
blema de  la  limitación  de  armamentos,  y  no  habría- 
mos tenido  ya  necesidad  de  molestarnos  acerca  de  los 
laberintos  de  Austria.  Austria-Hungría  se  convertiría 
entonces  en  vasallo  del  Imperio  alemán,  sin  ninguna 
alianza  y  sobre  todo  sin  favores  sentimentales  de  nues- 
tra parte,  que  redundaran  en  guerra  por  la  liberación 
de  Polonia  y  la  destrucción  de  Servia,  por  más  que  los 
intereses  alemanes  pidieran  siempre  exactamente  lo 
contrario. 

Me  vi  obligado  á  apoyar  en  Londres  una  política 
que  yo  sabía  que  era  falaz.  Viví  eternamente  excomul- 
gado, porque  se  creía  que  mi  actitud  era  un  pecado 
contra  el  kaiser,  espíritu  santo.» 

El  autor  relata  después  su  llegada  á  la  capital  del 
Imperio: 

«Al  llegar  á  Berlín  vi  en  seguida  que  se  iba  á  hacer 
de  mí  la  víctima  propiciatoria  de  la  catástrofe  de  que 
nuestro  gobierno  se  había  hecho  por  sí  mismo  respon- 
sable, en  oposición  á  mi  consejo  y  mis  advertencias. 
Circuló  persistentemente  en  las  esferas  oficiales  la 
noticia  de  que  yo  me  había  dejado  engañar  por  Sir 
Edward  Grey,  porque  si  él  no  hubiera  querido  la  gue- 
rra, Rusia  no  hubiera  movilizado.  El  conde  Pourtales, 
cuyos  informes  podrán  tenerse  por  fidedignos,  sería 
excusado  en  todo  caso,  aun  cuando  no  fuera  sino  en 
atención  á  sus  lazos  de  familia.  Decíase  que  se  había 
conducido  de  una  manera  «espléndida»,  y  se  le  elogió 
con  entusiasmo,  mientras  contra  mí  todo  eran  incul- 
paciones. 

«¿Qué  tiene  Rusia  que  ver  con  Servia?»,  me  dijo 
este  estadista,  después  de  ocho  años  de  labor  oficial 
en  San  Petersburgo.  Se  dio  en  sostener  que  todo  se 
debía  únicamente  á  un  pérfido  ardid  de  la  Gran  Bre- 
taña que  yo  no  había  nunca  comprendido.  En  el  Minis- 
terio de  Negocios  Extranjeros  se  me  dijo  que  en  1916 
la  guerra  habría  llegado  á  hacerse  inevitable.  Pero  que 
entonces  Rusia  habría  estado  «preparada»,  así  que  era 
mejor  hacerla  ahora.» 

A  continuación  viene  el  punto  capital  del  docu- 
mento: 

«Según  aparece  de  todas  las  publicaciones  oficia- 
les, sin  que  los  hechos  se  vean  controvertidos  en  nues- 
tro Libro  Blanco,  el  cual,  debido  á  su  estrechez  y  sus 
vacíos,  constituye  una  autoacusación  grave: 

1."  Nosotros  incitamos  al  conde  Berchtold  á  que 
atacase  á  Servia,  bien  que  el  conflicto  no  envolvía  en 
modo  alguno  los  intereses  de  Alemania,  y  que  los  pe- 
ligros de  una  guerra  mundial  no  se  nos  escapaban; 
que  hayamos  ó  no  conocido  el  texto  del  ultimátum  es 
completamente  indiferente. 

2.°  En  los  días  transcurridos  entre  el  23  y  el  30  de 
Julio  de  1914,  cuando  M.  Sazonoff  categóricamente 
declaró  que  Rusia  no  podía  tolerar  que  se  atacase  á 
Servia,  nosotros  rechazamos  la  mediación  propuesta 
por  la  Gran  Bretaña,  no  obstante  que  Servia,  obe- 
deciendo á  la  presión  ejercida  por  los  diplomáticos 
rusos  y  britanos,  había  aceptado  casi  todas  las  con- 


diciones del  ultimátum;  y  á  pesar  de  que  pudo  muy 
bien  haberse  llegado  á  un  acuerdo  sobre  los  dos  pun- 
tos en  cuestión,  cuando  el  conde  Berchtold  mismo 
estaba  dispuesto  á  conformarse  con  la  respuesta  de 
Servia. 

:i.  En  30  de  Julio,  cuando  el  conde  Berchtold  se 
bailaba  dispuesto  á  ceder,  Austria,  sin  ser  atacada, 
respondió  ala  simple  movilización  de  Husia  enviaudo 
un  ultimátum  á  San  Petersburgo;  y  el  31  de  Julio 
declaramos  nosotros  la  guerra  á  los  rusos,  no  obstante 
que  el  zar  había  dado  su  palabra  de  que  mientras  con- 
tinuaran en  curso  las  negociaciones  ningún  soldado 
avanzaría;  así  que  nosotros  deliberadamente  destruí- 
mos toda  posibilidad  de  arreglo  pacífico. 

En  vista  de  estos  hechos  indiscutibles,  no  es  de 
extrañar  que  todo  el  mundo  civilizado  fuera  de  Ale- 
mania nos  atribuya  la  responsabilidad  exclusiva  de 
haber  desencadenado  una  guerra  mundial. 

¿No  es  comprensible  que  nuestros  enemigos  decla- 
ren que  no  cejarán  hasta  verdestruído  un  sistema  que 
constituye  una  amenaza  permanente  para  nuestros 
vecinos?  ¿No  habrían  de  temer,  de  no  hacerlo  así,  que 
dentro  de  unos  cuantos  años  sería  menester  recurrir 
de  nuevo  á  las  armas,  y  de  nuevo  ver  sus  provincias 
invadidas  y  sus  aldeas  y  ciudades  destruidas?  ¿No 
tuvieron  razón  los  que  declararon  que  fué  el  espíritu 
de  Treitschke  y  de  Bernhardi  el  que  dominó  al  pueblo 
alemán,  el  espíritu  que  glorifica  á  la  guerra  como 
una  finalidad  en  sí  y  no  la  abomina  como  á  un  mal? 
¿No  tienen  razón  los  que  han  dicho  que  entre  nosotros 
es  el  señor  feudal  y  aljunker,  apoyados  por  la  casta 
militar,  qHiienes  reinan  y  quienes  fijan  nuestros  idea- 
les y  nuestros  valores  personales,  en  vez  de  ser  los 
ciudadanos  los  que  dictan?  ¿No  tuvieron  razón  los  que 
dijeron  que  el  amor  á  los  duelos  en  que  nuestra  juven- 
tud se  inspira  en  las  universidades  está  latente  en  los 
que  guían  los  destinos  del  pueblo?  ¿No  habían  los  suce- 
sos de  Sábeme,  y  los  debates  parlamentarios  del  caso, 
demostrado  á  los  países  del  extranjero  cómo  se  valori- 
zan entre  nosotros  los  derechos  civiles  y  las  libertades 
cuando  se  hallan  frente  á  cuestiones  de  poderío  militar? 

Cram,  historiador  hoy  desaparecido,  admirador  de 
Alemania,  cita  el  punto  de  vista  alemán  poniéndolo 
en  palabras  del  Euforion  de  Goethe: 

Triivmt  lhr  den  Friedcnsta;/' 
Traume,  wer  traumen  mag? 
Krieg  ist  das  Losungswort! 
Sieg,  und  so  klingt  esfort. 

El  militarismo,  que  en  realidad  es  una  escuela  para 
la  nación  y  un  instrumento  de  política,  convierte  á  la 
política  en  instrumento  del  poder  militar,  si  el  absolu- 
tismo patriarcal  de  un  reino  de  soldados  hace  posible 
una  actitud  que  no  sería  permitida  por  ninguna  demo- 
cracia que  se  hubiera  desligado  de  las  influencias 
junko-militares. 

Eso  es  lo  que  nuestros  enemigos  piensan;  es  eso  lo 
que  están  obligados  á  pensar,  cuando  ven  que,  á  pe- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


115 


sar  de  una  industrialización  capitalista  y  á  pesar  de 
la  organización  socialista,  los  vivos,  como  dice  Fede- 
rico Nietzschc,  siguen  siendo  gobernados  por  los  muer- 
tos. El  principal  fin  de  guerra  de  nuestros  enemigos, 
la  democratización  de  Alemania,  será  cumplido.» 

Finalmente: 

«Hoy,  después  de  dos  años  de  guerra,  no  puede  ya 
haber  duda  de  que  no  podemos  esperar  una  victoria 
incondicional  sobre  los  rusos,  los  ingleses,  los  france- 
ses, los  italianos  y  los  americanos;  ni  podemos  tam- 
poco contar  con  la  derrota  de  nuestros  enemigos.  Mas 
podemos  lograr  un  arreglo  de  paz  con  sólo  disponer- 
nos á  evacuar  los  territorios  invadidos,  cuya  posesión 
en  todo  caso  significa  para  nosotros  una  carga,  un  de- 
bilitainiento, 
además  del  peli- 
gro de  nuevas 
guerras.  Por 
consiguiente, 
debe  evitarse  to- 
do aquello  que 
sirve  de  obstá- 
culo al  cambio 
de  conducta  por 
parte  de  los  gru- 
pos enemigos 
(jue  quizá  pudie- 
ran ser  conver- 
tidos á  la  idea  de 
un  arreglo:  los 
radicales  de  la 
Gran  Bretaña  y 
los  reacciona- 
rios rusos.  Aun 
desde  este  punto 
de  vista,  nues- 
tro proyecto  po- 
laco es  tan  cen- 
surable  como 

cualquier  intervención  en  los  derechos  belgas,  ó  la 
ejecución  de  ciudadanos  británicos,  sin  mencionar  el 
descabellado  sistema  de  guerra  submarina.» 

Como  es  de  suponer,  el  príncipe  Lichnowsky  cayó 
bajo  las  iras  de  sus  compatriotas,  y  además  de  ser 
expulsado  de  todos  los  centros  oficiales  y  particulares 
á  que  pertenecía,  fué  objeto  de  un  proceso  judicial, 
donde  se  le  acusaba  de  haber  divulgado  secretos  pro- 
fesionales en  perjuicio  del  Estado. 


Paralelamente  á  este  escándalo  político  surgió  otro 
referente  á  ciertos  escritos  del  doctor  Muehlon,  im- 
portante personaje  alemán,  que  al  estallar  la  gue- 
rra era  uno  de  los  directores  de  la  casa  Krupp,  y  que 
á  fines  de  Marzo  de  1918  ya  residía  en  Suiza. 

Por  esta  fecha  se  hizo  pública  la  siguiente  carta 
de   dicho   doctor,    fechada   en    Berna  el  7  de  Muyo 


l'AKIS. 


de  1917  y  dirigida  al  entonces  canciller  del  Imperio, 
Von  Bethmann-Hollweg: 
<>  excelencia: 
Cualesquiera  quesean  el  número  y  la  gravedad  de 
los  errores  y  las  faltas  que  desde  que  comenzó  la  gue- 
rra acá  lian  venido  cometiéndose  del  lado  alemán,  yo 
he  seguido  creyendo  por  espacio  de  largo  tiempo  que, 
á  pesar  de  todo,  tarde  ó  temprano,  penetraría  la  previ- 
sión en  la  mentalidad  de  nuestros  gobernantes.  No 
con  otra  esperanza  me  puse,  dentro  de  ciertos  límites, 
á  vuestra  disposición  para  colaborar  con  vosotros  en 
Rumania,  y  os  indiqué  que  estaba  dispuesto  á  coad- 
yuvar desde  el  país  donde  hoy  resido,  Suiza,  siempre 
y  cuando  el  fin  de  nuestros  esfuerzos  sea  una  aproxi- 
mación hacíalos 
países  enemi- 
gos. Mi  irrevo- 
cable renuncia 
al  puesto  que 
ocupaba  en  el 
Consejo  directi- 
vo de  la  casa 
Krupp  prueba 
que  desde  el 
principiode  rom- 
perse las  hostili- 
dades he  sido  y 
sigo  siendo  con- 
trario á  todo  mo- 
vimiento que  no 
tienda  á  la  re- 
conciliación y  la 
restauración. 

Pero  desde  los 
primeros  días 
de  1917  he  re- 
nunciado á  toda 
esperanza  por  lo 
que  atañe  á  los 
actuales  gobernantes  de  Alemania.  La  oferta  de  paz 
sin  indicación  de  fines  de  guerra,  la  guerra  submarina 
intensificada,  las  deportaciones  de  belgas,  las  destruc- 
ciones sistemáticas  llevadas  á  cabo  en  Francia,  el  tor- 
pedeamiento de  buques-hospitales  ingleses,  han  des- 
acreditado de  tal  modo  á  los  gobernantes  del  Imperio, 
que  tengo  la  profunda  convicción  de  que  se  hallan  ya 
por  siempre  descalificados  para  preparar  y  concluir 
una  concordia  justa  y  sincera.  Pueden  tal  vez  modifi- 
carse personalmente,  pero  siendo  los  represententes  de 
la  civilización  alemana,  jamás.  El  pueblo  alemán  no 
podrá  reparar  los  pecados  capitales  cometidos  contra 
su  propio  presente  y  su  porvenir,  contra  el  de  Europa  y 
el  de  la  humanidad  entera,  sino  hasta  que  esté  repre- 
sentado por  hombres  de  otra  índole  y  de  otra  mentali- 
dad. Para  ser  franco,  la  reputación  tan  mala  que  todo 
el  mundo  se  tiene  ya  formada  de  Alemania  no  es  sino 
justa.  El  triunfo  de  sus  métodos,  de  los  que  hasta 
aquí  se   ha  valido  para  conducir  militar  y  política- 


INAUGURACIÓN   DEL  MONUMENTO  AL  SABIO   BERTI1ELOT. 
DESFILE  DB  LAS  SOCIEDADES 


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VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


íucnte  la  guerra,  constituiría  una  verdadera  derrota  de 
los  ideales  y  las  esperanzas  supremas  de  la  humani- 
dad. No  hay  que  imaginar  que  un  pueblo,  por  agotado 
y  desmoralizado  que  esté,  consienta  en  hacer  la  paz 
con  un  gobierno  que  ha  hecho  semejante  guerra. 

<  ómo  hombre  y  como  alemán,  que  no  desea  sino  el 
bien  del  pueblo  alemán,  engañado  y  torturado,  vuelvo 
definitivamente  la  espalda  á  los  representantes  actua- 
les del  régimen  alemán.  Quisiera  que  todos  los  alema- 
nes hicieran  lo  propio.  Siéndome  actualmente  imposi- 
ble hacer  ninguna  manifestación  á  la  opinióü  pública 
alemana,  considero  que  es  mi  deber  estricto  informar 
á  Vuestra  ExceleDcia  de  mi  actitud.» 


LOS   FRANCESES   EN   AHAHIA.   TROPAS  MARCHANDO  AL   FRENTE 


He  aquí  ahora  los  pasajes  principales  de  lo  que 
dijo  el  doctor  Muehlon  en  sus  escritos  públicos: 

«A  mediados  de  Julio  de  1914  tuve,  como  solía 
hacerlo  con  frecuencia,  uoa  conversación  con  el  doc- 
tor Helffcrich,  entonces  director  del  Banco  Alemán 
en  Berlín,  y  hoy  día  vicecanciller.  El  Banco  Alemáu 
había  adoptado  una  actitud  de  oposición  respecto  de 
ciertas  grandes  transacciones  en  Bulgaria  y  Turquía, 
en  las  cuales  la  casa  Krupp  estaba  vivamente  intere- 
sada. Para  justificar  la  actitud  del  Banco  Alemán,  el 
doctor  Hclfferich  me  dio  por  último  la  siguiente  razón: 
La  situación  política  toma  un  aspecto  amenazador. 
El  Banco  Alemán  debe  en  todo  caso  esperar  antes  de 
contraer  ningún  compromiso  en  el  extranjero.  Los 
austríacos  acaban  de  hacer  causa  común  con  el  kaiser. 
Dentro  del  término  de  uua  semana  Viena  enviará  un 
ultimátum  muy  severo  á  Servia,  dándole  un  plazo  muy 
coito  para  responder.  En  ese  ultimátum  se  formularán 
demandas  tales  como  el  castigo  de  un  buen  número  de 
oficiales,  la  disolución  de  asociaciones  políticas,  la  in- 
vestigación criminal,  en  Servia,  por  funcionarios  aus- 


tríacos, y  en  suma,  una  serie  de  satisfacciones  defini- 
tivas será  exigida  en  seguida;  si  no,  Austria-Hungría 
declara  la  guerra  á  Servia.» 

El  doctor  Helfferich  agregó  que  el  kaiser  había  ex- 
presado su  aprobación  decidida  en  favor  de  tal  proce- 
der por  parte  de  Austria-Hungría.  Había  dicho  que 
él  consideraba  un  conflicto  con  Servia  como  asunto 
interno  entre  ambos  países,  en  el  cual  el  kaiser  no 
permitiría  que  ningún  otro  Estado  interviniese.  Si 
Rusia  movilizaba,  él  también  movilizaría.  Pero  en  su 
caso,  la  movilización  significaría  una  guerra  inme- 
diata. Esta  vez  no  andaría  con  vacilaciones.  Helferich 
dijo  que  los  austríacos  se  hallaban  muy  satisfechos  de 
la  decidida  actitud  adoptada  por  el 
kaiser. 

Oído  lo  anterior,  dije  al  doctor 
Helfferich  que  su  conversación  ve- 
nía á  confirmar  mis  temores  de  una 
guerra  mundial,  que  tenían  ya  gran 
fundamento,  en  certeza  absoluta. 
Contestóme  que,  en  efecto,  así  pa- 
recía. Pero  que  tal  vez  Francia  y 
Rusia  se  detendrían  á  considerar  de 
nuevo  la  cuestión.  Luego  exclamó 
que,  de  todos  modos,  los  servios 
merecían  una  lección  bien  dada. 
Esta  fué  la  primera  noticia  que  re- 
cibí de  las  discusiones  que  el  kaiser 
había  tenido  con  nuestra  aliada.  Yo 
estaba  al  tanto  de  las  relaciones  par- 
ticularmente íntimas  que  el  doctor 
Helfferich  cultivaba  con  los  perso- 
najes que  de  fijo  estaban  iniciados; 
así  que  esto  no  hizo  sino  venir  á 
confirmarme  en  que  su  opinión  era 
digna  de  fe. 

Después  de  mi  regreso  de  Berlín, 
informé  á  Herr  Krupp  von  Bohlen  y  Halbach,  de  quien 
era  yo  entonces  uno  de  los  directores  en  Essen.  El  doc- 
tor Helfferich  me  había  dado  permiso  para  ello,  y  en 
aquel  tiempo  se  tenía  la  intención  de  hacerlo  director 
de  Krupp.  No  dejó  de  perturbar  á  Von  Bohlen  la  noticia 
de  que  el  doctor  Helfferich  poseyese  tales  informes, 
limitándose  á  decirme  textualmente:  «Nunca  pueden 
esos  individuos  del  gobierno  callarse  la  boca.»  Luego 
añadió  que  él,  personalmente,  había  estado  también  á 
ver  al  kaiser  hacía  unos  cuantos  días.  (,»iie  el  kaiser  le 
había  hablado  á  la  vez  de  la  conversación  que  tuvo 
con  los  austríacos  y  del  resultado  de  ella;  pero  que  le 
había  descrito  aquello  como  de  tal  modo  secreto,  que 
él  i  Krupp)  no  se  habría  atrevido  á  informar  ni  á  sus 
propios  directores.  Sin  embargo,  agregó  que  puesto 
que  yo  lo  sabía  ya,  podía  él  asegurarme  que  las  decla- 
raciones de  Helfferich  eran  exactas.  En  efecto,  por  lo 
que  á  mí  me  pareció,  Helfferich  conocía  más  detalles 
que  Krupp  mismo.  Díjome  éste  que  la  situación  era 
en  verdad  muy  seria.  Que  el  kaiser  le  había  dichoque 
declararía  la  «-uerra  inmediatamente  si  Rusia  movili- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


117 


zaba,  y  que  en  esta  ocasión  el  pue- 
blo vería  que  él  se  bailaba  decidido. 
Al  afirmar  el  kaiser  que  esta  vez 
nadie  podría  acusarle  de  indecisión, 
había  tomado  su  rostro,  dice  Krupp, 
una  expresión  que  uo  dejaba  dudas. 
El  día  mismo  que  Helffericb  me 
había  anunciado  apareció  el  ulti- 
mátum de  Austria  á  Servia.  Esta 
vez  me  hallaba  de  nuevo  en  Ber- 
lín, y  le  dije  ;í  Helffericb  que  á  mí 
me  parecía  que  el  tono  y  el  con- 
texto del  ultimátum  eran  sencilla- 
mente monstruosos.  El  doctor  Helf- 
ferich,  no  obstante,  replicó  que  la 
nota  sonaba  así  únicamente  en  la 
traducción  alemana;  que  él  había 
visto  el  ultimátum  en  francés,  y 
que  en  francés  no  podía  decirse  que 
pareciese  tau  excesiva.  En  esa  oca- 
sión me  dijo  también  Helffericb  que 
el  kaiser  había  emprendido  su  ex- 
cursión por  el  Norte  solamente  para 

cubrir  las  apariencias;  que  no  había  proyectado  su     po  de  pagar  con  el  oro  que  ingresaba.  Eso  podía  hacer- 
viaje  en  la  escala  que  generalmente  acostumbraba  á     se  sin  llamarla  atención,  y  el  fondo  total  de  depósitos 
hacerlo,  sino  que  permanecería  á  la  expectativa  y     en  oro  iba  creciendo  de  día  en  día. 
en  comunicación  constante.  En  esos  momentos  no  Inmediatamente  después  del  ultimátum  de  Viena 

podía,  según  él  opinaba,  hacerse  otra  cosa  que  es-     á  Servia,  el  gobierno  alemán  hizo  declaraciones,  di- 
perar  y  ver  lo  que  ocurría.  Los  austríacos,  que  natu-     ciendo  que  Austria  Hungría  había  procedido  conforme 


PUESTO  FHANClid   EN    KHAN    VONNOUS 


raímente  no  creían  que  el  ultimátum  fuese  aceptado, 
comenzaban  en  realidad  á  movilizarse  con  rapidez,  á 
fin  de  no  dar  tiempo  á  que  las  demás  potencias  inter- 
viniesen. El  Banco  Alemán  había  hecho  ya  sus  arre- 


á  su  propia  iniciativa,  sin  consultar  previamente  á 
Alemania.  No  había  manera  de  reconciliar  estas  de- 
claraciones con  los  sucesos  precitados;  la  única  ex- 
plicación posible  era  que  el  kaiser  se  había  compró- 


los, con  objeto  de  estar  preparado,  ocurriera  lo  que  metido  á  proceder  sin  consultar  al  gobierno,  por  más 
ocurriese.  Por  ejemplo,  había  cesado  desde  hacía  tieui-  que,  como  dejo  demostrado  anteriormente,  el  conte- 
nido del  ultimátum  era  conocido 
con  toda  exactitud  en  Alemania. 
Herr  Krupp  von  Bohlen,  con  quien 
hablé  de  estas  declaraciones  alema- 
nas— cuyo  efecto  no  podía  ser  en 
todo  caso  sino  el  que  causa  una 
mentira — no  estaba  menos  confun- 
dido, porque,  como  él  decía,  Ale- 
mania no  debió,  en  tan  tremendo 
conflicto,  dar  carta  blanca  á  un  Es- 
tado como  Austria;  y  los  estadistas 
estaban  obligados  á  exigir,  tanto 
del  kaiser  como  de  nuestros  alia- 
dos, que  las  demandas  de  Austria  y 
el  ultimátum  á  Servia  fueran  dis- 
cutidos en  detalle  y  se  resolviesen 
en  definitiva  de  comúu  acuerdo. 
Cualquiera  que  fuese  el  punto  de 
vista  en  que  Alemauia  se  colocara, 
no  nos  debíamos  poner  á  disposi- 
ción de  los  austríacos,  exponiéndo- 
nos ;i  eventualidades  que  no  se  ha- 

CAMPAMBNTO   DK   KHAN    YO.NNOOS.   TRANSPORTE   DE  LOS   BNKKKMOS  bían    previsto    á    tieUipO.    Debió    lia- 


118 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


berse  procedido  de  modo  que  las  condiciones  se  ajus- 
tasen á  nuestras  obligaciones.  En  una  palabra,  Von 
Bohlen  opinaba  que  el  gobierno  alemán,  al  negar  toda 
ingerencia  previa,  si  en  ello  había  algún  indicio  de 
verdad,  cometía  una  ofensa  contra  los  principios  ele- 
mentales de  la  diplomacia;  y  me  dijo  que  tenía  pensado 
hablar  en  ese  sentido  á  Von  Jagow,  á  la  sazón  secre- 
tario de  Estado,  y  muy  buen  amigo  suyo. 

Como  resultado  de  esta  conversación,  Von  Bohlen 
me  manifestó  que  Von  Jagow  se  aferró  en  aseverar 
con  toda  firmeza  que  él  nada  tenía  que  ver  con  el  texto 
del  ultimátum  de  Austria-Hungría,  y  que  Alemania 
jamás  había  hecho  semejantes  demandas.  Contestando 
a  la  réplica  de  que  esto  era  inconcebible,  Von  Jagow 
respondió  que  él,  como  diplomático,  había  natural- 
mente pensado  en  hacer  tal  demanda.  Pero  que,  sin 
embargo,  cuando  él  (Von  Jagow)  se  estaba  ocupando 
del  asunto  y  fué  llamado,  el  kaiser  se  había  compro- 
metido á  tal  grado,  que  era  demasiado  tarde  para  pro- 
ceder conforme  á  la  tradición  diplomática,  y  no  que- 
daba otro  remedio.» 

Tales  testimonios,  alemanes  y  autorizadísimos  am- 
bos, corroboran  el  aserto  de  que  los  verdaderos  cul- 
pables de  la  guerra  europea  fueron  los  hombres  que 
gobernaban  á  Alemania  en  1914. 


II 

La  gran  ofensiva  alemana  en  el  frente  occi- 
dental, comentada  por  Lloyd  George 

El  9  de  Abril  de  1918,  cuando  las  tropas  alemanas 
estaban  lanzando  sus  tan  memorables  como  fracasa- 
dos asaltos  en  Picardía  y  en  el  Oise,  el  primer  minis- 
tro británico  pronunció  un  gran  discurso  sobre  la  si- 
tuación militar  y  sóbrelas  proposiciones  del  gobierno 
concernientes  á  la  cuestión  de  los  efectivos.  La  sala 
de  la  Cámara  de  los  Comunes  estaba  repleta  de  oyen- 
tes. Hecho  el  silencio,  Mr.  Lloyd  George  se  levantó 
y  dijo: 

«Hemos  entrado  en  la  fase  más  crítica  de  esta  te- 
rrible guerra.  La  tempestad  ha  calmado  por  el  mo- 
mento, pero  el  huracán  no  ha  pasado  todavía.  Sin 
duda  debemos  esperar  aún  feroces  embestidas,  y  éstas 
se  repetirán  hasta  que  el  enemigo  se  agote.  El  porve- 
nir del  Imperio,  el  de  Europa  y  el  de  la  libertad  mun- 
dial dependen  del  éxito  con  que  estos  últimos  ataques 
sean  resistidos  y  rechazados.  Por  eso  el  gobierno  se 
propone  hacer  hoy  al  Parlamento  ciertas  recomenda- 
ciones que  ayudarán  á  este  país  y  á  sus  aliados  á  capear 
el  temporal.  Siento  decir  que  significan  grandes  sacri- 
ficios para  muchas  clases  sociales,  y  nada  los  justifi- 
caría, á  no  ser  la  extrema  necesidad  y  la  certeza  de 
que  estamos  combatiendo  por  todo  lo  que  es  esencial 
y  sagrado  para  la  existencia  de  la  nación.  Antes  de 
referirme  á  las  circunstancias  que  hacen  preciso  el 
someter  tales  proposiciones  al  Parlamento,  debo  deci- 


ros por  qué  no  habéis  sido  convocados  antes.  Desde 
que  comenzó  la  batalla,  el  gobierno  ha  estado  ocupa- 
do constantemente  en  concertar  con  los  aliados  las 
medidas  necesarias  que  permitiesen  á  los  ejércitos  ha- 
cer frente  á  la  situación.  Las  cuestiones  que  nos  pro- 
ponemos someter  al  Parlamento  requerían  amplio  y 
cuidadoso  examen,  y  estimo  que  es  más  conveniente 
que  nuestra  asamblea  se  celebre  hoy  y  no  inmediata- 
mente después  del  ataque  germánico,  porque  así  toma- 
remos en  cuenta  estas  propuestas  en  condiciones  de- 
masiado lejanas  de  cualquiera  insinuación  de  pánico. 
Paso  á  estudiar  las  circunstancias  que  han  conducido 
á  la  actual  situación  militar.  Es  muy  difícil  en  estos 
momentos  hacer  un  relato  claro,  bien  relacionado  y 
digno  de  fe  de  los  acontecimientos.  Ha  habido  una 
gran  batalla  en  un  frente  de  cincuenta  millas,  la  ba- 
talla más  grande  en  la  historia  del  mundo.  Fuerzas 
enormes  han  chocado.  Ha  habido  una  retirada  de  las 
fuerzas  británicas,  y  en  estas  circunstancias  no  es 
muy  fácil  todavía  por  algún  tiempo  investigar  lo  que 
en  realidad  ha  ocurrido. 

La  Cámara  recordará  las  dificultades  con  que  tro- 
pezamos cuando  quisimos  hacer  una  investigación 
perfecta  de  lo  que  había  ocurrido  en  Cambrai.  Por 
algún  tiempo  fué  difícil  coordinar  la  historia  de  los 
sucesos,  y  eso  que  el  de  Cambrai  fué  un  aconteci- 
miento de  todo  punto  trivial  si  se  compara  con  esta 
gigantesca  batalla.  Los  generales  y  sus  Estados  Ma- 
yores están  en  operaciones,  y  tienen  que  concentrar 
su  atención  en  los  movimientos  del  enemigo.  Hasta 
que  esta  tensión  se  calme,  será  muy  difícil  iniciar  las 
investigaciones  necesarias  para  averiguar  con  exac- 
titud lo  que  ha  pasado  y  poder  dar  una  explicación 
adecuada  de  la  batalla.  Sin  embargo,  hay  dos  ó  tres 
hechos  bien  definidos,  y  al  referirme  á  ellos  desearía 
llamar  la  atención  sobre  dos  cosas  que,  á  mi  juicio, 
deben  evitarse  cuidadosamente.  La  primera  es  que  no 
debe  decirse  nada  que  pueda  ser  un  informe  para  el 
enemigo.  Nada  debe  decirse  que  pueda  alentar  á  éste, 
y  nada  debe  exponerse  tampoco  que  pueda  desanimar 
á  nuestras  propias  tropas,  que  tan  valientemente  com- 
baten en  estos  momentos.  La  segunda  cuestión  es  que 
todas  las  recriminaciones  deben  cesar  en  esta  hora. 

U)i  diputado. — ¿Y  toda  crítica? 

Lloyd  George. — Puedo  asegurar  á  mi  honorable 
colega  que  no  hay  aquí  ninguna  persona  que  tema  la 
crítica.  ¿Cuál  era  la  posición  al  comenzar  la  batalla? 
No  obstante  las  grandes  bajas  de  1917,  el  ejército  de 
Francia  era  considerablemente  más  fuerte  el  1."  de 
Enero  de  1918  que  el  1.°  de  Enero  de  1917.  Hasta 
fines  de  1917,  digamos  Octubre  ó  Noviembre,  las 
fuerzas  alemanas  de  combate  en  Francia  estaban  en 
la  proporción  de  dos  contra  tres  de  los  aliados.  Vino 
entonces  el  derrumbamiento  militar  de  Rusia,  y  los 
alemanes  lanzaron  sus  divisiones  libres  en  el  frente 
oriental  hacia  el  frente  occidental.  Tuvieron  asimismo 
en  cierta  medida  apoyo  austriaco.  Debido  al  aumento 
de  uuestros  ejércitos  en  1917,  cuando  se  inició  la  ba- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  UE  1914 


119 


talla  la  fuerza  combatiente  alemana  en  todo  el  frente 
occidental  era,  aproximadamente,  casi  igual  á  la  fuer- 
za combatiente  de  los  aliados.  En  infantería,  aquélla 
era  ligeramente  inferior;  en  artillería  era  inferior;  en 
caballería  era  considerablemente  inferior,  y,  lo  que  es 
más  importante,  en  aparatos  de  aviación  era  induda- 
blemente inferior. 

Otro  diputado. — Sí,  es  verdad,  pero  tenían  la  uni- 
dad de  mando. 

Lloyd  George.—k  eso  voy.  Los  alemanes,  en  con- 
secuencia, organizaron  sus  tropas  de  manera  que  pu- 
diesen obtener  un  mayor  número  de  divisiones  for- 
madas con  su  número  ligeramente  inferior  de  iüfantes 
y  de  bocas  de  fuego.  Pusieron  menos  batallones  en 
cada  división  y 
menos  hombres 
en  cada  bata- 
llón. Esto  es  tan 
sólo  asunto  de 
organización;  y 
todavía  queda 
por  ver  si  su  or- 
ganización es 
mej  o  r  que  la 
nuestra.  Es  ne- 
cesario explicar 
esto,  á  fin  de  que 
la  Cámara  pueda 
darse  cuenta  de 
por  qué,  con  un 
número  de  hom- 
bres aproxima- 
damente el  mis- 
mo, los  alema- 
nes tienen  en  es- 
te frente  mayor 
número  de  divi- 
siones. De  acuer- 
do con  todos  los  datos  que  se  poseen  acerca  de  las 
pérdidas  en  la  batalla,  esa  es  aproximadamente  en 
estos  momentos  la  fuerza  relativa  de  ambos  comba- 
tientes. Los  alemanes  tenían,  sin  embargo,  una  ó  dos 
ventajas  importantes.  La  primera,  la  inicia  linherente 
siempre  á  toda  ofensiva,  es  que  sabían  por  dónde 
intentaban  atacar.  Eligieron  el  terreno,  eligieron  la 
colocación  de  las  tropas,  conocieron  las  dimensiones 
y  fuerza  del  ataque  y  el  momento  y  método  de  él.  Todo 
ello  da  invariablemente  una  ventaja  inicial  á  una 
ofensiva.  La  defensa,  por  su  parte,  tiene  una  ventaja. 
Por  la  observación  aérea  es  difícil  ocultar  los  movi- 
mientos. Sin  embargo,  debido  á  la  posibilidad  de  mo- 
ver sus  tropas  de  noche,  lo  cual  los  aleraaues  hicieron 
constantemente,  hay  gran  margen  para  una  sorpresa 
á  pesar  de  la  observación  aérea,  y  de  ello  se  aprovechó 
extensamente  el  enemigo. 

Acerca  de  esto  quisiera  hacer  algunas  considera- 
ciones sobre  las  dificultades  que  han  tenido  que  afron- 
tar los  generales  aliados.  Antes  de  la  batalla,  la  con- 


EN  EL   MARNE.   SOLDADOS  SENEGALESES   DESCANSANDO 


centración  más  importante  de  fuerzas  alemanas  se 
efectuaba  frente  á  nuestras  tropas.  Esto  no  era,  sin 
embargo,  prueba  de  que  todo  el  peso  del  ataque  lo  fué- 
semos á  resistir  nosotros.  Había  una  gran  concentra- 
ción asimismo  frente  á  las  líneas  francesas,  y  una  con- 
siderable concentración — de  fuerzas  de  reserva — en  la 
parte  Norte  de  nuestra  línea.  Iniciada  la  batalla,  ó  in- 
mediatamente antes  de  ella,  los  alemanes,  de  noche, 
trajeron  sus  divisiones  de  la  región  Norte  al  punto  en 
que  el  ataque  tuvo  lugar.  Del  propio  modo  trajeron 
hasta  nuestro  frente  varias  divisiones  de  las  que  es- 
taban opuestas  á  los  franceses.  Igualmente  posible  les 
hubiera  sido  concentrar  fuerzas  ante  nosotros  y  ma- 
niobrar con  ellas  llevándolas  contra  los  franceses.  Ha- 
blo de  todo  esto 
tan  sólo  para 
mostrar  cuan  di- 
fícil es  para  un 
general  á la  de- 
fensiva formar- 
se juicio  exacto 
del  punto  por 
donde  vendrá  el 
ataque  y  del  si- 
tio en  donde  de- 
be concentrar 
sus  fuerzas. 

Este  problema 
fué  muy  cuida- 
dosamente estu- 
diado por  el  Es- 
tado Mayor  in- 
teraliado en  Ver- 
salles;  y  creo 
que.  en  justicia, 
debo  manifestar 
que  después  de 
un  estudio  pro- 
fundo de  la  posición  alemana  y  de  las  probabilidades 
del  caso,  llegaron  á  la  conclusión— y  así  lo  expusie- 
ron á  los  representantes  militares  y  á  los  ministros — 
en  el  mes  de  Enero  ó  á  principios  de  Febrero:  que  el 
ataque  se  iniciaría  al  Sur  de  Arras;  que  sería  un  ataque 
en  el  frente  más  grande  que  hasta  hoy  se  había  ataca- 
do; que  los  alemanes  acumularían  noventa  y  cinco 
divisiones  para  el  asalto;  que  lanzarían  todas  las  tropas 
y  acumularían  todo  el  esfuerzo,  á  fin  de  romper  en  tal 
punto  la  línea  británica;  que  su  objetivo  sería  la  cap- 
tura de  Amiens  y  la  separación  de  las  fuerzas  inglesas 
de  las  fuerzas  francesas.  Esta  fué  la  conclusión  á  que 
llegó  Sir  Henry  Wilson,  la  cual  se  nos  hizo  saber  en 
aquel  entonces,  hace  dos  ó  tres  meses,  y  estimo  que 
es  una  de  las  más  notables  predicciones  que  se  hayan 
hecho  de  las  intenciones  del  enemigo.  En  realidad,  el 
ataque  fué  llevado  á  cabo  por  noventa  y  siete  divisio- 
nes y  se  hizo  en  el  frente  más  amplio  hasta  hoy  asal- 
tado; su  objetivo  fué  la  captura  de  Amiens  y  la  separa- 
ción de  las  fuerzas  francesas  de  las  inglesas.  Todos  los 


120 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


detalles  previstos  se  han  realizado.  Otra  de  las  predic- 
ciones notables  fué  que  el  ataque  probablemente  ten- 
dría éxito,  logrando  perforar  la  linea  británica  en  una 
extensión  equivalente  á  la  mitad  del  frente  atacado. 
Llegóse  á  esta  conclusión  en  virtud  del  estudio  de  las 
ofensivas  anteriores  en  esta  guerra.  Existían  otras 
ventajas  igualmente  en  favor  del  enemigo.  Primera, 
la  que  detenta  quien  lleva  la  iniciativa;  la  otra,  in- 
dudablemente la  mayor,  tener  unidad  de  mando;  en 
tanto  que  por  nuestra  parte  había  dos.  En  esta  última 
ventaja  confiaban  los  alemanes  para  su  éxito,  y  mu- 
cha parte  del  alcanzado  en  este  ataque  se  debe  á  tal 
circunstancia.  He  sabido  que  el  kaiser  dijo  en  cierta 
ocasión  al  ex  rey  Constantino:  «Los  derrotaré,  porque 
no  tienen  unidad 
de  mando.»  Esto 
demuestra  la  im- 
portancia que  á 
tal  hecho  daban 
los  alemanes,  á 
pesar  de  su  lige- 
ra inferioridad 
numérica.  Sa- 
bían toda  la  im- 
portancia que 
tiene.  Y  ésta  es 
obvia,  porque  si 
los  riesgos  en 
una  parte  deter- 
minada de  la  lí- 
nea son  gran- 
des, y  en  otra 
porción  de  ella 
son  asimismo 
grandes,  pero 
substancialmen- 
te  menores  que 
en  la  primera, 
cuando  existe 


FIESTA    DEL    14   DE   JULIO    1017    EN    HAM    (SOMMK).    LA   PLAZA    DEL    AYUNTAMIENTO 
DURANTE    EL    DISCURSO   DE    VIVÍAN! 


tura  elevada  aumentó  la  neblina,  y  hubo  ocasiones  en 
que  los  alemanes  llegaron  cu  algunos  sitios  hasta 
pocas  yardas  de  nuestra  línea  antes  de  que  nadie  se 
hubiese  dado  cuenta  de  que  se  acercaban.  Era  impo- 
sible toda  observación.  Esta  fué  una  desventaja  gran- 
de para  nosotros,  ya  que  el  sistema  de  nuestra  orga- 
nización en  ese  sector  de  la  linca  radica  principal- 
mente en  los  fuegos  cruzados  de  ametralladoras  y 
cañones.  Los  alemanes  tuvieron,  pues,  una  especial 
ventaja,  y  la  aprovecharon  en  toda  su  extensión.  Por 
lo  que  se  refiere  á  la  batalla,  como  ya  dejo  dicho,  pasa- 
rá todavía  algún  tiempo  antes  de  poder  coordinar  todo 
lo  ocurrido.  En  un  momento  dado,  la  situación  fué  sin 
duda  muy  crítica.  El  enemigo  rompió  la  línea  entre 

el  3.°  y  5.°  ejér- 
citos é  hizo  bre- 
cha; pero  la  si- 
tuación se  resta- 
bleció gracias  á 
la  magnífica 
conducta  de 
nuestras  tropas. 
En  perfecto  or- 
den se  retiraron 
las  tropas,  resta- 
bleciendo el  con- 
tacto entre  am- 
bos ejércitos  y 
frustrando  el 
propósito  enemi- 
go. La  Cámara 
difícilmente  po- 
drá darse  cuenta 
de  la  situación, 
y  en  verdad, 
nunca  agradece- 
rá bastante,  ni 
el  país  tampoco, 
el  soberbio  valor 


un  mando  único  no  hay  vacilación  en  el  ánimo  del  de  las  tropas  y  la  estoica  tenacidad  con  que  se  enfren- 
general  cu  jefe  acerca  de  cuál  será  el  mayor  riesgo  taron  contra  las  hordas  aplastantes  del  enemigo  y  se 
que  tendrá  que  afrontar.  Con  dos  mandos  separados,  sostuvieron  en  sus  posiciones.  Retiráronse,  pero  no 
el  problema  es  diferente.  Es  más  difícil  apreciar  el  pe-  fueron  puestos  en  fuga,  y  una  vez  más  el  frío  valor 
ligro,  y  además,  en  general  se  inclina  naturalmente  á  del  soldado  británico,  que  rehusa  declararse  vencido, 
dar  á  su  ejército  la  primacía,  porque  si  hay  un  fraca-  salvó  á  Europa, 
so,  él,  y  solamente  él,  será  considerado  como  respon-  Un  diputado. — ¿Y  los  generales? 
sable  de  la  salud  de  sus  tropas.  Lloyd  Gcorgc. — Cuando  hablo  del  ejército,  me  re- 
El  enemigo  tenía  además  en  su  favor  una  ventaja  fiero  á  todo  el  ejército,  generales,  oficiales  y  soldados, 
incidental,  pero  que  resultó  muy  importante:  la  del  Quiero  decir,  el  ejército  todo  sin  distinción.  Su  con- 
tiempo. Lo  seco  y  nebuloso  de  éste  favoreció  sus  de-  ducta  ha  sido  increíblemente  valerosa  y  de  gran  san- 
signios.  El  ataque  que  tuvo  éxito  fué  hecho  en  una  gre  fría,  demostrada  en  las  más  difíciles  circunstan- 
parte  de  la  línea  por  la  cual,  en  las  condiciones  usua-  cias.  No  creo  que  se  puedan  hacer  distinciones  entre 
les  de  la  primavera,  no  se  hubiera  podido  pasar.  Un  ofi-  oficiales  y  soldados.  Me  refiero  al  ejército  británico,  y 
cial  herido  dijo  hoy  á  un  general  amigo  mío,  que  en  con  ello  lo  digo  todo.  Acaso  me  referiré  especialmeute 
circunstancias  ordiuarias  nadie  hubiera  podido  cami-  á  lo  que  hizo  un  general  de  brigada.  Ya  se  ha  dicho 
nar  en  esta  época  del  año  por  donde  pasaron  los  ale-  algo  en  la  prensa.  En  un  punto  dado,  había  una  gran 
manes,  gracias  á  que  estaba  seco  y  firme,  lo  cual  no  brecha  que  hubiese  permitido  al  euemigo  introducirse 
era  de  esperarse  en  la  presente  estación.  La  tempera-  hasta  Calais,  ya  que  en  la  confusión  de  una  retirada 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


lL'l 


en  un  frente  de  batalla  tan  extenso  pueden  suceder  gracias  al  heroísmo  con  que  se  sostuvo  el  3. "cuerpo 
estas  cosas.  Reunió  á  ferrocarrileros,  fogoneros,  ma-  de  ejército,  defendiendo  palmo  á  palmo  el  terreno, 
quinistas,  asistentes,  jornaleros,  es  decir,  todo  lo  que  creo  muy  justo  decir  esto  al  referirme  al  ejército  man- 
pudo  encontrar;  los  arrojó  á  la  línea  de  batalla,  detu-  dado  por  el  general  Byng,  la  retirada  se  llevó  á  cabo 
vo  al  ejército  alemán,  y  cerró  la  brecha  abierta  hacia  ordenadamente,  como  consecuencia  de  la  retirada  de 
Amieus  por  espacio  de  seis  días.  (Aplausos  y  gritos  su  flanco  derecho.  Gracias  también  á  los  esfuerzos  de 
de:  «¿Quién  es?  ¿quién  es?»)  nuestros  soldados  y  á  la  leal  ayuda  que,  inspirado 

Lloyil  Gcorye.—VA  brigadier-general  Carey.  Creo  por  verdadero  espíritu  de  compañerismo,  les  prestó  el 
que  merece  especial  mención  por  una  de  las  más  bri-  ejército  francés,  la  situación  se  ha  restablecido  por  el 
liantes  hazañas  en  la  historia  del  ejército  británico. 
(Aplausos.) 

Un  diputado.— ¿Y  el  general  Butler? 

Lloyd  Gcorgc. — Si  fuese  yo  á  mencionar  á  todos 
los  generales  que  se  han  distinguido  en  esta  batalla, 
emplearía  mu- 
chísimo tiempo 
en  ello.  Hasta 
que  las  circuns- 
tancias todas 
que  determina- 
ron la  retirada 
del  5."  cuerpo  de 
ejército  y  el  no 
haber  conserva- 
do la  línea  del 
Soinme,  cuando 
menos  hasta  que 
los  alemanes  tra- 
jeran sus  caño- 
nes, y  tal  vez  el 
no  haber  destruí- 
do  conveniente- 
mente los  puen- 
tes; hasta  que 
todos  estos  inci- 
dentes, repito, 
queden  explica- 
dos, sería  injus- 
to censurar  al 

general  Gough,  á  cuyo  mando  estaba  dicho  cuerpo  de  de  los  acontecimientos.  El  enemigo  ha  cogido  va- 
ejército.  Pero  por  otra  parte,  hasta  que  todas  estas  cir-  lioso  territorio,  que  está  demasiado  cerca  de  Amiens 
cunstancias  queden  esclarecidas,  sería  asimismo  in-  para  sentirnos  cómodos  ó  seguros,  y  por  el  momento 
justo  para  con  el  ejército  británico  mantenerlo  en  su  ha  logrado  también  debilitar  uno  de  nuestros  grandes 
mando  militar.  cuerpos  de  ejército.  Llegado  á  este  punto  diré  á  la  Cá- 

Otro  diputado.— ¿¡Va  á  ser  sometido  á  Consejo  de  mará  algunas  de  las  medidas  que  el  gabinete  ha  toma- 
guerra?  do  para  contrarrestar  lo  ocurrido.  Ya  dejo  explicado  lo 

Lloyd  Georye.—Se  ha  considerado  suficiente  relé-  que  se  ha  hecho  respecto  á  las  reservas  francesas.  El 
vario  mientras  los  hechos  se  esclarecen  plenamente  y  gabinete  dio  todos  los  pasos  para  enviar  á  toda  prisa 
son  puestos  en  conocimiento  del  gobierno  por  con-  refuerzos  que  llenasen  los  huecos  abiertos  en  nuestros 
ducto  de  sus  consejeros  militares.  Después  de  la  reti-  ejércitos.  Nunca  ha  cruzado  el  canal  de  la  Mancha  tal 
rada  del  5."  ejército,  las  reservas  francesas  vinieron  número  de  hombres  como  ahora  y  en  tan  corto  espa- 
con  notable  rapidez,  si  se  tiene  en  cuenta  la  posición  ció  de  tiempo.  Dada  la  gravedad  de  las  circunstancias, 
que  ocupaban  antes  de  la  batalla.  La  prontitud  con  era  imposible  permitir  á  aquellos  á  quienes  se  necesi- 
que  estas  tropas  francesas  fueron  lanzadas  al  ataque  taba  en  Francia  usar  en  toda  su  extensión  el  permiso 
cuando  se  tomó  la  decisión  final,  en  vista  de  los  de-  que  se  les  había  concedido  para  visitará  sus  familias, 
signios  ya  claros  del  enemigo,  es  uno  de  los  éxitos  Con  gran  pena  juzgamos  necesario  cortar  tales  per- 
más  notables  de  organización  en  esta  guerra.  Gracias  misos.  La  gravedad  de  la  situación  justifica  el  proce- 
al  valor  de  nuestras  tropas  y  la  dirección  de  ellas,     dimiento.  Las  tropas  han  aceptado  los  a^ontecimien- 

Toho  ]X  15 


NOYON   (OISB).   FIESTA  DEL   14   DE   JULIO   1917.    LA   MULTITUD  DURANTE 
BL  DISCURSO   DE   VIVIANI 


momento.  Pero  es  evidente  que  los  alemanes,  que  han 
alcanzado  un  éxito  inicial,  están  preparando  otro  ata- 
que— tal  vez  mayor  aún — contra  los  ejércitos  aliados. 
Hay  que  reconocer  que  el  enemigo  ha  alcanzado  un 
gran  éxito  inicial— no  conduce  á  nada  bueno  el  no 

aceptar  los  he- 
chos, cuando  en 
ellos  debemos 
establecer  las 
bases  de  nues- 
tro nuevo  edifi- 
cio— ,  pero  lia 
fracasado  en  lo 
que  concierne  á 
su  objetivo  prin- 
cipal. Ha  fraca- 
sado en  la  toma 
de  Amiens.  Ha 
fracasado  en  su 
intento  de  sepa- 
rar á  los  ejérci- 
tos franco-britá- 
nicos. No  dis- 
tante, seríamos 
culpables  de  un 
grande,  más 
bien  diré  fatal, 
error  si  fuése- 
mos á  descono- 
cer la  gravedad 
cogido 


122 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


tos  con  una  entereza  tal  que  aún  honra  más  á  la 
fuerza  de  espíritu,  valor  y  patriotismo  de  que  han 
dado  tantas  pruebas.  Se  había  llegado  al  acuerdo  de 
que  los  jóvenes  de  menos  de  diez  y  nueve  años  no  se- 
rían utilizados  sino  en  caso  de  gravedad.  Hemos  creído 
que  el  momento  de  utilizar  sus  servicios  ha  llegado, 
y  aquellos  que  ja  han  pasado  los  diez  y  ocho  años 
y  medio,  aquellos  que  han  recibido  instrucción  seis 
meses,  hemos  estimado  oportuno  enviarlos  á  Francia. 
Por  lo  que  respecta  á  los  cañones  y  ametralladoras  que 
se  han  perdido,  el  enemigo  ha  exagerado  grandemente 
su  número.  Se  me  asegura  que  también  se  ha  exage- 
rado mucho  el  número  de  los  prisioneros  que  han  he- 
cho. El  propio  general  en  jefe  me  dijo  la  semana  pa- 
sada que  hay  gran  exageración  en  ello.  Me  es  muy 
grato  manifestaros  que  el  Ministerio  de  Municiones 
ha  podido  no  solamente  reemplazar  tales  ametralla- 
doras y  cañones,  sino  que  aún  tiene  una  reserva  muy 
considerable.  Lo  mismo  digo  en  lo  que  respecta  á  mu- 
niciones, tanto  en  este  país  como  en  Francia.  La  po- 
tencialidad de  nuestro  servicio  aéreo  es  mayor  aún  ac- 
tualmente que  antes  de  la  batalla,  en  la  cual  ya  sabe- 
mos todos  los  brillantes  servicios  que  han  prestado 
nuestros  aviadores.  Mientras  no  se  conozca  toda  la  his- 
toria de  la  batalla,  será  imposible  darnos  cuenta  de  los 
servicios  que  han  prestado,  retrasando  el  avance  del 
enemigo,  destruyendo  su  material  de  guerra  y  hacién- 
dole dificilísimo  traer  sus  cañones  y  municiones.  Te- 
nemos plena  confianza  en  que  nuestros  ejércitos  segui- 
rán portándose  así  en  los  combates  que  se  avecinan. 
Deseo  llamar  la  atención  de  la  Cámara  sobre  un 
punto  de  bastante  importancia.  Me  refiero  á  la  pode- 
rosa y  espontánea  ayuda  que  representa  en  estos  mo- 
mentos la  decisión  del  presidente  Wilson,  y  que  cons- 
tituye una  de  las  más  importantes  decisiones  de  la 
guerra.  Tal  decisión  puede  determinar  el  éxito  de  la 
batalla.  Había  en  los  Estados  Unidos  un  gran  número 
de  hombres  recibiendo  instrucción,  y  los  aliados  espe- 
raban ver  en  esta  primavera  un  gran  ejército  norte- 
americano en  Francia.  Ha  tardado  un  poco  más  de  lo 
que  se  esperaba  el  preparar  á  dichos  soldados  dentro 
de  una  organización  de  divisiones.  Si  los  Estados  Uni- 
dos hubiesen  esperado  completar  estas  divisiones,  no 
sería  posible  para  estas  magníficas  tropas  intervenir 
en  grandes  masas  en  esta  batalla,  en  esta  campaña, 
aun  cuando  pudieran  muy  bien  hacerlo  en  la  batalla 
decisiva  de  esta  guerra.  Esto,  por  supuesto,  fué  uno  de 
los  más  serios  desengaños  que  los  aliados  han  sufrido. 
De  nada  sirve  querer  afirmar  que  esto  no  fuera  uno  de 
nuestros  principales  motivos  de  ansiedad.  Confiába- 
mos en  que  los  Estados  Unidos  remediarían  grande- 
mente la  defección  de  Rusia.  Por  muchas  razones,  ra- 
zones quizá  de  transporte,  razones  relacionadas  con 
el  tiempo  que  se  ha  de  menester,  no  sólo  para  instruir 
las  tropas,  sino  para  llegar  á  establecer  una  organiza- 
ción perfecta  en  general,  fué  materialmente  imposible 
trasladar  á  Francia  el  número  de  divisiones  que  se 
había  esperado. 


En  vista  de  esto,  sometimos,  por  consiguiente,  al 
presidente  de  los  Estados  Unidos  una  proposición  di- 
ferente. Tuvimos  la  fortuna  de  que  el  ministro  de  la 
Guerra  de  aquel  país  se  hallara  á  la  sazón  en  nuestro 
suelo  cuando  comenzó  la  batalla.  Nuestro  excelentí- 
simo colega  el  señor  Balfour  y  yo  habíamos  tenido 
una  larga  conversación  con  él  sobre  toda  la  situaciÓD, 
y  le  sometimos  ciertas  recomendaciones  que  se  nos 
habían  aconsejado  hacer  á  Mr.  Baker  y  al  gobierno 
yanqui.  Basándonos  en  lo  acordado  en  esa  conversa- 
ción, sometimos  proposiciones  al  presidente  "Wilson, 
con  el  apoyo  decidido  de  M.  Clemenceau,  á  fin  de  per- 
mitir que  la  fuerza  combatiente  del  ejército  norteame- 
ricano entrara  en  acción  durante  esta  batalla,  puesto 
que  no  había  esperanza  de  que  entrara  pronto  como 
ejército  aparte.  En  virtud  de  esta  decisión,  los  bata- 
llones norteamericanos  entrarán  á  formar  parte  en  los 
de  los  aliados.  Esta  proposición  fué  sometida  por  Lord 
Reading,  en  nombre  del  gobierno  británico,  y  el  pre- 
sidente Wilson  accedió  á  elia  sin  vacilar,  lo  cual  ha 
tenido  por  resultado  que  se  estén  llevando  á  cabo 
arreglos  que  permitan  lanzar  en  la  contienda  inmedia- 
tamente el  contingente  del  ejército  yanqui:  contienda 
que  apenas  comienza  ahora.  Á  ese  grado— y  ya  no  es 
poco  decir — se  halla  hoy  contenida  la  ofensiva  alema- 
na. Ello  ha  estimulado  la  resolución  y  las  energías  de 
los  Estados  Unidos  de  Norte  América  más  que  cual- 
quier otro  evento  de  los  ocurridos  hasta  hoy. 

Hay  otra  decisión  importante  tomada  por  los  go- 
biernos aliados,  sobre  la  cual  debo  llamar  la  atención 
de  la  Cámara.  Después  de  cada  batalla,  los  ejércitos 
aliados  sufrían  grandes  iucon  venientes,  debido  á  tener 
que  luchar  como  si  fuesen  dos  ejércitos  distintos;  era 
preciso  algún  apoyo  mutuo.  E<to  originó  á  menudo 
no  poca  pérdida  de  tiempo.  El  peligro  no  dejó  de  pre- 
ocuparnos desde  un  principio,  y  siempre  hicimos  cuan- 
to podíamos  para  contrarrestarlo.  Sin  embargo,  pre- 
sentaba dificultades  ingénitas  tremendas,  como  con 
frecuencia  lo  he  señalado  á  la  Cámara.  Existen  prejui- 
cios nacionales,  intereses  propios,  egoísmos  profesio- 
nales y  tradiciones  que  respetar.  Es,  pues,  casi  inac- 
cesible eso  de  lograr  que  dos,  tres  ó  más  ejércitos  in- 
dependientes lleguen  á  luchar  como  si  no  fuesen  mas 
que  uno  solo;  la  única  manera  de  realizarlo  es  contan- 
do con  la  opinión  pública  de  todos  y  cada  uno  de  esos 
países  en  particular  como  condición  esencial  de  triun- 
fo. El  Consejo  interaliado  de  Vcrsalles  fué  un  esfuerzo 
por  remediarlo.  Veamos  cómo  se  llevaron  á  efecto  las 
decisiones  de  Versalles.  En  cuanto  á  la  extensión  á 
que  pudieran  haberse  llevado,  no  es  este  el  momento 
de  discutir.  Respetuosamente  hago  saber  á  la  Cámara 
que  ningún  bien  resultaría  de  hacerlo;  mas  si  hay  al- 
guien que  deseare  convencerse  de  la  utilidad  de  tal 
proceder,  la  presente  batalla  se  lo  demostrará.  El  peli- 
gro de  que  nos  hemos  salvado  formándonos  esa  con- 
vicción inquebrantable  bien  vale,  ajuicio  mío,  el  pre- 
cio que  hemos  pagado. 

Unos  días  después  de  comenzada  la  batalla,  no  sólo 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


123 


el  gobierno,  sino  los  jefes  de  ejército  (porque  además 
de  los  mariscales  de  campo  estaban  presentes  todos 
los  primeros  jefes  militares),  se  hallaban  tan  conven- 
cidos— y  lo  mismo  lo  estaban  los  franceses— de  la  im- 
portancia de  una  unidad  estratégica  más  completa, 
que  aceptaron  unánimes  el  nombramiento  del  general 
Foch  en  la  dirección  suprema  de  la  estrategia  de  todos 
los  ejércitos  aliados  del  frente  occidental.  Permitidme 
que  os  diga  unas  palabras  acerca  del  general  Foch.  No 
sólo  es  uno  de  los  más  brillantes  jefes  militares  euro- 
peos; es  el  hombre  que,  en  los  momentos  de  la  no  me- 
nos crítica  batalla  de  Yprcs,  supo  lanzar  el  ejército  fran- 
cés al  lugar  de  la  lucha  por  todos  los  medios  concebi- 
dos, ómnibus,  carricoches,  berlinas,  y  de  cuanto  pudo 
echar  mano;  y 
por  último,  me- 
tiendo división 
tras  división,  uo 
hay  duda  de  que 
contribuyó  pode- 
rosamente á  ga- 
nar la  gran  ba- 
talla. Esta  uni- 
dad estratégica 
es  la  gran  con- 
dición de  la  vic- 
toria ti  nal.  Sólo 
es  posible  man- 
tenerla median- 
te una  perfecta 
cooperación  en- 
tre los  gobiernos 
y  los  generales, 
y  por  algo  más 
que  eso,  es  de- 
cir, por  uua  in- 
equívoca opi- 
nión pública  que 

le  sirva  de  apoyo.  La  razón  que  tengo  para  decirlo  es 
que  el  puesto  de  un  generalísimo,  en  el  sentido  ordi- 
nario y  lato  de  la  palabra,  sería  impracticable. 

Tres  son  las  funciones  que  un  generalísimo  des- 
empeña: la  estratégica,  la  táctica  y  la  administrativa. 
¿En  qué  consiste  la  administrativa?  Significa  regular 
la  organización,  nombrar  ó  suprimir  jefes  y  oficiales; 
facultades  que  es  difícil,  casi  imposible,  que  puedan 
concederse  á  un  general  de  otro  país  en  un  ejército 
nacional.  Por  tanto,  á  pesar  de  todos  los  arreglos  cele- 
brados, á  menos  que  haya  no  simplemente  buena  vo- 
luntad, sino  la  seguridad  de  que  el  público  en  Fran- 
cia, en  la  Gran  Bretaña  y  en  los  Estados  Unidos 
coadyuvará  en  la  coordinación  y  apoyará  á  las  auto- 
ridades en  los  supremos  planes  estratégicos  trazados 
por  los  gobiernos,  sin  la  sanción  de  la  autoridad  de 
éstos,  todo  arreglo  será  fútil  y  perjudicial. 

No  me  arrepiento  de  haber  dedicado  á  este  punto 
alguna  atención.  Siempre  me  ha  parecido  que  los  ejér- 
citos aliados  estaban  perdiendo  valor  y  eficiencia  á 


'-; 


HOYO   AUIERTO   POR  UN  OBÚS   KN   EL   FRENTE   DEL   SOMMB 


causa  de  esta  falta  de  coordinación,  y  que  era  menes- 
ter concentrarlos.  Ello  ha  sido  origen  ya  de  muchos 
desastres,  y  seguiríamos  teniéndolos  de  uo  corregir 
este  defecto  de  nuestra  organización.  Siento  que  hasta 
ahora  todos  los  esfuerzos  que  se  han  hecho  en  pro  do 
un  remedio  eficaz  habían  redundado  en  controversias 
reñidas  y  prolongadas  más  de  lo  regular,  dificultades 
grandes  é  inherentes  que  no  hacían  sino  acentuarse  y 
agravarse.  Se  presentaban  dificultades  en  la  ejecu- 
ción de  los  planes,  además  de  otros  obstáculos,  y  lo 
que  es  peor,  se  perdía  un  tiempo  precioso.  Kuego  á  la 
nación  entera  que  permanezca  unida  en  favor  de  un 
régimen  único  de  las  operaciones  estratégicas  de  nues- 
tros ejércitos  cu  el  frente.  Todos  sabemos  la  importan- 
cia que  en  estos 
momentos  tiene 
launidad  de  con- 
centración. Lu- 
chamos contra 
un  enemigo  po- 
deroso, cuyo  Tíni- 
co triunfo  radica 
principalmente 
en  cierta  supe- 
rioridaddeunión 
y  de  concentra- 
ción de  sus  pla- 
nes estratégicos. 
Hay  otra  cues- 
tión á  la  cual 
deseo  referirme. 
No  falta  quien 
haya  creído  que 
nuestras  fuerzas 
han  sido  debili- 
tadas en  empre- 
sas subsidiarias. 
Ni  una  sola  divi- 
sión ha  sido  enviada  de  Francia  á  Oriente.  Por  lo  que 
respecta  á  Italia,  si  no  hubiera  sido  porque  hay  allí 
divisiones  italianas,  francesas  y  británicas,  el  ejército 
austríaco  habría  podido  lanzar  todas  sus  fuerzas  sobre 
el  frente  occidental.  Sin  eso,  el  ejército  austríaco 
habría  significado  una  fuerza  mayor  sobre  el  frente 
occidental.  Con  respecto  á  Salónica,  lo  único  que  el 
actual  gobierno  hizo  fué  reducir  las  fuerzas  quitando 
dos  divisiones. 

l'n  diputado. — Las  había  aumentado  al  principio. 
Lloyd  Oeorge. — El  gobierno  actual  quitó  dos  divi- 
siones. En  Mesopotarnia  no  hay  mas  que  una  división 
de  blaucos,  y  en  Egipto  y  Palestina  juntos  no  hay  mas 
que  tres  divisiones  de  blancos;  el  resto  son  indios,  con 
uDa  proporción  mínima  de  tropas  británicas:  me  re- 
fiero á  divisiones  de  infantería.  Quiero  que  la  Cámara 
se  dé  cuenta  de  lo  que  en  realidad  significa  todo  esto. 
Existe  una  amenaza  contra  nuestras  posesiones 
orientales  en  Persia,  pues  es  por  Persia  por  donde  se 
va  á  Afganistán,  y  á  través  de  Afganistán  se  amenaza 


1LU 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


á  toda  la  India.  De  no  haber  sido  por  los  golpes  infe- 
ridos a  los  turcos,  ¿qué  habría  ocurrido?  Debo  hacer 
constar  que  antes  de  estos  ataques  había  divisiones 
turcas  ayudando  á  los  alemanes  en  Kusia.  Habrían 
ayudado  á  los  alemanes  en  el  Oeste,  exactamente 
como  les  ayudaron  en  Oriente.  Y  si  no  ha  ocurrido 
así.  es  porque  se  vieron  atacados  en  Palestina  y  Me- 
sopotamia,  y  dos  ejércitos  turcos  quedaron  allí  des- 
truidos. Si  hubiéramos  permanecido  en  Egipto  y  de- 
fendídolo  quedándonos  en  el  canal,  dejando  á  los 
turcos  que  nos  detuvieran  con  pocas  fuerzas,  mien- 
tras ellos  seguía  poniendo  todas  sus  tropas  en  Me- 
sopotamia  y  amenazando  de  paso  nuestra  posición  en 
la  India,  los  turcos  podían  estar  ahora  ayudando  á  los 


misma  tan  espléndidamente  ha  contribuido.  Muchos 
de  sus  soldados  se  alistaron  voluntarios  desde  el  co- 
mienzo de  la  guerra,  y  en  más  de  un  campo  de  ba- 
talla han  probado  mayores  aptitudes  que  sus  adversa- 
rios turcos. 

Lamento  haber  tenido  que  distraer  á  la  Cámara 
tanto  tiempo  discutiendo  estos  puntos,  y  voy  en  se- 
guida á  tratar  de  la  cuestión  de  las  pérdidas,  insinua- 
da por  nuestro  excelentísimo  colega  del  banco  de  la 
oposición.  Es  demasiado  pronto  todavía  para  poder 
citar  con  exactitud  nuestras  pérdidas,  pero  en  el  caso 
de  una  batalla  desarrollada  en  un  frente  tan  extenso, 
reñida  con  tal  intensidad  durante  más  de  quince  días. 
con  tan  vasto  número  de  tropas,  las  pérdidas  han  de 
ser  necesariamente  elevadas.  El 
número  de  prisioneros  que  el  ene- 
migo pretende  haber  hecho  es  muy 
exagerado.  Sir  Douglas  Haig  en 
persona  me  ha  asegurado  que,  da- 
dos los  contingentes  que  él  tiene  á 
su  disposición,  es  sencillamenteim- 
posible  perder  tantos  hombres.  Por 
los  cálculos  que  él  me  hizo,  aparece 
que  las  pretensiones  del  enemigo 
son  evidentemente  descabelladas. 
Con  todo,  nuestras  pérdidas  son 
grandes,  y  ha  sido  menester  echar 
mano  de  buena  parte  de  nuestras 
reservas  para  reparar  el  desgaste  y 
reorganizar  unidades;  es  más,  si  la 
lucha  continúa  en  la  presente  esca- 
la, nuestras  reservas,  tanto  en  hom- 
bres como  en  recursos  materiales, 
tendría  que  llegar  á  ser  motivo  de 
gran  ansiedad  entre  nosotros  si  no 
tomáramos  con  tiempo  medidas 
eficaces.  La  necesidad  inmediata 
se  halla  remediada  de  espléndida 
y  generosa  manera  por  la  pronti- 
alemanes  en  Occidente,  como  lo  hicieron  en  Oriente,  tud  con  que  los  Estados  Unidos  han  acudido  á  ayu- 
Antes  bien,  han  sido  batallones  alemanes  los  que  han  darnos.  Pero  á  sus  tropas  se  les  está  dejando  simple- 
tenido  que  ir  á  ayudar  á  los  turcos.  Así  sucedió  no  mente  el  tiempo  necesario  para  prepararse,  con  objeto 
hace  mucho  en  Palestina.  Después  de  todo,  cuando  se  de  incorporarlas  en  la  primera  ocasión  propicia  en  un 
tiene  un  gran  Imperio,  hay  que  defenderlo.  Hubo  una  ejército  norteamericano  en  Francia,  y  aun  suponiendo 
vez  un  Imperio  que  retiró  sus  legiones  de  las  posesio-  que  se  quedaran  en  las  filas  británicas  hasta  que 
nes  externas  de  su  dominio  para  defender  su  centro  acabe  la  lucha,  llegará  un  día  en  que  necesitemos  mu- 
contra  los  godos,  y  esas  legiones  ya  no  volvieron  más.  enísimos  refuerzos  si  esta  batalla  continúa. 
El  Imperio  británico  no  se  ha  visto  todavía  en  ese  Ruego  á  la  Cámara  se  sirva  considerar  por  un  trio- 

aprieto.  Podemos  defendernos  en  Francia,  y  podemos  mentó  lo  que  los  planes  del  enemigo  pueden  ser,  tal 
al  mismo  tiempo  defender  nuestro  Imperio  contra  como  se  han  revelado  ya.  Nunca  se  había  creído  que 
cualquiera  que  lo  asalte  en  cualquier  parte  del  mundo,  hubiera  embestido  así,  pues  debe  hallarse  consciente 
¿Necesito,  antes  de  cerrar  este  tema,  hacer  constar  de  lo  que  en  tal  caso  significa  perder  la  partida;  pero 
la  gratitud  que  debemos  á  la  India  por  la  conducta  la  decisión  está  tomada.  Esta  batalla  prueba  que  el 
magnífica  con  que  ha  acudido  en  auxilio  del  Imperio  enemigo  está  definitivamente  resuelto  á  buscar  UDa 
en  esta  ocasión?  Porque  no  es  con  tener  tres  divisiones  decisión  militar  en  este  año,  cualesquiera  que  sean 
británicas  en  la  India  y  Palestina,  mas  una  en  Meso-  las  consecuencias  que  le  resulten.  No  hay  duda  que 
potamia,  como  hemos  podido  conservar  allí  nuestro  en  ello  le  asisten  razones  muy  poderosas,  tales  como 
prestigio,  sino  debido  á  las  tropas  con  que  la  India     el  problema  económico  de  su  país  y  las  circunstancias 


CEREMONIA   DE  LA   ENTRBOA  DE   UN  SADLK  DE  HONOR  DEDICADO   POR  EL   JAPÓN 

Á    LA    CIUDAD    DE    VERDÚN 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


125 


LAS   DELEGACIONES   ERANCBSA   Y   JAPONESA   DURANTE   LA   CEREMONIA 


económicas,  no  menos  críticas,  de 
sus  aliadas.  Han  llegado  al  punto 
culminante  eu  el  desarrollo  de  su 
fuerza;  en  cambio,  la  fuerza  de  Ru- 
sia es  casi  insignificante,  y  la  de 
los  Estados  Unidos  no  alcanza  to- 
davía toda  su  extensión;  así  que, 
en  este  año,  el  enemigo  dará  de 
su  parte  el  máximum  de  todas 
sus  energías;  pero  pronto  comenza- 
rá á  sentirse  más  debil  en  compa- 
ración con  las  fuerzas  aliadas.  Todo 
tiende,  por  lo  tanto,  á  demostrar 
que  Alemania  pondrá  todos  sus  re- 
cursos para  determinar  una  deci- 
sión militar  este  año,  y  esto  signi- 
fica una  prolongada  batalla  desde 
el  mar  del  Norte  hasta  el  Adriático, 
y  que  Alemania  y  Austria  lanzarán 
á  ella  todos  los  elementos  de  fuerza 
de  que  les  es  posible  disponer.  Fal- 
tan todavía  siete  ú  ocho  meses  de 
lucha  continuada,  y  todo  depende 

de  que  conservemos  nuestra  potencia  hasta  el  fin,  por  Tenemos  en  pie  de  guerra  para  esta  fecha,  dentro  del 
mucho  que  para  ello  tengamos  que  recurrir  á  nuestras  país,  para  fines  militares  y  navales,  muy  cerca  de 
reservas.  Con  la  ayuda  de  los  Estados  Unidos  pode-  (i.UOO.OOO  de  hombres.  Nosotros  no  podemos  levantar 
mos  hacerlo;  pero  aun  cuando  contemos  con  la  ayuda  hombres  en  la  proporción  que  lo  hacen  otros  países 
yanqui,  no  podremos  sentirnos  á  salvo  si  no  nos  pre-  beligerantes.  Muy  á  menudo  he  insistido  ya  sobre  el 
paramos  á  hacer  mayores  sacrificios  que  los  que  hasta  particular  ante  la  Cámara  de  los  Comunes, 
aquí  llevamos  hechos.  Yo  sé  lo  que  el  gobierno  desea;  Nuestra  marina  es  la  más  grande  del  mundo.  El 

del  mismo  modo  sé  lo  que  ocurriría  si  el  pueblo  no  dominio  de  los  maros  depende,  no  únicamente  para 
respondiese  á  lo  que  el  gobierno  propone.  Huelga  nosotros,  sino  asimismo  para  nuestros  aliados,  de  los 
imaginarse,  como  algunas  gentes  demasiado  optimis-  esfuerzos  que  desarrollemos.  Esto  es  cuestión  no  so- 
tas parecen  creer,  que  existan  reservas  ilimitadas  de  lamente  de  dotar  á  la  flota;  también  es  cuestión  de 
hombres  en  este  ó  en  cualquier  otro  país  beligerante,  construir,  es  cuestión  de  aumentar  el  número  de  bar- 
cos, de  reparar  navios.  Luego  tene- 
mos la  marina  mercante,  sin  la 
cual  los  aliados  no  podrían  conti- 
nuar la  guerra  un  mes  tan  sólo. 
Todo  eso  hay  que  tenerlo  en  cuen- 
ta, y  ocurra  lo  que  ocurriere,  y  por 
más  que  hoy  nos  propongamos,  se- 
ría locura  hacer  algo  que  esté  con- 
tra esa  condición  fundamental  del 
triunfo  de  los  aliados:  la  marina  y 
la  construcción  naval  deben  ser  lo 
primero.  Tenemos  asimismo  que 
ocuparnos  de  abastecer  de  carbón  á 
la  mayoría  de  nuestros  aliados,  así 
como  de  acero.  Con  todo,  gracias 
particularmente  á  lo  mucho  que 
nuestras  diversas  industrias  han 
mejorado  su  organización,  á  la  ma- 
nera en  que  se  han  venido  adap- 
tando de  día  en  día  á  las  nuevas 
circunstancias  generales,  no  me- 
nos que  al  creciente  número  y  á  la 

BL  ALCALDE   DE   YERDIN    DANDO   LAS  URACUS   AL   REPRESENTANTE   DEL   JAPÓN  mayor   eficiencia  de    la  IUUJcr  obre- 


126 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


ra,  hay  una  reserva  de  hombres  que,  respondiendo  á 
estas  obligaciones,  pueden  ser  retirados,  en  caso  de 
gran  urgencia,  para  enviarlos  á  la  línea  de  combate; 
no  sin  inconvenientes  para  la  industria — no  olvido 
eso — ni  sin  debilitar  hasta  cierto  punto  la  resistencia 
económica  del  país,  sin  imponerle  restricciones  y  qui- 
zás privaciones,  mas  eso  sí,  sin  detrimento  de  las 
fuerzas  combatientes  de  la  nación  para  la  guerra. 

Nada  podría  justificar  medidas  tan  severas,  ex- 
cepto la  urgencia  inminente  y  poderosa  de  una  crisis 
militar. 

Quiero  hacer  notar  en  particular  por  qué  las  me- 
didas tomadas  hoy  son  medidas  que  serán  de  utilidad 
en  esta  batalla.  Primeramente,  la  presente  es  una 
batalla  que  durará  meses.  La  decisión  puede  no  tomar- 
se hoy  ni  el  mes  que  entra,  pero  sí  tal  vez  dentro  de 
algunos  meses.  Además  de  eso,  los  aliados  tienen 
en  la  actualidad  las  mismas  reservas  de  hombres  con 
que  reforzar  sus  filas  que  tiene  Alemania,  sin  contar 
estas  grandes  reservas  de  Norte  América.  Los  alema- 
nes, sin  embargo,  están  llamando  ahora  á  filas  otra 
quinta,  la  de  1920,  que  producirá  550.000  jóvenes 
aptos  de  diez  y  ocho  y  medio  años  de  edad.  Estos  se 
hallarán  listos  para  ser  lanzados  al  combate  antes  de 
que  termine  esta  lucha.  Es,  pues,  menester  preparar- 
nos para  contrarrestar  esa  fuerza.  Por  consiguiente, 
tengo  que  someter  al  Parlamento  algunas  proposicio- 
nes relativas  al  aumento,  á  un  aumento  importante, 
de  las  reservas  que  tengamos  disponibles  para  reforzar 
nuestras  filas  en  el  campo  de  batalla  en  el  transcurso 
de  la  prolongada  lucha  que  se  está  iniciando.» 

Á  continuación  hizo  uso  de  la  palabra  Mr.  Asquith, 
el  cual  aprobó  la  conducta  del  gobierno,  y  seguida- 
mente la  Cámara  de  los  Comunes  siguió  discutiendo 
las  proposiciones. 

El  diputado  nacionalista  irlandés  Devlin  propuso 
aplazar  el  debate,  pero  Lloyd  George  se  opuso  termi- 
nantemente á  ello.  El  resultado  fué  un  triunfo  para  el 
gobierno. 

La  prensa  mundial,  y  en  particular  la  británica, 
comentaba  ampliamente  las  sinceras  manifestaciones 
del  gran  estadista. 

Por  ejemplo,  el  Times  del  10  de  Abril  decía: 

«El  Parlamento  ha  quedado  profundamente  impre- 
sionado por  el  discurso  de  Lloyd  George,  cuyo  tra- 
zado de  la  situación  nacional  frente  al  gran  ataque 
alemán  ha  sido  completo  y  franco,  y  que  ha  demos- 
trado que  jamás  hubo  medida  gubernamental  alguna 
tan  imperiosamente  justificada  como  ésta. 

A  pesar  de  que  entre  los  parlamentarios  existía  un 
gran  sentimiento  de  ansiedad,  la  decidida  intención 
de  la  mayoría  era  apoyar  vigorosamente  al  gobier- 
no y  votar  sus  proposiciones,  por  muy  severas  que 
fuesen.» 

Resumidamente,  toda  la  opinión  coincidía  en  que 
Lloyd  George  había  obtenido  uno  de  sus  mejores  triun- 
fos parlamentarios  y  en  que  su  actuación  seguía  sien- 
do inmejorable. 


III 


La  cuestión  de  la  paz. — Ruidoso  incidente 
Clemenceau-Czernin 

Los  estadistas  alemanes  no  perdían  ocasión  para 
poner  sobre  el  tapete  la  cuestión  de  la  paz  y  para  re- 
vestirse de  un  aspecto  altruista  que  ya  no  engañaba 
á  nadie,  desde  luego,  aparte  quizá  de  sus  propios  go- 
bernados. 

Los  aliados  siguieron  el  ejemplo.  Pero  sus  decla- 
raciones cada  vez  más  concretas  estipulaban  clara- 
mente las  condiciones  en  que  había  de  hacerse  esa  paz. 

A  primeros  de  Abril,  por  ejemplo,  el  ex  presidente 
del  Consejo  británico,  Mr.  Asquith,  decía  lo  siguiente 
en  un  acto  público: 

«Es  natural  comparar  la  situación  tal  como  se 
presentaba  la  vez  que  anteriormente  os  dirigí  la  pala- 
bra, hace  poco  más  de  un  año,  con  la  de  hoy  día.  En- 
tonces, como  ahora,  se  contaba  con  dos  medios  para 
resolverla.  Uno  era  el  dominio  de  los  mares;  el  otro, 
el  frente  occidental.  Ambos  se  hallan  todavía,  á  pesar 
de  todas  las  vicisitudes  y  las  tragedias  de  estos  últi- 
mos doce  meses,  en  manos  de  los  aliados.  Es  cierto, 
en  lo  referente  á  la  supremacía  marítima,  que  la  gue- 
rra submarina,  contraviniendo  todos  los  usos  inter- 
nacionales y  los  más  reconocidos  dictados  de  huma- 
nidad, ha  llegado  á  amenazar  de  tal  modo  nuestra 
marina  mercaute,  que  se  ha  hecho  necesario  para  los 
aliados  imponerse  como  deber  primordial  el  acre- 
centar sin  tardanza,  tanto  en  rapidez  como  en  canti- 
dad, su  producción  de  naves  mercantes.  Es  asimismo 
cierto  que,  por  tierra,  el  enemigo  ha  podido,  aprove- 
chando el  deplorable  derrumbamiento  de  Rusia,  tras- 
ladar divisiones  y  cañones  en  gran  número  del  frente 
oriental  al  frente  occidental,  y  reunir,  en  oposición  á 
las  nuestras,  fuerzas  en  mayor  número  que  nunca 
desde  que  la  guerra  comenzara.  Pero  ninguno  de  estos 
nuevos  peligros,  bien  que  serios  y  formidables,  es 
para  nosotros  motivo  de  gran  aprensión,  ya  que  tene- 
mos actualmente  una  absoluta  confianza  en  la  habili- 
dad y  buen  criterio  de  nuestros  almirantes,  por  mar, 
y  de  nuestros  generales,  por  tierra,  no  menos  que  en 
la  invencible  tenacidad  de  los  valientes  soldados  que 
luchan  bajo  sus  órdenes.  Mostrémosles  que  pueden 
contar  con  nuestro  apoyo  ahora  y  siempre,  hasta  donde 
fuere  necesario,  y  sin  reservas  de  ningún  género. 

No  podemos  ni  debemos  quitar  los  ojos  de  la  tra- 
gedia que  se  ha  venido  desarrollando  durante  este  año 
pasado  en  Oriente,  y  la  cual  quizás,  en  estos  momentos 
mismos,  no  haya  aún  llegado  á  culminar.  Recuerdo 
las  palabras  de  un  eminente  diplomático  francés,  que 
me  decía  en  las  primeras  semanas  de  la  guerra  que 
Alemania,  con  toda  su  ventaja  inicial  de  preparación 
y  de  situación,  estaba  predestinada  á  perder  á  la  larga. 
Y  ¿por  qué?  Él,  modesto,  no  quiso  insistir  demasiado 
sobre  el  magnífico  y  bien  organizado  instinto  militar 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


127 


de  sus  propios  compatriotas,  y  la  maravillosa  combi- 
nación de  arrojo  y  disciplina  que  todos  ellos  poseen. 

«Alemania  perderá — me  decía — tarde  ó  temprano, 
porque  persigue  fines  opuestos  á  dos  grandes  poten- 
cias del  mundo,  la  Gran  Bretaña  y  Rusia.  Á  ninguna 
de  las  dos  es  posible  herir  de  muerte.» 

«En  realidad — agregaba — ,  el  problema  de  ahora 
es  idéntico  al  que  hace  cien  años  desconcertó  á  Na- 
poleón, el  genio  supremo  entre  los  grandes  milita- 
res que  el  género  humano  ha  producido.» 

Tal  caracterización  de 
Rusia  se  halla  perfecta- 
mente corroborada  en  todo 
cuanto  nosotros  conoce- 
mos acerca  de  sus  hechos 
históricos  y  de  la  psicolo- 
gía de  su  pueblo.  Hace 
apenas  un  año,  cuando 
oponía  al  enemigo  común 
una  resistencia  tenaz  y 
heroica,  podía  decirse  que 
la  guerra  la  había  hecho 
renacer  de  nuevo.  Actual- 
mente, siu  embargo,  ante 
la  oferta  de  aquellos  que 
cuentan  con  el  poder  de 
imponerse,  exigiéndole 
que  escoja  entre  la  con- 
quista y  la  rendición,  ha 
suscrito  con  las  plumas  de 
hombres  que  profesan  de- 
fender el  nombre  ruso  una 
paz  increíblemente  humi- 
llante. La  revolución, 
como  dice  el  adagio,  no 
ha  cesado  de  devorar  á  sus 
hijos.  Está  expiando  la 
culpa,  ante  la  perspectiva 
de  un  desmembramiento 
territorial,  y  por  el  mo- 
mento al  menos  de  un 
completo  aniquilamiento  político  y  militar,  arras 


BANDERA    DB    LA.   LEGIÓN    EXTRANJERA    CONDECORADA 
CON  LA  CRUZ   DE   GUERRA 


manes  germano-turcos.  Mas  cualesquiera  que  sean  las 
esperanzas  que  cifremos  en  esos  postreros  esfuerzos  y 
el  deseo  de  ver  á  Rusia  salir  de  esta  tremenda  prueba 
regenerada  y  consolidada,  dos  hechos  se  nos  presen- 
tan al  examinar  la  situación  actual,  que  son,  más  que 
pertinentes,  vitales.  El  primero  consiste,  desde  luego, 
en  que,  como  factor  militar  efectivo  en  la  guerra, 
debemos  considerar  á  Rusia  como  descartada;  y  los 
aliados,  reforzados  como  se  hallan  ya  por  la  adhesión 
material  y  moral  de  la  más  grande  de  las  democracias 

del  orbe,  deben  trazar  sus 
planes,  tanto  estratégicos 
como  diplomáticos,  to- 
mando en  cuenta  el  acon- 
tecimiento aquí  insinua- 
do. El  otro  hecho  es  que 
la  conducta  de  Alemania 
en  las  pretendidas  nego- 
ciaciones de  paz  ha  veni- 
do á  hacer  patentes  la  in- 
tención y  los  procedimien- 
tos de  sus  actuales  gober- 
nantes. Con  dificultad  se 
encontraría  en  todo  lo  que 
va  de  guerra  un  acto  que 
revele  con  más  claridad  la 
contradicción  que  hay  en- 
tre lo  que  aparenta  Ale- 
mania y  los  fines  que  en 
realidad  persigue.  El  con- 
de Hcrtling  declaró  no 
hace  mucho  al  mundo  que 
acepta  en  principio— tie- 
ne su  gracia  salvadora 
eso  de  «en  principio» — las 
cuatro  proposiciones  ge- 
nerales del  presidente 
Wilson.  Agrega  que,  «ju- 
biloso, saluda»  la  idea  de 
establecer  un  Tribunal  In- 
ternacional de  Arbitraje. 
Hasta  ve  con  ojos  anhelantes  y  de  sentimentalismo  la 


trando  con  ella,  en  su  caída,  á  la  heroica  y  no  ven-     Liga  de  Naciones,  en  la  cual  los  Estados  Unidos  y 

cida  Rumania.  nosotros  consideramos  que  radica  la  úuica  salvaguar- 

No  vayamos  á  suponer,  sin  embargo,  que  hemos     dia  efectiva,  no  sólo  contra  la  guerra,  sino  asimismo 


llegado  al  fin.  Por  la  parte  que  á  mí  atañe,  espero  fir- 
memente y  creo  que  la  nación  rusa  encontrará  toda- 
vía una  idea  en  torno  de  la  cual,  no  en  seguida  quizás, 
poro  sí  con  el  tiempo,  logre  reunir  esas  grandes  fuer- 
zas unificadoras,  en  lo  espiritual  no  menos  que  en  lo 


contra  toda  expoliación  y  piratería  internacional. 

Esas  son  las  ideas  que  él  profesa,  pero  al  mismo 
tiempo  que  él  hablaba,  sus  subordinados  estipulaban 
por  escrito  las  condiciones,  no  de  un  tratado,  sino  de 
una  capitulación  tan  brutal  de  un  lado  y  tan  humi- 


material,  que  la  autocracia  ha  tratado  por  todos  los  liante  para  el  otro  como  la  peor  que  se  haya  regis- 

medios  de  sofocar  y  que  la  revolución  no  ha  hecho  trado  jamás  en  la  Historia.  Resulta  sumamente  difícil 

hasta  hoy  sino  disipar,  reduciéndolas  á  la  impotencia,  decir  qué  es  más  sorprendente,  si  el  cinismo  que  se  ne- 

La  Rusia  de  antaño,  en  cuyos  anales  llenos  de  pági-  cosita  para  imponer  tales  condiciones,  ó  la  ingenuidad 

ñas  sombrías  y  manchadas  de  sangre  se  destacan  pié-  de  creer  que  ellas,  ó  cualquier  cosa  por  el  estilo,  pu- 

yades  de  nombres  gloriosos  y  de  grandes  conquistas  dieran  nunca  servir  de  base  á  un  arreglo  estable,  defi 

en  casi  todas  las  esferas  de  la  actividad  humana,  no  nitivo.  En  efecto,  estos  términos  autorizan  á  Alemania 

puede  ser  degradada  y  reducida  á  un  grupo  de  des-  á  retener  como  prendas  y  rehenes  todo  el  territorio 


128 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


europeo  de  Husia  que  la  fuerza  y  la  intimidación  ale- 
mana puedan  arrebatar  á  sus  postrados  y  desconcerta- 
dos representantes.  Y  las  playas  del  mar  Negro,  como 
los  distritos  del  Cáucaso,  que  por  espacio  de  cua- 
renta años  permanecieron  emancipados,  volverán  á 
ser  entregadas  (pues  nadie  hay  que  pudiera  dejarse 
engañar  por  la  burda  insinceridad  que  pretende  toda- 
vía que  será  consultada  la  voluntad  de  los  habitantes 
respectivos),  para  que  una  vez  más  participen  con 
Armenia  de  los  horrores  y  la  desolación  del  régimen 
turco.  ¿Puede  alguien  dudar,  después  de  leer  este  do- 
cumento, lo  que  la  victoria  de  Alemania  en  la  guerra 
significaría  para  Europa  y  para  el  mundo?  ¿Cuál,  para 
no  citar  sino  un  ejemplo,  sería  la  suerte  de  Bélgica  si 
Alemania  pudie- 
ra dictar  á  las 
potencias  occi- 
dentales sus  con- 
diciones confor- 
me á  la  norma 
sentada  en  Brest- 
Litovski"? 

No,  no  es  por 
caminos  como 
éstos  como  pue- 
de llegarse  á  esa 
paz  que  yo  llamé 
hace  poco  «paz 
honrada».  El 
pretendido  trata- 
do de  Brest-Li- 
tovski  compren- 
de todo  aquello 
que  no  debiera 
estar  en  un  pac- 
to internacio- 
nal. Si  alguna 
vez  se  llevara  á 
cabo,  no  haría 

sino  sembrar  controversias  y  conflictos  intestinos  é 
internacionales,  que  embrollarían  á  las  naciones  du- 
rante generaciones  en  lo  futuro. 

Es  increíble  que  semejante  modo  de  terminar  hos- 
tilidades llegue  á  ser  aceptado  por  el  criterio  y  la  con- 
ciencia de  pueblos  civilizados.  Según  entiendo,  falta 
todavía  que  lo  ratifique  el  Reichstag.  entre  cuyos  ar- 
chivos supongo  que  aún  sigue  en  pie  la  famosa  re- 
solución de  Julio  próximo  pasado.  Cualesquiera  que 
sean,  según  la  Historia,  los  orígenes  de  la  guerra,  la 
paz  que  nosotros  anhelamos — la  única  paz  que  vale  la 
pena,  la  úuica  paz  limpia — debe  ser  una  paz,  no  de 
mandatarios  ni  de  Parlamentos,  sino  de  pueblos.  Exis- 
ten, como  llevo  dicho,  numerosos  problemas  que  han 
de  quedar  por  fuerza  pendientes  y  serán  definitiva- 
mente resueltos  por  una  Conferencia  de  Arbitraje,  la 
cual,  espero,  formará  el  germen  y  quizás  el  comienzo 
de  la  Liga  de  Naciones.  Que  yo  sepa,  no  hay  adquisi- 
ción territorial  que  hayamos  hecho,  ya  sea  por  ó  du- 


rante la  guerra,  que  no  estemos  dispuestos  á  someter 
al  dictamen  de  dicho  tribuna!. 

Pero,  al  propio  tiempo,  repito  que  estoy  entera- 
mente de  acuerdo  con  el  presidente  Wilson  acerca  de 
la  interdependencia,  casi  pudiera  decirse  la  solidari- 
dad, de  los  problemas  fundamentales  de  la  paz.  No  es 
posible  tratar  de  resolverlos  empleando  el  método  que 
el  conde  Hertling  parece  haber  escogido.  Toda  paz 
verdadera  debe  estar  basada  en  los  principios  do  res- 
titución, de  reparación,  de  desenvolvimiento  espon- 
táneo y  libre  de  los  pueblos  por  sí  mismos,  sean 
grandes  ó  pequeños,  de  garantías  mediante  una  orga- 
nización del  Derecho  internacional.  Lo  que  á  mí  me 
parece  en  estos  momentos  ser  de  capital  importancia 

para  el  bienestar 
universal  es  que 
los  pueblos,  que 
es  de  quienes  de- 
pende la  solu- 
ción del  conflic- 
to, lleguen  á 
comprender  que, 
en  lo  que  á  los 
aliados  concier- 
ne, sólo  nos  guía 
la  finalidad  de 
elevar  sobre  só- 
lidos fundamen- 
tos la  estructura 
del  mundo  futu- 
ro. Y  á  esa  fina- 
lidad subordina- 
mos todo  lo  de- 
más.» 


SOLDADOS   FRANCESES    RINDIENDO   HONORES   A   LAS   TROPAS   INGLESAS 
EN   EL   FRENTE   DE   FLANDES 


En  los  prime- 
ros días  de  Abril 
se  suscitó  una 
cuestión  franco- 
austriaca  que  tuvo  gran  resonancia  y  que  acabó  po- 
niendo de  manifiesto  nuevas  dobleces  de  la  política 
austro-húngara. 

El  día  2,  el  conde  de  Czernin  hizo  en  el  Ayunta- 
miento de  Viena  nuevas  declaraciones  sobre  la  polí- 
tica de  paz  de  Austria,  proclamando  que  su  gobierno 
deseaba  el  término  de  la  guerra  y  asegurando  que, 
poco  antes  de  iniciarse  la  ofensiva  austro-alemana  en 
el  frente  francés,  M.  Clemenceau  había  pedido  á  Aus- 
tria las  bases  sobre  las  que  entraría  en  negociaciones. 

«Yo  — siguió  diciendo  el  conde  de  Czernin — me 
mostré  entonces  dispuesto,  de  acuerdo  con  Berlín,  á 
entablar  negociaciones  bajo  la  condición  precisa  de 
que  Francia  dejase  de  reivindicar  las  provincias  de 
Alsacia  y  Loreua.  Francia  no  quiso  aceptar  esta  con- 
dición y  se  retiró  inmediatamente.» 

Al  conocer  estas  declaraciones,  el  viejo  Clemenceau 
opuso  un  mentís  absoluto,  y  dijo  además  que  lo  que 
había  ocurrido  era  precisamente  todo  lo   contrario. 


HISTORIA   DE  LA  GUERPA   EUROPEA   DE   1914 


120 


CzcrniQ  insistió  en  sus  anteriores  declaraciones,  y  en-  A  este  efecto,  y  para  testimoniar  de  un  modo  pre- 
tonces  el  gobierno  francés  publicó  la  siguiente  nota  ciso  la  realidad  de  estos  sentimientos,  te  ruego  trans- 
oficial: mitas  secreta  y  extraoficialmente  á  M.  Poincaré,  prc- 

«No  tiene  término  el  engranaje  de  los  embustes,  sidente  de  la  República  francesa,  la  declaración  de 

El  emperador  Carlos,  bajo  los  auspicios  de  Berlín,  y  que  apoyaré  por  todos  los  medios,  y  haciendo  uso  para 

tomando  á  su  cuenta  el  mentís  inexacto  del  conde  de  ello  de  toda  mi  influencia  personal  cerca  de  mis  alia- 

Czernin,  pone  al  gobierno  francés  en  la  obligación  de  dos,  las  justas  reivindicaciones  francesas  referentes  á 

dar  pruebas  de  ello.  AIsacia  Lorena. 

He  aquí  el  texto  de  una  carta  autógrafa,  comuni-  En  cuanto  á  Bélgica,  debe  ser  restablecida  ínte- 

cada  en  .*31  de  Marzo  de  li)17  por  el  príncipe  Sixto  de  gramente  en  su  soberanía,  guardando  el  coujunto  de 

Borbón,  hermano  político  del   emperador  Carlos,  á  sus  posesiones  africanas  y  sin  perjuicio  de  las  indem- 

M.  Raymoud  Poincaré,  presidente  de  la  República  nizaciones  que  pueda  recibir  por  las  pérdidas  que  ha 


francesa,  y  entregada  inmediatamente,  con  la  aquies- 
cencia del  príncipe,  al  presidente  del  Consejo  francés, 
á  la  sazón  Ale- 
jandro Hibot: 

«Mi  querido 
Sixto:  Se  acerca 
el  fin  del  tercer 
año  de  esta  gue- 
rra que  tantos 
lutos  y  tanto  do- 
lor ha  causado 
al  mundo.  Todos 
los  pueblos  de 
mi  Imperio  es- 
tán unidos  más 
estrechamente 
que  nunca  en  la 
voluntad  común 
de  dejar  á  salvo 
la  iutegridad  de 
la  Monarquía, 
incluso  á  costa 
de  los  más  pesa- 
dos sacrificios. 
Merced   á   su 

unión  y  al   COH- 


ERENTE DE  ALSACIA.  CAMPO  DE  BATALLA  DB  HARTMANNSWILLERKOPF 


sufrido. 

Respecto  á  Servia,  será  restablecida  en  su  sobera- 
nía, y  en  prenda 
de  nuestra  bue- 
na voluntad,  es- 
tamos dispues- 
tos á  asegurarle 
un  acceso  vital 
y  natural  al  mar 
Adriático,  así 
(•(imo  amplias 
concesiones  eco- 
nómicas. 

Por  su  |)artc, 
Austria-Hungría 
pedirá,  como 
condición  pri- 
mordial y  abso- 
luta, que  el  rci- 
no  de  Servia 
cese,  de  aquí  en 
adelante,  todas 
sus  relaciones 
con  todas  las 
asociaciones  ó 
agrupaciones 


curso  generoso  de  todas  las  nacionalidades  de  mi  Im-  cuyo  fin  político  tiende  á  la  disgregación  de  la  Mo- 

perio,  la  Monarquía  ha  podido  resistir  desde  hace  casi  narquía,  y  en  especial  con  la  Narodna  Oirana;  que 

tres  años  contra  los  más  fuertes  asaltos.  Nadie  puede  impida,  lealmente  y  por  cuantos  medios  estén  á  su 

poner  en  duda  las  ventajas  militares  obtenidas  por  mis  alcance,  toda  especie  de  agitación  política,  ya  en  Ser- 


tropas,  particularmente  en  el  teatro  de  la  guerra  bal- 
kánico. 

Francia  ha  mostrado,  por  su  parte,  una  fuerza  de 
resistencia  y  un  ímpetu  magníficos.  Admiramos  todos, 
sin  reserva,  la  admirable  bravura  tradicional  de  su 


via,  ya  en  el  exterior  de  sus  fronteras,  y  que  en  tal 
sentido  dé  seguridad  de  ello  con  la  garantía  de  las 
potencias  do  la  Entente. 

Los  sucesos  que  se  han  producido  en  Rusia  me 
obligan  á  reservar  mis  ideas  á  este  respecto,  hasta  el 


ejército  y  el  abnegado  espíritu  de  sacrificio  de  todos  día  en  que  se  haya  establecido  un  gobierno  legal  y 

los  franceses.  definitivo. 

Me  es  particularmente  agradable  ver  que,  si  bien  Después  de  exponer  mis  opiniones,  te  rogaré  me 

momentáneamente  adversarios,  no  existe  ninguna  ver-  comuniques  á  tu  vez,  y  después  de  haberlas  señalado 

dadora  divergencia  de  miras  ó  de  aspiraciones  que  se-  á  las  dos  potencias,  la  opinión,  en  primer  término,  de 

paren  á  mi  Imperio  de  Francia,  y  estoy  en  el  derecho  Francia  y  de  Inglaterra,  con  objeto  de  preparar  así  un 

de  poder  esperar  que  mis  vivas  simpatías  por  Fran-  terreno  adecuado  sobre  cuya  base  pudieran  entablar- 

cia,  en  unión  de  las  que  reinan  en  toda  la  Monarquía,  se  conversaciones  oficiales,  y  que  éstas  tuvieran  éxito 

evitarán  para  siempre  el  rotorno  á  un  estado  de  gue-  á  satisfacción  de  todos. 

rra  en  el  cual  no  puede  incumbirme  ninguna  respon-  Confiando  en  que  las  circunstancias  nos  permiti- 

sabilidad.  rán  pronto,  de  una  y  otra  parte,  poner  lin  á  los  sufri- 

TOMO   IX  1B 


130 


VICENTE  BLASCO  1BAÑEZ 


mientos  de  tantos  millones  de  hombres  y  tantas  fami- 
lias que  están  sumidas  en  la  aflicción  y  en  la  angus- 
tia, te  reitero  mi  vivo  y  fraternal  afecto. 

Firmado,  Carlos»" 

El  pánico  despertado  por  esta  revelación  en  las  cor- 
tes de  los  Imperios  coligados  fué  enorme. 

Á  mediados  de  Abril,  Czernin,  fracasado  estrepito- 
samente, dimitía  con  carácter  irrevocable  su  puesto 
de  ministro,  y  era  sucedido  dos  días  después  por  el 
barón  de  Burian.  El  emperador  Carlos  se  había  apresu- 
rado á  telegrafiar  á  su  colega  de  Alemania  negando 
la  autenticidad  de  su  carta. 

Verdaderamente,  cada  vez  tenía  más  grietas  el 
viejo  edificio  imperialista. 


IV 

La  situación  de  Bélgica 

Bélgica,  completamente  ocupada,  á  excepción  de 
un  pequeño  fragmento,  donde  sus  heroicas  tropas  en 
cooperación  con  sus  aliados  y  protectores  combatían 
tenazmente  al  enemigo,  mantenía  firme  y  sereno  su 
pulso  nacional  á  través  de  todos  los  atropellos  y  alen- 
tada por  sublimes  esperanzas. 

Hacia  mediados  de  Abril  comentaba  su  situación 
el  ministro  de  Estado  de  la  Gran  Bretaña,  Mr.  Balfour, 
con  motivo  de  un  banquete  ofrecido  en  Londres  á 
ciertos  delegados  belgas  que  habían  ido  á  gestionar 
asuntos  de  carácter  comercial. 

Mister  Balfour  comenzó  diciendo: 

«Estamos  en  presencia  de  algo  más  importante  y 
de  mayor  alcance  que  los  simples  intereses  de  la  in- 
dustria y  del  comercio  de  dos  países  que  viven  en  ve- 
cindad fraternal  y  que  han  de  tener  en  cuenta  sus  fa- 
cultades y  sus  intereses  respectivos. 

Entre  otras  cosas,  debemos  enderezar  un  gran  en- 
tuerto internacional.» 

Después  de  haber  hablado  déla  invasión  de  los  ejér- 
citos alemanes  en  Bélgica  y  de  la  devastación  del 
país,  Mr.  Balfour  continuó  diciendo: 

«Nada  puede  sobrepasar  el  cinismo  con  que  han 
procedido  los  teutones. 

Se  ha  repetido  constantemente,  sobre  todo  por  los 
alemanes,  que  la  fuerza  constituía  el  derecho  y  que 
aun  la  propia  moral  resultaba  insignificante  compa- 
rada con  la  voluntad  de  mando  y  de  dominación. 
Mientras  estas  opiniones  tan  sólo  constituyan  la  fra- 
seología más  ó  menos  bella  con  que  se  nutren  algunas 
obras  de  filosofía,  puede  pasárselas  por  alto;  pero  cuan- 
do toman  la  forma  que  acabo  de  describir,  la  indigna- 
ción ya  no  puede  alcanzar  mayor  intensidad  de  la  que 
producen  semejantes  actos. 

Bélgica  ha  sufrido  y  sufre  todavía;  pero  los  aliados 
tienen  la  santa  obligación  de  poner  remedio  á  esta 
iniquidad.» 


Hablando  de  la  restauración  de  Bélgica  para  des- 
pués de  la  guerra,  el  ministro  británico  dijo: 

«Estoy  convencido  de  que  los  aliados  sustentan  las 
mejores  intenciones.  Acaso  Francia  tenga  que  dedi- 
carse á  solucionar  sus  propios  problemas,  pero  estoy 
persuadido  de  que  la  Gran  Bretaña  y  Norte  América 
harán  todo  lo  posible  por  acometer  esa  gran  tarea.  Lo 
que  me  hace  creer  que  será  conducida  á  buen  fin  es 
que  en  el  mismo  ciudadano  belga  tenemos  nosotros  el 
mejor  aliado  que  pueda  concebirse. 

Nada  tan  hermoso  como  la  extraordinaria  firmeza 
de  la  población,  ya  sea  flamenca  ó  valona.» 

Seguidamente  hizo  uso  de  la  palabra  el  ministro 
de  Bélgica,  el  cual  comenzó  describiendo  el  extraor- 
dinario esfuerzo  que  viene  realizando  Bélgica  para  re- 
sistir al  invasor. 

«Bélgica — dijo — sigue  batiéndose,  plenamente  con- 
fiada en  el  resultado  de  la  lucha;  sabe  que  tras  estas 
horas  obscuras  vendrá  la  aurora  de  los  días  nuevos,  y 
que  en  la  plenitud  de  su  independencia  política  y  eco- 
nómica podrá  seguir  la  vía  del  progreso,  apoyada  por 
las  naciones  que  la  dejan  ocupar  el  puesto  á  que  ella 
tiene  derecho  en  el  concierto  de  las  naciones.» 

Después  el  ministro  expresó  su  alegría  por  la  crea- 
ción de  un  comité  comercial  anglo-belga,  que  contri- 
buiría á  estrechar  las  relaciones  de  ambos  países. 

«Mi  patria — terminó  diciendo  el  ministro — ,  vícti- 
ma de  un  infortunio  que  ha  estado  á  punto  de  condu- 
cirla á  la  tumba,  volverá  á  elevarse,  apoyada  en  la 
mano  protectora  que  le  tiende  Inglaterra,  y  entonces 
ya  podrá  girarse  confiada  y  dignísima  hacia  el  sol  de 

la  libertad.» 

□ 

En  el  mes  de  Julio  de  1917  ya  había  pronunciado 
Mr.  Lloyd  George  un  notable  discurso  acerca  de  lo 
que  significaba  realmente  la  independencia  de  Bélgi- 
ca. Aunque  algunos  conceptos  resultan  rezagados, 
transcribimos  los  pasajes  concernientes  á  la  cues- 
tión belga: 

«Nos  hemos  reunido  hoy  en  este  hermoso  local 
— había  dicho  el  primer  ministro  de  la  Gran  Bretaña — 
para  festejar  el  aniversario  de  la  independencia  del 
pueblo  que  tan  inolvidables  servicios  ha  prestado  á  la 
causa  de  la  independencia  de  Europa.  El  mundo  no 
olvidará  nunca  lo  mucho  que  Bélgica  ha  hecho  en 
pro  del  derecho  internacional  y  de  las  grandes  bata- 
llas que  Europa  ha  librado  durante  siglos  en  vuestro 
suelo.  Bélgica  es  la  puerta  de  entrada  entre  las  poten- 
cias centrales  y  Occidente.  Algunos  estadistas  moder- 
nos tuvieron  la  intención  de  neutralizar  las  fronteras 
de  Bélgica  y  asegurar  así  las  libertades  de  Europa, 
imposibilitando  el  que  una  Francia  agresiva  pudiese 
destruir  á  Alemania  ó  que  una  Alemania  agresiva 
fuera  á  destruir  á  Francia.  El  tratado  de  la  neutralidad 
de  Bélgica  fué  una  de  las  bases  del  derecho  público  de 
Europa.  Bélgica  era  el  guardián  de  la  libertad  europea, 
tarea  suprema,  la  más  onerosa  y  de  mayor  peligro 
que  pueda  confiarse  á  un  pueblo.  El  pueblo  belga  ha 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


131 


sabido  cumplir  lealrncnte  su  deber  para  con  Europa. 
Citando  un  documento  histórico — documento  que  for- 
ma parte  de  la  historia  del  mundo,  es  decir,  la  coa- 
testación que  el  gobierno  belga  dio  al  ultimátum 
alemán — ,  puedo  decir  que  nada  hay  que  demuestre 
con  más  claridad,  no  ya  el  deber  de  Bélgica  ante  Eu- 
ropa, sino  la  nobleza  con  que  vosotros  los  belgas  lo 
habéis  cumplido.  «El  gobierno  belga,  de  aceptar  las 
proposiciones  que  se  le  hacen,  sacrificaría  el  honor  de 
la  nación  y  faltaría  á  su  deber  para  con  Europa.»  Her- 
mosa respuesta,  y  bien 
cumplida. 

¿Cuáles  fueron  las  pro- 
posiciones alemanas  á  que 
se  aluden  en  dicha  res- 
puesta? Ni  más  ni  menos 
que  las  de  un  asesino  que 
se  acerca  á  cualquiera,  y 
le  dice:  «Ábreme  tus  puer- 
tas y  permíteme  que  sor- 
prenda á  tu  pacífico  veci- 
no.» ¡Á  qué  grado  es  me- 
nester que  los  hombres 
degeneren  para  cometer 
semejante  infamia!  Bélgi- 
ca, como  pueblo  pundo- 
noroso, lo  rechazó  con 
desdén,  y  dejó  grabado  su 
nombre  para  siempre  en 
la  Historia. 

Mas  el  cumplimiento  de 
tan  supremo  deber  y  de 
tan  elevada  tarea  le  han 
costado  á  Bélgica  muchos 
sufrimientos.  Ha  tenido 
que  padecer  las  desenfre- 
nadas atrocidades  del  con- 
quistador, de  esas  hordas 
que  están  cometiendo  en 
Francia  y  en  suelo  belga 
crueldades  que  ni  el  pro- 
pio Atila  habría  sido  capaz  de  inventar;  de  los  piratas 
de  alta  mar,  que  hunden  barcos  indefensos,  lleven  ó 
no  pasajeros,  dejando  ahogar  las  mujeres  y  las  criatu- 
ras. Tres  años  hace  que  esa  furia  está  concentrada 
sobre  Bélgica.  Tres  años  de  opresión,  de  humillacio- 
nes, de  esclavitud,  de  ansiedad  y  de  agonía.  Pero  al 
final  Bélgica  surgirá  más  grande  que  nunca.  Su  sa- 
crificio le  habrá  servido  de  disciplina;  su  entereza  será 
su  redención.  Vuestro  heroico  rey  lo  ha  dicho  ya:  «El 
pueblo  que  defiende  su  suelo  patrio  es  respetado  por 
todos.  ¡Un  pueblo  así,  no  muere  nunca!» 

Tres  años — aun  siendo  de  agonía — no  es  mucho  en 
la  vida  de  una  nación.  Bélgica  se  verá  muy  pronto 
liberada,  y  cuando  esa  liberación  se  realice  ha  de  ser 
completa.  Francia,  la  Gran  Bretaña,  Europa,  la  civi- 
lización del  mundo  entero,  están  obligadas  á  hacer 
que  Bélgica  recobre  su  más  completa  libertad. 


EN   LA   RADA   DE  SALÓNICA.    UN    YIUÍA 


Hay  para  ello  un  obstáculo:  el  nuevo  canciller 
(Michaelis).  El  potentado  alemán  ha  acordado  relegar 
el  antiguo  canciller  imperial  al  cesto  de  los  «papeles 
inútiles».  No  pasará  mucho  tiempo  sin  que  el  nuevo 
hidalgüelo  corra  igual  suerte.  Lejos  de  dar  esperanzas 
de  paz,  es  decir,  de  una  paz  honrosa,  que  es  la  única 
posible,  su  discurso,  por  el  contrario,  peca  de  ducho, 
en  su  afán  de  halagar  á  todos.  Hay  en  él  frases  desti- 
nadas á  los  que  sinceramente  desean  la  paz,  muchas. 
Pero  sobre  todo,  hay  frases  que  los  pobres  militares 

de  Alemania  comprende- 
rán, aquella  que  se  refiere 
á  la  necesidad  de  asegurar 
las  fronteras  de  Alemania, 
por  ejemplo.  Esa  fué  la 
frase  á  que  se  debió  la  ane- 
xión de  Alsacia  y  de  Lorc- 
na;  esa  es  la  frase  que 
en  1914  bañó  en  sangre  á 
Europa;  esa  es  la  frase 
con  que,  si  se  atreven,  se 
anexionará  Bélgica;  esa 
es  la  frase  que  de  nuevo 
habrá  de  precipitar  á  Eu- 
ropa en  un  mar  de  sangre 
antes  de  que  haya  pasado 
una  generación,  si  los  es- 
tadistas de  Europa  no  so 
curan  de  borrarla  de  sus 
códigos. 

No  escasean  en  él  la§ 
frases  para  hombres  de 
tendencias  democráticas: 
diputados  del  Reichstag 
serían  llamados  á  coope- 
rar con  el  gobierno,  y  se 
conferirían  altos  puestos 
á  hombres  de  todos  los 
partidos  y  de  sentimien- 
tos democráticos.  Pero 
también  las  hay  que  sa- 
tisfacen á  los  «potentados»;  los  demás,  allá  que  se 
las  arreglen.  Nada  de  renunciar  á  las  prerrogativas 
imperialistas.  Llamarán  á  miembros  del  Reichstag, 
sí,  mas  no  para  hacerlos  ministros,  sino  amauuenses. 
Con  él  se  ha  tendido  á  fortificar  la  situación  militar, 
y  para  que  los  aliados — Rusia,  Gran  Bretaña,  Francia, 
Italia — lo  tengan  presente.  Su  importancia  aumenta- 
ría frente  al  mejoramiento  de  la  situación  militar.  Si 
los  alemanes  triunfasen  en  Occidente,  si  destruyesen 
al  ejército  ruso  en  Oriente,  si  sus  aliados  los  turcos 
arrojaran  las  tropas  británicas  de  Mesopotamia,  si  los 
submarinos  alemanes  intensificasen  su  campaña,  en- 
tonces ese  discurso,  podéis  estar  seguros,  significa 
anexiones  por  todos  lados  y  el  restablecimiento  con 
más  firmeza  que  nunca  de  la  autocracia  militar.  Por 
otra  parte,  si  el  ejército  alemán  se  retira  de  Occiden- 
te, es  derrotado  en  Oriente,  ó  que  los  turcos  fracaseu 


132 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


eu  Bagdad,  y  que  los  submarinos  sean  un  fracaso  en 
los  mares,  ese  discurso  sigue  sirviendo.  Es  menester 
que  todos  ayudemos  á  hacerlo  válido,  ya  que  ofrece 
condiciones.  Ayudemos  al  doctor  Michaelis;  preste- 
mos nuestra  ayuda  al  nuevo  canciller,  á  fin  de  que  su 
discurso  sea  uu  éxito  verdadero.  Por  el  momento,  siu 
embargo,  significa  que  el  partido  militar  continúa 
triunfante  en  Alemania. 

Deseo  repetir  aquí  en  forma  distinta  la  declaración 
que  hice  con  anterioridad.  La  forma  de  gobierno  que  el 
pueblo  alemán  escoja  para  que  lo  dirija  es  cosa  de  la 
exclusiva  incumbencia  de  los  alemanes  mismos.  Por 
lo  que  respecta  al  gobierno  alemán,  con  el  que  podamos 
concertar  sinceramente  la  paz,  eso  sí  nos  incumbe.  La 


CAMPO  DE  CONCENTRACIÓN   DE   PRISIONEROS   EN   EL  AISNE 


democracia  constituye  en  sí  una  garantía  de  paz.  Si 
tal  garantía  no  existe  en  Alemania,  entonces  habrá 
que  obtener  algo  que  la  sustituya.  El  discurso  del 
canciller  alemán  nos  revela,  á  mi  juicio,  que  los  ac- 
tuales dirigentes  de  aquella  nación  han  votado,  por 
el  momento,  en  favor  de  la  guerra. 

El  mencionado  discurso  no  contiene  ninguna  es- 
peranza para  Bélgica.  Ni  siquiera  la  menciona.  En 
realidad,  su  fraseología  está  preñada  de  amenazas 
para  ella.  Eso  de  la  necesidad  de  asegurar  las  fron- 
teras alemanas — argumento  de  que  se  valieron  para 
tomar  Metz  y  Estrasburgo,  y  del  cual  se  servirían 
para  tomar  Lieja  é  intervenir  en  la  administración  de 
Amberes— ,  eso  no  es  frase  halagadora  para  Bélgica. 
Todo  eso  de  la  necesidad  de  ver  que  los  intereses  eco- 
nómicos de  Alemania  queden  protegidos  quiere  decir 
que,  aun  en  el  supuesto  de  que  restaurasen  Bélgica, 
su  restauración  sería  una  mera  farsa.  Lo  que  los  alia- 
dos se  proponen  lograr  es  que  Bélgica  vuelva  á  ser  un 
pueblo  independiente  y  libre.  Bélgica  deberá  ser  un 


pueblo  y  no  un  protectorado.  No  debemos  dejar  qur  se 
convierta  en  funda  del  sable  prusiano.  Belga  ha  de  ser 
el  cetro  que  la  guíe,  belga  su  espada  y  la  funda  que 
la  guarde,  belga  su  espíritu. 

Leí  ese  discurso,  como  era  mi  deber,  una,  dos,  tres 
veces,  en  busca  de  algo  que  prometiera  poner  término 
al  actual  derramamiento  de  sangre,  y  sólo  he  encon- 
trado en  él  una  ficción  de  independencia  para  Bélgica, 
una  ficción  de  democracia  para  Alemania,  una  ficción 
de  paz  para  Europa.  No.  Europa  no  ha  sacrificado  las 
vidas  de  sus  heroicos  hijos  por  millones,  para  levan- 
tar un  suelo  consagrado  con  su  sangre,  un  simple 
santuario  de  ficciones.» 

Llody  George  abandonó  seguidamente  este  tema 
para  tratar  de  la  situación  general. 


Un  año  después,  en  Julio  de  1918, 
volvió  á  celebrarse  el  aniversario 
de  la  independencia  de  Bélgica. 
Formaba  parte  de  la  ceremonia  un 
homenaje  que  iba  á  rendirse  al  ge- 
neral Leman,  el  heroico  defeusor 
de  Lieja. 

Veamos  cómo  reseñaba  este  acto 
un  notable  periódico: 

«En  la  avenida  del  rey  Alberto, 
en  Sainte-Adresse,  pulula  la  multi- 
tud. En  el  gran  patio  de  la  Villa 
Luis  XVI  hay  una  plataforma.  Hace 
un  día  magnífico.  A  las  nueve  de 
la  mañana  ya  se  hallan  instalados 
en  ella  los  miembros  del  gabinete 
belga,  las  autoridades  del  puerto 
del  Havre,  presididas  por  el  gober- 
nador, almirante  Didelot,  los  miem- 
bros del  cuerpo  diplomático  acredi- 
tado ante  el  gobierno  belga  y  más 
de  sesenta  miembros  del  Parlamento  de  Bélgica  que 
han  venido  de  todos  los  países  adonde  la  guerra  los 
ha  arrojado.  Muchos  de  ellos  llevan  uniforme  militar 
y  han  prestado  valiosos  servicios  en  el  frente.  Quince 
minutos  después  aparece  en  la  avenida  el  carruaje 
que  conduce  al  general  Leman  y  al  general  Stassin, 
su  jefe  de  Estado  Mayor  y  colaborador  en  la  defensa 
de  Lieja.  La  ovación  es  conmovedora.  Agítanse  mi- 
llares de  pañuelos,  una  lluvia  de  flores  cubre  mate- 
rialmente el  carruaje  y  constantemente  se  escuchan 
gritos  de  «¡Viva  Leman!  ¡Viva  Bélgica!»  Es  la  voz  de 
la  patria,  que  manifiesta  su  fe  inquebrantable  en  que 
pronto  quedará  Bélgica  reconquistada  y  libre.  A  la 
llegada  del  héroe  al  sitio  designado  para  la  ceremonia 
en  la  Villa  Luis  XVI,  se  iza  la  bandera  del  11."  regi- 
miento de  línea,  que  ha  sido  condecorado  con  la  cruz 
de  la  Orden  de  Leopoldo,  y  que  lleva  inscritos  los  glo- 
riosos nombres  de  Dixmude,  Vsery  Morckem.  El  gene- 
ral Leman  subí!  á  la  tribuna,  se  acerca  á  la  bandera  y 
la  besa.  La  multitud  se  descubre,  las  tropas  presentan 


HISTORIA  DE  l.A  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


133 


las  armas.  El  pabellón  es  izado  en 
su  mástil  y  el  general  Démete  gri- 
ta con  fuerte  voz:  «¡Viva  el  rey! 
¡Viva  Bélgica!»  El  pueblo  repite  es- 
tos vivas  y  la  banda  ataca  la  Bra- 
lunironne.  El  general  grita  nueva- 
mente: ¡Viva  Francia!  ¡Vivan  los 
aliados!»  La  música  toca  la  Marse- 
Uesa  y  los  himnos  de  los  países 
aliados.  El  entusiasmo  ha  llegado 
á  su  límite,  y  más  de  un  cuarto  de 
hora  transcurre  antes  de  que  pueda 
tomar  la  palabra  M.  Cooreman,  mi- 
nistro de  Asuntos  Económicos  y  ac- 
tual presidente  del  Consejo,  quien, 
dirigiéndose  al  general  Leman,  pro- 
nuncia un  discurso,  del  que  repro- 
ducimos los  principales  pasajes: 

«No  hay  fecha  más  apropiada  que 
la  de  la  fiesta  nacional;  no  hay  sitio 
más  indicado  que  bajo  los  pliegues 
de  la  bandera  belga  para  significa- 
ros la  admiración  que  inspira  vues- 
tra elevada  personalidad  y  la  emoción  que  suscita  el 
símbolo  de  la  patria  que  en  vos  encarna. 

Vuestra  personalidad  es  eminente  bajo  dos  aspec- 
tos, cuyo  armónico  conjunto  le  presta  aún  mayor  re- 
lieve. Sois  hombre  de  ciencia  y  sois  hombre  de  guerra. 


MANIOBRAS   DK  TELÉFONO   Y    I>K   TKL1ÍGKAFO   DB  SEÑALK8 


SKUUKKIA    MIL1TAH   K.N    KL   AIA14.NK 

Tal  es  la  fisonomía  dos  veces  magnífica  que  os  da 
vuestra  larga  y  noble  carrera.  Me  permitiréis  trazar  á 
grandes  rasgos  las  fases  principales  de  esta  carrera... 
Poco  tiempo  antes  de  la  declaración  de  guerra,  la  di- 
visión del  general  Leman  se  hizo  notable  durante  las 
maniobras  en  el  campo  de  Beverloo.  Su  aspecto  y  dis- 
ciplina impecables,  su  resistencia  y  entusiasmo,  hicie- 
ron que  el  rey  y  los  arbitros  que  le  rodeaban  le  diesen 
el  nombre  de  División  de  Hierro.  Bien  pronto  los  acon- 
tecimientos iban  á  justificar  esta  clarividente  y  glo- 
riosa denominación.  La  defensa  de  la  plaza  de  Lieja 
fué  organizada  con  la  ciencia  que  era  de  esperar  de 
un  maestro  ilustre,  cuya  actividad  incansable  de  sol- 
dado patriota  se  había  dado  clara  cuenta  de  la  enor- 
midad del  trabajo  que  había  de  llevarse  á  cabo,  y  que 
con  su  habitual  perspicacia  había  previsto  el  ataque 
del  territorio  belga  por  las  fuerzas  del  Imperio  alemán, 
y  hasta  había  señalado  el  camino  que  seguirían  esas 
fuerzas  al  atacar  nuestros  fuertes. 

No  es  este  el  momento  de  narrar  la  dramática  his- 
toria de  los  primeros  días  de  la  guerra,  ni  de  trazar 
en  detalle  las  peripecias  de  la  defensa  homérica  de  los 
fuertes  de  Lieja.  Me  contentaré  con  repetir  que  esta 
defensa  fué.  tan  admirable,  que  valió  á  la  ciudad  de 
Lieja  la  cruz  de  la  Legión  de  Honor.  Francia  quiso 
reconocer  el  señalado  servicio  que  la  defensa  de  Lieja 
le  había  prestado.  Sin  ella,  sin  el  obstáculo  que  detu- 
vo al  asaltante,  las  vanguardias  alemanas  hubiesen  tal 
vez  cruzado  la  frontera  francesa  desde  el  (i  ó  el  7  de 
Agosto.  He  aquí  lo  que  dice  el  preámbulo  del  decreto 
que  confiere  la  cruz:  «En  el  momento  en  que  Alema- 
nia, violando  deliberadamente  la  neutralidad  de  Bélgi 
ca  reconocida  por  los  tratados,  no  ha  vacilado  en  in- 
vadir el  territorio  belga,  la  ciudad  de  Lieja,  llamada 
en  primera  línea  á  sufrir  el  contacto  de  las  tropas  ale- 


l:;t 


Vicente  blasco  ibañez 


manas,  ha  logrado  en  lucha  tan  desigual  como  he- 
roica detener  al  ejército  invasor.  Este  espléndido  he- 
cho de  armas  constituye  para  Bélgica,  y  en  parti- 
cular para  la  ciudad  de  Lieja,  un  título  admirable 
de  gloria,  cuyo  recuerdo  memorable  conviene  sea  per- 
petuado por  el  gobierno  de  la  República,  confiriendo 
á  la  ciudad  de  Lieja  la  cruz  de  la  Legión  de  Honor.» 
El  fuerte  de  Loncin,  al  cual  se  había  replegado  el 
general  Leman,  resistió  hasta  lo  último.  Su  defensa 
causó  la  admiración  del  asaltante  mismo.  El  general 
Yon  Emmich,  comandante  del  cuerpo  de  ejército  ale- 
mán del  Mosa,  devolvió  al  general  Leman  su  noble 
espada.  Loncin  voló  el  día  15  de  Agosto,  sepultando 
bajo  sus  ruinas  á  la  mayor  parte  de  la  guarnición.  Al 
día  siguiente  el  general  Leman  hizo  al  rey  el  relato 
de  la  caída  del  fuerte  en  una  carta  conmovedora  que 
ha  sido  reproducida  por  la  prensa  del  mundo  entero,  en 
razón  de  que  constituye  un  documento  histórico  escri- 
to por  la  mano  de  un  héroe.  «El  fuerte— escribía  el  ge- 
neral— estaba  muy  lejos  de  poder  resistir,  dada  su  es- 
tructura, á  tan  fuertes  medios  de  destrucción  como  los 
empleados.  Si  no  he  perdido  la  vida  en  esta  catástrofe, 
es  porque  mi  escolta  me  sacó  de  un  sitio  del  fuerte  en 
el  que  estaba  á  punto  de  quedar  asfixiado  por  los  gases 
de  la  pólvora.  Fui  llevado  hasta  el  foso,  en  donde  caí... 
He  sido  hecho  prisionero,  después  llevado  á  Lieja  en 
una  ambulancia.  La  artillería  alemana,  al  destruir  el 
fuerte,  había  producido  tal  hacinamieuto  de  escom- 
bros y  de  bloques  de  piedra,  que  se  había  formado  un 
verdadero  dique  que  partía  de  la  contraescarpa  y  que 
abría  un  paso  directo  á  la  infantería  alemana.  Tengo 
la  convicción  de  haber  sostenido  el  honor  de  nuestras 
armas.  No  he  rendido  ni  la  fortaleza  ni  los  fuertes. 
Dignaos  perdonarme,  señor,  lo  descuidado  de  esta 
carta.  Estoy  muy  dolorido  físicamente  por  la  explo- 
sión de  Loncin.  Eu  Alemania,  hacia  donde  soy  envia- 
do, mis  pensamientos  serán  lo  que  siempre  han  sido: 
Bélgica  y  su  rey.  Hubiera  dado  gustoso  la  vida  por  me- 
jor servirles;  pero  la  muerte  no  me  ha  querido  tomar.» 
El  general  Leman  fué,  en  efecto,  enviado  á  Alema- 
nia. Después  de  haber  sido  internado  en  Colonia  ocho 
días,  fué  conducido  á  la  fortaleza  de  Magdeburgo,  en 
la  cual  sufrió  durante  nueve  meses  un  régimen  de  los 
más  severos  y  estuvo  bajo  una  vigilancia  muy  estre- 
cha... De  Magdeburgo,  el  general  fué  trasladado  al 
campo  de  Blankenburgo,  acompañado  de  su  edecán  y 
de  su  ordenanza,  y  llevando  su  espada  al  cinto.  Aun 
cuando  presa  de  crueles  sufrimientos  morales,  el  glo- 
rioso prisionero  no  se  descorazonó  jamás.  Por  el  con- 
trario, estimulaba  la  confianza  de  sus  compañeros  de 
cautiverio  y  les  consolaba  con  su  ejemplo.  Era  para 
todos  ellos  un  amigo;  mejor  dicho,  un  padre.  Los  ana- 
les del  campo  de  Blankenburgo  relatan  el  discurso  de 
adiós  que  pronunció  sobre  la  tumba  del  mayor  Cor- 
nette,  muerto  en  aquella  prisión  el  20  de  Octubre 
de  1917,  discurso  que  hizo  derramar  lágrimas  á  todos 
los  presentes.  Lejos  de  abatirse,  el  general  se  irritaba 
ante  las  insinuaciones  que  le  hacían  entrever  el  favor 


de  ser  internado  en  Suiza,  que  le  sería  acordado  en 
cuanto  lo  solicitase,  ó  que  consintiese  en  que  terceras 
personas  lo  pidiesen.  Muy  augustas  personalidades  se 
interesaron  en  que  fuese  trasladado  á  Suiza.  El  gene- 
ral Leman  salió  de  su  cautiverio  el  6  de  Diciembre 
de  1Ü17,  en  virtud  de  convenios  internacionales.  Su 
llegada  á  Berna  fué  motivo  de  una  manifestación  gran- 
diosa, en  la  cual  estuvieron  presentes  el  ministro  y  la 
Legación  de  Bélgica,  numerosos  miembros  de  las  Mi- 
siones aliadas,  las  autoridades  del  servicio  de  interna- 
dos, oficiales  y  soldados  belgas,  y  una  multitud  entu- 
siasta que  acudió  espontáneamente.  No  menos  con- 
movedoras fueron  las  manifestaciones  á  su  salida  de 
Suiza  y  en  el  trayecto  hasta  París.  Fué  un  viaje  posi- 
tivamente triunfal.  Por  todas  partes,  belgas  y  aliados 
aclamaron  á  porfía  al  ilustre  defensor  de  Lieja,  en  re- 
cuerdo de  los  días  épicos  en  que  opuso  al  invasor  la 
resistencia  cuyas  incalculables  consecuencias  están 
marcadas  con  rasgos  indelebles  en  la  historia  de  la 
Gran  Guerra.  El  rey  Alberto  coronó  la  brillante  serie, 
otorgando  al  general  el  Gran  Cordón  de  la  Orden  de 
Leopoldo.  Su  Majestad  la  reina  Isabel  realzó  tal  distin- 
ción con  muestras  de  simpatía  y  de  admiración  de  tal 
delicadeza  y  de  tan  exquisita  solicitud,  que  á  los  ojos 
del  general  hacen  palidecer  sin  duda  aun  los  más  be- 
llos y  conmovedores  homenajes  que  se  le  hayan  tri- 
butado. 

Mi  general:  Después  de  rendir  á  vuestra  eminente 
personalidad  el  homenaje  que  le  es  debido,  es  imposi- 
ble no  sentirse  admirado  ante  el  símbolo  que  ella  re- 
presenta. Este  símbolo  es  el  de  nuestro  país  mismo: 
Bélgica  asaltada  por  fuerzas  muchas  veces  superiores 
á  las  de  su  defensa  y  oponiendo  al  agresor  una  resis- 
tencia encarnizada,  luchando  con  extraordinario  he- 
roísmo, vencida  con  honor,  aplastada  sin  rendirse, 
herida  y  martirizada;  pero  sobreponiéndose  á  sus  su- 
frimientos, desafiando  la  muerte,  sintiendo  en  sus  en- 
trañas el  fermento  de  la  savia  que  ha  de  devolverle  el 
vigor  de  una  nueva  vida. 

La  comparación  entre  ella  y  vos,  mi  general,  es  tan 
notable  que  no  requiere  comentarios.  La  historia  de 
Bélgica  durante  la  guerra  es  vuestra  propia  historia 
durante  esta  lucha.  El  heroísmo  de  Bélgica  es  del  mis- 
mo temple  que  el  vuestro.  La  muerte  no  os  ha  queri- 
do, como  tampoco  ha  querido  á  Bélgica.  Esperáis  con 
impaciencia  la  hora  de  volver  al  trabajo.  Bélgica  se 
prepara  para  volver  á  emprender  la  carrera  de  sus  des- 
tinos. La  admiración  del  mundo  aureola  vuestro  nom- 
bre, como  aureola  asimismo  el  de  nuestra  amada  pa- 
tria. Vuestra  gloria  se  halla  asociada  á  la  gloria  de  la 
nación,  y  ambas  brillarán  juntas  y  esplendorosas  en 
la  inmortalidad.» 

Este  discurso  fué  interrumpido  frecuentemente  por 
los  aplausos,  y  al  terminar,  la  ovación  duró  largo  rato. 

El  heroico  Leman  contestó  del  siguiente  modo: 

«Señores  ministros:  Emociouadísimo  agradezco  al 
gobierno  del  rey  su  atención,  y  puesto  que  mi  querida 
patria  ha  querido  premiarme  por  haber  cumplido  con 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


135 


mi  deber,  no  puedo  meaos  que  inclinarme  profunda- 
mente reconocido  ante  ella. 

Siu  embargo,  en  estos  momentos  sobre  todo,  en 
que  tantos  homenajes  se  me  rinden,  me  sentiría  ver- 
daderamente indigno  si  fuera  á  olvidar  que  los  debo 
todos  á  las  valientes  tropas  que  mandé  en  Lieja.  No  re- 
cogeré, pues,  vuestros  homenajes,  señores  ministros, 
sino  para  transmitirlos  con  honor  á  mi  inmortal  tercera 
división  y  á  las  admirables  guarniciones  de  los  fuertes 
de  Lieja,  cuyo  valor  heroico  está  por  encima  de  todo 
lo  concebible.  ¿No  hay, 
además,  un  nombre  que 
no  debo  oividar"?  El  nom- 
bre del  glorioso  general 
Bertrand,  uno  de  mis  bri- 
gadieres, vencedor  en  Ra- 
bozée,  donde  puso  á  los 
alemanes  en  fuga,  demos- 
trando así,  por  primera 
vez,  que  nuestros  formi- 
dables enemigos  no  eran 
invencibles. 

¡Ah,  señores!  ¡Cuántos 
sucesos  memorables  han 
ocurrido  de  entonces  acá! 
¡Cuántas  enseñanzas  para 
todas  las  naciones,  y  en 
particular  para   Bélgica! 

El  tiempo,  que  consu- 
ma su  obra  siguiendo  las 
leyes  inmutables,  se  pone 
siempre  al  servicio  de  las 
causas  santas,  como  lo  ha 
hecho  con  la  nuestra,  la 
más  santa  entre  las  san- 
tas. En  efecto,  en  la  ac- 
tualidad no  hay  quien  du- 
de ya,  entre  los  elemen- 
tos serios,  acerca  del  des- 
enlace victorioso  de  esta 
guerra  titánica.  Hace  ocho 

días,  asistiendo  á  la  inolvidable  ceremonia  del  14  de 
Julio,  presencié  el  soberbio  desfile  de  las  tropas  del 
Havre,  y  me  sentí  transportado  por  un  éxtasis  que 
hizo  en  mi  mente  más  clara  que  nunca  la  evidencia  de 
nuestro  triunfo  final. 

¡Qué  admirables  tropas!  Parecían  lanzarse  al  asalto, 
orgullosas  de  conquistar  el  mundo,  pues  en  cada  ba- 
yoneta brillaba  la  palabra  «victoria»  escrita  con  letras 
de  fuego. 

Estoy  muy  lejos  do  querer  establecer  ni  la  menor 
comparación  en  la  brillante  revista.  Sin  embargo,  lo 
que  puedo  recordar  aquí  y  recordarlo  con  entusiasmo, 
es  que  todos  han  aplaudido  á  las  tropas  francesas 
reclutadas  á  última  hora,  que  marchaban  radiantes 
como  sus  antepasados  de  la  Vieja  Guardia.  ¡Toda  esa 
juventud  heroica  llevaba  en  sus  corazones  la  esperan- 
za y  la  fe  del  mundo  civilizado! 


EL   GBNEIUL   PETAIN  CONDECORANDO  A   UNA 
BANDERA   FRANCESA 


Debo  deciros  asimismo,  señores,  la  emoción  inde- 
cible con  que  vi  desfilar  ante  mí  el  admirable  destaca- 
mento de  la  gendarmería  belga,  cuyo  aspecto  marcial 
simboliza  de  un  modo  tan  excelente  la  bravura  y  la 
resistencia  de  nuestro  ejército. 

Admirando  á  esos  magníficos  soldados  sentí  que 
mis  mejillas  se  humedecían,  y  al  punto  voló  mi  mente 
hacia  ese  jirón  de  suelo  libre  á  que  hoy  día  se  reduce 
nuestra  heroica  y  desdichada  patria;  hacia  ese  Yser, 
río  de  sangre  y  de  gloria,  donde  combaten  nuestros 

valerosos  hermanos,  guia- 
dos por  la  espada  resplan- 
deciente de  nuestro  rey, 
de  nuestro  gran  rey,  la 
personificación  de  Bélgi- 
ca, el  verdadero  salvador 
del  país. 

Todas  nuestras  almas, 
señores,  tienden  espontá- 
neas hacia  la  suya,  em- 
pujadas por  el  mismo  sen- 
timiento indisoluble,  lle- 
vadas de  inmensa  admira- 
ción y  de  suprema  grati- 
tud. Y  de  todos  nuestros 
corazones,  encendidos  de 
patriotismo,  brotan  es- 
tos gritos  de  triunfo  y  de 
amor. 

¡Viva  el  rey! 
¡Viva  Bélgica!» 
Este  discurso   también 
fué  acogido  cou  grandes 
muestras  de  entusiasmo. 
Después  el  general  Leman 
presidió  el  acto  de  conde- 
corar á  varios  soldados 
belgas  distinguidos  par- 
ticularmente en  la  lucha 
colonial  africana,  y  á  con- 
tinuación  principió  un 
destile   de   tropas  yanquis,   británicas,   francesas  y 
belgas. 


Acuerdos  franco-alemanes  para  el  intercambio  de  pri- 
sioneros y  para  el  trato  de  las  regiones  ocupadas 

El  15  de  Mayo  de  1918  entraron  en  vigor  ciertos 
acuerdos  adoptados  en  la  capital  de  Suiza  entre  los 
delegados  del  gobierno  francés  y  los  del  gobierno  ale- 
mán concernientes  á  la  cuestión  de  los  prisioneros  de 
guerra  y  de  las  zonas  nacionales  ocupadas  por  el  ad- 
versario. 

He  aquí  la  nota  oficiosa  francesa  en  donde  se  espe- 
cificaban estos  asuntos: 

«Acuerdo  .sobre  ios  prisioneros  de  guerra. — El  in- 


136 


VICENTE  «LASCO  IBANEZ 


tercambio  de  los  prisioneros  franceses  y  alemanes  se  que  sea  su  legítimo  deseo  de  volver  á  ver  lo  antes 
basa  en  la  antigüedad  de  captura.  Todos  los  hombres  posible  á  los  seres  que  les  son  queridos  y  de  los  que 
de  tropa  que  lleven  diez  y  ocho  meses  de  cautiverio  están  separados  desde  hace  largos  meses,  que  las  com- 
pueden aprovechar  el  acuerdo.  plejísimas  operaciones  de  una  repatriación  tan  consi- 

Los   primeros  que  se  repatriarán  serán  aquellos  dcrable  exigirán  mucho  tiempo  y  no  podrán  efectuarse 

cuyo  cautiverio  data  del  mes  de  Agosto  de  1914.  mas  que  progresivamente. 

Las  repatriaciones  se  efectuarán  sucesivamente,  La  alimentación  de  todos  los  prisioneros  se  ha  ba- 

con  arreglo  al  orden  de  antigüedad  de  captura,  cua-  sado  en  una  reciprocidad  exacta, 

lcsquiera  que  sean  la  edad  y  la  situación  filial  del  En  lo  que  concierne  al  pan,  el  gobierno  alemán 

militar.  garantiza  á  los  prisioneros  franceses  la  ración  mínima 

Con  objeto,  sin  embargo,  de  procurar  ciertas  ven-  que  se  conceda  á  la  población  civil  alemana,  y  se  com- 

tajas  á  los  prisioneros  de  edad  madura  y  á  los  padres  premete  además  á  hacer  llegar  gratuitamente  y  cuanto 

de  familia,  se  ha  decidido  además  la  concesión  de  un  antes  los  envíos  colectivos  do  pan  dirigidos  desde 

privilegio,  por  una  parte  á  los  prisioneros  que  tengan  Francia  á  todos  los  campos  y  destacamentos  de  Ale- 
mania. 

Se  suspenden 


más  de  cuarenta 
y  cinco  años, 
cualquiera  que 
sea  su  situación 
de  familia,  y  por 
otra  á  los  que, 
habiendo  cum- 
plido cuarenta 
años, son  padres 
de  tres  hijos  vi- 
vos. 

Se  estipula 
que  cada  envío 
de  repatriados 
comprenderá  se- 
tecientos hom- 
bres cambiados 
cabeza  por  cabe- 
za, es  decir,  que 
no  pertenezcan 
á  las  dos  catego- 
rías precitadas, 
y  cien  hombres 
de  los  que  se  in- 
cluyen en  estas 


inmediatamente 
todas  las  medi- 
das de  represa- 
lias ordenadas  ó 
en  vías  de  reali- 
zación. En  ade- 
lante no  se  po- 
drá adoptar  nin- 
guna medida  de 
castigo  por  nin- 
guno de  los  dos 
gobiernos  sin 
anunciarlo  pre- 
viamente y  con 
un  mes  de  anti- 
cipación al  de- 
partamento po- 
lítico de  Berna. 
Acuerdo  sobre 
la  población  ci- 
vil.—  El  acuer- 
do concerniente 
á  los   paisanos 

categorías.  Los  oficiales  no  serán  repatriados,  sino  in-  comprende  dos  partes.  La  primera  tiende  á  la  libera- 
ternados  en  Suiza,  según  las  mismas  reglas  adoptadas  ción  de  todos  los  paisanos  internados  actualmente  en 
para  los  soldados  que  estén  por  repatriar.  Francia  y  en  Alemania.  Se  tiende  á  suprimir  todos  los 

En  caso  de  fuerza  mayor,  si  el  orden  exacto  de  campos  de  internamiento  civil.  Los  franceses  que  se 
prioridad  no  puede  seguirse  rigurosamente,  el  retraso  hallen  actualmente  internados  serán  enviados  á  la 
en  la  repatriación  ó  el  internamiento  en  Suiza  no     Francia  libre  si  su  último  domicilio  estaba  en  Alema- 


EL  MINISTRO  DE  NORUEGA  RECOMPENSANDO  A  LOS  SALVADORES  DE  UN  BARCO 
NORUEGO  EN  LA  ISLA  DE  TEU 


podrá  exceder  de  dos  meses. 

Además,  todos  los  prisioneros  de  guerra  que  han 
sido  internados  cu  Suiza  como  enfermos  ó  heridos 
antes  del  20  de  Abril  de  1918  serán  repatriados  inme- 


nia  ó  en  la  Francia  libre,  y  á  los  departamentos  inva- 
didos si  su  residencia  se  encuentra  en  las  regiones 
todavía  ocupadas  por  las  tropas  alemanas.  Sin  embar- 
go, éstos  pueden  solicitar  su  envío  á  la  Francia  libre, 


diatamente,  si  su  captura  data  ya  de  diez  y  ocho  meses     y  se  dará  satisfacción  á  su  demanda  si  las  necesidades 


como  mínimum. 

Las  repatriaciones  de  esta  última  categoría  co- 
menzarán en  la  segunda  quincena  de  este  mes  (Mayo 
de  1918)  y  terminarán  durante  el  mes  de  Junio. 

En  esta  última  época  es  cuando  empezarán  real- 
mente los  convoyes  de  prisioneros  que  vengan  direc- 
tamente de  Alemania. 

Las  familias  deben  tener  en  cuenta,  por  grande 


militares  no  se  oponen  ello. 

Por  otro  lado,  los  franceses  que  en  cualquier  época 
hayan  sido  internados  y  que  posteriormente  han  obte- 
nido autorización  para  residir  libremente  en  Alemauia 
se  beneficiarán  con  el  acuerdo  si  lo  solicitan  en  igua- 
les condiciones  que  si  aún  estuviesen  en  situación  de 
internados. 

Así  se  hará  recíprocamente  con  los  paisanos  de 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


137 


nacionalidad  alemana  que  estén  en  los  depósitos  de 
internamiento  de  Francia.  Los  paisanos  movilizables 
que,  por  aplicación  del  acuerdo,  vuelvan  á  Francia  ó 
Alemania,  no  podrán  ejercer  servicio  militar  alguno 
en  el  frente,  en  la  zona  de  los  ejércitos  ni  en  los  terri- 
torios aliados. 

La  segunda  parte  del  acuerdo  concierne  al  trato 
de  las  poblaciones  do  los  departamentos  ocupados. 
Dando  de  lado  todas  las  cuestiones  de  principio,  esa 
segunda  parte  concreta  el  convenio  de  La  Haya  á  que 
se  refiere. 

Á  los  derechos  de  los  ejércitos  de  ocupación  apli- 
ca restricciones,  tanto  bajo  el  punto  de  vista  del  tra- 
bajo impuesto  á  las  poblaciones,  como  en  lo  que  con- 
cierne á  las  con- 
diciones de  ese 
trabajo.  Además, 
limita  de  una 
manera  exacta 
el  derecho  que 
se  arroga  el  ocu- 
pante para  ha- 
cer cambiará  los 
ocupantes  de  do- 
micilio, y  final- 
mente, suprime 
en  definitiva  el 
internamiento 
del  paisanaje.» 
Si,  como  era 
de  esperar,  se 
cumplían  estric- 
tamente todos 
estos  acuerdos, 
desaparecerían 
muchas  dificul- 
tades y  torturas. 
La  liberación  de 

todos  los  internados  civiles  comportaba  también  la 
de  los  rehenes. 


VI 


Manifestación  interaliada  en  París  con  motivo  de  la 
fiesta  nacional  británica.— Situación  militar  y  marí- 
tima en  Mayo  de  1918. 

El  "24  de  Mayo  do  1918  se  celebraron  en  Francia 
muchas  manifestaciones  organizadas  por  el  comité  «El 
Esfuerzo  de  Francia  y  de  sus  aliados»,  á  fin  de  aso- 
ciarla á  la  fiesta  del  Imperio  británico  que  tradicional- 
mente  celebran  ese  día  Inglaterra  y  sus  colonias. 

El  acto  de  París  se  celebró  en  la  Sorbona,  con  asis- 
tencia del  presidente  de  la  República,  de  los  miem- 
bros del  gobierno  y  de  los  embajadores  de  las  poten- 
cias aliadas. 

Hubo  discursos  muy  importantes.  El  primero  de 

Tono  IX 


Kric£«1  tu  :  i 


BANDO   DB  LOS  ALEMANES   RELATIVO   A   LA   EVASIÓN   DE   UN   PRISIONERO   CIVIL 


ellos  lo  pronunció  Paul  Deschanel,  presidente  de  la 
Cámara  francesa.  Dijo  así: 

«Existe  un  pueblo  grande  por  la  rozón  y  por  la 
imaginación,  grande  sobre  todo  por  la  voluntad,  que 
después  de  haber  fundado  la  libertad  civil  y  la  liber- 
tad política  ha  llegado  á  ser  el  baluarte  de  la  libertad 
europea;  un  pueblo  que  ha  llevado  la  civilización,  á 
través  de  los  mares  lejanos,  á  los  pueblos  bárbaros, 
bajo  estrellas  desconocidas;  un  pueblo  que  con  Shake- 
speare ha  penetrado  hasta  el  fondo  más  íntimo  del  hom- 
bre, renovando  la  filosofía  con  Bacón  y  encontrando 
la  ley  de  los  mundos  con  Newton.  Ese  pueblo  ha  te- 
nido la  conmovedora  idea  de  hacer  de  este  día,  aniver- 
sario del  nacimiento  de  la  reina  Victoria,  la  fiesta  del 
Imperio  británi- 
co. El  comité 
L'Effort  de  la 
France  ct  de  ses 
alliées,  que  pre- 
side nuestro  emi- 
nente  amigo 
M .    Pichón,   y 
cuyo  activo  se- 
cretario general 
es  M.  Paul  Lab- 
be.    comité   que 
ha  tenido  tantas 
y  tan  felices  ini- 
ciativas y  susci- 
tado tan  conmo- 
vedoras  mani- 
festaciones  co- 
mo la  del  1.°  do 
Marzo  último  en 
honor   de  Alsa- 
cia-Lorena,   ha 
organizado    en 
las   principales 
ciudades  de  Francia  reuniones  en  las  cuales,  en  estos 
mismos  momentos,  oradores  distinguidos  hablan  del 
esfuerzo  naval,  militar,  económico,  financiero,  inte- 
lectual, etc.,  del  Imperio  británico  durante  la  guerra. 
Queremos  que  en  estos  momentos,  en  todos  los  puntos 
del  globo,  todo  ÍDglés,  todo  subdito  del  Imperio,  sienta 
que  nuestros  corazones  laten  con  el  suyo.  Queremos 
que  todas  las  familias  en  duelo  nos  hallen  junto  á 
ellas;  queremos  que  los  soldados  británicos  que  duer- 
men su  último  sueño  en  nuestra  tierra  sagrada  sientan 
pasar  sobre  su  tumba  el  soplo  de  nuestra  piedad.  Al 
designar  al  presidente  de  la  Cámara  para  estas  solem- 
nidades, el  comité  de  organización  ha  querido  asociar 
á  ellas  al  Parlamento  francés,  lia  querido  así  colocar- 
las bajo  el  patronato  de  los  más  antiguos  y  de  los  más 
fieles  amigos  que  tiene  Inglaterra  en    nuestro  país. 
Hubo  un  tiempo — ya  lejano — ,  allá  por  los  últimos  años 
del  siglo  XIX,  en  que  Inglaterra  y  Francia  perdían  un 
tiempo  precioso  en  querellas  arcaicas.  Nosotros  soste- 
níamos la  necesidad  de  una  entente  que  en  aquel  en- 

17 


Le  nommé  Moroy,  Edouard,  prisoimier  civil,  age  de 
56  ans,  s'est  évadé  de  Hotel  de  Villa  la  nuit  du  15  au 
16  novembre 

Jl  est  rappelé  aux  habitante  i|ii'  il  est  interdit,  dans 
l'intérét  de  la  population,  de  lui  donner  asil  et  de  subvenir 
á  ses  besoins,  sons  quelque  forme  que  ce  soit. 

Les  contrevenants  seront  punís  sévérement. 

Noyon,  le  16  novembre  1915. 

Le  commandant  de  place. 


138 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


tonces  parecía  quimérica.  En  nuestra  opinión,  la  rivali- 
dad entre  la  patria  de  Milton  y  la  patria  de  Corneille; 
entre  la  patria  de  Descartes  y  la  de  Locke;  entre  el  país 
de  Harvey  y  el  de  Pascal;  entre  la  nación  del  habeos 
Corpus  y  la  de  la  Declaración  de  los  Derechos  del  Hom- 
bre; entre  el  pueblo  de  la  Carta  Magna  y  el  pueblo 
que  ha  salvado  la  civilización  en  Poitiers,  en  Bouvi- 
nes,  en  Valmy,  era  un  crimen  contra  la  razón.  Por 
nuestra  parte,  esta  rivalidad  era  un  anacronismo  fu- 
nesto, y  no  podía  servir  sino  para  fortalecer  la  poten- 
cialidad abusiva  de  aquellos  que  en  1S71  habían  des- 
membrado á  la  nación  francesa. 

Por  fin,  en  los  albores  del  siglo  XX,  el  2  de  Mayo 
de  190."í,  un  príncipe  de  espíritu  claro,  hombre  de  ex- 
periencia y  además  prudentísimo,  el  rey  Eduardo  VII, 
dijo  en  la  Cámara  de  Comercio  británica  de  París  estas 
palabras,  por  entonces  nuevas:  «La  amistad  de  ambos 
países  es  el  objeto  de  mis  constantes  preocupacio- 
nes...» Venía  á  nosotros  tendiéndonos  la  mano,  no 
con  un  designio  de  hostilidad  hacia  Alemania,  sino 
con  un  pensamiento  de  precaución  contra  la  ambición 
creciente  que  ya  no  disimulaba  ésta. 

El  emperador  Guillermo  había  dicho  el  20  de  Junio 
de  1902  en  Aix-la-Chapelle:  «Á  lo  que  aspira  el  genio 
alemán  es  al  imperio  del  mundo.»  Al  hablar  así,  el 
emperador  se  hacía  intérprete  de  la  Alemania  toda: 
poetas,  filósofos,  historiadores,  hombres  de  Estado, 
guerreros,  economistas,  profesores,  aun  de  aquellos 
que  más  habían  sentido  la  influencia  del  genio  francés. 

En  Enero  de  1907,  al  día  siguiente  de  las  eleccio- 
nes del  Reichstag,  Guillermo  II,  recordando  la  frase  de 
Bismarck:  «Alemania  sabe  ir  á  caballo  cuando  y  hacia 
donde  desea»,  dijo:  «No  solamente  iremos  á  caballo, 
sino  que  derribaremos  á  nuestro  paso  y  á  caballo  to- 
dos los  obstáculos  que  se  nos  opusieren...»  En  esta 
ocasión  citó  los  versos  de  Kleist:  «¿Qué  nos  importa 
la  regla  según  la  cual  se  derribe  á  nuestro  enemigo, 
cuando  yace  á  nuestros  pies  y  con  él  todos  sus  estan- 
dartes?... ¡La  regla  que  logra  derribarlo  es  la  más  alta 
de  todas!»  Y  añadía  el  emperador:  «¡El  arte  de  derri- 
barlo lo  sabemos  ya,  y  ardemos  en  el  deseo  de  ponerlo 
en  práctica  una  vez  más!...» 

En  Enero  de  1909  proclamó,  ante  toda  Alemania, 
su  aprobación  elogiosa  del  libro  del  jefe  de  Estado 
Mayor,  general  Von  Schlieffen:  «El  tratado  de  Franc- 
fort no  es  mas  que  una  tregua.»  Todos  los  alemanes 
acariciaban  el  mismo  sueño:  «Alemania  dominando 
al  mundo.»  El  país  no  vivía  sino  repitiendo  las  máxi- 
mas que  habían  hecho  su  grandeza  y  su  fuerza.  Para 
ella,  Fuerza,  Virtud,  eran  sinónimas.  La  invasión  del 
Luxemburgo  y  de  Bélgica  estaba  escrita  en  el  territo- 
rio todo,  como  lo  demostró  en  un  discurso  memorable 
M.  Leygucs,  que  representa  hoy  aquí  al  gobierno  de 
la  República.  Sin  embargo,  ni  Inglaterra  ni  Francia 
querían  creer  en  el  peligro.  Los  ministros  ingleses 
creían  que  con  hacer  todo  lo  posible  por  mantener  la 
paz  evitaban  la  guerra.  La  Memoria  del  príncipe  Lich- 
nowsky  ha  probado  hasta  qué  punto  se  hallaban  ins- 


pirados por  sentimientos  y  propósitos  conciliadores 
para  con  Berlín.  En  1912,  en  Londres,  pude  darme 
cuenta  de  cuan  lejanas  de  sus  espíritus  se  hallaban 
las  preocupaciones  que  nos  perseguían. 

Es  irrisorio  pretender,  como  lo  hacen  los  alemanes, 
que  Inglaterra  meditase  en  destruirlos.  Inglaterra  se 
hallaba  entregada  por  entero  al  trabajo,  al  comercio; 
gobernada  por  hombres  de  los  más  pacíficos,  contaba 
apenas  con  un  ejército  de  150.000  hombres. 

Alemania  le  hizo  notar  claramente  que  seguía 
siendo  el  país  de  Federico  y  de  Bismarck.  la  invasora 
de  Silesia  y  autora  del  telegrama  de  Ems.  Correspon- 
dió á  los  métodos  cortesanos  de  sus  ministros  hirién- 
dola en  lo  vivo,  apuntándole  al  corazón.  Y  de  ahí  á 
poco  iba  á  sumar  á  tan  horrendos  recuerdos  el  asesi- 
nato de  miss  Edith  Cavell. 

Entonces  se  cumplió  el  prodigio  que  venimos  á 
glorificar  aquí  hoy,  esta  improvisación  gigantesca, 
que  exponemos  á  los  siglos  venideros,  no  para  que  la 
imiten,  pues  milagros  semejantes  no  se  repiten,  sino 
para  que  la  admiren. 

De  este  pueblo  marino  y  comerciante  surgieron 
multitud  de  voluntarios:  en  la  primavera  de  1915, 
2.400.000;  á  fines  de  aquel  mismo  año,  3.200.000,  gra- 
cias al  espléndido  esfuerzo  de  Lord  Kitchener,  y  luego 
de  Lord  Derby,  de  Lord  Derby,  quien  logró  así  dar  á  su 
nombre  nuevo  brillo;  quien,  tomando  la  dirección  del 
impulso  militar  británico,  ha  perpetuado  la  tradición 
ilustre  de  sus  antepasados;  quien,  el  otro  día,  con  sus 
primeras  palabras  pronunciadas  en  París,  con  su  len- 
guaje tan  franco  al  hablar  de  la  unidad  de  mando  y 
de  las  relaciones  franco-británicas,  se  conquistó  las 
simpatías  de  Francia,  y  á  quien  damos  una  cordial 
bienvenida,  expresando,  con  él,  á  su  eminente  prede- 
cesor Lord  Bertie,  quien  durante  tres  distintos  reina- 
dos sucesivos  ha  servido  tan  bien  y  contribuido  á  la 
concordia  de  ambas  naciones;  á  uno  nuestra  más  sin- 
cera pena  por  su  partida,  y  al  otro  nuestra  fiel  amistad. 

El  2.">  de  Mayo  de  1916,  el  rey  Jorge  V,  en  mensaje 
dirigido  á  su  pueblo,  expresaba  la  satisfacción  que  le 
causó  «el  admirable  patriotismo  y  la  abnegación  de 
que  la  nación  había  dado  pruebas  proporcionando  me- 
diante el  reclutamiento  voluntario,  en  lo  que  va  de 
guerra,  5.041.000  hombres».  Y  el  rey  agregaba:  «Este 
esfuerzo  supera  á  lo  que  pueblo  alguno  ha  hecho  en 
circunstancias  análogas.» 

Mas  no  fué  eso  todo.  El  Parlamento  votó  el  servi- 
cio obligatorio.  Esta  fué  la  victoria  más  grande  que 
un  pueblo  puede  lograr  sobre  sí  mismo,  el  triunfo  del 
deber  y  de  la  conciencia.  Y  esta  victoria  era  la  prenda 
de  la  victoria  que  obtendremos  juntamente  sobre  el 
enemigo. 

Las  colonias,  protectorados  y  dominios  británicos 
han  rivalizado  en  apoyar  ala  madre  patria.  El  Canadá 
ha  enviado  más  de  400.000  hombres;  la  India,  350.000; 
Australia,  más  de  300.000;  el  África  del  Sur,  60.000; 
Nueva  Zelanda,  86.000;  Terranova,  6.000,  ó  sea  un 
total  superior  á  1.200.000  hombres. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


139 


Otros  oradores,  en  otras  ciudades,  describen  en 
estos  instantes  el  estupendo  esfuerzo  que  la  industria 
de  nuestros  vecinos  lleva  logrado  merced  al  enérgico 
impulso  de  Mr.  Lloyd  George  como  ministro  de  Mu- 
niciones y  de  sus  sucesores.  En  los  comienzos  del 
año  1906'  había  2.500  fábricas  que  trabajaban  por 
cuenta  del  gobierno  británico.  A  fines  de  1917,  el  nú- 
mero de  fábricas  fué  aumentando  hasta  ó. 000,  y  cada 
día  aumenta  más. 

Bajo  el  aspecto  financiero,  hay  que  saber  que  los 
créditos  de  guerra  votados  desde  1914  ascendían,  en 
Marzo  de  1918,  á  156.000.000.000  do  francos. 

Nada  diré  de  las  hazañas  de  la  marina  británica, 
ni  de  sus  victorias  de  Heligoland,  de  las  islas  Falk- 
land, del  Dog- 
gerBank,deJut- 
landia,  de  Catte- 
gat,  que  el  genio 
del  ilustre  Rud- 
yard  Kipling, 
aquí  presente, 
ha  cantado  en 
versos  inmorta- 
les, como  ha 
cantado  la  va- 
lentía francesa; 
y  por  último,  los 
intrépidos  ata- 
ques á  Zeebrug- 
ge  y  á  Ostende, 
de  los  cuales 
uno  de  nuestros 
grandes  mari- 
nos, el  almiran- 
te Fournier,  ha 
dicho:  «Es  el 
más  bello  hecho 
de  armas  de  la 

historia  naval  de  todos  los  pueblos  y  de  todos  los 
tiempos.» 

Con  estos  actos  admirables,  la  marina  británica  ha 
realizado  en  silencio  una  obra  no  menos  útil.  Ha  neu- 
tralizado la  flota  del  enemigo,  impedídole  su  abaste- 
cimiento y  su  comercio,  asegurando  á  las  potencias 
de  la  Entente  el  transporte  de  tropas  y  municiones, 
además  del  tráfico  comercial.  Lleva  transportados 
17.250.000  hombres,  '2.000.000  de  caballos,  :37. 000.000 
de  toneladas  de  vituallas  para  el  ejército,  72.000.000 
de  toneladas  de  carbón  y  otros  combustibles. 

En  1915  los  alemanes  inauguraron  una  campaña 
submarina  que  duró  varios  meses;  pero  poco  después 
se  vieron  obligados  á  renunciar  á  ella,  adoptando  un 
plan  diferente,  que  entró  en  vigor  en  Febrero  de  1917. 
Este  plan  fué  la  causa  que  colocó  definitivamente  á 
los  Estados  Unidos  al  lado  de  las  potencias  de  la  En- 
tente. Cuando,  hace  más  de  un  año,  Alemania  procla- 
mó la  guerra  submarina  sin  restricciones,  anunció 
que  de  allí  á  poco  Inglaterra  capitularía;  y  el  resultado 


LOS   DIQUES   DE   I'OLILLE   Y    DE   Sl'OLETTE    VISITANDO   EL   FRENTE   DE    VEKDl  N 


fué  que,  en  vez  de  la  capitulación  de  Inglaterra,  pro- 
vocó la  declaración  de  guerra  de  los  Estados  Unidos. 
La  guerra  submarina,  que,  según  los  alemanes,  debió 
haber  matado  de  hambre  á  Inglaterra  desde  el  verano 
próximo  pasado,  no  logró  ni  siquiera  impedir  este  año 
la  llegada  de  millares  de  norteamericanos  á  Francia. 
Esto  es  lo  que  M.  Georges  Leygues,  ministro  de 
Marina,  explicó  recientemente  á  la  comisión  de  Ma- 
rina de  la  Cámara,  y  es  asimismo  lo  que  acaba  de  ha- 
cer ver  por  la  primera  vez  un  crítico  militar  alemán, 
el  coronel  Goedtke. 

Alemania  ha  unido  á  Francia  y  á  Inglaterra,  no 
tan  sólo  en  la  lucha  presente,  sino  para  siempre.  Antes 
de  la  guerra  había  en  el  campanario  de  Calais  un  reloj 

flamenco.  Sobre 
él  hallábanse  las 
figuras  de  dos 
caballeros  arma- 
dos de  lanzas: 
Enrique  VIII,  rey 
de  Inglaterra,  y 
Francisco  I,  rey 
de  Francia.  Ca- 
da vez  que  sona- 
ba la  hora  cam- 
biaban un  bote 
de  lanza:  un  lan- 
zazo á  la  una, 
tres  cuando  las 
campanas  sona- 
ban las  tres,  do- 
ce á  mediodía. 
Un  obús  alemán 
ha  caído  sobre 
los  justadores  y 
ha  puesto  fin  al 
combate...  para 
siempre.  ¡Es  ese 
el  único  obús  alemán  que  ha  sido  disparado  con  ta- 
lento!... 

Saludo  en  la  persona  del  señor  embajador  de  los 
Estados  Unidos  á  nuestra  querida  y  gloriosa  aliada  la 
gran  República  norteamericana.  Aclamamos  cou  todo 
nuestro  corazón  á  sus  admirables  soldados,  valerosos, 
disciplinados,  dispuestos  á  escuchar  los  consejos  de 
aquellos  que  han  adquirido  la  experiencia  de  esta  te- 
rrible guerra,  soldados  escogidos  física  y  moralmente 
de  entre  este  noble  pueblo  que,  según  la  expresión  de 
uno  de  sus  hijos,  dará  hasta  su  último  dólar  y  hasta 
la  última  gota  de  sangre  por  una  idea.  Saludo  igual- 
mente en  la  persona  del  señor  embajador  de  Italia  á 
su  patria  incomparable,  creadora  del  Derecho  y  madre 
de  la  idea  francesa.  Hoy  hace  tres  años  que  empuña 
la  espada  para  defender  con  nosotros  el  ideal  latino. 
Es  una  circunstancia  de  feliz  augurio  que  el  aniver- 
sario de  la  entrada  en  guerra  de  Italia  coincida  con 
la  fiesta  del  Imperio  británico,  y  que  podamos  cele- 
brarla al  propio  tiempo  en  la  montaña  santa  que  amó 


140 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


el  Dante.  Los  combatientes  del  Marne,  de  Verdón,  de 
Montdidier,  hacen  votos  fervientes  por  los  intrépidos 
marineros  del  Adriático,  por  los  valerosos  soldados 
que  en  las  cimas  nevadas  del  Carso  han  reavivado  la 
llama  heroica  de  la  Ciudad  Eterna. 

Nos  acercamos,  señores,  á  la  hora  suprema.  Tene- 
mos á  nuestra  vista  la  más  espantosa,  la  más  cínica 
empresa  de  dominación  y  de  asfixia  universal  que 
la  tierra  haya  mirado.  Alemania,  que  guiada  por  sus 
apetitos  ha  pisoteado  todas  las  leyes  morales,  ha 
hecho  que  se  levante  contra  ella  la  mitad  del  mundo. 
El  crimen  engendra  el  crimen.  Después  del  tratado 
de  Brest-Litovski,  que  despedaza  á  Rusia,  el  tratado 
de  Bucarest  aplasta  á  Rumania.  Holanda  y  Suiza  aca- 


PAUÍS.  ESTACIÓN-   DE  ALSTEELITZ.  SALIDA   DE   LOS   RECLUTAS   DEL    11 


ban  de  ser  inquietadas.  Armenia  está  exterminada. 
Por  el  ejemplo  de  Ukrania,  de  Finlandia  y  de  Polonia, 
se  ve  claramente  cómo  respeta  Alemania  su  palabra 
y  las  reglas  elementales  del  Derecho  internacional. 
La  última  esperanza  de  los  Imperios  centrales  es  el 
éxito  de  la  ofensiva  occidental.  Ahora  bien;  nuestras 
tropas,  que  sobrepasan  el  heroísmo  á  todo  lo  que  ja- 
más vieron  los  hombres,  este  ejército,  en  que  cada 
soldado  vale  tanto  como  un  suboficial,  da  el  máximo 
de  lo  que  puede  dar  un  ser  humano;  este  ejército,  cuyo 
uniforme  azul  pálido  despierta  por  todas  partes  la 
esperanza,  exclama:  «¡No  han  pasado,  no  pasarán!» 
No  pasarán.  Y  por  encima  de  los  gases  que  se  arras- 
tran surcan  el  espacio,  cada  día  más  numerosas,  nues- 
tras heroicas  escuadrillas.  La  esperanza  del  enemigo 
es  vana,  y  los  problemas  que  la  lucha  suscita  serán 
resueltos  conforme  á  Derecho.  Nuestros  aliados  están 
unánimes  en  ello.  Mr.  Lloyd  George  dijo  el  5  de  Enero 
último:  «Queremos  sostener  hasta  la  muerte  á  la  De- 
mocracia francesa  en  sus  demandas  de  revisión  de  la 


injusticia  cometida  en  1871...  Esta  úlcera  ha  infestado 
durante  medio  siglo  la  paz  europea...»  Tres  días  más 
tarde,  el  presidente  Wilson  dijo  á  su  vez  en  su  mensaje 
al  Congreso:  «El  agravio  inferido  por  Prusia  á  Francia 
en  Alsacia-Lorena,  y  que  ha  turbado  la  paz  del  mundo 
durante  cincuenta  años,  deberá  ser  reparado,  á  fin  de 
que  la  paz  sea  asegurada  para  bien  de  todos.» 

Sí,  Alemania  ha  sellado  para  siempre  la  alianza 
política,  militar  y  económica  de  todos  los  pueblos 
libres.  La  fraternidad  de  éstos  sobrevivirá  á  las  duras 
luchas  en  que  se  fortalecen.  Ella  será  la  base  de  la 
futura  Sociedad  de  Naciones,  ideal  de  toda  alma  que 
aspire  á  la  Justicia.  Su  indestructible  unión  fundar;! 
la  igualdad  de  derechos  entre  los  Estados  civilizados, 
la  independencia  de  Europa  y  la 
tranquilidad  del  mundo.  Los  alia- 
dos quieren  toda  la  guerra  preci- 
samente porque  aspiran  á  toda  la 
paz.» 

Seguidamente  hizo  uso  de  la  pa- 
labra M.  Millerand,  ex  ministro  de 
la  Guerra  y  presidente  de  la  Liga 
Marítima  Francesa,  y  á  continua- 
ción habló  el  embajador  de  la  Gran 
Bretaña,  Lord  Derby,  quien  dijo  en- 
tre otras  cosas  lo  siguiente: 

«Me  complazco,  al  encontrarme 
en  este  histórico  recinto,  no  sólo 
como  embajador,  sino  también  como 
rector  de  la  Universidad  de  Liver- 
pool, la  cual  tiene  á  mucho  honor, 
como  universidad  más  joven,  inspi- 
rarse en  las  antiguas  tradiciones  de 
la  Sorbona.  De  los  labios  de  vues- 
tros propios  conciudadanos  habéis 
oído  lo  que  la  nación  por  mí  repre- 
sentada ha  venido  haciendo  en  pro 
de  la  causa  común.  No  hay  len- 
guaje que  baste  para  expresar  toda  la  gratitud  que 
siento  hacia  los  que  se  dedican  á  dar  á  su  propio  pue- 
blo una  idea  verdadera  del  esfuerzo  que  el  Reino  Unido 
y  sus  colonias  hacen  actualmente  por  la  sublime 
causa  de  la  libertad  del  mundo. 

Las  recientes  hazañas  de  Ostende  y  de  Zeebrugge 
han  atraído  especial  atención  sobre  lo  que  la  ma- 
rina británica  lleva  realizado  en  circunstancias  parti- 
cularmente arduas,  pero  tampoco  debemos  olvidar  la 
labor  más  vasta  que  lleva  á  cabo  la  marina,  en  silen- 
cio, manteniendo  los  mares  libres  para  la  navegación 
de  transportes  con  tropas  y  municiones  destinadas  á 
los  aliados. 

Permitidme  que  rinda  tributo  á  vuestros  valero- 
sos soldados,  que  tanto  han  sufrido  en  la  heroica 
lucha  librada  en  su  propio  suelo.  Ya  amaba  yo  á  Fran- 
cia y  la  admiraba;  pero  desde  que  vivo  entre  vosotros 
cada  día  aprecio  más  las  espléndidas  cualidades  de  la 
nación  francesa. 

Después,  el  ministro  de  Marina,  M.  Leygues,  habló 


Historia  de  la  guerra  europea  de  1914 


141 


en  nombre  del  gobierno  francés.  He 
aquí  lo  más  notable  de  su  discurso: 

«Traigo,  en  nombre  del  gobierno, 
la  más  calurosa  adhesión  al  home- 
naje solemne  que  Francia  rinde  hoy 
día  al  esfuerzo  espléndido  y  á  la  po- 
tencia naval  de  la  Gran  Bretaña. 

Por  absorta  que  se  halle  por  la 
guerra,  por  más  que  dedica  todas 
sus  energías  á  la  acción,  Francia 
piensa  y  siente;  y  para  celebrar  el 
heroísmo  de  sus  aliados  no  teme 
escoger  esta  hora,  no  obstante  gra- 
vitar sobre  ella  todo  el  peso  del 
porvenir. 

En  el  conflicto  presente,  el  fac- 
tor naval  es  un  factor  decisivo.  El 
mar  es  un  inmenso  tablero  de  aje- 
drez donde  se  están  jugando,  tanto 
como  sobre  el  frente  terrestre,  todas 
las  posibilidades  de  la  victoria. 

Alemania  sabía  que  si  las  nacio- 
nes á  quienes  se  proponía  arruinar 
conservaban  en  su  poder  las  rutas  marítimas,  ella  no 
realizaría  su  sueño  de  dominación.  Entre  los  motivos 
que  la  han  empujado  á  desencadenar  la  catástrofe, 
hay,  pues,  que  señalar  su  ambición  de  dominar  en  los 
mares  y  de  adquirir  la  hegemonía  económica  y  política 


EL  GENERAL   MAZILLIBR  OBSERVANDO   EL   FL'HUO   DU   LA    ARTI- 
LLERÍA  EX   UNA   TRINCHERA   DE   LA   CHAMPAÑA 


EL   VALLE   DE   PET1T  MOHÍN   INUNDADO,    V1BT0  ÜEdDH   (JOURCELLES 


que  conduce  á  tal  logro.  Gracias  á  la  supremacía  ma- 
rítima de  la  Gran  Bretaña,  la  Entente  posee  el  dominio 
de  los  mares,  y  puede  ver  con  confianza  el  porvenir. 

En  el  transcurso  de  estos  últimos  meses  ha  echado 
á  pique  más  submarinos  que  los  alemanes  pueden 
construir.  Protege  á  los  transportes  que  nos  dan  el  tri- 
go, el  carbón,  el  hierro,  y  que  durante  el  mes  de  Abril 
ya  desembarcaron  en  playas  francesas  más  de  400. 000 
soldados. 

De  las  ruinas  de  la  Europa  de  ayer  surgeu  ya  las 
bases  de  la  Europa  de  mañana:  las  nacionalidades. 
Nacen  ó  renacen  de  la  guerra,  y  vivirán  porque  triun- 
fando los  aliados  impondrán  el  dogma  de  todas  las 
patrias  soberanas  é  inviolables.  Es  la  solidaridad  de 
estas  patrias,  grandes  ó  pequeñas,  constituidas  en  Fe- 
deración del  Derecho  y  apoyadas  en  su  fuerza  común, 
lo  que  asegurará  el  triunfo  de  la  Justicia  internacio- 
nal y  de  la  paz. 

Hace  tres  años  hoy  que  Italia  declaró  la  guerra  á 
Austria- Hungría.  Una  vez  más,  desde  el  Imperio  ro- 
mano, unida  en  su  mismo  sentimiento  de  orgullo  na- 
cional, consciente  de  su  deber  supremo,  ha  sacado  la 
espada  para  tomar  parte  en  la  gran  batalla  que  deci- 
dirá si  la  barbarie  debe  triunfar  de  la  civilización,  si 
la  fuerza  bruta  puede  pisotear  la  independencia  y  la 
dignidad  popular.» 

Con  ocasión  de  la  fiesta  nacional  británica,  la  Aso- 
ciación de  la  Prensa  parisién  envió  á  su  colega  de  Lon- 
dres el  siguiente  despacho: 

«En  el  momento  en  que  los  ejércitos  ingleses  lu- 
chan junto  á  los  nuestros  para  asegurar  el  triunfo  de- 
finitivo de  la  civilización  sobre  la  barbarie,  el  acto  de 
celebrar  la  tiesta  nacional  del  Imperio  británico  toma 
un  sentido  especial  que  no  puede  ser  indiferente  á 
Francia. 


142 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


La  Asociación  de  la  Prensa  parisién  hace  suyos  los 
testimonios  de  afecto  que  toda  Francia  muestra  á  su 
aliada  y  ruega  á  sus  colegas  de  Inglaterra  que  acojan 
su  más  sincera  y  cordial  confraternidad.» 

Firmaba  este  despacho,  en  calidad  de  presidente, 
M.  Barthou,  ex  presidente  del  Consejo  de  ministros  de 
Francia. 

o 

\  fines  del  mismo  mes,  la  ciudad  de  Edimburgo 
confirió  á  Llody  George  el  título  do  ciudadanía,  y  con 
tal  motivo  se  celebró  un  acto  donde  el  primer  ministro 
británico  resumió  en  un  discurso  la  situación  maríti- 
ma y  militar. 

Veamos  las  declaraciones  de  Llody  George: 
«Desde  que  tomé  las  riendas  del  gobierno,  hace 
diez  y  ocho  meses,  no  sólo  yo,  sino  todo  el  gobierno, 
al  igual  que  los  aliados,  hemos  tenido  que  enfren- 
tarnos con  dos  circunstancias  adversas  que  nos  han 
tocado  en  suerte.  Primeramente,  el  derrumbamiento 
de  Rusia.  Rusia  era  una  aliada  que  tenía  ejércitos 
enormes  con  que  combatir  y  distraer  millones  de  entre 
las  mejores  tropas  de  nuestros  enemigos.  La  postra- 
ción de  Rusia  ha  venido,  pues,  á  significar  para  las 
potencias  centrales  un  enorme  acrecentamiento  de 
refuerzos  en  los  momentos  en  que  los  contingentes 
de  los  beligerantes  en  general  se  hallaban  casi  á  punto 
de  quedar  exhautos.  Alemania  ha  utilizado  millones 
de  prisioneros  rusos,  lo  cual  le  permite  enviar  sus  pro- 
pios soldados  á  la  línea  de  batalla.  Sin  contar  con  que 
pudo  además  sacar  de  los  ejércitos  que  tenía  en  Orien- 
te cientos  de  miles  de  soldados  aguerridos  y  bien  pre- 
parados, y  mandarlos  contra  nuestras  tropas  al  frente 
occidental.  Ese  fué  uno  de  los  primeros  problemas  que 
el  gobierno  tuvo  que  afrontar.  Por  aquel  entonces  aún 
no  podíamos  contar  con  la  ayuda  de  los  Estados  Uni- 
dos; su  ejército  era  reducido,  y  se  necesita — nosotros 
lo  sabemos  por  experiencia — mucho  tiempo  para  le- 
vantar, adiestrar  y  equipar  ejércitos.  Aun  en  este  mo- 
mento, Norte  América  uo  ha  llegado,  á  pesar  del  estu- 
pendo impulso  que  ha  dado  ya  á  la  guerra,  á  alcanzar 
el  equivalente  de  la  quinta  parte  de  la  fuerza  comba- 
tiva que  el  enemigo  acrecentó  debido  al  fracaso  ruso. 
La  otra  circunstancia  adversa  era  la  campaña  sub- 
marina sin  restricciones,  que,  afortunadamente  para 
el  buen  nombre  de  las  grandes  naciones,  ha  resultado 
ser  un  ejemplo  absolutamente  sin  precedente  en  la 
Historia.  Ningún  derecho  teníamos  á  temerlo,  ni  aun 
de  Alemania  misma.  Su  trascendencia  puede  medirse 
cuando  se  piensa  en  el  número  de  barcos  mercantes 
que,  sin  pertenecer  á  nación  beligerante  alguna,  sino 
más  bien  á  veces  á  naciones  amigas  de  Alemania,  eran 
enviados  al  fondo  del  mar  sin  ninguna  advertencia  ni 
medida  para  salvar  las  vidas  de  hombres  y  mujeres 
indefensos.  En  toda  la  historia  de  la  piratería  no  existe 
ejemplo  que  le  iguale.  Mas  para  Alemania,  el  método 
presentaba  sus  ventajas:  ventajas  temporales.  El  error 
triunfa  á  menudo  en  los  comienzos,  pero  nunca  le  dura 
el  brillo.  No  cabe  dudar  que  en  esta  ocasión  le  dio  á 


Alemania  ventajas  temporales.  Cuando  los  submari- 
nos alemanes  avistaban  barcos  y  tenían  quedeternerse 
á  averiguar  antes  de  disparar  si  éstos  iban  armados  ó 
desarmados  y  con  qué  bandera  navegaban,  si  eran  bri- 
tánicos ó  norteamericanos,  ó  noruegos,  suecos,  etcé- 
tera, les  daban  tiempo  para  escapar;  pero  una  vez  que 
decidieron  hundir  á  primera  vista  todos  los  barcos  que 
encontraban  á  flote,  sus  depredaciones  no  tenían  más 
límite  que  las  precauciones  tomadas  de  ordinario  por 
la  marina  mercante  y  el  poco  castigo  que  por  entonces 
era  dable  imponer  á  los  piratas. 

Al  principio,  la  guerra  submarina  se  fué  intensifi- 
cando, hasta  llegar  á  ser  no  sólo  una  amenaza,  sino  un 
gran  peligro.  Hoy  podemos  decir  sin  temor  la  ansie- 
dad que  ello  llegó  á  causarnos.  Los  alemanes  estuvie- 
ron á  punto  de  triunfar  en  un  principio,  y  nada  había 
que  garantizase  por  entonces  lo  contrario,  pues  el  mar 
no  tiene  caminos.  Cierto  es  que  en  los  comienzos  se 
había  dado  ya  el  caso  de  que  nuestros  convoyes  se 
hallaran  en  un  momento  dado  aislados  por  redes  de 
alambre  y  bloques  de  acero,  y  pudimos  protegernos 
contra  nuestros  asaltantes.  Pero  sería  punto  menos  que 
imposible  tender  redes  por  todo  el  océano  Atlántico  ó 
construir  fortines  en  la  bahía  de  Vizcaya.  Si  hubie- 
ran triunfado  nos  habrían  interceptado  los  víveres,  y 
el  transporte  de  soldados  y  municiones  á  los  varios 
teatros  de  guerra,  tanto  para  nuestras  propias  tropas 
como  para  las  de  nuestros  aliados,  hubiera  sido  im- 
posible. La  marina  mercante  británica  es  un  órgano 
esencial  de  los  ejércitos  aliados.  Cortarlo  significaría 
quitar  la  vida  á  la  Entente.  Ese  fué  el  problema  que 
hubimos  de  acometer. 

Al  punto  pusimos  todos  los  departamentos  del  go- 
bierno, cada  uno  en  su  esfera  de  acción,  á  resolverlo. 
Comenzamos  por  reorganizar  nuestro  tráfico  mercante 
con  objeto  de  hacer  el  mejor  empleo  posible  del  tonelaje 
de  que  disponíamos,  y  por  cierto  que  fué  un  escocés 
quien  tan  brillantemente  realizó  la  empresa.  Tuvimos 
luego  que  reducir  nuestras  exigencias  y  las  importa- 
ciones en  grande  escala,  sin  la  más  leve  protesta.  Mi- 
llones de  toneladas  llegamos  á  economizar  al  país  en 
materia  de  tonelaje  dedicado  á  importaciones.  Esto 
hizo  naturalmente  necesario  aumentar  la  producción 
nacional,  á  fin  de  lograr,  en  lo  más  que  fuera  posible, 
bastarnos  á  nosotros  mismos.  Aumentamos  nuestra 
producción  de  metales  y  aprovechamiento  de  nuestros 
bosques  por  millones  de  toneladas,  empresa  en  que 
Escocia  ha  tomado  gran  participación,  como  en  todo 
lo  demás.  Se  obtuvo  asimismo  buen  éxito  en  lo  refe- 
rente á  productos  alimenticios,  merced— permitidme 
que  lo  haga  constar— al  patriotismo  con  que  los  labra- 
dores del  país  acudieron  al  llamamiento  que  se  les 
hizo,  no  menos  que  á  los  dueños  de  tierras,  cuyo  ejem- 
plo é  iniciativas  han  dado  gran  impulso  al  movimiento 
en  pro  de  una  producción  nacional  mayor.  El  desinte- 
rés que  este  nuevo  espíritu  de  cooperación  revela,  esa 
manera  de  renunciar  sin  prejuicios  á  todo  bien  perso- 
nal y  aun  á  los  comunes  de  la  patria,  son  prendas  de 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


143 


muy  legítima  esperanza  para  lo  futuro.  Si  esto  conti- 
núa como  va,  el  problema  arduo,  difícil,  quedará  so- 
lucionado al  terminar  la  guerra.  De  1910  hasta  la  fecha 
hemos  aumentado  el  corte  de  maderas  del  país  en  cua- 
tro millones  de  acres  en  el  Reino  Unido,  y  eso  que 
cientos  de  miles  entre  el  mejor  elemento  campesino 
tuvieron  que  dejar  la  azada  por  el  fusil.  Hemos  aumen- 
tado nuestra  producción  de  tonelaje,  no  tanto  como  yo 
hubiera  querido,  pero  sí  hemos  doblado  la  de  1916. 
Este  año  espero  que  la  triplicaremos.  ¿Adonde  llega- 
remos el  año  próximo? 

Otra  de  las  cuestiones  más  vitales  del  momento 
era  idear  y  encontrar  métodos  de  combatir  al  subma- 
rino mismo.  Lo  que  en  este  sentido  se  lleva  logrado, 
sin  dudaos  inte- 
resa. La  marina, 
aplaudidla  otra 
vez,  se  lo  mere- 
ce. Ahora  que 
veo  las  cosas 
retrospectiva- 
mente considero 
increíble  lo  que 
ha  ocurrido,  da- 
dos nuestros  te- 
mores, nuestra 
fundada  apren- 
sión de  hace  un 
año  y  las  dificul- 
tades quo  ha- 
bía que  vencer 
cuando  las  pro- 
fundidades del 
mar  se  veían  in- 
festadas por  esta 
peste;  me  parece 
increíble  la  ha- 
bilidad, el  inge- 
nio, los  recursos,  y  sobre  todo  el  valor  invencible  con 
que  nuestros  marinos,  tanto  en  la  flota  de  guerra  como 
en  la  mercante,  han  allanado  estas  dificultades.  Ante 
todo,  tenían  que  proteger  nuestros  barcos,  el  comercio 
marítimo  de  nuestros  aliados.  En  segundo  lugar,  les 
era  menester  dificultar  la  nefasta  obra  de  los  subma- 
rinos alemanes,  molestándolos,  persiguiéndolos  y  ca- 
zándolos sin  descanso,  día  y  noche,  lo  mismo  los  días 
de  sol  que  los  preñados  de  tormentas  y  huracanes. 
Jamás  cesaron,  hasta  que  por  último  triunfaron  yendo 
á  atacar  sus  nidos,  dos  de  los  cuales  han  quedado  blo- 
queados: Zeebruggey  Ostende.  Hazañas  llenas  de  glo- 
ria, capaces  de  cambiar  el  corazón  de  todo  un  pueblo, 
no  sólo  en  la  hora  actual,  sino  asimismo  en  las  gene- 
raciones venideras,  al  transmitírsela  de  padres  á  hijos. 
Enriquecen  nuestra  historia,  enriquecen  el  carácter 
de  nuestro  pueblo,  fertilizan  el  elemento  varonil  del 
país;  tanto  es  el  heroísmo  y  el  arrojo  que  tales  actos 
encierran. 

Voy  á  deciros  ahora  en  qué  consiste  el  triunfo  que 


ATENAS.    VENICELOS    ENTRANDO    BN    LA    EMBAJADA    DE    LA    GRAN    BRETAÑA 


llevamos  logrado.  Aunque  para  muchos  haya  parecido 
lo  contrario,  el  enemigo  no  descubrió  desde  un  prin- 
cipio toda  la  potencia  del  submarino.  Solemos  atribuir 
á  los  alemanes  demasiada  inteligencia,  valorarlos  en 
más  de  lo  que  realmente  valen,  creyendo  que  siempre 
están  alerta,  y  no  es  así.  Si  fuera  yo  á  leeros  aquí  la 
lista  de  errores  graves  que  llevan  cometidos,  de  fijo 
no  acabaría  de  contarlos  antes  de  que  amaneciese.  Sí, 
señores,  tardarou  los  alemanes  algún  tiempo  en  darse 
cuenta  de  toda  la  potencia  que  el  submarino  repre- 
senta. En  cuanto  los  descubrieron  dedicarou  todos  los 
medios  y  los  brazos  disponibles  á  la  construcción  de 
submarinos  más  grandes  y  más  poderosos,  sólo  que 
caminaron  los  pobres  con  tan  mala  estrella,  que  al 

madurar  la  cose- 
cha quiso  el  azar 
que  cayera  en 
manos  de  nues- 
tros gobiernos, 
siendo  nosotros 
y  no  ellos  quie- 
nes la  aprove- 
chásemos. Bien 
visto,  no  soy  yo 
quien  debiera 
decirlo.  Todo  lo 
que  el  gobierno 
ha  hecho  es  em- 
plear á  los  «co- 
secheros», áesos 
«cosecheros» 
que  discurren  á 
lo  largo  de  nues- 
tras costas;  son 
ellos  los  que  ar- 
mados de  gua- 
daña y  segadora 
se  han  encarga- 
do de  consumar  la  obra.  A  propósito  de  esto,  voy  á 
tener  el  gusto  de  leer  el  informe  que  acabo  de  recibir 
del  Almirantazgo;  textualmente  dice: 

«El  número  de  submarinos  que  han  sido  hundidos 
es  cada  vez  más  satisfactorio.»  Este  es  el  lenguaje  ofi- 
cial que  á  mí  me  agrada.  «Desde  principios  de  este  año 
el  Estado  Mayor  naval  ha  venido  notando  y  tiene  por 
seguro  que  las  escuadras  aliadas  llevan  hundidos  más 
submarinos  enemigos  que  los  que  puedan  haberse 
construido  en  el  mismo  período.»  Al  paso  que  vamos, 
los  alemanes  no  alcanzan  ya  á  darse  abasto.  En  cam- 
bio, nosotros  construímos  barcos  mercantes  — es  decir, 
entre  todos  los  aliados — en  una  proporción  que  su- 
pera en  mucho  á  la  de  pérdidas  que  nos  son  causa- 
das por  los  alemanes,  conforme  á  los  datos  de  que 
hoy  día  se  disponen.  El  Almirantazgo  dice  que  en 
el  mes  de  Abril  fué  exorbitante  la  cantidad  de  sub- 
marinos alemanes  destruidos.  Fué  un  buen  mes,  aun- 
que esta  manera  de  expresarme  no  sea  muy  oficial. 
Cada  día  se  les  persigue  con  mayor  tenacidad  y  buen 


144 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


éxito,  y  tomando  en  cuenta  el  aumento  logrado  en 
materia  de  construcciones  navales  en  general,  el  mes 
de  Abril,  repito,  se  lleva  la  palma  entre  los  trans- 
curridos desde  que  la  campaña  submarina  ;í  todo 
trance  comenzó  á  hacerse  sentir  en  más  de  una  forma. 
Por  la  primera  vez  desde  Febrero  de  1917  acá,  la  cons- 
trucción mundial  de  barcos  mercantes  ha  excedido  á 
las  pérdidas,  notándose  una  ganancia  neta  en  barcos 
aliados  y  neutrales. 

No  puede  decirse  que  el  éxito  sea  malo,  sobre  todo 
para  un  gobierno  cuyas  deficiencias  son  tan  profusa- 
mente anunciadas;  pero  si  hemos  atravesado  por  pe- 
ríodos de  zozobras.  El  submarino  sigue  siendo  una 
amenaza,  en  efecto,  pero  no  es  ya  un  peligro;  quiero 
decir,  es  un  me- 
dio de  causar  da- 
ño, un  medio  de 
absorber  ener- 
gías que  pudie- 
ran de  otro  mo- 
do dedicarse  á 
mejores  fines; 
medio  de  restrin- 
gir nuestras  fa- 
cilidades de 
transporte;  pero 
lo  que  es  como 
peligro  de  que 
puede  depender 
el  triunfo  ó  el 
fracaso  de  la 
guerra,  hay  que 
descartar  ya  al 
submarino.  Des- 
de este  punto  de 
vista,  podemos 
decir  que  hemos 
logrado  ya  de 

una  manera  definitiva,  y  creo  más,  llena  de  buen  éxito, 
contrarrestar  el  peligro  de  muerte  más  grande  que 
hasta  ahora  nos  haya  amenazado.  Fijaos  bien — el  peor 
de  los  peligros  que  la  Alianza  ha  corrido  jamás — ,  el 
peligro  en  que  nuestros  enemigos  habían  fundado  sus 
más  seguras  y  supremas  esperanzas,  como  puede  verse 
por  lo  que  opinaban  entonces  dos  distinguidos  alema- 
nes. De  un  lado  el  general  Von  Hindenburg,  cuan- 
do anunció  en  público  que  las  tropas  alemanas  del 
frente  occidental  debían  resistir  tenazmente,  mien- 
tras los  submarinos  ganaban  la  guerra.  Este  mes  pro- 
nunció un  discurso  en  el  Reichstag  el  ministro  de 
Marina  alemán,  almirante  Von  Capelle,  diciendo  en- 
tre otras  cosas:  «Tenemos,  por  tanto,  plena  confianza 
en  nuestros  submarinos;  al  lado  de  nuestro  victorioso 
ejército  lograrán  mucho.»  Se  ve  que  han  cambiado  de 
tono.  Ya  no  son  aquellos  que  iban  á  (junar  la  guerra; 
han  llegado  á  convencerse  de  lo  contrario,  y  á  esto  se 
debe  quizás  su  ofensiva  actual  en  Francia.  Es  la  causa 
directa  de  la  ofensiva.  El  enemigo  ha  tenido  que  recu- 


FRB.NTE   FRANCÉS.   CONSTRUCCIÓN   DE  UNA   VÍA    FÉRREA   Á   TRAVÉS   DE   UN    BOSQUE 


rrir  á  esa  ofensiva  como  el  último  medio  de  conseguir 
la  victoria. 

No  debemos,  sin  embargo,  menospreciar  el  carác- 
ter formidable  del  ataque.  Es  menester  cubrir  el  vacío 
entre  Rusia  y  los  Estados  Unidos,  que  es  un  hondo 
abismo.  Hay  que  construir  todavía  varios  tramos;  y 
no  hay  que  olvidar  que  esta  reconstrucción  se  está  lle- 
vando á  cabo  con  la  guerra  en  pleno  furor.  Entretanto, 
toca  á  las  tropas  de  la  Gran  Bretaña,  de  Francia  y  de 
Italia  defender  el  terreno.  Los  presentes  no  son  tiem- 
pos de  andar  con  jactancia.  Se  me  ha  reprochado  de 
demasiado  optimista;  y  con  todo,  estoy  dispuesto  á 
sostener  todo  lo  que  había  predicho.  ¿Para  qué  sirve 
un  hombre  de  acción  si  cada  vez  que  surge  una  difi- 
cultad ó  se  sufre 
un  revés  comien- 
za por  abatirse? 
En  los  tiempos 
que  corren  no 
hay  que  perder 
la  cabeza.  No 
hay  que  recurrir 
á  estas  cosas  en 
vísperas  de  un 
gran  ataque, 
pues  ningún 
hombre  que  se 
lanza  á  la  lucha 
debe  hacer  alar- 
de de  triunfos 
prematuros.  Mas 
sí  me  creo  auto- 
rizado para  de- 
ciros esto  des- 
pués de  mi  últi- 
ma visita  al  fren- 
te: que  los  que 
están  mejor  en- 
terados de  lo  que  se  prepara  tienen  plena  confianza 
en  el  desenlace. 

Por  lo  que  se  refiere  á  aprovechar  de  la  manera 
más  efectiva  posible  las  fuerzas  aliadas,  puedo  deciros 
que  tengo  hoy  muchas  más  esperanzas  en  ellas  que  al 
comienzo  de  la  guerra.  El  hecho  de  que  antes  haya- 
mos combatido  siempre  como  tres  ó  cuatro  ejércitos 
independientes,  en  vez  de  luchar  como  uno  solo,  im- 
plicó siempre  un  derroche  de  energías  y  de  eficacia 
combativa.  Muy  bien  pudiera  hacer  extensas  conside- 
raciones sobre  este  particular;  pero  comprendo  que 
resulta  ocioso,  sobre  todo  en  estos  momentos,  traer 
á  cuento  el  pasado.  Lo  importante  es  cerciorarse  de 
que  tales  cosas  pertenecen  ya  al  pasado.  La  unidad 
de  mando,  la  unidad  de  acción,  verdadera  unidad,  es 
lo  que  el  sentido  común  indica;  sólo  que  para  lograr- 
lo precisa  antes  vencer  prejuicios  muy  naturales  y 
profundamente  arraigados;  en  suma,  esos  prejuicios 
profundos  son  los  prejuicios  nacionales  más  lógicos 
después  de  los  prejuicios  de  profesión.  El  sentido  co- 


mWmm 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


145 


mún  y  el  perjuicio  siempre  son  malos  compañeros. 
Son  irremediablemente  incompatibles.  Traté  reitera- 
damente y  por  todos  los  medios  á  mi  alcance  de  lo- 
grar la  unidad;  para  llegar  a  ella  tuve  que  ir  por 
etapas.  Con  pena  confieso  que  á  veces  estuve  á  punto 
de  originar  trastornos  en  el  gobierno  á  causa  de  tal 
insistencia.  Ahora  que  lo  veo  logrado,  me  parece  real- 
mente increíble  que  hayamos  tenido  que  luchar  tan- 
tos meses  paso  á  paso  para  conseguir  la  unidad  de 
mando,  enfrentados  contra  influencias  poderosas.  No 
hay  duda,  sin  embargo, 
que  hoy  la  unidad  es  ya 
un  hecho  en  todos  senti- 
dos y  que  nuestras  fuer- 
zas han  cobrado  merced  á 
ello  mayor  potencialidad. 
El  jefe  que  se  halla  á  la 
cabeza  de  las  fuerzas  alia- 
das, el  general  Foch,  es 
uno  de  los  más  brillantes 
estrategas  de  hoy  día,  un 
hombre  que  une  á  su  ener- 
gía de  gran  dinamismo 
una  gran  imaginación,  un 
conocimiento  profundo  y 
no  poca  experiencia  en  el 
arte  de  la  guerra.  Con  tan 
rara  combinación  de  cua- 
lidades, no  ha  podido  me- 
nos de  captarse  la  admira- 
ción, la  confianza  y,  pue- 
do decirlo  sinceramente, 
el  afecto  de  los  soldados 
aliados  en  todos  los  ejér- 
citos. Á  punto  ya  de  al- 
canzar la  tercera  fase  de 
la  más  grande  de  las  ba- 
tallas libradas  sobre  la  tie- 
rra por  la  causa  más  gran- 
de que  jamás  se  haya  de- 
fendido, una  batalla  cu- 
yos resultados  han  de  tener  más  consecuencias  que 
ninguna  para  la  humanidad,  me  complazco  de  que 
tengamos  al  frente  de  los  ejércitos  de  la  libertad  á  un 
hombre  del  genio  militar  del  general  Foch. 

Con  todo,  mientras  el  ejército  norteamericano  no 
alcance  toda  su  fuerza,  tendremos  que  pasar  aún  mo- 
mentos llenos  de  zozobra.  Los  alemanes  saben  tan  bien 
como  nosotros  que  sus  esperanzas,  lo  mismo  que  nues- 
tros temores,  están  concentrados  en  lo  que  pueda  ocu- 
rrir en  las  próximas  semanas.  Para  ellos,  como  para 
nosotros,  la  batalla  actual  es  como  una  apuesta  entre 
el  general  Hindeuburg  y  el  presidente  Wilson;  los  ale- 
manes se  están  esforzando  por  llegar  los  primeros  á 
la  meta,  antes  de  que  la  ayuda  yanqui  esté  al  alcance 
de  los  aliados.  Los  meses  venideros  están,  por  consi- 
guiente, preñados  de  angustia.  No  es  oportuno  ocu- 
parnos de  discordias  políticas... 

Tomo  ix 


El  general  Ludendorff,  según  se  ha  dicho,  opina 
que  el  efecto  de  la  ofensiva  no  se  lia  de  medir  por  el 
terreno  que  se  gane  ó  las  capturas  de  hombres  y  ma- 
terial, sino  por  el  efecto  moral  que  ella  produjere  en 
la  población  civil.  Esa  es  la  esperanza  del  enemigo. 
A  nosotros  incumbe  desilusionarlo.  Es  preciso  hacer 
cuanto  fuere  posible  por  conservar  el  espíritu,  la  mo- 
ral, la  determinación,  la  unidad  del  pueblo,  mientras 
la  lucha  continúe. 

Ya  nos  vamos  acercando  á  lo  que  puede  ser  consi- 
derado como  la  batalla  de- 
cisiva de  la  guerra;  alien- 
ta, pues,  y  estimula  saber 
que  entramos  llenos  de 
confianza  y  con  la  con- 
ciencia tranquila.  Si  yo 
hubiera  creído  que  había 
algún  medio  seguro  y 
digno  de  haber  evitado 
esta  lucha  desde  el  co- 
mienzo ó  acelerar  su  tér- 
mino, éste  sería  el  mo- 
mento en  que  me  hallaría 
no  solamente  cargado  de 
congojas,  sino  agobiado 
por  la  responsabilidad  del 
crimen.  Pero  si  se  exami- 
na toda  la  historia  de  esta 
guerra,  la  forma  en  que 
fué  provocada  por  Alema- 
nia, lo  que  ha  ocurrido  de 
entonces  acá,  no  habrá 
uno  solo  entre  nosotros 
que  no  se  sienta  profunda- 
mente convencido  de  que 
el  conflicto  no  tiene  más 
solución  posible  que  una 
completa  victoria  sobre  la 
tiranía  que  se  ha  querido 
entronizar.  Puedo  since- 
ramente decir  que  el  go- 
bierno ha  tratado  por  todos  los  medios  de  averiguar  si 
la  guerra  y  los  horrores  y  tragedias  que  encierra  te- 
nían alguna  solución. 

Hay  dos  clases  de  extremistas  en  toda  guerra.  En 
primer  lugar,  está  el  extremista  de  la  paz,  que  no  se 
cansa  nunca  de  gritar:  «Paz;>  donde  no  la  hay.  Kstos 
no  consiguen  otra  cosa  que  desacreditar  la  paz,  ha- 
ciéndola difícil  cuando  llega  el  momento  de  nego- 
ciarla. No  es  amigo  sincero  de  la  paz.  Es  más  bien  su 
enemigo.  Es  un  obstáculo  para  la  paz.  Con  su  actitud 
alienta  al  enemigo  y  deprime  á  sus  amigos.  Luego 
viene  el  extremista  en  pro  do  la  guerra,  para  quien 
aun  la  menor  indicación  en  favor  de  la  paz  representa 
una  traición  contra  el  Estado.  El  sendero  de  cordura 
y  de  garantías  que  el  gobierno  debe  seguir  está  entre 
estos  dos  extremos. 

Había  el  año  pasado  en  nuestro  país  y  en  los  de  los 


PRISIONEROS   ALEMANES   DE   LA   QUINTA   DE   1918 


146 


VICENTE  BLASCO  IBANRZ 


demás  aliados  un  considerable  nú  mero  de  gentes  que 
se  hallaban  convencidas  de  que  era  posible  lograr  una 
paz  honorable  sin  victoria.  Hoy  día  ya  puedan  menos. 
En  Rusia  esas  gentes  constituían  una  mayoría;  cono- 
cidos son  los  desastres  que  ello  ha  causado  á  aquel 
gran  país.  Dos  circunstancias  hay  al  menos  que  han 
venido  á  persuadir  á  los  más  inveterados  de  que  su 
idea  era  errónea. 

Consistió  la  primera  en  que  nuestro  gobierno  y  el 
presidente  \\  ilson,  á  principios  de  este  año,  hicieron 
declaraciones  simultáneas  con  respecto  á  los  fines  de 
guerra  que  los  aliados  persiguen,  y  que  son  tan  so- 
brios, tan  moderados  y  tan  altruistas,  que  ni  los  paci- 
fistas más  recalcitrantes  se  atrevieron  á  criticarlos. 
¿Cómo  fueron  recibidas  esas  declaraciones  en  Alema- 
nia'? La  primera  respuesta  que  al  presidente  Wilson  ó 
al  gobierno  británico  se  dio  fué  una  violenta  ofensiva 
lanzada  contra  el  ejército  británico,  con  la  deliberada 
determinación  de  aniquilarlo.  Esa  fué  la  respuesta  que 
Alemania  dio  á  un  moderado  programa  de  paz.  ¿Qué 
es  lo  que  vino  á  terminar  de  convencer  á  los  que  duda- 
ban, revelándoles  que  el  mundo  no  se  hallaría  seguro 
mientras  no  fuera  derribado  ese  despotismo  militar 
en  Prusia?  La  suerte  de  Rusia.  Hubo  allí  individuos 
que  prestaron  demasiada  atención  á  los  discursos  de 
los  estadistas  de  las  potencias  centrales.  En  aparien- 
cia, esos  discursos  pasaban  por  razonables  y  mode- 
rados. Su  fraseología  era  la  fraseología  de  individuos 
que  desean  la  paz  y  un  arreglo  equitativo;  hasta  el 
punto  de  que  muchos  aquí  y  en  otros  países  llegaron  á 
preguutarse:  «¿Por  qué  no  respondéis  á  tales  llama- 
mientos, contestando  en  el  mismo  sentido?»  Nosotros 
contestamos,  y  al  punto  respondió  el  cañón  alemán.  Y 
no  es  porque  estos  estadistas  alemanes  y  austríacos  nos 
estén  engañando  deliberadamente — no  es  esa  mi  acu- 
sación— ,  es  porque  ellos  no  cuentan  en  modo  alguno 
con  aquellos  países  para  nada.  No  son  sino  meros  ins- 
trumentos de  los  cabecillas  militares.  Ni  el  propio  Bis- 
ruarek  pudo  nunca  acabar  con  esa  casta  militar.  Á 
pesar  de  que  él  fué  una  de  las  personalidades  de  más 
influencia  que  ha  habido  en  Europa,  se  vio  constante- 
mente dominado  por  ellos.  Con  más  razón  los  actua- 
les, que  no  son  Bismarcks,  sino  simples  juguetes  de 
dicha  casta.  Cuando  á  los  directores  del  militarismo 
se  les  antoja,  entonces  se  les  utiliza  como  discos  de 
paz,  en  cuanto  el  viento  es  favorable,  enfocándolos  en 
dirección  de  las  tierras  aliadas,  con  propósito  tan  sólo 
de  viciar  la  atmósfera,  de  debilitar  el  espíritu  y  la  vo- 
luntad de  los  pueblos;  pero  apenas  llega  el  momento 
de  cerrar  el  negocio,  aparecen  los  magnates  mili- 
tares. 

La  paz  de  Brest-Litovski  es  la  revelación  más  com- 
pleta que  existe  de  las  funciones  asignadas  por  la 
casta  militar  alemana  á  los  estadistas  de  sus  respec- 
tivos países.  Antes  de  la  paz  quedaban  en  Rusia  res- 
tos del  ejército  ruso,  millares  de  hombres  armados  con 
cañones,  y  la  táctica  que  se  empleó  fué  enviar  al  conde 
Hertling,  al  conde  Czernin  y  á  Yon  Kuhlmann  con  la 


promesa  de  paz  sin  anexiones  ni  indemnizaciones, 
basada  en  el  principio  de  autonomía.  Estas  fórmulas 
eran  las  fórmulas  de  la  revolución  rusa.  No  hubo  pe- 
riódico que  dejara  de  publicarlas  ni  reunión  política 
donde  no  salieran  á  relucir.  En  la  calle  los  obreros  no 
hablaban  mas  que  de  paz  sin  anexiones  ni  indemni- 
zaciones. Las  fórmulas  son  muy  útiles,  pero  presentan 
grandes  peligros.  Tienen  su  empleo  sirviendo  de  pie- 
dras, puntos  de  apoyo,  que  permiten  á  la  humanidad 
atravesar  corrientes  peligrosas  y  evitar  hundirse  en- 
marismas;  pero  cuando  se  emplean  demasiado  se  po- 
nen resbaladizas,  y  la  gente  corre  el  peligro  de  caer 
en  el  cieno.  Eso  es  lo  que  le  acaeció  á  Rusia.  Es  una  de 
las  lecciones  de  esta  guerra;  no  hay  que  confiar  mu- 
cho en  las  fórmulas. 

Varias  son  las  fórmulas  políticas  y  militares  que 
pudiera  yo  citaros  que  han  sido  desacreditadas  por  el 
abuso,  costando  caras  á  la  nación.  Los  pobres  rusos 
fueron  víctimas  de  las  fórmulas.  Presa  de  alegría  de 
ver  adoptada  esta  preciosa  fórmula,  de  ver  convertir- 
se á  ella  á  los  adeptos  de  Odín  y  de  Thor,  el  ruso, 
candido,  depuso  las  armas  y  entró  en  la  Conferencia 
de  paz  desarmado;  y  entonces  llegó  su  turno  á  Lu- 
dendorff.  Yon  Kuhlmann,  el  conde  Hertling  y  el  con- 
de Czernin,  todos  quedaron  bajo  la  mesa;  y  el  buen 
ruso,  sin  más  equipo  ya  que  su  fórmula,  se  encontró 
frente  al  prusiano,  que,  en  pie  y  al  otro  lado  de  la 
mesa  de  conferencias,  empuñaba  una  espada  desen- 
vainada. ¿Cuál  fué  el  resultado?  El  obligado  pacto  de 
Brest-Litovski,  mientras  el  ruso,  aterrorizado,  se  feli- 
citaba de  haber  abandonado  la  Conferencia  con  vida, 
bien  que  dejando  en  la  refriega  las  mejores  provincias 
de  su  Imperio. 

No  hay  que  olvidar  que  estamos  combatiendo  un 
despiadado  despotismo  prusiano  que  se  halla  entrega- 
do al  robo,  al  pillaje,  al  saqueo  y  al  poder  de  domina- 
ción. No  conformes  con  imponer  á  los  rusos  un  tra- 
tado humillante,  ni  siquiera  se  dignaron  respetar  las 
cláusulas  estipuladas  en  él.  Este  es  uno  de  los  ateuta- 
dos  más  cínicos  registrados  en  los  anales  de  la  perfi- 
dia prusiana.  Y  todavía,  tras  de  firmar  el  tratado,  si- 
guen pisoteándolo  y  avanzando  en  territorio  ruso,  ro- 
bando, saqueando,  anexionándose  tierras,  apoderán- 
dose de  cereales,  escuadras,  minas  y  cuanto  les  viene 
en  gana.  Los  tratados  les  inspiran  á  ellos  tanto  respeto 
hoy  día  como  el  que  les  merecía  en  los  tiempos  de  la 
invasión  de  Bélgica.  Los  tratados  que  no  van  apoyados 
por  la  fuerza  no  son  otra  cosa  que  trampas  para  coger 
incautos.  ¿Qué  es  lo  que  persiguen?  Estos  «pescado- 
res» se  valieron  de  sus  estadistas  para  que  fueran  á 
buscar  y  poner  el  cebo;  mas  no  hay  que  creer  por  eso 
que  estén  dispuestos  á  fijar  término  á  la  guerra  hasta 
que  vean  que  han  colmado  la  cesta  de  pececillos,  y 
aun  entonces  no  sería  difícil  que  volvieran  por  más. 
Esa  es  la  lección  de  Rusia.  Es  el  lamentable  desenlace 
del  sueño  de  libertad  de  una  gran  democracia.  Los  ten- 
tados á  creer  que  se  puede  lograr  la  libertad  del  mun- 
do sin  acabar  con  el  poderío  militar  de  Prusia  no 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


147 


tienen  mas  que  recordar  lo  que  le  ha  sucedido  á  la  de- 
mocracia rusa. 

Yo  soy  el  último  hombre  del  mundo  en  despreciar 
á  la  crítica.  Tanto  me  valí  de  ella  en  mi  tiempo,  y  me 
ha  favorecido  tanto,  que  no  puedo  pretender  que  me 
haya  originado  males  ni  negar  que  en  tiempos  nor- 
males gozo  ocupándome  de  ella.  Pero  los  presentes  no 
son  tiempos  ordinarios,  sino  días  de  trágicas  realida- 
des. Las  grandes  naciones  del  mundo — nosotros  entre 
ellas — se  abren  en  estos  momentos  camino  entre  una 
multitud  de  tragedias,  en 
pos  de  un  tremendo  des- 
tino. La  crítica  en  la  ac- 
tualidad debe  ser  útil,  más 
bien  encaminada  á  ayudar 
que  á  herir.  Hay,  en  efec- 
to, una  crítica  que  es  útil, 
sugestiva  y  destinada  á 
mejorar,  á  perfeccionar,  á 
fortalecer.  Esa  es  la  críti- 
ca que  todos  aplaudimos. 
Pero  hay  otra  que  obstru- 
ye, que  es  ponzoñosa,  ra- 
quítica y  nociva,  tan  sus- 
picaz, que  en  la  faltas  pa- 
rece encontrar  á  veces 
tesoros  escondidos,  y  espe- 
culando con  ellas  como  si 
en  verdad  fueran  un  gran 
hallazgo,  dedica  su  tiem- 
po, su  labor,  su  celo  y  su 
camaradería  á  simples 
venganzas  personales,  en 
los  momentos  precisos  en 
que  la  nación  está  más 
necesitada  de  todas  las 
energías  de  todos  y  cada 
uno  de  sus  hijos. 

Durante  los  diez  y  ocho 
meses  que  llevo  á  la  ca- 
beza del  gobierno  no  he 

tenido  ninguna  organización  de  partido  que  me  de- 
fienda y  publique  mis  esfuerzos,  que  mitigue  ó  excuse 
las  inevitables  deficiencias  de  todo  ser  humano  en  tan 
tremenda  responsabilidad.  Jamás  intenté  crear  organi- 
zación alguna.  Ni  me  queda  tiempo  ni  tengo  vocación 
para  ello.  Y  á  falta  de  tal  organización  política,  el 
hombre  público,  aquí  ó  en  cualquier  otro  país  demo- 
crático, tiene  forzosamente  que  confiar  en  el  sentido 
común  y  el  patriotismo,  tan  lleno  de  ayuda  y  protec- 
ción del  pueblo.  Cuando  se  me  ataca,  apelo  al  criterio 
de  la  vasta  mayoría  de  mis  conciudadanos,  sin  que 
hasta  ahora  lo  haya  hecho  en  vano.  Kilos  me  han  en- 
cargado de  esta  colosal  tarea;  ellos  me  han  apoyado 
generosamente  durante  el  tiempo  que  llevo  desempe- 
ñándola, no  sin  darse  cuenta  de  las  en  extremo  gran- 
des dificultades  que  á  cada  paso  se  presentan.  No  me 
propongo,  ni  ahora  ni  más  tarde,  defenderme  contra 


KL   GENERAL   VILLARKT 


críticas  personales.  Hacerlo  cuadraría  mal  con  la  dig- 
nidad de  estos  momentos  decisivos;  pero  una  cosa  sí 
diré,  y  la  diré  aquí  en  Escocia:  que  la  intriga  tan  sólo 
no  pondría  á  la  cabeza,  encargado  de  la  dirección, 
manteniéndolo  durante  diez  y  ocho  meses  en  el  go- 
bierno del  más  grande  de  los  Imperios,  á  un  simple 
hombre  del  pueblo,  sin  rango,  influencia  ó  ventaja  es- 
pecial, y  sobre  todo  sin  organización  de  partido  que 
lo  apoye.  Se  me  puso  aquí  por  voluntad  del  pueblo 
para  que  hiciera  cuanto  pudiera  en  pro  del  triunfo  de 

la  guerra.  Y  mientras  yo 
continúe  haciendo  lo  más 
que  puedo,  tengo  la  segu- 
ridad de  que  me  apoyarán 
hombres  de  todos  los  par- 
tidos y  de  todas  las  creen- 
cias, que  saben  sobrepo- 
ner el  honor  de  su  patria 
y  la  libertad  del  género 
humano  á  todo  interés 
personal  ó  de  facción. 

Lloyd  George  terminó 
su  discurso  entre  grandes 
demostraciones  de  entu- 
siasmo. 

Vil 

El  Consejo  interaliado. — 
Declaraciones  de  Cle- 
menceau. 

A  primeros  de  Junio  se 
celebró  en  Versalles  un 
Consejo  interaliado,  en  el 
que  intervinieron  impor- 
tantes personalidades  de 
todos  los  países  de  la  En- 
tente, y  en  particular  de 
Francia,  (irán  Bretaña  é 
Italia. 
Al  clausurar  sus  sesiones,  dicho  Consejo  hizo  pu- 
blicar la  siguiente  nota  oficial: 

«El  Consejo  superior  de  guerra  ha  celebrado  su 
sexta  reunión  en  circunstancias  graves  para  la  coali- 
ción de  los  pueblos  libres. 

El  gobierno  alemán,  libre  de  todo  peligro  en  su 
frente  oriental  por  el  desfallecimiento  de  los  ejércitos 
y  de  la  nación  rusa,  ha  concentrado  todos  sus  esfuer- 
zos en  el  frente  occidental.  Ahora  busca  obtener  una 
decisión  eu  Europa  por  medio  de  ataques  desespera- 
dos y  costosos  contra  los  ejércitos  aliados,  antes  de 
que  los  Estados  Unidos  puedan  dejar  sentir  todo  el 
peso  de  sus  fuerzas. 

Gracias  á  su  posición  estratégica  y  á  la  superiori- 
dad de  los  ferrocarriles  que  tiene  á  su  disposición,  el 
enemigo  ha  podido  obtener  al  principio  ciertos  éxitos. 
Indudablemente  repetirá  sus  ataques,  y  las  naciones 


148 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


aliadas  aún  pueden  estar  expuestas  á  jornadas  crí- 
ticas. 

Después  de  haber  examinado  en  su  conjunto  la  si- 
tuación, el  Consejo  superior  de  guerra  está  seguro  de 
que  los  aliados  soportarán  las  pruebas  de  la  presente 
campaña  con  el  firme  valor  que  no  han  cesado  de  de- 
mostrar para  la  defensa  del  Derecho. 

Pondremos  al  enemigo  en  fracaso,  y  hora  llegará 
en  que  lo  batiremos.  Por  nuestra  parte,  hacemos  todo 
lo  posible  para  ayudar  á  nuestros  ejércitos  en  el  campo 
de  batalla. 

La  institución  de  la  unidad  de  mando  ha  mejorado 
grandemente  la  situación  de  los  ejércitos  y  su  funcio- 
namiento es  perfecto. 


OFICIALES   DE   LOS   TANQUES   FRANCESES   DESCANSANDO   DESPUÉS   DE   LA   BATALLA 

EN  LA  REGIÓN   DE   RE1MS 


El  Consejo  superior  de  guerra  tiene  plena  con- 
fianza en  el  general  Foch  y  contempla  con  admira- 
ción y  orgullo  el  valor  de  las  tropas  aliadas. 

Gracias  á  la  pronta  y  cordial  cooperación  del  pre- 
sidente de  los  Estados  Unidos,  los  acuerdos  adoptados 
hace  más  de  dos  meses  para  el  transporte  de  las  tro- 
pas norteamericanas  harán  imposible  el  que  el  ene- 
migo agote  nuestras  reservas  antes  de  haber  empleado 
todas  las  suyas. 

El  Consejo  superior  de  guerra  espera  confiadamen- 
te el  resultado  final. 

Los  pueblos  aliados  están  resueltos  á  no  abandonar 
ni  una  sola  de  las  naciones  libres  del  mundo  al  des- 
potismo de  Berlín. 

Sus  ejércitos  siguen  mostrando  ese  valor  y  esa 
tenacidad  que  ya  les  ha  permitido  varias  veces  con- 
tener las  acometidas  alemanas.  Seguramente  podrán 
soportar  la  prueba  hasta  el  fin  con  la  fe  suficiente 
para  proporcionar  la  victoria  á  la  causa  de  la  libertad. 


Una  vez  más,  los  pueblos  libres  salvarán  á  la  Ci- 
vilización por  medio  de  sus  valerosos  soldados.» 


Días  después,  el  presidente  del  Consejo  de  Francia 
hacía  las  siguientes  manifestaciones  en  el  Congreso 
de  los  Diputados: 

«Cuando  acepté  la  presidencia  del  Consejo  sabía 
que  iba  á  tener  que  soportar  la  carga  del  período  más 
crítico  de  la  guerra.  Desde  un  principio  os  he  dicho 
que  pasaríamos  juntos  tiempos  duros  y  difíciles,  ho- 
ras crueles.  El  momento  ha  llegado,  y  seguro  estoy 
de  que  sabremos  sobreponernos.  (Aplausos.) 

Al  ocurrir  el  colapso  de  Rusia,  cuando  individuos 
que  creían  que  todo  lo  que  hacía 
falta  era  desear  la  paz  para  impo- 
nerla al  emperador  alemán  abando- 
naron su  propia  patria  á  la  invasión 
del  enemigo,  ¿quién  habría  enton- 
ces de  creer  que  el  millón  de  solda- 
dos alemanes  que  así  quedaban  dis- 
ponibles no  se  lanzarían  contra  nos- 
tros?  Esto  es  lo  que  ha  ocurrido. 

Lo  único  que  yo  puedo  deciros  es 
que  nada  hay  en  esto  que  pudiera 
quebrantar  la  confianza  que  debe- 
mos tener  en  nuestros  soldados. 
(Grandes aplausos. )  La  batalla  con- 
tinúa, y  ha  habido  muchos  de  entre 
ellos  que  han  peleado  uno  contra 
cinco,  sin  dormir  por  espacio  de  tres 
ó  cuatro  días.  (Prolongados  aplau- 
sos. Muchos  diputados  se  ponen  en 
pie  y  gritan:  «¡Viva  el  ejército!») 
Dcschanel,  presidente  del  Con- 
greso.— La  Cámara  reconoce  por 
unanimidad  el  supremo  heroís- 
mo de  nuestros  soldados.  (Nuevos 
aplausos.) 
Clemcnceau. — Estos  valientes  soldados  tienen  por 
jefes  á  grandes  caudillos  que  merecen  nuestra  más  am- 
plia confianza.  Yo  he  visto  á  estos  caudillos  en  el  cam- 
po de  batalla,  y  ante  muchos  de  ellos  me  he  sentido 
lleno  de  admiración.  ¿Quiere  eso  decir  que  no  se  han 
cometido  errores?  No  puedo  sostenerlo.  Mi  obligación 
consiste  precisamente  en  descubrir  esos  errores  y  cas- 
tigarlos, para  lo  cual  cuento  con  el  apoyo  de  dos  altos 
prestigios  que  se  llaman  Foch  y  Petain.  (Aplausos.) 
Tan  grande  es  la  confianza  que  goza  el  general  Foch 
entre  los  aliados,  que  éstos,  reunidos  en  la  Conferencia 
de  Versallcs,  quisieron  que  por  unanimidad  de  votos  se 
expresase  así  en  el  acta  de  dicha  reunión.  Esos  son  los 
soldados  que  libran  en  estos  momentos  la  más  ruda  de 
las  batallas  de  esta  guerra,  con  un  heroísmo  que  yo  no 
podré  jamás  describir  con  palabras.  He  venido  hoy  á 
esta  asamblea  con  el  deseo  de  hacer  patente  con  pala- 
bras mesuradas,  concisas  y  sencillas  el  sentimiento  del 
pueblo  francés,  tanto  el  del  frente  como  el  de  reta- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


149 


guardia,  y  exponer  ante  el  mundo 
entero  un  estado  de  ánimo  que  no 
se  puede  analizar,  y  que  sin  embar- 
go causa  una  admiración  unánime. 

La  Cámara  puede  obtener  todos 
los  documentos  que  deseare,  y  to- 
dos los  archivos  están  á  su  disposi- 
ción. 

El  ejército  se  ha  portado  como  la 
nación  lo  esperaba;  y  cuando  hablo 
del  ejército  hablo  de  todos  los  que 
lo  componen,  sin  distinción  de  cla- 
ses ni  grados;  sin  embargo,  eso  no 
basta.  Todos  estos  soldados  tienen 
fe  y  sabrán  morir  por  su  ideal  y 
darnos  la  victoria.  Sus  jefes  mis- 
mos han  salido  de  entre  sus  propias 
filas.  Como  ellos,  vuelven  á  veces 
cubiertos  de  heridas,  cuando  no 
quedan,  como  ellos,  en  el  campo  de 
batalla. 

Hemos  cedido  terreno,  más  terre- 
no del  que  habríamos  deseado  ce- 
der. Muchos  hombres  han  pagado  esta  retirada  con  su 
sangre.  Conozco  algunos  que  han  realizado  actos  de 
heroísmo,  como  el  de  aquellos  bretones  que  permane- 
cieron sitiados  en  un  bosque  toda  la  noche  y  al  día  si- 
guiente encontraron  la  manera  de  enviar  con  una  pa- 
loma un  mensaje  á  su  regimiento,  que  decía:  «Aún  vi- 
vimos. Hemos  decidido  no  rendirnos.  Nos  batiremos 
hasta  que  no  quede  ni  un  soldado.  Si  podéis  venir  á 
buscarnos,  venid.  Podremos  resistir  aún  medio  día.» 
Estos  hombres  representan  á  la  patria.  Ellos  con- 
tinúan y  prolongan  esa  patria  sin  la  cual  ninguna 
reforma  es  posible.  Mueren  por  un  ideal,  por  una  his- 


FIESTA   DB   LA   AMÉRICA   LATINA   EN    VKRSALLES.  t'NA    BANDA    MILITAR  TOCANDO 
BN   LA   GALERÍA   DB   LAS  BATALLAS 


UN   CANON   DE   LARGO   ALCANCE   EN    BL  SOMME 

toria  que  será  la  primera  de  todas  las  historias  de  los 
pueblos  civilizados. 

Si  tenemos  calma,  confianza  en  nosotros  mismos, 
resolución  para  continuar  hasta  el  fin  esta  ruda  batalla, 
la  victoria  nos  pertenece,  porque  los  alemanes,  que  no 
son  tan  inteligentes  como  se  dice,  no  tienen  sino  un 
método,  á  saber:  el  de  lanzarse  á  la  empresa  con  todo 
el  peso  de  sus  tropas,  á  ojos  cerrados  y  á  fondo.  Así  lo 
han  hecho  en  el  Yser,  en  Verdún,  cerca  de  Amiens, 
cerca  de  Dunkerque  y  de  Calais,  y  luego  en  Cham- 
paña. Han  avanzado,  ¿y  qué?  ¿Creíais  acaso  que  po- 
día hacerse  una  guerra  en  la  que  nunca  habrían  de 
ocurrir  retiradas?  Lo  único  que  im- 
porta es  el  triunfo  final.  Frente  á 
vosotros  tenéis  á  un  gobierno  que, 
como  os  ha  dicho  desde  un  princi- 
pio, ha  tomado  las  riendas  del  Es- 
tado para  no  rendirse  nunca.  (Apro- 
bación en  toda  la  Cámara.)  Mien- 
tras nosotros  permanezcamos  en  el 
Poder,  la  patria  será  defendida  has- 
ta la  muerte,  sin  escatimar  ener- 
gías para  obtener  el  triunfo. 

Jamás  nos  rendiremos.  Esa  es 
la  consigna  de  nuestro  gobierno. 
¡Nunca,  eu  ningún  momento  nos 
rendiremos! 

Una  vez  más  han  puesto  los  ale- 
manes todos  sus  esfuerzos  y  asesta- 
do un  golpe  con  que  creen  poder 
amedrentarnos,  haciéndonos  aban- 
donar la  lucha.  ¿Fué  otra  cosa  el  es- 
fuerzo que  hicieron  en  el  Yser  en 
191  1'  .Se  proponían  llegar  á  Calais, 
separarnos  de  las  tropas  británica?, 


loó 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


y  obligarlas  así  á  renunciar  á  la  lucha.  Lo  que  buscan 
es  infundirnos  terror,  en  fuerza  de  repetir  estos  esfuer- 
zos. No  lo  han  logrado.  No  lo  lograrán. 

Los  efectivos  de  todos  los  beligerantes  en  general 
están  desgastándose,  lo  mismo  los  de  los  alemanes 
que  los  nuestros.  Ellos  ya  llegaron  al  límite  en  su  pu- 
janza. De  allí  no  pueden  pasar.  En  cambio,  además  de 
los  nuevos  contingentes  ingleses,  siguen  llegando  á 
Francia  tropas  norteamericanas,  que  ya  toman  parte 
en  los  combates.  Los  acontecimientos  desarrollados 
en  Rusia  pudieron  permitir  al  enemigo  disponer  de  un 
millón  adicional  de  hombres  en  el  frente  franco-britá- 
nico; pero  nosotros  contamos  por  aliados  á  naciones  po- 
derosísimas que  ocupan  un  elevado  puesto  en  el  mun- 
do y  que  se  han  comprometido  á  proseguir  la  guerra 
hasta  lograr  el  triunfo,  que  mantendremos  á  nuestro 
alcance  si  ponemos  la  energía  necesaria.  El  pueblo  de 
Francia  ha  cumplido  su  misión,  y  los  caídos  por  la 
patria  no  habrán  muerto  en  vano,  pues  habrán  engran- 
decido nuestra  historia.  Cabe  á  los  que  quedan  vivos 
terminar  la  magnífica  obra  de  los  héroes  muertos.» 


VIII 
Independencia  de  los  checo-eslovacos 

Á  raíz  de  la  sexta  reunión  del  Consejo  interaliado, 
y  como  consecuencia  á  la  nota  oficial  que  había  hecho 
pública,  apareció  otro  comunicado  del  mismo  carác- 
ter, donde  se  consignaban  dos  declaraciones  importan- 
tísimas. La  primera  de  ellas  decía  que  la  creación  de 
un  Estado  polaco  unido  é  independiente,  con  libre  ac- 
ceso al  mar,  constituía  una  de  las  condiciones  de 
paz  sólida  y  justa  y  de  un  régimen  de  derecho  en 
Europa.  La  otra  declaración  manifestaba  que  los  go- 
biernos aliados  veían  con  extraordinaria  simpatía  las 
aspiraciones  nacionalistas  de  los  pueblos  checo-eslo- 
vacos y  yugo-eslavos. 

Un  colaborador  del  Journal  des  Débats,  M.  Auguste 
Gauvain,  decía  así,  comentando  en  un  notable  artículo 
estas  declaraciones: 

«La  nota  del  Consejo  superior  de  guerra  ha  sido 
completada  por  un  comunicado  de  los  presidentes  del 
Consejo  de  Francia,  de  Gran  Bretaña  y  de  Italia,  rela- 
tivo á  Polonia,  á  los  checo-eslovacos  y  á  los  yugo- 
eslavos. Sin  duda,  el  Consejo  superior  de  guerra  sólo 
quiso  expresar  en  su  nota  de  ayer  opiniones  sobre 
la  situación  militar.  Compuesto  de  gran  número  de 
miembros,  muchos  de  los  cuales  no  eran  de  calidad 
para  colaborar  en  decisiones  políticas,  era  natural  que 
se  preocupase  especialmente  de  exponer  en  un  comu- 
nicado hecho  para  el  público  la  situación  general  re- 
sultante de  las  últimas  operaciones. 

Sin  embargo,  en  otras  ocasiones  la  declaración  pu- 
blicada á  raíz  de  las  deliberaciones  del  Consejo  supe- 
rior había  tratado  también  de  cuestiones  políticas. 


Así,  pues,  á  la  vista  de  la  primera  nota  no  faltó 
quien  se  extrañase  de  que  dichas  cuestiones  se  hubie- 
ran pasado  en  silencio.  Se  lucha  tanto  con  las  armas 
diplomáticas  como  con  los  cañones.  Cuando  más  crí- 
ticas son  las  circunstancias,  mayor  número  de  armas 
hay  que  emplear.  Así  lo  han  entendido  Clemenceau, 
Lloyd  George  y  Orlando.  En  una  reunión  celebrada  en 
Versalles  el  '.i  de  Junio  han  acordado  hacer  dos  decla- 
raciones políticas,  concernientes  una  á  Polonia  y  otra 
á  los  eslavos  de  Austria-Hungría. 

En  lo  que  concierne  á  Polonia,  «la  creación  de  un 
Estado  polaco  unido  é  independiente,  con  libre  acce- 
so al  mar,  constituye  una  de  las  condiciones  de  paz 
sólida  y  justa  y  de  un  régimen  de  derecho  en  Europa». 
Esta  fórmula  es  excelente,  pues  sienta  un  principio 
indiscutible.  La  aplicación  de  ese  principio  habrá  de 
chocar  con  formidables  obstáculos.  Pero  el  principio 
podía  y  debía  ser  proclamado  por  los  aliados.  Ya  lo 
había  sido  por  el  gran  duque  Nicolás,  con  la  expresa 
autorización  de  Nicolás  II.  Los  dos  emperadores  ger- 
mánicos también  habían  tratado  del  mismo  asunto  en 
su  Manifiesto  del  o  de  Noviembre  de  1'JIG.  Bien  es 
verdad  que  á  continuación  borraron  sus  declaraciones 
de  entonces,  después  de  haber  constatado  que  el  pue- 
blo polaco  no  se  dejaba  engañar  con  falaces  prome- 
sas. Á  cubierto  de  una  pretendida  independencia,  los 
emperadores  habían  querido  constituir  y  poner  á  su 
servicio  un  ejército  polaco.  Pero  los  polacos  no  se 
dejaron  sorprender  en  sn  buena  fe  y  se  guardaron 
muy  bien  de  enrolarse  bajo  esas  banderas.  Los  cuer- 
pos que  formaron  más  tarde  eran  autónomos  y  esta- 
ban bajo  el  mando  de  jefes  propios.  El  hundimiento 
de  la  potencia  rusa  y  el  triunfo  del  bolchevismo  no  les 
permitió  seguir  desarrollando  sus  proyectos.  Tuvieron 
que  someterse  ante  la  fuerza  mayor.  No  obstante,  aun 
envueltos  en  estas  trágicas  circunstancias,  todavía  se 
esforzaron  en  abrirse  paso  hacia  el  porvenir,  l'ltima- 
mente,  uno  de  sus  cuerpos,  el  segundo,  entró  en  lucha 
abierta  con  las  fuerzas  alemanas  destacadas  en  Ukra- 
nia.  Quedó  diezmado  ese  heroico  cuerpo;  pero  su  reso- 
lución desesperada  atestigua  las  esperanzas  de  la  na- 
ción polaca  y  su  fidelidad  á  la  causa  nacional.  En  Var- 
sovia  funciona  bajo  el  control  alemán  una  apariencia 
de  gobierno,  y  es  menester  que  el  país  viva.  En  el  es- 
tado actual  de  Rusia,  toda  insurrección  sería  inútil. 
Mas  la  llama  patriótica  sigue  ardiendo  en  toda  la  Po- 
lonia y  la  declaración  publicada  esta  mañana  contri- 
buirá seguramente  á  mantenerla.» 

El  colaborador  del  Journal  des  Debáis  pasaba  se- 
guidamente á  examinar  la  parte  relativa  á  los  eslavos 
de  Austria-Huugría. 

Pero  antes  habremos  de  conocer  un  comunicado 
yanqui,  que  tuvo  gran  resonancia  entre  las  naciona- 
lidades eslavas  de  Austria-Hungría,  y  que  contrarres- 
taba ciertos  rumores  de  origen  germanófilo,  en  los 
que  se  afirmaba  que  el  presidente  Wilson  no  era  par- 
tidario de  la  liberación  de  los  pueblos  oprimidos  por 
la  casta  de  los  Habsbur£0. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


151 


He  aquí  el  comunicado  oticial  yanqui: 
«El  secretario  de  Estado  desea  anunciar  que  las 
deliberaciones  del  Congreso  de  las  razas  oprimidas 
por  Austria-Hungría  (1)  han  sido  seguidas  con  gran 
interés  por  el  gobierno  de  los  Estados  Unidos,  y  que 
las  aspiraciones  nacionales  de  los  checo-eslovacos  y 
de  los  yugo-eslavos  por  la  libertad  tienen  la  más  viva 
simpatía  de  este  gobierno.» 

Dejemos  nuevamente  la  palabra  á  M.  Gauvain: 
«En  cuanto  á  los  eslavos  de  Austria-Hungría,  los 
presidentes  del  Consejo  de 
los  tres  países  aliados  se 
han  limitado  á  tomar  acta 
del  reciente  comunicado 
del  secretario  de  Estado  de 
Norte  America  y  á  aso- 
ciarse á  él,  «expresando 
su  mayor  simpatía  por  las 
aspiraciones  nacionales 
de  los  pueblos  checo-eslo- 
vacos y  yugo-eslavos  ha- 
cia la  libertad».  En  el  co- 
municado en  cuestión, 
Mr.  Lansing  había  resumi- 
do las  resoluciones  vota- 
das en  Roma  por  la  Con- 
ferencia de  las  nacionali- 
dades oprimidas  en  Aus- 
tria-Hungría y  les  había 
dado  su  aprobación  abso- 
luta. Al  adherirse  á  esta 
aprobación,  los  tres  go- 
biernos aliados  se  apro- 
pian, pues,  las  resolucio- 
nes de  Roma.  Les  felici- 
tamos. Pero  no  compren- 
demos por  qué  se  colocan 
en  esta  ocasión  bajo  los 
auspicios  de  los  Estados 
Unidos,  ni  por  qué  expre- 
san solamente  su  simpatía 

a  dos  de  los  pueblos  representados  en  Roma.  Pero  en 
íin,  puesto  que  Clemenceau,  Lloyd  Georgc  y  Orlando 
se  han  decidido  á  publicar  una  declaración  en  favor 
de  los  checo-eslovacos  y  de  los  yugo-eslavos,  es  de  es- 
perar que,  lógicos  consigo  mismo,  sabrán  utilizar  el 
concurso  de  esos  dos  pueblos. 

A  fines  de  Junio  ya  se  había  formado  en  Francia 
uu  ejército  checo  eslovaco,  presto  para  luchar  contra 
los  imperialistas.  No  sería  la  primera  vez  quo  los  che- 
co-eslovacos combatirían  en  el  frente  occidental.  Al 
principio  de  las  hostilidades  ya  se  había  incorporado  á 
uno  de  los  regimientos  extranjeros  en  Francia  una 
legión  checo-cslovaca,  que  se  cubrió  de  gloria  ante 
Arras  y  en  la  cresta  de  Vimy. 

El  :5U  de  Junio  por  la  mañana  tuvo  lugar  en  París 


EL  GENERAL   HBNNOCQUB 


(1)    Congreso  celebrado  en  Boma  en  Abril  de  1918. 


la  entrega  de  la  bandera  al  nuevo  ejército  checo- 
eslovaco, asistiendo  el  presidente  de  la  República,  los 
miembros  del  Comité  checo  eslovaco,  numerosos  de- 
legados parlamentarios  y  altas  personalidades  civiles 
y  militares. 

M.  Poincaré  pronunció  un  discurso,  cu  el  que  re- 
cordó el  glorioso  pasado  de  Bohemia,  resistiendo  siem- 
pre á  la  penetración  germánica. 

«.Ojalá  el  joven  ejército,  que  se  desarrolla  cada 
día — dijo — ,  y  al  que  vienen  á  reunirse  sin  cesar  re- 
clutas entusiastas,  pue- 
da aumentarse  con  las  he- 
roicas legiones  checas 
que,  después  de  haber  lle- 
vado á  cabo  maravillosos 
hechos  de  armas  en  las 
llanuras  ukranianas,  se 
abrieron  camino  á  través 
de  Siberia  y  mantuvieron, 
por  encima  do  todos  los 
obstáculos,  su  indepen- 
dencia militar  y  su  poten- 
cia de  acción,  presentan- 
do de  este  modo  á  las  ge- 
neraciones futuras  el  in- 
comparable ejemplo  de  su 
fuerza  moral,  su  perseve- 
rancia y  su  fe  patriótica.» 
El  Presidente  terminó 
diciendo: 

«No  lejos  de  aquí,  una 
antigua  provincia  france- 
sa que  nos  fué  arrancada 
espera  también  la  recom- 
pensa de  su  fidelidad.  V  el 
día  que  la  victoria  se  le- 
vante sobre  Alsacia  y  Lo- 
rena  libertadas,  iluminará 
con  nuevos  rayos  todas 
las  naciones  mártires. 
Pronto  veréis  en  el  hori- 
zonte los  primeros  resplandores  de  esta  aurora.» 

Con  ocasión  de  esta  ceremonia,  el  ministro  de  Ne- 
gocios Extranjeros,  M.  Pichón,  dirigió  la  siguieute 
carta  al  secretario  general  del  Comité  nacional  checo: 
«En  el  momento  en  que  el  21."  regimiento  de  ca- 
zadores, primera  unidad  del  ejército  autónomo  checo- 
eslovaco de  Francia,  se  dispone,  después  de  haber 
recibido  su  bandera,  á  dejar  sus  acantonamientos  y 
á  figurar  entre  sus  hermanos  de  armas  franceses,  el 
gobierno  de  la  República,  testigo  de  vuestros  es- 
fuerzos y  de  vuestro  afecto  á  la  causa  de  los  aliados, 
considera  de  razón  proclamar  los  derechos  de  vuestra 
nación  á  la  independencia  y  reconocer  pública  y  ofi- 
cialmente al  Consejo  nacional  como  órgano  supremo 
de  sus  intereses  generales  y  como  primera  base  del 
futuro  gobierno  chcco-eslovaco. 

Durante  largos  siglos,  la  nación  checo-eslovaca  ha 


152 


VICENTi!  BLASCO  1BANEZ 


poseído  el  incomparable  bien  de  la  independencia  y  se 
lia  visto  privada  de  él  por  la  violencia  de  los  Habsbur- 
go,  aliados  con  los  príncipes  germánicos.  Los  dere- 
chos históricos  de  las  naciones  son  imprescindibles. 
Es  por  la  defensa  de  sus  derechos  por  lo  que  la  Fran- 
cia atacada  lucha  hoy  con  sus  aliados.  La  causa  de 
los  checos  despierta  en  ella  un  gran  amor. 

Francia  no  puede  olvidar  la  manifestación  de  Pra- 
ga del  8  de  Diciembre  de  1S70,  así  como  tampoco  la 
resistencia  de  la  población  y  la  negativa  de  los  solda- 
dos á  batirse  en  favor  de  Austria- Hungría,  heroísmo 
bañado  con  la  sangre  de  millares  de  patriotas. 

Ha  escuchado  los  llamamientos  hechos  por  los  di- 
putados checos  el  6  de  Enero,  el  13  de  Abril  y  el  16  de 
Mayo  último. 

Fiel  á  los  prin- 
cipios del  respe- 
to de  las  nacio- 
nalidades y  déla 
liberación  de  los 
pueblos  oprimi- 
dos, el  gobierno 
de  la  República 
considera  justas 
y  bien  fundadas 
las  reivindica- 
ciones de  la  na- 
ción checo-eslo- 
vacay  en  su  ho- 
ra procurará  so- 
lícitamente sa- 
tisfacer vuestras 
aspiraciones  de 
independencia  y 
sustraeros  al  yu- 
go opresor  de 
Austria  y  de 
Hungría.» 

Al  reconocer  la  independencia  de  la  nacionalidad 
checo-eslovaca,  los  aliados  demostraban  una  vez  más 
sus  propósitos  de  liberar  á  todos  los  pueblos  pequeños. 

Algún  tiempo  antes  de  este  hermoso  hecho,  el  Co- 
mité nacional  checo- eslovaco  ya  había  lanzado  uu 
vibrante  Manifiesto,  donde  reclamaba  la  independen- 
cia nacional.  Ese  Manifiesto  lo  firmaba  el  doctor  Kra- 
maez,  presidente  de  dicho  Comité,  é  iba  dirigido  á  «la 
nación  checo-eslovoca».  Decía  así: 

«Á  causa  de  una  decisión  de  los  partidos  políticos 
que  representan  la  voluntad  política  unánime  de  nues- 
tra nación  entera,  nace  hoy  el  Comité  checo-eslovaco. 

La  carga  inmensa  de  los  tiempos  actuales  y  la 
preocupación  de  los  futuros  destinos  de  nuestra  na- 
ción nos  unen  en  un  órgano  pan-nacional  comiin.  La 
misión  del  pueblo  checoeslovaco  la  dan  las  leyes  de 
este  tiempo.  Reside  en  el  trabajo  sistemático  para 
unir,  conducir  y  ordenar  todas  las  fuerzas  intelectua- 
les, morales  y  materiales  de  la  nación,  con  el  fin  de 
obtener  lo  que  es,  por  derecho,  más  sagrado  y  más  in- 


BBVISTA   DE   ARTILLEROS  DE  TRIN'CHERA  EN  UN  CAMPO   DE   INSTRUCCIÓN   FRANCÉS 


tangible  de  toda  nación,  lo  que  no  puede  rehusarse  y 
no  podrá  negarse  á  nuestra  nación,  el  derecho  de  dis- 
poner de  sí  misma  en  un  Estado  checo-eslovaco  inde- 
pendiente y  democrático,  con  una  administración  pro- 
pia en  su  propia  casa  y  con  un  soberano  propio. 

El  Comité  nacional  será  el  portador  de  esta  volun- 
tad real  de  la  nación  y  el  ejecutor  de  todas  las  mani- 
festaciones históricas  comunes,  de  sus  delegados  que 
han  llegado  al  solemne  voto  del  30  de  Abril  de  1918. 
Nuestro  trabajo  no  será  fácil.  Tendremos  que  ven- 
cer todavía  grandes  hostilidades  y  sufrir  pruebas  muy 
duras,  pero  ninguna  dificultad  podrá  contener  el  pro- 
greso de  la  nación.  En  pleno  acuerdo  con  nuestros  de- 
legados y  con  todo  el  mundo  intelectual  y  económico 

checo,  el  Comité 
nacional  cum- 
plirá todas  las 
tareas  extraordi- 
nariamente difí- 
ciles, asumiendo 
una  responsabi- 
lidad absoluta, 
con  el  fin  de  que 
ante  la  concien- 
cia de  la  nación 
y  ante  su  histo- 
ria pueda  decir- 
se que  hemos  he- 
cho para  el  por- 
venir de  nuestra 
nación  todo  lo 
que  era  posible 
á  fuerzas  huma- 
nas. 

Que  esta  épo- 
ca sin  ejemplo 
en  la  Historia 
encuentre  á  to- 
dos los  hombres  y  á  todas  las  mujeres  de  la  nación 
checa  en  su  puesto,  así  como  á  todos  aquellos  que  es- 
tán decididos  á  prestar  toda  clase  de  ayuda  mutua, 
que  están  penetrados  del  espíritu  de  fraternidad  para 
todos  los  sufrimientos  de  la  espantosa  época  actual, 
y  que  están  dispuestos  á  todos  los  sacrificios  que  la 
causa  común  de  la  nación  nos  imponga. 

Sabemos  que  detrás  del  Comité  nacional  checo- 
eslovaco hay  como  un  nudo  de  acero  compuesto  de 
toda  la  nación,  penetrada  de  gozo  por  la  gran  acción 
política  que  ha  llamado  á  la  vida  y  al  trabajo  al  Co- 
mité nacional. 

Llenos  de  confianza  en  la  victoria  de  nuestra  causa 
común,  volvemos  nuestros  ojos  hacia  toda  la  nación 
checo-eslovaca  entera  y  enviamos  este  llamamiento 
íntimo.  Que  sostengan  nuestro  trabajo  por  todos  los 
medios  que  se  sometan  á  todas  las  exigencias  de  la 
disciplina  común  y  que  nos  sigan  resueltamente  hacia 
el  fin  colectivo. 

¡Oh  amado  pueblo  nuestro!  ¡Por  tu  fuerza  has  salido 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


ÍM 


de  la  tumba  de  los  siglos  por  tu  fuerza  te  sostendrás 
eu  la  luz  del  mundo,  en  el  círculo  de  las  naciones  li- 
bres de  la  humanidad  futura  civilizada  y  libre!» 

Ya  sabemos  que  los  aliados  consideraban  al  Co- 
mité nacional  checo- eslovaco  como  la  autoridad  pre- 
cursora de  un  gobierno  legalmente  constituido.  Resu- 
citaba una  nación. 


IX 


Crisis  en  Bulgaria 

A  mediados  de  Junio,  el  gabinete  presidido  por 
M.  Radoslavof  presentó  su  dimisión,  que  le  fué  acep- 
tada acto  segui- 
do por  el  rey  Fer- 
nando. 

Este  ministe- 
riosehabíacons- 
tituído  en  Julio 
de  1913  y  á  par- 
tir de  entonces 
había  sido  reno- 
vado varias  ve- 
ces, particular- 
mente cuando 
Bulgaria  entró 
en  guerra  al  lado 
de  los  Imperios 
centrales. 

La  dimisión 
no  sorprendió 
grandemente  á 
los  búlgaros. 
Desde  hacía  al- 
gún tiempo, 
M.  Radoslavof 
tropezaba  con 

una  oposición  rudísima,  al  freute  de  la  cual  se  hallaba 
M.  Malinof,  ex  jefe  del  partido  rusófilo. 

Además,  casi  toda  la  prensa  atacaba  vivamente  á 
M.  Radoslavof  con  motivo  de  la  conclusión  del  trata- 
do de  Bucarest,  que  no  proporcionaba  á  Bulgaria  mas 
que  la  parte  Sur  de  la  Dobroudja. 

De  ahí  la  crisis.  M.  Radoslavof  se  había  esforzado 
en  dar  á  entender  que  la  suerte  de  esos  territorios  aún 
no  estaba  arreglada  de  una  manera  definitiva  y  que 
los  derechos  de  Bulgaria  quedaban  salvaguardados; 
mas  en  apoyo  de  estas  afirmaciones  no  había  podido 
aportar  ninguna  prueba  concreta. 

Días  después,  el  zar  Fernando  daba  encargo  de  for- 
mar gobierno  á  M.  Malinof,  leader  demócrata.  Este  ya 
había  ocupado  la  presidencia  del  Consejo  desde  1908 
hasta  1911.  Habiendo  cursado  sus  estudios  en  Petro- 
grado  é  incluso  servido  en  el  ejército  ruso,  Malinof 
era  un  rusófilo  ardiente. 

El  nuevo  ministerio  búlgaro  quedó  constituido  del 
siguiente  modo: 

Tomo  iz 


AVISO    DB   ALARMA   DE   GASES   ASFIXIANTES    KN    EL   MOSA 


Presidencia  y  Negocios  Extranjeros,  Malinof. 
Interior,  Takef. 
Hacienda,  Liantchef. 
Instrucción  pública,  Kostinof. 
Justicia,  Fadenhecht. 
Guerra,  general  Savof. 
Comercio,  Danilof. 
Agricultura,  Madjarof. 
Obras  públicas,  Monchanof. 
Ferrocarriles,  Molof. 

Casi  todos  los  miembros  del  gabinete  pertenecían 
al  partido  democrático. 

La  prensa  alemana  comentaba  largamente  la  caída 
de  Radoslavof.  La  Gaceta  de  Voss,  por  ejemplo,  decía 

que  la  caída  no 
obedecía  única- 
mente á  razones 
de  política  inte- 
rior. La  oposi- 
ción se  había 
servido  contra  él 
de  dos  argumen- 
tos: la  solución 
poco  satisfacto- 
ria de  la  cues- 
tión de  la  Do- 
broudja y  las  di- 
ficultades  ali- 
menticias. 

Y  proseguía 
en  estos  térmi- 
nos: 

«Se  esperaba 
que  Radoslavof 
recibiría  en  el 
Congreso  de  Bu- 
carest toda  la 
Dobroudja.  Mas 
á  pesar  de  sus  esfuerzos,  el  ministro  búlgaro  no  pudo 
obtener  plena  satisfacción.  Los  estambulovistas  y  los 
malinovistas  se  unieron  para  expresar  su  vivo  descon- 
tento al  ver  decepcionadas  las  esperanzas  búlgaras. 

Otra  circunstancia  ha  redundado  en  provecho  tic 
la  oposición:  la  cuestión  de  las  subsistencias,  cada 
vez  más  difícil  en  Bulgaria. 

Como  Radoslavof  no  podía  ofrecer  al  Sobranié  toda 
la  Dobroudja  ni  las  cantidades  de  cereales  que  se  le 
pedían,  sus  adversarios  políticos  lo  han  derribado.» 

En  una  entrevista  celebrada  con  varios  periodis- 
tas, el  nuevo  presidente  de  ministros  de  Bulgaria, 
M.  Malinof,  dijo  que,  en  la  política  exterior,  tenía 
una  buena  herencia,  por  la  cual  continuarían  traba- 
jando con  todas  sus  fuerzas  las  tropas  búlgaras,  en  fiel 
fraternidad  de  armas  con  sus  aliados. 

Al  corresponsal  de  la  Deutsche»-  Balkan  Zeitung 
declaró  lo  siguiente:  «Empezamos  la  guerra  con  nues- 
tros aliados  y  con  ellos  la  terminaremos,  firmemente 
convencidos  do  que  con  recíproco  apoyo  podremos 


154 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


lograr  una  honrosa  paz.  Posee  el  gobierno  la  confianza 
del  rey,  pero  quiere  también  tener  la  confianza  de  la 
representación  popular.  Por  esta  razón,  tengo  el  pro- 
pósito de  convocar  en  breve  á  la  Cámara  para  una 
sesión  extraordinaria.  Respecto  ¡i  la  política  interior, 
el  nuevo  gobierno  se  impone  los  siguientes  objetivos. 
Afianzamiento  de  la  autoridad  para  que  todo  el  pueblo 
búlgaro  tenga  fe  en  que  el  nuevo  gobierno  sólo  tendrá 
en  consideración  los  intereses  del  país  y  de  6us  hijos, 
los  cuales  en  el  campo  de  batalla  derraman  su  sangre 
por  la  patria.  El  nuevo  gobierno  concentrará  todos  sus 
esfuerzos  para  solucionar  los  problemas  económicos 
suscitados  por  la  guerra  y  que  se  han  acentuado  con 
la  duración  de  la  misma.  En  primer  lugar  se  estudiará 
la  cuestión  de  la  alimentación  y  de  la  indumentaria. 
Estos  dos  puntos  son  los  más  esenciales  en  el  progra- 
ma del  gobierno  respecto  á  la  política  interior.  Aparte 
de  ello,  está  también  en  el  ánimo  del  gobierno  reali- 
zar algunas  reformas  de  carácter  social.  Sim  embargo, 
hay  que  hacer  constar  que  no  asumió  el  Poder  en  los 
actuales  difíciles  momentos  para  realizar  su  programa 
de  partido,  siuo  únicamente  para  solucionar  las  men- 
cionadas cuestiones.» 

Meses  después  todo  debía  derrumbarse  entre  el  es- 
trépito de  un  fracaso  absoluto.  Ya  veremos  cómo. 


En  Alemania. — Dimisión  de  Von  Kuhlmann 
La  alianza  austro-germana 

El  24  de  Junio  celebró  sesión  el  Reichstag,  y  en 
ella,  el  ministro  de  Negocios  Extranjeros,  Von  Kuhl- 
mann, al  debatirse  el  presupuesto  de  su  Miuisterio, 
pronunció  un  sensacional  discurso,  en  el  que  trató  de 
la  paz,  de  la  situación  política  y  de  la  situación  mili- 
tar. El  ministro  dijo  así: 

«Al  tratar  de  las  relaciones  con  nuestros  aliados 
debo  referirme,  ante  todo,  á  nuestros  vecinos,  aliados 
y  amigos  de  la  monarquía  austro-húngara,  cuyo  mi- 
nistro de  Negocios  Extranjeros,  el  insigne  conde  Czer- 
nin,  tuvo  que  abandonar  su  cargo  por  motivos  de  po- 
lítica interior.  Tenemos  que  recordar  siempre  con  re- 
conocimiento su  amistosa  gestión  en  la  Ballplatz.  Si 
algo  puede  consolarnos  del  apartamiento  de  ese  mi- 
nistro, es  la  persona  de  su  sucesor,  el  conde  Burian, 
diplomático  inteligentísimo,  que  hizo  constar  desde 
un  principio  su  fiel  amistad  y  adhesión  á  la  alianza, 
disipando  toda  clase  de  dudas.  Aquel  trabajo  personal 
y  con  plena  confianza  hecho  juntamente  con  el  conde 
Czernin,  y  que  con  el  arreglo  de  los  asuntos  de 
Oriente  nos  condujo  al  éxito  y  contribuyó  á  afianzar 
más  y  más  las  relaciones  diplomáticas  entre  ambas 
potencias,  con  el  coude  Burian  se  ha  reanudado  inme- 
diatamente. 

El  conde  Burian  ha  asistido  á  la  entrevista  que  ha 


teaido  el  kaiser  en  el  gran  cuartel  general,  entrevista 
que  la  Historia  registrará  como  trascendental  para  el 
desarrollo  de  las  relaciones  entro  Alemania  y  Austria- 
Hungría.  Ambos  omperadores,  delante  de  sus  princi- 
pales hombres  de  Estado,  han  asegurado  nuevamente 
que  no  sólo  observarán  fielmente  la  alianza,  sino  que 
están  dispuestos  á  ampliarla,  reforzarla  y  profundi- 
zarla en  sus  diversos  sentidos  político,  militar  y  eco- 
nómico. 

En  su  consecuencia,  ambos  estadistas  iniciaron 
las  consiguientes  negociaciones.  El  conde  Burian.  en 
visita  á  Berlín,  discutió  largamente  con  el  canciller 
del  Imperio. 

Pasando  de  Austria-Hungría  á  Bulgaria,  pláceme 
significar  la  satisfacción  con  que  vi  desarrollarse  los 
acontecimientos  á  propósito  de  las  negociaciones  de 
paz  y  cómo  se  han  reanudado  entre  nosotros  muchos 
vínculos  personales  y  políticos.  Es,  sin  embargo,  para 
nosotros  motivo  de  sentimiento  que  el  respetabilísimo 
maestro  de  la  política  búlgara,  Radoslavof,  el  cual  era 
un  sostén  de  nuestra  alianza,  dimitiese  estos  días.  Sin 
embargo,  la  seguridad  de  que  su  sucesor  mirará  con 
no  menor  interés  por  el  bienestar  del  pueblo  y  de  la 
corona  de  Bulgaria  es  para  nosotros  una  garantía  do 
que  el  cambio  de  persona  no  entrañará  un  cambio  de 
política. 

En  Turquía  no  hubo  cambios  notables  desde  la 
época  adonde  llega  mi  memoria.  Los  preclaros  hom- 
bres de  Estado  el  gran  visir  Talaat  bajá  y  el  ministro 
de  la  Guerra  Enver  bajá  están  aún  en  sus  puestos,  que 
han  ocupado  durante  la  guerra  tan  gloriosamente  y 
con  tanto  beneficio  del  país.  Entre  estas  cuestiones 
ocupa  no  pequeño  lugar  la  de  la  Dobroudja,  la  cues- 
tión de  los  límites  de  Galizia  y  del  Cáucaso;  son  tam- 
bién importantes  las  que  se  refieren  á  un  terreno  sobre 
el  cual  me  reservo  hacer  declaraciones.  La  cordial 
amistad  entre  nuestros  aliados  turcos  y  nosotros,  como 
también  entre  los  hombres  de  Estado  que  rigen  ambos 
pueblos,  es  una  garantía  de  que  todas  estas  cuestiones 
se  resolverán  amigablemente  en  interés  de  ambos  pue- 
blos. Pronto  se  celebrará  en  Constantinopla  una  Con- 
ferencia, en  la  cual  entre  los  aliados  y  los  pueblos 
caucásicos  se  dará  solución  á  algunas  cuestiones  ori- 
ginadas por  la  guerra.» 

Von  Kuhlmann  se  ocupó  luego  de  los  hechos  acae- 
cidos últimamente  en  Rusia. 

«En  el  interior  de  Rusia  hay  manifestaciones  de 
gran  poder  y  energía  como  no  se  registran  semejantes 
en  la  Historia.  Es  imposible  creer  que  este  poderoso 
proceso  de  fermentación,  ese  cúmulo  de  fuerzas  que 
pelean  mutuamente  y  que  hicieron  desaparecer  la  mo- 
narquía, lleguen  á  un  equilibrio  duradero.  El  astro 
bienhechor  de  la  política  alemana  moderará  todas  estas 
fuerzas,  teniendo  en  consideración  todo  lo  que  pueda 
hacer  en  beneficio  de  Rusia.» 

Respecto  á  la  formación  de  nuevos  Estados  que 
subsiguió  al  derrumbamiento  ruso,  dijo  Von  Kuhl- 
mann que  la  ayuda  de  las  tropas  alemanas  y  su  co- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


165 


operaciÓQ  en  la  purificación  do  la  Guardia  roja  eu 
Finlandia,  así  como  en  Livonia  y  Estonia,  era  de  gran 
provecho  para  el  país. 

Respecto  á  la  actitud  del  gobierno  alemán  frente 
al  desarrollo  de  los  Estados  limítrofes,  el  ministro  dijo 
que  el  gobierno  imperial  se  colocó  en  tal  punto  de 
vista,  que  es  de  desear  en  alto  grado  que  antes  del 
reconocimiento  diplomático  de  la  formación  de  los 
Estados  se  efectúe  un  cambio  de  impresiones  con  el 
gobierno  de  los  Soviets  acerca  de  las  varias  modali- 
dades en  que  esta  formación  puede  realizarse. 

«En  ningún  caso  nos  apartaremos  de  esta  con- 
ducta. Fuera  de  esta  cuestión,  las  circunstancias  y 
los  acontecimientos  de  Rusia  hacen  necesaria  una 
Conferencia  con 
el  gobierno  de 
los  Soviets  en 
Moscou.  El  cam- 
bio de  correspon- 
dencia se  ha  pu- 
blicado ya  en  la 
prensa  de  ambos 
países,  y  nos- 
otros estamos 
dispuestos  á  la 
celebración  de 
una  entrevista 
con  los  repre 
sentantes  de  Ru- 
sia en  Berlín,  en 
la  cual  se  venti- 
larán todos  los 
puntos  dudosos 
con  objeto  de  lle- 
gar á  una  solu- 
ción amistosa.» 
Hablando  so- 
meramente del 
problema  del  Cáucaso,  proseguía  diciendo: 

«Respecto  á  Georgia,  desde  un  principio  se  pensó 
ya  en  reconstruir  su  vida  nacional  después  de  haber 
desaparecido  la  soberanía  de  Rusia.  Los  armenios  y 
los  tártaros  del  Cáucaso  oriental  ya  se  habían  adhe- 
rido de  manera  que  sólo  las  tres  tribus  en  forma  de 
República  caucásica  habían  reforzado  la  afirmación  del 
país  y  la  capacidad  de  resistencia.  Por  lo  demás,  en  la 
Conferencia  de  Constantinopla  se  ventilarán  los  otros 
asuntos  respecto  á  la  suprema  dirección  del  ejército 
y  al  avance  en  el  Cáucaso  y  al  próximo  arreglo  de  los 
asuntos  del  mismo. 

Considero  útil  y  necesario  no  permanecer  en  la 
negativa  y  decir  que  la  afirmación  de  Balfour  son  pa- 
labras vacías  y  acaso  una  calumnia.  Creo  necesario 
decir  sencillamente  y  para  que  todos  lo  comprendan 
lo  que  nosotros  queremos  positivamente.  No  creo  que 
nadie  en  Alemania,  y  sobre  todo  el  emperador  y  el  go- 
bierno imperial,  hayan  pensado  ni  por  un  momento 
que  desencadenando  la  guerra  en  Europa  podían  ase- 


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guiarse  la  dominación  del  mundo.  La  idea  de  la  do- 
minación del  mundo  en  Europa  es  una  utopía  (1). 
Nosotros  deseamos  en  el  mundo,  para  el  pueblo  ale- 
mán y  también  para  nuestros  aliados,  dentro  de  los 
límites  que  nos  trazó  la  Historia,  vivir  seguros,  libres, 
fuertes  é  independientes.  Nosotros  deseamos  disfru- 
tar en  ultramar  de  lo  que  corresponde  á  nuestra  gran- 
deza, á  nuestra  riqueza  y  á  las  aptitudes  colonia- 
les que  hemos  demostrado.  Nosotros  queremos  tenor 
la  posibilidad  y  libertad  de  llevar  en  el  mar  libre 
nuestro  comercio  y  nuestro  tráfico  á  todas  las  par- 
tes del  mundo.  Este  es,  dicho  con  pocas  palabras,  el 
objetivo  trazado  rápidamente,  cuya  adquisición  sig- 
nifica algo  esencialpara  la  vida  de  Alemania. 

Ya  tuve  el  ho- 
nor de  aludir  en 
otro  discurso  en 
esta  Alta  Cáma- 
ra que  la  incon- 
dicional integri- 
dad del  territorio 
del  Imperio  ale- 
ma u  y  de  sus 
aliados  es  nece- 
saria para  la  su- 
posición— digo 
intencionada- 
mente suposi- 
ción— ó  para  la 
aceptación  de 
cualquier  nego- 
ciación de  paz  ó 
de  conferencias 
de  paz.  En  aque- 
lla fecha  me  per- 
mití  declarar 
que  después  de 
esto  todas  las 
cuestiones  podían  ser  el  objeto  de  conferencias  y  de 
unión,  y  creo  que  hoy  las  cosas  continúan  en  el  mismo 
estado. 

Del  lado  británico  se  nos  reprocha  constantemente 
que,  respecto  á  la  cuestión  belga,  no  estamos  dispues- 
tos á  tomar  una  actitud  que  se  defina  en  una  declaración 
oficial.  Bajo  este  punto  de  vista,  se  diferencian  tam- 
bién las  opiniones  principales  del  gobierno  imperial  de 
las  que  los  hombres  de  Estado  ingleses  nos  atribuyen. 
En  cuanto  al  probable  desarrollo  de  los  aconteci- 
mientos, ya  declaró  recientemente  el  canciller  del 
Imperio  que  difícilmente  se  pueden  esperar  en  el  ac- 
tual estado  de  cosas  progresos  importantes  en  el  ca- 
mino hacia  la  paz  de  las  declaraciones  públicas  que 
mutuamente  hacemos  desde  las  tribunas.  El  gobierno 
imperial  no  cerró  la  puerta  á  los  pasos  que  se  em- 


1 1 1  Palabras  tanto  más  significativas  cuanto  que  i\'¡a<  antes 
el  propio  QuIUermo  U  proclamaba  la  roluntad  de  hacer  triun- 
far en  el  mundo  entero  la  cor/cepción  alemana. 


156 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


prenden  en  dirección  á  una  paz  justa,  y  si  se  nos 
ofrece  una  oferta,  venga  de  donde  viniere,  pero  no 
incierta,  sino  basada  sobre  firmes  fundamentos,  estoy 
seguro  de  que  no  la  rechazaremos.  El  que  con  seme- 
jante oferta  llame  á  la  puerta  de  nuestro  gobierno,  no 
llamará  en  vano.  Que  conste  así.  Nosotros,  por  nues- 
tra parte,  podemos  hacer  la  misma  declaración.  De 
cuándo  llegará  el  momento,  no  quiero  ni  permitirme 
la  profecía  de  que  las  naciones  que  hoy  luchan  se  re- 
unirán para  un  cambio  de  opiniones.  En  primer  lugar, 
será  necesario,  como  primera  condición,  de  que  se 
tenga  cierta  confianza  en  el  mutuo  buen  comporta- 
miento y  en  la  mutua  caballerosidad.  Mientras  los 
discursos  preliminares  sean  interpretados  por  los  otros 
comounaofensi- 
va  de  paz,  como 
una  trampa,  co- 
mo un  paso  falso 
para  sembrar  la 
discordia  entre 
losaliados.  mien- 
tras toda  aproxi- 
mación entre  los 
diferentes  países 
sea  denunciada 
de  un  modo  vio- 
lento, no  se  pue- 
de prever  de  qué 
modo  podrá  ini- 
ciarse un  cam- 
bio de  opiniones 
que  conduzca  á 
la  paz.  Sin  este 
cambio  de  opi- 
niones es  difícil 
esperar  un  final 
definitivo,  sólo 
militarmente  y 

sin  conferencias  diplomáticas,  en  vista  de  la  grandeza 
extraordinaria  de  esta  guerra  de  coalición  y  en  vista 
de  las  potencias  de  ultramar  que  intervienen  en  ella. 
Nuestra  situación  en  los  campos  de  batalla,  las  extra- 
ordinarias reservas,  así  como  la  situación  y  la  decisión 
en  el  interior,  nos  permiten  hablar  de  este  modo.» 

La  discusión  que  siguió  al  discurso  de  Von  Kuhl- 
mann  fué  violentísima.  Los  oradores  conservadores 
fueron  interrumpidos  en  sus  discursos  por  los  gritos 
de  los  socialistas,  cuyas  protestas  degeneraron  en  tu- 
multo. Los  conservadores  acusaron  á  Von  Kuhlmann 
por  decir  que  la  paz  por  la  victoria  será  imposible.  Al 
anunciar  Von  Kuhlmann  la  quinta  campaña  de  invier- 
no, sus  palabras  fueron  recibidas  con  el  más  profundo 
silencio,  provocado  por  la  retirada  de  los  elementos  de 
la  derecha. 

Á  raíz  de  esta  algarada  política,  toda  la  prensa 
conservadora  alemana  pedía  abiertamente  la  dimisión 
del  ministro  de  Negocios  Extranjeros,  y  consideraba 
su  lenguaje  como  injurioso  para  los  ejércitos  alemanes. 


OFICIALES  ESPAÑOLES  EN    UNA  ALDEA   DEL   FUENTE  DEL   AISNE 


La  (¡aceite  de  la  Croi.r  acusaba  á  Von  Kuhlmann 
de  angloíilia  incurable.  El  Deutsche  Tages  Zeitung  le 
atribuía  irónicamente  los  aplausos  entusiastas  de  to- 
dos los  enemigos  de  Alemania.  Las  Últimas  Noticias 
ile  Munich,  órgano  liberal  nacionalista,  decía  textual- 
mente: «Todo  el  Reichstag  estaba  frío,  consternado, 
por  ese  lenguaje  inaudito.» 

La  impresión  producida  por  el  discurso  de  Von 
Kuhlmann  en  los  centros  políticos  británicos  podía 
resumirse  así,  según  una  nota  de  la  Agencia  Reuter: 
«Indudablemente,  Von  Kuhlmann  quería  hacer 
comprender  á  la  Gran  Bretaña  que  si  dejaba  en  Oriente 
el  camino  libre  á  Alemania,  ésta  podría  llegar  á  un 
acuerdo  con  la  Gran  Bretaña  en  las  cuestiones  que  se 

imponen  actual- 
mente. El  minis- 
tro alemán  for- 
muló tres  condi- 
ciones: 1.',  las 
fronteras  histó- 
•  ricas,  cualquie- 
ra que  sea  el  sen- 
tido que  se  dé  á 
la  expresión; 
2.",  las  posesio- 
nes de  ultramar 
en  general,  y 
3.",  la  libertad 
de  los  mares. 

Sobre  las  po- 
sesiones de  ul- 
tramar, Von 
Kuhlmann  se 
obstinó  en  no 
decir  mas  que 
vaguedades.  No 
digo  que  Alema- 
nia reclame  to- 
das las  colonias,  pero  sí  que  debe  tener  posesiones  en 
ultramar,  como  las  que  son  necesarias  á  los  objetivos 
coloniales.  La  «libertad  de  los  mares»  significa  proba- 
blemente el  derecho  de  transportar  todas  las  primeras 
materias  esenciales,  que,  sin  duda  alguna,  es  la  prin- 
cipal preocupación  alemana  en  la  actualidad.  Es  cu- 
rioso que  no  se  encuentre  ninguna  alusión  directa  so- 
bre este  punto  en  el  discurso  de  Von  Kuhlmann.  El 
hecho  de  guardar  silencio  demuestra  cuánto  le  pre- 
ocupa la  cuestión.  Hizo  una  especie  de  oferta,  que  pen- 
saron debería  ser  aceptable  para  los  pacificistas  y  se- 
mipacifistas.  Por  otra  parte,  no  niega  que  Alemania 
tenga  intención  de  guardar  para  sí  todo  lo  que  actual- 
mente retiene  de  Rusia. 

El  discurso  se  considera  claramente  como  una 
oferta  de  paz  principalmente  dirigida  á  la  Gran  Bre- 
taña. Von  Kuhlmann  no  hizo  ningún  esfuerzo  espe- 
cial en  el  mismo  sentido  en  lo  concerniente  á  Fran- 
cia. Las  consideraciones  del  orador  se  dirigen,  indu- 
dablemente, á  Inglaterra  y  á  los  que  piensan  que  no 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


l.-M 


habrá  una  victoria  militar  decisiva,  y  reconoce,  con 
esto,  que  las  fanfarronadas  no  harán  sino  afirmar  la 
determinación  de  la  Gran  Bretaña,  y  entonces,  previen- 
do esto,  las  evita.  El  discurso  no  conduce  á  nada. 

El  interés  real  es  el  punto  de  vista  de  la  situación 
interior  de  Alemauia,  que  deja  ver  grandes  inquie- 
tudes. 

Las  personas  más  enteradas  de  Alemania  opinan 
que,  debido  á  la  situación  interior  de  Austria,  Alema- 
nia no  puede  esperar  nada  de  ella,  y  la  monarquía 
dualista  pronto  podría  llegar  á  ser  un  peso  para  Ale- 
mauia. 

Las  dos  tentativas  de  Von  Kuhlmann  han  sido 
muy  hábiles,  ya  que  nadie  está  preparado  para  una 
paz  que  permita 
á  Alemania  ane- 
xionarse el  Nor- 
te de  Rusia  y  te- 
rritorios en  el 
Sur,  que  le  da- 
rían un  poder 
prodigioso  que 
crecería  todavía 
con  la  restitu- 
ción de  algunas 
colonias. 

Se  notará  que 
en  su  discurso 
Von  Kuhlmann 
babla  casi  abier- 
tamente de  Cur- 
landia  y  Litua- 
nia  como  partes 
de  Alemania. 
Von  Kuhlmann 
no  cree,  es  na- 
tural, que  tal  so- 
lución pueda  ser 
aceptada  por  los 

aliados,  á  menos  que  éstos  se  vean  obligados  á  incli- 
narse ante  las  condiciones  alemanas.  Si  los  alemanes 
pudiesen  lograr  libertad  de  acción  en  el  Este,  en  la 
parte  que  ocupan  en  el  Norte  y  Sur  de  Rusia,  se  reti- 
rarían de  la  guerra  mucho  más  fuertes  de  lo  que  ha- 
bían entrado  en  ella.» 

Al  día  siguiente  tomó  la  palabra  el  canciller  Hert- 
ling,  y  se  expresó  en  estos  términos: 

«Dadas  las  circunstancias  actuales,  no  tenía  inten- 
ción de  tomar  parte  en  estas  conferencias.  Los  moti- 
vos de  la  reserva  intencionada  son  claros  y  motivados 
por  la  experiencia.  Si  hablásemos  de  nuestra  opiüióu 
pacífica  y  de  nuestra  disposición  para  la  paz,  esto  sería 
interpretado  quizá  por  unos  como  un  síntoma  de  nues- 
tra debilidad  y  de  nuestra  ruina  inminente  y  por  otros 
como  una  trampa  hipócrita.  Si,  en  cambio,  habláramos 
de  nuestra  inquebrantable  voluntad  de  rechazar  la 
guerra  de  conquista  que  nos  fué  impuesta,  se  oiría  re- 
sonar la  espada  de  Ludendorff.  Así  se  dijo:  Esto  es  la 


BNKBHMEBA3    INULE-SaS   SUBASTANDO 
CON   DESTINO  Á 


voz  del  militarismo  alemán,  á  la  que  deberán  dar  fe  de 
buena  ó  mala  gana  los  hombres  de  Estado  alemanes. 
El  día  24  de  Febrero  di  un  paso  más  hacia  adelante 
y  tomé  una  actitud  definida  frente  al  mensaje  del 
presidente  Wilson.  Aquí  comenté  sus  catorce  puntos  y 
manifesté  en  un  principio  mi  adhesión  á  ellos.  Declaré 
que  estos  catorce  puntos  podían  representar  de  un 
modo  posible  las  líneas  fundamentales  para  la  paz 
mundial.  Desde  entonces  el  presidente  Wilson  no  hizo 
declaración  alguna  respecto  á  ello.  Así,  no  hay  razón 
alguna  para  continuar  hilando  el  hilo  que  empecé  á 
hilar  por  aquel  entonces.  Tiene  tanto  menos  objeto  en 
vista  de  las  declaraciones  que  llegaran  á  partir  de 
aquella  época  desde  Norte  América.  Estas  declaracio- 
nes permitieron 
reconocer  con 
toda  claridad  lo 
que  se  debe  com- 
prender bajo  una 
alianza  de  paz 
de  los  pueblos  ó 
de  una  Liga  de 
naciones  para 
mantener  la  li- 
bertad y  la  jus- 
ticia. 

En  cambio, 
creí  completa- 
mente adecuado 
que  el  ministro 
de  Negocios  Ex- 
tranjeros hiciera 
declaraciones 
respecto  á  nues- 
tra situación  po- 
lítica en  Oriente 
desde  Finlandia 
hasta  el  mar  Ne- 
gro, puesto  que 
estaba  llamado  á  ello  á  base  de  su  inteligencia  y  de  las 
experiencias  que  adquirió  con  su  participación  en  las 
conferencias  durante  varios  meses.  Soy  de  la  opinión 
que  el  ministro  cumplió  debidamente  este  deber. 

No  hay  que  pensar  en  destruir  nuestra  voluntad 
de  vencer.  Hoy,  como  siempre,  el  emperador  y  el  pue- 
blo están  estrechamente  unidos  y  llenos  de  confian- 
za. Confían  en  nuestras  bravas  tropas,  en  nuestros  in- 
comparables jefes  y  en  nuestra  aptitud  unida  y  ad- 
mirable.» 

El  conde  de  Hertling  aprobaba  claramente  el  con- 
junto de  las  declaraciones  hechas  por  Von  Kuhlmann. 
Pero  esto  no  era  mas  que  una  solución  temporal. 
Von  Kuhlmann  no  podía  continuar  al  frente  del  mi- 
nisterio. 

En  efecto,  hacia  el  10  de  Julio  entregó  su  dimisión 
y  el  emperador  nombró  para  sustituirle  al  almirante 
Von  Hintze,  que  á  la  sazón  dirigía  la  Embajada  ale- 
mana en  Cristianía. 


OoJBTOd   PARA   RECAUDAR   FONDOS 
LA   CRUZ   ROJA 


158 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


Eq  una  interviú  celebrada  con  un  corresponsal  del 
periódico  vienes  Neue  Freír  Presse  á  primeros  de  Ju- 
lio, el  vicecanciller  alemán  Von  Payer  hizo  declara- 
ciones relacionadas  con  la  alianza  germano-austro- 
húngara. 

El  vicecanciller  calificó  la  constitución  de  la  alian- 
za como  el  problema  más  importante  de  todos  los  pro- 
blemas que  preocupaban  á  ambos  países. 

«Los  dos  dependen  el  uno  del  otro,  según  el  des- 
arrollo histórico — dijo — .  Los  deberes  culturales  son 
los  mismos  y  les  unen  los  más  importantes  intereses 
políticos  y  económicos.  Bajo  el  puuto  de  vista  militar, 
somos,  unidos,  casi  invencibles,  según  se  acaba  de 
demostrar.  Vencer  á  uno  de  nosotros  sería  posible 
siempre  á  una  coalición  de  enemigos,  y  si  uno  hubiese 
caído,  entonces  la  suerte  del  otro  también  estaría  de- 
cidida. Por  esta  razón,  la  comunidad  de  vida  debe  ser 
tan  íntima,  que  debe  excluirse  positivamente  la  idea 
de  una  separación.  No  importa  el  que  se  firme  el  tra- 
tado según  la  fórmula  tradicional  para  siempre  ó  sólo 
para  una  larga  serie  de  años.» 

El  vicecanciller  calificó  los  convenios  en  el  terreno 
económico  de  particularmente  aptos  á  tener  una  gran 
perspectiva,  puesto  que  para  ello  se  han  dado  las  su- 
posiciones naturales. 

«Las  fronteras  existentes  son  más  bien  históricas 
que  económicas.  El  pedazo  de  mundo  que  comprende 
á  ambos  Imperios  es  grande  y  bastante  cerrado  para 
facilitar  una  gran  independencia  del  extranjero.  La 
comarca  industrial  también  es  de  gran  extensión  y 
puede  crecer  hasta  el  infinito,  si  Polonia,  los  Estados 
fronterizos  y  quizás  también  Bulgaria  y  Turquía  toman 
parte. 

La  forma  que  para  ello  se  elija  ya  es  una  cuestión 
de  importancia  secundaria.  El  objetivo  está  dado.  Las 
limitaciones  entre  países  deben  desaparecer  poco  á 
poco  é  ir  unidas  con  la  unión  de  la  legislación  econó- 
mica, manteniendo  la  independencia  política  de  am- 
bos Imperios.  El  tratado  de  alianza  que  se  va  á  crear 
puede  solamente  basarse  sobre  la  reciprocidad,  con 
inclusión  de  los  convenios  económicos.  Cada  Imperio 
arreglará  á  su  modo  de  pensar  los  asuntos  interiores.» 

Pasando  al  carácter  militar  de  la  aliauza,  dijo  así 
Von  Payer: 

«Las  experiencias  de  la  guerra  actual  han  demos- 
trado el  alivio  que  significa  para  el  mando  de  la  gue- 
rra la  proporcionada  instrucción,  el  armamento,  el 
aprovisionamiento  y  la  economía  de  existencias.  Lo 
que  en  cada  uno  de  estos  países  sea  necesario,  sobre 
esto  se  pondrán  de  acuerdo  los  militares. 

Verdaderamente  sería  hermoso  que  con  la  paz  lle- 
gase el  desarme  universal.  Pero  los  motivos  que  cau- 
saron la  declaración  de  guerra  continúan;  así  que  sería 
por  lo  menos  anticipado  establecer  nuestras  relacio- 
nes con  Austria-Hungría  como  si  el  desarme  general 
para  Europa  estuviese  ya  acordado  y  hasta  llevado 
á  cabo. 

Lo  mejor  es  permanecer  en  el  terreno  de  los  hechos 


y  crear  la  alianza.  Estoy  convencido  de  que  con  ello 
nosotros  por  nuestra  parte  prestaríamos  el  mayor  ser- 
vicio á  la  paz.  Cuando  Alemania  y  Austra-Hungría 
se  encuentren  una  vez  unidas  económica  y  política- 
mente ante  el  extranjero,  ¿quién  tendría  el  valor  de 
arrojarse  solo  ó  con  otros  contra  este  bloque,  particu- 
larmente en  lo  futuro,  cuando  también  las  preparacio- 
nes de  guerra  de  los  Imperios  unidos  estén  acordadas, 
cuando  Francia  esté  debilitada  en  tal  grado  del  que 
todavía  hoy  no  parece  formarse  ninguna  idea,  cuando 
la  Rusia  zarista,  dependiente  de  una  política  de  ex- 
tensión y  de  éxitos  guerreros,  no  pueda  ser  ni  siquiera 
una  amenaza  para  sus  enemigos  ni  una  protección 
para  la  vida  política  del  Estado,  cuando  los  Estados 
fronterizos  del  Norte  presten  á  Alemania  una  ayuda 
militar,  cuando  Polonia  haya  entrado  en  alianza  con 
las  potencias  centrales,  y  cuando  no  se  pueda  contar 
más  ni  con  el  bloqueo  de  los  Imperios  centrales  ni 
con  la  discordia  entre  ellas?  La  paz  de  Europa  se  en- 
contrará entonces  en  manos  de  Austria  Hungría  y 
Alemania  unidas  y  allí  estará  en  un  lugar  seguro.  Con 
cada  aproximación  política  y  económica  entre  la  nue- 
va alianza  y  los  Estados  balkánicos  libertados  de  la 
presión  de  Rusia  aumentará  el  peso  del  bloque  y  con 
ello  todavía  más  la  garantía  de  la  paz.  En  la  misma 
relación  en  que  pese  sobre  nosotros  la  amenaza  de  la 
guerra  de  derecha  á  izquierda,  arreglaremos  también 
la  medida  de  nuestras  preparaciones  de  guerra.» 

El  vicecanciller  alemán  terminó  diciendo  que  las 
conferencias  austro-germanas  por  fortalecer  la  alian- 
za debían  llevarse  á  cabo  de  un  modo  extenso,  pero 
rápidamente.  Añadió  que  la  unión  era  la  fuerza  y  que 
la  fuerza  traería  á  su  vez  la  victoria  alemana. 

Ilusiones... 


XI 


Ex  Rusia 

A  fines  de  Marzo  de  1918,  las  Embajadas  aliadas, 
que  junto  con  la  Embajada  de  Francia  habían  abando- 
nado la  capital,  retirándose  á  Finlandia,  decidieron 
penetrar  de  nuevo  en  Rusia  é  instalarse  en  Vologda, 
importante  estación  de  ferrocarril  que  comunica  con 
Petrogrado,  Arkhangel,  Perm  y  Moscou,  donde  ya  se 
encontraba  la  Embajada  norteamericana.  De  este  modo 
los  gobiernos  de  la  Entente  volvían  á  ponerse  en  con- 
tacto con  el  gobierno  bolchevik  «para  defender,  según 
decían  los  embajadores  en  una  declaración  hecha  á  la 
prensa  rusa,  sus  intereses,  gravemente  comprometi- 
dos por  la  paz  separada». 

El  día  27,  el  comisario  ruso  de  Negocios  Extranje- 
ros, M.  Tchitcherine,  pidió  al  gobierno  alemán  expli- 
caciones sobre  la  interpretación  abusiva  que  éste  daba 
al  tratado  de  Brest-Litovski  y  sobre  el  avance  de  las 
tropas  alemanas  en  la  Rusia  meridional.  Dos  días  des- 
pués, el  gobierno  de  Berlín  respondía  que  como  Rusia 
aún  uo  había  firmado  un  tratado  de  paz  con  Ukrania, 


HISTORIA  DE  LA  ÜUERRA  EUROPEA  DE  IV 14 


159 


el  gobierno  alemáu  todavía  consideraba  como  territo- 
rios ukranianos  la  Voliuia,  la  Podolia,  Kherson,  Táu- 
ride,  Kiew,  Poltawa,  Tener  nigow,  lekateriaoslaw, 
kharkow  y  Kholm,  donde  debía  mantener  el  orden. 

Todas  estas  discusiones  sobro  el  tratado  de  paz  no 
habían  impedido  el  intercambio  de  los  documentos  ra- 
tificados alemanes  y  rusos  que  se  habían  firmado  en 
Brest-Litovski;  dicho  intercambio  tuvo  lugar  el  29  do 
Marzo  en  el  Ministerio  de  Negocios  Extranjeros  de 
Berlín  entre  Von  dem  Bussche,  subsecretario  de  Esta- 
do, y  M.  Potrof,  enviado  especial  ruso. 

Pero  al  parecer,  el  tratado  de  Brest-Litovski  no  pa- 
saba de  ser  una  simple  fórmula.  Rusia  no  obtenía  paz. 
Las  tropas  alemanas  proseguían  su  marcha  do  inva- 
sión y  el  gobier- 
no maximalista 
protestaba  ince- 
santemente con- 
tra esta  conti- 
nuación de  actos 
de  guerra. 

Mieutras  entre 
Berlín  y  Moscou 
se  cruzaban  toda 
clase  de  recla- 
maciones y  de 
disculpas,  Aus- 
tria y  Alemania 
preparaban  acti- 
vamente la  paz 
ukraniana. 

El  día  2.'3  ya  se 
había  firmado  un 
importante  tra- 
tado económico 
entre  Ukrania  y 
Austria-Hun- 
gría. 

Pero  á  fines  del  mismo  mes  se  agravó  la  situación. 
Alemania,  tomando  como  pretexto  la  existencia  de 
ciertos  disturbios,  sustituyó  á  la  República  popular  de 
Ukrania  con  un  régimen  dictatorial. 

Por  mediación  del  feldmariscal  Von  Eichoro,  go- 
bernador militar  de  Kiel,  nombró  hetmán  al  general 
ukraniano  Skoropadsky,  é  hizo  que  éste  lanzara  una 
proclama  donde  decía  que  Ukrania  debía  su  salvación 
al  fiel  apoyo  de  los  Imperios  centrales. 

Por  otra  parte,  tras  de  haber  enviado  á  Moscou 
toda  una  serie  de  notas  y  después  de  haber  recibido 
del  gobierno  maximalista  numerosas  protestas,  el 
conde  de  Mirbach,  embajador  alemán,  presentó  el  10  de 
Mayo  al  gobierno  de  los  Soviets  una  nueva  nota  pi- 
diendo el  arreglo  inmediato  de  la  cuestión  de  los  pri- 
sioneros de  guerra,  el  final  de  la  organización  del 
ejército  rojo  y  el  restablecimiento  del  orden  en  las 
grandes  ciudades. 

Dos  días  después,  un  rescripto  del  emperador  (íui- 
llermo  proclamaba  la  creación  del  protectorado  ale- 


BL   GENERAL    MANGIN 


man  sobre  Lituania,  reconocida  como  Estado  indepen- 
diente, y  que,  á  decir  de  Alemania,  so  aliaba  á  este 
Imperio  por  voluntad  propia. 

Días  antes,  los  pueblos  del  Cáucaso  habían  procla- 
mado la  «TJnión  de  los  montañeses  del  Cáusaso»  cuino 
Estado  independiente  separado  do  Rusia. 

El  29  do  Junio  llegó  á  París  Alejandro  Kerensky, 
y  el  2  de  Julio  hizo  ante  la  comisión  administrativa 
permanente  del  partido  socialista  un  trazado  de  la  si- 
tuación rusa.  Kerensky  acabó  solicitando  la  interven- 
ción inmediata  de  los  aliados. 

El  día  .">,  en  una  reunión  socialista  celebrada  en 
el  Palacio  Borbón,  renovó  sus  declaraciones  y  su  soli- 
citud; además  comunicó  una  resolución  votada  el  18 

de  Mayo  en  una 
reunión  Becreta 
de  todos  los  par- 
tidos de  la  Cons- 
tituyente, á  ex- 
cepción de  los 
maximalistas, 
donde  se  declaró 
nulo  el  tratado 
de  Brest-Litovs- 
ki y  donde  se  afir- 
mó de  una  ma- 
nera inquebran- 
table su  fideli- 
dad á  la  Entente. 
El  G  de  Julio, 
á  las  dos  de  la 
tarde,  fué  asesi- 
nado en  su  des- 
pacho particu- 
lar el  conde  de 
Mirbach,  emba- 
jador alemán  en 
Moscou.  Dos  des- 
conocidos que  habían  obtenido  audiencia,  introduci- 
dos en  el  despacho  del  ministro,  dispararon  contra  él 
dos  tiros  de  revólver,  que  hicieron  blanco,  y  lanzaron 
además  dos  granadas,  cuyos  cascos  le  hirieron  mortal- 
mente.  El  conde  no  tardó  en  expirar.  Los  autores  del 
hecho  lograron  huir  por  una  ventana. 

Los  representantes  del  gobierno  maximalista  mul- 
tiplicaron las  excusas;  inmediatamente  acudieron  á 
la  Embajada  para  manifestar  la  indignación  que  les 
producía  el  drama  y  afirmar  su  propósito  de  castigar 
á  los  culpables;  además  telegrafiaron  á  M.  Ioffc,  en 
Berlín,  para  que  renovase  sus  excusas  ante  el  gobier- 
no imperial. 

El  hecho  pareció  ser  una  señal  revolucionaria, 
pues  á  raíz  de  perpetrarse  estallaron  grandes  distur- 
bios en  Moscou,  que,  por  lo  demás,  fueron  ahogados 
en  sangre. 

Llegados  á  este  momento,  veamos  ahora  un  artícu- 
lo donde  R.  de  Thomasson,  colaborador  de  L'Illust  ra- 
I  i" a.  estudiaba  la  BÍtuación  de  Rusia: 


160 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


«1  ltimamente  han  ocurrido  sucesos  de  graü  im- 
portancia en  la  Rusia  meridional,  en  el  Cáucaso  y  en 
Siberia.  Con  la  condición  expresa  de  ser  explotados 
en  tiempo  útil  por  los  aliados,  hacen  nacer  la  espe- 
ranza de  arrancar  el  antiguo  Imperio  ruso  al  yugo  de- 
gradante de  los  bolcheviks  y  de  sus  asociados  austro- 
alemanes. 

Hace  ya  muchos  meses  que  los  aliados  insistían,  á 
cuál  mejor,  en  que  era  preciso  «hacer  algo»  en  Rusia, 
encontrar  una  ruta  en  donde  fueran  á  orientarse  los 
elementos  sanos  de  ese  desdichado  país.  Estas  bellas 
metáforas  apenas  bastaban  para  disimular  un  emba- 
razo real.  Además  de  que  los  aliados  no  estaban  de 
acuerdo  sobre  la  Conducta  que  habían  de  seguir  vis-á- 
ris  de  los  bolche- 
viks, no  sabían 
manifiestamen- 
te por  dónde  co- 
ger ese  enorme 
bloque  ruso.  Los 
únicos  puntos 
que  las  poten- 
cias occidenta- 
les podían  alcan- 
zar directamen- 
te eran  Arkhan- 
gel  y  la  costa 
murmana.  Las 
poblaciones, 
muy  diluidas 
ciertamente  en 
estas  regiones, 
estaban  bien  pre- 
dispuestas. Los 
cónsules  de 
Francia  y  de  In- 
glaterra en  Ar- 
khangel  recibían 

constantes  testimonios  de  simpatía.  Cuando  se  com- 
probó que  el  gobierno  finlandés,  con  su  ejército  blan- 
co, iba  á  remolque  de  los  alemanes  y  codiciaba  la  vía 
férrea  de  la  costa  murmana,  un  almirante  británico 
recibió  orden  de  desembarcar  en  ella  alguuas  compa- 
ñías, á  las  que  el  Soviet  local  hizo,  por  cierto,  una 
acogida  bastante  buena.  Realmente,  estas  regiones  del 
Extremo  Oriente  eran  un  teatro  secundario  para  ope- 
raciones militares  ó  políticas.  Solamente  se  mantenía 
allí  una  puerta  abierta  que  permitía  la  evasión  de  cier- 
to número  de  servios  y  de  eheco-eslovacos,  pero  no  se 
podía  ejercer  así  ninguna  acción  realmente  eficaz  sobre 
el  curso  de  los  acontecimientos  que  venían  desarro- 
llándose en  el  resto  de  Rusia. 

La  situación  en  el  Cávcaso.—E\  Sur  de  la  Rusia 
europea  y  el  Cáucaso  ofrecían  un  interés  de  otro  ca- 
rácter. En  este  lado  han  ocurrido  hechos  curiosos, 
entre  ellos  el  inesperado  éxodo  de  los  armenios.  Cuan- 
do las  tropas  rusas,  desorganizadas,  hau  evacuado  la 
Armenia,  abandonando  el  país  al  salvajismo  turco,  se 


REVISTA    EN    HONOR   DEL   CORONEL    SUIZO   ANDEOOD 


han  formado  bandas  armenias  cuyo  total  se  evalúa  en 
unos  50.000  hombres.  Algunas  de  esas  bandas  se  han 
quedado  en  los  parajes  del  lago  de  Van  y  se  ha  seña- 
lado recientemente  su  presencia  en  Erivan;  además 
se  han  juntado  con  un  cuerpo  indígena  ruso  de  unos 
'JO. 000  hombres,  que  aún  seguían  combatiendo  entre 
Kars  y  Erivan.  En  su  mayoría  han  descendido  á  la 
parte  oriental  de  la  vía  férrea  Batoum-B;ikou,  han  ocu- 
pado Tiflis,  Bakou,  y  han  seguido  el  margen  del  Caspio 
hasta  Derbeut  y  Petrows.  Según  las  últimas  noticias, 
no  se  han  mantenido  en  Tiflis,  el  cual  debe  hallarse 
actualmente  en  poder  de  los  turcos.  Estos  han  avan- 
zado á  lo  largo  del  mar  Negro  por  Batoum,  Poti  y 
Soukoum-Kalé,  y  desde  Poti  han  podido  marchar  so- 
bre Tiflis.  En 
Constantinopla 
se  manifiesta  la 
intención  de  per- 
seguir á  los  ar- 
menios sobre  las 
costas  del  Caspio 
para  impedirles, 
según  parece,  el 
que  asesinen  á 
los  musulmanes 
del  Cáucaso.  ¿El 
armenio  conver- 
tido en  asesino 
de  musulmanes? 
He  ahí  un  impre- 
visto cambio  de 
frente.  De  todos 
modos,  no  ha  fal- 
tadoquien, pues- 
to al  corriente 
de  esta  situa- 
ción, ha  sugeri- 
do la  idea  de  que 
podríamos  apoyar  á  los  armenios  y  hacer  llegar  hasta 
ellos  armas  y  subsidios  por  el  camino  de  Persia.  Mas 
todo  ello  exigiría  una  expedición  militar,  pues  las  tro- 
pas turcas  ya  han  entrado  en  Persia  y  han  ocupado 
Tabris. 

Al  Norte  del  Cáucaso,  el  punto  de  Vladicáucaso 
constituye  un  centro  de  resistencia  contra  los  bolche- 
viks; un  convenio  ha  afirmado  su  resolucióu  de  com- 
batir al  gobierno  de  Moscou.  Seguramente  se  encuen- 
tra Kornilof  por  estos  parajes.  Remontándonos  aún 
más  al  Norte,  encontramos  á  los  partidarios  del  cosaco 
Krasnof,  que  parece  dueño  del  territorio  de  Tsaritzin, 
es  decir,  de  la  agitada  región  de  Rostov,  donde  muy 
bien  pudiera  encontrarse  al  general  Alexeief,  aunque 
algunos  informadores  lo  sitúan  en  Irkoutsk  (Siberia 
central). 

Por  último,  en  un  cuadro  de  conjunto  de  la  situa- 
ción en  Rusia  meridional,  no  hay  que  olvidar  la  insu- 
rrección rural  de  Ukrania,  los  disturbios  de  esos  in- 
numerables aldeanos  que  los  alemanes  quieren  cons- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


161 


trefiii'  á  que  les  entreguen  sus  cereales,  so  pena  de 
fusilamiento.  Se  sabe  que  por  este  lado  las  cosas  van 
bastante  mal  para  el  invasor,  hasta  el  punto  de  que 
éste  se  ha  visto  obligado  á  licenciar  las  famosas  mili- 
cias ukranianas  llamadas  «Gaídamak»,  y  que  era  lo 
único  con  que  contaba  para  restablecer  el  orden. 

Los  checo-eslovacos  en  Silería. — Hay,  pues,  mu- 
chos elementos  «sanos»  en  el  Sur  del  antiguo  Imperio 
ruso,  pero  la  imposibilidad  de  entrar  en  contacto  con 
ellos  era  hasta  estos  últimos  tiempos  una  cosa  eviden- 
te. No  quedaba  como  pun- 
to de  apoyo  posible  de  una 
fuerza  aliada  mas  que  el 
lejano  Vladivostok.  Se 
pensaba  en  un  desembar- 
co japonés  en  este  puerto, 
pero  parece  ser  que  el  pre- 
sidente Wilson  no  lo  apro- 
baba. Hay  que  reconocer, 
sin  embargo,  que  hace  un 
mes  solamente  los  infor- 
mes que  se  tenían  sobre  la 
situación  en  Siberia  aún 
eran  demasiado  vagos  pa- 
ra que  pudieran  apreciar- 
se resultados  prácticos  en 
una  intervención  japone- 
sa. Hacer  de  Vladivostok 
el  punto  de  partida  de  una 
acción  militar  susceptible 
de  influir  en  los  sucesos 
de  la  Rusia  europea  pudo 
parecer  utópico. 

Pero  cuando  se  conoció 
en  todos  sus  detalles  la 
odisea  de  los  checo-eslo- 
vacos, los  datos  del  pro- 
blema se  encontraron 
completamente  modifi- 
cados. 

En  el  momento  de  la  di- 
solución de  los  ejércitos  rusos  había  en  Rusia  unos 
150.000  checo-eslovacos  que  no  todos  eran  prisioneros 
de  guerra  austríacos,  en  el  sentido  propio  de  la  pala- 
bra. Muchos  se  habían  pasado  con  armas  y  bagajes, 
por  unidades  constituidas,  á  las  filas  rusas,  donde 
algún  tiempo  después  combatieron  bravamente.  Al 
concertarse  la  paz  de  Brest-Litovski,  una  de  las  condi- 
ciones impuestas  á  Lenine  fué  naturalmente  la  devo- 
lución de  esos  contingentes,  en  los  que  Austria  quería 
ejercer  las  peores  venganzas.  Los  checo-eslovacos,  co- 
nocedores de  dicha  cláusula  y  desde  luego  poco  deseo- 
sos de  entrometerse  en  las  querellas  interiores  de  los 
rusos,  concibieron  el  legítimo  deseo  de  evadirse  para 
ir  á  colocarse  entre  los  aliados  de  Occidente.  Algunos 
tomaron  el  camino  de  Arkhangel.  Masaryk,  el  gran 
leader  checo,  orientó  á  todos  los  demás  hacia  Vladi- 
vistok  y  entró  en  negociaciones  con  el  gobierno  yan- 

TOMO  II 


DIPUTAD08    VBNIZELISTAS 
EN    BL    CONSULADO    DE   LA 


qui  para  procurarles  medios  de  transporte.  Se  evalúan 
en  muchos  miles  los  que  lograron  ganar  Vladivostok, 
donde  ahora  forman  tres  divisiones.  Este  último  deta- 
lle lo  lia  dado  la  Garita  de  Colonia. 

Esta  peregrinación  á  través  de  la  Siberia  tropezó 
con  la  hostilidad  de  Lenine.  que  temblaba  con  sólo 
pensar  infringir  las  órdenes  de  sus  amos  los  austro- 
alemanes,  y  que  con  tal  de  obedecerles  no  vacilaba  en 
traiciouar  odiosamente  á  unos  soldados  que  habían 
peleado  bajo  la  bandera  rusa.  En  razón  de  esta  hosti- 
lidad, muchos  checoeslo- 
vacos no  pudieron  sobre- 
pasar la  región  del  Ural. 
Pero  esta  vez  también  sa- 
lió perdiendo  Lenine,  pues 
lo  que  hizo  fué  encerrar  el 
lobo  en  el  redil.  Los  checo- 
eslovacos, la  mayoría  de 
los  cuales  son  de  ideas  po- 
líticas muy  avanzadas  y 
nada  hostiles  en  principio 
á  los  revolucionarios  ru- 
sos, tomaron  posesión  de 
las  vías  férreas  en  las  que 
se  encontraban  inmovili- 
zados, y  se  pusieron  bajo 
las  órdenes  del  gobierno 
siberiano  contrarrevolu- 
cionario constituido  re- 
cientemente en  Omsk. 

Allí  ocupan  el  gran 
puente  de  Sysran  sobre  el 
Volga  y  la  ciudad  de  Sa- 
mara, de  modo  que  inter- 
ceptan las  comunicacio- 
nes directas  de  Moscou 
con  Siberia.  Más  al  Oeste 
amenazan  á  los  centros  de 
Peusa  y  de  Tambor,  y  al 
Sudoeste  á  la  ciudad  de 
Sara tov,  por  donde  pueden 
dar  la  mano  á  los  cosacos  del  general  Doutov,  situa- 
dos en  Poworino  (Oeste  de  Saratov).  En  Samara  y 
en  Saratov  hay  vías  férreas  que  permiten  llegar 
hasta  los  países  cosacos  de  Uralsk  y  de  Orenburgo. 
Los  checo-eslovacos  están  igualmente  en  Siatust.  cen- 
tro minero  del  Ural,  en  Oufa  y  en  Tcheliabinsk,  es- 
tación inicial  del  transiberiauo,  de  donde  parte  en 
dirección  Norte  un  empalme  hacia  Iekaterinburg  y 
Perm,  empalme  que  se  combina  con  los  ferrocarriles 
de  Arkhangel  y  de  la  costa  murmana.  Por  fin  se  eu- 
cuentra  á  los  checoeslovacos  en  Omsk  y  mucho  más 
al  Este,  hasta  Krasnoiarsk.  Así,  Lenine  se  ve  priva- 
do para  el  abasto  de  la  Rusia  del  Norte  del  granero  de 
trigo  que  significa  el  distrito  de  Omsk,  cuya  impor- 
tancia es  tanto  mayor  este  año  cuanto  que  Ukrania, 
presa  de  coustantes  desórdenes,  no  podrá  facilitar 
muchos  cereales.  No  teniendo  otra  cosa  que  oponer  á 

»o 


PRONUNCIANDO   UN    DISCURSO 
ORAN   BRETAÑA   EN   LARISSA 


162 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


los  checo-eslovacos  mas  que  sus  bandas  de  guardias 
rojos,  Lenine  ha  decretado  puerilmente  la  moviliza- 
ción de  cinco  quintas  en  los  territorios  del  Volga  y 
del  Ural  y  de  la  Siberia  occidental.  Pero  no  debe  ha- 
cerse grandes  ilusiones  sobre  la  eficacia  de  esto  de- 
creto: los  hombres  convocados  se  quedarán  en  su  casa. 
Es,  pues,  muy  lógico  que  en  vista  de  las  circunstan- 
cias haya  echado  mano  de  sus  buenos  amigos  los 
alemaoes. 

La  población  siberiana  y  el  bolchevismo. — Lo  que 
da  verdadera  fuerza  á  los  checo-eslovacos  en  estas 
vastas  regiones  es  que  están  apoyados  por  la  pobla- 
ción, principalmente  en  la  Siberia  occidental.  En  un 
artículo  muy  estudiado,  como  suelen  verse  á  veces  en 
la  prensa  alemana,  la  Gacela  de  Colonia  constata  con 
una  melancolía  evidente  que  el  bolchevismo  no  ha 
echado  raíces  en  Siberia.  Recuerda,  además,  que  el 
sentimiento  nacional  ruso  es  muy  vivo  al  Este  del 
Ural  y  que  las  tropas  siberianas  siempre  se  han  batido 
admirablemente. 

En  Vladivostok  no  ha  sido  menor  el  éxito  de  los 
checo-eslovacos.  A  falta  de  poder  embarcarse  para 
Norte  América,  se  han  apoderado  de  la  ciudad  y  han 
entrado  en  relación  con  un  nuevo  gobierno  tan  anti- 
rrevolucionario  como  el  de  Omsk,  que  acaba  de  surgir 
eo  Karbín;  incluso  anuncia  que  se  quiere  fusionar  á 
este  gobierno  con  el  de  Omsk.  Desgraciadamente,  las 
comunicaciones  entre  Karbín  y  Omsk  no  son  fáciles 
por  el  momento,  pues  en  la  Siberia  central  la  situa- 
ción no  es  tan  buena  como  en  las  dos  extremidades  del 
transiberiano.  Hay  en  la  región  de  Irkoutsk  y  del  lago 
Baikal  numerosos  prisioneros  austro-alemanes,  man- 
dados por  sus  propios  oficiales,  abastecidos  y  armados 
á  costa  de  los  bolcheviks.  Han  sido  empleados  en  per- 
seguir del  lado  de  Tchita  y  en  rechazar  en  territorio 
chino  á  los  contingentes  del  coronel  Lemenow.  Sin 
embargo,  según  recientes  telegramas  publicados  por 
la  prensa,  los  bolcheviks  se  han  visto  obligados  á 
abandonar  Irkoutsk  y  á  retirarse  al  Este  del  Baikal. 

Resulta  de  todo  esto  que,  á  pesar  de  lo  enorme  de 
las  distancias,  ya  no  es  una  quimera  el  proyecto  de 
arrebatar  todo  el  transiberiano  al  control  de  los  ma- 
ximalistas  y  de  acceder  por  esta  vía  á  la  región  del 
Ural,  donde  la  retaguardia  de  los  checo-eslovacos,  en 
marcha  hacia  Vladivostok,  puede  muy  bien  transfor- 
marse en  una  vanguardia  mediante  una  serie  de  ma- 
niobras especiales.  De  todos  modos,  para  actuar  eficaz- 
mente en  Rusia  los  aliados  necesitan  grandes  efecti- 
vos, que  únicameute  puede  proporcionar  en  tiempo  útil 
el  Japón.  Así,  pues,  si  como  consecuencia  de  ciertos 
desacuerdos  existentes  entre  las  diplomacias  aliadas 
no  se  produjere  esa  intervención  japonesa,  que  el  pro- 
pio gabinete  de  Tokio  ya  ha  ofrecido,  sería  una  falta 
capital  que  añadir  á  la  lamentable  colección  de  todas 
las  que  han  prolongado  indefinidamente  la  guerra.» 

El  16  de  Julio,  los  bolcheviks  fusilaron  en  Iekate- 
rinburg  á  Nicolás  II,  último  zar  de  todas  las  Rusias. 

El  mes  anterior  ya  había  circulado  el  rumor  de  su 


muerte,  pero  este  rumor  había  sido  desmentido.  Esta 
vez  no  cabía  dudar,  pues  la  anunciaba  el  propio  go- 
bierno maxiinalista  en  el  siguiente  radiograma  dirigi- 
do al  Almirantazgo  británico: 

«La  primera  sesión  de  la  Junta  ejecutiva  elegida 
en  el  quinto  Congreso  de  los  Consejos  ha  hecho  pú- 
blico el  meusaje  recibido  por  hilo  directo  del  Consejo 
regional  del  Ural  relativo  al  fusilamiento  del  ex  zar, 
verificado  hace  poco  ew  Iekateriuburg. 

La  capital  del  Ural  rojo  está  amenazada  seriamente 
por  las  bandas  de  checo-eslovacos.  Al  mismo  tiempo 
ha  sido  descubierta  una  contrarrevolución,  cuyo  obje- 
tivo era  arrancar  de  las  manos  de  las  autoridades  al 
tirano.  En  vista  de  esto,  el  presidente  del  Consejo  re- 
gional decidió  fusilar  al  ex  zar.  Esta  decisión  fué  lle- 
vada á  cabo  el  16  de  Julio. 

Su  esposa  y  su  hijo  fueron  trasladados  á  lugar 
seguro.  Los  documentos  relativos  á  la  conspiración 
descubierta  fueron  mandados  á  Moscou  por  mensaje- 
ros especiales.  El  presidente  de  la  Junta  central  eje- 
cutiva, después  de  discutir  las  circunstancias  que 
obligaron  al  Consejo  á  tomar  la  decisión  de  fusilar  á 
Nicolás,  decidió  la  siguiente:  La  Junta  central  ejecu- 
tiva do  Rusia  acepta  la  decisión  del  Consejo  regional, 
considerándola  legal.  El  Comité  central  ejecutivo  ha 
tomado  una  actitud  decidida  y  una  resolución  impor- 
tante relativa  á  los  documentos  concernientes  á  Nico- 
lás, pues  además  de  la  correspondencia  con  su  esposa 
é  hijos,  se  han  encontrado  cartas  de  Rasputine  á  Ro- 
manof  y  familia.  Estos  documentos  se  harán  pú- 
blicos.» 

Nicolás  Romanof,  de  la  rama  Holsteiu  Gottorp, 
hijo  del  zar  Alejandro  III,  había  nacido  en  Petrogrado 
el  6  de  Mayo  de  1868.  Habiendo  ocupado  el  trono  el 
20  de  Octubre  de  1894,  ya  sabemos  que  tuvo  que  abdi- 
car en  favor  de  su  hermano  el  gran  duque  Miguel  el 
16  de  Marzo  de  1917.  Detenido  cinco  días  más  tarde 
por  el  Gobierno  provisional,  fué  internado  en  Tsars- 
koieselo,  después  trasladado  á  Tobolsk  y  de  allí  á 
lekaterinburg  en  el  mes  de  Mayo  de  1818,  después  de 
habérsele  descubierto  un  plan  de  evasión.  Nicolás  II 
dejaba  cuatro  hijas  y  un  hijo,  el  ex  zarevicht  Nicolás, 
nacido  en  Julio  de  1904. 

Por  estas  fechas,  un  famoso  revolucionario  ruso, 
que  después  de  haber  combatido  al  zarismo  había 
logrado  eludir  la  persecución  de  los  maximalistas, 
hizo  á  un  periodista  de  Estocolmo  interesantes  decla- 
raciones, que  pueden  concretarse  así: 

«De  Rusia  llegan  buenas  noticias.  El  reinado  de 
los  bolcheviks  toca  á  su  fin.  Viajeros  llegados  recien- 
temente de»Rusia  cuetotan  que  Lenine  dijo  en  un  cír- 
culo de  amigos:  «Me  siento  como  un  cadáver  en  un 
país  en  el  que  no  queda  nadie  para  enterrarme.»  Sí, 
esto  es  verdad,  pero  no  es  mas  que  la  mitad  de  la  ver- 
dad. Los  bolcheviks  están  muertos,  quizás  sea  más 
exacto  decir  que  están  deshechos,  desde  hace  mucho 
tiempo;  pero  no  han  recibido  sepultura,  no  porque  en 
Rusia  no  quede  nadie  para  enterrarlos,  sino  porque 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


163 


los  alemanes,  los  actuales  amos  del  país,  no  tienen 
interés  alguno  en  que  los  bolcheviks  sean  enterrados. 

Los  alemanes  quieren  que  la  descomposición  de 
Rusia  continúe,  y  sostienen  a  los  bolcheviks  como  á 
uua  carroña  destinada  á  infectar  al  país  entero. 

Las  noticias  son  buenas,  ya  que  se  nos  dice  que 
Siberia  se  aparta  de  los  bolcheviks,  que  arranca  el 
poder  á  los  Judas  de  Rusia  para  confiarlo  á  los  que 
odian  á  bolcheviks  y  alemaues. 

Es  el  comienzo  de  la  salvación  para  Rusia. 

El  gobierno  de  la  nueva  Rusia,  sea  constitucional 
ó  dictatorial,  unirá  á  todos 
los  patriotas  sinceros,  sin 
distinción  de  partidos  ó  de 
nacionalidades;  agrupará 
á  todos  los  que  quieren  la 
salvación  de  la  patria  pri- 
mero, y  la  liberación  del 
territorio  después. 

Por  esto  el  nuevo  go- 
bierno ruso  deberá  inme- 
diatamente dirigirse  á  los 
aliados,  para  con  su  ayu- 
da reconstruir  un  nuevo 
frente  oriental,  un  frente 
que  combatirá  paralela- 
mente al  occidental.  La 
organización  del  país  para 
su  regeneración  y  un  in- 
mediato llamamiento  á 
los  aliados  para  que  nos 
ayuden  á  desembarazar- 
nos de  los  alemanes:  este 
deberá  ser  el  programa  de 
los  directores  de  la  nue- 
va Rusia.» 

Luego,  el  aludido  revo- 
lucionario hizo  una  decla- 
ración sobre  Terestchen- 
ko,  y  dio  á  la  publicidad 
cartas  del  ex  ministro,  en 
una  de  las  cuales  se  decía: 

«La  obra  de  los  bolcheviks  es  fútil,  no  crearán 
ningún  ejército.  Rusia  y  el  mundo  tienen  dos  enemi- 
gos: los  bolcheviks  y  los  alemanes.» 

Por  fin,  se  produjo  la  intervención  oficial  de  los 
aliados  en  Rusia.  El  gobierno  japonés,  tras  de  haber 
consultado  al  Consejo  diplomático,  anunció  el  26  de 
Julio  que  aceptaba  ciertas  proposiciones  norteameri- 
canas referentes  á  apoyar  á  los  checo-eslovacos  en  Si- 
beria. Por  otra  parte,  el  gobierno  británico,  en  una 
nota  transmitida  al  Gobierno  provisional  siberiano, 
afirmaba  que  su  único  objetivo  era  asegurar  la  res- 
tauración política  y  económica  de  Rusia  sin  inmis- 
cuirse en  sus  asuntos  interiores  y  expulsar  á  las  fuer- 
zas enemigas  sin  inferir  daño  alguno  á  la  integridad 
territorial  rusa.  Los  maximalistas  protestaron  contra  el 
apoyo  que  los  aliados  concedían  á  los  checo-eslovacos. 


BL  iíí.NSKiL   HIMBBKT 


El  30  de  Julio  se  produjo  en  Kiew  un  nuevo  aten- 
tado antialemán  perpetrado  en  la  persona  del  mariscal 
Von  Eichorn:  dos  desconocidos  lanzaron  una  bomba 
contra  el  citado  mariscal,  hiriéndole  de  muerte. 

XII 

Acaba  el  cuarto  año  de  guerra 

La  entrada  en  el  quinto  año  de  guerra,  4  de  Agosto 
de  1918,  se  celebró  en  los  países  aliados  con  gran  so- 
lemnidad. Los  jefes  de  Es- 
tado cambiaron  expresi- 
vos saludos.  Jorge  V,  por 
ejemplo,  dirigió  á  Poinca- 
ré  un  telegrama  de  felici- 
tación proclamando  la  in- 
quebrantable resolución 
del  Imperio  británico  de 
concentrar  todas  sus  ener- 
gías para  la  conclusión 
victoriosa  del  conflicto  y 
expresando  la  convicción 
de  que  no  estaba  lejana  la 
aurora  de  una  paz  victo- 
riosa. 

El  Presidente  contestó 
que  los  grandes  éxitos  lo- 
grados en  común  por  los 
ejércitos  aliados,  y  en  los 
que  tan  brillantemente 
participaban  las  tropas 
británicas,  se  encamina- 
ban hacia  la  victoria;  una 
victoria  que  había  de  ven- 
gar el  derecho  ultrajado  y 
que  había  de  asegurar  la 
paz  de  la  humanidad. 

Por  otra  parte,  el  tele- 
grama que  el  rey  Jorge  di- 
rigió al  rey  Alberto  de  Bél- 
gica decía  así: 
«El  día  del  cuarto  aniversario  de  la  entrada  de  mi 
país  en  la  guerra,  en  este  gran  conflicto  que  perturba 
al  mundo,  tengo  el  honor  de  saludar  á  Vuestra  Majes- 
tad y  comunicarle  mi  resolución  firme  y  la  del  Imperio 
británico  de  concentrar  nuestras  energías  enteras  para 
terminar  victoriosamente  la  lucha  que  soporta  heroica- 
mente el  pueblo  belga,  que  siempre  está  presente  en 
nuestro  espíritu,  y  cuyos  sufrimientos  son  incentivos 
para  la  lucha  sostenida  por  nuestros  marinos  y  solda- 
dos, quienes  la  continuarán  hasta  la  victoria. 

Los  saludos  cambiados  entre  Wilson  y  el  rey  Jorge 
decían  así,  respectivamente: 

«Con  motivo  del  aniversario  de  la  entrada  de  In- 
glaterra en  la  guerra,  los  Estados  Unidos  ofrecen  cor- 
dialmente  su  mano  á  su  antigua  metrópoli,  congratu- 
lándose de  que  las  fuerzas  de  ambas  naciones  luchen 


164 


VICENTE  BLASCO  1BAÑEZ 


unidas  en  tan  gran  empresa,  entre  las  fuerzas  que  re- 
presentan la  civilización,  contra  las  que  representan 
la  reacción  y  el  militarismo.» 

«Señor  Presidente.  Me  apresuro  á  daros  las  gracias 
por  vuestro  mensaje,  el  cual  ha  sido  leído  con  cordial 
entusiasmo  por  mis  pueblos,  alentándoles  en  la  prose- 
cución de  la  lucha  contra  el  enemigo  común.  Me  con- 
gratulo de  que  mis  fuerzas  y  las  norteamericanas  lu- 
chen unidas,  y  podéis  estar  seguro  de  nuestra  firme 


V  lo  hizo  así,  no  porque  el  territorio  británico  estuviese 
invadido,  ni  siquiera  amenazado  de  invasión,  sino  en 
vista  de  un  ultraje  qua  se  infirió  al  Derecho  interna- 
cional. De  no  haber  sido  por  esa  decisión,  la  guerra 
habría  tomado  un  curso  diferente.  La  historia  del 
mundo  misma,  durante  algunas  generaciones  en  lo 
futuro,  se  habría  encauzado  por  muy  distinto  ca- 
mino. No  es  mi  intención,  ni  mucho  menos,  exagerar 
la  participación  que  el  Imperio  británico  ha  tomado 


determinación  de  continuar  ardientemente  la  lucha  en  el  conflicto.   Pero  una  ojeada  tan  sólo  sobre  los 

hasta  que  obtengamos  el  triunfo  del  derecho  sobre  la  acontecimientos  de  estos  últimos  cuatro  años  mos- 

injusticia.»  trará  lo  importante  y  lo  decisiva  que  su  influencia  ha 

Al  mismo  tiempo,  Lloyd  George  dirigía  al  pueblo  sido  respecto  del  curso  de  dichos  sucesos.  Cuando  la 

británico  uu  meusaje,  en  el  que  se  leía:  guerra  estalló  contábamos  con  la  más  poderosa  de 


«Resistid,  pues 
jamás  la  pers- 
pectivade  la  vic- 
toria ha  sido  tan 
brillante  como 
hoy.  Seis  veces 
los  gobernantes 
de  Alemania  ho- 
llaron delibera- 
damente los  con- 
venios. Con  la 
máscara  de  la 
moderación  se 
repartieron  Ku- 
sia  y  redujeron 
Rumania  á  la  es- 
clavitud; inten- 
taron apoderarse 
del  poder  supre- 
mo sobre  el  mun- 
do, dirigiendo 
contra  los  alia- 
dos un  furioso 
ataque  que  debía 


ABRIG08   DB   INFANTERÍA    FRANCESA    RN    LA   CHAMPAÑA 


las  Armadas  del 
mundo.  Su  po- 
tencia era  idén- 
tica á  las  tres 
grandes  marinas 
que  le  seguían; 
y  si  tomamos  en 
cuenta  la  unidad 
de  mando,  puede 
decirse  que  era 
más  poderosa  to- 
davía  que  las 
tres.  Nuestro 
ejército,  en  cam- 
bio, era  el  más 
pequeño  entre 
los  de  todas  las 
potencias  euro- 
peas de  primera 
categoría.  Exis- 
tía entre  nos- 
otros y  Francia 
un  acuerdo,  se- 
gún los  términos 


aplastarlo  todo;  pero  gracias  al  valor  invencible  de  del  cual  el  Reino  Unido  iría  en  su  ayuda  en  el  caso  de 
todos  los  ejércitos  aliados,  el  sueño  de  conquista  uni-  que  Francia  fuese  agredida  sin  razón  justificada. 
versaL  por  el  cual  el  enemigo  desencadenó  un  día  la  Desde  luego,  este  acuerdo  no  especificaba  el  núme- 
guerra  no  podrá  realizarse  jamás.  ro  de  fuerzas  que  debíamos  lanzar  á  la  contienda.  Ja- 
La  batalla  no  está  todavía  ganada.  La  gran  auto-  más  se  pensó  en  las  discusiones  que  sobre  el  particular 
cracia  prusiana  intentará  todavía,  con  la  fuerza  ó  la  se  suscitaron  tanto  dentro  como  fuera  del  país,  que  pu- 
astucia,  evitar  la  derrota.  No  podemos  buscar  los  me-  diéramos  enviar  arriba  de  seis  divisiones.  Las  veces, 
dios  de  sustraernos  á  los  horrores  de  la  guerra,  dejan-  al  menos,  que  el  punto  fué  discutido  en  esta  Cámara 
do  estos  horrores  en  reserva  para  la  posteridad.  Debe-  siempre  se  tomó  como  máximum  seis  divisiones.  Cual- 
mos  proseguir  la  tarea  emprendida  hasta  que  llegue-  quiera  que  sea  lo  que  se  lleva  realizado,  puede  decirse 
mos  á  una  solución  justa  y  duradera.  De  ningún  otro  que  hemos  hecho  más  que  cumplir  nuestra  promesa. 
modo  podemos  asegurar  al  mundo  contra  la  guerra.»  Quisiera  decir  algo  acerca  de  la  participación  que  la 
Días  después,  el  7  de  Agosto,  el  mismo  estadista  Armada  ha  tomado  en  favor  de  esa  palabra  empeñada, 
pronunciaba  en  la  Cámara  de  los  Comunes  un  gran  Y  lo  hago  porque  se  corre  en  verdad  el  peligro,  á 


discurso,  donde  en  el  término  del  cuarto  año  de  gue- 
rra explicaba  la  acción  desarrollada  por  la  Gran  Bre- 
taña. He  aquí  sus  palabras: 

«Hace  cuatro  años,  el  Imperio  británico  decidió  po- 
ner todo  el  peso  de  sus  energías  en  la  guerra  actual, 
que  es  la  más  grande  que  el  mundo  ha  presenciado. 


causa  de  tantos  y  tan  detallados  acontecimientos 
como  ocurren  por  tierra,  de  que  la  participación  de 
la  Armada  británica  respecto  del  conflicto  europeo 
pase  inadvertida. 

Dos  grandes  campañas  se  están  llevando  á  cabo: 
una  por  tierra  y  la  otra  por  mar.  Una  se  desarrolla, 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


165 


por  decirlo  así,  al  alcance  de  nuestra  vista.  Los  inci- 
dentes son  descritos  á  diario  por  individuos  encarga- 
dos especialmente  de  tal  misión.  Se  nos  hace  un 
cuadro  exacto  de  todos  y  cada  uno  de  los  detalles  más 
salientes.  En  cuanto  á  la  otra  campaña,  los  aconteci- 
mientos se  desarrollan  en  el  vasto  desierto  de  los  ma- 
res, en  una  extensión  de  cientos  de  millas  cuadradas, 
las  más  de  las  veces  sin  un  solo  testigo  que  pudiera 
describirlas,  fuera  de  los  que  toman  parte  en  la  con- 
tienda. Duraute  cuatro  años  se  han  venido  desarro- 
llando sin  interrupción.  Para  la  Armada  no  hay  cuar- 
teles de  invierno.  Su  luchar  es  continuo,  y  sin  em- 
bargo, muchos  no  llegan  á  darse  cuenta  de  que  allí  se 
está  librando  la  batalla  decisiva  de  la  guerra.  De  sus 
resultados  de- 
pende el  triunfo 
ó  el  fracaso.  Si 
los  aliados  fue- 
sen derrotados 
por  este  lado,  se 
acabaría  la  gue- 
rra: pero  mien- 
tras no  sean  de- 
rrotados de  este 
modo,  Alemania 
no  podrá  nunca 
triunfar.  En  su- 
ma, la  batalla 
decisiva  del  mo- 
mento la  está  li- 
brando la  Arma- 
da británica. 

Hay  cierta  ten- 
dencia, aun  en- 
tre nosotros  mis- 
mos, á  conside- 
rar la  Armada 
británica  como 

uua  cosa  natural,  del  mismo  modo  que  se  tiene  por  na- 
tural que  el  mar  exista;  es  decir,  que  no  nos  metemos 
á  recapacitar  sobre  todo  el  esfuerzo  gigantesco  que 
representan,  por  ejemplo,  las  construcciones  en  curso, 
el  desenvolvimiento,  el  aumento,  las  reparaciones,  los 
suministros,  mantenimiento,  dirección,  etc.,  de  esta 
enorme  organización.  En  los  comienzos  de  la  guerra 
la  Armada  británica  era  la  más  grande  del  mundo: 
representaba  un  tonelaje  de  dos  millones  y  medio, 
que  desde  entonces  ha  ascendido  á  ocho  millones.  En 
esta  cifra  está  incluida  la  flota  auxiliar.  Y  á  no  ser 
por  este  aumento,  los  mares  se  hallarían  hoy  cerra- 
dos al  comercio  de  todo  el  mundo.  La  tarea  de  la  Gran 
Flota  consiste,  pues,  en  resguardar  todas  las  rutas 
marítimas  del  globo.  Si  se  quiere  ver  cómo  funciona, 
no  hay  mas  que  examinar  el  problema  del  bloqueo. 
Desde  Shetland  hasta  Groenlandia,  desde  Groenlandia 
hasta  Islandia,  desde  Islandia  hasta  la  costa  de  No- 
ruega, la  región  más  peligrosa  de  todas,  y  donde  se 
oponen  al  hombre  todas  las  fuerzas  do  la  Naturaleza, 


pakís.  los  rkskhvistaS  del  n  saliendo  db  la  estación  de  austbklitz 


la  Armada  británica  durante  cuatro  años  no  ha  cesado 
su  servicio  de  vigilancia,  llegando  á  constituir  para 
Alemania  uua  barrera  impenetrable. 

En  las  demás  regiones  los  buques  británicos  tam- 
poco cesan  de  escoltar  convoyes,  hacer  patrullas, 
tender  minas  ó  barrerlas,  cazar  submarinos  en  . 
vastas  del  mar.  Llevan  destruidas  cuando  menos  150 
de  estas  bestias  oceánicas  que  se  llaman  submarinos, 
más  de  la  mitad  de  ellas  en  el  transcurso  del  último 
año.  Para  que  veáis  hasta  qué  grado  llega  la  labor  de 
la  Armada  británica,  os  diré  que  tan  sólo  en  el  mes 
de  Junio  los  barcos  de  guerra  británicos  recorrieron 
ocho  millones  de  millas.  Á  esto  hay  que  añadir  lo  rea- 
lizado por  la  flota  mercante,  que  forma  hoy  parte  de 

la  Armada  y 
afronta  los  mis- 
mos peligros  con 
la  misma  intre- 
pidez, y  que  la- 
bora tanto  para 
nuestros  aliados 
como  para  nos- 
otros, pues  una 
gran  parte  de  las 
tropas  norteame- 
ricanas que  tan 
valientemente 
se  han  portado 
en  Francia  du- 
rante los  avan- 
ces recientes 
fueron  transpor- 
tadas en  barcos 
británicos.  Esdi- 
fícil  para  los  que 
no  entienden  de 
tráfico  maríti- 
mo comprender 
bien  el  esfuerzo  tan  gigantesco  que  siguitica  tener  en 
movimiento  este  inmenso  sistema. 

Existe  cierta  tendencia  á  dividir  nuestros  esfuer- 
zos en  dos  categorías,  la  de  hombres  para  el  ejército 
y  la  de  barcos  para  la  Armada.  Dudo  que  haya  mu- 
chas gentes  que  se  den  cuenta  del  número  de  hombres 
que  se  necesitan  para  equipar  y  mantener  en  acción  á 
la  Armada  británica  y  la  marina  mercante.  Se  requie- 
ren, cuando  menos,  para  estos  fines,  millón  y  medio, 
entre  los  cuales  hay  quizás  ochocientos  ó  novecien- 
tos mil  de  edad  militar.  Se  ha  hecho  todo  lo  posible 
por  sacar  de  allí  hombres  siempre  que  hubo  urgencia, 
pero  vimos  que  era  imposible  seguir  haciéndolo  sin 
causar  graves  inconvenientes  á  la  marina  británica,  y 
por  ende,  perjudicar  á  los  aliados.  A  fin  de  que  esto 
sea  comprendido  mejor,  tanto  aquí  como  en  el  exte- 
rior, trataré  de  dar  una  idea  de  la  importancia  que 
tiene  el  no  disminuir  ni  en  lo  más  mínimo  la  eficien- 
cia, vitalidad  y  si  es  necesario  el  acrecentamiento  de 
la  marina  británica,  incluso,  naturalmente,  la  flota 


166 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


morcante.  Los  alemanes  en  estos  dos  últimos  años  han 
intentado  dos  veces  definitivamente  llegar  á  una  de- 
cisión, una  por  mar  y  la  otra  por  tierra.  Intentaron  la 
ofensiva  por  tierra  porque  vieron  que  habían  fraca- 
sado por  mar.  Ellos  sabían  que  la  ofensiva  por  mar 
habría  sido  la  más  decisiva  de  las  dos.  La  ofensiva  por 
tierra  era  peligrosa;  la  hecha  por  mar,  mortal.  La 
terrestre  pudo  haber  sido  desastrosa;  la  otra,  de  haber 
triunfado,  habría  sido  final.  Si  los  submarinos  alema- 
nes hubiesen  dominado  la  situación,  nuestro  ejército 
en  Francia  se  habría  acabado.  Los  yanquis  no  hubie- 
ran podido  venir  á  auxiliar  á  las  tropas  francesas, 
ni  so  habrían  podido  enviar  municiones  por  barco. 
Tampoco  hubiéramos  podido  enviar  el  carbóu  necesa- 
rio ni  el  material  para  que  Francia  é  Italia  fabricasen 
municiones.  Francia,  Italia  y  Gran  Bretaña  no  se  ha- 
brían muerto  de  hambre,  ya  que  la  guerra  terminaría 
antes  de  llegar  á  tal  estado  de  cosas.  No  digo  esto  con 
propósito  de  vanagloriarme  de  la  marina  británica, 
por  más  que  sus  triunfos  sean  motivo  de  gran  orgullo 
nacional  para  nosotros;  mucho  menos  pretendo  me- 
nospreciar en  modo  alguno  la  gran  ayuda  prestada 
por  las  marinas  de  los  Estados  Unidos,  de  Francia,  de 
Italia  y  del  Japón. 

Siendo  la  marina  británica  incomparablemente  ma- 
yor, y  mayor  en  consecuencia  la  magnitud  de  sus 
operaciones,  he  creído  hacer  aquí  mención  especial 
de  ella,  á  fin  de  que  os  dierais  cuenta  tan  sólo  de  lo  que 
su  esfuerzo  significa  para  la  causa  en  general.  La  co- 
misión naval  norteamericana  que  vino  hace  poco  y  vio 
una  gran  parte  de  los  esfuerzos  que  nuestra  Armada 
lleva  logrados,  se  quedó  atónita  ante  la  inmensa  labor 
que  se  está  haciendo.  Mostraron  especial  interés  en 
que  se  tomasen  medidas  para  hacer  público,  no  sólo 
aquí,  sino  también  en  los  Estados  Unidos,  el  carácter 
gigantesco  de  la  obra  emprendida  por  nuestra  marina. 
Si  los  aliados  no  hubieran  triunfado  desde  el  principio 
de  la  guerra  por  mar,  no  habría  habido  esfuerzo  que 
por  tierra  los  hubiese  salvado.  La  mayor  parte  de  ese 
triunfo  completo  se  debe  á  la  marina  británica.  Triunfo 
que  jamás  habría  sido  logrado  sin  los  esfuerzos  tre- 
mendos que  se  han  hecho  en  cuanto  á  hombres  y  ma- 
terial. Cualquier  distribución  nueva  de  nuestros  re- 
cursos que  tendiera  en  lo  más  mínimo  á  menoscabar 
estos  esfuerzos  redundaría  en  ruina  para  la  causa  de 
los  aliados. 

Diré  algo  ahora  acerca  de  nuestro  esfuerzo  por 
tierra.  ¿Cuál  fué  el  problema  con  que  nos  encontra- 
mos al  disponer  del  ejército?  Poseíamos  la  Armada 
más  grande,  la  mejor  marina  mercante,  siendo  el 
mantenimiento  de  éstas  la  primera  carga  sobre  los 
recursos  del  país.  Luego  había  que  considerar  el  su- 
ministro de  carbón  y  otras  conveniencias  de  que  sólo 
nosotros  podíamos  proveer  á  los  aliados,  y  nuestros 
esfuerzos  militares  debieron  quedar  subordinados  á 
esa  primera  obligación.  Tuvimos,  desde  luego,  otras 
dificultades  que  afrontar.  No  éramos  una  nación  mili- 
tar en  el  sentido  que  las  naciones  del  Continente  lo 


eran.  La  Gran  Bretaña,  desde  muy  remota  época  en 
su  historia,  no  había  tenido  nada  parecido  al  servicio 
militar  sobre  la  masa  de  su  población.  No  estábamos 
acostumbrados  á  la  idea  del  servicio  militar  universal. 
Los  Estados  Unidos  mismos  han  tenido  en  un  período 
no  muy  lejano  servicio  militar  obligatorio.  Lo  cual 
no  ocurrió  nunca  entre  nosotros.  El  suelo  británico 
no  se  vio  invadido.  La  invasión  no  constituía  para 
nosotros  una  amenaza;  por  ese  lado  no  teníamos  que 
temer.  Así,  que  no  existía  el  mismo  motivo  visible, 
directo,  evidente,  que  de  ordinario  llama  al  sacrificio 
á  los  hombres  de  un  país  cuyo  suelo  se  halla  amena- 
zado de  invasión.  Nuestro  ejército  era  pequeño.  En 
cambio,  considerad  lo  que  llevamos  realizado.  De 
Agosto  de  1914  acá,  incluso  los  que  se  hallaban  ya 
sobre  las  armas,  el  país  tiene  ya  en  pie  para  el  ejér- 
cito y  la  marina,  en  la  Gran  Bretaña  únicamente, 
6.250.000  hombres.  Los  más  de  ellos  se  alistaron  vo- 
luntariamente. Hoy  mismo  me  he  encontrado  con  un 
distinguido  estadista  de  uno  de  los  países  aliados,  y 
me  estaba  diciendo  la  impresión  incomparable  que  á 
él  le  había  hecho  el  enorme  esfuerzo  voluntario  que  en 
los  dos  primeros  años  de  la  guerra  hizo  nuestro  país. 

Para  dar  una  idea  de  lo  que  esto  significa:  si  los 
Estados  Unidos  llamaran  al  servicio  militar,  por  ejem- 
plo, el  mismo  número  de  hombres  en  proporción  á  sus 
habitantes,  obtendrían  muy  cerca  de  15.000.000  do 
hombres.  Nuestras  colonias  han  contribuido  con  un 
millón.  Casi  no  necesito  decir  ya  lo  valiosa  que  nos 
ha  sido  la  ayuda  de  los  representantes  de  las  colonias, 
en  particular  los  jefes  de  gobierno,  en  nuestros  Conse- 
jos durante  los  meses  de  zozobra  que  hemos  pasado. 
Han  tomado  participación  en  todas  las  deliberaciones 
y  en  todas  las  grandes  decisiones  á  que  se  ha  llegado. 
Aunque  sé  que  las  naciones  que  ellos  representan 
están  ansiosas  por  que  vuelvan  á  sus  lares  para  aten- 
der á  sus  propios  gobiernos,  espero  que  les  será  posi- 
ble permanecer  todavía  por  algúu  tiempo  entre  nos- 
otros, ya  que  las  decisiones  que  habrán  de  tomarse 
para  este  invierno  y  el  año  próximo  son  de  grande 
importancia,  y  la  presencia  de  ellos  nos  será  inapre- 
ciable. La  India,  según  dijo  ayer  el  honorable  colega 
secretario  de  Estado  en  su  admirable  discurso,  ha 
puesto  en  pie  de  guerra  1.250.000  hombres  desde  el 
comienzo  de  laguerra. 

Con  respecto  á  la  situación  militar  actual,  aunque 
los  hechos  esenciales  son  bien  conocidos,  voy  á  per- 
mitirme sintetizarlos  tales  como  aparecen  al  que  ha 
visto  de  cerca  el  gran  esfuerzo  que  se  ha  hecho  en 
este  país  durante  los  últimos  cuatro  meses.  En  21  de 
Marzo  próximo  pasado,  el  enemigo  se  hallaba  á  salvo 
de  toda  aprensión  por  lo  que  hacía  al  frente  oriental, 
firmando  el  tratado  de  Brest-Litovski.  Había  trasladado 
sus  mejores  divisiones  de  Oriente,  y  sacó  los  mejores 
hombres  del  resto,  y  empezó  á  enviarlos  al  frente  occi- 
dental. La  mayor  parte  de  estos  hombres  habían  goza- 
do de  un  prolongado  descanso  en  el  frente  oriental,  de- 
dicando su  tiempo  á  instruirse  y  prepararse,  especial- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


167 


mente  para  la  gran  ofensiva  que  iba  á  ser  lanzada 
contra  los  ejércitos  aliados.  El  21  do  Marzo  teníamos 
frente  a  nosotros  lo  mejor  del  ejército  alemán,  descan- 
sado, especialmente  instruido  y  equipado  para  la  cam- 
paña. Nuestras  tropas  estaban  fatigadas  por  una  ofen- 
siva prolongada,  en  circunstancias  sumamente  agota- 
doras. Casi  todo  el  frente  británico  era  terreno  nuevo 
que  había  sido  arrancado  al  enemigo;  terreno  donde 
nuestras  tropas  no  habían  tenido  tiempo  de  construir 
defensas,  y  estas  tropas  fatigadas,  en  vez  do  gozar  de 
descanso  ó  de  tiempo  para  ejercitarse,  tuvieron  que  de- 
dicarse á  levantar  defensas.  Es  más.  Aunque  se  espera- 
ba que  en  la  primavera  se  contaría  ya  con  tropas  yan- 
quis en  número  considerable,  resultó  que  el  21  de  Mar- 
zo apenas  había 
llegado  á  la  lí- 
nea de  combate 
una  d  i  v  i  s  i  ó  n . 
Había  á  reta- 
guardia tres  ó 
cuatro  más,  las 
cuales  entraron 
en  línea  después 
de  comenzado  el 
ataque.  Las  con- 
diciones clima- 
tológicas eran 
de  lo  más  favora- 
ble que  el  ene- 
migo pudo  esco- 
ger para  sí.  La 
unidad  de  man- 
do no  era  toda- 
vía un  hecho 
consumado,  á 
pesar  de  todas 
las  buenas  in- 
tenciones;  cada 

general  tenía  que  atender  separadamente  á  los  peligros 
de  su  frente  particular,  de  modo  que,  llegado  el  gran 
ataque  enemigo,  las  reservas  de  los  ejércitos  aliados  en 
general  no  pudieron  ser  aprovechadas  allí  donde  más 
se  necesitaban. 

Estas  eran  las  condiciones  en  que  la  bien  prepa- 
rada y  calculada  ofensiva  de  los  alemanes,  con  tropas 
de  lo  más  escogido,  fué  lanzada  contra  el  ejército  bri- 
tánico. Esa  ofensiva  tenía  por  objeto  obtener  una  de- 
cisión militar  este  año,  antes  de  que  el  grueso  del  ejér- 
cito norteamericano  pudiera  llegar.  Y  la  manera  de 
obtenerlo  iba  á  consistir  en  separar  á  los  dos  ejércitos, 
hundir  la  cuña  entre  las  fuerzas  francesas  y  las  ingle- 
sas, diezmar  á  las  británicas,  y  luego  lanzarse  á  su  an- 
tojo sobre  los  franceses.  Ese  fué  el  plan;  así,  que  hay 
que  darnos  cuenta  de  él  para  poder  medir  lo  que  el 
valor  del  ejército  británico  ha  hecho.  Si  el  primero  de 
esos  dos  objetivos  hubiera  sido  logrado,  es  decir,  se- 
parar á  los  franceses  de  los  ingleses;  si  el  segundo 
objetivo  hubiera  sido  obtenido,  ó  sea  la  derrota  del  ejér- 


MUCHACHOS   SERVIOS    REFUGIADOS    BN    AJAt'CIO 


cito  británico,  las  fuerzas  norteamericanas  no  habrían 
podido  llegar  á  tiempo  para  salvar  al  ejército  francés. 
Eso  era  el  cálculo  de  los  alemanes;  y  no  hay  quo  olvi- 
dar, si  consideramos  los  acontecimientos  ulteriores, 
que  no  andaban  muy  errados.  Veamos  ahora  cómo  so 
desarrolló  el  plan  germánico.  Durante  estos  cuatro  ó 
cinco  últimos  meses  se  han  registrado  combates  nunca 
vistos.  La  magnitud  de  los  ejércitos,  lo  encarnizado 
del  conflicto,  las  pérdidas  tanto  enemigas  como  pro- 
pias, el  valor  desplegado  por  los  hombres  que  partici- 
paron en  la  contienda,  todo  tiende  á  hacer  de  esta  lu- 
cha la  más  grande  que  la  humanidad  ha  preseuciailo. 
Y  no  sólo  por  todo  esto,  sino  asimismo  á  causa  de  los 
grandes  intereses  que  eu  ella  se  están  dirimieudo. 

Enloscomien- 
zos,  el  ejército 
alemán  alcanzó 
un  triunfo  con- 
siderable. Pasa- 
mos momentos 
de  ansiedad,  de 
gran  ausiedad; 
y  la  zozobra  era 
mayor  cuauto 
más  enterado  se 
hallaba  uno  de 
los  sucesos.  Las 
pérdidas  eran 
enormes  en  hom- 
bres, y  sobre  to- 
do en  material  y 
en  prisioneros; 
de  no  haberse  re- 
parado estas  de- 
ficiencias pron- 
tamente, el  se- 
gundo embate 
alemán  hubiera 
podido  aplastar  al  ejército  británico.  No  habían  trans- 
currido de  esto  quince  días,  cuando  ya  teníamos  del 
otro  lado  del  Canal  268.000  hombres  más,  uno  de  los 
más  brillantes  esfuerzos  de  nuestro  departamento  de 
transportes  y  tráfico  marítimo,  no  menos  que  del 
Ministerio  de  la  Guerra.  Un  mes  después  esta  cifra 
ascendía  ya  á  3Ó5. 000.  Los  cañones  que  habíamos  per- 
dido se  hallaban  repuestos,  lo  mismo  que  las  ame- 
tralladoras. Y  no  sólo  se  había  subsanado  la  deficien- 
cia, sino  que  el  número  de  cañones  y  ametralladoras 
es  ya  mayor  que  el  que  hasta  ahora  habían  venido 
teniendo  nuestros  soldados  en  Francia.  Este  fué  el  pri- 
mer error  cometido  por  los  alemanes  en  sus  cálculos. 
Se  creyeron  que  no  íbamos  á  poder  remediarlo.  Cabe 
hacer  constar,  á  propósito  de  ese  error  de  los  alema- 
nes, que  contrajimos  una  deuda  de  gratitud  con  nues- 
tra preusa  por  haber  despistado  al  enemigo.  La  mejor 
prueba  es  que  no  hubo  un  solo  ministro  do  los  que 
estaban  al  tanto  que  lo  contradijese.  Y  esto  se  expli- 
ca, pues  ellos  sabían  que  el  servicio  más  grande  que 


168 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


podía  hacérsele  al  país  era  seguir  haciendo  creer  á 
los  alemanes  que  no  teníamos  hombres  con  que  sub- 
sanar la  deficiencia.  De  acuerdo  con  esto,  ellos  traza- 
ron sus  planes.  Atacaron,  golpearon  por  aquí,  más 
allá;  embistieron  por  el  Sur,  en  el  centro,  luego  al 
Norte.  ¿Por  qué?  Creyeron  que  estaban  destruyendo  al 
ejército  britúnico  y  que  no  había  nada  á  retaguardia. 
En  seis  semanas  las  tropas  enemigas  fueron  rechaza- 
das y  detenidas  por  el  ejército  británico.  Fueron  de- 
rrotadas en  dos  ó  tres  de  las  batallas  más  cruentas  de 
(oda  la  guerra,  dejándolas  en  posiciones  peligrosas 
bajo  el  continuo  fuego  de  nuestra  artillería.  El  propó- 
sito de  los  alemanes  era  reducir  á  la  impotencia  nues- 
tro ejército;  así  lo  declararon,  anunciando  en  su  pro- 
pia prensa  que 
«lo  estaban  lle- 
vando á  cabo». 
Cuando  llegó  el 
1.°  de  Mayo  ya 
nos  habían  deja- 
do, dirigiéndose 
hacia  el  Sur  para 
emprender  allí 
otro  ataque.  Sa- 
bían que  el  otro 
no  era  posible. 
Esa  fué  una  de 
las  mejores  prue- 
bas de  la  tenaci- 
dad y  el  valor 
que  distinguen 
á  nuestros  sol- 
dados. 

Me  referiré, 
aunque  sea  so- 
meramente, á 
una  clase  mili- 
tar en  particu- 
lar. Las  pérdidas  eran  enormes,  y  precisaba  reponer- 
las. ¿De  dónde  íbamos  á  sacar  hombres  aptos  para  la 
línea  de  combate?  Al  punto  tomamos  una  medida  que 
sólo  la  premura  de  las  circunstancias  pudo  justificar; 
tal  fué  la  de  enviar  á  las  trincheras  jóvenes  de  diez  y 
ocho  años  y  medio,  quo  á  lo  sumo  habrían  recibido 
cinco  ó  seis  meses  de  instrucción  militar.  Recuerdo 
haber  llegado  á  eso  de  las  nueve,  una  noche  muy 
obscura,  á  Boulogne,  después  de  estar  en  el  cuartel 
general.  Entonces  vi,  á  la  luz  de  los  faroles,  salir  del 
barco  á  estos  jóvenes,  para  dirigirse  directamente  al 
frente.  Apenas  habían  acabado  de  llegar,  cuando  tu- 
vieron que  enfrentarse  con  tropas  aguerridas  y  triun- 
fantes. Y  sin  embargo,  pelearon  con  un  valor  y  una 
serenidad  que  superaban  á  las  de  cualquier  ejército  de 
veteranos.  Hicieron  retroceder  á  las  legiones  enemigas 
que  habían  jurado  destruir  al  ejército  británico,  y  de- 
bemos todos  sentirnos  orgullosos  de  los  imberbes  sol- 
dados que  así  supieron  salvar  el  honor  de  su  patria, 
ayudando  á  salvar  del  desastre  á  la  causa  de  los  alia- 


INFANTERIA    AVANZANDO   EN    BL    MARNB 


dos.  Después  de  lo  que  estas  seis  semanas  de  combates 
nos  tenían  enseñado,  es  admirable,  en  verdad,  cono- 
cido como  es  ya  el  plan  de  los  alemanes,  que  hayan 
d»  jado  tranquilo  el  frente  británico  durante  tres  ó  cua- 
tro meses.  Puede  ser,  es  muy  probable,  que  vuelvan, 
pero  no  será  antes  de  que  hayan  fracasado  en  algún 
otro  sitio.  No  terminaré  de  hablar  acerca  de  la  par- 
ticipación del  ejército  británico  sin  hacer  patente  la 
ayuda  quo  nos  han  prestado  nuestros  intrépidos  alia- 
dos, tanto  en  la  región  del  Somme  como  en  la  de 
Flandes.  Nadie  sabe  mejor  que  los  que  han  tomado 
parte  en  ese  lance  lo  intensa  que  fué  la  ayuda  reci- 
bida del  valiente  ejército  francés  en  estas  dos  gran- 
dos  batallas.  Si  en  el  curso  de  mi  alocución  me  he  re- 
ferido tan  sólo  á 
la  participación 
que  las  fuerzas 
británicas  toma- 
ron, ha  sido  por- 
que, en  general, 
la  batalla  fué  li- 
brada por  ellas  y 
en  ellas  ocurrie- 
ron mayorespér- 
didas. 

Pasado  el  1." 
de  Mayo,  cam- 
biaron de  direc- 
ción y  fueron  á 
atacará  los  fran- 
ceses. Jamás 
hubo,  desde  el 
21  de  Marzo, 
ofensiva  alguna 
en  que  tomaran 
participación  tal 
magnitud  de 
fuerzas.  Ese  fué 
el  ataque  más  grande  que  ha  sido  lanzado  hasta  hoy, 
en  cuanto  á  número,  fuerzas  y  concentración.  Después 
del  1.°  de  Mayo,  como  dije,  atacaron  al  ejército  fran- 
cés, logrando  allí  también  un  triunfo  momentáneo 
muy  considerable.  Lo  que  ha  ocurrido  desde  entonces 
todo  el  mundo  lo  sabe.  No  sólo  se  detuvo  el  torren- 
te, sino  que  el  mariscal  Foch — permitidme  que  le  dé 
por  primera  vez  su  nuevo  título,  pues  estoy  seguro  de 
que  todos  os  uniréis  á  mí  para  felicitarlo  por  el  honor 
que  su  ciencia,  su  habilidad  y  su  genio  le  han  vali- 
do— ,  el  mariscal  Foch,  mediante  su  contraataque,  que 
es  uno  de  los  más  brillantes  en  los  anales  de  la  Histo- 
ria, ha  hecho  retroceder  al  enemigo.  El  enemigo  que 
juró  que  iba  á  tomar  Calais,  acaso  París,  por  etapas 
que  variaban,  conforme  al  temperamento  de  los  profe- 
tas, entre  Mayo  y  Agosto,  Agosto  cuando  más  tarde; 
ese  enemigo  que  iba  á  tomar  París,  destruir  el  ejército 
británico  y  aniquilar  el  ejército  francés,  se  está  ba- 
tiendo en  retirada.  El  peligro  no  ha  pasado,  pero  se 
necesita  que  sea  muy  optimista  el  oficial  del  Estado 


EN    EL    FRENE 


• 


ff 


''.  tt^u-  K*, 


I. 


Dibujo  de  J.  Simont,  de  la   -lllusirollon.  de  París 


Tanques   del   ejército  inglés   británico  dispersand 


DEL    SOMME 


" 


T.  II  -I>.  Í12 


los   primeros   elementos   de  una   división  alemana 


J 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


169 


Mayor  alemán  quo  se  atreva  á  decir  que  el  plan  de 
campaña  del  general  Ludendorff  logrará  sus  objetivos 
y  permitirá  á  Alemania  obtener  la  decisión  militar 
que  se  proponía  realizar  este  año.  Por  el  momento  no 
necesito  extenderme  más  sobre  esto  punto. 

Diré  una  ó  dos  palabras  acerca  de  los  factores  del 
triunfo,  pues  tienen  un  gran  significado  para  lo  futuro. 
Fui'1  el  primero  la  rapidez  con  que  todas  las  pérdidas 
quedaron  reparadas.  El  segundo,  la  rapidez  con  que 
las  tropas  yanquis  fuerou  transportadas.  Estas  dos 
consideraciones  son  parte  esencial  del  error  alemán. 
Lo  primero  que  los  alemanes  calcularon  mal  fué  que 
nosotros  no  podríamos  reparar  las  pérdidas;  lo  segun- 
do, que  los  norteamericanos  no  iban  á  poder  ser  trans- 
portados. Se  ba- 
saban en  lo  que 
se  llevaba  logra- 
do. En  Febrero, 
losyanquis  traje- 
ron 48.000  hom- 
bres. Creo  que 
en  Enero  traje- 
ron menos  toda- 
vía. El  Estado 
Mayor  general 
alemán,  que  pa- 
rece bastante 
bien  informado, 
llegó  á  la  con- 
clusión de  que 
si  lo  que  se  do- 
cía  en  la  prensa 
británica  acerca 
de  que  no  tenía- 
mos más  hom- 
bres era  verdad; 
que  si  lo  quo 
ellos  sabían  acer- 
ca de  lo  que  se  había  transportado  en  barcos  norte- 
americanos era  verdad  y  que  si  lo  que  cierta  sección 
de  la  prensa  decía  acerca  de  que  ya  no  teníamos  bar- 
cos era  también  cierto,  entonces  no  cabía  duda  de 
la  destrucción  de  los  ejércitos  aliados.  Esa  es  una  de 
las  ventajas  de  la  buena  prensa  y  un  error  contrade- 
cirlo. Poco  después  de  la  ofensiva  alemana  del  21  de 
Marzo,  el  gobierno  británico  se  dirigió  al  presidente 
Wilson,  pidiéndole  de  una  manera  especial  que  man- 
dara tropas,  aun  cuando  no  estuvieran  todavía  forma- 
das las  divisiones,  á  fin  de  que  pudieran  ser  incorpo- 
radas en  formaciones  británicas  y  francesas.  El  presi- 
dente Wilson  respondió  en  seguida.  Su  decisión  fué 
favorable,  pero  estipulando  que  nosotros  teníamos  que 
contribuir  en  parte  á  los  transportes.  Era  cierto  que 
no  teníamos  barcos  disponibles,  pero  insistimos  con 
la  Dirección  General  de  Tráfico  marítimo  sobre  la 
enorme  importancia  que  tenía  el  transportar  cuanto 
antes  las  tropas  norteamericanas,  y  sacamos  navios 
aun  de  entre  los  servicios  más  esenciales.  No  vaya 

Tomo  a 


AISNE.    LA   IULESIA    DE    MIS3Y,    AL    l'IB    DEL    FUERTE    DE   CONDE 


nadie  á  imaginarse  quo  teníamos  barcos  disponibles. 
Parí  traer  las  tropas  yanquis  hemos  tenido  que  sufrir 
una  pérdida  de  200.000  toneladas  mensuales  de  car- 
gamentos indispensables,  es  decir,  á  razón  de  2.500.000 
toneladas  por  año.  Pero  esto  queda  perfectamente  jus- 
tificado por  el  resultado.  No  recuerdo  ya  si  fueron 
ochocientos  ó  novecientos  mil  soldados  los  que  se  han 
traído  desde  la  fecha  de  la  famosa  batalla  acá,  lo  más 
en  barcos  británicos.  El  mes  de  Julio  se  trajeron  M05.000 
hombres,  de  los  cuales  188.000  vinieron  en  barcos  in- 
gleses. 

Esto  fué  el  segundo  elemento  de  los  que  contribu- 
yeron á  restaurar  la  situación,  pues  todo  el  mundo 
sabe  ya  el  denuedo  con  que  esas  tropas  están  pelean- 
do No  es  tan  sólo 
que  peleen  con 
arrojo,  no;  eso 
todos  nos  lo  es- 
perábamosdelas 
tropas  norteame- 
ricanas;  es  que 
han  peleado  con 
una  maestría 
que  nadie  podía 
esperarse.  Los 
hombres  son  va- 
lientes; pero  los 
oficiales,  que  no 
pueden  conside- 
rarse como  pro- 
piamente hechos 
á  la  guerra,  han 
mostrado  gran 
destreza,  un  co- 
nocimiento y 
una  habilidad  en 
el  manejo  de 
sus  hombres,  en 
condiciones  en  extremo  difíciles;  aptitudes  que  no  era 
posible  esperar  de  soldados  que  no  llevan  mucho  tiem- 
po de  instrucción  militar  y  que  no  tienen  experiencia 
en  la  guerra.  Ese  es  uno  de  los  hechos  más  admirables 
que  las  tropas  yanquis  llevan  revelados  hasta  hoy. 

¿Cuál  es  el  otro  elemento  que  contribuyó  al  triunfo 
logrado?  No  estoy  seguro  si  debiera  haber  puesto  éste 
primero,  la  unidad  de  mando  por  fin  alcanzada,  des- 
pués de  una  prolongada  contienda.  La  palabra  gene- 
ralísimo es,  desde  luego,  inadecuada,  y  da  lugar  á 
malas  interpretaciones.  No  existe  ningún  generalísi- 
mo en  el  verdadero  sentido  de  la  palabra.  Generalísi- 
mo es  el  hombre  que  tiene  absoluto  dominio  sobre  sus 
ejércitos,  y  que  nombra  ó  destituye  generales,  que 
manda  no  sólo  en  el  campo  de  batalla,  sino  asimismo 
las  tropas  de  retaguardia.  Esa  no  es  la  posición  del 
general  Foch.  No  es  ese  el  puesto  á  que  él  aspiraba. 
En  el  sentido  ordinario  de  la  palabra,  eso  no  ha  sido 
intentado,  y  sigo  opinando,  por  mi  parte,  que  tampoco 
es  menester  que  so  logre.  Nadie  lo  ha  querido;  nadie 

21 


170 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


lo  ha  discutido  siquiera.  Lo  que  se  ha  llegado  á  esta- 
blecer es  la  unidad  del  mando  estratégico;  y  eso  ha 
respondido  á  todos  los  propósitos;  y  como  los  alema- 
nes saben  ya  demasiado  bien,  son  ellos  los  que  han 
pagado  las  costas.  Nuestro  primer  experimento  en 
esta  dirección  se  hizo  el  año  pasado  con  el  general 
Nivelle.  El  general  Nivelle  era  el  jefe  del  ejército 
francés.  Es  tradición,  cuando  hay  dos  grandes  ejérci- 
tos en  el  campo  de  batalla,  que  el  que  tenga  el  mando 
del  más  grande  de  estos  ejércitos  asuma  el  mando 
supremo;  pero  además  de  eso,  estábamos  peleando  en 
territorio  francés.  El  general  Nivelle  era  un  jefe  exce- 
sivamente capaz  y  experimentado.  Fué  él  quien  tuvo 
el  mando  supremo  en  la  gran  batalla  que  se  librara 
en  los  alrededores  de  Verdún,  que  fué  una  derrota 
desastrosa  para  el  ejército  alemán.  Tenía  un  gran 
plan  estratégico  para  un  ataque  combinado  contra  los 
ejércitos  ¿f  Tíñanos  en  Abril  del  año  pasado,  y  fué  el 
primer  general  que  en  la  presente  guerra  ideó  el  plan 
de  un  ataque  sobre  una  gran  extensión  de  frente,  plan 
que  los  alemanes  han  explotado  con  grandes  resulta- 
dos desde  entonces.  Cuando  ese  ataque  se  llevó  á 
cabo  se  estableció  la  unidad  de  mando  durante  la 
batalla.  Estaba  entendido  que  al  terminar  la  batalla 
terminaba  esa  unidad  de  mando.  En  eso  consistió  el 
experimento. 

Se  ha  discutido  mucho  acerca  de  la  participación 
de  los  franceses  en  la  batalla,  de  lo  cual,  por  cierto, 
no  me  ocuparé;  pero  siempre  creí  que  aun  entonces 
se  lograron  buenos  resultados.  En  esa  batalla,  en  ge- 
neral, se  hicieron  50.000  prisioneros  y  se  tomaron 
al  enemigo  400  ó  500  cañones.  Tomáronse  asimismo 
grandes  extensiones  de  territorio,  algunas  de  suma 
importancia  estratégica,  y  por  lo  que  hizo  á  la  parti- 
cipación de  las  tropas  británicas  en  esa  batalla,  con- 
sistió en  atacar  á  la  izquierda  del  ejército  aliado,  prin- 
cipalmente contra  las  alturas  de  Vimy.  Aquél  fué  el 
triunfo  mayor  que  los  británicos  obtuvieron  desde  el 
año  1914. 

Como  recordaréis,  nuestro  ejército  acabó  barriendo 
las  tropas  alemanas  de  las  alturas  de  Vimy,  de  donde 
los  franceses,  á  pesar  de  prolongados  ataques  en  1915, 
no  habían  logrado  desalojarlos.  Si  queréis  daros  cuenta 
de  la  importancia  que  esto  tiene,  no  tenéis  mas  que 
ver  el  papel  que  Vimy-Ridge  ha  jugado  en  esta  bata- 
lla. Ved  el  mapa,  estudiad  lo  que  ha  ocurrido.  La 
cresta  de  Vimy  ha  sido  una  especie  de  gran  fortaleza 
que  los  alemanes  no  podían  capturar  ni  envolver. 
Todos  los  esfuerzos  que  hicieron  terminaron  en  cruenta 
derrota.  Mientras  se  halló  en  manos  de  las  tropas  bri- 
tánicas, siempre  encontró  el  enemigo  difícil,  mejor 
dicho,  imposible,  desarrollar  sus  operaciones  en  grande 
escala  con  propósito  de  hostigar  al  ejército  británico 
y  finalmente  destruirlo.  Figuraos  la  diferencia  que  se 
habría  notado  si  las  cúspides  de  Vimy-Ridge  hubieran 
estado  en  manos  de  los  alemanes  el  21  de  Marzo  pró- 
ximo pasado.  Ya  lo  creo  que  se  hubiera  notado  una 
enorme  diferencia.  Ese  fué  el  primer  experimento  que 


se  hizo  con  la  unidad  de  mando,  y  en  él  se  lograron 
grandes  resultados,  particularmente  en  el  ejército  bri- 
tánico. 

Luego  vino  la  serie  de  esfuerzos  de  Versalles.  Es 
cierto  que  hubo  sus  controversias  en  torno  de  la  deci- 
sión con  que  se  realizó  tal  unidad  de  mando  en  Fe- 
brero de  este  año,  hasta  el  punto  de  retardarse  y  no  de- 
jarnos tiempo  do  aprovecharla  casi,  antes  de  la  gran 
arremetida  alemana;  controversias,  siento  decirlo,  sus- 
citadas no  sólo  en  la  Cámara  de  los  Comunes,  sino 
hasta  en  el  mismo  ejército.  Pero  los  alemanes  logra- 
ron con  su  ofensiva  convencer  aun  á  los  más  obceca- 
dos de  que  la  unidad  de  mando  era  una  necesidad  esen- 
cial; y  desde  el  momento  en  que  el  general  Foch 
asumió  el  mando  estratégico,  volvió  la  fortuna  de 
los  aliados.  No  habrán  faltado  quizás  contrariedades, 
como  el  combate  de  Cháteau-Tliierry,  de  entonces  acá; 
pero  la  maestría  en  el  manejo  de  las  reservas,  tanto 
francesas,  italianas,  norteamericanas  ó  británicas,  fué 
poco  á  poco  desbaratando  los  esfuerzos  alemanes,  de- 
terminando finalmente  la  desastrosa  retirada  del  Mar- 
ne,  que  ha  venido  á  producir  gran  confianza  y  entu- 
siasmo en  los  países  aliados  y  no  menos  decepción 
entre  los  enemigos. 

Es  demasiado  temprano  todavía  para  decir  que  los 
alemanes  se  hallan  exhaustos,  y  cometeríamos  un 
grave  error  imaginándonoslo.  De  nada  sirve  fomentar 
falsos  optimismos;  los  alemanes  cuentan  todavía  con 
fuerzas  poderosas  en  reserva,  aunque  no  tantas  como 
las  que  tenían.  Pero  por  más  que  sea  aún  prematuro 
decir  que  sus  esfuerzos  se  han  agotado,  no  lo  es  para 
asegurar  que  las  ventajas  con  que  el  enemigo  contaba 
el  21  de  Marzo  se  han  desvanecido  para  siempre.  Esas 
condiciones  no  volverán  á  presentársele  al  Estado 
Mayor  alemán.  Los  norteamericanos  tienen  ya  un  po- 
deroso ejército,  aguerrido  y  victorioso,  en  los  campos 
de  Francia,  igual  á  las  mejores  tropas  de  campaña, 
que  cada  día  es  mayor  y  no  dejará  de  aumentar  hasta 
que  los  Estados  Unidos  solos  tengan  un  ejército  tan 
grande  ó  casi  tan  formidable  como  el  alemán.  En  cam- 
bio, Alemania  no  podrá  ya  mantener  el  número  de  di- 
visiones, reducidas  en  mucho  del  21  de  Marzo  á  la 
fecha. 

Ya  empiezan  á  implorar  la  ayuda  de  los  austríacos 
— lo  que  no  deja  de  ser  una  humillación  para  el  gran 
ejército  alemán,  cuando  se  sabe  la  opinión  que  éste 
tiene  del  soldado  austríaco — ;  sí,  señores,  ¡pidiendo 
auxilio  á  los  austríacos  el  formidable  ejército  de  Ale- 
mania, que  iba  á  destruir  al  ejército  británico  antes 
de  Mayo!  Los  aliados  de  Alemania  han  sufrido  un 
gran  desconsuelo  á  causa  de  la  derrota  del  Piave,  y 
comienzan  á  servirle,  más  bien  que  de  ayuda,  de  es- 
torbo. Comienzan  á  convencerse,  no  sin  amargura 
desde  luego,  de  la  invencibilidad  alemana.  Alemania 
prometió  grandes  cosas  á  sus  aliados  para  este  año; 
ya  estamos  viendo  cómo  las  cumple.  Hay  que  ver  la 
rapidez  con  que  desaparecieron  los  tentáculos  paci- 
fistas. ¿A  qué  obedeció  esto?  ¿Qué  ocurrió"?  ¿En  qué 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


171 


quedó  la  grao  promesa  aquella  de  «No  se  preocupen 
ustedes  acerca  de  la  paz,  que  ya  la  dictaremos  nos- 
otros en  unos  cuantos  meses;  vamos  á  lanzar  una  gran 
ofensiva  por  Occidente,  que  aplastará  á  los  ejércitos 
aliados»?  Nada,  que  los  rumores  de  paz  cesaron  de  cir- 
cular; nadie  chistaba;  las  campanas  de  los  teléfonos 
enmudecieron.  La  gran  promesa  ha  fallado.  Económi- 
camente, la  situación  de  las  potencias  centrales  y  sus 
aliados  es  desesperante.  Sus  cosechas  no  son  muy 
buenas  y  carecen  de  productos  esenciales.  Saben  que 
han  fracasado.  Rusia  se  les  ha  convertido  en  completa 
desilusión;  se  les  han  enredado  allí  los  pies. 

Diré  algo  acerca  de  Rusia,  comenzaudo  por  hacer 
notar  que  el  país  se  ha  dividido  en  numerosas  entida- 
des confusas  y 
mal  definidas, 
cosa  que  viene 
á  dificultar  en 
extremo  las  ges- 
tiones diplomá- 
ticas en  país  tan 
vasto.  No  existe 
allí  gobierno  de 
/¡'re  alguno.  In- 
tentaron estable- 
cer uno  median- 
te el  sistema  de 
elección, pero  no 
bien  hubo  cele- 
brádose  ésta, 
cuando  la  Asam- 
blea Constitu- 
yente fué  disper- 
sada por  la  fuer- 
za. La  idea  de 
que  nosotros  nos 
mostrábamos 
hostiles  á  la  fun- 
dación   de  un 

gran  gobierno  democrático  ruso  es  errónea.  No  hay 
gobierno  actualmente  en  Rusia,  cualquiera  que  sean 
sus  declaraciones,  que  no  sea  un  gobierno  impuesto 
por  la  fuerza.  Nuestras  relaciones,  cuando  ha  sido 
menester,  han  sido  con  gobiernos  de  fado,  y  esto  uo 
es  tan  fácil.  Es  imposible  decidir  ó  averiguar  de  un 
día  para  otro  quién  está  gobernando  en  aquel  vasto 
país,  aun  dentro  del  reducido  radio  de  la  más  pequeña 
de  sus  aldeas.  No  nos  guía  en  modo  alguno  el  afán 
de  inmiscuirnos  en  los  asuntos  internos  del  pueblo 
ruso;  tampoco  tenemos  ni  hemos  tenido  nunca  la  in- 
tención de  ir  á  imponerle  ninguna  forma  de  gobierno 
en  particular.  Eso  es  cuestión  de  ellos.  Pero  cuando 
vemos  que  Alemania  impone  su  autoridad  en  una  gran 
extensión  de  aquel  territorio  y  lo  explota  en  beneficio 
propio,  ó  al  menos  lo  intenta,  con  detrimento  para  los 
aliados  y  contra  la  voluntad  del  pueblo  mismo,  nos 
parece  en  todo  caso  que  hay  que  libertar  al  pueblo 
ruso  de  modo  que  pueda  resolver  sus  propios  destinos. 


EL   OBNBRAL    GKAT1BK   DESPUÉS    DB   ASISTIR   A    LA    CEREMONIA    DEL   ÁRBOL 
DE   NAVIDAD  BN  LOS   VOSQOS 


Cada  día  se  resienten  más  los  rusos  de  la  usurpación 
de  Alemania,  como  han  venido  á  demostrarlo  los  últi- 
mos acontecimientos.  Consideran  á  los  alemanes  como 
merodeadores,  y  de  ahí  que  el  pueblo  ruso  busque  cada 
día  con  más  interés  la  ayuda  de  los  aliados.  Así,  que 
no  debemos,  por  nuestra  parte,  vacilar  en  ayudarles 
en  cuanto  sea  posible,  á  fin  de  que  puedan  emanci- 
parse de  esta  cruel  opresión. 

Cabe  decir  aquí  nlgo  acerca  del  movimiento  checo- 
eslovaco en  Rusia,  un  muy  notable  movimiento  por 
cierto.  Lo  único  que  los  checo-eslovacos  querían  era 
salir  de  Rusia  y  venir  al  frente  occidental  para  pelear 
allí  en  favor  de  la  causa  aliada.  Estipularon  que  por 
ningún  motivo  se  mezclarían  en  la  política  de  Rusia, 

cualquiera  que 
fuese  el  partido 
triunfante;  lo 
único  que  ellos 
querían  era  salir 
de  allí,  para  lo 
cual  pedían  que 
les  facilitáramos 
barcos.  Mi  hono- 
rable colega  el 
secretario  de  Ne- 
gocios Extranje- 
ros y  yo  llega- 
mos en  el  Supre- 
mo Consejo  do 
Guerra  aun  arre- 
glo, á  fin  de  ha- 
cer todo  lo  posi- 
ble por  obtener 
barcos  en  que 
pudieran  los  che- 
co-eslovacos ve- 
nir; por  último, 
lo  arreglamos 
hace  tiempo. 
Digo  esto  porque  no  vaya  á  creerse  que  hemos  queri- 
do explotar  á  los  choco-eslovacos  con  objeto  de  inter- 
venir así  en  la  política  interna  de  Rusia.  Sacamos  los 
barcos  de  tráficos  sumamente  importantes  y  esencia- 
les, para  enviarlos  á  Vladivostok;  cuando  de  pronto, 
procediendo  sin  duda  bajo  la  dictadura  alemana,  el 
gobierno  maximalista  se  negó  á  dejarlos  pasar  por 
Arkhangel  y  Vladivostok. 

Si  los  checo-eslovacos  son  hoy  un  centro  de  acti- 
vidad hostil  ai-gobierno  de  los  maximalistas  en  Rusia, 
éste  es  quien  tiene  la  culpa  y  nadie  más.  Los  checo- 
eslovacos estaban  deseosos  de  salir  del  país.  El  go- 
bierno maximalista  trató  de  desarmarlos;  habría  sido 
en  verdad  una  locura  de  su  parte  haber  depuesto  las 
armas.  Los  acontecimientos  posteriores  han  venido  á 
confirmar  el  acierto  con  que  procedieron  al  negarse  á 
cumplir  con  tal  demanda.  El  resultado  de  todo  ha 
sido,  como  veis,  eso  gran  movimiento  iniciado  por  los 
choco-eslovacos.  Nadie  puede  reprochar  á  éstos  el  que 


172 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


¡uen  ayuda  para  salvarse.  Se  ha  dicho  que  Siberia 
es  maxitnalista.  Si  lo  es,  ¿por  qué  no  apoyan  los  sibe- 
ios  á  ese  gobierno?  Como  no  podían  reunir  hom- 
bres en  número  suficiente  para  formar  un  ejército 
siquiera  de  medianas  proporciones,  han  tenido  que 
emplear  prisioneros  alemanes  y  austríacos  para  com- 
batir el  movimiento  de  las  fuerzas  checo-eslovacas  y 
evitar  que  llegasen  á  Vladivostok.  Sería  ocioso  lla- 
marle á  esc  gobierno  libre  y  democrático  por  lo  que  á 
Siberia  se  reñere.  He  querido  poner  esto  en  claro,  pues 
no  ha  faltado  quien  critique  la  decisión  que  el  presi- 
dente de  los  Estados  Unidos  ha  tomado,  de  consuno 
con  el  Japón,  de  enviar  fuerzas  á  Vladivostok  para 
salvar  á  los  checo-eslovacos  de  los  peligros  en  que 

los  colocó  [esa 

organización  de 
prisioneros  ale- 
manes y  austría- 
cos armados 
para  interceptar- 
les el  paso  y  cap- 
turarlos. 

¿Y  la  paz?  En 
todos  los  países 
hay  individuos 
que  consideran 
el  esfuerzo  para 
lograr  la  paz 
como  deshonro- 
so en  sí,  como 
un  crimen  de 
lesa  patria.  Esa 
es  una  idea  que 
urge  combatir. 
Pero  ¿es  este  el 
momento — me 
refiero  á  todos 
aquellos  que  no 

ambicionan  otra  cosa  que  una  paz  honorable — ,  es  este 
el  momento  de  lograr  una  paz  así?  ¿Por  qué  entramos 
en  la  guerra?  Porque  ese  instinto  que  es  resultado  de 
la  experiencia  y  de  la  conciencia  enseñó  al  pueblo 
británico  que  algo  que  es  fundamental  á  la  felicidad 
y  al  progreso  humanos  se  hallaba  amenazado  por  el 
gran  poder  militar  de  Alemania.  Estarán  amenazados 
mientras  la  casta  que  desató  la  guerra  retenga  la  su- 
premacía. ¿Se  ha  registrado  en  ese  sentido  algún  cam- 
bio? Estudiemos,  verbigracia,  tres  de  los  aconteci- 
mientos más  recientes.  Los  menciono  porque  constitu- 
yen verdaderas  pruebas.  El  primero  es  el  tratado  de 
Brest-Litovski.  Cuando  algunos  de  los  estadistas  ale- 
manes fueron  á  concluirlo — quizás  con  buenas  inten- 
ciones— iban  preparados,  según  creo,  para  negociar 
una  paz  que,  conforme  á  su  manera  de  ver,  fuese  equi- 
tativa. En  cuanto  se  vio  que  se  quería  hacer  una  paz 
que  no  significaba  el  dominio  alemán  impuesto  á  Ru- 
sia, el  alto  mando  militar  alemán  se  superpuso  al  con- 
de Hertling,  á  Von  Kuhlmann  y  al  conde  Czernin,  á 


PRISIONEROS   EN    LA   ESTACIÓN    DE    LAE1SSA 


impuso  sus  condiciones.  La  segunda  prueba  nos  la 
señala  la  paz  esclavizadora  y  humillante  que  le  fué 
impuesta  á  Rumania.  Y  la  tercera  es  lo  que  ocurrió 
después  deque  Von  Kuhlmann  pronunció  su  discurso 
en  el  Reichstag.  Dijo  cosas  que  yo  habría  creído  per- 
fectamente evidentes  para  toda  persona  que  sigue  el 
curso  de  la  guerra  desde  el  punto  de  vista  de  los  ale- 
manes. En  unos  cuantos  días  lo  hicieron  caer.  Esto 
quiere  decir  que  la  casta  que  en  Alemania  causó  la 
guerra  continúa  en  el  Poder,  persiguiendo  la  misma 
finalidad  siniestra.  No  es  posible  que  haya  paz  mien- 
tras ellos  tengan  el  predominio  en  los  Consejos  de 
nuestro  principal  enemigo.  Yo  tengo  fe  en  una  Liga 
de  Naciones.  Ahora  bien;  que  ésta  sea  ó  no  un  buen 

éxito,  depende 
de  las  condicio- 
nes en  que  se 
constituya.  En- 
tre los  que  esta- 
mos aquí  hay  al- 
gunos que  he- 
mos sido  miem- 
bros de  asam- 
bleas represen- 
tativas por  una 
generación.  Es- 
pero que  mis  pa- 
labras no  ofeu- 
derán  la  suscep- 
tibilidad de  mis 
colegas;  pero 
todo  el  mundo 
sabe  que  cuan- 
do se  toma  una 
gran  decisión  en 
esta  Cámara,  lo 
que  realmente  la 
determina  no  es 
lo  que  se  dice  en  el  curso  del  debate,  sino  el  he- 
cho de  que  existe  algún  poder  invisible  que  se  forma 
cierta  opinión  y  tiene  fuerza  para  imponerla.  En  nues- 
tro país  esta  fuerza  son  los  electores.  En  la  Liga  de 
Naciones  debemos  tener  buen  cuidado  de  que  semejan- 
te fuerza  no  vaya  á  ser  la  espada.  Y  esto  acaecería,  á 
menos  que  ésta  se  inicie  en  condiciones  favorables. 
Supongamos  que  se  formara  actualmeute;  los  alema- 
nes explicarían,  no  con  palabras,  pero  sí  con  actos: 
«Invadimos  vuestros  territorios,  los  devastamos,  os 
pisoteamos,  sin  que  pudierais  rechazar  nuestras  hues- 
tes. Nuestros  ejércitos  quedaron  intactos  cuando  se 
declaró  la  paz.  Si  no  hubiera  sido  por  nuestras  difi- 
cultades económicas,  nunca  habríais  ganado.  La  pró- 
xima ocasión  tendremos  el  cuidado  de  prepararnos  y 
no  ir  á  carecer  de  los  artículos  más  esenciales:  caucho, 
maíz,  algodón,  etc.»  Cada  vez  que  se  tomara  una  de- 
cisión, la  espada  prusiana  sonaría  sobre  la  mesa  de  la 
Conferencia.  ¿De  qué  serviría  una  Liga  así?  Todos  de- 
seamos la  paz,  pero  ha  de  ser  una  paz  que  sea  justa  y 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


173 


duradera.  No  queremos  que  la  generación  actual  y  las 
futuras  tengan  que  sufrir  los  horrores  de  la  guerra. 
La  paz  debe  de  ser  duradera,  debe  ser  justa;  pero  debe 
ser  algo  más.  Deberá  existir  un  Poder  que  apoye  la 
Justicia,  un  Poder  que  haga  efectivos  sus  decretos,  y 
todas  las  naciones  que  entren  en  la  Liga  deberán  sa- 
berlo. Cuando  hayamos  demostrado,  incluso  al  ene- 
migo, que  tal  Poder  existe  en  la  tierra,  entonces  ha- 
brá paz,  y  no  antes.» 

A  raíz  del  mismo  aniversario,  el  Journal  des  De- 
báis decía  lo  siguiente  en  un  artículo  de  fondo: 

«El  cuarto  año  de  guerra  que  termina  ha  sido 
marcado  principalmente  por  la  gran  acometida  mili- 
tar de  los  alemanes  en  el  frente  occidental.  Desde  el 
otoño  de  1917 
Alemaniahapre- 
parado  ardiente- 
mente su  esfuer- 
zo, y  en  la  pri- 
mavera de  1918 
ha  entrado  en 
campaña  con  la 
voluntad  de  pa- 
sará una  acción 
decisiva.  Las  tro- 
pas francesas  y 
las  tropas  alia- 
das han  tenido 
que  soportar  ho- 
ras difíciles  du- 
ranteestasgrau- 
des  batallas.  Mas 
en  el  momento 
en  que  termina 
el  cuarto  año  de 
guerra,  la  Aus- 
tro-Alemania, 
desde  las  costas 

del  mar  del  Norte  hasta  las  orillas  del  Piave,  no  ha 
obtenido  en  parte  alguna  la  decisión  que  buscaba.  En 
todos  lados  se  ha  visto  contenida  y  en  varias  regiones 
del  inmenso  campo  de  batalla  ha  sido  rechazada.  Los 
aliados  acaban  de  demostrar  en  el  Marne  que  conser- 
van la  capacidad  de  una  contraofensiva  victoriosa  y 
que  se  hallan  en  vías  de  tomar  la  iniciativa  de  la 
maniobra  (1). 

La  acometida  alemana  ha  sidu  la  resultante  lógica 
de  los  hechos  consumados  al  finalizar  el  tercer  año  de 
guerra.  Desde  Agosto  de  191Ó  hasta  el  mismo  mes 
de  1917  habían  señalado  la  campaña  tres  grandes  he- 
chos: la  guerra  submarina,  la  revolución  rusa  y  la  en- 
trada en  guerra  de  los  Estados  Unidos;  hechos  que  mo- 
dificaban el  plan  de  Alemania.  La  guerra  submarina, 
por  mortífera  que  haya  sido,  no  daba  visiblemente  el 
resultado  decisivo  que  se  esperaba.  La  entrada  en  gue- 

(1)    Alusión  á  la  brillante  respuesta  que  dioron  las  tropas 
aliadas  á  la  gran  ofensiva  alemana,  j  que  pronto  teudremos 

ocasión  de  describir. 


SOLDADOS    KHANCK8B8    DESCANSANDO    DK   LAS    ImBNaS   AUHICOLAS    K.N    KL    MAUNB 


rra  de  los  Estados  Unidos  hacía  aparecer  en  el  horizon- 
te un  peligro  que  parecía  aún  muy  lejano,  pero  que  no 
por  eso  dejaba  de  constituir  una  gran  amenaza.  La  re- 
volución rusa  aún  no  había  evolucionado  en  un  senti- 
do desastroso.  Alemania  vacilaba.  Halláronse  señales 
inequívocas  de  esta  vacilación  en  diferentes  manifes- 
taciones ó  maniobras  políticas  hechas  por  la  Austro- 
Alemania  en  la  misma  época.  La  nota  pontificia  había 
sido  para  las  potencias  centrales  un  acontecimiento 
en  el  que  fundaban  esperanzas  diversas.  Las  cartas  del 
emperador  Carlos,  el  voto  de  la  moción  del  Reichstag 
y  muchas  tentativas  más  ó  menos  claras  forman  un 
conjunto  de  hechos  que  indican  las  teudencias  y  las 
combinaciones  de  ciertos  centros  austro-alemanes.  El 

partido  militar 
parecía  reservar- 
se.Losrecuerdos 
del  ejército  de 
Verdún  y  nues- 
tra ofensiva  de 
Abril, aunque  no 
diese  los  resulta- 
dos que  algunos 
habían  previsto, 
mostraban  cuál 
era  la  fuerza 
militar  de  los 
uliadoS. 

Pero  en  otoño 
todo  cambia  de 
súbito.  Alema- 
nia pone  fin  á  to- 
das las  incerti- 
dumbres  de  sus 
portavoces.  Deja 
de  estar  perple- 
ja. Afirma.  Parte 
de  nuevo  para  la 
conquista,  para  la  victoria;  da  libre  curso  á  su  panger- 
manismo,  que  por  un  instante  había  sido  más  discreto. 
Es  que  Rusia  venía  de  hundirse  bajo  los  golpes  de  los 
bolcheviks.  Rusia  dejaba  de  ser  un  número  combatien- 
te; liberaba  á  las  divisiones  alemanas  y  austríacas  que 
ocupaban  más  de  mil  kilómetros;  permitía  decontar  los 
beneficios  de  la  paz  alemana  de  Brest-Litovski,  de  la  de 
Bucarest,  vislumbradas  ya  ambas  desde  entonces.  El 
partido  militar  discernió  pronto  todo  el  provecho  que 
podía  sacar  de  esta  situación.  Ese  partido  recogía  el  Po- 
der abiertamente  y  asumía  la  dirección  de  la  política, 
así  como  también  la  de  la  guerra.  Los  asuntos  de  Rusia 
no  constituían  la  victoria  militar  tal  como  se  la  desea- 
ba, pero  la  hacían  posible.  En  Alemania  rebrotó  el  espí- 
ritu de  191-1,  es  decir,  el  espíritu  de  conquista  y  de  botín. 
En  estas  condiciones  fué  en  las  que  Alemania  di- 
rectora emprendió  la  campaña  de  191H.  Soñó  con  un 
período  de  magnificencia  militar;  dio  entonces  á  las 
imaginaciones  germánicas  las  más  vivas  esperanzas 
y  al  espíritu  de  los  ueutrales  las  más  perentorias  afir- 


174 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


maciones.  Cuando,  el  21  de  Marzo,  lanzó  un  ataque 
contra  las  fuerzas  franco-británicas  creyó  verdade- 
ramente que  había  llegado  la  hora  decisiva;  vivió 
un  momento  de  exaltación.  La  Historia  retendrá  las 
jornadas  de  fines  de  Marzo  como  jornadas  señaladoras 
de  uno  de  los  momentos  más  importantes  de  la  gue- 
rra. Alemania  vio  entonces  escapársele  la  victoria  que 
creía  tener  entre  las  manos  porque  la  había  preparado 
minuciosamente,  porque  disponía,  merced  á  un  en- 
cuentro de  circunstancias  favorables,  de  fuerzas  supe- 
riores en  hombres  y  en  material.  Á  partir  de  fines  de 
Marzo  pudo  renovar  sus  tentativas,  pudo  hacer  una 
serie  de  esfuerzos  considerables  como  los  del  9  de  Abril 
y  del  9  de  Junio;  incluso  pudo  obtener  resultados  loca- 
les que  iban  más  allá  de  sus  esperanzas,  como  ocurió 
el  27  de  Mayo;  pudo  aprovechar  el  avance  de  sus  ejér- 
citos para  intentar  la  gran  operación  del  15  de  Julio. 
Mas  Alemania  llega  al  final  del  cuarto  año  de  guerra 
sin  haber  obtenido  nada  serio. 

En  cambio,  de  entre  la  situación  en  el  frente  occi- 
dental resulta  un  hecho  con  el  que  Alemania  no  con- 
taba. Y  es  que  las  tropas  norteamericanas  se  han  pre- 
sentado en  gran  número.  Los  Estados  Unidos,  cuando 
han  visto  el  giro  que  tomaban  los  acontecimientos, 
han  acelerado  sus  trabajos.  Gracias  al  esfuerzo  de  la 
marina  británica  y  al  suyo  han  podido  transportar 
hasta  300.000  hombres  mensualmente.  Las  probabili- 
dades de  Victoria  que  tenía  Alemania  estribabau  en 


batir  á  los  aliados  antes  de  que  se  presentase  Norte 
América.  Los  aliados  no  están  batidos  y  Norte  Amé- 
rica ya  ha  podido  poner  á  nuestro  alcance  más  de  un 
millón  de  hombres.  En  el  momento  mismo  en  que 
termina  el  año  que  debía  proporcionarle  el  fin  triun- 
fante de  la  guerra,  el  ministro  de  Negocios  Extranje- 
ros de  Alemania  declara  que,  á  juicio  suyo,  la  guerra 
no  puede  terminar  solamente  por  medio  de  una  solu- 
ción militar  (1). 

Comienza,  pues,  el  quinto  año  de  guerra  en  un 
momento  en  que  Alemania  constata  el  fracaso  de  su 
plan.  Encuentra  á  los  pueblos  de  la  Entente,  según 
dice  M.  Millerand  en  su  artículo  de  la  Retm  des  Deux 
Afondes,  «dueños  de  sus  nervios,  seguros  de  su  volun- 
tad, resueltos  á  marchar  hasta  el  fin».  Por  el  contra- 
rio, Alemania  ha  llegado  á  un  momento  en  que  no 
percibe  en  el  horizonte  algo  que  pueda  proporcionarle 
una  fuerza  nueva.  En  el  transcurso  del  cuarto  año  de 
guerra  ha  agotado  sin  resultado  todos  sus  medios. 
Sin  duda  aún  puede  resistir;  aúu  le  quedan  recursos; 
pero  ya  empieza  á  sentirse  impotente  para  terminar 
la  guerra,  y  en  definitiva  se  han  disipado  sus  vastas 
esperanzas.» 

Nada  tan  cierto  y  con  mayores  motivos  cada  vez. 
Veamos,  si  no,  la  marcha  de  la  grandiosa  batalla  em- 
peñada en  el  frente  de  Francia. 


(1)    Véase  el  discurso  deVon  Kuliltnann  en  el  capítulo  X. 


M.¡  POINCARK  BN  UNA  TRINCHERA  DEL  FBBNTE  DB  LORBNA 


Gran  ofensiva  aliada  en  el  frente  occidental 


i 


Respuesta  franco-yanqui  á  la  quinta  ofensiva  ale- 
mana.— Combates  entre  el  Aisne  y  el  Mame 

La  batalla  continuaba  en  el  frente  occidental.  El 
17  de  Julio  por  la  noche  la  situación  era  la  si- 
guiente: 

Entre  Reims  y  el  Mame,  el  general  Berthelot  con- 
tenía la  embestida  de  Von  Mudra  en  los  bosques  del 
Key,  al  Noroeste  de  Reuil,  y  en  el  bosque  de  Courton, 
al  Oeste  de  Nanteuil-la-Fosse  y  de  Pourcy.  En  Cham- 
paña, el  general  (¡ouraud,  llamado  el  «león  de  Ar- 
gona>,  después  de  haber  roto  todos  los  ataques  del 
ejército  Von  Einem,  permanecía  alineado  según  la 
dirección  de  la  vía  romana  y  de  sus  inmediaciones.  Al 
Sur  del  Mame,  el  general  Mitry,  jefe  de  un  nuevo  ejer- 
cito, y  apoyando  á  las  fuerzas  yanquis  mantenidas  en 
tomo  á  Cháteau-Thierry,  cubría  las  direcciones  de 
Epernay  contra  el  ala  izquierda  de  Von  Boehm,  que 
había  logrado  llegar  hasta  Montvoisin. 

En  esto  momento,  entre  Reims,  sólidamente  de- 


fendido, y  el  barranco  de  Laversine,  situado  al  Norte 
del  bosque  de  Retz  y  reconquistado  días  antes  por  las 
tropas  francesas,  el  frente  alemán,  repartido  entre  las 
fuerzas  de  Von  Mudra  y  de  Von  Boehm,  formaba  hacia 
el  Sur  una  bolsa  profunda.  Además,  todos  los  elemen- 
tos de  ataque  acumulados  en  esa  bolsa  recaían  hacia 
las  partes  meridionales  y  orientales  de  la  curva. 

Dicho  de  otro  modo,  la  ruidosa  ofensiva  del  kron- 
prinz  se  ofrecía  de  flanco  é  incluso  de  revés  á  una 
respuesta  que  partiese  del  macizo  del  bosque  de  Retz, 
estando  encuadrada  por  el  Aisne  y  por  el  Mame.  En 
todo  ese  sector,  de  unos  cincuenta  kilómetros  de  ex- 
tensión, los  ejércitos  de  los  generales  Mangin  y  De- 
goutte,  prolongados  en  su  ala  derecha  por  divisiones 
norteamericanas,  se  hallaban  á  la  expectativa. 

Iniciada  la  quinta  acometida  de  la  gran  ofensiva 
alemana  y  tras  de  una  preparación  conveniente,  los 
aliados  pasaron  del  orden  detensivo  al  orden  ofensivo. 
Fué  una  gran  victoria  de  Foch.  Fué  otra  victoria  del 
genio  latino. 

Veamos  lo  ocurrido. 

En  la  madrugada  del  18  de  Julio  se  dio  definitiva- 
mente la  orden  de  ataque  á  los  ejércitos  Mangin  y  De- 


176 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


gouttc.  El  primero  de  ellos  se  extendía  entre  el  Aisne 
y  el  Ourcq,  y  el  segundo  desde  este  río  hasta  el 
Clignon,  al  Sur  del  cual  se  ponía  en  comunicación 
con  las  tropas  norteamericanas.  El  tiempo,  tempes- 
tuoso, favoreció  los  últimos  preparativos,  pues  los 
alemanes  sólo  se  cuidaban  de  guarecerse  en  sus  abri- 
gos para  eludir  la  lluvia. 

\  las  4'30  de  la  madrugada  se  dio  la  señal.  Á  lo 
largo  de  la  inmensa  línea  ésta  pareció  sacudida  por 
un  temblor  de  tierra.  Millares  de  cañones  y  de  ame- 
tralladoras comenzaron  á  disparar.  Simultáneamente 
y  de  un  solo  salto  lanzábase  al  ataque  la  infantería, 
mientras  ante  ella  se  desplegaban  los  carros  de  asalto. 

La  sorpresa  de  los  alemanes  fué  completa.  El  avance 
de  las  fuerzasi 
franco-america-j 
ñas  se  hizo  con 
extraordinaria 
rapidez.  A  me- 
diodía ya  al- 
canzaban el  ba- 
rranco de  Saco- 
nin-Breuil,  en 
Vierzy,  y  ha- 
bíau  sobrepasa- 
do Chaudun,  Vi- 
llers,  Nelon,  No- 
roy-sur-Ourcq, 
Nautevesnes  y 
Bidleau. 

He  aquí  el  pri- 
mer comunicado 
oficial  francés 
concerniente  á 
esta  batalla: 

«Después  de 
haber  roto  la 
ofensiva  alema- 
na en  los  frentes  de  Champaña  y  de  la  montaña  de 
Reims,  en  los  días  15, 16  y  17  de  Julio,  las  tropas  fran- 
cesas, en  unión  de  las  fuerzas  norteamericanas,  se  han 
lanzado  el  18  al  ataque  de  las  posiciones  alemanas 
entre  el  Aisne  y  el  Mame  en  una  extensión  de  cua- 
renta y  cinco  kilómetros. 

Partiendo  del  frente  Amblemy,  Longpont,  Troes- 
nes,  Bouresches,  hemos  realizado  un  avance  impor- 
tante en  las  líneas  enemigas. 

Hemos  alcanzado  las  mesetas  que  domiuau  á  Sois- 
sons  al  Sudoeste  y  la  región  de  Chaudun. 

Entre  Villers-Helong  y  Noroy-sur-Ourcq  hay  empe- 
ñados violentos  combates. 

Al  Sur  del  Ourcq  nuestras  tropas  han  sobrepasado 
la  línea  general  Mazizy-Sainte-Geneviéve,  Hauteves- 
nes  y  Belleau. 

Más  de  veinte  pueblos  han  sido  reconquistados  por 
el  admirable  impulso  de  las  tropas  franco-americanas. 
A  lemas,  hemos  cogido  un  importaute  botín  y  milla- 
res de  prisioneros.» 


spahis»  en  marcha 


En  la  jornada  del  19,  el  ejército  Mangin,  recha- 
zando á  las  reservas  alemanas  que  habían  acudido 
apresuradamente,  continuó  su  avance  en  la  mayor 
parte  del  frente,  entre  el  Aisne  y  el  Mame.  Los  fran- 
ceses llegaron  á  Vierzy  y  pasaron  más  allá  del  bosque 
de  Maulon,  al  Este  de  Villers-Helon,  conquistaron 
Neuilly-Saint-Front  y  Lichlignoc.  Al  Sur  del  Marne 
gauaron  terreno,  rechazando  al  enemigo  entre  Fossoy 
y  Oeully. 

Los  alemanes,  que  habían  franqueado  el  Mame  el 
15  del  corriente  en  un  frente  de  25  kilómetros  con  el 
objeto  de  hacer  caer  Reims  y  Chalons  sur- Marne,  tu- 
vieron que  replegarse  el  20  del  mismo  mes  al  Norte  de 
este  río  ante  la  presión  de  los  ataques  franceses,  sin 

haber  logrado 
ninguno  de  sus 
objetivos. 

Los  resultados 
de  esta  marcha 
victoriosa  no  se 
hicieron  espe- 
rar. Los  alema- 
nes, violenta- 
mente contra- 
atacados en  su 
flanco  derecho  y 
al  Sur  del  Mar- 
ne, tuvieron  que 
batirse  en  retira- 
da y  repasar  el 
Mame. 

Entre  el  Aisne 
y  el  Marne,  los 
franco-america- 
nos continuaron 
progresando,  re- 
chazando al  ene- 
migo, que  se  de- 
fendía obstinadamente.  Los  franceses  llegaron  á  Plois- 
yet,  Barry  y  Lygny  tras  de  haber  rebasado   Saint- 
Remy,  Blanzy  y  Rozet-Saint-Albin. 

Más  al  Sur,  dichas  fuerzas  mantenían  la  línea  ge- 
neral de  la  llanura  Nordeste  de  Courchamps.  Entre  el 
Marue  y  Reims  había  entabladas  violentas  luchas.  Los 
franco-ingleses,  que  atacaban  con  gran  vigor,  choca- 
ban con  importantes  fuerzas  enemigas.  A  pesar  de  la 
obstinada  resistencia  alemana,  nuestras  tropas  avan- 
zaron en  el  bosque  de  Courton,  en  el  valle  del  Adre  y 
hacia  Santa  Eufrasia. 

La  cifra  de  prisioneros  hechos  por  los  franco-yan- 
quis excedía  de  20.000,  y  los  cañones  cogidos  suma- 
ban más  de  400. 

Las  divisiones  alemanas,  acosadas  al  Sur  del  Marne 
y  amenazadas  violentamente  en  sus  propias  líneas  de 
retirada,  repasaron  apresuradamente  el  río  al  amparo 
de  la  noche.  Al  amanecer  del  día  20,  la  orilla  meridio- 
nal del  Marne  ya  estaba  completamente  bordeada  por 
las  tropas  franco-americanas. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


177 


La  prensa  aliada  comentaba  con  júbilo  estas  ac- 
ciones. 

El  West  mi  áster  Gazette  escribía: 

«Las  grandes  y  costosas  ofensivas  de  las  tropas 
alemanas  han  desaparecido  á  medida  que  se  iba  ago- 
tando el  factor  sorpresa  tan  á  menudo  usado  y  que 
disminuíala  superioridad  numérica.  El  general  Foch, 
que  supo  contemporizar  con  rara  sagacidad  y  nota- 
ble paciencia,  lia  desencadenado  su  ofensiva  en  el 
instante  en  que  el  movimiento  de  la  ofensiva  alemana 
se  halla  en  plena  decadencia.  Y  gracias  á  esto,  en 
algunas  horas  logró  recuperar  el  terreno  que  el  ene- 
migo no  pudo  ganar  mas  que  al  cabo  de  tres  días.» 

Otro  periódico,  el  Star,  decía  así: 
«El  brillante 
contraataque  de 
Foch  lleva  en  sí 
la  marca  de  su 
genio.  El  secre- 
to de  que  supo 
rodear  su  plan, 
la  rapidez  temi- 
ble de  su  desen- 
cadenamiento y 
su  seguridad  en 
la  ejecución,  fa- 
tal para  el  ene- 
migo, dan  á  esta 
ofensiva  el  ca- 
rácter de  las  clá- 
sicas batallas  de 
los  grandes  ge- 
nerales de  la  His- 
toria. Esta  bata- 
lla puede  consi- 
derarse  como 
una  segunda  ba- 
talla del  Marne.» 
Á  su  vez,  un 
corresponsal  de  la  United  Press  telegrafiaba  lo  si- 
guiente: 

«Al  mediodía  la  batalla  continúa  encarnizadamen- 
te en  toda  la  extensión  del  frente.  En  la  llanura  que 
domina  á  Soissons,  los  alemanes  han  efectuado  varios 
desesperados  contraataques,  que  fueron  rechazados, 
con  pérdidas  sangrientas  para  el  enemigo.  La  caba- 
llería francesa  opera  en  varios  puntos  del  frente.  El 
avance  de  nuestras  tropas  continúa,  aumentando  con- 
siderablemente la  cifra  de  prisioneros,  cañones  y  ma- 
terial de  guerra.» 

The  Times  decía  que  los  despachos  llegados  de 
París  demostraban  que  los  franceses,  á  pesar  de  su 
regocijo,  no  exageraban  sus  esperanzas.  «Dieron  al 
kronprinz  Federico — continuaba  diciendo — un  golpe 
mortal;  pero  hay  que  pensar  en  posibles  movimien- 
tos del  príncipe  Rupprecht,  que  aunque  no  puede  con- 
tar con  innumerables  reservas,  sus  fuerzas  están  in- 
tactas y  reposadas.» 

Tomo  ix 


OFICIALBS    FRANCBSB8   DELANTB 
DE    ACBITE 


M.  Bidou  decía  en  el  Journal  des  Debuts: 
«Aparte  de  las  consideraciones  estratégicas,  el 
golpe  dado  á  Von  Boehm  es  un  acontecimiento  im- 
portantísimo, vista  la  economía  de  hombres  que  se 
imponen  los  alemanes.  Diez  y  siete  mil  prisioneros 
quedaron  en  nuestro  poder,  con  un  material  de  guerra 
considerable.  Añadamos  á  esto  las  pérdidas  que  el 
enemigo  sufriera  en  la  batalla  del  día  15,  en  particu- 
lar sobre  el  frente  del  ejército  de  Gouraud,  quien  hizo 
una  verdadera  matanza  de  alemanes,  y  tendremos  que 
la  ofeusiva  resulta  desastrosa  para  el  enemigo.  Es  ne- 
cesario recordar  también  que  la  batalla  continúa  y  que 
ninguno  de  los  adversarios  ha  dicho  aún  la  última  pa- 
labra. El  enemigo  no  opuso  á  nuestra  ofensiva  una 

gran  resisten- 
cia, ni  intentó 
contraatacar. 
Además,  nuestro 
alto  mando  no 
ha  desarrollado 
todos  sus  planes, 
siendo,  por  lo 
tanto,  lógico  su- 
poner que  sigan 
las  acciones.» 

El  Petit  Pari- 
sién opinaba  lo 
siguiente: 

«La  victoria 
conseguida  por 
los  ejércitos  de 
Mangin  y  Gou- 
raud y  por  las  di- 
visiones norte- 
americanas al- 
canzó sus  frutos, 
ya  que  el  enemi- 
go, obligado  á  ir 
en  socorro  de 
uno  de  sus  sectores  debilitados,  detuvo  su  esfuerzos 
al  Oeste  de  Reims  y  al  Sur  del  Marne.  Es  necesario 
esperar  nuevos  contraataques,  pues  el  enemigo,  aco- 
sado, se  volverá  para  morder.  Sabemos  que  podre- 
mos contestar  á  este  golpe  de  respuesta,  lanzando  al 
adversario  más  allá  de  las  villas  de  Chálons  y  Cháteau- 
Thierry,  obligándole  por  acciones  combinadas  á  des- 
guarnecer la  parte  alta  de  Ouilly  y  las  posiciones 
entre  el  Marne  y  Reims.  El  resultado  final  no  sabemos 
si  consistirá  solamente  en  conservar  las  ganancias 
obtenidas  y  una  estabilidad  de  conjunto  en  el  campo 
de  la  ofensiva  enemiga.  Cualquiera  que  sea  la  hipóte- 
sis, el  éxito  es  definitivo.  La  maniobra  francesa  ven- 
ció la  ofensiva  alemana  del  día  15  y  siguió  venciendo 
tres  días  más.  Si  el  lunes  último  se  hubiese  dicho  que 
en  tres  días  la  operación  de  los  alemanes  sería  aho- 
gada y  que  haríamos  17.000  prisioneros  y  tomaríamos 
360  cañones,  realizando  un  avance  de  seis  á  siete  ki- 
lómetros sobre  un  frente  de  cuarenta  y  cinco,  el  en- 


DE  LAS   RUINAS    DE   UNA   FABRICA 
BN   EL  AISNB 


L78 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


tusiasmo  hubiese  sido  tal,  que  se  nos  hubiera  tachado 
de  locos.» 

Por  otra  parte,  un  corresponsal  norteamericano 
decía  así  en  un  interesante  artículo: 

Después  de  una  nocho  eu  que  reinó  gran  venda- 
val, el  general  Yon  Boehni  fué  acosado  de  un  modo 
violento,  y  es  que  los  franco-americanos,  aprovechan- 
do la  actual  situación  en  el  frente,  asaltaron  las  líneas 
alemanas  entre  el  Aisne  y  el  Marne.  Este  ataque  es 
una  evidente  demostración  de  la  fuerza  y  espíritu  de 
nuestros  aliados,  y  es  doblemente  significativo  como 
el  primer  ataque  en  gran  escala  efectuado  por  nuestra 
iniciativa  desde  el  principio  de  la  ofensiva  alemana, 
hace  cuatro  meses.  Al  amanecer,  un  formidable  fuego 
sorprendió  por  completo  ú  los  alemanes.  La  resisten- 
cía  en  las  líneas  avanzadas  alemanas  no  fué  muy  efi- 
caz, y  únicamente  después  de  pasadas  varias  horas  fué 
cuando  los  alemanes  opusieron  una  resistencia  más 
acentuada.  La  situación  actual  es  que  la  fuerza  prin- 
cipal del  saliente  alemán  entre  el  Aisne  y  el  Marne, 
que  antes  de  la  ofensiva  había  perdido  constantemente 
terreno  en  su  frente  hacia  el  Oeste,  quedó  orientada 
hacia  el  Este.  Se  encuentra,  en  todo  el  sentido  de  la 
palabra,  entre  dos  fuegos.» 

Antes  de  que  empezara  la  ofensiva  alemana,  el  ge- 
neral Gouraud,  que  manda  las  fuerzas  defensivas  en 
Reims,  dio  á  sus  soldados  una  orden  que  pasará  á  la 
Historia.  En  este  documento  dice  el  «león  de  Argona»: 

«El  bombardeo  será  terrible.  Lo  aguantaréis  sin 
flaquear.  El  asalto  enemigo  será  terrible.  Lo  resistiréis 
también  sin  desfallecer.  La  embestida  será  más  vio- 
lenta, en  medio  de  los  gases  asfixiantes.  Pero  vuestras 
posiciones  y  vuestras  almas  son  formidables.  En  vues- 
tros pechos  late  el  corazón  de  los  hombres  libres.  Ni 
un  solo  hombre  de  entre  vosotros  mirará  atrás  y  nadie 
cederá  un  solo  palmo  de  terreno.  Todo  el  mundo  no 
tendrá  mas  que  un  pensamiento,  y  será  el  infligir  bajas 
al  enemigo;  y  por  esto  vuestro  general  os  dice  que  vos- 
otros quebrantaréis  este  asalto  y  que  el  día  será  glo- 
rioso para  nosotros.» 

Las  palabras  del  general  eran  proféticas.  Fué  un 
gran  día,  y  las  pérdidas  alemanas  fueron  terribles. 

La  defensa  del  Marne  por  los  norteamericanos  re- 
sultó muy  eficaz.  Un  corresponsal  del  Times  dice  que 
en  algunos  puntos  los  alemanes  fueron  incapaces  de 
cruzar  el  río,  tan  terrible  era  el  fuego  de  artillería  y 
ametralladoras.  Un  regimiento  de  granaderos  fué  diez- 
mado, y  de  uno  de  sus  batallones  quedaron  muy  pocos 
hombres.  En  ambas  orillas  del  Marne  yacen  montones 
de  cadáveres  alemanes.  Al  retirarse  el  enemigo,  los 
yanquis  le  atacaron.  Un  sargento  y  dos  hombres  aco- 
metieron un  nido  de  ametralladoras,  apoderándose  de 
dos.  El  oficial  que  mandaba  el  destacamento  enemigo 
fué  muerto.  El  sargento,  después,  con  un  fusil  automá- 
tico, atacó  á  la  tercera  ametralladora,  y  con  la  ayuda 
de  un  cabo  acometió  á  la  cuarta,  que  cayó  también  en 
su  poder.  Los  prisioneros  que  hizo  los  entregó  á  un  po- 
licía militar  contra  recibo,  conforme  consta  en  su  in- 


forme. Luego  prosiguió  su  camino  acompañado  de  al- 
gunos soldados.  Encontró  una  trinchera  con  más  de 
cien  enemigos.  A  pesar  de  tener  una  herida  en  un 
brazo,  acometió  con  el  fusil  automático  al  destaca- 
mento alemán,  que  se  rindió.  Hizo  luego  una  marcha 
de  catorce  millas,  entregando  cu  los  puestos  norteame- 
ricanos 144  prisioneros,  incluso  un  comandante. 

Es  significativo  que  la  prensa  alemana  adopte  una 
actitud  expectativa  referente  á  la  actual  ofensiva,  al 
parecer,  obedeciendo  órdenes.  También  la  radiotele- 
grafía alemana  ha  sido  muy  tardía  en  pregonar  la  su- 
puesta victoria.  El  general  Von  Ardem  dice  en  el  Bcr- 
liner  Tagcblatt:  «Por  los  sucesivos  acontecimientos 
y  por  la  extensión  de  la  batalla  es  por  lo  único  que 
será  posible  notar  las  intenciones  estratégicas  del  alto 
mando  alemán.  La  victoria  aún  no  es  completa,  pero 
la  patria  tiene  el  derecho  de  esperar  que  lo  será.  Es 
ésta  una  opinión  que  no  queremos  discutir,  pero  se 
conoce  ahora  que  también  Foch  tiene  sus  intenciones 
estratégicas.» 

Otro  corresponsal  de  guerra  telegrafiaba  los  si- 
guientes detalles: 

«Las  tropas  de  asalto  del  ejército  norteamericano 
han  cooperado  en  gran  número  con  las  tropas  francesas 
en  la  poderosa  ofensiva  de  esta  mañana.  En  dicha  ofen- 
siva participaron  numerosos  tanques.  Las  tropas  nor- 
teamericanas lanzáronse  al  asalto  con  gritos  de  en- 
tusiasmo y  sin  preparación  ninguna  de  artillería.  En 
casi  todos  los  lados  las  tropas  alemanas  resistían  dé- 
bilmente. En  varios  sitios,  algunos  combatientes  ene- 
migos, al  parecer  más  decididos,  fueron  atravesados 
por  las  bayonetas  de  los  norteamericanos.  En  todas 
partes  el  enemigo  ha  sido  sorprendido  completamente. 
El  ataque  ha  tenido  un  éxito  inmenso  en  la  región  de 
Soissons,  donde  fueron  alcanzados  por  nuestras  tropas 
los  objetivos  finales.» 

Al  tener  noticia  de  lo  ocurrido,  el  presidente  Cle- 
menceau  se  personó  en  el  frente  de  batalla. 

He  aquí  ahora  cómo  explicaba  el  alto  mando  ale- 
mán su  primera  derrota: 

«La  brillante  ejecución  del  paso  del  Marne,  que  fué 
efectuada  con  grandes  daños  para  el  enemigo,  consti- 
tuye una  notable  hazaña  para  el  mando  y  las  tropas 
alemanas.  Con  el  avance  en  la  orilla  Sur  del  río  es- 
taban ligados  diversos  proyectos  del  mando  alemán, 
los  cuales  fueron  todos  realizados.  En  primer  lugar, 
se  pretendió,  por  el  paso  del  río,  que  se  consiguió,  á 
pesar  de  la  fuerte  resistencia  enemiga,  ensanchar  la 
base  de  ataque  en  ambos  lados  de  Reims  y  atraer  y 
sujetar  fuertes  núcleos  alemanes.  Éstos  empeñaron 
en  seguida  en  este  punto  fuertes  reservas,  empren- 
diendo ya  el  primer  día  violentos  aunque  ineficaces 
contraataques.  Mientras  que  en  el  frente  del  Marne  se 
desangraba  el  enemigo,  tuvo  que  dejar  á  los  alema- 
nes el  éxito  táctico  al  Este  de  Reims.  La  contraofen- 
siva germana,  á  pesar  de  sacrificarse,  sin  reparar  en 
pérdidas,  terminó  con  un  completo  fracaso  para  el  ge- 
neralísimo de  la  Entente,  el  cual  vio  frustrada  la  ruptura 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


179 


que  pensó.  Cou  ello  quedó  terminada  la  misión  de  las 
tropas  alemanas  que  lucharon  en  la  orilla  Sur,  y  era 
inútil  que  mantuvieran  las  nuevas  líneas  ganadas.  El 
mando  alemán  pudo,  por  consiguiente,  retirar  nueva- 
mente las  tropas  que  cruzaron  el  río  para  emplearlas 
en  trabajos  más  importantes.» 

Pero  conviene  recordar  la  significación  que  los  ale- 
manes daban  al  Marne  cuando  éste  estaba  en  poder 
suyo. 

En  un  artículo  de  fondo  titulado  «Al  otro  lado  del 
Marne»,  la  Gaceta  de  Francfort  hacía  resaltar  que 
el  establecimiento  de  una  cabeza  de  puente  al  Sur  del 
Marue  era  una  operación  de  primer  orden  que  presen- 
taría las  más  risueñas  perspectivas  militares. 

El  periódico 
Las  llt  imas  No- 
ticias de  Munich 
afirmaba  en  la 
misma  fecha  que 
el  paso  del  Mar- 
ne era  el  medio 
más  seguro  de 
hacer  caer  á 
Reims. 

La  Strashur- 
ger  Post  decla- 
raba por  su  par- 
te que  el  paso 
del  mencionado 
río  había  sido 
minuciosamente 
estudiado  y  que 
el  éxito  era  defi- 
nitivo. 

Hacia  el  19  de 
Julio,  el  tono  de 
los  órganos  de 
prensa  del  otro 
lado  del  Rhin  era  todavía  halagüeño,  y  hacía  decir  á 
Las  l '¿timas  Noticias  de  Munich  que  la  cabeza  de 
puente  en  el  Sur  del  Marne  era  un  resultado  estraté- 
gico incomparable. 

Finalmente,  el  crítico  militar  Von  Salmann  escri- 
bía en  la  Gaceta  de  Francfort: 

«Nosotros  no  pensamos  en  una  contraofensiva  fran- 
cesa, porque  el  alto  mando  francés  tiene  las  manos 
atadas.  La  línea  francoitalo-americana  es  tan  poco 
flexible,  que  sólo  tocándola  en  un  punto  se  conmueve 
el  conjunto.» 

Pero  sigamos  el  desarrollo  de  la  batalla.  Al  día 
siguiente,  20  de  Julio,  aunque  retrasados  un  poco  en 
razón  de  la  tenaz  resistencia  de  un  enemigo  que  reci- 
bía constantemente  refuerzos,  Mangan  y  Degoutte  no 
cesaron  de  proseguir  sus  movimientos  hacia  el  Este. 
Por  la  tarde  ya  estaban  en  la  línea  general  Ploisy- 
Paroy-Tigny-Saint-Remy-Blanzy-Kozet-Saint-Albin- 
Priez  y  Nordeste  de  Courchamps.  Berthelot,  entre 
Reims  y  el  Marne,  continuaba  ganando  terreno. 


l'AKIS.    EL   UENKBAL    DUUaIL   CONDECORANDO    HBK1DOS    EN    BL    HOSPITAL    ESCOCES 


Comentando  el  éxito  de  la  respuesta,  el  Petit  Pa- 
risién decía  así: 

«Los  alemanes  están  en  retirada  en  toda  la  región 
que  ocupaban  al  Sur  del  Marne,  entre  el  río  y  Chutcau- 
Thierry.  Deuilly  fué  evacuado.  Ayer  mañana  la  situa- 
ción de  los  alemanes  era  insostenible.  Rechazados  de 
la  altura  que  domina  el  río,  los  fué  imposible  reaccio- 
nar, encontrándose  bloqueados  entre  Mont-Voisin  y 
Ceuilly  y  amenazados  por  el  flanco  izquierdo,  so  vie- 
ron obligados  á  repasar  los  puentes,  para  evitar  un 
desastre.  Nuestra  artillería  abrió  un  fuego  infernal 
sobre  los  batallones  alemanes.  En  la  hora  actual  las 
orillas  del  río  están  llenas  de  cadáveres.  Desde  hace 
dos  días  la  situación  en  que  se  encuentran  las  divisio- 
nes alemanas* 
que  habían  pa- 
sado el  Marne  es 
peligrosa  é  im- 
posible de  soste- 
ner. No  tienen 
municiones  ni 
víveres  y  están 
cortadas  las  co- 
municaciones; 
todo  auxilio  es 
imposible.  Las 
raciones  de  con- 
servas las  tienen 
agotadas,  siendo 
para  ellos  un 
verdadero  desas- 
tre y  una  victo- 
ria colosal  para 
nosotros.  El  nú- 
mero de  prisio- 
neros es  conside- 
rabilísimo. Des- 
de la  batalla  del 
Marne  no  se  ha  conocido  un  golpe  semejante.» 

Al  mismo  tiempo,  dos  órganos  de  la  prensa  britá- 
nica se  expresaban  á  su  vez  como  vamos  á  ver. 

El  Daily  News:  «Aun  siendo  el  éxito  de  los  aliados 
momentáneo,  se  hubiera  hallado  el  enemigo  en  una 
dificilísima  confusión  para  su  avituallamiento.  Pero 
está  suficientemente  demostrado  que  la  hora  actual 
no  es  la  de  los  éxitos  momentáneos,  sino  la  de  los 
hechos  decisivos.  Las  tropas  de  Mangin  no  solamente 
sostienen  inquebrantablemente  sus  posiciones,  sino 
que  las  mejoran.  La  vía  férrea  ha  quedado  cortada  é 
inutilizada  por  completo,  por  lo  que  la  retirada  ale- 
mana hacia  el  Sur  es  cada  día  más  probable.  Difícil- 
mente se  puede  uno  formar  idea  de  lo  dificilísima  que 
es  la  operación  que  se  está  llevando  á  cabo,  pero  todos 
estamos  seguros  de  que  Foch  sabrá  seguir  realizán- 
dola, como  hasta  aquí  lo  han  demostrado  los  aconte- 
cimientos.» 

Del  (famday  Obsérvete*:  «Por  primera  vez  Foch  ha 
vuelto  las  tablas  en  su  favor  y  en  contra  de  Luden- 


180 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


dorff,  pero  tendrán  que  desarrollarse  todavía  luchas 
alemanas  más  encarnizadas  que  nunca.  Es  preciso 
esperar  la  respuesta  de  Alemania,  la  cual  se  podrá 
lanzar  en  uno  cualquiera  de  los  sitios  comprendidos 
entre  Flandes  y  Reims.» 

La  batalla  continuaba  en  condiciones  favorables  en 
todo  el  frente  entre  el  Mamey  el  Aisne. 

Al  Norte  del  Ourcq,  los  franceses  rechazaron  al 
enemigo,  que  intentó  oponerse  al  avance,  y  progre- 
saron, combatiendo,  en  la  región  Norte  de  Ville-Mon- 
toire.  Más  al  Sur,  progresamos  al  Este  de  la  línea  ge- 
neral Ligy-Billy-sur-Ourcq. 

Al  Sur  del  Ourcq,  los  franceses  realizaron  un  im- 
portante avance  más  allá  de  Neully-Saint-Front,  con- 
quistando las  al- 
turas situadas  al 
Este  de  Croix  de 
Grisolles. 

Por  la  doble 
presión  de  fuer- 
zas franco-ame- 
ricanas, operan- 
do entre  el  Ourcq 
y  el  Marne,  y  de 
unidades  france- 
sas que  fran- 
quearon el  río 
entre  Fissoy  y 
Chartéves,  los 
alemanes  fueron 
rechazados  más 
allá  de  la  línea 
Mont  Saint-Pere- 
Cháteau-Thie- 
rry. 

Entre  el  Mar- 
ne y  Reims,  du- 
rante el  día,  se 

desarrolló  una  violenta  lucha.  Los  franco-ingleses,  en 
unión  de  tropas  italianas,  atacaron  con  gran  energía 
las  importantes  fuerzas  alemanas  y  se  apoderaron  de 
Santa  Eufrasia,  realizando  algún  progreso  en  el  valle 
del  Ardre  y  en  los  bosques  de  Courton  y  del  Hey. 

Durante  estos  combates,  los  ingleses  se  apoderaron 
de  cuatro  cañones  é  hicieron  400  prisioneros,  entre 
ellos  once  oficiales  (dos  jefes  de  batallón). 

Hacia  el  día  20,  el  mal  tiempo  y  las  nubes  bajas 
impidieron  los  vuelos  de  los  aviadores.  Sin  embargo, 
fueron  derribados  once  aviones  enemigos.  También 
fueron  lanzadas  numerosas  bombas  sobre  los  acanto- 
namientos, convoyes  y  concentraciones  de  tropas  ale- 
manas. El  célebre  subteniente  Fonck,  «as»  de  «ases» 
francés,  derribó  siete  aviones  en  cuatro  días.  El  nú- 
mero de  aparatos  derribados  por  este  aviador  ya  se 
elevaba  á  cincuenta  y  seis. 

En  los  días  22,  23  y  24,  el  movimiento  ofensivo 
siguió  desarrollándose  en  los  contornos  de  la  bolsa, 
en  cuyo  interior  se  replegaban  los  alemanes  no  obs- 


ÜALKKIA  bXi'KHIOa  DB  LA  1ÜLKSLA  DH    XVIKON   K.\    ÜL  MONTK  ATHOd 


tante  haber  hecho  intervenir  éstos  importantes  reser- 
vas. Al  borde  del  Ourcq,  el  ala  derecha  del  ejército 
Mangin  se  apodoró  del  Plessiev-Hulen,  de  Montgru,  y 
alcanzó  las  inmediaciones  de  Oulchy-la-Ville.  Al  Sur, 
el  ejército  Degoutte,  tras  de  haber  desbordado  las  al- 
turas Este  de  Grisolles,  sobrepasó  en  gran  extensión 
el  camino  SoissonsChateau-Thierry,  más  allá  de  Ko- 
court  y  en  los  bosques  de  Chátelet  hasta  Brécy,  que 
quedó  ocupado. 

En  el  fondo  de  la  bolsa,  las  tropas  yanquis,  des- 
pués de  haber  desembocado  en  los  linderos  septentrio- 
nales de  los  bosques  situados  entre  Epieds  y  Charté- 
ves, se  establecieron  más  allá  de  Courpoil,  franquean- 
do el  Marne  por  numerosos  puntos  hasta  Dormans  y 

progresando  en 
los  flancos  del 
desfiladero  cons- 
tituido, al  Norte 
de  Jaulgonne, 
por  los  bosques 
de  F«'re  y  de  Ris. 
Entre  el  Mar- 
ne y  Reims,  los 
combates  fueron 
particularmente 
rudos,  pues  los 
alemanes  repe- 
tían violentos 
contraataques 
en  los  bosques 
del  Rey  y  de 
Courton.  No  obs- 
tante, las  tropas 
franco-inglesas 
seguían  ganan- 
do terreno  al 
Oeste  de  Santa 
Eufrasia,  entre 
el  Ardre  y  Vrigny  y  en  los  alrededores  de  Bligny. 

Hacia  el  día  25,  continuaba  el  desarrollo  de  la  ba- 
talla en  torno  á  Soissons.  Entre  esta  ciudad  y  Reims, 
los  alemanes,  á  tiempo  de  que  efectuaban  su  difícil 
retirada,  pretendían  organizarse  en  una  línea  de  resis- 
tencia. 

En  la  tarde  del  mismo  día,  el  ejército  Mangin  tenía, 
del  Oeste  de  Soissons  al  Este  de  Oulchy-le-Cháteau, 
una  línea  casi  recta.  Durante  la  jornada,  había  to- 
mado Villemontoire,  y  después  de  Oulchy-la-Ville,  el 
pueblo  de  Oulchy-le-Cháteau. 

Al  Sur  del  Ourcq,  el  ejército  Degoutte,  con  las 
tropas  norteamericanas,  había  franqueado  el  arroyo 
de  Nanteuil,  tomando  el  pueblo  de  Coincy,  la  mayor 
parte  del  bosque  de  la  Tournelle  y  progresando  en  el 
bosque  de  Fere  hasta  la  altura  de  la  línea  Beuvardes- 
le-Channel. 

El  ejército  Mitry  había  penetrado  á  gran  distancia 
en  el  bosque  de  Ris  y  continuaba  bordeando  la  orilla 
meridional  del  Marue,  entre  Dormans  y  Reuil. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


181 


Por  último,  el  ejército  Berthelot  seguía  luchando 
bravamente  á  ambos  lados  del  valle  superior  del  Ar- 
dre,  especialmente  eutre  Santa  Eufrasia  y  Vrigny,  en 
torno  á  la  cota  240,  que  acabó  por  ocupar  definitiva- 
mente. 

El  día  26,  á  orillas  del  Marne,  los  alemanes  eran 
arrojados  de  Reuil  y  rechazados  en  la  región  Norte  de 
Port-;i-Binson.  Al  mismo  tiempo,  en  el  frente  de  Cham- 
paña, el  general  Gouraud  reconquistaba  la  famosa 
Mano  do  Massiges  y  cerraba  una  serie  de  operaciones 
locales  con  las  que,  al  Este  del  Suippe,  había  recupe- 
rado una  parte  del  terreno  voluntariamente  abando- 
nado á  la  ofensiva  alemana  del  15  de  Julio. 

Del  26  al  27  daban  los  alemanes  la  primera  señal 
de  retirada;  aun- 
que ésta  se  espe- 
raba, su  eviden- 
cia fué  acogida 
por  las  tropas  de 
la  Entente  con 
extraordinario 
júbilo,  que  se 
traducía  en  una 
acometividad  in- 
comparable. 

La  retirada  ale- 
mana se  orienta- 
ba hacia  el  Vesle 
y  su  extensión 
era  de  importan- 
cia, toda  vez  que 
abarcaba  un  arco 
de  unos  30  kiló- 
metros y  que  se 
extendía  des- 
de el  valle  del 
Ourcq  hasta  el 
del  Ardre. 

En  la  tarde  del  20,  acosadas  por  nuestras  tropas, 
las  retaguardias  imperiales  ya  señalaban  su  repliegue 
en  la  linea  general  Bruñeres- Villeneuve-sur-Fére- 
Courmont-Passy-Crrigny-Cuisles-Neuville-aux-Larris- 
Chaumuzy. 

El  27  y  el  28,  los  ejércitos  Degoutte  y  Mitry,  donde 
formaban  las  tropas  yanquis,  acosaron  á  los  alemanes 
en  retirada.  Sucesivamente  fué  alcanzada  la  orilla  su- 
perior del  Ourcq,  ocupado  Fére-en-Tardeuois  y  sobre- 
pasado el  bosque  de  Ris. 

Mientras  el  centro  de  los  ejércitos  alemanes  reñuía 
de  este  modo  hacia  el  Norte,  su  derecha  había  perma- 
necido inmóvil  eutre  la  región  de  Soissons  y  la  de 
Oulchy-le-Cháteau,  de  suerte  que  creaba  un  sector  an- 
gular ofrecido  á  la  acometida  del  ejército  Mangin. 

Éste  se  lanzó  al  ataque  el  día  29,  apoderándose  del 
cerro  de  Chalmont  que  domina  la  orilla  septentrional 
del  Ourcq  y  avanzando  después  hacia  las  crestas  don- 
de nace  la  meseta  de  Crise. 

Pero  en  esta  misma  jornada,  la  resistencia  alema- 


HKl'KCXOHiO  DEL  CONVENTO  DE  YYIEON   EN   KL   MONTE  ATHoS 


na  comenzó  á  afirmarse  en  el  conjunto  del  frente  de 
batalla.  En  algunos  puntos  las  tropas  franco-yanquis 
tenían  que  conquistar  el  terreno  paso  á  paso. 

El  30  y  31  do  Julio,  la  situación  no  sufrió  impor- 
tantes modificaciones. 

Después  de  varios  días  de  desesperadas  tentativas 
para  atenuar  la  importancia  de  la  derrota,  la  prensa 
alemana  se  ocupaba  de  la  situación  militar  y  se  deci- 
día á  confesar  el  fracaso  de  Ludendorff. 

Un  periódico  inglés,  el  Moming  Post,  hacía  las  si- 
guientes manifestaciones: 

«El  genio  del  mando  francés  y  el  heroísmo  de  sus 
tropas,  sin  olvidar  los  servicios  prestados  por  las  tro- 
pas yanquis,  infligieron  á  los  alemanes  una  grave  de- 
rrota. 

Conocemos 
bastante  el  he- 
roísmo francés, 
que  inmortaliza- 
rá la  segundaba- 
talla  del  Marne, 
quedando  por sa- 
ber detalles  de 
las  acciones  de 
nuestros  solda- 
dos. 

La  victoria 
trae  consecuen- 
cias que  afectan 
directamente  á 
la  vida  nacional 
de  los  vencidos. 
Los  alemanes 
se  nutren  de  los 
boletines  oficia- 
les, que  ocultan 
ó  disfrazan  la 
verdad,  pero  es 
evidente  que  hasta  los  más  crédulos  están  convenci- 
dos de  que  la  ofensiva  fué  un  completo  fracaso.» 

Al  mismo  tiempo,  el  corresponsal  de  guerra  de  Le 
Journal  hacía  resaltar  en  los  siguientes  términos  la 
importancia  de  la  victoria  obtenida  por  las  tropas 
aliadas  al  Norte  del  Marne  en  la  famosa  bolsa  que  ha- 
bían tenido  que  evacuar  los  alemanes: 

«Estuvo  ocupada  esta  bolsa  por  una  fuerte  guarni- 
ción enemiga,  la  cual  había  sido  aumentada  conside- 
rablemente en  vista  de  la  ofensiva,  con  el  fin  de  poder 
sacar  rápidamente  todo  el  partido  que  los  alemanes  se 
habían  prometido  de  su  reciente  y  fracasada  ofensiva. 
Cuando  tuvo  que  pasar  á  la  defensiva  tenía  á  su 
alcance  fuertes  núcleos  de  reserva  y  un  material  sus- 
ceptible de  poder  ser  emplazado  en  los  puntos  sensibles 
y  tenía  además  la  ventaja  de  poseer  excelentes  carre- 
teras y  varias  vías  férreas.  Recorriendo  el  campo  de 
batalla  y  las  ricas  comarcas  evacuadas  por  el  enemigo, 
produce  estupefacción  el  avance  realizado  por  nuestras 
tropas,  pese  á  la  formidable  fuerza  del  ndversario.» 


182 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


A  pesar  de  los  esfuerzos  de  la  prensa  alemana  y  de 
las  agencias  de  propaganda,  dirigidas  á  ocultar  la  do- 
rrota  del  Mame,  la  importancia  de  las  recientes  ope- 
raciones militares  no  se  podía  ocultar  á  los  países  neu- 
trales ni  á  las  propias  nacionalidades.  Noruega,  por 
ejemplo,  en  boca  de  su  corresponsal  del  Morgcnhhnht , 
el  cual  siempre  había  manifestado  una  profunda  admi- 
ración por  la  pericia  militar  alemana,  decía  que  aun- 
que la  retirada  había  proporcionado  á  los  alemanes 
algunas  ventajas,  es  evidente  que  la  habían  efectuado 
sólo  impulsados  por  la  necesidad.  Su  ofensiva  de  Julio, 
la  quinta  que  proyectaron  en  gran  escala,  terminó 
con  una  manifiesta  derrota,  y  los  aliados  podían  regis- 
trar su  primera  y  decisiva  victoria  del  año  1918. 

La  derrota  alemana  era  especialmente  significativa 
en  estas  circunstancias,  pues  había  que  atribuirla  en 
gran  parte  á  los  norteamericanos. 

La  Shiping  Gazettc  ponía  de  relieve  que,  para  los 
alemanes  y  su  reputación,  la  retirada  era  un  serio 
golpe,  especialmente  si  se  recordaba  que  ésta  fué  la  ■ 
mayor  ofensiva  que  ellos  proyectaron  en  Occidente. 
Noruega,  que  es  donde  se  aquilataba  con  más  exacti- 
tud el  estado  moral  del  ejército  alemán,  reflejaba  en 
el  Social  Bemol;  ral  en  su  opinión  sobre  la  presente 
derrota,  diciendo  que  el  disgusto  ocasionado  en  Ale- 
mania era  extraordinariamente  grande.  Añadía  que 
toda  la  prensa  alemana  había  querido  incitar  á  Hinden- 
burg  y  Ludeudorff  para  que  hicieran  un  supremo  es- 
fuerzo por  entrar  en  París,  y  el  pueblo  alemán  creía 
que  mediante  un  notable  hecho  de  armas  había  de  lo- 
grarlo en  Mayo  ó  en  Junio. 

La  depresión  de  ánimo  era,  pues,  evidente. 

A  primeros  de  Agosto,  la  prensa  francesa  publi- 
caba la  siguiente  nota  oficiosa: 

I  a  radiograma  de  Ñauen  del  día  27  de  Julio  pre- 
tende que  los  batallones  senegaleses  que  entraron  en 
fuego  delante  de  Reims  sólo  avanzaron  por  medios  de 
coacción.  Se  les  había  contado  las  cosas  más  horribles 
que  les  esperaban  en  el  caso  de  caer  con  vida  en  ma- 
nos de  los  alemanes,  y  por  otra  parte,  ametralladoras 
y  baterías  emplazadas  convenientemente  debían  tirar 
sobre  ellos  en  el  caso  de  que  tuvieran  ánimo  de  retro- 
ceder. 

Las  radiogramas  de  Ñauen  tienen  el  encargo  de 
propagar  estas  absurdas  historias  para  dar  confianza  á 
la  opinión  alemana.  En  todo  caso,  no  es  muy  hábil  ni 
muy  inteligente  presentar  como  impotentes  unas  tro- 
pas ante  las  cuales  se  retira  el  enemigo.  Si  se  conce- 
diera importancia  á  esto,  se  podría  sacar  la  conclu- 
sión de  que  los  soldados  alemanes  son  muy  insigni- 
ficantes para  ceder  ante  tropas  que  consideran  tau 
cobardes. 

Los  franceses  no  suelen  precisar  el  valor  militar  de 
sus  adversarios,  pero  queremos  poner  de  relieve  el 
hecho  de  que  son  precisamente  los  radiogramas  de 
Ñauen  los  que  con  la  más  extraordinaria  inconscien- 
cia echan  el  descrédito  sobre  las  tropas  alemanas  con 
sus  invenciones.  El  radiograma  en  cuestión  cree  de- 


ber contar  que  los  senegaleses  no  ticuen  el  derecho  de 
escribir  á  los  suyos  mas  que  una  vez  por  mes.  Esto  es 
totalmente  falso.  Escriben  cuando  quieren  y  se  les  in- 
cita para  que  lo  hagan.  Además,  los  jefes  de  batallón 
hacen  enviar  regularmente  una  vez  por  mes  á  sus 
familias  noticias  de  aquellos  que  no  escriben  por  pe- 
reza ó  por  ignoraucia.» 

Por  la  misma  fecha,  un  corresponsal  norteameri- 
cano describía  la  situación  de  las  regiones  por  donde 
habían  pasado  los  alemanes  en  retirada,  y  decía: 

«En  Cháteau-Thierry  hay  gran  número  de  paque- 
tes abandonados  por  los  alemanes,  los  cuales  contie- 
nen una  gran  cantidad  de  efectos  de  varias  clases.  En 
unos  hay  ornamentos  de  sacerdote;  otros  contienen 
víveres;  otros,  hilo  telegráfico,  adornos  de  metal  de 
todas  clases.  Difícilmente  se  podrán  encontrar  regiones 
donde  haya  más  diversidad  de  objetos.  Los  bosques  y 
ríos  están  sembrados  de  cadáveres  alemanes.  Hay  tam- 
bién en  gran  número  los  caballos  muertos  por  los  ga- 
ses. En  toda  la  región  hay  grandes  hoyos  y  trincheras 
que  denotan  el  paso  del  ejército.  En  muchos  de  ellos 
hay  ametralladoras  tiradas  por  el  suelo,  y  no  es  raro 
encontrar  heridos  que  agonizan  y  que  se  ve  mani- 
fiestamente que  corrían  á  esconderse  en  alguna  trin- 
chera.» 

Por  otra  parte,  el  comunicado  oficial  francés  del 
1.°  de  Agosto  se  expresaba  en  estos  términos: 

«Al  Norte  del  Ourcq,  los  franco-ingleses  arrojaron 
al  enemigo  de  las  posiciones  en  que  se  defendía  con 
energía,  entre  la  región  Plessier-les-Hulus  y  el  río. 

Los  franceses  han  tomado  por  asalto  la  altura  al 
Norte  de  Grand  Rozoy;  han  rebasado  la  aldea  de  Beau- 
quex,  llegando  á  Cramoisille  y  Crainalle,  realizando 
en  este  punto  un  avance  de  unos  tres  kilómetros.  Hi- 
cimos 600  prisioneros. 

Más  al  Sur,  nos  apoderamos  de  Cierges  y  del  bos- 
que Meuniére.  Al  Norte  de  la  cirretera  Dormans- 
Reims,  nuestros  destacamentos  conquistaron,  después 
de  tenaz  lucha,  Romigny,  haciendo  unos  cien  prisio- 
neros. 

El  número  total  de  prisioneros  hechos  en  el  frente 
del  Mame  y  en  Champaña,  en  el  período  comprendido 
entre  el  15  y  el  30  de  Julio,  asciende  á  33.400;  de  ellos, 
674  oficiales.» 

Veamos  ahora  el  parte  del  kronprinz: 

«Al  este  de  Fére-en-Tardenois,  emprendieron  los 
franceses  violentos  ataques  parciales. 

Rechazamos  al  enemigo,  con  un  contraataque,  á 
sus  posiciones  de  salida. 

En  el  resto  del  frente,  duelos  de  artillería  do  inten- 
sidad intermitente  y  combates  locales. 

Al  Nordeste  de  Perthes,  intentó  el  enemigo,  des- 
pués de  fuerte  preparación  de  artillería,  reconquistar 
el  punto  de  apoyo  que  les  fué  arrebatado  el  30  de  Julio 
por  nuestras  tropas.  El  adversario  fué  rechazado  con 
pérdidas. 

Nuestras  tropas  realizaron  un  afortunado  ataque 
al  Sur  del  monte  Fichelberge  y  en  Argona.» 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


183 


La  toma  de  Romigny,  anunciada  en  el  precedente 
comunicado  francés,  constituyó  un  brillante  hecho  de 
arma6.  El  ataque  fué  efectuado  por  cuatro  batallones, 
después  do  una  breve  pero  intensa  preparación  de  ar- 
tillería. Dos  batallones  de  los  que  efectuaron  el  ata- 
que habían  soportado  catorce  días  de  combates  conti- 
nuos, y  el  avance  de  nuestras  tropas  fué  tal,  que  pudo 
temerse  en  algunos  momentos  verlas  cogidas  bajo  el 
fuego  de  los  cañones  aliados.  Los  alemanes  descubrie- 
ron súbitamente  su  presencia  por  el  formidable  tiro  de 
sus  ametralladoras,  del  bastión  Oeste  de  Romigny, 
tirando  sobre  la  carretera  nacioual  de  Ville-en-Tarde- 
nois,  donde  las  fuerzas  franco-yanquis  se  encontraban 
agrupadas  para  el  último  asalto.  El  momento  de  an- 
gustia fué  corto. 
Los  oficiales  y 
soldados,  for- 
mando pequeños 
grupos,  lanzá- 
ronse al  ataque, 
pasándola  líuea. 
Al  mismo  tiem- 
po los  otros  dos 
batallones  ro- 
deaban atrevida- 
mente la  aldea, 
mientras  los  se- 
negaleses  pene- 
traban en  Ro- 
migny, despe- 
jando la  pobla- 
ción y  haciendo 
más  de  cien  pri- 
sioneros. 

Otra  nota  ofi- 
ciosa decía  así, 
hablando  de  las 
pérdidas  ale- 
manas: 

«En  su  avance  victorioso,  las  tropas  aliadas  com- 
prueban cada  día  más  la  gravedad  de  las  pérdidas  en 
hombres  y  material  experimentadas  por  los  alemanes 
en  la  bolsa  que  tuvieron  que  evacuar.  Los  campos  y 
las  carreteras  están  sembrados  de  cadáveres.  El  botín 
cogido  aumenta  constantemente,  no  habiendo  podido 
hacerse  aún  la  recapitulación.  Las  primeras  cifras  que 
se  conocen  son  considerables.  Así,  se  ha  podido  contar 
hasta  ahora  más  de  un  millón  de  granadas  de  77.  Son 
también  muy  numerosos  los  cañones,  ametralladoras 
é  instrumentos  de  zapadores  que  han  caído  en  poder 
nuestro.  De  ello  se  desprende  cuan  grandes  fueron 
los  sacrificios  del  enemigo  para  escapar  de  nuestro 
envolvimiento.  Se  ha  descubierto  también  el  emplaza- 
miento de  varios  cañones  de  .'J80,  destinados  á  caño- 
near nuestras  líneas  y  los  nudos  ferroviarios  estra- 
tégicos. Los  trabajos  de  instalación,  que  son  con- 
siderables y  que  exigen  al  menos  seis  semanas,  no 
estaban  aún  acabados,  pero  sí  las  plataformas,  com- 


KL  GENERAL  FAYOLLB  CONDECORAN 
DB  UN  BBGIMIBNTO  DB 


puestas  de  planchas  de  acero  superpuestas  y  unidas 
entre  ellas  por  capas  de  cemento  armado  cou  unos  cua- 
tro metros  de  espesor.  La  enormidad  de  estos  trabajos 
emprendidos  en  la  bolsa  del  Mame  bastaría  para  pro- 
bar que  los  alemanes,  contrariamente  á  su  afirmación, 
tenían  el  propósito  de  mantenerse  en  dicha  bolsa.  Es, 
pues,  únicamente  bajo  la  victoriosa  prosión  de  las 
tropas  aliadas  por  lo  que  optaron  á  retirarse.» 

El  día  5,  el  presidente  del  Consejo,  M.  Clemenceau, 
acompañado  de  los  ministros  Loucheur,  Tardieu  y  del 
general  Mordacq,  visitó  el  frente  de  la  región  de  Sois- 
sons,  donde  felicitó  á  los  cazadores  de  infantería.  Al 
día  siguiente  regresó  á  París,  satisfecho  y  animoso 
como  nunca.  A  propósito  de  la  ofensiva,  dos  notables 

críticos  milita- 
res, el  coman- 
dante De  Ci- 
vrieux  y  el  te- 
niente coronel 
Rousset,  decían 
así,  respectiva- 
mente: 

«El  kronprinz 
había  metido  sus 
tropas  en  un  ca- 
llejón sin  sali- 
da, haciéndolo 
con  la  mayor 
audacia,  en  la 
creencia  de  nues- 
tra inmovilidad; 
pero  empezó  la 
ofensiva, yenun 
corto  espacio  de 
tiempo  nuestro 
ataque  por  sor- 
presa pudo  des- 
envolverse pro- 
gresivamente, 
llegando  á  una  maniobra  envolvente,  colocando  con 
ella  al  adversario  en  una  situación  muy  delicada.  En- 
tonces, con  energía,  los  jefes  del  ejército  lanzan  á  los 
soldados  franceses  y  aliados  á  realizar  los  planes  del 
jefe  supremo,  y  la  curva  que  amenazaba  á  París  fué 
limpiada  de  las  masas  acumuladas  en  ella. 

La  maniobra  inicial  ha  llegado  á  su  término.  Nues- 
tras tropas  han  quedado  ahora  en  dirección  paralela, 
y  la  excelente  maniobra  de  Foeh,  ejecutada  por  sus 
subordinados,  está  virtualmente  terminada  con  éxito 
total,  pudiendo  tener  otro  éxito  en  la  persecución.» 

«Es  difícil — decía  á  su  vez  el  segundo  de  los  cita- 
dos críticos — ,  es  difícil  en  la  hora  actual  prever  hasta 
dónde  proseguirá  el  avance  de  los  aliados,  pues  será 
coronado  por  alguna  maniobra,  de  la  que  no  se  ha 
ilicho  todavía  la  última  palabra,  y  que  completará  se- 
guramente esta  hermosa  operación  que  tan  lejos  nos 
ha  conducido.  Dos  resultados  de  importancia  capital 
hemos  conseguido:   el   ferrocarril   de  Chalous,   que 


DO   CON   LA   FORRAJERA   LA   BANDERA 
INFANTERÍA    FRANCESA 


184 


VICENTE  BLASCO  1BANEZ 


puede  ser  puesto  en  explotación,  y  el  estrechamiento 
tan  sensible  del  frente  alemán  que  se  ha  producido  en 
Picardía,  donde  el  príncipe  Rupprecht  dice  que  fué  en 
provecho  de  Guillermo,  disminuyendo  en  diez  divisio- 
nes (que  no  volverá  á  tener  nunca),  el  evacuar  la  orilla 
Oeste  del  Ancre,  ocupada  inmediatamente  por  los  in- 
gleses.» 

Al  presentirse  los  primeros  síntomas  de  la  derrota 
alemana,  un  periodista  visitó  el  gran  cuartel  general 
alemán;  parece  ser  que  Ludendorff  é  Hindenbnrg  su- 
plicaron al  corresponsal  de  guerra  que  les  visitó  que 
hiciera  su  apología  al  pueblo  alemán  por  la  derrota 
sufrida.  Decía  dicho  corresponsal  que  fué  invitado  al 
gran  cuartel,  en  donde  los  dos  caudillos  procedieron  á 
explicarle  la  ra- 
zón de  la  retira- 
da. Ludendorff, 
además,  debió 
decirquesuplan 
de  ataque  no  ha- 
bía tenido  éxito 
estratégico,  pero 
que  fué  táctico, 
porque  el  tiem- 
po y  el  lugar 
habían  sido  co- 
nocidos de  ante- 
mano por  sus 
adversarios. 

Además  le  di- 
ría que  había 
(juerido  eludir 
el  golpe  toman- 
do ciertas  me- 
didas y  adop- 
tando determi- 
nadas resolucio- 
nes, que  no  fue- 
ron desconocidas  para  el  alto  mando  francés. 

«Tan  pronto  como  la  continuación  del  ataque  fué 
un  hecho,  vimos  que  nos  habría  costado  muchos  hom- 
bres— dijo — ;  y  por  lo  mismo,  procuramos  ahorrarlos. 
Los  aliados  apreciarán  seguramente  esta  variedad  par 
ticular  del  éxito  táctico  alemán.  Sin  embargo,  hay 
que  poner  de  relieve  que  los  alemanes  suspendieron 
las  operaciones  y  se  retiraron  según  sus  planes,  con 
lo  cual  los  aliados  estuvieron  conformes.» 

El  alto  mando  alemán  hizo  cuanto  pudo,  aun  sacri- 
ficando las  reservas  del  príncipe  Rupprecht,  para  que 
la  retirada  no  pareciera  una  derrota.  Pero  no  se  hizo 
sino  cuando  la  derrota  fué  manifiesta  y  después  que 
Foch  motivó  la  retirada  de  una  manera  inevitable. 
Aunque  Ludendorff  afirmó  que  su  objetivo  fué  el  aho- 
rro de  hombres,  lo  cual  era  una  tácita  confirmación  de 
las  pérdidas  sufridas  por  los  alemanes,  no  hablaba  del 
desengaño  de  los  soldados  alemanes  al  ver  que  no  era 
posible  cumplir  el  ideal  de  «hacia  París»,  pues  la  frase 
se  hubiera  convertido  fácilmente  en  «hacia  la  muerte». 


MONJES   DE  LA   THESALÍA 


Continuando  Ludendorff  sus  excusas,  dijo: 
«Nuestro  objetivo  no  es  ganar  terreno  y  conser- 
varlo á  cualquier  precio,  sino  debilitar  las  fuerzas  del 
enemigo.  Las  ventajas  territoriales  en  el  Mame  no 
son  mas  que  fases  que  expresan  transitorias  emocio- 
nes, sin  resultado  para  el  fin  de  la  guerra.» 

Al  asegurar  Ludendorff  al  pueblo  alemán  que  la 
presente  guerra  no  es  cuestión  de  terreno,  la  radiote- 
legrafía alemana  expresaba  las  pérdidas  territoriales 
de  la  Entente  durante  los  cuatro  años  de  guerra,  y  las 
ponía  de  relieve,  como  indicación  de  la  invulnerabili- 
dad  de  Alemania. 

Podría  ser  que  Alemania  no  tuviese  entonces  tal 
intención;  sin  embargo,  los  hechos  axplicaban  clara- 
mente que  aban- 
donó el  enemi- 
go todas  las  es- 
peranzas de  lo- 
grar estos  ob- 
jetivos, los  cua- 
les en  la  prima- 
vera no  parecían 
ser  otros  que  la 
conquistado  Pa- 
rís, Amiens  y  de 
todos  los  puertos 
del  canal. 

El  general 
Foch  no  daba  ni 
un  momento  de 
descanso  al  ene- 
migo en  retira- 
da. Los  aliados, 
por  su  parte, 
perseguían  á  los 
alemanes  á  tra- 
vés del  Vesle, 
donde,  según  un 
comunicado  francés,  habían  intentado  resistir. 

Durante  la  semana  anterior,  los  alemanes  se  habían 
retirado  no  sólo  en  la  línea  del  Vesle  y  del  Aisne,  sino 
también  en  el  Avrey  en  las  cercanías  del  Ancre.  Esto 
podía  considerarse  como  una  indicación  de  la  necesi- 
dad de  economizar  hombres,  consecuencia  directa  de 
las  pérdidas  infligidas  por  las  tropas  francesas.  Las 
grandes  cantidades  de  municiones  tomadas  por  los 
aliados  en  los  terrenos  reconquistados  y  las  carreteras 
y  campos  sembrados  de  cadáveres  alemanes  eran 
claro  indieio  del  fracaso  teutón.  La  inmensidad  de  las 
obras  tomadas  en  la  bolsa  del  Mame  demostraba  que 
los  alemanes,  contrariamente  á  sus  declaraciones,  se 
habían  visto  forzados  á  cambiar  de  plan,  y  aunque  la 
frase  de  Ludendorff  «tenemos  ya  bastante  suelo  ene- 
migo conquistado»  era  verdadera,  sin  embargo,  no 
hubiera  despreciado  otra  considerable  porción  de  te- 
rreno y  la  captura  de  material  de  guerra.  Además  del 
gran  número  de  proyectiles,  entraban  también  en 
gran  número  los  cañones,  viéndose  los  alemanes  obli- 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


185 


gados  á  la  destrucción  de  gran  cantidad  de  material 
para  que  no  cayese  eu  poder  de  los  aliados.  No  dejaba 
también  de  tener  gran  importancia  la  retirada  á  am- 
bos lados  de  Albert. 

El  6  de  Agosto,  Jorge  V  envió  á  M.  Poincaré  el  si- 
guiente telegrama  de  felicitación: 

«Con  el  más  profundo  interés  y  admiración  sigo  el 
desarrollo  de  las  operaciones  aliadas  durante  las  últi- 
mas tres  semanas;  es  decir,  el  gran  ataque  del  enemigo 
en  dirección  á  París,  rechazado  por  el  potente  contra- 
ataque de  Foch,  y  cuyos  resultados  han  significado 
para  el  enemigo  el  verse  obligado  á  retirar  sus  fuerzas 
de  una  serie  de  posiciones  de  importancia  y  repasar 
el  Veslc,  donde  no  podrá  resistir  el  potente  ataque  de 
vuestras  valero- 
sas fuerzas  com- 
batiendo al  lado 
de  los  aliados  de 
su  misma  causa. 
Yo  os  felicito  ca- 
lurosamente, lo 
mismo  que  al 
ejército  francés, 
porel  talento  con 
que  se  ha  lleva- 
do á  cabo  la  ope- 
ración, dando  lu- 
gar á  la  esplén- 
dida victoria 
conseguida.)/ 

Comentando 
la  ofensiva  fran- 
cesa, decía  así 
en  La  Liberté  el 
teniente  coronel 
Rousset: 

«Ganamos  una 
hermosa  bata- 
lla, que  no  será  la  última,  pues  los  alemanes  han  que- 
dado de  tal  modo  situados  y  con  tal  desorden  material 
y  moralmente,  que  les  será  imposible  soñar  con  reanu- 
dar la  serie  de  aquellas  largas  ofeusivas  con  las  cuales 
contaban  para  conseguir  la  victoria.  Además,  la  ver- 
dadera superioridad  en  que  nos  hallamos  sobre  el  ene- 
migo permite  asegurarlo  y  aspirar  á  mayores  victo- 
rias. Esta  superioridad  se  ha  obtenido  gracias  al  ma- 
ravilloso estado  de  organización  de  las  tropas  y  la 
superioridad  en  el  mando,  á  más  de  la  admirable  bra- 
vura de  las  tropas  aliadas.  Los  alemanes,  rechazados 
hacia  Heims,  han  sido  rudamente  combatidos.  Somos, 
pues,  los  verdaderos  dueños,  y  nuestro  avance  hacia 
esta  ciudad  ha  comenzado  brillantemente  por  nuestras 
tropas  esta  mañana.» 

Días  después,  el  general  Mangin,  comandante  en 
jefe  del  ejército  al  Sur  del  Aisne,  que  dirigió  per- 
sonalmente el  victorioso  ataque  del  flanco  derecho  en 
la  ofensiva  alemana,  hizo  un  interesante  relato  á  un 
corresponsal  militar. 

TOMO'lI 


LA    FRAUUA    DBL   CONVBNTO    DE    YVIRON    EN    BL   MONTB   ATHOS 


Dijo  en  sus  declaraciones  que  lo  que  hizo  posible 
la  contraofensiva  fué  la  situación  creada  por  Gouraud 
en  Champaña,  el  cual  obligó  á  los  alemanes  á  destinar 
grandes  contingentes  para  defensa  del  flanco  izquier- 
do, con  lo  cual  el  flanco  derecho  quedó  desprovisto.  En 
esta  situación,  los  jefes  alemanes  fueron  incapaces  de 
conjurar  el  peligro  que  amenazaba  el  flanco  derecho  y 
tuvieron  que  hacer  preparativos  que  duraron  hasta  el 
día  ió,  que  fué  precisamente  cuando  comenzó  el  pro- 
greso francés,  tomando  posiciones  al  Sur  del  Aisne. 

El  alto  mando  alemán  no  creía  que  los  franceses 
tuvieran  las  reservas  necesarias  para  las  operaciones 
futuras. 

Así,  pues,  el  enemigo  dirigió  su  movimiento  hacia 

el  Marne,  y  allí 
formó  el  salien- 
te, y  mientras 
ellos  avanzaban, 
se  completaba  la 
preparación  de 
Mangin  y  De- 
goutte,  los  cua- 
les sólo  estabau 
esperando  la  or- 
den de  ataque, 
que  les  fué  dada 
el  18  de  Julio, 
mientras  que 
Gouraud  ataca- 
ba al  Oeste  de 
Reims  y  al  Sud- 
este el  general 
Berthelot  coute- 
nía  el  avance 
del  príncipe  he- 
redero. 

La  contraofen- 
siva cogió  á  los 
alemanes  de  sorpresa,  porque  no  creían  en  ella  y  por- 
que fué  iniciada  sin  preparación  de  artillería.  El  fuego 
de  protección  y  la  preparación  de  los  tanques  desti- 
nados al  asalto  fué  hecha  sin  ruido  alguno.  Así,  pues, 
en  cuanto  estuvo  todo  preparado,  se  inició  el  fuego  de 
artillería  en  todo  el  frente  y  las  fuerzas  de  Mangin 
hicieron  desde  el  principio  un  avance  de  cinco  millas. 
Al  día  siguiente,  el  ala  derecha  se  puso  en  contacto 
con  la  izquierda,  cerca  de  la  carretera  de  Cháteau- 
Thierry.  En  los  siguientes  días  hubo  tremendas  luchas, 
porque  los  alemanes  resistían  con  gran  tenacidad. 

En  cuanto  á  la  ocupación  de  Soissons  y  el  rápido 
movimiento  de  retirada  hacia  el  Vesle,  hay  que  tener 
en  cuenta  que  Grand-Rozoy  tiene  la  forma  de  un  gran 
estrecho  de  treinta  millas  de  largo  y  empieza  al  Oeste 
de  Barnouil  y  se  estrecha  hasta  pasado  Longpont  y 
Villers,  terminando  á  dos  millas  de  la  carretera  de 
Cháteau-Thierry.  Mangin  dispuso  el  grueso  de  su  ejér- 
cito á  lo  largo  del  flanco  hasta  alcanzar  las  alturas 
críticas  á  600  pies,  en  Ia3  cuales  estaban  los  alemanes 

u 


186 


VICENTE  BLASCO  1BAÑEZ 


para  mantener  sus  posiciones.  Estas  alturas  fueron 
defendidas  por  dos  divisiones,  las  reservas  de  la  Guar- 
dia y  las  bávaras,  y  detrás  la  18."  división  alemana 
que  fué  sacada  de  Arras.  Al  Norte  y  al  Sur  de  dichas 
alturas  había  dos  divisiones  inglesas,  las  cuales  se 
unieron  á  los  franceses  cuando  la  lucha  estaba  en  su 
punto  más  culminante. 

Su  llegada  fué  oportuna,  pues  tomaron  parte  en  el 
final  de  la  operación,  y  la  elevada  opinión  que  el  ge- 
neral Mangin  se  había  formado  de  sus  cualidades  bé- 
licas hizo  que  se  sirviera  de  ellas  para  dos  ataques, 
los  cuales  fueron  realizados  delante  de  dichas  alturas. 
La  división  de  reserva  alemana  desapareció  antes  de 
que  pudiera  ser  derrotada  y  su  retirada  se  hizo  con 
gran  desorden. 

El  día  6,  el  mismo  crítico  decía  así  eu  Le  Petit 
Parisién: 

«Detrás  de  sus  avanzadas  el  enemigo  empieza  á 
oponer  cierta  resistencia.  Ludendorff  busca  ganar 
tiempo  para  organizar  sus  posiciones,  en  espera  de 
poder  contener  nuestra  marcha  victoriosa,  pero  entre 
el  Aisne  y  el  Vesle  esto  parece  algo  difícil,  á  causa  de 
la  poca  anchura  del  campo  de  batalla,  contenido  entre 
las  orillas  de  los  dos  ríos.  Pudiera  ser  sobre  el  Chemin- 
des-Dames,  pero  sabemos  tomar  esta  posición,  desde 
donde  podemos  volver  á  empezar,  desbordándonos 
desde  aquí,  siendo  este  un  asunto  del  alto  mando,  que 
acaba  de  demostrar  lo  que  él  sabe  hacer,  y  aunque 
nuestros  avances  se  retrasen  un  poco,  los  proyectos 
del  enemigo  serán  trastornados  y  la  situación  volverá 
á  quedar  en  ventaja  nuestra.» 

Por  otro  lado,  queriendo  el  general  Mangin  agra- 
decer á  las  divisiones  británicas  que  habían  tomado 
parte  en  las  operaciones  victoriosas  su  brillante  actua- 
ción, hizo  pública  la  siguiente  orden  del  día: 

«Entrasteis  en  la  batalla  en  el  momento  más  rudo. 
El  enemigo,  vencido  una  primera  vez,  lanzaba  contra 
nosotros  sus  mejores  divisiones  en  número  más  con- 
siderable que  las  nuestras;  habéis  continuado  avan- 
zando palmo  á  palmo  á  pesar  de  la  resistencia  encar- 
nizada y  habéis  guardado  el  terreno  conquistado  á 
pesar  de  los  violentos  contraataques. 

Luego,  el  día  1.°,  os  apoderasteis,  al  lado  de  vues- 
tros camaradas  franceses,  de  la  cresta  que  domina 
toda  la  comarca  tendida  entre  el  Aisne  y  el  Ourcq, 
que  sus  defensores  tenían  orden  de  conservar  á  toda 
costa. 

Habiendo  fracasado  en  la  tentativa  para  recobrarla 
con  sus  últimas  empresas,  el  enemigo  tuvo  que  batirse 
en  retirada,  perseguido  y  empujado  durante  dos  kiló- 
metros. 

Todos  vosotros,  ingleses,  escoceses,  soldados  jóve- 
nes y  veteranos  de  Flandes  ó  de  Palestina,  habéis 
mostrado  las  magníficas  cualidades  de  vuestra  raza: 
valor  é  imperturbable  tenacidad.  Habéis  sido  la  admi- 
ración de  vuestros  compañeros  de  armas. 

Vuestro  país  estará  orgulloso  de  vosotros,  pues 
vuestros  jefes  y  vosotros  tenéis  grandísima  parteen 


la  victoria  que  acabamos  de  lograr  contra  los  bárbaros 
onemigos  de  los  pueblos  libres. 

Me  siento  dichoso  de  haber  luchado  á  vuestro 
frente  y  os  doy  las  gracias.» 

A  partir  del  !3  de  Agosto,  la  situación  se  estabilizó 
provisionalmente  en  el  Aisne  y  en  el  Vesle,  del  que 
los  aliados  ocupaban,  entre  Soissons  y  Reims,  las 
orillas  meridionales. 

En  este  momento,  la  brillante  contraofensiva  en- 
tablada el  18  de  Julio  por  el  generalísimo  do  los  ejér- 
citos aliados  estaba  cerrada.  La  bolsa  territorial  tra- 
zada por  el  kronpriuz  Federico  á  raíz  de  la  sorpresa 
del  Chemin-des-Dames  estaba  totalmente  borrada. 

El  frente  de  combate  ya  se  extendía  en  sentido 
rectilíneo  desde  el  Oise  hasta  el  Mosa. 


II 


Foch,  mariscal 

El  6  de  Agosto  los  ministros  de  Francia  se,  reunie- 
ron en  Consejo,  bajo  la  presidencia  de  M.  Poiucaré,  y 
á  propuesta  de  M.  Olemenceau,  el  Consejo  decidió 
elevar  al  general  Foch,  generalísimo  de  los  ejércitos 
aliados,  á  la  dignidad  de  mariscal  y  conferir  la  Meda- 
lla Militar  al  general  Petain. 

El  decreto  nombrando  al  general  Foch  mariscal  de 
Francia  iba  precedido  del  siguiente  informe: 

«París  6  de  Agosto  de  1918. — Señor  presidente  de 
la  República. — El  decreto  de  24  de  Diciembre  de  191(5 
resucitó  por  vez  primera  la  dignidad  de  mariscal  de 
Francia.  Tengo  el  honor  de  someter  á  vuestra  firma, 
en  nombre  del  gobierno,  y  puedo  afirmar  que  eu  nom- 
bre de  Francia  entera,  el  decreto  confiriendo  al  gene- 
ral Foch  esa  alta  recompensa  nacional. 

En  el  momento  en  que  el  enemigo,  por  medio  de 
una  ofensiva  formidable  dada  sobre  un  frente  de  cien 
kilómetros,  contaba  decidir  de  la  guerra  é  imponernos 
la  paz  á  su  antojo,  que  sería  la  esclavitud  del  mun- 
do, el  general  Foch  y  sus  admirables  soldados  han 
vencido. 

París  fuera  de  peligro;  Soissons,  Cliáteau-Thierry, 
reconquistados.  En  la  lucha,  más  de  doscientas  pobla- 
ciones libertadas,  35.000  prisioneros  y  700  cañones 
capturados.  Las  esperanzas  tan  altamente  proclama- 
das por  el  enemigo  destruidas  completamente.  Los 
ejércitos  aliados,  en  un  solo  impulso  victorioso,  lan- 
zados desde  las  orillas  del  Marne  hasta  las  riberas  del 
Aisne.  Estos  son  los  resultados  de  una  maniobra  tan 
admirablemente  concebida  por  el  alto  mando,  secun- 
dado por  sus  jefes  incomparables. 

La  confianza  puesta  por  la  República  y  todos  los 
aliados  en  el  vencedor  del  pantano  de  Saint-Goud,  del 
Yser  y  del  Somme  fué  plenamente  justificada. 

La  dignidad  de  mariscal  conferida  al  general  Foch 
no  será,  pues,  solamente  un  premio  merecido  á  sus 
servicios  pasados,  sino  que  consagrará  en  el  porvenir 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


187 


la  autoridad  del  gran  guerrero  llamado  á  conducir  ;i 
los  ejércitos  aliados  á  la  victoria  definitiva.» 

En  la  época  de  la  movilización,  el  entonces  gene- 
ral Foch  mandaba  el  '¿0.°  cuerpo  de  ejército.  Coloca- 
do cuando  la  primera  batalla  del  Mame  al  frente  de 
un  ejército,  fué  él  quien  reconquistó  la  Fcre  Champe- 
noise  y  Mondemont,  rechazando  á  la  Guardia  prusiana 
sobre  los  pantanos  de  Saint-Goud,  donde  sufrió  el  más 
grave  de  los  fracasos. 

Seguidamente,  en  el  Yser  y  en  el  Somme,  actuó 
brillantemente  como  jefe  de  los  ejércitos  del  Norte; 
por  aquella  época  se  le  mantuvo  en  activo,  en  razón 
de  los  grandes  servicios  que  había  prestado.  El  16  de 
Mayo  de  1917  era  nombrado  jefe  del  Estado  Mayor  ge- 
neral, reemplazando  á  Petain,  y  finalmente,  el  31  de 
Marzo  de  1918,  en  plena  ofensiva  alemana,  los  gobier- 


desea,  al  felicitaros,  felicitar  también  á  las  valientes 
tmpas  que  tan  admirablemente  respondieron  á  vuestro 
llamamiento.» 

La  citación  que  acompañaba  al  cuadro  especial  para 
la  concesión  de  la  Medalla  Militar  al  general  Petain, 
comandante  en  jefe  de  los  ejércitos  del  Norte  y  Nor- 
oeste, decía  lo  siguiente: 

«Durante  el  curso  de  la  guerra  y  en  los  diferentes 
puestos  ocupados,  de  general  de  brigada,  de  división, 
de  cuerpo  de  ejército,  de  grupo  de  ejércitos  y  del  ejér- 
cito francés,  dio  siempre  pruebas  de  las  más  bellas 
cualidades  morales  y  técnicas  el  soldado  cuya  alma 
no  ha  cesado  de  dar  pruebas  brillantes  del  más  puro 
espíritu  del  deber  y  una  alta  abnegación.  Ha  sabido 
siempre  mantener  en  los  ejércitos  á  sus  órdenes  una 
disciplina  firme  y  benévola.  Sostuvo  eu  el  más  alto 


AVANCE  DB  UN  BATALLÓN  fKANOÉS  CBHCa  I>K  FKKSCaMI'S 


nos  francés  é  inglés  le  daban  el  encargo  de  coordinar 
la  acción  de  las  tropas  aliadas  en  el  frente  Oeste. 

A  raíz  del  citado  homenaje,  la  Oficina  de  la  Prensa 
comunicaba  el  siguiente  telegrama  dirigido  por  Sir 
Henry  Wilson,  jefe  del  Estado  Mayor  imperial,  al  ma- 
riscal Foch,  jefe  de  los  ejércitos  aliados  en  Francia: 

«Os  felicito  cordialmente  por  la  distinción  que  os 
ha  concedido  el  gobierno  nombrándoos  mariscal  de 
Francia.  Todos  los  soldados  ingleses  han  seguido  con 
profundo  interés  el  desarrollo  de  la  segunda  batalla 
del  Mame,  en  la  que  vuestra  brillante  dirección  supo 
poner  de  manifiesto  las  admirables  cualidades  del 
ejército  francés.  Nuestra  antigua  amistad  me  da  de- 
recho á  manifestaros  la  profunda  satisfacción  que  me 
produce  saber  que  mi  antiguo  amigo  y  compañero 
de  armas  haya  recibido  tan  grau  distinción  de  su 
pueblo.^) 

Otra  de  las  felicitaciones  más  cordiales  era  la  del 
primer  ministro  inglés.  Decía  así  Lloyd  George: 

«El  Gabinete  de  Guerra  os  envía  sus  más  cordiales 
felicitaciones  por  vuestro  nombramiento  de  mariscal 
de  Francia.  El  Gabinete  de  Guerra  de  la  Gran  Bretaña 


grado  la  moral  de  sus  tropas,  exaltaudo  su  confianza, 
lo  cual  le  ha  hecho  indudablemente  acreedor  á  títulos 
de  imperecedero  reconocimiento  nacional  al  romper  la 
avalancha  alemana  y  rechazándola  victoriosamente.» 

Días  después,  con  ocasión  de  una  brillante  cere- 
monia, el  presidente  de  la  República  entregó  á  Foch 
el  bastón  insignia  de  su  nueva  dignidad,  dirigiéndole 
luego  una  alocución,  en  la  que  se  declaró  satisfechísi- 
mo de  dar  á  Foch  las  insignias  tradicionales  do  la 
alta  dignidad  que  el  gobierno  de  la  República  le  había 
conferido. 

«Desde  el  principio  de  la  guerra — continuó  dicien- 
do M.  Poiucaré — ,  en  los  cargos  diferentes  que  habéis 
ocupado,  justificasteis  con  brillantez  cada  vez  mayor 
todas  las  esperanzas  que  desde  los  tiempos  de  paz  el 
ejército  había  puesto  en  vos. 

Fecundada  al  contacto  de  los  hechos  la  fuerte  doc- 
trina que  exponíais  eu  otro  tiempo  á  vuestros  alum- 
nos, ha  dado  en  seguida  el  fruto  de  las  victorias  con- 
seguidas.» 

M.  Poincaré  recordó  las  definiciones  favoritas  de 
Foch,  especialmente  ésta:  «La  victoria  es  la  superio- 


188 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


ridad  moral  en  el  vencedor  y  la  depresión  moral  en  el 
vencido.» 

Y  añadió  después: 

«Esta  superioridad  moral  la  habéis  mantenido  como 
un  fuego  sagrado. 

Disteis  pruebas  de  las  mismas  virtudes  militares 
cuando  fuisteis,  como  jefe  del  Estado  Mayor  general, 
consejero  técnico  del  gobierno,  y  lo  mismo  cuando 
fuisteis  del  otro  lado  de  los  Alpes  á  poneros  de  acuer- 
do con  el  mando  aliado  para  la  defensa  del  Piave,  el 
Marne  de  Italia. 

Pero  fué  especialmente 
en  las  jornadas  trágicas 
del  24,  25  v  26  de  Marzo  úl- 
timo cuando  disteis  la  me- 
dida de  vuestro  carácter, 
y  que  vuestra  libertad  de 
espíritu ,  vuestra  sangre 
fía,  vuestra  clarividen- 
cia, se  impusieron.  Desde 
que,  gracias  á  la  geuerosa 
adhesión  de  los  gobiernos 
británico  y  norteamerica- 
no, estuvisteis  revestido 
del  mando  en  jefe  de  los 
ejércitos  aliados,  os  dedi- 
casteis á  realizar  la  uni- 
dad de  acción  estratégica 
tan  necesaria  ante  la  po- 
tencia de  organización  y 
disciplina  de  Alemania,  y 
apenas  las  primeras  formi- 
dables olas  habían  asalta- 
do el  frente,  con  sabias 
operaciones  sucesivas 
combinadas,  sorprendis- 
teis y  derrotasteis  al  ene- 
migo, rompisteis  su  ofen- 
siva, desconcertasteis  sus 
planes,  agotasteis  sus  me- 
jores reservas,  capturas- 
teis en  masa  sus  hombres,  sus  cañones,  sus  ametra- 
lladoras, sus  municiones.» 

El  presidente  de  la  República  terminó  diciendo: 
«Gloria  á  vos,  mariscal,  y  á  todos  los  ejércitos  que 
mandáis.  Si  no  sois  de  los  que  se  dejan  abatir  por 
el  peligro,  tampoco  sois  de  aquellos  á  quienes  des- 
lumhra la  victoria.  No  creéis  que  estemos  ya  al  final 
de  nuestros  esfuerzos  y  de  nuestros  sacrificios.  Os 
guardáis  tanto  del  optimismo  como  del  abatimiento. 
Vuestra  confianza  razonada  nos  pide  que  continue- 
mos armados  de  paciencia  y  con  la  voluntad  en  ten- 
sión para  obrar  sin  fatiga  y  para  aniquilar  la  acción 
del  enemigo.  Podéis  estar  seguro  de  que  vuestro  lla- 
mamiento será  oído  por  el  gobierno,  por  la  República 
y  por  todos  los  gobiernos  asociados.  Vuestros  magní- 
ficos ejércitos  son  dignos  de  sus  esfuerzos.  Queremos 
vencer,  y  venceremos.» 


EL   MARISCAL   FOCH 


III 


Gran  ofensiva  de  los  ejércitos  aliados.  —  Ata- 
que franco-británico. — Victoria  del  Santerre 

Finalizada  la  batalla  del  Tardenois  el  5  de  Agosto 
ante  el  frente  rectilíneo  del  Aisne  y  del  Vesle,  el  ma- 
riscal Foch  no  debía  perder  ni  un  instante  para  lanzar 
un  nuevo  golpe  contra  los  ejércitos  alemanes.  Así,  él 

afirmaría  de  una  sola  vez 
la  iniciativa  de  los  alia- 
dos, la  potencia  do  sus 
medios  y  el  dominio  de  su 
generalísimo. 

Ya  hemos  visto  que,  en- 
tre el  Aisne  y  el  Marne, 
los  resultados  estratégi- 
cos obtenidos  por  el  kron- 
prinz  imperial  á  raíz  de 
la  sorpresa  del  Chemiu- 
des-Dames  habían  sido 
reducidos  á  la  nada. 

A  partir  de  entonces, 
mientras  la  mayor  parte 
de  las  reservas  disponi- 
bles alemanas  permane- 
cía empeñada  hacia  la 
Champaña,  tratábase  de 
reducir  el  saliente  ofensi- 
vo de  que  disfrutaban  los 
alemanes  como  ventaja  de 
su  primera  victoria  de  la 
primavera  de  1918.  Sobre 
todo,  había  gran  interés 
en  batir,  al  mismo  tiempo 
que  á  una  parte  de  las 
fuerzas  del  príncipe  de  Ba- 
viera,  á  ese  ejército  Von 
Huttier  que  por  dos  veces 
había  pretendido  marchar 
sobre  París.  La  situación  entre  el  Somme  y  el  Oise  se 
presentaba  análogamente  á  la  que  el  18  de  Julio  se 
había  ofrecido  ala  contraofensiva  franco-yanqui  entre 
el  Aisne  y  el  Marne. 

Hacia  el  7  de  Agosto,  un  crítico  militar  francés 
decía  así,  presintiendo  la  nueva  ofensiva  de  los  aliados: 
«Las  operaciones  militares  se  hallan  en  un  mo- 
mento de  pausa.  El  mal  tiempo  no  influye  en  este 
descanso. 

El  enemigo  continúa,  por  su  parte,  intentando 
atravesar  el  Vesle. 

Seguramente  el  enemigo,  reducido  á  la  parte  del 
Aisne  que  ocupa,  no  se  encuentra  bien,  y  la  nueva 
operación  de  Foch  puede  dificultar  más  todavía  su 
situación.  Por  otra  parte,  continúa  su  retirada  y  ha 
abandonado  Albert  á  las  tropas  inglesas. 

Esperemos  á  que  las  operaciones  se  reanuden,  cosa 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


189 


que  no  puede  tardar  mucho  tiempo,  como  lo  demues- 
tra la  gran  actividad  de  la  artillería  en  el  frente  del 
Vesle,  y,  sobre  todo,  no  olvidemos  que  los  alemanes, 
como  reconoce  el  propio  Vbrwaerts,  luchan  actual- 
mente en  el  frente  occidental  contra  una  potencia  muy 
superior. » 

Por  otra  parte,  la  marcha  de  las  operaciones  se 
traducía  en  Alemania  en  una  gran  inquietud.  El  es- 
tado de  la  opinión  pública  en  Alemania  era  amenaza- 
dor para  las  clases  directoras,  las  cuales  hacían  cuanto 
podían  para  amansar  al  pueblo,  muy  excitado  por  los 
recientes  hechos  de  armas.  El  ministro  de  la  Guerra 
bávaro  confesaba  que  el  espíritu  bélico  de  la  Entente 
y  la  voluntad  de  la  victoria  eran  inquebrantables  y 
que  daba  á  ésta 
mucha  supe-  r 
rioridad.  Como 
de  costumbre, 
cuando  trupieza 
con  graves  difi- 
cultades, Ale- 
mania, para  ha- 
cerlas frente,  in- 
vocaba el  auxi- 
lio de  sus  profe- 
sores. En  el  Ser- 
lincr  Tagéblatt, 
el  profesor  Max 
Eraham,  de  Leip- 
zig, decía: 

«Hay  que  atri- 
buir el  estado 
actual  ile  inquie- 
tud en  Alema- 
nia á  las  artima- 
ñas de  sus  ene- 
migos, los  cua- 
les han  empon- 
zoñado la  opi- 
nión alemana 

inculcando  en  ella  ideas  de  autonomía  é  independen- 
cia nacional.» 

El  profesor  no  estaba  muy  afortunado  que  diga- 
mos al  aducir  una  razón  que  era  totalmente  absurda, 
y  por  lo  mismo  increíble,  pues  no  era  probable  que, 
dada  la  vigilancia  que  se  ejercía  en  Alemania  para 
que  el  pueblo  no  se  enterase  de  la  verdad  de  los  acon- 
tecimientos, se  pudiese  desviar  de  tal  modo  la  opinión 
pública. 

Además,  las  declaraciones  de  Ludendorff  sobre  la 
retirada  alemana  no  habían  producido  en  la  opinión 
neutral  el  efecto  que  sin  duda  alguna  se  esperaba. 

El  National  Zeitung,  de  Basilea,  del  día  5  del  co- 
rriente, rendía  á  estas  declaraciones  un  irónico  home- 
naje. El  periódico  suizo  se  extrañaba  de  ver  cómo  el 
general  alemán  se  consolaba  tan  fácilmente  por  la 
pérdida  de  terreno.  Juzgaba  que  esta  indiferencia 
concordaba  bastante  mal  con  los  balances  triunfado- 


LA 


res  de  la  Agencia  Wolff,  la  cual,  en  el  mismo  día,  ha- 
cía un  inventario  de  todos  los  kilómetros  cuadrados 
de  territorio  enemigo  ocupados. 

«De  ambas  cosas,  una— decía  dicho  periódico — :  ó 
bien  se  atribuye  importancia  á  la  ocupación  de  un 
nuevo  territorio  enemigo,  y  en  este  caso  la  retirada 
ú  través  de  esta  región  vital  de  Francia  es  un  fracaso 
innegable,  ó  bien  Ludendorff  tiene  razón  al  decir  que 
«el  terreno  ocupado  no  tiene  valor  algunos.  Pero  en- 
tonces no  se  comprende  por  qué  razón  el  telégrafo 
alemán  publica  estas  cifras  con  tal  entusiasmo  y 
por  qué  el  alto  mando  hizo  dorramar  la  sangre  de 
cientos  de  miles  de  soldados  y  sacrificó  su  penúltima 
ofensiva  simplemente  para  ganar  nuevos  terrenos. 

La  tesis  que 
sostiene  Luden- 
dorff y  que  pro- 
pagan sus  subor- 
dinados en  los 
países  neutrales, 
tesis  consistente 
en  pretender  que 
es  posible  ani- 
quilar los  ejérci- 
tos de  la  Enten- 
te y  que  es  esto 
lo  que  importa 
ante  todo,  se  ve 
contradicha  por 
los  hechos  más 
evidentes.» 

A  todo  esto  el 
cronista  del  Na- 
tional Zeitung 
oponía  lallegada 
de  millones  de 
soldados  norte- 
americanos, sin 
contar  la  inter- 
vención chino- 
japonesa  en  Oriente  y  todas  las  complicaciones  rusas 
que  pronto  inmovilizarían  nuevas  fuerzas  alemanas. 
El  día  8,  el  general  Petain  dirigió  á  las  tropas 
francesas  la  orden  general  siguiente: 

«Cuatro  años  de  esfuerzos  con  nuestros  fieles  alia- 
dos, cuatro  años  de  pruebas  estoicamente  aceptadas, 
empiezau  á  dar  su  fruto.  Derrotado  en  su  quinta  ten- 
tativa de  1918,  el  invasor  retrocede,  sus  efectivos  dis- 
minuyen, su  ánimo  ilaquea,  mientras  que,  á  vuestro 
lado,  vuestros  hermanos  los  yanquis,  apenas  desem- 
barcados, hacen  sentir  el  vigor  de  sus  golpes  contra 
el  desconcertado  enemigo. 

Puestos  á  la  vanguardia  de  los  pueblos  aliados, 
habéis  preparado  el  triunfo  de  mañana.  Os  decía  ayer: 
abnegación  y  paciencia;  los  camaradas  llegan.  Os  digo 
hoy:  tenacidad,  audacia,  y  forzareis  la  victoria. 

Soldados  de  Francia,  saludo  vuestras  banderas 
ilustradas  por  una  gloria  nueva,» 


INFANTERÍA   FRANCO-AMERICANA   ACOMPAÑANDO   LOS  PEQUEÑOS  CAUROS 
DB  ASALTO  HBNAULT 

(Dibujo  de  I  ucien  Jouas,  de  L'Illustration,  de  París  | 


190 


VICENTE  BLASCO  IBANEZ 


La  prensa  germana  repetía  constantemente  que  las 
pérdidas  alemanas  en  las  últimas  luchas  habían  sido 
insignificantes.  He  aquí  algunos  documentos  que  per- 
mitirán juzgar  sobre  el  valor  de  esta  afirmación  de 
los  teutones.  Para  comprender  estos  datos  hay  que 
recordar  que  la  unidad  de  mando  del  ejército  im- 
perial en  una  compañía  es  el  grupo  compuesto  de 
ocho  hombres  y  un  suboficial.  Las  compañías  deben 
de  comprender  tres  secciones  de  cuatro  grupos,  ó  sea 
doce  grupos,  seis  de  los  cuales  provistos  de  ametra- 
lladoras. Prácticamente,  á  consecuencia  de  la  debili- 
tación de  las  unidades,  la  compañía  alemana  so  com- 
pono ahora  de  nueve  grupos,  cinco  de  éstos  con  ame- 
tralladoras, lo  que  hace  con  los  oficiales  y  suboficiales 
el  efectivo  de  uuos  90  hombres. 

Un  documento  recogido  en  el  campo  de  batalla 
explicaba  la  situación  de  los  efectivos  del  3.0r  batallón 
del  33.°  regimiento  de  infantería,  con  fecha  21  de  Ju- 
lio: 9.*  compañía,  un  oficial,  seis  suboficiales  y  40 
hombres;  10."  compañía,  un  oficial,  10  suboficiales 
y  62  hombres;  11."  compañía,  un  oficial,  nueve  sub- 
oficiales y  46  hombres;  12."  compañía,  un  oficial,  siete 
suboficiales  y  44  hombres;  la  compañía  de  ametralla- 
doras, un  oficial,  cinco  suboficiales  y  23  hombres.  Este 
batallón,  según  lo  reconoce  dicho  documento  alemán, 
había  perdido  más  del  60  por  100  de  su  efectivo. 

Pero  la  situación  de  esta  unidad  se  empeoró  sin- 
gularmente en  los  días  subsiguientes.  El  día  22,  el 
comandante  de  la  10."  compañía  dio  cuenta  á  su  jefe 
de  batallón  que  era  imposible  desalojar  al  enemigo 
de  su  sector,  porque  su  compañía  sólo  constaba  de 
35  hombres.  (El  día  anterior,  según  el  documento  ci- 
tado, tenía  62.) 

Entre  los  días  23  y  30,  el  jefe  de  la  12."  compañía 
escribió: 

«Como  ya  no  quedaba  nadie  de  la  7."  compañía,  he 
asumido  el  mando  de  ella,  la  cual  se  compone  de  tres 
suboficiales  y  26  hombres.»  (Dos  días  antes  tem'a  siete 
suboficiales  y  44  hombres.) 

El  22  de  Julio,  el  comandante  de  la  1."  compañía 
de  ametralladoras  de  otro  batallón  escribió: 

«La  situación  de  los  efectivos  remanentes  del 
l.er  batallón  es  extremadamente  desfavorable.  La 
4."  compañía,  con  un  efectivo  de  22  hombres,  no  tiene 
ningún  contacto  con  la  derecha:  la  1."  compañía  la 
encontré  con  los  efectivos  excesivamente  reducidos, 
mientras  que  de  la  2."  y  3."  compañías  ya  no  subsiste 
nadie.  La  1."  compañía  de  ametralladoras  tiene  toda- 
vía tres  piezas.» 

Un  regimiento  de  la  50/  división  de  infantería  no 
estaba  en  mejor  situación.  Hasta  el  día  23  había  per- 
dido del  (¡0  al  75  por  100  de  su  efectivo.  La  óO."  divi- 
sión, que  había  entrado  en  fuego  el  día  20,  tuvo  que  ser 
relevada  el  día  24.  Este  mismo  día,  el  82.°  regimiento 
de  la  22."  sección  de  infantería  quedó  diezmado  de  tal 
modo,  que  con  tres  batallones  tuvo  que  formar  tres 
compañías,  como  lo  prueba  una  orden  de  dicho  regi- 
miento caída  en  manos  de  los  franceses. 


No  sería  difícil  multiplicar  los  ejemplos  y  los  tes- 
timonios. Puede  formarse  una  idea  del  desgaste  gene- 
ral de  los  ejércitos  alemanes  sabiendo  que  desde  la 
ofensiva  del  21  de  Marzo  hasta  el  8  de  Agosto  se  pudo 
comprobar  la  presencia  de  440  divisiones  enemigas  en 
los  sectores  de  batalla.  Se  ha  podido  comprobar  ade- 
más que,  con  excepción  de  unas  30  divisiones  que  fue- 
ron empeñadas  una  sola  vez,  todas  las  otras  lo  fueron 
dos,  tres,  cuatro  y  hasta  cinco  veces. 

Por  fin  se  produjo  el  primer  golpe  de  la  nueva  ofen- 
siva de  Foch. 

Este  golpe  lo  trataba  la  prensa  inglesa  con  co- 
rrecta apreciación.  Los  corresponsales  militares  apre- 
ciaban especialmente  el  valor  de  la  sorpresa  que  se 
había  producido.  Los  planes  de  los  aliados  fueron  un 
secreto  para  el  enemigo  y  ni  siquiera  la  captura  de 
algunos  prisioneros  le  dio  ningún  informe  de  valía. 
Un  corresponsal,  en  su  relato,  insistía  en  la  suspen- 
sión que  tuvo  lugar  durante  la  tarde  al  esperar  las 
tropas  aliadas  las  doce  de  la  noche.  Pasado  este  ins- 
tante, no  viéndose  ninguna  señal  en  las  trincheras 
enemigas,  la  artillería  comenzó  un  violento  bombar- 
deo. En  este  caso,  la  sorpresa  fué  tan  grande,  que 
capacitó  á  los  aliados  para  obtener  una  victoria  extra- 
ordinaria. Ahora  bien;  al  enemigo  le  costó  mucho  el 
mantener  el  terreno  en  el  cual  había  atacado  el  día 
anterior.  Piste  fué  para  él  de  gran  importancia  para 
conseguir  el  fin  propuesto,  que  era  la  conquista  de 
París  y  la  de  los  puertos  del  canal  de  la  Mancha.  Tam- 
bién es  un  hecho  que  la  presencia  del  enemigo  que  se 
dirigía  á  Amiens  impidió  en  gran  modo  la  libertad  de 
maniobra  de  los  aliados,  todo  lo  cual  demuestra  que 
hizo  grandes  esfuerzos  para  retener  esta  posición;  pero 
el  golpe  de  los  aliados  tuvo  tanto  carácter  de  sorpresa 
y  al  mismo  tiempo  tan  enérgico,  que  obligó  al  ene- 
migo á  retroceder  en  un  área  muy  dilatada.  El  ataque 
se  produjo  de  manera  que  fué  algo  más  que  demostrar 
la  habilidad  de  los  aliados  para  tomar  la  ofensiva, 
pues  lo  que  se  vio  fué  el  gran  valor  de  la  unidad  de 
mando.  Las  fuerzas  aliadas  hoy  están  tan  compene- 
tradas que  nada  puede  interrumpir  la  armonía  de  sus 
operaciones. 

El  comandante  De  Civrieux  decía  así: 

«Las  armas  franco-inglesas,  bajo  el  mando  de  Dou- 
glas  Haig,  prosiguen  su  movimiento  ofensivo  en  la 
línea  alcanzada  y  citada  por  el  comunicado,  ocupada 
por  la  infantería,  caballería  y  tanques  ligeros. 

Los  valientes  soldados  siguen  su  marcha  victo- 
riosa é  interesa  observar  estos  movimientos  estratégi- 
cos y  la  repercusión  que  de  ellos  puede  resultar. 

Si  el  II  ejército  alemán  y  una  fracción  de  la  divi 
sión  19."  son  batidos,  estando  esta  última  bajo  una 
amenaza  que  crece  de  hora  en  hora  y  que  agrava  su 
situación  por  momentos,  el  resultado  puede  ser  fatal 
para  ellas. 

Este  ejército  alemán,  mandado  por  Von  Hutier,  es 
el  que  por  dos  veces  quiso  forzar  el  paso  sobre  París. 

Está  desplegado  en  la  región  de  Montdidier  en  un 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


1!'! 


arco  convexo,  siendo  difíciles  sus  movimientos  do  re- 
troceso por  no  poder  utilizar  mas  que  tres  caminos  y 
las  vías  que  convergen  hacia  Roye. 

En  resumen,  Von  Hutier,  en  el  curso  de  su  próxi- 
ma retirada,  deberá  empeñar  toda  su  artillería  en  pro- 
teger sus  convoyes,  en  su  marcha  lenta  y  dificultosa, 
necesaria  para  el  paso  obligado  de  Koye. 

Nuestras  vanguardias  están  prevenidas  á  una  de- 
cena de  kilómetros  de  Roye,  mientras  que  al  Sur,  el 
centro  alemán  dista  unos  diez  y  ocho  kilómetros.» 

El  día  10,  los  franco-ingleses  reconquistaron  el  fa- 
moso Moutdidier. 

El  primer  cañonazo  de  la  preparación  de  artillería, 
que  duró  cinco  horas,  se  disparó  á  las  cinco  de  la  ma- 
ñana de  dicho  día,  y  fué  la  señal  de  ataque. 

Los  tanques  y  ametralladoras  avanzaban  constan- 
temente. 

Á  las  once  de  la  mañana  los  tanques  entraban  en 
los  arrabales  de 
Montdidier,  destru- 
yendo las  barrica- 
das desde  donde  los 
oficiales  alemanes 
hacían  fuego. 

Á  las  12'30,  se 
ocuparon  las  pri- 
meras casas, y  poco 
después  la  ocupa- 
ción era  completa. 
Los  alemanes  es- 
taban todavía  en 
los  arrabales  de  la 
villa,  con  gran  nú- 
mero de  ametralladoras,  muchas  de  ellas  manejadas 
por  oficiales. 

Nuestras  tropas  prosiguieron  su  avance,  progre- 
sando por  el  Este  de  Montdidier,  apoderándose  de  ca- 
ñones, ametralladoras  y  muchos  prisioneros,  hechos 
por  la  caballería  en  plena  acción,  secundada  por  los 
tanques,  auto-ametralladoras  y  aviones. 

Por  Ravins,  Echelle  y  Saint-Auriu,  el  enemigo  era 
derrotado  completamente,  retirándose  en  plena  con- 
fusión. 

La  artillería  aliada  cañoneaba  las  grandes  masas 
de  tropas  que  se  retiraban  por  Noyon  y  Puiscard. 

La  victoria  franco-británica  continuó  desarrollán- 
dose con  rapidez,  en  condiciones  extremadamente 
brillantes,  que  permitían  augurar  las  mejores  espe- 
ranzas. 

Por  otra  parte,  todos  los  críticos  estaban  convenci- 
dos de  que  los  alemanes  se  verían  obligados  próxima- 
mente á  una  amplia  retirada  estratégica.  Mientras 
tanto,  los  aliados  ya  se  habían  apoderado  de  un  gran 
nudo  de  comunicaciones  y  habían  llegado  á  menos  de 
una  legua  de  Roye,  ganando  unos  doce  kilómetros 
más  allá  de  Montdidier. 

En  esta  región  la  fuga  alemana  tomó  caracteres  de 
verdadera  desbandada.  Estos  resultados  se  obtuvieron 


PIEZAS    Ü8    155   FRANCESAS    BN    LAS    I'OítlCIONBS    AVANZADAS 


á  pesar  de  una  enérgica  resistencia  del  enemigo:  en 
varios  puntos,  una  compañía  fraucesa  señalaba  que  el 
puente  sobre  el  cual  pasó  el  Avre  fué  destruido  hasta 
veintitrés  veces.  Los  ingleses,  al  Norte,  entre  el  Ancre 
y  el  Somme,  vencian  una  considerable  resistencia; 
no  obstante,  allí  también  la  resistencia  era  análoga  á 
la  de  Montdidier. 

Algunos  corresponsales  indicaban  la  presencia  de 
considerables  masas  que  á  marchas  forzadas  se  diri- 
gían al  frente  desde  Cambrai,  Peronnoy  San  Quintín, 
lo  que  hacía  creer  que  el  enemigo  arriesgaría  una  vio- 
lenta reacción  para  salvar  á  Roye.  Pero  la  cuestión 
estribaba  en  saber  si  no  llegarían  demasiado  tarde. 

Al  margen  de  estos  hechos  importantísimos,  el 
teniente  coronel  Rousset  decía  así  en  Le  Pctit  Pa- 
risién: 

«El  avance  prosigue  con  un  método  y  ritmo  sin- 
gular. El  ala  derecha,  en  un  gran  avance  de  nuestras 

tropas,  ha  pasado 
de  Lihons,  y  el  ala 
izquierdaamenaza, 
dirigiéndose  contra 
Albert,  posarse  en 
Braye-sur-Somme. 
En  este  sector  los 
británicos  encon- 
traron una  fuerte 
resistencia, perolos 
alemanes  no  pudie- 
ron contenerlos, 
mientras  que  los 
yanquis  ocupaban 
Morlancourt  y  las 
alturas  del  Sudeste.  El  ángulo  de  Albert,  que  el  ene- 
migo se  esforzaba  en  conservar,  está  ya  en  nuestras 
manos. 

Entre  el  botín  hecho  por  los  aliados  hay  un  tren 
entero  de  aprovisionamientos  de  todo  género. 

Ludendorff  ha  tenido  que  reconocer  que  sus  posi- 
ciones han  sido  comprometidas.  Eso  puede  ser  una 
excusa,  pero  no  una  reparación.  En  vista  de  otras 
eventualidades  que  teme,  está  ya  operando  un  replie- 
gue prudente  entre  Bethune  y  el  Lys,  lo  que  parece 
indicar  que  tiene  que  contar  con  sus  efectivos.  Es  una 
verdadera  batalla  de  movimientos  que  se  ha  entablado, 
desarrollándose  en  condiciones  hasta  ahora  muy  ven- 
tajosas para  nosotros,  con  pérdidas  relativamente  li- 
geras.» 

El  citado  crítico  insistía  en  que  no  se  trataba  de 
una  ofensiva  aislada  y  local,  sino  de  un  conjunto  de 
operaciones,  constituyendo  lo  que  se  llama  una  ma- 
niobra. 

Á  su  vez,  otro  crítico  militar  se  expresaba  en  los 
siguientes  términos: 

«En  la  primera  fase  de  la  lucha,  los  británicos  hi- 
cieron un  avance  de  doce  kilómetros  entre  el  Somrne 
y  el  camino  que  va  de  Atniens  á  Roye.  Los  franceses 
operan  entre  este  camino  y  el  Avre,  progresando  más 


102 


VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 


lcatamente,  pues  no  se  puede  avanzar  imprudente- 
mente por  la  llanura  de  Santerre  sin  otros  puntos  de 
apoyo  que  las  poblaciones  destruidas,  con  el  Avre  por 
la  derecha.  La  segunda  fase  es  la  conquista  de  Ravin, 
atacando  por  Pierrepont  y  volviendo  por  el  Sur  de  la 
ciudad  de  Montdidier,  resultando  envuelto  Ravin  y 
amenazando  el  avance  por  el  camino  Peroune-Roye. 
El  general  Debeney  llega  á  pocos  kilómetros  de  Roye 
y  el  general  Humber  emprende  su  marcha  hacia  el 
Norte.  Las  consecuencias  de  las  jornadas  de  ayer  pue- 
den ser  grandes.  Estamos  á  ambos  lados  de  Roye, 
que  todavía  se  encuentra  en  poder  de  los  alemanes,  y 
el  enemigo  no  puede  hacer  sino  huir  á  tiempo  de 
esta  bolsa  donde  se  ha  metido,  para  retroceder  hasta 
el  Somme.» 

He  aquí  un  co- 
municado oficial 
francés  del  día 
11,  á  las  once  de 
la  noche: 

«Durante  el 
día  los  franceses 
continuaron  su 
avance  entre  el 
Avre  y  el  Oise, 
á  pesar  de  la 
resistencia  ene- 
miga. 

Al  Sur  del 
Avre  hemos  ocu- 
pado Marquivil- 
lers  y  Grivil- 
lers,  llegando  á 
la  línea  Arman- 
court-Tilliloy. 

Nuestras  tro- 
pas progresaron 
alNortedeRoye- 

sur-Matz,  unos  dos  kilómetros,  llegando  cerca  de 
Canny-sur-Matz. 

Más  al  Sur  conquistaron  y  rebasaron  la  aldea  de 
La  Berliére. 

Entre  el  Matz  y  el  Oise,  el  avance  francés  se  acen- 
tuó al  Norte  de  Chevincourt,  Marchemont  y  Cam- 
bronne,  que  cayeron  en  nuestro  poder.» 

Á  su  vez,  un  comunicado  oficioso  de  Berlín  hacía 
una  confesión  tácita  de  la  derrota.  Adivinábase  que 
Alemania  temía  una  ofensiva  general.  Veamos  el  alu- 
dido documento: 

«En  el  segundo  día  de  la  gran  ofensiva  entablada 
entre  el  Ancre  y  el  Avre,  el  enemigo,  con  gran  canti- 
dad de  tanques,  procedió  al  ataque,  pero  no  tenían 
tanto  vigor  á  consecuencia  de  las  pérdidas  del  día 
anterior.  Á  causa  del  fuego  de  las  baterías  alema- 
nas contra  los  tanques,  fuego  que  fué  llevado  á  un 
alto  grado,  su  ataque  se  produjo  de  una  manera  osci- 
lante. Numerosos  tanques  fueron  blanco  de  nuestros 
cañones,  incendiándose  y  produciendo  grandes  llama- 


LINEAS  alemanas  reconquistadas  poe  los  aliados 


radas  que  se  veían  á  mucha  distancia;  otros  dieron 
media  vuelta.  La  infantería  prosiguió  con  poca  segu- 
ridad y  los  ataques  fueron  frustrados.  Sólo  por  la  tarde 
consiguieron  los  ingleses,  gracias  al  empleo  de  tropas 
de  refresco,  emprender  nuevos  ataques. 

En  el  frente  que  va  de  Morlancourt  hasta  el  Avre 
fueron  lanzadas  sucesivamente  compactas  masas  de 
asalto  precedidas  por  gran  número  de  tanques  y  avan- 
zando por  el  aire  numerosas  escuadrillas,  que  procu- 
raban quebrantar  la  resistencia  de  las  líneas  alema- 
nas por  medio  de  un  intenso  fuego  de  ametralladora. 
Más  al  Sur  consiguieron  los  ataques  anglo-franceses 
pasar  la  línea  Rosieres-Arviller,  cuyo  suelo  tenía  muy 
malas  condiciones  para  la  defensa,  y  á  consecuencia 

de  esto  el  terre- 
no en  ambos  la- 
dos del  Somme 
fué  voluntaria- 
mente cedido. 
Cuanto  más  lejos 
retrocedan  los 
alemanes,  tanto 
mejor  será  el  te- 
rreno para  la  de- 
fensa, ya  que  en 
este  retroceso  se 
llegará  al  anti- 
guo sistema  de 
defensas  que  es- 
tablecieron los 
franceses,  mien- 
tras que  los  ata- 
cantes se  verán 
obligados  á  mo- 
verse en  llanu- 
ras al  descu- 
bierto. 
Lo  ocurrido 
entre  el  Ancre  y  el  Avre  parece  que  conducirá  á  gran- 
des operaciones.  La  Eutente  procura  obtener  una  de- 
cisión con  el  empleo  de  grandes  reservas. 

No  se  trata  solamente  del  renovado  y  desconside- 
rado empleo  de  tropas  de  refresco  en  el  frente  de  batalla 
original  que  por  el  Avre  ha  ido  extendiéndose  hasta 
el  Sur,  sino  á  la  actividad  de  combate  viva  y  crecien- 
te desde  el  Yser  al  Ancre,  en  donde  tuvieron  lugar 
numerosos  y  fuertes  ataques  parciales,  que  fueron  ge- 
neralmente rechazados,  así  como  la  vivísima  activi- 
dad de  artillería  entre  el  Oise  y  el  Aisne. 

Los  alemanes  siguen  en  el  Ancre  y  en  el  Avre  la 
misma  táctica  que  tan  buenos  resultados  les  dio  entre 
el  Mame  y  el  Vesle. 

Aquellos  puntos  del  terreno  que  sólo  pueden  man- 
tenerse sacrificando  á  la  gente  son  oportunamente 
evacuados. 

Así,  á  su  debido  tiempo  y  al  irse  á  producir  un 
gran  ataque  envolvente  contra  Montdidier,  retiráronse 
nuestras  tropas. 


HISTORIA  DE  LA  GUERRA  EUROPEA  DE  1914 


193 


Ahora  se  ve  claramente  la  iuinensa  ventaja  que 
ofrece  para  la  libertad  en  las  operaciones  la  conquista 
de  terreno  obtenida  en  la  ofensiva  de  la  primavera, 
gracias  á  la  previsión  do  nuestro  alto  matulo  militar. 

No  resistiendo  tercamente  en  algunos  puntos,  tras- 
ladamos la  lucha  á  terrenos  que  se  presten  favorable- 
mente á  nuestros  designios,  dejando  al  enemigo  tenv 


tico  militar  do  L'Illustration,  de  París,  resumía  bre- 
vemente las  acciones  que  habían  producido  en  con- 
junto la  victoria  del  Santerre: 

«El  ataque  franco-hritánico.—'EX  7  de  Agosto  por 
la  tarde  la  situación  de  los  ejércitos  opuestos  era  la 
siguiente  en  torno  á  Montdidier: 

Entre  el  Ancre  y  el  Luce  y  de  Albert  á  Hangard, 


nos  desfavorables  eu  donde  ha  de  librar  batallas  muy      el  4."  ejército  británico  (general  Sir  Hcnri  Rawlinson), 


costosas. 

De  modo  que  el  alto  mando  militar,  desde  un  prin- 
cipio, va  directamente  á  su  fin:  destrozar  la  fuerza 
combativa  enemiga,  economizando  nuestras  tropas 
tanto  como  sea  posible.» 

Hacia  el  día  11,  el  periódic